¡Hola gente bonita! Comiendo una rica y dañina botana es como comienzo esto (es que se supone que estoy a dieta, jajaja).
Sin más ¡al fic!
Disclaimer: SE no me pertenece, ese es de Atsushi Okubo. Por lo demás…
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Hoy cap. 9
Chrona había sido llevada a una habitación dentro del mismo complejo de Shibusen. El dios de la muerte había decidido darle una oportunidad tras escuchar la intervención por parte de Maka a su favor. Según la chica de las coletas –Usagi chan como le decía– Chrona podía ser una persona de fiar y que sólo necesitaba un lugar en donde pudiera sentirse querida y protegida, cosas que, por desgracia, su madre jamás le brindó.
Chrona miró las paredes de ladrillo un poco desgastadas con su color ocre siendo carcomido en algunas zonas. También miró los barrotes que flanqueaban la pequeña ventana que estaba justo arriba de su estrecha cama, lo austero del inmueble e incluso la pequeña araña que se oscilaba en una de las esquinas del techo. A pesar de todo ello, sentía una rara atmósfera de paz y comodidad. Era la primera vez que se hallaba en una habitación propia sin que ello significara estar encerrada hasta que fuera capaz de encontrar la mejor manera de asesinar a un ser vivo.
Sí, se sentía en paz.
–Tonta Chrona ¿puedo saber en qué estás pensando sentada aquí como si nada? ¿Ah, ah? –las manos de Ragnarok le comenzaron a jalar el cabello y luego la boca.
–Déhjahmeh –balbuceó la chica tratando en vano de salvarse de los maltratos de su arma.
–Más te vale que nos vayamos de aquí porque no quiero que tu madre se enoje conmigo por tu culpa –la espada demoníaca le dio un coscorrón en la cabeza.
–N-no hagas eso, me duele y no sé como lidiar con eso.
–Yo puedo hacerte lo que quiera. Cuando seas más fuerte que yo entonces podrás mandarme –el ser negrusco comenzó una lluvia de golpes en la coronilla de la chica, como si de un tambor se tratara.
Entonces, repentinamente, los golpes de Ragnarok cesaron.
–¿Eh? –el arma alzó la vista y se topó con un par de ojos miel que le miraban con molestia.
Chrona hizo lo respectivo, bajando lentamente las manos de su cabeza y reconociendo a la persona que estaba frente de ellos.
–Shi-shinigami kun –dijo la pelirosa.
–Mi nombre es Death The Kid, pero puedes llamarme simplemente Kid. Tú eres Chrona ¿cierto? –la chica tardó un poco en reaccionar, pero al final sólo pudo ser capaz de asentir en silencio con un movimiento de la cabeza.
–Yo soy la Espada Demoníaca Ragnarok ¿Ya puedes soltarme? –intervino el arma.
–Claro, con una condición: que dejes de molestar a tu Meister –le dijo con una media sonrisa.
–Ella no es mi maestro… –Ragnarok se quedó callado en medio de la frase al sentir un apretó por parte del chico muerte, así que sólo se limitó a asentir con un casi imperceptible movimiento de la cabeza.
Kid le miró con frialdad por un momento y después dirigió sus ojos a la chica, a quien pareció sonreír. El gesto provocó un leve sonrojo en las mejillas de Chrona, después de todo ella no sabía como lidiar con aquella sonrisa, nunca nadie lo había hecho antes.
–Chrona, tengo algunas cosas importantes que decirte –dijo Kid tomando asiento en la única silla que se hallaba en la habitación, mientras que las hermanas Thompson parecían resguardarlo permaneciendo de pie una a cada lado de su amigo.
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Sus cabellos bailaban al son del viento bajo el sol que de alguna forma parecía burlarse de todo cuanto sucedía a su alrededor, quizá era su forma de evitar que la maldad en el mundo le afectara o quizá fuera su forma de dar a entender que nada de eso era realmente importante para él.
Los ojos de Tsubaki eran protegidos por un par de anteojos negros, y volteó a ver de reojo a su copiloto, Black Star. Él parecía dormir, pero en realidad sabía que no lo hacía, su ceño fruncido y la posición fetal que mantenía desde que subieron al auto le indicaba eso y que algo debía estar pasándole, pero el qué, no lo sabía. Sin embargo él no le decía nada.
El claxon de un camión de remolque le hizo enfocar toda su atención de nuevo en la carretera, además de verse forzada a dar un volantazo que por poco les hace salir de la carretera.
–¿Puedes poner más atención a lo que haces, Tsubaki? –preguntó el chico estrella sin perder su posición. La morena asintió en silencio, aún con el corazón desbocado por el susto.
–¿Puedes decirme a dónde es que vamos, Black Star? –se animó a preguntar después de un rato.
–Sólo maneja por el camino que te dije y ya –ordenó el chico sin moverse ni un ápice.
Tsubaki le miró por un segundo a través del retrovisor, y ya no dijo nada más. Recordó que después de que ambos se marcharan de los sótanos de Shibusen, él había escogido el primer auto que encontró en buenas condiciones.
»¿Sabes manejar?« simplemente preguntó y ella asintió con un poco de torpeza, para luego abrir el vehiculo y decirle que manejara hasta salir de la ciudad. Una vez afuera de ésta señaló el camino que conducía a la carretera principal y le indicó que siguiera de frente, sin importar qué. De eso ya llevaba casi un día entero.
De pronto, poco a poco el automóvil comenzó a detenerse.
–Creo que se ha agotado el combustible –dijo Tsubaki como quien hace un gran descubrimiento científico, pero no recibió ninguna clase de respuesta.
Se giró hacia su lado derecho y miró la espalda de su Técnico, no demostraba ninguna clase de reacción.
–¿Me escuchaste, Black Star? Que…
–¡Sí, ya te escuché! –se exaltó el chico al sentir las manos de la chica sobre su espalda, para después de eso abrir la puerta y bajar del auto o al menos esa había sido su intención ya que de sólo intentarlo sus piernas flaquearon, cayendo de rodillas sobre la grava.
–¡Black Star! –dijo asustada y bajando de inmediato para ver lo que le sucedía.
La respiración del chico se hizo más fuerte como si hubiera corrido alguna clase de maratón. Sintió que sus manos le temblaban y que a pesar de que estas se encontraban apoyadas en el suelo, en cualquier momento terminarían por ceder y caer completamente de bruces. Pero él no podía permitir eso, no podía dejar que nadie le viera en una posición tan lastimera, nada apropiada para alguien que está destinado a superar a los dioses.
Además… Además Tsubaki se asustaría, si no es que ya lo estaba. Antes de que ella terminara de dar la vuelta, él se levantó, aunque con un poco de dificultad. Para disimular un poco su debilidad se recargó en el auto, con la cabeza echada hacía atrás y tratando de concentrar sus pensamientos, al menos en ese momento, en el cielo azul.
–¡Black Star, te encuentras bien? –dijo la morena poniendo sus manos en los hombros del chico, tratando de encontrar alguna clase de herida o cosa parecida.
–Estoy bien, deja de preocuparte por todo –respondió al tiempo en que apartaba las manos bondadosas de la morena con un movimiento de sus brazos.
–Pero…
–¿Es que acaso crees que tu dios es tan débil o que te está mintiendo? –le interrogó con molestia, mirándola duramente a los ojos.
–N-no –balbuceó la chica camelia, sintiéndose mal por la forma en como él le habló, bajando la mirada.
Black Star se dio cuenta de inmediato en su error y quiso recomponer la situación pero una fuerte punzada en el cuello se lo impidió, haciendo que comenzara a sudar frío.
–E-es hora de movernos –dijo el último descendiente del clan Hoshizoku, obligándose a dar el primer paso y luego uno y otro, y otro.
Tsubaki no dijo nada, recordó las palabras de sus padres.
Serás un arma al servicio de la humanidad, vivirás siempre bajo la sombra del que será tu Técnico. Él te guiará y sabrá lo que es mejor para ti.
Nunca lo olvides, Tsubaki. Porque el día en que lo hagas, será tu fin.
Bajó la mirada, observando los colores grises de la grava y el asfalto.
La camelia es una flor sin aroma, sin sentido. Jamás pensó que estando al lado de Black Star se sintiera así. Y se obligó a dar el primer paso y luego uno y otro, y otro…
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–¿Que tú quieres que Chrona haga qué? –atinó a decir Ragnarok. Por su parte la susodicha no supo qué contestar ante la petición de Kid.
El ojimiel les miró con seriedad.
–Se los volveré a repetir –dijo Liz, tomando la palabra– Desde hace varios días nuestro Meister ha sentido una presencia maligna y poderosa en la ciudad, además ha tenido sueños que no es capaz de comprender, él piensa que la clave para todo esto se encuentra oculto en esos sueños y por eso quiere que Chrona chan utilice sus poderes de brujería para interpretarlos.
–O de ser capaz de ver el futuro en ellos, algo así como una proyección astral –dijo Ragnarok.
–Pero una proyección astral es cuando… –dijo Kid.
–Sí, sólo los espíritus son capaces de dar esas interpretaciones que tanto deseas conocer, Shinigami. Pero eso es peligroso, nunca sabes la clase de espíritus que acudirán a tu llamado –explicó la espada demoníaca con seriedad.
–P-pero, Ragnarok, y-yo no soy una bru… –balbuceó Chrona, pero de inmediato su arma le tapó la boca.
–No seas tonta –murmuró el ser negrusco haciendo que les diera la espalda– Esta es nuestra oportunidad de hacer que confíen en nosotros, podemos sacar partido de eso ¿no lo ves?
–¿Partido? ¿A qué te refieres? –preguntó la pelirosa en su inocencia.
–Si serás ¿No te das cuenta de que si ayudamos al chaval nos ganaremos su confianza y así podremos no sólo salvar nuestras vidas sino también investigarles para después regresar con Medusa?
–¿Qué tanto se están cuchicheando? –preguntó Kid, a punto de perder la paciencia por la escena totalmente asimétrica que se presentaba frente de él.
–Nada, nada –dijo Ragnarok girándose de nuevo para quedar frente a ellos– Es sólo que Chrona chan es muy tímida y no quiere admitir sus grandes y poderosos talentos para las artes mágicas, así que he tenido que convencerla para que coopere ¿no es así, Chrona?
La piel de la chica se erizó al reconocer el mismo tono de voz de Medusa en el de su arma.
–¿Entonces nos ayudarás? Si lo haces, te prometo que yo mismo me encargaré de tu ingreso a Shibusen, no sólo como muestra de agradecimiento, sino también como voto de confianza. Todos en la ciudad lo reconocerán si los mismos shinigamis te apoyan.
Chrona bajó la mirada, asintiendo con un monosílabo.
–Entonces todo está dicho, vendremos esta misma noche –dijo Kid con una pequeña sonrisa en sus labios, para luego dirigirse a Liz y decirle –: Ahora sácame de aquí antes de que me vuelva loco…
–Perdónenle, así se pone con las cosas asimétricas –entre las dos hermanas lo llevaron en brazos y se marcharon de la habitación.
–Esto será más fácil que quitarle un dulce a un niño ¿no lo crees, Chrona? –dijo Ragnarok, recargando sus pequeños brazos sobre la cabeza de la chica.
La pelirosa no respondió nada, sólo se limitó a bajar la mirada.
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El sudor frío y el dolor invadían su cuerpo. Aquella maldita punzada que partía desde su cuello era la culpable de todo y a pesar de que era más de lo que jamás había soportado y que seguramente soportaría en toda su vida, él se obligaba a seguir adelante.
Oh… eres más testarudo de lo que me imaginé, Black.
–Cállate –murmuró el chico estrella a fin de que Tsubaki, quien caminaba unos cuantos pasos atrás, no se diera cuenta.
La voz que escuchara desde que estuvo frente al huevo del Kishin no había dejado de atormentarle.
–No es que sea testarudo, es que en realidad soy más poderoso que tú.
¿Lo crees? Tu alma está comenzando a debilitarse, es sólo cuestión de tiempo para que pueda apoderarme de tu cuerpo por completo. El hecho de que estés en este viaje es prueba de ello.
–Estoy aquí… porque… –Black empezó a respirar por la boca y la vista se le nubló– porque soy yo… quien lo ha decidido.
La vocecilla comenzó a decir unas frases con el tono de una ronda infantil.
Black Star va a caer, va a caer. Que no se caiga…
–¡Black Star! –la llamada de nueva cuenta por parte de Tsubaki le hizo abrir de nuevo los ojos, como quien es advertido para que no vaya a quedarse dormido. La chica le sostuvo en medio de sus brazos. –Black Star ¿te encuentras bien? ¿Quieres decirme qué es lo que está pasándote?
El chico estrella trataba de que el aire inspirado fuera suficiente para llenar sus pulmones. Apretó los ojos y se agarró de los codos de su compañera. Ambos estaban hincados en el suelo. Tsubaki comprendió que su Técnico no le diría nada, así que comenzó a mirar de un lado a otro, encontrando que a pocos metros de donde se encontraban comenzaba un bosque. Quizá si iban ahí podrían hallar un lugar donde descansar y hasta encontrar algo para comer. Con eso en mente, ayudó a su Maestro a levantarse y lentamente lo guió.
Caminaron en silencio alrededor de unos cinco minutos, a Tsubaki le dio la impresión de que era como si el chico se limitara a caminar por instinto ya que lo sentía como si éste estuviera ya inconciente.
Alzó la mirada, encontrando un claro de bosque en donde podrían acampar por esa noche, después de todo no sería la primera vez en que lo hicieran al aire libre. Con mucho cuidado lo depositó en el suelo, para luego ella misma sentarse y recargar la cabeza de su Técnico sobre sus piernas.
Su mirada se dulcificó al notar el dolor dibujado en el rostro del chico. Sintió que sus ojos temblaron al ver en ese estado a Black. Su misión era cuidarle y protegerle, pero desconocía el cómo ya que él mismo no le explicaba nada de lo que estaba sucediendo.
Sus dedos acariciaron el borde del cuello de la camisa del chico para después pasar el revés de éstos a través de la mandíbula y la mejilla, y después peinarle el cabello. Una lágrima recorrió su mejilla. Se sentía tan sola.
Dobló su espalda, alzando un poco el cuerpo de su Técnico a fin de pasar su brazo debajo de éste y así poder abrazarlo. Se quedó dormida.
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Kid terminaba de acomodar su insignia familiar en el cuello de la camisa.
–¿Estás seguro de que esto va a estar bien? –preguntó por enésima vez Liz, en tanto su hermana menor se divertía con los holanes de encaje que pendían de las mangas de su blusón color negro.
–Es la única forma de saber qué es lo que está pasando –Kid achicó los ojos, recordando la última vez en que pudo ser capaz de sentir aquella sensación maligna.
"Cuando le disparé a Black Star…", pensó el chico muerte, "en ese momento fue como si su presencia hubiera desaparecido. Y esa energía maligna se ha esfumado por completo de la ciudad desde que nadie sabe en dónde está Black Star. Estoy seguro de que debe de haber alguna explicación".
Kid se dio media vuelta, dándose cuenta de la forma en como iban vestidas sus armas: una versión en oscuro de su atuendo de siempre, a excepción de que Patty llevaba unos holanes de encaje. De hecho pensó que sólo les faltaban sus sombreros de punta para parecer unas verdaderas brujas.
–Fue idea de Patty –señaló la mayor. Kid sólo suspiró.
–Encárgate de esos holanes, no son para nada simétricos –dijo él antes de salir de la mansión.
Era media noche y el aire se sentía un poco frío; la luna llena adornaba el cielo oscuro y hasta daba la impresión de que su boca era más sangrante que en otros días. Liz se abrazó de su hermana en un instinto protector o más bien era que ella buscaba valor para enfrentarse a lo que venía.
Kid iba delante de ellas, caminando en total silencio y con paso firme y decidido. Había acudido a la cita con Chrona, una bruja, sin decir nada a su padre. Nadie más que ellos tres y los involucrados lo sabían. Los ojos de color miel del chico se abrieron un poco y perdieron su seriedad por un breve instante y de pronto se detuvo. Delante de ellos se encontraban Chrona y su extraño compañero.
Un rayo de luz blanca le iluminaba el rostro, refinándole las facciones. Kid sonrió ante la escena, a pesar de que Ragnarok se hallaba presente.
–La sesión se llevará a cabo en la torre más alta de éste lugar –informó el de color negro.
Escuchar eso provocó que Liz sintiera un escalofrío.
–K-Kid… cr-creo que es mejor que…
–De acuerdo –dijo su Meister, respondiendo a Ragnarok y entonces comenzaron a caminar con dirección a la parte más alta del edificio.
La chica rubia se dio cuenta de que no le quedaba ninguna otra alternativa más que seguirlos, aún y con todo su miedo.
–Ra-Ragnarok ¿estás seguro de que esto va a salir bien? Y-yo no sé cómo lidiar con esto.
–No te preocupes, tú no te acordarás, pero yo sí –le respondió la espada demoníaca.
–¿Te refieres a la vez en que Medusa sama hizo una sesión?
–Déjame el resto a mí, yo te guiaré –Ragnarok sonrió descaradamente. A pesar de que Chrona no era una bruja, algo de poder mágico debía tener en su interior y eso era más que suficiente para engañar al inexperto dios muerte. Después de eso y con la introducción en Shibusen, tendrían la oportunidad de terminar con todos los que interfirieran en los planes siguientes de Medusa.
La puerta de madera que separaba el exterior de ellos se abrió y la corriente de aire frío les golpeó de lleno en los rostros.
–Kid… –volvió a quejarse Liz, tratando de persuadirlo, pero todo esfuerzo fue en vano.
Kid caminó por la terraza hasta llegar al centro de la azotea, volteando a ver a Chrona le sonrió y le dijo: "Éste es el mejor lugar, es el centro."
Chrona se sonrojó un poco y asintió en silencio, acercándose adonde se encontraba.
"¿Cómo es que supo que ese era el lugar apropiado?", pensó Ragnarok, "quizá no sea tan fácil engañarlo como supuse".
–Hay que sentarse formando un círculo –dijo Ragnarok.
–¿No van a dibujar antes alguna clase de signos o algo por el estilo? –preguntó Kid, dejando de nuevo sorprendido a Ragnarok.
–S-sí, sí claro ¡Tonta, Chrona! Tú tienes la culpa –la espada le empezó a dar de coscorrones, y ella comenzó a quejarse.
–Deja ya de hacer eso –ordenó Kid al tiempo de que le agarraba ambas manos.
…
…
–¡Oh por Dios! Esto me enferma –continuó Kid–Lo primero que haré después de todo esto es decirle a Stein Hakase que encuentre la forma de separarlos.
Ragnarok se quedó callado, sintiendo que eso era como una especie de amenaza de muerte para él.
–Son tan asimétricos –agregó melodramático el chico muerte hincado en un rincón de la azotea.
–¿Y-y con qué dibujaremos esos signos? –preguntó Chrona.
–Con tu propia sangre, para darle más impacto a la situación –respondió Ragnarok.
–Pero la sangre negra se solidificara antes de que se pueda hacer algo.
–Ah, pues…
–¿Un crayón podrá servir? –les preguntó Patty acercándose a ellos, dejando por un instante en manos de su hermana mayor el consuelo de Kid.
–Cra… ¡Claro! Un crayón podrá servirnos –vitoreó Ragnarok pero pronto se desilusionó al darse cuenta de que la rubiecita tan sólo llevaba crayones de color amarillo y café.
–Son para las jirafas –dijo Patty en medio de risas.
Chrona se arrodillo en el suelo.
–¿Qué se supone que voy a dibujar?
–Lo que se te ocurra –le murmuró su espada.
–Pero yo no sé como lidiar con eso. Jamás he dibujado esas cosas, además tú dijiste que…
–Deja de quejarte o… –Ragnarok alzó una mano para golpear a la chica, pero la mirada seria por parte de Kid le restringió de hacerlo, limitándose a darle una palmadita blanda en los cabellos– Tú puedes hacerlo, Chrona chan.
Ella miró a donde se encontraba Kid y pensó que el hecho de que él estuviera ahí era bueno ya que Ragnarok dejaba de molestarle. Sonrió por el pensamiento y también en forma de agradecimiento.
Chrona tomó el crayón y empezó a dibujar todo aquello que se le venía a la mente, todos aquellos signos que alguna vez vio en las libretas, pizarras y libros de Medusa sama, todos perfectamente acomodados dentro de un pentagrama.
Cuando ella se levantó, Kid lo entendió como una señal de que podían acercarse y así lo hicieron, manteniéndose a la expectativa.
–Tómense de las manos –dijo Ragnarok. Le obedecieron.
–¿Y-y ahora? –balbuceó Chrona, viendo hacia arriba en busca de la guía de su espada.
–Pues di lo primero que se te ocurra. Medusa te enseñó el idioma ¿no? –murmuró el de negro.
–Pero no sé lo suficiente
–Ellos menos. Hazlo.
Chrona bajó la mirada, luego vio de reojo a Kid y después volvió a mirar el suelo.
–¿Qué pasa? –preguntó el chico muerte.
–Es que Chrona está nerviosa, eso es todo ¿no es así? –Ragnarok se inclinó hasta que sus ojos se encontraron encima de los de la chica. Ella tembló por la acción, pero se limitó a asentir.
–Tómense bien de las manos y… y no vayan a soltarse –dijo Chrona.
La hija de Medusa cerró los ojos, sus manos temblaban, ya fuera por el frío o por el nerviosismo.
–Geister zeigen Sie vor mich. Hilfe zu meinem Anruf. Geister zeigen Sie vor mich. Hilfe zu meinem Anruf.
Los bordes del pentagrama comenzaron a iluminarse y empezó a parecer que estos se desprendían del suelo.
–Chro- Chrona, esto… –balbuceó Ragnarok sintiéndose un poco asustado. Sus manos se aferraron a la coronilla de la chica.
–Sie kommen. Ich bestelle sie zu ihm !
Un gran destello les rodeó, lo que hizo que soltaran un grito, el aire frío pareció rodearles con gran intensidad, como si de una especie de tornado se tratara. Muchos murmullos y quejidos se escucharon, eran almas, espíritus que comenzaron a rodearles.
–¡Esto está mal, está mal! –chillaba Liz, tratando de soltarse y echarse a correr pero no era ni siquiera capaz de abrir los ojos, todo su cuerpo temblaba y sentía que si abría los ojos ella misma terminaría perdida.
–Resistan –ordenó Kid, apretando la mano de Liz, lo que hizo que en automático ésta hiciera lo mismo con la de su hermana.
El aire poco a poco comenzó a calmarse y los lamentos desaparecieron. Kid fue el primero en abrir los ojos.
–¿Qué ha pasado? –preguntó Liz, sin atreverse aún a abrir los propios, pero al sentir que su Meister le soltaba se apresuró a abrazar a su hermana.
–¿Dónde está el espíritu a quien debemos preguntarle? –dijo Kid volteando a ver a Chrona.
–Ah… no lo sé –respondió honestamente– Yo no sé como lidiar con estas cosas.
–¿Cómo?
–Shinigami… –escucharon una voz diferente a la de todos ellos.
La piel de Liz se erizó.
–Pa-patty, hermanita ¿por qué es que tu voz se oye tan diferente? –Liz tembló, atreviéndose a tocar con sus manos el cabello de su hermana.
Era el cabello corto de Patty, las mejillas de Patty, los pechos de Patty.
–Eres tú, Patty. No me asustes de esa forma –Liz abrió los ojos y sonrió al ver la silueta de su rubia hermana.
–Shinigami… –salió de los labios de Patty –Eres tú quien me ha llamado.
Los ojos de Kid se abrieron de más.
–N-no puede ser –dijo asombrado Ragnarok.
Liz no lo pudo soportar más y terminó desmayándose.
CONTINUARÁ…
Notas de la autora:
No estoy muy segura de que esto haya sido lo correcto, es decir de haberlo dejado hasta aquí. Ya sé que me he desaparecido bastante tiempo, en verdad que lo siento, pero no ha sido culpa mía. Son las mismas razones de siempre: el tiempo, el trabajo y de nuevo el tiempo ¬¬
Las palabras que Chrona dice son en alemán. Aclaro que no sé nada del idioma, y teniendo en cuenta de que lo hice con un traductor pues… Pero la idea de lo que dijo más o menos sería: Espíritus, muéstrense. Atiendan a mi llamado, Vengan, yo se los ordeno.
La ronda infantil que le cantan a Black Star es la de: El puente de Londres va a caer, va a caer. Que no se caiga. ¡En Kuroshitsuji la cantan mucho!
Gracias a: Lilith Kiryu, Nikolas Sur, yuki-chan22, LADY ANETTE, Tsubaki2345, the-lady-of-darness-97 por sus reviews.
Matta au!
