Capítulo 10: La Última Esperanza
El espadachín le dio otro puñetazo a la roca — ¡voy a matar a Ascot!
—Por favor Latis tranquilízate, él sólo hace lo que cree es conveniente — dijo tratando de convencerlo, pero la verdad es que era inútil. Él mismo no podía creer lo que pasaba, Lucy había pasado de guerrera mágica y pilar de Céfiro a prisionera. Temió por la suerte de las otra dos, sabía que si a Marina le llegaba a ocurrir lo mismo estaría de la misma forma que él espadachín o quizás peor, eso él no lo sabía jamás en su larga vida nadie se había atrevido a meterse con algo tan preciado para él.
—Ella no puede con esto sola, ¿dónde están las otras? — preguntó cerrando los ojos, no sabía en quien pensar, si en su amor o en su hermano, de quien estaba completamente seguro gracias a Guru Clef sentía su presencia en Céfiro y muy cerca de él.
El guru respiró profundo, de verdad que todo era muy confuso, ahora no sólo le preocupa la situación de Céfiro y de sus "niñas" sino también la presencia del gran amor de la princesa Esmeralda. Eso sí que lo había desencajado por completo. No comprendía nada, la presencia de la hermana de Paris se había disipado una vez le aclaró la situación, pero la de Zagato apareció primero de manera difusa y sólo hasta hace unos momentos se había hecho clara. Debía ser algo importante, desde que los dos hubieran aparecido de esa manera — si… pero, no puedo decirte cuando es que van a aparecer Marina y Anaís, sólo quiero que te calmes, este no es el momento más indicado para perder la razón.
Latis ignoró el comentario y continuó con sus camino nunca se perdonaría que a Lucy le sucediera algo — por favor, no te rindas yo te voy a salvar.
—Sólo espero que a ti no te pase esto Marina — pensó el mago con preocupación —, si supieras cuanto te necesito y cuanto deseo verte.
En medio de la tormenta una sombra entró a una cueva que estaba cerca de donde quedaba el templo del cielo. Dejando sobre el suelo el cuerpo de una persona inconsciente se aproximó a la salida y trato de ubicar a una persona en especial, llevaba tiempo intentando hallarla, era importante lo que necesitaba decirle.
—Sólo quiero que dejes de sufrir… — murmuró cerrando sus ojos. La amaba más que a nada y no iba a desaprovechar la oportunidad que se le había presentado, así como estaba seguro esa persona tampoco lo haría — que sonrías y que podamos estar juntos sin problemas, como siempre lo deseé — cerró sus ojos y volteó a mirar a l persona inconsciente —esto no hago por amor, porque sé que sufres por lo que le pasa a Céfiro pero más que todo por lo que le pase a él.
Lucy no opuso ningún tipo de resistencia, dejó que dos guardias la llevaran. Ella no creía que algo como eso le estuviera pasando.
—Por favor díganme algo — suplicó una vez más en medio de lágrimas al comandante e invocador que iban delante de ella. Pero como era de esperarse ninguno hizo nada — ¿dónde está Latís?
Ascot cansado del "cinismo" de la pelirroja se detuvo y dio media vuelta mirándola con frialdad total — esa pregunta deberíamos hacértela a ti, ¿Qué le hiciste?
—¿Yo?
—No, ¡yo! — Ascot torció los ojos ante la mirada sorprendida de la guerrera y de Ráfaga.
—Es que yo no…
—La última persona con la que él estuvo fuiste tú, ¿o es que acaso no lo recuerdas? — El ojiverde respiró profundo — ¡ah! no verdad que Marina y Anaïs te estaban manipulando y tú no quisiste hacerle daño a nadie.
—Ascot yo no sé de qué me estás hablando, ¿a Latis le paso algo? — preguntó con angustia, su corazón se estrujo.
—Ya no voy a caer de nuevo en eso, no trates de confundirnos, Latis estaba contigo, tú lo engañaste, de la misma forma que Marina y Anaís engañaron Guru Clef y a Paris.
Lucy bajó la mirada, parecía estar confirmando su presentimiento — m-mu… muerto… — susurró — Latis está muerto y yo estoy acabada.
El comandante cerró sus ojos al verla, era difícil ver cómo había terminado todo.
El invocador desvió la mirada — que no me esté equivocando, no quiero luego tragarme mis palabras ni sentir el odio de nadie — pidió con preocupación.
—Pero es imposible… ¿o será que si? Pero es que…. — Anaís ya no sabía cómo convencerse de que lo que pensaba no era cierto. Con desespero miró a su alrededor tratando de ubicar a su compañera — si claro como si la señorita caprichosa le importara — dijo al recordar lo sucedido —. Con la única persona con la que puedo hablar de esto es con Lucy, ella por lo menos me escucharía — sin saber ya que más hacer tomó su celular e intentó desesperadamente comunicarse con la líder de las guerreras —vamos contesta, necesito decirte algo importante… ¿Lucy donde estas metida?
—Es inútil — indicó Marina con algo de fastidio —, ella no va a aparecer.
—Eso no lo sé — le contestó dándole la espalda —, debe haber un motivo por el que ella no haya llegado.
La peliazul negó con la cabeza — sabes Anaís… todo sería más fácil si me dijeras la verdad.
—¿La verdad? — preguntó dirigiéndole una mirada llena de rabia y frustración —, ¿de verdad quieres saber la verdad de lo que está pasando Marina?
—Por supuesto — afirmó cruzándose de brazos.
—Céfiro si está mal, hace un momento pude entender bien que era lo que pasaba y tengo el presentimiento que nosotras tenemos algo de culpa.
—¡Que! ¿De qué estás hablando? — preguntó frunciendo el ceño.
—Marina dime una cosa… ¿tú de pura casualidad no has sentido la presencia de alguien rondando a tu alrededor?
—Este… no, no sé de qué hablas— contestó sin prestarle mucha atención, aunque en el fondo si sabía de qué hablaba.
—¿No has escuchado la voz de una mujer? ¿No has visto el reflejo de alguien no se digamos… en un espejo? ¿Alguien que tiene cierto parecido contigo?
La peliazul bajó la mirada pensativa, por alguna razón el sentimiento de culpa que había sentido anteriormente había aparecido pero con más fuerza y sus ojos se llenaron de lágrimas.
La ansiedad la consumía cada vez más, quiera evitar a toda costa pensar en Paris y lo que pudiera estar sufriendo por culpa de su alter ego.
—Yo… es mejor que me vaya — dijo la guerrera del agua dando media vuelta.
—Pero…
—Lo siento pero no tiene ningún sentido que este yo aquí — aseguró dando media vuelta.
—Marina por favor no te vayas, esto es importante — pidió mientras su voz se quebraba.
Cerró sus ojos suspirando y corrió tanto como pudo.
Aoi sonrió con satisfacción.
—¿Y ahora qué te pasa a ti? — preguntó con extrañeza.
—Esto es lo máximo, Anaís y Marina y no son amigas, jamás lo volverán a ser de eso estoy completamente segura — afirmó riéndose.
—Puede que eso sea cierto, pero no podemos olvidar que la tonta de Anaís sabe más de la cuenta, ese es algo en contra de nosotras hermanita linda.
—Pero y dime ¿qué pasa con eso?, Marina jamás va a querer escucharla, a ella lo único que le importa es la culpabilidad que siente y digo no es para menos, mató a una persona y no a cualquiera, acabó con la vida del príncipe de Céfiro.
—Aoi es increíble que lo hayas hecho — dijo mientras sonreía —, le estas transmitiendo esos sentimientos.
—Tenía que hacerlo, no nos conviene para nada que ellas se juntes. Aunque pensándolo bien no creo que puedan hacer mucho, ellas están acabadas.
—Sí, eso es cierto, Lucy esta presa y Anaís y Marina tienes muchas razones para no querer estar cerca de la otra. La victoria es nuestra — aseguró con emoción.
—No cantes victoria — la mirada de la peliazul cambió —, me preocupa bastante la persona que apareció cuando ataqué a Paris, te juro que por más que intento no he podido lograr identificarlo.
Midori hizo una mueca y dio media vuelta, no le interesaba escuchar a la intensa y fastidiosa de su hermana.
—Esa sombra… esa silueta… ¿quién era? — preguntó mientras cerraba los ojos.
—¿Por qué no te relajas?, te vas a volver muy fea si sigues con esa actitud.
—¡Tonta! Midori es un completa estúpida, porque no quieres comprender que esto es muy importante, esa persona que apareció casi me mata ¿que no lo notaste? — preguntó fulminándola con la mirada.
—No seas exagera, si te lastimo yo te curé, pero yo creo tú ya estás paranoica con todo esto.
—Francamente eres igual de estúpida y de inútil que Luz — indicó levantándose de la piedra donde se encontraba sentada y dirigiéndose a la salida.
—Jum no me interesa lo que pienses de mí.
Las lágrimas caían por el rostro de Lucy, ya nada le importaba, sólo quería morirse.
—¡Ráfaga mi amor volviste! — exclamó mientras corría hacia él — ¡ay no puede ser! — los ojos de la morena se abrieron hasta más no poder al ver a la persona que iba con ellos.
Presea que estaba muy cerca del grupo de guardias y soldados que acababa de llegar no pudo contener las ganas de llorar.
—Caldina, cariño en un momento regreso… — el esgrimista la miró con tristeza — debemos llevar al enemigo a un lugar donde estemos completamente seguros de que no continuara haciendo daño.
La ilusionista afirmó con la cabeza y cerró los ojos.
—Vamos Ascot — pidió mirándolo.
—Sí, tienes razón.
Lucy volteó a mirar a quienes habían sido sus amigas con la esperanza de que alguna se le acercara y le explicara bien lo que había sucedido. Con la esperanza de que la ayudaran.
—¡Comandante! — gritó Geo en compañía de Zaz.
Los dos autozamitas se frenaron al ver a la pelirroja caminar junto a ellos.
—¡Lucy! — Zaz no logró contenerse.
—¿Qué sucede? — preguntó Ráfaga mirando al comandante de Autozam.
—Sólo quería informarle que nuestro ejército ya se encuentra listo para seguir las indicación que usted nos diga — dijo tratando de ignorar a las demás personas.
—Muy bien Geo, en un momento hablaremos bien de eso, ahora necesito llevarla a ella a una celda.
—E-está bien.
Todos en la nave se encontraban bastante consternados con lo que estaba pasando, una de las heroínas de Céfiro, el ex pilar dejaría de hacer daño de eso se encargarían ahora que era la prisionera.
—¡Ay! Presea esto es tan terrible — indicó Caldina en medio del llanto.
—Lo sé, pero no podemos hacer nada, mucha gente a muerto y ha sufrido mucho por culpa de ellas — dijo mientras la abrazaba.
—Mis niñas… esto me duele tanto.
La armera cerró los ojos.
…..
—Aquí está pasando algo raro — aseguró Latis antes de dirigirse a la salida —, ¿por qué querría Marina hacerle daño a Guru Clef?
—No sé, yo sólo te cuento lo que alcancé a escuchar de él por medio de la telepatía — comentó mirándolo con preocupación.
—Sí, yo también lo escuché pero no logro entender que está pasando. Voy a aclarar esto, tengo que hablar con Lucy — señaló dando media vuelta.
—Latis, ¿tú estás bien con ella?
—¿A qué te refieres? — le preguntó frunciendo el ceño.
—No sé, desde que regresaste casi no te he visto con ella.
El espadachín miró a otro lado —tengo un mal presentimiento eso es todo, no he querido acercarme a ella hasta que no esté seguro de algo, creo que llego el momento de aclarar algunas cosas — señaló yéndose.
…..
—Estamos perdidos Presea — Caldina estaba desesperada.
La armera la abrazó bastante pensativa.
La princesa Esmeralda cerró los ojos visualizando todo Céfiro —Mi amado planeta — susurró mientras sus ojos se llenaban de lágrimas — Paris… hermanito.
Hacia un momento acababa de recibir una gran noticia pero con no podía estar feliz, sólo ella tenía esa oportunidad, sola ella podía enmendar las cosas.
—¿Zagato dónde estás? —preguntó cubriendo sus ojos con las manos — ¿por qué me has dejado sola?, como me voy a irme de aquí sin siquiera poder explicarte todo, yo quiero vivir toda la vida junto a ti pero veo que siempre van a ver miles de obstáculos… como me gustaría que tú también tuvieras la misma oportunidad que yo, te necesito mi amor…
Lucy miró a su alrededor, el lugar en el que se encontraba era algo frio y poco acogedor, su mirada se nubló por completo, sus ojos se llenaron de lágrimas.
—Las culpables de todo esto son ustedes — susurró con desespero refiriéndose a sus dos compañeras.
A pesar de todo lo sucedido y de sentir que en ocasiones se sentía sola y decepcionada por la decisión de sus amigas jamás las había juzgado, desafortunadamente todo lo que estaba pasando estaba acabando rápidamente con sus fuerzas y con su paciencia.
—Siempre soy yo la que lleva la peor parte, ustedes no son nada más que un estorbo — aseguró cubriéndose los ojos con las manos —¿qué será de mi ahora que estoy aquí? ¿Quién me salvara a mí?
Con ambas manos tomó el medallón y sollozó.
—¿Qué fue lo que supuestamente hice contigo?
—Escúchame Lucy…
La guerrera miró a su alrededor buscando a Luz.
—Yo soy la culpable de todo esto… junto con mis hermanas.
—¿Eh? Pero Luz, tú y yo no nos habíamos unido… ¿a qué te refieres cuando hablas de tus hermanas? — preguntó con angustia.
—Escucha Lucy…
….
Céfiro se encontraba mejor que nunca, las personas vivían en paz y tranquilidad, el bienestar del planeta dependía sólo de ellos pero en el fondo todos confiaban y anhelaban el regreso de las niñas del mundo místico, así no existiera la figura de pilar las guerreras mágicas representaban lo más próximo a esa figura.
En el castillo en la habitación del símbolo del pilar reposaba el símbolo de Rayearth Ceres y Windom en honor a las 3 guerreras y a todo lo que habían hecho por el planeta, ellas eran la prueba de que con esfuerzo, dedicación y sobre todo con unión nada era imposible.
….
—Céfiro dejo depender de un sólo pilar pero desafortunadamente todos los habitantes de este planeta las idealizaron a ustedes, para ellos todo era gracias a ustedes, las guerreras mágicas eran personas sagradas, colocaron toda su confianza y motivación en ustedes las 3…
Lucy cerró los ojos y abrazó sus piernas.
—Yo sé todo lo que tú sientes Lucy y sé que pasaste por cosas difíciles, pero no fuiste la única, el corazón de Anaís estaba muy mal, ella estaba completamente desesperada, ella no venía nada bien y el temor a que no pudiera controlar lo que sentía con respecto a Paris y ustedes hizo que su parte oscura, su alter ego apareciera.
—¡No puede ser!
—Con Marina pasó algo parecido, Aoi fue la primera en aparecer, ella en cierta forma animo a Midori para que juntas destruyeran a Céfiro. Yo sólo estoy aquí porque tú te hundiste, por más que lo niegues y trates de ser fuerte y de no dejarte llevar por todos esos sentimientos de tristeza y culpabilidad no lo lograste.
—¡Mataste a Latis!
—Lucy yo te juro que nunca quise hacerle daño a nadie, he tratado de hacer reaccionar a Midori y a Aoi para que desistan de esto.
La guerrera negó con la cabeza — lo conseguiste ¡por fin lo conseguiste Luz!
—No, Lucy espera no digas eso yo no lo mate.
—Y tus malditas hermanas hicieron lo mismo con Paris y Guru Clef — aseguró molesta.
—No Lucy por fav…
—Jamás creí poder odiar a alguien como te odio a ti, esto nunca te lo voy a perdonar, así sea lo último que haga tú vas a pagar por esto — dijo fuera de sí.
—¡Lucy! — exclamó Presea entrando.
El ex pilar se lanzó a los brazos de la armera y rompió en llanto.
—No puede ser que todo esto esté pasando, Latis está muerto.
La armera que había escuchado las palabras de Lucy y que a pesar de no escuchar a Luz si sabía con quien hablaba la abrazó con fuerza.
—Presea yo no… yo… no hice nada, y-yo no haría… algo como esto, Latis es mi vida — trató de explicar pero su llanto no le dejaba casi hablar, se sentía ahogada.
—Ya, tranquila — dijo mientras lloraba, sabía que la guerrera estaba sufriendo con todo esto pero sentía algo de tranquilidad al saber que ella no era una traidora.
—Luz y las sombras de Marina y Anaís destruyeron a Céfiro y… — la pelirroja se alejó de la armera — Marina y Anaís no saben nada de esto yo tengo que ir por ellas y contarles porque… — hizo una pausa y apretó sus puños — pero para que hacer eso, sí de seguro no querrán saber nada, ellas son tan egoístas tan… — un sollozó escapó de su boca — ay yo no puedo con esto, prefiero morirme.
Presea la miró con tristeza y preocupación, Lucy estaba muy nerviosa y se encontraba en estado de shock, no reaccionaba sino que gritaba y lloraba.
La rabia se había apoderado de Anaís mientras miraba por lo grandes ventanales sus ojos parecían cascadas.
—Cómo puedes decir esto, pensé que amabas a Guru Clef — murmuró al recordar lo que había descubierto — Marina que poca confianza nos tenías que jamás nos dijiste nada.
….
—Oye Marina ¿puedo preguntarte algo? —preguntó mientras le hacía señas a Lucy.
—Dime — dijo dejando el espejo sobre la mesa.
—Si tú no te enamoraste de Ascot ni de nadie en Céfiro, entonces ¿cómo es que no tienes novio, ni jamás te hemos escuchado hablar de algún chico que te guste?
La peliazul respiró profundo y sonrió — nadie llena mis expectativas ya te lo he dicho Anaïs, además será mejor que cambiemos de tema, ya pareces obsesionada con esto.
—Mmm ¿de qué hablan? — preguntó Lucy sentándose.
—Nada, Anaís me preguntaba un vez más por qué no tengo novio y esas cosas — indicó mirando a otro lugar.
—Oye eso es cierto Marina, Anaís y yo pues no tenemos novios pero pues es por obvias razones pero que hay de ti, eres bonita, muchos chicos te miran, tú misma nos has dicho que muchos de socios de tu padre le han dicho que les gustaría que tú te casas con sus hijos, desde que te conocemos no te hemos visto salir con nadie.
La guerrera del agua suspiró — no es algo que me interese — señaló desviando su mirada.
….
—¿Para que querías que te dijera eso? — preguntó Marina — ¿acaso tú podías hacer algo para no hacerme sentir más mal de lo que ya me sentía?
—No, yo sé que así dijera lo que dijera no podía quitarte el dolor pero por lo menos podías haberte desahogado como tantas veces Lucy yo lo hicimos —dijo mirándola a los ojos.
—Nuestras situaciones eran totalmente diferentes, ¿por qué no quieres entender eso?— gritó molesta —, yo jamás iba a ser correspondida por él, por dios es Guru Clef.
Anaís negó con la cabeza — Marina se supone que éramos amigas y que confiabas en nosotras.
—Yo no sirvo para eso, no quería ser la débil cuando ustedes estaban mal, ustedes dos necesitaban a alguien fuerte que pudiera apoyarlas.
—¿Y por eso nos abandonaste? ¿Por eso me dijiste lo que me dijiste? ¿Por eso te fuiste de Tokio? ¿Esa era la forma en que te parecía que ibas a apoyarnos? — la rubia estaba perdiendo el control, se sentía aún más decepcionada de su amiga, la entendía en algunas cosas pero estaba muy dolida por todo.
—Yo…
—Tal vez es mejor que dejemos todo hasta aquí — indicó bajando la mirada.
La peliazul se limpió las lágrimas se sentía mal, las palabras de su compañera le había dolido, se sentía más sola que nunca y el ver a Anaís en esa nueva posición hacia que toda la culpabilidad y ansiedad creciera.
—Siempre traté de ignorar lo que sucedía con Marina y Anaís, ellas eran mis amigas y yo no me atrevía a pensar que algo malo estuviera pasando, aunque en el fondo lo sabía… — Lucy hizo una pausa tomando un poco de aire — cuando Marina empezó a alejarse yo solo quise taparme los oídos y cubrirme los ojos, no quería escuchar de boca de Anaís algo que era más que evidente ni mucho menos ver algo me dolía.
Presea la pasó un pañuelo para que se limpiara las lágrimas.
—Cuando escuché que Marina viajaba, sentí muchos deseos de enfrentarla, de insultarla, me sentí muy molesta, ella sólo quería huir, no le había importado nada, ni siquiera la promesa que de la misma boca de ella había salido — señaló apretando sus ojos.
—¿No hicieron nada para detenerla?
—¿Que podíamos hacer? Ella siempre ha hecho lo que quiere. Anaís estaba muy herida y molesta con ella, tengo entendido que alguna vez casi terminan golpeándose — dijo mirándola — Anaís cambió mucho, cuando algo no le salía bien le echaba la culpa a todo el mundo, creó que ella en el fondo estaba perdida y ya no quería seguir luchando por nada en su vida. Ella simplemente me dijo que era mejor no detener a Marina, porque era mejor, porque para ella nosotras habíamos dejado de ser importantes.
—¡Ay! Lucy lo siento mucho, pero ¿y qué paso luego entre Anaís y tú?
—Cuando Marina se fue, Anaís cambió no me dejaba sola, me pedía que siempre la acompañara, creo que se sentía muy afectada por todo y pensó que así el dolor sería menor — contestó sonriendo —, no te voy a mentir eso me hizo sentir fuerte, el que ella estuviera siempre conmigo me quitaba la tristeza y la rabia que sentía contra Marina, pero no sé en qué momento todo cambió, Anaís me llamó y me dijo que era mejor que no nos siguiéramos viendo, que ella necesitaba seguir con su vida y encontrarse de nuevo con ella misma — sollozó —, juntas me abandonaron, se dieron por vencidas y yo siempre las he disculpado, trato de entenderlas , pero ahora que lo pienso, no se lo mereces mientras ellas están en la Tierra yo estoy sola aquí, siempre he sido yo la que hace todo por ellas, en todo este tiempo he intentado buscarlas pero no se lo merecen, ellas jamás se han interesado en mí, en lo que me pasa, estoy mejor sin ellas, no necesito de ninguna de las dos.
—Lucy es mejor que te tranquilices, tú sólo estás hablando de esta manera porque te sientes mal por todo lo que está pasando, no eres tú la que habla sino es tu desespero — indicó haciendo reaccionar —, en esta nueva batalla es mejor que estén unidas.
—No…
—Claro que si, además créeme que cuando ellas se enteren de todo esto van a necesitar de ti, como tú las necesitas a ellas —dijo mirándola a los ojos.
—Claro que no.
—Mira Lucy, es cierto que la más fuerte de las tres eres tú, por eso te digo esto, ¿o no te has puesto a pensar en cómo se pondrá Anaís cuando se entere de que Paris está muerto?
La guerrera abrió los ojos.
—Marina también se va a poner muy mal cuando se entere de lo que pasó con Guru Clef — Presea cerró los ojos al pronunciar ese nombre.
—Pero…
—Yo te voy ayudar a salir de aquí para que puedas regresar al mundo místico y traigas a Anaís y a Marina, Céfiro no necesita sólo a una guerrera sino a las tres, ustedes son las únicas que pueden ayudarnos. Sé que estas mal Lucy pero todo esto hazlo por Latis, créeme que él se sentirá orgulloso de ti si luchas por Céfiro y limpias tú nombre.
Lucy respiró profundo y afirmó con la cabeza — tienes razón Presea, una vez más lucharé por este planeta que tanto quiero.
Hola de nuevo XD
Antes que nada quiero pedirles disculpas por haberme ausentado casi 3 meses con esta historia, la inspiración había abandonado por completo, como siempre espero que este nuevo capitulo les haya gustado, a mi en lo personal me gusto mucho escribirlo porque casi aparecieron todos los personajes y ademas ya ahora si pude armar bien el drama entre 2 personas que ya había dicho incluiría en esta historia. Creo que en este momento amo a Zagato XD jejejeje.
Les envió muchos saludos a todas las que siguen esta y mis otras historias.
Suerte y hasta la proxima.
Lina A
