Bealcaru: Historia Original

Kohei Horikoshi: Mangaka a quien le pertenece los personajes de Boku No Hero Academia, utilizadas en esta historia

DoppelgangerRL: MUCHAS GRACIAS! Me alegra que te guste y veas la historia del punto que era mi objetivo, sobre el romance, aun no lo tengo en mente y si en algún momento quizás lo haga, debo decirte que Izuku se queda solo :( (También me gusta verlo con Uraraka) Siempre he querido ver o hacer una historia que se centre en los personajes y la historia, dejando el amor un lado. Me sorprende que digas que la personalidad de los personajes sean precisas, cuando siempre creí que se veían muy Ooc, pero ahora me siento más confiada Y me dejas con la piel de gallina al considerarlo entre los mejores, GRACIAS! Sobre bersek, siempre he tenido la curiosidad de leerlo y ahora la tengo más, GRACIAS POR LEER! Por cierto, soy mujer :)

Agata: Querida, tus comentarios me alegran el día XD Y si, dan ganas de pegarle a Iida, pero ya tendrá su momento de castigo. Me sorprende que digas que te hago vibrar las emociones con mi escritura, te agradezco ese detalle! Los objetos siguen ahí, en alguna parte que dejo escondido Riot y espero que no se haya olvidado XD Mentira, tendrán importancia más adelante! GRACIAS POR LEER!

Pascuala Son: ¡BIENVENIDA! En realidad la historia en un principio iba a ser yaoi, como los tantos que hay en el fandom Katsudeku y TodoDeku, pero de una vez te digo que romance en la historia aún no está pensado y Sobre los personajes realistas, creo que porque son lo que creo y siento que una persona en la vida real reaccionaria, a parte el tener que juntarlos con la personalidad de cada personaje para que no se pierda. Y justo sobre ellos (Kacchan y shoto) fue mi problema para empezar una historia Yaoi, ya que en si la historia comenzaría con el dragón y eso tomaría varios capítulos y las amantes de esas parejas no iban a soportar leer una historia donde ninguno apareciera aun, además la idea siempre fue enfocarme en Izuku y su día a día XD Sobre Izuku recién me estoy dando cuenta que ustedes están igual que él, porque no saben nada ajajaja era mi idea pero no creí que estaba funcionando. Me gustaría actualizar todos los días, pero quiero que la historia sea "Tranquila" y entendible, pero voy tratar de actualizar al menos 3 veces por semana :D PD: Tranquila, como ya dije, solo solito XD GRACIAS POR LEER!


IZUKU II

"La vida es nada si la libertad se pierde"

LA ALDEA DE LOS VIAJEROS

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Shigen es conocido como una tierra desolada, pues sus habitantes no son más que animales.

Los ríos que salen de enormes montañas y las cascadas gigantes que interrumpen el silencio en tan pacífico lugar, son el atractivo turístico de aventureros, pero por su tan famosa maldición y advertencias muchos desisten en entrar. Pero lo que más se puede destacar de un lugar poco conocido, es el rumor de que en sus atardeceres las nubes descienden hasta tocar las montañas y así poder decirse que antes del anochecer, la tierra y el cielo se unen.

Lejos del mar, muy minuciosamente escondido entre dos enormes colinas con gigantescos pinos, se encuentra una aldea que tiene más la apariencia de una diminuta ciudad por sus hermosos hogares de estructuras poco comunes.

Viajeros de los árboles se hacen llamar, tienen una vestimenta algo formal. Los hombres visten con camisa y chaleco, y unos pantalones ni holgados y ajustados. Las mujeres llevan vestidos largos, con hermosos detalles que sobresalen sus dotes en las enseñanzas de todo lo que pueden hacer.

Está aldea enseña a los hombres de gran intelecto y habilidad a ser viajeros de largos caminos donde el peligro los sorprenderá, y para enfrentarlo su habilidad deben utilizar. Sin embargo, solo les es permitido a los que cumplan 18 años el poder salir y ver el exterior al menos una última vez, para nadie era sorpresa de los animales salvajes que habitaban los bosques.

Lamentablemente para los que aún tenían 16, solo se les permitía salir a rodear la aldea y volver, por lo que un niño de pecas con libro en mano reclamaba al manda más su molestia por ser excluido de una reunión en el cual debía estar.

— ¡No es justo! –Gritaba colérico– ¡Tengo derecho a saber de lo que hablan!

— Basta Izuku, no voy a repetirlo dos veces.

— Quiero saber que hay afuera, soy humano tengo u-

— Un humano con una preocupante curiosidad que no cesa jamás –Interrumpió el hombre.

— Son dotes únicos.

El líder lo miro seriamente.

— Debo volver, me están esperando –Cortante, se giró, pero antes de entrar se detuvo– Y si me vuelvo a enterar que saliste de nuevo, voy a castigarte y de la forma que menos te imaginas.

Izuku desvío la mirada dolido, y al verlo desaparecer por la puerta se giró encaminándose hacia el orfanato, el único hogar que tenía y del cual odiaba estar.

— Siempre enjaulándome como una pájaro –Molesto pateaba las piedras en su camino– Ni siquiera un ave puede compararse conmigo –Miro el cielo viéndolas volar– Tienen alas con las que pueden despegar cuando quieran.

Cabizbajo siguió caminando, pero se detuvo al escuchar ser llamado.

— ¡Izuku!

Giro, viendo a una joven alta de piel blanca y cabello castaño, acercársele saludándolo. Era su amiga la única que tenía y con quien podía hablar amenamente, y respondiendo su saludo desmotivado, la vio detenerse a su lado.

— ¿Qué haces acá? La reunión comenzó hace un rato –Anuncio, señalando el lugar.

La vio triste, dudando en decirle la verdad, sabía que si se enteraba que de nuevo fue negado a participar, armaría un alboroto.

— Me sentía mal y no quise incomo-

— De nuevo no te dejo ingresar ¿verdad?

Desvió la mirada culposo y la joven grito enfadada, diciendo improperios que horrorizaron a Izuku.

— ¡Iré hablar con él! –Molesta, se dirigió a grandes zancadas hacia la reunión.

— ¡No no espera! –Grito corriendo a detenerla– Lo entiendo –Decía desesperado agarrándola del brazo– Se preocupa por mí, sabe que soy débil y que aún no estoy listo…

El rostro incrédulo de la joven lo detuvo, poniéndolo nervioso.

— ¿De quién estás hablando? Porque si te estas describiendo, debo decirte que estas muy equivocado –La joven lo vio con decepción, haciendo a Izuku sentirse peor – Eres fuerte Izuku, solo necesitas que alguien te reconozca y eso es muy molesto porque nadie quiere hacerlo. Siempre te estoy motivando a seguir adelante y defendiéndote de los abusivos, pero tu pareces no entender que si muestras debilidad solo harás que los demás se aprovechen de ti.

Izuku escondió el rostro con sus manos, no sabiendo que responder por sus palabras, sabia de la confianza que ella tenía en él, del valor que le daba todos los días, pero que él fingidamente se lo creía. Ni siquiera tenía el valor de decirle que le gustaba, pero ¿cómo se lo diría a una mujer comprometida? Y encima la engañaba diciéndole que sus palabras lo motivaban.

Era un cobarde mentiroso.

— Solo me engañaría así mismo –Susurro, bajando sus manos mostrando su rostro dolido– Seguiría alimentando mi tristeza con una máscara de engaño y ¿De que serviría si algún día debo enfrentarlo? –La joven lo vio sorprendida– No, ya no quiero –Molesto, agarro el libro entre su brazo y con todas sus fuerzas lo lanzo lejos– ¡Soy un idiota! –Gritaba con el llanto en su garganta– Todo este tiempo fui engañado, me amanecía estudiando y soportando la burla de todos por cumplir un sueño y ¿¡para que!? –Las lágrimas salían por sus grandes ojos entristecidos– Me estuvo pintando falsas esperanzas todo este tiempo, me engañaba diciéndome que algún día saldría y siempre me retenía a estar enjaulado –Reteniendo los gimoteos en su garganta, se limpiaba el rostro empapado– Ya no… ya no más.

— ¿Izuku que estás diciendo?

— Me iré –Dijo con la cabeza en alto, limpiándose la última lágrima– Esta vez sí me iré y nunca más volveré, no quiero vivir enjaulado toda mi vida.

Con eso último comenzó a correr e ignorando los llamados de la joven que lo siguió hasta perderlo.

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El atardecer había llegado y la aldea no pudo estar más que feliz de ver tan hermoso cielo anaranjado cubriéndolos. Sin embargo, en una habitación lejos del bullicio, se escuchaban unos enormes gritos ensordecedores que tenían a cierto hombre de cabello negro, en el mismo infierno.

— ¡Eres una vergüenza!

El líder sentado detrás de su escritorio, escuchaba los gritos enfurecidos de su hija que reclamaban una explicación de la cual él siempre terminaba evitando, pero tal parecía que hoy no iba a funcionarle.

— Basta Meri –Advirtió el hombre con las manos en sus sienes– Estoy perdiendo la paciencia con esta tonta discusión.

— ¿Discusión? –Repitió la joven golpeando el escritorio– ¡Yo no estoy discutiendo, estoy reclamando un derecho que se le debe dar a Izuku, todo este tiempo lo estuviste engañando! ¿¡Cómo puedes hacer algo tan horrible papá!?

Más que molesta estaba dolida, no podía creer que su padre siendo de la misma sangre, estuviese jugando con los sueños de un niño que día tras día luchaba por ser reconocido, entendía que Izuku aún era pequeño para salir, pero tanto ella como otros privilegiados tuvieron la suerte de partir cuando cumplieron 15 y él con unos dotes sobresalientes, ¿No le daban ese derecho?

Suspiro sonoramente contra sus manos juntadas a la altura de su rostro, observando a la joven con brazos cruzados desafiarlo con la mirada.

— Siéntate –Ordeno, viendo a su hija sentarse de mala gana– Si quieres que te escuche, pregunta como una persona normal y no entres gritando a mi oficina. Soy el líder y muy aparte tu padre, debes tenerme respeto ¿entendido?

Meri volteo el rostro, dándole a entender que no le importase quien era, solo quería respuestas, de las cuales iba a tener así estuvieran en la oficina por días.

— ¿Por qué no dejas que Izuku salga? –Su mirada despectiva hacía que su padre contuviera su ira para no cometer una tontería.

— ¿Porque debería? Se le ve muy feliz dentro.

— Me estás viendo la cara, maldito viejo. –Amenazante, golpeó el escritorio con su puño– ¿A que le tienes miedo? Solo es un niño que quiere salir al exterior y verlo aunque sea una vez ¿Por qué tanto lo sobreproteges?

— ¿Y que ganara sabiéndolo? Aún tiene 16 años creo que con eso es suficiente, además tengo entendido que ha salido en varias ocasiones.

— Papá –Con el ceño fruncido, acerco su mano hacia su progenitor y apretándolo levemente, miro sus ojos sin vacilar– Dime la verdad, tu y yo sabemos que Izuku no es un niño normal, tiene demasiado talento como para ser tu mano derecha, pero aun así lo evades ¿Qué estas ocultando?

Se miraron por largos segundos sin desviar la mirada, siendo el líder el primero en romper la tensión y cambiar su semblante serio a uno tranquilo.

— Esta bien, te lo diré. –Dijo cerrando los ojos– Pero antes prométeme que esto será entre los dos, ¿entendido? –La vio de reojo y viéndola asentir, prosiguió– Hace mucho tiempo tuve la suerte de ser salvado por un hombre a quien le debo mi vida, y lo daría a cambio de haberle sido de ayuda y remendar mi error del cual me arrepiento cada día que pasa. No te diré quién es ni como era, pero por él, la aldea, todos nosotros, seguimos con vida –La joven lo vio sin entender y antes que preguntase, siguió– Un día llegaron a mi dos personas, con un recado y un encargo, no iba a recibirlos por no saber de quién era, pero luego de que me enseñaran de lo que le paso a esa persona, lo recibí y prometí cuidarlo hasta que fuera mayor y dejarlo encaminarse en su propio sendero. Sin embargo, hace unos meses me di cuenta de algo que escapa de mis manos y lo único que puedo hacer es prohibirle hasta que él sea consciente de lo que es.

Meri lo vio extrañada, mirando a todos lados tratando de buscar una pregunta o respuesta a todo lo recién revelado, pero por más que indagara no podía comprenderlo.

— ¿El hombre de quien hablas es el misterioso salvador a quien cada año le rendimos tributo? –Su padre asintió– Y el niño es Izuku… ¿No me digas que fuiste tú quien lo dejo colgado en el árbol?

— Era eso o armar un alboroto por un niño jamás visto.

La joven ladeo la cabeza comprendiéndolo.

— ¿Y sus padres, tiene familia? ¿Y esas dos personas deben saber algo de él, dónde están? ¿Porque lo dejaron aquí solo? ¿De qué te has dado cuenta para que lo prohíbas salir? No tiene sentido de lo que acabas de contarme, porque aceptaría-

— Meri Basta –Detuvo el hombre poniendo una mano delante– Solo fui encargado a cuidarlo y el tenerlo encerrado, las dudas que tenía ellos no me lo respondieron y mucho menos voy a poder respondértelas porque tampoco las sé.

La joven lo vio inquisitiva, sabía que había algo más, pero sería mejor hacerlo poco a poco, con los días estaba segura que su padre aceptaría.

— Digamos que todo lo que has dicho es cierto –Propuso– Fue hace 6 años, Izuku ya es casi mayor de edad, tiene habilidades de combates muy buenas y un intelecto insuperable.

— No lo halagues tanto, Meri.

— ¡Ese es el problema! –Recalco, levantándose y apuntándolo con el dedo índice– ¡No lo vez con ojos de líder, sino como un objeto delicado e Izuku no lo es papá! ¡El solo quiere una oportunidad, solo te pide él y yo una oportunidad para que salga!

El hombre la miro unos segundos, comenzando a dudar de si la curiosidad de Izuku era hereditaria o se le había pegado de estar andando tanto con su hija, no tenía remedio, con ella no llegaría a ningún acuerdo si no le daba la razón. Irritado se voltio a mirar por la ventana.

— ¿Si lo hago dejaran de molestarme?

— Promesa de hija

No hacía falta verle el rostro, con solo escucharla podía sentir su felicidad.

— ¿Y de Izuku?

— Si yo te lo hago es porque él también lo hará.

— Que molestos que son.

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Parado cerca a la ventana de su habitación, miraba cada rincón intentado recordarlo con cada detalle que por seis largos años fue su hogar, iba a dejarlo todo atrás y comenzar algo nuevo, se sentía nervioso con solo dar un paso.

Mirando el único lugar faltante y del cual amaba estar siempre cerca, su librero, recordando al instante el libro de la biblioteca y por el cual el líder creo un alboroto para encontrarlo. No podía dejarlo, era su libro favorito y el único que hablaba de dragones, aunque aún no entendiese esa fascinación por ellos. Camino presuroso a tomarlo y guardarlo en su bolso, era un objeto valioso que no podía dejar.

Volvió a la ventana y aunque tuviera los sentimientos a punto de estallarle, la idea de irse era muy tétrica y tan solo pensarlo de estar en medio de un enorme bosque oscuro y de noche, no le agradaba, pero si la libertad tenía un costo que ese sea hacerlo valiente.

Dio un gran suspiro botando todos sus nervios y con el ceño fruncido dio una última vista, diciéndole adiós a todos los malos recuerdos y llevándose los pocos buenos que tenía.

— Adiós.

Se giró y con un poco de esfuerzo bajo por la cuerda improvisada de sabanas que había hecho.

Cuando toco el suelo las piernas le temblaron, ya no había vuelta atrás, si se arrepentía tendría que volver por la puerta principal y las monjas se enterarían de su intención, recibiendo un castigo doloroso. Respiro unos segundos calmando sus nervios, estaba preparado para cualquier evento que se le avecinase, podía lograrlo.

« Vamos Izuku, tú puedes »

Camino con la cabeza en alto, ya había tomado una decisión y no desistiría, no importase si el líder venía a detenerlo, aunque lo dudaba ya que lo más seguro sería reprenderlo y castigarlo por días, pero aun así él ya tenía una visión hecha de cómo sería su futuro fuera de las rejas.

Camino precavido, aunque no hubiese nadie a esas alturas de la noche, debía tener cuidado.

Paso mirando la pequeña tienda de la señora de fuerte carácter que siempre reprendía a los del orfanato por robarle sus panes, al hombre que siempre se paraba en una esquina para saludar y escuchar los problemas de los habitantes, a la anciana que vendía flores muy cerca al pequeña iglesia, a todos, recordaría a todas las buenas personas que una vez le sonrieron y no lo ignoraron.

Respiro hondo para aguantar la tristeza que lo estaba envolviendo, reemplazándolo con alientos para no desistir.

Y así sin darse cuenta, se vio parado en la gran puerta que lo alejaría de su único hogar y que si salía ya no había vuelta atrás, por lo que dudo. Retrocedió unos pasos, teniendo miedo, puede que todo el camino se estuviera motivando y haciéndose la idea de cómo sería su nueva vida, pero era diferente estar frente a la puerta de la cual no sabría qué le depararía o de como moriría tan solo cruzarla.

Estaba tan ensimismado que no sintió los pasos que poco a poco se acercaban y al sentir una mano en su hombro grito aterrado. Girándose al instante y ver a la persona que menos creyó ver por última vez.

— Meri…

— ¿Al menos despide de mí antes de irte no?

Su hermoso semblante amable y su dulce voz hablándole, lo pusieron nervioso, haciéndolo ocultar su rostro con sus brazos.

La joven rió y le dio suaves palmadas en la cabeza.

— Te estuve buscando toda la tarde y me dijeron que nunca llegaste al orfanato, así que supuse que no habías almorzado en todo el día –Decía mientras sacaba unas envolturas de aluminio de su bolso– Por lo que te traje esto.

Sonriente, le mostraba el bocadillo preferido de los aldeanos haciendo los ojos de Izuku iluminarse y por poco babear, había estado tan metido en su plan de escape que en ningún momento paso por su cabeza almorzar, por lo que inconsciente y atraído por el delicioso aroma estiro su mano para agarrar uno, pero fue alejado de su alcance.

— Tú decides, comerlos acá o llevártelos en el viaje.

Izuku iba a reprochar, pero el sonido de su estómago rugir lo hizo abrazar su abdomen, avergonzado y cabizbajo, asintió. Haciendo a la joven reír y jalarlo del antebrazo, llevándolo a la fuente en medio de la aldea.

— Estamos iguales, no he almorzado desde que hablamos y tengo mucha hambre. –Sonriente lo sentó a su lado mientras desenvolvía el camote asado– Recuerdo que un día me constaste de un anciano con quien te encontrabas en esta fuente y que todas las noches, juntos veían el cielo sin vida –Izuku recibió gustoso dos partes recién humeantes– y que un día antes de desaparecer, llegaste a ver la noche más hermosa y brillante reflejada en el agua –Pero se detuvo quedándose con la boca abierta, sorprendido de que ella lo recordara– Me hubiese gustado ver eso –Con una pequeña sonrisa, comenzó a comer y al igual que Izuku estuvieron unos segundos así en completo silencio– ¡Ah! También recuerdo a la niña llamada Seil, ¿ella siempre te acompañaba verdad? Me hubiese gustado conocerla, así le agradecería todo lo que hizo para que no te sintieras solo.

La joven entusiasmada volteo a ver a Izuku, encontrándolo cabizbajo y con el camote a medio comer.

— ¿Izuku?

— ¿Por qué me estás diciendo todo esto?

Melancólico veía el suelo intentando detener los recuerdos tristes de esas dos personas.

— Perdón, pero no sabía cómo hacer para que desistieras en irte.

— Ya te lo dije, no quiero ser un animal enjaulado.

— Lo sé, pero escúchame –Dejando el bocadillo a un lado, agarro sus dos manos, girándolo y hacerlo mirarle a los ojos– Mañana es el cumpleaños de papá y para hacerle una fiesta sorpresa, lo hemos mandado hacer un viaje corto hacia un punto del bosque, no será todo el día, así que lo más seguro seria que llegasen en la noche.

— Meri, detente –Dolido volteo el rostro– Para eso yo ya estaré lejos.

— No escúchame –Agarrándolo de la quijada lo hizo mirarla– Y serán dos celebraciones, una la fiesta de mi padre y la segunda, tu primer viaje fuera de la aldea.

Medusa tenía el poder de convertir en piedra a los humanos y Meri el poder de hacer detener el corazón anunciando noticias en el momento menos indicado e Izuku había perdido la noción del tiempo en ese momento.

— ¡Izuku! –Agarrándolo de los hombros lo samaqueo volviéndolo al mundo de los vivos– Hable con mi padre y acordamos que mañana irías con los demás ¿Qué opinas?

— Que es un sueñ-

Un fuerte golpe en la cabeza lo dejo aturdido.

— ¿Ahora estas despierto?

— Meri…

— Tranquilo, será como tu inicio beta, si te desenvuelves bien posiblemente te lleven a las siguientes prácticas, así que estate tranquilo y concentrado –Emocionada se paró y comenzó a guardar los bocadillos faltantes– Mañana temprano a las 5 en la puerta principal, bien vestido y con todos los objetos correspondie-

Interrumpida, fue sorprendida por un abrazo que Izuku por poco la deja sin aire.

— Gracias –Repetía incesante con los ojos cerrados.

No hacía falta preguntarle cómo se sentía, era evidente la acumulación de sentimientos por el que estaba pasando y no iba a arruinarlo. Respondiéndole, lo abrazo con la piel escarapelada.

— Eres como mi hermano, recuerda siempre estar sonriente ¿De acuerdo?

Izuku asintió ferviente, separándose y mirarla emocionado.

— ¡Iré a alistarme! –Feliz y saltando, agarro su bolso junto al camote que aún faltaba comer y corriendo se despidió– ¡Nos vemos!

La joven lo despidió hasta perderlo, abrazándose a sí misma y prometiendo velar por aquel jovencito.

Izuku cerca al orfanato, le llegó de golpe la excusa que debía tener para que las mojas no lo castigarán, pero aunque eso no le importaba, ya que lo único en su mente era pensar en todos los objetos que debía poner en su mochila, para mañana partir seguro.

Puede que la noticia le haya caído como un balde de agua fría, pero era centrado y jamás olvidaría lo que Meri hizo por él.

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"Uno nunca sabe cuándo será la última vez que los veas"

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Vestimenta de un viajero, bolso con incontables objetos dentro y una determinación inquebrantable. Nada arruinaría un día tan especial como el que ahora estaba viviendo, las manos le temblaban a cada paso y su corazón palpitaba con cada pregunta, con el miedo de equivocarse o cometer un error, esa era su preocupación, decepcionar.

Cuando la revisión terminó y todo estaba en orden, el líder apareció junto a su mano derecha, coordinando algunos detalles y viendo los caminos más seguros para el bienestar del grupo.

Se encontraba en la última fila, mirando la espalda de los enormes viajeros que conversaban entre sí, ignorándolo como siempre.

— No entiendo que le pasa al líder de dejar entrar al chico árbol a la tropa.

— ¿No lo sabes? –El hombre a su lado negó– Su hija lo estuvo molestando todo el día para dejarlo ingresar, mandar a una mujer a que hablen por ti, que vergüenza –Escupió el hombre con asco.

— Si eso es cierto, me daría pena ser llamado viajero.

Era intencional, sabían que él estaba escuchando y aun así lo insultaban indirectamente, pero ¿Qué podía hacer? Si reclamaba podrían expulsarlo y era lo que menos quería.

Ignorándolos, se alejó.

Si era cierto que Meri hablo con su padre con esa actitud, no le sorprendía, ella misma se lo había contado en varias ocasiones y aunque le dijera que no debía de hacerlo, a ella no le importaba.

— Bienvenido Izuku.

Al reconocer la voz se crispo y girándose nervioso, lo saludo inclinándose.

— Buenos días, Líder.

Lo vio altivo, como si algo en el estuviese peleándose para botarlo del lugar.

— Tienes suerte de tener a mi hija como tu amiga –Incomodo se rasco la cabeza– Me estuvo convenciendo toda la tarde para llevarte con nosotros, así que más te vale darme buenas notas de tu desempeño ¿¡Entendió!?

— ¡Si, mi líder!

Serio lo vio a los ojos, pero al verlo mirar a su detrás y cambiar su semblante a uno de fastidio, se giró, mirando a Meri ir hacia ellos saludando sonriente a lo lejos. Estuvo a punto de caminar hacia ella, pero al ver a su líder ser el primero, se detuvo.

— ¿Qué haces acá?

— Vengo a dejarle un pequeño obsequio a Izuku –Feliz, alzo su brazo llamándolo a que se acercara.

— ¿Qué parte de no venir a desconcentrar a los viajeros no entiendes? –Meri lo ignoro, siguiendo agitando su brazo llamando a Izuku, pero este parecía tener una discusión interna porque no sabía que hacer– Algún día no estaré y seguirás mi legado, deberías ser más seria con estas cosas.

— Si si como sea, ahora déjanos a solas que debo decirle algo privado a Izuku.

El hombre suspiro irritado y agarrando su brazo alzado, lo bajo con fuerza abriéndole la palma, depositando una pequeña carta.

— Si gustas léelo cuando hayamos partido, pero estará en ti dárselo, solo te diré una cosa –La vio a los ojos detenidamente– Cuida bien de Izuku.

La joven lo vio extrañada apartándose del agarre, viendo la carta.

— No entiendo nada, pero no digas cosas tan feas, ni que fueras a morir.

El hombre se giró, despidiéndose.

— Hola Meri –Saludo Izuku llegando hacia ella.

— ¡Izuku! –Ferviente lo abrazo– Mira lo que conseguí –Metiendo la mano a su bolso, saco un cuaderno azul con un lápiz rojo– No sabes lo que tuve que hacer para conseguirlo, sé que te gusta escribir y dibujar, te servirá bastante en el viaje.

Izuku los recibió feliz, tenía un cuaderno que se le estaba acabando y con esto ya no tendría que preocuparse por conseguir otro, guardándolos en su bolso.

— Gracias.

— Ah otra cosa –Saco un collar con una piedra verde– Escuche que en estos días el bosque ha estado agitado, por lo que este amuleto te protegerá.

Sorprendido se lo puso en su cuello y cabizbajo rio mirando la piedra, luego alzo su rostro con los ojos ensoñados mostrándole una gran sonrisa, agradeciéndole.

La joven se ruborizo levemente por ese gesto y nerviosa, le dio una palmada en el hombro.

— ¡Nos vamos, todos listos! –Anuncio el líder a lo lejos.

Izuku volteo a ver como los demás se formaban para salir.

— Me voy –Nervioso y algo dudoso de lo que haría, le dio un repentino beso en la mejilla– Nos vemos luego.

Aturdida por aquella acción lo vio correr intentando alcanzarlos, pero una angustia la hizo correr detrás y gritándole a que se detuviera, se arrepintió cuando lo vio girarse a verla y sin saber el porqué de repente no quería que se fuera, se agarró las manos con fuerza y aguantando las lágrimas. Le dijo lo último que Izuku escucharía de ella.

— Suerte viajero.

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"Meri… Fue la última vez que te vi"

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Todos estaban tan metidos en sus posiciones que hablarse entre ellos era como cometer un error, tenía tantas ganas de preguntarle a alguien a donde irían, pero estaba seguro que nadie le respondería, se sentía un poco mal por sus desplantes, pero era mejor a eso a que lo estén fastidiando.

El líder estaba delante mirando a todos lados, la formación era como un triángulo, avanzando alerta, pero no caminaban ni corrían, era un avance acelerado tranquilo, aunque en un principio le costó seguirles el ritmo pudo acoplarse con tranquilidad, pero aun así eso lo llevaba a estar en el último lugar.

Tan distraído estaba mirando su alrededor que no se dio cuenta cuando los demás a su delante desaparecieron, quedándose con dos personas delante mirar a todos lados. Estuvo a punto de preguntarles, pero un repentino agarre por detrás lo sorprendió, siendo llevado a la rama de un árbol y lanzado contra el tronco quedándose sentado.

— Oye niño árbol –Con el rostro contraído por el dolor, miro al hombre con dificultad– Perdona por lo que te voy hacer, pero no podemos llevarte con nosotros.

Izuku abrió los ojos de golpe y molesto iba a replicar, pero fue detenido con un pañuelo amarrándole la boca.

— Esta será como tu prueba de bienvenida –Decía un hombre a su lado y ver a otro amarrarlo con una cuerda al tronco– Si logras llegar a la aldea antes del anochecer, estarás dentro.

Sonrientes los tres se pararon a su delante.

— Bueno que comience el juego.

Un golpe en la cabeza lo dejo inconsciente.

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¿Estás seguro que es por este lugar?

¿Cómo podría confundirme? ¿Acaso no lo hueles? Todo el bosque está impregnado de su olor.

Ahora que lo dices puedo sentir uno muy cerca.

Es cierto...

Oigan ustedes dos ¿¡Qué rayos están haciendo ahí parados!? Debemos llegar antes de que anochezca.

¡Ahí vamos, esa aldea no está muy lejos!

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El ardor en su mano y el intenso olor a quemado a su alrededor lo despertaron, aunque veía borroso la intensa luz a su delante le hacían arder los ojos y creyendo de que se tratase un una fuerte luz, lo esquivo moviendo su cuerpo, pero el sonido de algo rasgándose lo alerto y el sofocante calor que poco a poco no lo dejaba respirar, con esfuerzo abrió los ojos viendo delante una inmensa llamarada cubriendo todo el suelo.

Asustado y al verse inclinado a poco centímetros de caer, se agarró con fuerza de la rama en la que estaba sentado, viendo caer la soga que lo envolvía ser carcomida por las llamas, pero percatándose antes de caer que esta ya estaba siendo consumida y por fortuna no lo alcanzaron.

Aun con el tapabocas respirando agitado y con los pulmones doliéndole con la poca oxigenación que había, trato de pensar en donde estaba y que había pasado para que el bosque de la nada se incendiará, todo a su alrededor estaba envuelto en llamas y aunque quisiera buscar una pequeña abertura para saltar y salir sin quemarse, no había ninguna, pero al parecer el fuego había comenzado desde arriba porque casi la mayoría de las copas de los arboles habían sido carcomidas.

Miro a todos lados, si el suelo no era un escape seguro, debía ser por las ramas, ya que algunas aún no habían sido alcanzadas. Para su buena suerte aún tenía su bolso y aunque su ropa estaba algo dañada no eran de preocuparse. Miro al árbol más cercano al cual podía llegar de un salto, y por las pocas llamas que tenía a su alrededor no habría problema. Con dificultad se levantó y temblándole el cuerpo se preparó para saltar al otro extremo, si conseguía hacerlo, lo primero que haría sería ir a la aldea y ver como se encontraban todos, aunque lo más seguro era ya no encontrarlos, conociéndolos de precavidos estarían buscando agua para apagar el fuego.

Dándose tres toques en sus piernas, salto.

Por poco y no llega a sostener se de la rama, quedándose colgado y casi siendo alcanzado por el fuego. Con fuerza se sostuvo y haciendo uso de sus piernas se apoyó contra el tronco, subiendo a la rama y buscar otra que estuviera estable.

Así estuvo por un largo rato, hasta que llego a un punto donde el fuego aun no había alcanzado, agitado se recostó en la tierra tratando de calmar sus pulmones. El ambiente era sofocante que estar por más tiempo ahí solo lo harían volver a perder el conocimiento, y ese era un detalle que había olvidado.

¿Por qué le habían hecho algo tan bajo esos tres?

Que el líder desapareciera de repente y que luego lo amarraran contra un árbol, era muy extraño, pero ya luego tendría tiempo para reclamarles, por ahora lo más importante era ir a la aldea y encontrarse con los demás.

Estuvo caminando por largo tiempo desorientado, no sabiendo a donde ir, esquivando las llamas que por todo el lugar estaban. Cansado se sentó con las piernas doloridas, las fuerzas le estaban fallando y solo quería echarse al suelo y dormir, pero unos gritos lejanos lo alertaron, levantándose, se encamino tratando de llegar a ellos, siendo evidente que eran los aldeanos que gritaban por el fuego, presuroso se encamino, pero un pequeño agarre de su chaleco lo detuvo, volteando a ver quedándose sorprendido, viéndola después de mucho tiempo.

— Seil…

Pero muy a aparte de no creerla volver a ver, el estado en el que se encontraba lo asusto. Tenía los ojos llorosos y se agarraba a su vestido con fuerza.

— ¡No vayas! –Grito la pequeña– ¡Vuelve, debes salir de aquí!

Sorprendido, agarro su pequeña mano y acuclillándose a su altura, toco su mejilla.

— ¿Qué pasa Seil, porque estas llorando?

La niña apretaba su vestido con fuerza reteniendo los gimoteos en su garganta.

— Por favor no vayas, te lo ruego –Rogo jalándolo del brazo– Debes huir

— Seil, detente, me estas preocupando.

El dolor en su rostro lo estaba acongojando, pero unos gritos detrás lo alertaron, parándose.

— ¡NO VAYAS! ¡HUYE! –La pequeña con el rostro contraído, jalaba con fuerza a Izuku.

— Seil basta ¿Qué esta pasando? –Confundido trato de avanzar hacia los gritos, pero los llantos de la pequeña y sus jaloneos no lo dejaban.

— ¡Hermano por favor debes huir! –Izuku trataba de quitar su pequeña mano de su chaleco, pero no quería lastimarla y más aún, viéndola en ese estado que jamás antes vio– ¡Por favor huye, morirás si vas!

— ¡AUXILIO!

Izuku giro preocupado, viendo a lo lejos a una persona correr.

— Seil –Conteniéndose, quito la mano de la niña– Lo siento.

Corrió mientras los gritos de la pequeña llamándolo le estrujaban el corazón.

— ¡Hermano vuelve!

Si Seil aparecía de pronto, era porque algo no estaba bien y eso comenzó a ponerlo nervioso.

Mientras más se acercaba los gritos se hacían más nítidos, al igual que el calor de las llamas que se intensificaban sofocándolo. Creyó que el fuego solo era del bosque, una pequeña parte que podía ser controlada, pero jamás pensó que su aldea era la causante, viéndolo desde su posición como el fuego se levantaba dejándose ver por encima de los grandes muros de madera que rodeaban su hogar.

— Imposible

Con la voz temblándole cayó al suelo sentado, viendo como su único hogar se convertía en el mismo infierno por los gritos de horror que hacían las personas pidiendo ayuda, no podía hablar, estaba pálido, su cuerpo temblaba incrédulo de que todo se estuviera volviendo cenizas, no quería eso, no quería que a todas las personas que conocía se murieran.

Trato de mover su cuerpo para al menos intentar ayudar a alguien, pero no respondía, nada en él quería moverse.

Unos gritos a su costado lo hicieron voltear, viendo a cuatro aldeanos correr junto a tres niños de su orfanato y por detrás, a dos enormes monstruos seguirlos. Viendo todo con lentitud, al ser cortados por sus espadas y luego ser degollados, a los niños gritar por ayuda, pero él cobardemente no pude seguir viendo, volteando el rostro y aferrándose con fuerza a la tierra temblando, los escucho gritar y a esos seres reírse, hasta que ya no los oyó.

Por alguna extraña razón su pecho comenzó a arder y su nuca a quemarle, pero se detuvo al sentir su mano ser aplastada, girando al instante viendo a un monstruo mirarlo con desdén, con una espada alzada siendo bajada para cortarlo.

Instintivamente se cubrió con su mano, esperando a que esta fuera cortada, pero no paso y para cuando abrió los ojos, vio al monstruo en el suelo, disecándose.

No espero una razón o respuesta, solo corrió alejándose de todo eso, pero en cada rincón se encontraba con esos seres, asesinando personas, personas que él conocía y que alguna vez lo ayudaron, y él solo se dedicaba a huir.

Viéndose acorralado por el fuego, busco alguna abertura por el muro que pudiera dejarlo entrar, debía encontrar a su líder y a Meri para escapar y solo talvez, salvar a algunos cuantos, aunque casi la mayoría de la aldeanos que vio en el bosque, estaban muriendo.

Para su buena suerte logro ver una abertura, metiéndose dentro presuroso busco por todos lados a algún sobreviviente, pero se quedó estático cuando a su delante la imagen de personas corriendo despavoridas envueltas en llamas gritaban, los niños lloraban desolados por sus padres, mujeres con bebes en brazos siendo llevadas arrastradas hacia el bosque.

Cayo arrodillado con la boca abierta agarrándose el rostro horrorizado, preguntándose en qué momento esto había pasado, tan solo hace unas horas todo estaba bien, el lugar estaba tranquilo y el día había sido alumbrado por un hermoso sol.

¿Por qué su aldea ahora estaba en ruinas?

Miro desde su posición el orfanato, con la esperanza al menos de saber que todos los niños, monjas y bebes habrían logrado huir, pero por más que los busco, solo encontró escombros, toda la aldea estaba derrumbada consumida por las llamas.

— ¡CORRAN! –Un hombre a su delante con el torso descubierto y ensangrentado, corrió con el brazo alzado dirigiendo a las personas– ¡HUYAN AL RIO!

— ¡SE ACERCAN! –Una madre con su hijo en brazos corría despavorida– ¡AYUDENME PORFAVOR!

— ¡MAMÁ! ¡PAPA! –Niños asustados corrían buscando a sus padres en medio del humo, con los rostros ensangrentados llorando.

— Esto es un sueño –Se dijo así mismo golpeando sus mejillas intentado despertar– Son visiones, solo lo estoy imaginando –Con el cuerpo tambaleándose se apretada con fuerza los brazos– Vamos, despierta.

— ¡AYUDENME PORFAVOR! ¡QUE ALGUIEN ME AYUDE!

— No, no es cierto –Se agarró la cabeza cabizbajo, apretando con fuerza los ojos y estrujándose la cabeza– ¡Levántate Izuku! ¡Solo es un sueño!

— ¡ALGUIEN DEBE VENIR A SALVARNOS!

— Despierta –Se golpeaba la cabeza – Despierta, despierta –Con los dientes rechinantes y la voz espesa intentaba retener su llanto al igual que sus nervios que hacían estremecer todo su cuerpo– ¡Vamos despierta! ¡Por favor!

— ¡HEMOS SIDO OLVIDADOS! ¡PADRE!

— ¡No es verdad! ¡Despierta!

Nada de lo que veía podía ser verdad, las personas que conocía no estaban muriendo, era mentira, solo era un mal sueño.

— ¡MI FAMILIA… POR FAVOR AYUDENME! ¡AAAH!

— ¡BASTA!

Se hecho al suelo y lloro, gritando de impotencia, envuelto por la angustia que hacia añicos su existencia, nada tenía sentido, ¿Porque unos seres que jamás en su vida vio, estaban ahora asesinando a todos los que se resistían? ¿Porque mataban niños que solo eran inocentes?, nada tenía sentido, nada.

"Es el precio que uno paga por sus errores"

— ¿Qué?

"Las personas mueren, porque solo somos pocas los que queremos hacer el cambio"

— ¿Qué haces aquí?

La voz del hombre a quien esperada encontrar con ansias, se oyó a su lado.

— Líder

Aliviado, se paró para abrazarlo, pero fue empujado.

— Largo.

Incrédulo, lo vio darse la vuelta.

— Vete Izuku.

— ¿Qué?

— ¿¡Que no entiendes!? –El hombre voltio y lo empujo con brusquedad– ¡LARGATE, FUERA DE MI VISTA, FUERA!

Los ojos de Izuku lagrimearon, no pudiendo creer que el hombre a quien esperaba desesperado, lo estuviera botando como un animal.

— ¿Porque? –Desconcertado se acerca a tocarlo– No voy a irme.

— Tan terco como mi hija –Dijo irritado.

Agarrándolo del brazo lo jalonea llevándolo hacia la entrada trasera que daba salida hacia las montañas. Dándose cuenta de su intención, intento zafarse, pero su fuerza jamás seria del nivel del hombre que logro mantener una aldea que en esos momentos, moría.

— ¡Suéltame! –Lloriqueaba dolido– ¡No pienso dejarte, no!

— Es el infierno Izuku –La voz espesa del hombre lo dejo mudo– ¿Qué harías tú en un infierno que no tiene solución? –No respondió– Lo único que haces en llorar pidiendo una salvación divina que nunca llegara, ya está todo perdido y al menos antes de morir quiero cumplir mi promesa de dejarte con vida.

Izuku quería gritar, llorar, decirle que al menos podían salvar a los que se podía, pero ni siquiera el mismo tenía el valor de decirlo.

— Lo sé, debes pensar que soy un cobarde y que nada de lo que digo tiene sentido, pero créeme que este día lo tiene y aunque hice lo imposible para evitarlo, ya no pude.

— ¿Qué estás diciendo?

— Todo lo que ves y lo que sientes hace mucho tiempo se predijo, todo lo que hablamos, lo que vemos, ya estaba escrito.

— ¿Y qué es lo que va a pasar ahora?

— Esto.

Lo agarro de la cintura y lo lanzo por encima de la cerca, aturdido por el golpe se levantó a duras penas, viendo por un oyó el rostro lloroso de su lider.

— ¡Corre hacia las colinas, ahí no podrán alcanzarte! –Grito mientras a su detrás un hombre con espadas se acercaba.

— Líder yo-

— Toma –Metió su brazo por el agujero pasándole un pequeño papel y diciéndole algo que no logro oír por los crujidos de los arboles cayendo– No hay tiempo para despedidas, alguien debe salvar a los aldeanos y solo un viajero podrá lograrlo –La piel de Izuku se erizo, no pudiendo creer que por primera vez su líder, quien siempre lo dejaba de lado, ahora lo reconociera como un viajero de la aldea– ¡Alguien debe salvar a mi hija, te la encargo Izuku!

Escucho a sus costados gritos, viendo algunos monstruos correr hacia él.

— Líder promet-

— ¡No! ¡No es una promesa, sino un juramento, uno que no hay duda que lo lograras! –Con el rostro empapado en lágrimas, asintió– Suerte Viajero.

Con eso último Izuku comenzó a correr hacia la cima de la colina, siendo perseguido por algunos monstruos, observado por última vez del hombre que respeto y siempre admiro. Dejando atrás todos sus recuerdos, todas las pequeñas aventuras que vivió, de las personas que lo ayudaron, de los niños que felices lo recibían en el orfanato.

— ¡Aaah!

"Juguemos a las escondidas, hermano Izuku!"

— Seil…

"Esos sueños pueden ser tus recuerdos"

— Anciano…

"¡Juguemos al niño árbol!"

— Chicos…

"Izuku, vayamos a gritarle a mi padre"

— Meri…

"Bienvenido a casa, Izuku"

— Líder…

Corrió, solo corrió hasta que sus piernas ya no pudieran seguir, empuño sus manos y grito, grito hasta que su garganta sangrara, hasta que el dolor de su pecho se vaya y la angustia que embargada su alma se fuera, nada tenía sentido, todo en su vida eran preguntas, preguntas que jamás tendrían respuestas.

— ¡PERDON!

Se sentía desfallecer, su vista se hizo borrosa y su mente quedo en blanco, cayendo al suelo inconsciente.

"Mi líder, prometo como viajero, encontrarlos"

— Después de eso, espere unos días para volver, creyendo al menos encontrarme con algún sobreviviente, pero lo único que encontré fue a mi líder –Callo unos segundos apretando los dientes para calmar su llanto– Encontrándolo crucificado en medio de la aldea…

Solo el llanto de Izuku y de Uraraka quien se abrazaba a Tsuyu, la cual también lloraba en silencio, eran lo único que se podía oír en la habitación.

— Lo lamento, niño –Hablo compasivo Obil a su lado.

Izuku trato de calmar su llanto, mordiéndose el labio inferior y tratando de calmar su respiración agitada, recordar todo de nuevo eran un sinfín de emociones, y una tortura para su mente rememorar las muertes de cada persona que una vez estuvo parado a su lado y lo ayudo.

— Lamento lo de tu aldea –Hablo Iida a su delante– Pero tengo una pregunta –Dijo dudoso– ¿Cómo eran los monstruos que los atacaron?

— Iida-kun basta –Regaño Uraraka a su detrás– Ya no lo hagas recordar más.

— Perdón, pero ¿Podrías quitarme las esposas? –Chocándolas contra la silla, trataba de soltarse para limpiarse las lágrimas que abundaban sus ojos.

El caballero lo miro dudoso unos segundos, pensando en si era buena idea soltarlo después de aquella escena que hizo antes de contar su historia, aun no pudiendo creer que un niño que jamás vio en Gondra fuera un dragón y mucho menos que hiciera pasar a uno como la familia real Riot que era tan respetada en la isla.

— Oye muchacho, ¿No serás considerado después de escuchar su triste historia?

Apuñando las manos, camino hacia Izuku sacando unas pequeñas llaves.

— Te soltare de la silla, pero te quedarás con las esposas, aun no puedo tenerte libre por ahí sabiendo tu naturaleza.

Izuku asintió y sintiendo sus manos liberadas, relajo sus brazos que estaban entumecidos por la mala posición en la que habían sido puestas.

— Pon tus manos adelante –Ordenó y obedeciendo, fue de nuevo apresado– Ahora sí, dime como eran.

— Si te lo digo, ¿Me dejaras ver a Riot? –Iida frunció el ceño, haciendo a Izuku ponerse nervioso– Solo quiero asegurarme de que est-

— Ya te lo dije, está bien, ahora dime como eran –Ordeno.

— Solo quiero verlo unos minutos, ver si está bien, solo eso.

— ¿Eres sordo? –Molesto, lo miraba ceñudo– ¿Por qué insistes tanto en querer verlo?

— Me golpeaste sin ninguna explicación y ni siquiera sé dónde está Riot para creer que este bien.

Izuku también estaba enojado, solo quería verlo un rato ¿Qué problemas había con eso?

— ¿¡Acaso no sabes de la falta tan grave que has cometido!? –Bramó fastidiado– ¡Estas en graves problemas niño, hacer pasar a un dragón con el nombre de una familia real, es cárcel y aun peor tenerlo sin autorización!

Se quedó mudo ante sus palabras, aunque poco entendía de lo que estaba siendo culpado, el más que nadie sabía que no tenía culpa de nada.

— Te equivocas –Replico, frunciendo el ceño, mirándolo a los ojos– Él no me pertenece, vino a mí una mañana y desde entonces, por más que intente escapar de él, siempre me encontraba.

— ¿Y si intentaste escapar, que haces pidiendo verlo de nuevo?

Izuku callo, no queriendo recordar y decir lo que paso ese día, un día más marcado en su vida por su debilidad.

— ¡Habla! –Grito agarrándolo del chaleco, samaqueandolo– ¿¡Porque quieres verlo sino lo no querías cerca!?

— ¡Porque me protegió! –Grito agobiado– ¡Puso su vida en peligro para salvarme de un enorme monstruo que quiso llevárselo y yo solo fui un estorbo al igual que en mi aldea, no hice nada más que gritar y ver! ¡Solo soy un cobarde! –Aguantándose las lágrimas lo empujo alejándolo de su encima– Yo no le puse ese nombre, lo escuche del monstruo que intento llevárselo, era uno enorme con armadura negra brillante, pero muy diferente a los que atacaron mi aldea, ellos eran más reptiles y de formas grotescas, midiendo casi 3 metros.

— Espera, ¿Dijiste armadura negra brillante? –Incrédulo, vio asentir a Izuku– Imposible.

— El fin ha llegado, lo que predijo ese hombre era cierto –Anuncio Obil, riéndose.

— ¿De que estas hablando Obil? –Tsuyu se acercó a Tenya quien preocupado se agarraba la cabeza sudoroso.

— Mi querida Tsuyu, si Gondra está muriendo y los dragones están dejando su único hogar que los mantiene vivos y encima el rey que destruyo Gondra esta renaciendo, solo significa que quedan pocos días para que el fin de la era de los Dragones, llegue.

"Los finales no son felices, siempre terminan llevándose algo preciado"


NOTA: (Recalco de nuevo, porque recién me di cuenta que Riot media adulto 30 METROS y pequeño 50 cm, perdón por eso)

Bien con esto ya nos acercamos al fin (naa mentira) La historia de la aldea de Izuku no estaba planeado hacerla tan pronto, por lo que me tomo un tiempo recrearla y creo que le faltan ponerle mas cosas, pero sera mientras vaya avanzando la historia, ahora deben saber que desde los primeros capítulos la idea que tenia cambio rotundamente a ser una más explayada y que espero (Por dios) poder darle forma con tantas ideas viniendo... desde ya les digo que el próximo capitulo veremos a un Izuku mas fuerte, no me gusta verlo llorón, pero la historia lo pide :( Por cierto, este capitulo tiene mas de 7000 palabras, algun día espero superar eso...

GRACIAS POR LEER, LOS QUIERO!