Disclaimer: La mayoría de los personajes pertenecen a Stephenie Meyer, sólo aquellos fuera de la Saga y la trama son de mi completa autoría.
CHAPTER 10
Encendí otro cigarrillo y le di una profunda calada, no llevaba la cuenta de los que ya me había fumado pero eran demasiados, dado que el paquete estaba casi vacío. Años atrás había adquirido el mal hábito de fumar cuando estaba ansiosa o nerviosa, por esa época de mi vida pasaba muy a menudo y siempre cargaba con un paquete de cigarrillos a todas partes; poco a poco había salido de ese mal bache emocional, de un día a otro me vi centrada de lleno en mi carrera y ni siquiera tenía tiempo para recordar que los cigarrillos existían.
Habían pasado un par de años desde la última vez que me vi tentada a fumar para calmarme y ya no cargaba con un paquete en el bolso, por si llegaba a necesitarlo. Así que fue una verdadera salvación para mí encontrar una tienda cercana a la casa, lo menos que necesitaba en estos momentos era terminar perdida, bagando por las calles sin saber a dónde ir por haber salido en busca de cigarrillos.
Más de doce horas habían pasado desde que Edward se marchó y estaba a punto de volverme loca de angustia. Me aterraba la idea de que le hubiese ocurrido algo o que simplemente no quisiera regresar a la casa, tal vez había tomado la decisión de regresar a Nueva York y, aunque me destrozara por completo, esperaba que ese fuera el motivo por el cual aún no volvía. Era mucho mejor esa opción, que la de imaginarlo a punto de morir en la sala de urgencias de algún hospital.
Me dejé caer de espaldas en el césped y clavé la mirada en el estrellado cielo. Hacía unas pocas horas que estaba en el jardín, después de recorrer la casa de arriba a abajo por lo menos una docena de veces, había decidido salir a fumar. Y es que dentro me sentía a punto de ahogarme.
Le di otra profunda calada al cigarrillo y cerré los ojos mientras soltaba con lentitud el humo. En cuanto amaneciera tomaría mis cosas y me marcharía en el primer vuelo que encontrara disponible, no me importaba el destino siempre y cuando no fuera Nueva York; no me sentía preparada para enfrentar a mis padres de momento y decirles que la boda se había cancelado. La noticia sin duda los volvería locos. ¡Maldita sea, ni siquiera sabía si se había cancelado o no!
Solté un sonoro suspiro y sin abrir los ojos acerqué el cigarrillo de nuevo a mis labios.
—Es tarde, deberías estar adentro y no aquí —me contuve de soltar un suspiro de alivio al escuchar su voz, abrí los ojos y lo vi sentado a un par de metros de distancia, se veía más relajado y tranquilo, lo cual sin duda era bueno.
Me encogí de hombros clavando de nuevo la mirada en el cielo, escuché el chasquido del encendedor y supuse que había tomado uno de mis cigarrillos, el paquete seguía tirado en el césped.
—¿En verdad...? —no terminó la pregunta y le di una mirada de reojo, pasaba su mano por el cabello de forma casi compulsiva mientras fumaba con avidez—. ¿En verdad Gianna te dijo que era mi novia? —preguntó después de varios minutos en silencio.
—Sí, lo hizo. Pero es tu decisión creerme o no —murmuré en respuesta.
Lo sentí moverse y tirarse en el césped a mi lado, aunque cuidando de dejar unos buenos centímetros de espacio entre nosotros; el silencio nos envolvió y de nuevo fue él quien lo rompió, un largo rato después.
—Entiéndeme Bella, me es muy difícil creer todo esto, ella fue mi única y mejor amiga por muchos años, simplemente... la Gianna que conocí no habría sido capaz de algo así.
—Al parecer no la conocías lo bastante bien —murmuré, pero él ignoró mis palabras o no las escuchó.
—En este momento yo... quisiera poder hablar con ella y exigirle que me diga el por qué lo hizo, pero no puedo hacerlo —soltó un melancólico suspiro antes de agregar—: Ella murió un par de meses después de cumplir diecinueve años, fue en un accidente automovilístico —cerré los ojos con fuerza, luchando por mandar lejos los recuerdos que comenzaban a agolparse en mi cabeza.
—Lo sé —mi voz se quebró y tuve que aclararme la garganta, para deshacer el nudo que comenzaba a formarse—. Y no pretendo hacerte cambiar el concepto que tienes sobre ella, o hacerla ver como la maldita villana del cuento, créeme que esa no es mi intensión. Soy más que consciente de que la única culpable fui yo, sólo quiero que sepas toda la verdad.
—Me cuesta creer que hiciste... Bueno, que lo que pasó fue porque estabas enamorada de mí —estaba no, aún sigo enamorada de ti como una estúpida, quise corregirlo pero me mordí la lengua para no hacerlo.
—¡Tenía quince, Edward! Era una chiquilla tonta e inmadura, dejé que los celos me guiaran y tomé una decisión errada. Cometí un error tras otro y es algo de lo que siempre me voy a arrepentir —tiré la colilla del cigarrillo y encendí otro, más por hacer algo que por la necesidad de seguir fumando en si—. Cuando descubrí la verdad ya era tarde, te había causado un gran daño y...
—Y sin embargo seguiste haciéndolo —me interrumpió no sin cierta amargura.
—Sí, lo hice. Pero lo hice porque prefería que me vieras con desprecio y que notaras mi existencia, a que no lo hicieras.
El silencio volvió a instalarse entre nosotros. Tantas veces había deseado volver el tiempo atrás, poder cambiar mis decisiones y así evitar el daño que le causé no sólo a Edward, evitando también lo que tuve que soportar a manos de aquella persona que estuvo a punto de terminar con mi vida por una venganza.
Unos minutos después, soltó un pesado suspiro antes de comenzar a hablar de nuevo.
—Siempre te noté Bella, desde el primer día. Pero era realista y sabía que una chica como tú nunca se fijaría en alguien como yo, así que no me hice falsas ilusiones y seguí adelante —sorprendida, giré el rostro para verlo—. Era el chico más inteligente de la escuela, pero también fui el más tonto al no darme cuenta de que sentías algo por mí.
—No podrías haberte dado cuenta, no es como si yo hubiese sido muy obvia.
—Pero sin embargo, no fue un impedimento para que Gianna sí pudiera darse cuenta.
—Supongo que ella... ella... —no pude encontrar las palabras adecuadas para continuar, no quería decir algo sobre ella que lo pudiera molestar de nuevo.
—He tenido mucho tiempo para pensar, y hasta cierto punto puedo comprenderte —dijo después de un momento en silencio—. Los celos pueden orillarnos a hacer cosas sin pensar en las consecuencias.
—¿Algún día podrás perdonarme? —sus ojos se clavaron en los míos, estiró su mano y acarició mi mejilla.
—Si eso te hace sentir mejor, yo te perdono Bella.
—No quiero que lo digas sólo por hacerme sentir mejor, quiero que lo digas porque en verdad lo sientes —tomó mi mano y entrelazó nuestros dedos.
—Bella, te perdoné el día que te propuse una tregua aquella mañana en tu tienda de campaña —acercó mi mano a sus labios y beso el dorso de ella—. Lamento la forma en la que reaccioné, acordamos dejar el pasado atrás y comenzar de cero pero todo esto me sobrepaso y...
—No tienes que explicarme nada —lo interrumpí con un murmullo apenas audible—. Es comprensible que reaccionaras así, cualquiera en tu lugar habría tenido la misma reacción.
Lanzó la colilla de su cigarrillo a un lado, tiró de mí con suavidad hasta que apoyé la cabeza en su pecho y sus brazos rodearon mi cintura. Me deshice de lo que quedaba de mi cigarrillo y me aferré con fuerza a su playera, tenía miedo de que en algún momento me hubiese quedado dormida y esto no fuera más que un sueño, que al despertar me encontraría con que él no estaba a mi lado y seguía molesto conmigo.
Cerré los ojos y enterré la nariz en el hueco de su cuello, embriagándome con el olor que su cuerpo desprendía y parecía tener un efecto tranquilizante en mí. De pronto, Edward comenzó a retorcerse de risa.
—¿Qué te parece tan gracioso? —le pregunté alzando la cabeza lo justo para verlo.
—Es que... si... ellos... hubiesen... —respiró profundo para calmarse y poder formar una frase coherente—. Si tus admiradores se hubiesen enterado de que estabas enamorada del chico flacucho y nerd de la escuela, la decepción los habría hecho suicidarse lanzándose de cabeza a un pozo —sonreí y volví a acurrucarme contra su cuerpo—. Te puedo apostar a que Mike Newton habría sido el primero.
—Y yo con gusto le hubiese dado un buen empujón, el tipo era un verdadero dolor en el culo que no entendía que no, es no y punto —soltó una sonora carcajada y no tarde en acompañarlo—. La verdad no envidio a Jessica, su esposa.
—¿Jessica Stanley? ¿La chica que mostró sus bragas estampadas de ositos en pleno partido de fútbol? —preguntó con diversión.
Nadie sabe qué fue lo que pasó aquel día, pero sin duda es algo que nadie podría olvidar y que algún día contaríamos a nuestros nietos, como una divertida anécdota de juventud.
Jessica era parte del equipo femenil de fútbol y de pronto estaba en medio del campo, con el short del uniforme caído hasta los tobillos y dejando a la vista de todos sus bragas estampadas de ositos. Su vergüenza fue tal, que la pobre chica pasó más de dos semanas sin asistir a clases o salir de su casa después del incidente.
—Sí, ella misma.
Con su dedo pulgar comenzó a trazar círculos en mi espalda, un par de minutos después estaba a punto de caer dormida gracias a la relajante caricia.
—Deberíamos ir a dormir, ha sido un día largo y estresante para ambos.
Asentí, me incorporé sentándome y Edward se puso en pie para después ayudarme, tomó mi mano y juntos entramos a la casa.
Cuatro días después de aquel... mal día con Edward, todo entre nosotros había vuelto a la normalidad. Era como si nada hubiese pasado y eso me gustaba, pues por fin podía decir que aquel amargo episodio de mi vida estaba enterrado y pertenecía al pasado.
Me di una última mirada en el espejo y sonreí en aprobación a la imagen que este me mostraba, Edward y yo saldríamos a cenar y quería verme deslumbrante. Razón por la cual me había puesto el vestido que Alice me regalara por mi cumpleaños el año pasado; un vestido corto color negro, tipo halter, con un escote considerablemente profundo y bajo el busto tenía un coqueto cintillo plateado.
Mi cabello lo dejé suelto y lo ondulé un poco para darle algo de volumen, maquillaje ligero pero resaltando mis ojos.
Me senté en el borde de la cama y tomé una profunda respiración antes de ponerme los zapatos, unos zapatos rojos con tacón aguja de vértigo, que Jane me regaló la navidad pasada. No los veas así, toda mujer debería tener un arma mortal como esta en su armario, los hombres no encuentran algo más sexy que unos lindos zapatos rojos de tacón alto; fueron sus palabras cuando fruncí el ceño con desagrado al ver lo que contenía la caja. Admito que los metí en mi maleta con la intención de dejarlos botados en alguna parte, y decirle a mi amiga que los había perdido o me los habían robado durante el viaje, nunca creí que iba siquiera a considerar la idea de usarlos algún día.
Bajé las escaleras sujetándome a la barandilla con fuerza, no me sentía cómoda o mucho menos segura usando tacones tan altos y rezaba para no caerme. Evitaba a toda costa tener que usar zapatos como estos, sin duda lo mío era lo plano y cómodo, pero en algunas ocasiones hay que hacer pequeños sacrificios. Y esta, sin duda, era una de esas ocasiones.
—Estoy lista, Edward —anuncié deteniéndome en el umbral de la sala, su mirada recorrió mi cuerpo entero, deteniéndose por un par de minutos más de lo considerado correcto en mis pies.
—Te vez hermosa, seré el hombre más envidiado de todo Colorado —un escalofrío subió por mi columna vertebral al escuchar su voz, profunda y ligeramente enronquecida—. ¿Nos vamos?
Asentí y me enganché al brazo que me ofrecía, salimos de la casa y me ayudó a entrar al coche.
Me llevé una muy grata sorpresa al llegar y enterarme de que Edward reservó para nosotros la terraza del restaurante, al centro del lugar nos esperaba una mesa puesta para dos, con velas, flores y champaña. Corrió la silla para mí y me senté, el mesero abrió la botella de champaña y nos sirvió una copa a cada uno para después retirarse, no si antes informarnos que volvería con nuestra cena en un par de minutos.
Pasamos una estupenda velada, reímos, hablamos y volvimos a reír recordando viejas anécdotas de nuestro tiempo como estudiantes de preparatoria, ahora que ese tema en particular estaba claro entre nosotros nos era más fácil hablar sobre ello.
Aunque a cada que él mencionaba a Gianna mi estomago daba un vuelco, respiraba profundo y debía recordarme que ella fue su mejor amiga por años, así que era comprensible que fuera una parte constante en su vida y tuviera demasiados recuerdos de ambos. Tenía que hacerme a la idea de escuchar su nombre con regularidad, algo que no me iba a ser muy fácil.
—¿Acaso quieres embriagarme para así poder aprovecharte de mí? —le pregunté en broma cuando al final de la cena rellenó mi copa.
—Quizás sea lo que quiero —sus labios se curvaron en una sexy sonrisa torcida y mordí mi labio inferior, al notar que no bromeaba.
Por un par de minutos dudé entre hacerlo o no, pero el mesero no estaba cerca, Edward le había pedido que se retirara después de que sirvió el postre; tenía la seguridad de que estamos totalmente solos y alejados de miradas indiscretas, así que... por qué no arriesgarme. No había nada que perder si lo intentaba. Tomé una profunda respiración y armándome de valor me puse en pie. Edward frunció el ceño confundido para después sonreír cuando me acerqué a él, me senté en su regazo y uno de sus brazos rodeó mi cintura.
—Tal vez no sea necesario embriagarme, tal vez sólo debas preguntarme si yo también lo quiero —murmuré rozando con mis labios su oreja y lo sentí estremecerse.
—Dime Bella, ¿quieres que me aproveche de ti? —apoyé la cabeza en su hombro. Apreté fuerte los dientes para no soltar un gemido cuando con las yemas de los dedos acarició mi pierna, comenzando desde la pantorrilla y subiendo lentamente hasta el muslo colándose bajo mi vestido—. Respóndeme, Isabella —me exigió.
—¡Oh diablos, sí! —exclamé con voz aguda, su mano siguió subiendo, llegando a rozar el inicio de mi ropa interior y fue entonces que perdí el control totalmente.
Me puse en pie apenas unos segundos, sólo el tiempo suficiente para acomodarme a horcajadas sobre su regazo. El borde de la mesa se clavaba de forma incomoda en mi espalda baja, detalle que no me costó mucho pasar por alto, y es que ¿quién pensaría en ese mínimo detalle teniendo en frente a un hombre como Edward?
Apoyé las manos en su pecho, bajando con lentitud por su abdomen, el fino material de su camisa no era impedimento para sentir bajo mis palmas los duros músculos y como se tensaban ante mi toque. Su respiración se volvió pesada y soltó un bajo gruñido, su mano se posó en mi nuca y tiró con suavidad acercando mi rostro a él atrapando mis labios en un beso desesperado, lleno de pasión y que pronto nos dejó a ambos sin aliento, obligándonos a separarnos.
No pude acallar un gemido, al sentir sus labios recorriendo la extensión de mi mandíbula, pasando después a mi cuello y terminó mordisqueando el lóbulo de mi oreja.
—Vamos de aquí, ahora —asentí siéndome incapaz de pronunciar una simple y sencilla palabras, hice el intento a ponerme en pie pero sus manos me sujetaron, impidiendo que me moviera de su regazo—. Quiero tus piernas alrededor de mis caderas, usando solamente esos sexys zapatos que llevas puestos, mientras me entierro una y otra vez en ti.
Algo en mi bajo vientre se apretó al escuchar sus palabras, ¡bendita fuera Jane! En cuanto regresara a Nueva York iba a levantarle un altar.
Edward pagó la cuenta, tomó mi mano y salimos a las prisa del restaurante. Pidió que nos trajeran el coche y el valet parking tardó unos cuantos minutos en traerlo, minutos que al menos a mí me parecieron una eternidad.
Di un par de pasos acercándome al coche y entonces sucedió, mi tobillo derecho se dobló y a no ser que Edward me sujetó a tiempo, hubiese dado de bruces contra el suelo. Apoyé un poco de peso en mi pie y una punzada de dolor recorrió mi cuerpo, era un dolor insoportable y mis ojos se llenaron de lágrimas al instante.
—¿Estás bien? —preguntó Edward aún sin soltarme.
—No, creo que me rompí el tobillo, o al menos así lo siento. ¡Diablos, duele como el maldito infierno!
—Debo llevarte a un hospital —quería gritar, llorar y volver a gritar de pura frustración. Y claro, también de dolor.
Edward me cargó en brazos y el valet parking se apresuró a abrir la puerta trasera del coche para nosotros, el asiento era más amplio y sería más cómodo si llevaba el pie estirado. Cosa que no ayudaría a que el maldito dolor aminorara, al contrario, a cada segundo que pasaba se volvía más intenso y sentía me desmayaría de un momento a otro; además de que mi pie se estaba hinchando a una velocidad realmente alarmante.
Llegamos al hospital y en cuanto entramos una enfermera pidió una silla de ruedas para mí. Durante el camino me había quitado los zapatos, los cuales por cierto iba a quemar en cuanto tuviera una oportunidad, y ahora mi pie estaba tan hinchado como un sapo a punto de estallar. El doctor que me atendió pidió que me realizaran un estudio radiográfico para poder descartar o afirmar que había una fractura, pero antes de llevarme a la sala de rayos X, se apiado de mí y me dio un analgésico para el dolor.
Me encontraba recostada en una camilla de examen, Edward estaba a mi lado, sujetando mi mano mientras esperábamos a que el doctor apareciera. Gracias al analgésico, ahora el dolor había disminuido considerablemente y me sentía algo adormecida.
—Bien, aquí tengo las radiografías —anunció el doctor apareciendo detrás de la cortina—. Ya las he revisado y afortunadamente no hay fractura, pero sí un esguince de segundo grado con rotura de ligamento.
—¿Y cual es el tratamiento a seguir? —preguntó Edward adelantándose.
Contuve el aliento en espera de la respuesta del doctor, sólo esperaba que no tuvieran que realizarme un cirugía o algo así, eso de rotura de ligamento se escuchaba como algo grave que podría requerir de una intervención quirúrgica.
—Debo inmovilizar el tobillo con una bota corta de yeso entre-abierta, la cual dejaremos de diez a quince días. Pasado el tiempo se retirará la bota de yeso y continuarás usando una venda elástica, por un espacio de tiempo no mayor a tres semanas —cerré los ojos y solté un suspiro de alivio, Edward dio un ligero apretón a mi mano que aún mantenía sujeta—. Es importante que las próximas setenta y dos horas permanezcas en un reposo absoluto, manteniendo el pie elevado con un par de almohadas para ayudar a la circulación y a que la hinchazón baje. Ya después podrás caminar con la ayuda de un par de muletas, pero debes tener especial cuidado en no apoyar el pie en el suelo bajo ningún motivo.
—Yo, personalmente, me encargaré de vigilar que siga las instrucciones al pie de la letra, doctor —le aseguró Edward.
—Perfecto, iré a buscar una enfermera que me ayude a poner el yeso.
Una hora y media después estábamos de regreso en la casa, tenía que volver al hospital en diez días y el doctor me diría si me quitaba la bota de yeso o debía esperar más tiempo. Edward tuvo que llevarme en brazos hasta la habitación, con suavidad me dejó sobre la cama y solté un pesado suspiro.
—Voy a traerte agua para que tomes el anti-inflamatorio.
—¿Podrías pasarme un pijama? —asintió y sacó del armario unos shorts holgados de algodón y una playera sin mangas.
—¿Necesitas ayuda? —me entregó las prendas y negué en respuesta—. Okay, voy a por el agua.
No fue una tarea sencilla cambiarme de ropa, lo cual sólo me ayudó a que mi irritación aumentara si eso era posible; unos minutos después Edward regresó a la habitación, me dio el vaso de agua y el medicamento.
Acomodó un par de almohadas bajo mi pie para mantenerlo elevado, pero antes de eso le pedí que me alcanzara una goma para atar mi cabello, así como mi crema y toallitas para desmaquillarme. Esto de tener que depender de los demás era una mierda, sobre todo cuando se refiere a tener que llegar al cuarto de baño, y era justo ahí donde necesitaba ir en este preciso momento.
—Edward... ¿Podrías...? —maldije por lo bajo, mi rostro se sentía caliente y estaba segura de que un tomate maduro palidecería a mi lado. Tomé una profunda respiración y evité a toda costa verle a la cara mientras hablaba—. ¿Podrías ayudarme a llegar al cuarto de baño? ¿Por favor?
Edward me dejó de pie junto al inodoro, después de repetirle una y otra vez que estaría bien y que no apoyaría el pie lastimado en el suelo, salió cerrando la puerta tras de él con suavidad.
Usé el inodoro, sujetándome a las paredes y a todo lo que pude, me puse en pie y llegué dando pequeños saltitos con un solo pie hasta el lavabo; donde me lavé las manos y cepillé mis dientes. Quise llegar hasta la puerta, pero la distancia que me separaba de ella me parecía kilométrica, además de que mi pierna temblaba y comenzaba a acalambrarse a causa de tener que sostener todo mi peso. Resignada, llamé a Edward para que me ayudara a volver a la habitación.
—¿Por qué estás tan pensativa? —me preguntó metiéndose bajo las mantas de la cama.
—Odio esto, siempre he sido una persona activa y ahora tendré que pasar en cama tres días. ¡Tres! —aunque eso no era precisamente lo que estaba pensado, mis pensamientos iban a si Edward y yo habríamos terminado teniendo sexo, de no ser por mi desafortunado accidente.
—Tres días se pasaran rápido —claro, como él no tendría que pasarlos en cama—. Además, tendrás un sexy enfermero cuidando de ti las veinticuatro horas del día.
—Y lo tuyo es la modestia ¿cierto?
—¿Estás admitiendo que soy sexy? —enarcó la ceja y sonrió.
—Yo no he hecho tal cosa —respondí con diversión, alargué la mano y apagué la lampara de noche.
—Más sin embargo, tampoco lo has negando.
—Buenas noches Edward —soltó una risita y apagó la otra lampara dejando la habitación en penumbras.
Nunca había podido dormir boca arriba, así que cuidando de que mi pie no cayera de las almohadas, me las arreglé para girarme y acomodarme de lado a espaldas de Edward. No era la mejor y más cómoda posición para dormir, pero tendría que conformarme. Un par de minutos después sonreí al sentir como su brazo rodeada mi cintura y si pecho se pegaba a mi espalda, cerré los ojos y aún sin dejar de sonreír me quedé dormida.
Continuará...
¡Hola! Sí, sé que hoy no es viernes pero me hicieron una propuesta que no pude rechazar y aquí está el nuevo capítulo, espero que les gustara. Tenía intención de publicar el capítulo 11 este viernes, pero se me han presentado un par de problemitas y la verdad no creo que me sea posible hacerlo, por lo tanto la próxima actualización sería hasta el día viernes 16. Les recuerdo que tengo grupo en Facebook, ahí estaré publicando imágenes relacionadas a la historia como también adelantos de la misma, les invito a unirsenos y si les interesa encontrarán el Link en mi perfil.
Muchísimas gracias a quienes agregaron la historia a sus alertas y favoritos, así como también un enorme gracias a quienes se toman un momentito de su tiempo para dejarme un review y alegrarme el día, no los respondo por falta de tiempo pero sepan que los leo todos y cada uno de ellos.
¿Algún review? =)
