Historia Betada por Gabriela ( - Lady Ava'dore- )
DISCLAIMER: Los personajes le pertenecen a Stephanie Meyer, sólo la historia es de mi propiedad.
Bella POV
—Bella… Bella… Bella… despierta.
—Hmm ¿que… que sucede mamá?
—Nada hija, es sólo que has dormido todo el día y no has comido nada, nos tienes muy angustiados, ¿cómo te sientes?
—Bien mamá, la angustia ya paso, no te preocupes, se que papá arreglara todo esto.
—Que bien hija, sigue así de animada, bueno levántate que ya es hora de cenar.
—¿Cenar? ¿Es que he dormido tanto?
—Si pequeña, has dormido todo el día, Edward se ha quedado todo el día para cuidar de ti.
De pronto mire hacia los sillones de mí recamara y ahí estaba: mi príncipe, mi protector, mirándome con esos hermosos ojos de color esmeralda, su mirada era dulce como la miel.
—Bueno Bells, levántate y nos vemos en el gran comedor —y salió mi madre de la habitación. Edward se levantó y se acercó a mi cama, iba a arrodillarse cuando me hice a un lado, él se dio cuenta del gesto y se sentó junto a mí.
—¿Cómo estas Bella? Nos has tenido muy preocupados, ¿te sientes bien?
—Si, muchas gracias, creo que dormí por la pastilla que me dio mi madre.
—Si debe ser eso, pero dime…—sus palabras se cortaron.
—Si te refieres a lo del anónimo no me siento asustada, a decir verdad estoy más perpleja que asustada, ¿por qué alguien desconfía tanto de mi? ¿Acaso mi figura como princesa no denota confianza para mi pueblo?
—No lo creo, pienso que tal vez son personas que no aceptan los cambios positivos, estamos en el siglo XXI Bella, las cosas no pueden seguir siendo como antes, los Reyes y Reinas no pueden reinar hasta que estén dos metros bajo tierra, la gente debe comprender que tu padre esta cansado, ¿ha reinado desde que tiene cuantos?, ¿dieciocho años? De verdad esta harto, cuando tu llegues a su edad tal vez pienses lo mismo y ahí será cuando decidas pasarle el cargo a tus…digo… nuestros… —el rostro de Edward tomó un lindo color rosáceo, algo que muy pocas veces había admirado.
—Si Edward te entiendo, ahí es cuando decidamosdarle el cargo a nuestros hijos ¿verdad? —me ardieron las mejillas al decir esto, pero para mi suerte era algo que comenzaba a agradarme y de la mejor manera posible.
—Sí Bella —nos quedamos en silencio sólo mirándonos, sus ojos brillaban con un brillo que jamás había visto, tal vez pensaba lo mismo que yo. En el futuro, en ese futuro incierto, pero que cada vez se iba por un rumbo que yo jamás pensé que tomaría, ahora lo veía con sentimientos, con sentimientos compartidos.
Creo que pasaron unos buenos minutos antes que alguien interrumpiera nuestro embobamiento, no sabia quien era pero lo odiaba por haberlo hecho.
—Tock, tock, tock. ¿Bells estás ahí? —alguien llamó a la puerta y de inmediato reconoci la voz.
—Jacob…—dije en un susurro, el cuerpo de Edward se tenso al instante, se paró en un instante, pero antes de que se fuera:
—No te vayas, por favor Edward —le dije mirándolo a los ojos, él me devolvió una mirada algo confundida, pero no podía disfrazar el brillo y la sorpresa en sus ojos, él quería quedarse—, prometiste no dejarme sola ¿verdad? Quédate aquí conmigo.
No podía creer lo que pedía, hace sólo un mes y unos cuantos días yo detestaba a este hombre, sólo quería que la tierra se lo tragara, y sobre todo después de tener nuestra infantil pelea, pero ahora… ahora todo era diferente, el sentirlo tan cerca me hizo dependiente, era total y completamente dependiente de Edward.
—Claro que si bella, yo te lo prometí y estaré aquí siempre que tú me quieras.
—Entonces quédate, porque quiero que estés aquí… conmigo.
Nuestras sonrisas no se hicieron esperar, Edward me veía con una cara de incrédulo que no se la podía, se volvió a sentar a mi lado, pero esta vez un poco mas cerca mío, su piel rozó con la mía y no pude evitar sentir un escalofrió que recorrió toda mi espalda con el solo contacto de su piel, su aroma era embriagante.
—Si Jacob, adelante pasa.
—Permiso Bells, quiero saber cómo esta todo, Angela me con…—Jacob paró en seco al ver a Edward sentado en mi cama junto a mi—. ¡Ups! Ay perdón tortolitos, no quise interrumpir —dijo Jacob, dejando escapar una risa cómplice y llevándose una mano a la boca. Edward y yo sólo sonreímos.
—No Jacob tranquilo, no te preocupes estoy muy bien —le dije y mire a Edward que me devolvía la mas dulce de las miradas.
—A ver esperen, ¿Qué, no me digan que ya se arreglaron? ¿A que si? ¿A que si? —dijo Jacob como niño chiquito.
—Digamos que en eso estamos —respondió Edward para mi grata sorpresa, se había dado cuenta que Jacob y yo solo éramos amigos.
—Pero que bien entonces, déjame decirte que esta que tienes aquí andaba con un humor de perros estos días, Angela y yo pagamos las consecuencias-.
—¡Jacob! —le grite aventándole unos cojines.
—¿Ves? ¿Ves? ¿Te das cuenta? Ésta mujer es de armas tomar.
—Ni que lo digas —dijo Edward.
—Bueno, bueno, dejen de hablar tanto de mi, mejor porque no vamos a cenar, ¿Jacob te quedas?
—Hmm si bueno, que le hace el agua al pescado —dijo con esa sonrisa tan característica—. Bueno, siempre y cuando a Edward no le moleste.
—Claro que no Jacob.
—Bueno entonces vamos, porque tengo un hambre que ni te la imaginas.
—Esta bien, vamos —dije riendo.
Me levanté de la cama, Edward gentilmente me ayudo y nos dirigimos al comedor, le dije a Jessica que pusiera un puesto mas ya que Jacob se quedaría con nosotros a cenar, mis papas estaba contentos, consideraban a Jacob un chico atento y muy caballeroso, al igual que a su padre, que se había vuelto la mano derecha de papá.
La cena fue genial, fue increíble, Edward y Jacob congeniaban muy bien, se la pasaron toda la cena hablando de sus gustos y de autos, un gran gusto que compartían los dos por igual, me sentí muy feliz de que se llevaran bien. Jacob contaba anécdotas de cuando era pequeño y de todas las maldades que hacía cuando una imagen cruzo por mi mente: la de mi sueño, ¿que habrá sido ese sueño? La niña se llamaba Bella al igual que yo, ¿había sido yo?, ¿sería un recuerdo de mi niñez? Hasta donde sabia había sido bastante solitaria, pero me sentía feliz al pensar en ese sueño.
Jacob se fue dando las gracias como siempre, se despidió con un abrazo para mí y para Edward, lo cual me emociono mucho, nos dijimos adiós y Edward y yo quedamos solos en el hall de entrada.
—Bueno ¿que quieres hacer? Parece que no tienes mucho sueño ¿verdad?
—Hmm no mucho que digamos, ¿quieres que nos tomemos un café?
—Si, que buena idea, vamos.
Nos dirigimos a la cocina y ahí estaban las mucamas, yo no quería a nadie observándonos así que les dije que se retiraran a sus habitaciones a descansar, eran suficientes emociones para todo en el día, ellas también debían haber estado exhaustas. Edward me miro con cara de incrédulo
—¿A caso piensas que no se preparar café? —le dije con una sonrisa.
—Claro que no, pero me gusta que seas así de conciente con las demás personas, eso habla de que serás una excelente reina.
—Ellas se llevan el trabajo mas pesado de la casa, deben estar al pendiente de todo, es justo que obtengan descanso, a mi no me interesa prepararme mis cosas, desde pequeña mi única diversión a sido meterme en la cocina a ayudarlas, sin que mis papas se enteren claro esta.
—¿No les gusta que te mescles con la servidumbre? —dijo serio.
—No nada de eso, cuando venia aquí a platicar con Jessica o las demás mucamas era cuando me lograba escapar de alguna clase que tenía, mi papá siempre me reprendía porque no estaba a tiempo para tomar todas las clases que se me impartían, él decía que mi educación era muy importante y que debía de valorarla.
—Sí, a decir verdad tiene razón —parecía complacido con nuestra plática.
Serví los cafés y los puse en el desayunador, él sólo me sonrió y tomo un sorbo.
—Esta exquisito Bella.
—Muchas gracias —dije, y me ardieron las mejillas—, pero ahora cuéntame de ti, tu parece que hoy te enteraste de muchas cosas mías y yo no se casi nada de ti, cuéntame, hmm… ¿Que hacías antes de venir a tu país?
—Estudiaba en Inglaterra, mi hermano mayor Emmett estudia medicina, mi hermana Alice estudia marketing y yo como no sabia que estudiar todavía comencé con tomar algunos cursos de música en una academia en Londres, antes de terminar mi semestre tomaba el curso de piano, pero ya en fase de experto, el piano ha sido uno los instrumentos que mas me a inspirado desde pequeño, lo toco desde los cinco años.
—Que genial, yo a penas junto las notas en la flauta.
—No es tan complicado, es sólo cuestión de práctica.
—Y dime ¿nadie sabía quién eras alla?
—Si, había personas que sabían quien era, tenía unos cuantos amigos y amigas que me habían descubierto por algún reportaje en alguna revista o por alguna foto por Internet, tener de compañero a un príncipe heredero no es algo común.
—Claro que no, debes haber tenido cientos de… nov-novias alrededor —me dio un poco de pena al decir eso, pero de verdad debía haber sido así.
Soltó una risa musical.
—No creas, a las mujeres parece que les intimida el titulo, me ven como alguien superior y difícil de alcanzar, es algo penoso ya que soy todo lo contrario a lo que la mayoría de la gente piensa.
—Ni que lo digas —solté sin saber. Me puse como tomate.
—¿Tú también pensabas que yo era un principito engreído?
—Hmm, a decir verdad, cuando me anunciaron el compromiso reconozco que lo pensé, no puedes culparme no te conocía y ni siquiera sabia como eras, tenia derecho a imaginarme todo lo contrario y a agarrarme de cualquier cosa para no querer nuestra unión.
—No quiero acecharte, pero ¿tu opinión cambió ahora que me conoces un poco más? —dijo con sus ojos penetrando en los míos, mis piernas flaquearon y temblaron como gelatina.
—Debo decir que…Si, tuvo un cambio de opinión muy grato con respecto a ti, eres una persona totalmente diferente a como me imagine.
—Que bueno, me agrada saber que no te desagrado.
—Claro que no Edward —dije con mis mejillas ardiendo nuevamente, las mejillas de edward alcanzaban casi el mismo color.
Cuando nos dimos cuenta nuestros cafés se habían terminado.
—¿Si te pido algo me lo concederías? no es nada imposible —le dije a Edward sonriendo.
—Claro que si, dime que quieres.
—¿Podrías tocar algo para mí?
—Esta bien, ¿donde esta el piano? —recordé que afuera de mi habitación en la estancia había uno, pero estaba demasiado expuesto, no quería que mis papas se levantaran a curiosear.
—Ven, sígueme.
Subimos las escaleras hasta el tercer piso de palacio, caminamos bastante debido a que mi casa era enorme, llegamos a una cuarta escalera, pero esta era mucho mas pequeña y corta, conducía hacia el ático, abrí la puerta y entramos, era una gran habitación, estaba pintada de color blanco, pero llena de cajas y de cosas que en su tiempo tenían gran valor, había recuerdos de mi niñez y objetos valiosos de mis padres.
De pronto entre todas las cosas había un piano, un hermoso piano de cola que estaba en el medio de la habitación justo debajo de una gran ventana, cuando avanzamos hacia el me di cuenta que la luna justo se situaba arriba de esta y entraba toda su luz haciendo del piano un lugar mágico. Edward se sentó, se hizo a un lado y palmeó el lugar, quería que me sentara a su lado, lo hice sin pensarlo dos veces y posó su par de esmeraldas en mis ojos.
—Esta canción es la favorita de mi madre, y le haremos honor a nuestra invitada y silenciosa testigo, se llama Claro de Luna.
Yo sólo asentí y comenzó el festival de notas y acordes, era hermoso de verdad, la melodía era hermosa y estaba endulzada con las suaves notas que escapaban del piano, además, ver los dedos de Edward danzar sobre sus teclas era un espectáculo digno de ser admirado por todos.
Edward cerró sus ojos para concentrarse más en la melodía, expresaba tantos sentimientos, tantas cosas, las mariposas no tardaron en hacerse presentes, mi estomago, mi pecho, mi corazón: iban a explotar. Sentía felicidad al estar con él ahí, juntos.
La melodía cesó y Edward abrió sus ojos y me miro.
—Dime ¿te gustó?
—Claro que si, es… hermosa.
—Muchas gracias Bella.
—Y dime una cosa ¿piensas regresar a Inglaterra?
—Hmm no, ya no quiero regresar, debo ir una semana o dos a cerrar los cursos que estaba por tomar, pero a nada más.
—Ah.
Comenzó un silencio, pero no hacía falta hablar, sentía los ojos de Edward pegados a los míos, me expresaban tantas cosas.
Sin darme cuenta Edward y yo estábamos demasiado cerca, sentía su respiración en mi cara y aspiraba para que esta dulce sensación llenara mis pulmones, era embriagador, cada vez estábamos mas cerca, iba a suceder, nos íbamos a besar, iba a poder probar esos exquisitos labios que me tenían embrujada. Cada vez la distancia era más corta, mi corazón estaban frenetico dentro de mi pecho iba a explotar, sentia nuestras respiraciones agitadas, los dos queriamos que sucediera, la frente de Edward toco la mía y se estaba acercando peligrosamente a mi boca.
—¡Bella, Edward! ¿Estan aquí? ¿Niños donde estan?
Una voz nos hizo despertar de nuestro hermoso sueño, nuestras caras se pusieron como tomate y yo me levanté de lo nerviosa que estaba, miré a Edward quien me dedico una mirada con los ojos mas hermosos que podía imaginar, nos dirigimos a la puerta y venía Renée entrando.
—¡Hola chicos! ¿Que hacían?
—Hmm nada mamá, sólo probábamos el piano —y por poco habría probado sus labios si tú no hubieras venido. Mi subconsciente estaba un poco molesto, yo también.
—Ah bueno, ya es muy tarde ¿se fijaron en la hora? Mañana podrán hacer todo lo que quieran, es hora de irse a dormir jovencitos.
Los dos asentimos y Renée se perdió por los pasillos del palacio, Edward gentilmente me acompaño hasta mi habitación, en la puerta de esta recordé lo que había estado por pasar, de verdad casi nos besamos, había sido algo hermoso.
—Bueno señorita La dejo en su habitación, espero que pase muy buenas noche —e hizo una reverencia, yo sólo me reí.
—Muy bien caballero, muchas gracias por todo, espero que mañana sea un día tan agradable como hoy.
—Claro que si.
Y nuestras miradas se quedaron pegadas la una con la otra, mi corazón parecía saltar de mi pecho, mi respiración se hizo mas corta, había algo que yo no me había dado cuenta, había algo que no había querido ver, pero que ahora estaba mas claro que ninguna otra cosa, me había enamorado de Edward Cullen, mi novio.
—Bueno Edward, buenas noches —me iba a girar y el me sujeto del brazo.
—Bella —dijo en un susurro.
Se acercó, se acercó, se estaba acercando cada vez más.
Tomó una de mis mejillas con sus manos y acerco su boca a la otra, me beso, un tierno beso en mi mejilla que hizo que me sonrojara como jamás en la vida lo había hecho.
—Buenas noches Bella —me dijo, y su frente se junto con la mía, era tanto nuestro silencio que escuchaba su corazón y el mío latiendo a la par, me sorprendí al escuchar que el de Edward parecía estar más acelerado que el mío.
Su frente se separó y él se fue, yo me metí corriendo en la habitación, cerre la puerta y me deslice contra ella quedando sentada en el suelo, mi mano no salía de mi besada mejilla, ¿que era todo esto? ¿Estaba tan enamorada de Edward como para que girara mi mundo por completo con sólo tocarme y darme un beso?
Ésta sensación jamás la había tenido, era maravillosa y aterradora al mismo tiempo, ¿que sucedía, era amor? Si no lo era realmente estaba perdida porque, había perdido la cabeza con ese beso, era mi condena a amarlo toda la vida.
Edward POV
Estábamos ahí, sentados en el piano, habiamos tenido una platica maravillosa pero nada se comparaba con el placer de tocar para ella, quería expresarle algo en una canción, de pronto vino a mi mente la canción de Esme, su favorita: Claro de Luna.
—Ésta canción es la favorita de mi madre, y le haremos honor a nuestra invitada y silenciosa testigo, se llama Claro de Luna.
Comencé a tocar y parecía que el mundo se hubiera detenido, cerre mis ojos, estábamos solos ella y yo, sentí que no había nada que pudiera arruinar esta felicidad, ella y yo por fin nos estábamos entendiendo, estábamos estrechando un lazo de…amistad? No lo sé, pero se sentía mas fuerte con el pasar de cada hora, cada vez quería mas estar con ella, era una sensación indescriptible, me había hecho adicto a sus ojos, no podía parar de mirarlos, con ella sentía una atracción que jamás había experimentado, me sentía feliz. Las notas terminaron y bella me miro con sus hermosos ojos.
—Dime ¿te gustó? — estaba expectante.
—Claro que si, es… hermosa.
—Muchas gracias Bella.
—Y dime una cosa, ¿piensas regresar a Inglaterra?
—Hmm no, ya no quiero regresar, debo ir una semana o dos a cerrar los cursos que estaba por tomar, pero a nada más.
—Ah —ella parecía conforme con mi respuesta, ya no podía alejarme de aquí, el tiempo que estuvimos sin hablarnos lo considere como mi infierno personal.
Nos quedamos en silencio, pero era el mejor de los silencios, nuestros ojos estaban clavados los unos con los otros, cuando me percharte bella y yo nos habiamos comenzado a acercar, estábamos tan cerca que mi corazón se disparo como loco en un intento de llevar sangre a mi cabeza, sentía su dulce aroma a fresas en mi cara, aspire profundo para llenar mis pulmones, corazón y mente de aquella fragancia, estábamos tan cerca que por un momento se paso por mi cabeza una pregunta que no me había hecho: ¿cómo se sentirá probar sus labios, robarle un beso? Quería besarla, tenía tantos deseos de probar su boca, ¿pero ella también los tendría?
Me comencé a acercar cada vez mas, ella parecía estar de acuerdo ya que no se movió, al contrario también atrajo su cuerpo hacia el mío.
Mi frente se acerco a la de ella, se juntaron y ahí fue cuando me sentí perdido, embriagado, tenia una felicidad que me desgarraba el pecho por salir, mis labios estaban a punto de tocarla.
—¡Bella, Edward! ¿Están aquí? ¿Niños donde están?
Y desperté de mi sueño, había alguien que no debía aparecer, pero ahí estaba llamándonos y sacándonos de nuestra burbuja, Bella se levantó al instante y se puso nerviosa yo la mire y con mis ojos trate de calmarla ella parece que entendió mi mensaje, nos acercamos a la entrada y ahí estaba Renée.
—¡Hola chicos! ¿Que hacían?
—Mmm nada mamá, sólo probábamos el piano.
—Ah bueno, ya es muy tarde, ¿se fijaron en la hora? Mañana podrán hacer todo lo que quieran, es hora de irse a dormir jovencitos.
Asentimos y nos dirigimos hacia la habitación de Bella, Renée se perdió en los pasillos, yo me ofrecí a acompañarla, me sentía muy comprometido con mi cargo de guarda espalada personal, llegamos a la puerta de su habitación y Bella parecía nerviosa.
—Bueno señorita La dejo en su habitación, espero que pase muy buenas noches —le hice una reverencia como la princesa que era y ella soltó una risa.
—Muy bien caballero, muchas gracias por todo, espero que mañana sea un día tan agradable como hoy.
—Claro que si.
Mi respiración se agitó, nuestros ojos se clavaron y todo el mundo dejo de existir en ese momento, no había nada mas que me importara que estar allí con ella.
—Bueno Edward, buenas noches —se iba a girar y por un impulso la sujete del brazo.
—Bella —sólo me salió un susurro, estaba extasiado con la situación, le tome una de las mejillas y me acerque lentamente a ella torturándome y disfrutando cada centímetro menos que quedaba. La bese, le di un beso en la mejilla, mi boca mandó miles de corrientes eléctricas a todo el cuerpo, estaba alucinado por tener aquella clase de contacto con ella, no podía ser mejor.
—Buenas noches Bella —me despedí y mi corazón ya no daba más con la emoción, estaba a mil por hora, si seguía así me iba a dar un infarto.
Me separé de ella y me fui a mi habitación, entré y me tiré en la cama, cerré los ojos y volví a sentir esa sensación tan extremadamente agradable de besarla aunque fuera en la mejilla, era algo sublime, jamás había tenido ésta sensación.
Si no lo quería ver antes, ahora ya no podía negarme, esta ahí frente a mis ojos, imposible no verlo, estaba enamorado de cada milímetro de su persona, amaba todo, su cabello, su aroma, su personalidad, amaba hasta sus berrinches era la mujer mas completa del mundo, para mi lo tenia todo, y lo mejor es que aunque parecíamos no sentirlo ahora era mi novia y pronto seríamos uno para siempre.
Sólo sabía tres cosas:
1. Bella y yo algún día tendríamos que reinar.
2. Por el brillo de sus ojos parecía que ella le pasaba algo parecido conmigo…
3. Estaba incondicional e irrevocablemente enamorado de ella, Isabella Swan, Princesa de Volterra.
