Hola amiguitas. Me atasqué con el capítulo, pero finalmente he subido y no se me ha pasado un mes ni nada, récord. A ver, este capítulo es... es... vamos que no me gusta como me ha quedado porque creo que os va a decepcionar bastante. Pero bueno, es lo que tenía pensado desde hacía un tiempo y no quería modificarlo demasiado, os adelanto que se descubre por fin lo que le pasó a Danny. SI OS DECEPCIONA, PIDO MIIIIIIL PERDONES, en serio. Pero mi cabeza no da para más.
Ah, otra cosa, hoy estoy moñas así que os voy a contar mi vida en unas pocas líneas. Últimamente han habido varias personas que me han dicho que les encantaba como escribía y el fic y todo eso, y bueno, quería dar las gracias a las que se han incorporado ahora y a las que llevan desde el principio. Es muy importante para mí que de verdad os guste, para mí los fics de McFly significan bastante, es como el único momento en el que me siento realmente cerca de ellos... no sé si me explico. Bueno si no me explico, perdón. El caso es que estoy moñas, sorry. McFly y yo, yo y McFly. Pues eso, que no potéis con el capítulo, que en el fondo lo he hecho con cariño. Besitos.
Capítulo 9 – Don't make me change my mind, or I won't live to see another day
Danny
Aún notaba su aliento contra mis labios, sabía que ya no estaban juntos, que ya no se tocaban, que no existía un contacto entre ellos. Pero a pesar de eso, adoraba la sensación de saber que le tenía tan cerca. Luché por calmar mis emociones, y una guerra contra mis sentimientos se alzó para que estos me obedecieran y quedaran encarcelados en lo más profundo de mi ser al menos un poco más de tiempo. Tragué saliva cuando escuché sus palabras, pero no tuve fuerza para separarme, ninguno de los dos quería hacerlo. ¿Debía eso hacerme sentir mejor?
Me había decepcionado a mí mismo. Había dejado salir todo lo que no hubiera querido dejar ver a nadie en otras circunstancias y bajo ningún concepto, pero Dougie había podido conmigo. Y no me decepcionaba el hecho de haber sido yo quien se hubiera quitado la coraza y el falso personaje que se había montado de encima, si no que le había arrastrado a él conmigo. Y me odiaba, me odiaba tanto por ello que no entendía como podía seguir a milímetros de él sin plantearme la idea de alejarme ni un solo momento. Era contradictorio.
- ¿Danny? – volvió a repetir. Y seguía tan ensimismado en mis pensamientos, y en los pros y los contras, que había dejado de escucharle – Danny, en serio, es un buen momento para que digas algo… Te lo agradecería. Porque esta situación es bastante incómoda para mí – sé que miraba a los ojos, lo habría notado aunque la distancia que nos separara fuera de 3000 kilómetros.
- No… no sé qué decir – y era cierto. No tenía ni idea de qué podía decirle. Sabía que este momento tenía que ser difícil para él, pero, ¿y para mí? Se suponía que yo había negado por activa y por pasiva cualquier sentimiento más allá del amistoso hacia el género masculino, pero no podía mentir. ¿Cómo iba a mentir? Al besar a Dougie me había dado cuenta de que todo lo que yo era, era un cúmulo lleno de mentiras, reinventándose cada vez con más patetismo. Todo lo que era, en todo lo que vivía, todo lo que había creído ser, pensar y sentir era un torbellino repleto de falsos conceptos y sentimientos. Y lo peor era que yo mismo me los había creído. Por ello me odiaba tanto, por ello y porque la persona que estaba delante de mí no me conocía en absoluto y sin embargo había llegado hasta aquí por mí. Sólo por mí. ¿Qué clase de persona era? ¿Qué clase de persona hace creer a otra que le importa algo que no es? ¿Algo que ha llevado años intentando ocultar? No quería que Dougie sintiera jamás algo por mí, no podía permitirme dejar que lo hiciera. No quería ver como él cambiaba toda su vida, toda su rutina, todas las piezas de su propio puzle solo para encajar en el mío. En uno que poco a poco se iría rompiendo. Resquebrajándose, haciéndose pedacitos hasta quedar todas las piezas, todas las mentiras, esparcidas por la mesa. Y ahí, ahí sería mucho más difícil volverlo a reconstruir.
Pero aún quedaba una opción, una opción que no consideraba para nada viable. No podía decirle la verdad, no podía contarle nada de este maldito pueblo, ni de mí, ni de mi familia. No podía contarle nada, porque si lo hacía, toda la culpabilidad se haría de nuevo conmigo, y las ganas de vivir se marcharían por la ventana. No podía permitirlo. Así que, en un acto de cobardía, me separé de él definitivamente, aunque fuese lo último que quería.
- Ya puedes irte – soné lo más convincente posible – dijiste que te besaba y te marchabas, cumple tu parte – Dougie pareció emblanquecer por segundos y yo me sentí el ser más miserable del universo. Soltó una bocanada de aire que parecía preceder a una retahíla de palabras que nunca llegó. Se quedó con la boca abierta, pero no llegó a emitir ningún sonido a través de ella. Asombrado por mi comportamiento de capullo, dobló sus rodillas para agacharse y, con un pequeño alargamiento de brazo, volvió a sujetar entre sus dedos las cintas de la mochila que había traído al llegar, y que había dejado caer al suelo minutos antes. Me desgarraba la idea de pensar cómo se estaba sintiendo en esos momentos, pero no podía hacer otra cosa. Necesitaba que se fuera, o todo lo que había estado callándome, hubiera terminado por contárselo, por reventar, por haberme desahogado con él. Y jugármela. Y que me hubiera juzgado como lo había hecho todo el mundo. Pero no podía escuchar una crítica por su parte, no por parte de Dougie.
Caminó sin decir nada hasta la valla blanca pero, antes de salir por la puerta, se giró sobre sí mismo para mirarme por última vez.
- No sé qué te pasa, no sé qué te he hecho, ni si he hecho algo mal viniendo hasta aquí – me miró a los ojos a pesar de la distancia que nos separaba – pero tú me enseñaste que no estaba solo, que te tenía a ti. ¿Y sabes? Tú tampoco lo estás, por mucho que quieras aparentar que estás mejor sin acompañante, no te creo. No creo que nadie pueda creerte – negó con la cabeza- y puedes fingir que ni si quiera yo te importo, y puedes pensar que se te da bien si quieres… pero sé que no es verdad, no me hacen falta palabras, ni miradas, ni órdenes – se ríe como cansado de hacerme entrar en razón – porque me has besado. Y sé que has sentido algo. Porque yo también lo he sentido. Y si yo no te importara lo suficiente, no habrías dejado sacar a relucir esa parte de ti que tanto escondías, ese miedo a encontrarte a ti mismo besando a otro chico – suspira – pero te digo una cosa, Danny, has dado a mi vida un giro de ciento ochenta grados en escaso tiempo, has hecho que confíe en alguien que conozco de hace poco más que en propia familia, me has hecho saber que no estaba solo, y me has hecho darme cuenta que lo que yo conocía como algo normal… no lo era - ¿vas a dejarte ayudar tú alguna vez? Sí ese día llega, ya sabes dónde estoy, yo y tu beso.
Y salió del patio. Y no me había sentido peor en toda mi vida. ¿Sabéis el sentimiento ese literal de que te come la culpa? Cuando te sientes hacer tan, tan, tan pequeño que crees que nadie va a poder verte. Y se te pone un nudo en el estómago debido a la amargura de saber que el otro tenía razón con todo lo que decía. Así me sentía yo, pero multiplicado por diez. Y quería que me tragara la tierra, y quería salir tras él y pedirle que no me dejara solo, ser yo el que ahora pidiera ayuda. Pero no podía. No era capaz. Así que volví dentro de la cabaña sin ni si quiera abrir la boca.
Dougie
No podía negar que me reventaba la actitud de Danny, y más ahora que había descubierto una parte de mí que jamás hubiera creído tener. Un sentimiento que, de no ser por ese beso, quizá nunca me hubiera topado. Y me indignaba que se comportara así conmigo, pero no sólo conmigo, si no que se portara así de mal con él mismo. No se merecía quedarse aislado del mundo sólo por no ser capaz de abrirse a los demás. Danny no era mala persona, Danny no había hecho nada tan terrible como para querer alejar a la gente de él. Y me sentía impotente al respecto, necesitaba ayudarle como él lo había hecho conmigo antes. Aún notaba ese cosquilleo en mi estómago, esa sensación de haber levitado cuando algo muy especial te ha ocurrido y no puedes dejar de pensar en ello, era algo que difícilmente se podría expresar con palabras. Pero aún me quedaban un par de neuronas para idear un plan antes de marcharme. Era lícito que Danny no quisiera darme respuestas, nadie podía obligarle a ello, pero tampoco era el único en este maldito pueblo que pudiera dármelas. Así que las buscaría por otro lado.
Volví a echarme la mochila a la espalda, con la confianza en mí mismo que me era necesaria para volver a recorrerme la gran caminata hasta volver a casa de los padres de Danny. Y lo haría sin rechistar, porque este camino me llevaría a las respuestas. Y quizá Danny se enfadaría cuando sus padres le contaran que un chico rubio había estado husmeando en su vida pero, ¿qué más daba? Él no tenía intención de volver a Londres, y yo volvería en apenas horas. Ninguno de los dos volvería a verse. No habría oportunidad para reproches. Tras varios minutos andando, muchos, muchísimos, seguía sin tener claro cuál era el concepto de largo-corto que tenía esa mujer implantado en su cerebro, pero ahora mismo no me importaba demasiado. Había otras cosas más importantes para mí.
Me planté delante de la puerta y volví a llamar, como había hecho antes. Volví a esperar unos momentos tras haber llamado con tres sutiles golpes en la superficie de madera y esperé a que esa mujer llena de fingida cortesía me abriera la puerta.
- Hola, jovencito, ¿no encontraste a mi hijo? – volvió a sonreír.
- Sí, le encontré – reconocí – pero me gustaría hablar con usted si no le importa. Quiero ayudar a su hijo, pero necesito que usted me ayude a mí antes - suspiré, rogándole con los ojos que no me cerrara la puerta en las narices. Pero no ocurrió. Parecía más interesada que yo en ayudar a su hijo, parecía incluso agradecida de que alguien como yo quisiera intentarlo. Se apartó de la puerta y me indicó con la mano que pasara dentro. Lo hice.
- Sé que Danny es muy difícil, no entiendo como aún quieres ayudarle – suspiró mientras me guiaba por un pasillo bastante estrecho hasta una cocina pequeña, pero acogedora – siempre ha rehuido de todo aquel que quería ayudarle, aunque pocos lo han intentado. Han solido cansarse antes – y chasqueó la lengua mientras negaba con la cabeza – este hijo mío… - me dio la espalda un segundo para sacar dos tazas de un armario que tenía por encima de fregadero, y sin girarse siguió hablando - ¿café? – dijo mientras alargaba la mano y alcanzaba con ella la cafetera que seguía en el fuego.
- Sí, gracias – sonreí, parecía una mujer bastante tierna, aunque estaba claro que también había sufrido algo en su vida. No es que yo fuera vidente, pero, seamos sinceros, si hay algo que te marca en la vida psicológicamente, inevitablemente lo hace también físicamente. Se te nota más apagado, más cansado, con algo menos de fuerza. Y ella lo estaba. Aunque no perdía la sonrisa, y eso era realmente admirable.
Se dio la vuelta y con ambas manos ocupadas por un par de tazas, me invitó a sentarme en una de las sillas de madera que había en la cocina, cerca de una mesita de plástico suficientemente grande como para comer, de un amarillo claro que me gustó. Ambos nos sentamos en nuestras sillas y yo sorbí un poco de café esperando que fuera ella quien empezara la conversación.
- Danny lo ha pasado mal… creo que todos lo hemos pasado mal… - resguardó la taza entre sus manos, y miró hacia ellas cobijándose de mi atención, parecía hacerle sentir algo insegura al hablar – nunca ha sido una vida fácil esta la del pueblo – sonríe y me mira – pero jamás creímos que fuera a acabar así, ¿sabes? – se encoge de hombros. Abre mucho los ojos y levanta la mano, como si se hubiera acordado de golpe de algo muy importante – espera – me dice, y se levanta de la silla para desaparecer y volver segundos más tarde con un álbum entre sus manos. Dejó el libro marrón oscuro, ya algo desteñido sobre la mesa y, a la vez que volvía a dejarse caer en su silla, arrastraba con una mano por la mesa el álbum hacia mí – mira, mira qué feliz era de pequeño. Siempre con una sonrisa en esa cara tan pecosa. Salió a su padre – e inevitablemente sonrío de oreja a oreja, incluso juraría que sus ojos se llenaron de lágrimas, desbordadas por tanto recuerdo.
Abrí el álbum, y me encontré con dos niños de apenas 7 años jugando en la playa, en lo que parecían ser unas vacaciones de verano. Me pregunté quién sería el otro muchacho, porque Danny, estaba claro que se delataba por sus pecas. Seguí pasando las páginas, hasta topar con una que no debía tener mucho más de cinco años. Ahí estaba Danny, con una cazadora de cuero y su culo plantado en una moto negra; detrás de él y también sentado en la moto, aparecía el mismo chico de antes. Pero ahora, ahora me recordaba a alguien que no sabía reconocer.
- ¿Quién es? – pregunté de pasar algunos minutos intentando averiguarlo por mi cuenta, ella suspiró y tomó una bocanada de aire antes de contestarme. Al parecer había tocado con un tema delicado.
- Es Harry, es el hermano de Danny – y algo en mi cabeza hiló cabos. Ya sabía quién era aquel chico, ya sabía por qué me sonaba su cara. Era el mismo chico que salía en la foto que Danny me arrebató de las manos de mala manera cuando estuve en su casa. Pregunté por él, pero negó a contestarme y cambió de tema. Así que ese era. Harry. Era su hermano. Hincó el codo en la mesa y dejó caer su frente en el dorso de la mano – perdón… aún no me acostumbro a ello… era. Era el hermano de Danny – después de reposar la cabeza un poco volvió a alzarla para mirarme – estaban muy unidos. Muchísimo. No hacían nada el uno sin el otro, pero desde muy pequeños, ¿eh? Iban hasta al baño juntos, como las chicas – y le sale una suave risa de la boca – se querían más de lo que querían a cualquier otra persona, se querían más entre ellos que a nosotros, que a sus propios padres. Sentían adoración el uno por el otro, era tan tierno y dulce de observar… hicieron cualquier cosa para protegerse el uno al otro, siempre – y volvió a beber de su taza. Parecía nerviosa, pero ahora que había empezado a saber, no podía dejarme a medias.
- ¿Por qué Danny nunca quiere hablar de ello? ¿Qué fue lo que pasó? – cerré el álbum y miré de nuevo a su madre. Me fijé en que tenía algo entre las manos, pero ya no se trataba del objeto de cerámica de dónde bebía, si no de un trozo de papel. Era una foto, Harry y Danny estaban en ella. La mujer se llevó la pieza de papel hasta los labios, y dejó en ella un suave beso que emitió con los ojos cerrados, como si así, el sentimiento que dejaba fuera mayor. Después la llevó hasta su pecho y siguió hablando.
- A los dieciocho y veinte años se volvieron un tanto rebeldes. De esos chicos que pierden el norte y sólo hacen gamberradas y travesuras esperando que alguien les pare los pies. Pero nunca paraban – y las lágrimas se acumulaban más y más al borde de sus ojos – pintadas, peleas, carreras de motos, pequeños robos. Fueron incontables las veces que el jefe de policía nos perdonó alguna trastada y nos dejó sacar a los chicos del calabozo. Eran incansables – suspiró – una detrás de otra, sin parar. Y las cosas se complicaban por momentos… Harry dejó las clases y comenzó a comportarse de una manera incontrolable – finalmente, las lágrimas se cansaron de esperar su momento, y decidieron que era hora de realizar su recorrido habitual – comenzaron a pasar de bromas pesadas a ser auténticos delitos que nadie podía perdonarle. Tenía miedo de que Harry arrastrara a Danny, pero él siempre fue un poco más listo que su hermano, y, a pesar de ser el pequeño, tuvo valor y fuerza para tirar del mayor. Cuando consiguió que su hermano saliera del pozo donde se había metido decidieron hacer algo juntos, algo que les uniera para siempre, como un símbolo, y se tatuaron lo mismo en cada uno de sus brazos izquierdos. ¿No has visto el tatuaje? – negué con la cabeza. Por eso fuera cual fuera la temperatura, él siempre llevaba una camiseta larga o una chaqueta encima. Ja. Muy inteligente. Decidí no interrumpirla y dejar que siguiera hablando – y entonces se sintieron más unidos que nunca. Como si Harry le debiera algo de por vida a su hermano. Como si la conexión se hubiera hecho incluso más fuerte. Pero no duró demasiado… - y agachó la cabeza. Y no supe por qué, pero mi pecho se encogió como si, por anticipado, supiera que pasara lo que pasara, no había sido para nada bueno. Tenía la garganta seca, y no había sido yo el que había estado hablando durante largos minutos. Pero me sentía tan pequeño al oír a una madre hablar tan bien de sus hijos a pesar de los problemas, que me conllevaba a encontrarme en una situación un tanto incómoda. Hacía tiempo que mis padres no encontraban ninguna virtud en mí. Justo cuando esa señora, que había abierto todo su corazón a un extraño sólo por confiar en que éste pudiera ayudar a su hijo, intentó volver a hablar; el golpe de unas llaves metálicas en el mueble de la cocina nos hizo dejar de prestarnos atención mutuamente y desviar nuestra atención hasta esa dirección.
- Mamá, creo que el resto debería contarlo yo – Danny estaba parado frente a nosotros, no parecía enfadado, pero tampoco contento de encontrarme hablando con su madre, invadiendo su intimidad y hurgando en su vida sin su permiso – te he seguido, y cuando he visto que entrabas en mi casa me he quedado dando vueltas intentando pensar qué era lo correcto. Si entrar y echarte, entrar y dar la cara, o entrar más tarde cuando mi madre me hubiera allanado el camino cual cobarde que soy. Y siento decirte que elegí la tercera – no deja de mirarme duramente a los ojos, y temo que esto acabe mal.
No usó una silla para sentarse junto a nosotros, se limitó a dejar caer su peso contra la encimera y ponerse frente a nosotros. Pasó la palma de su mano por la frente, nervioso e inquieto por la situación que los tres estábamos viviendo. Y me sentía mal por hacerle pasar por esto, pero ya no había marcha atrás.
- Llega un momento en el que debes preguntarte cuánto tiempo más vas a estar fingiendo ser alguien que no eres, y yo no sé qué estoy haciendo con mi vida. Lo único que sé es que no quiero seguir mintiendo a nadie. Así que voy a contarte todo lo que quieras, todo lo que mi madre aún no te ha contado, y luego tú decides si quieres seguir siendo mi amigo o no – me mira fijamente – pero te advierto que no va a ser fácil lidiar conmigo nunca – parecía ser una amenaza que acabé por ignorar – tosió para aclararse de la voz y poder continuar con la historia que su madre había dejado a medias, en la parte más importante al parecer – como te ha dicho mi madre todo se complicó – mientras hablaba se quitaba la camisa azul clara que tenía puesta, dejando su torso cubierto por una camiseta interior blanca de tirantes, que dejaba a relucir el maldito tatuaje que había estado oculto. Y lo observé, lo observé a la vez que observaba el mío, saltando la mirada segundo a segundo de mi brazo al suyo – se complicó hasta el punto de que, a pesar de mi intento por volver a la normalidad nuestras vidas y que mi hermano dejara de meterse en esos problemas, fui yo el que hizo que se metiera en el último de su vida. En el definitivo – su madre comenzaba a sorber por la nariz el moquillo que se le había formado a raíz del llanto que procesaba su cuerpo, y él se aguantaba las ganas de llorar por ella – a pesar de que nosotros dejáramos de lado los problemas, ellos no nos dejaron de lado a nosotros. ¿Recuerdas el tipo que te pidió el dinero? ¿John? John buscaba dinero de mi hermano también ya al enterarse de que Harry no tenía ningún interés en pagarle lo que le debía, al enterarse de que él ya estaba fuera de toda esa mierda, vinieron a por mí. Sabían que la única forma de llegar hasta él y que él respondiera era a través de mí. Así que me buscaron pero le encontraron a él – suspiró y se acercó hasta su madre, para posar una de sus manos de uno de sus hombros – la exigencia del dinero se complicó demasiado, de la discusión pasaron a los gritos, de los gritos a la pelea a guantazo limpio, todo fue demasiado rápido y a la banda de pacotilla de John se les fue de las manos – justo después de que una lágrima cayera por su rostro, la limpió bruscamente, para evitar que nadie pudiera verle llorar – querían hacerme daño a mí, pero quien dio la vida fue él. Se me echaron encima, ni si quiera me dio tiempo a pelear, Harry se metió por medio. ¿Ves? – alargó al brazo para que pudiera verlo con más claridad. Y me mostró una cicatriz – esto fue lo único que pude hacer por él. Quedarme marcado de por vida, para no poder olvidar jamás en la vida que mi hermano mayor murió por mi culpa.
- No fue tu culpa, ¿cuántas veces tenemos que decírtelo Daniel? No fue tu culpa – su madre alzó la vista para mirarle, pero él no hizo caso.
- Mi hermano perdió la vida para que yo conservara la mía. Y no es algo que pueda perdonarme. Jamás podré perdonármelo. Sentí haber decepcionado a todo el mundo. Intenté ayudarle lo máximo posible, hubiera hecho lo que fuera por evitar lo que pasó. Y sentí que todo lo que había hecho por sacarle de todo aquello no había sido suficiente. Todos salieron corriendo cuando se dieron cuenta de que una de las navajas había hecho más que asustar, se largaron y dejaron a mi hermano tirado en el suelo mientras se desangraba por el costado izquierdo. Grité, te juro que grité - no tenía por qué jurármelo, sabía que lo había hecho – pero nadie me escuchó. Para cuando llegó la ambulancia Harry ya no estaba vivo, y yo tampoco. Fue como si su muerte se hubiera llevado el 90% de mi vida con él. Cargar con una muerte a tus espaldas puede ser algo difícil… pero si esa muerte es la de tu hermano, es imposible seguir adelante como si nada. Obligué a mis padres a irnos del pueblo, no soportaba la idea de seguir viviendo aquí, de vivir con la impotencia de no poder hacer que nadie pagara por su muerte, porque todos desaparecieron del mapa. Nadie volvió a contactar conmigo para saber cómo me encontraba. Nadie excepto Ariana, que durante un tiempo se pasaba día y noche pegada a mí para que no hiciera ninguna locura. Todos creían que lo haría.
Necesitaba abrazarle, necesitaba decirle que no estaba solo y que la muerte de su hermano no había sido culpa suya. Por eso me había protegido durante el tiempo que me había conocido, por eso había cuidado de mí desde el primer día. Sabía en qué mundo estaba metido, porque él ya lo había vivido y había estado dentro de él. No quería que me pasara nada, quería evitar a toda costa que a mí me pasara algo. Y me sentí totalmente orgulloso de haber confiado en él ciegamente. Su madre se levantó, acarició la cara de Danny con delicadeza, y con un tono muy tierno y dulce le imploró: "Danny, espero que algún día dejes de culparte por ello. No tuviste la culpa, y necesito que te lo creas". Dejó un beso en la mejilla de su hijo, y desapareció por la puerta de la cocina. Era el momento de que yo moviera pieza, tenía que dejar de ser un mueble ahí parado.
Me levanté de la silla y sin ni si quiera contemplar la idea de que Danny pudiera estar enfadado conmigo por inmiscuirme en su vida, rodeé su cuello con mis brazos y le apretujé contra mí lo máximo que pude. Necesitaba que viera que no estaba solo, y que, a pesar de que él quisiera verse como el monstruo malo de la película, yo no lo hacía. Y me sentí realmente aliviado cuando me correspondió el abrazo, cuando noté sus brazos apretar mi cuerpo más contra el suyo. Como si me hubiera quitado un peso de encima.
- Ahora lo sé todo de ti… - le susurré – así que ya es mía la elección. No serás tú quién decida por mí, ¿has entendido? Yo decido si quiero que vuelvas o prefiero que te quedes en este pueblo a seis horas de mi casa.
- ¿Y qué has decidido? – contestó, pero sin separarse de mí.
- Que a lo mejor, si no me hubieras besado y yo no me hubiera sentido como una niña de quince años recibiendo su primer beso… te hubieras librado de mí – hago una pausa – pero como por tu culpa acabo de descubrir que me va más Gladiator que de Natalia Portman, y la has cagado pero bien haciéndome caso, ahora no te vas a librar de mí en la vida. Vas a estar aguantándome hasta que a mí me dé la gana. ¿A qué es divertido? – y me río, aunque sé que él no puede verme.
Si no os ha gustado, perdón otra vez. Ah, posiblemente en el segundo... el tema... se ponga... calentito... no sé si me explico, y si no me explico, ya lo leeréis. Y bueno, eso es todo por hoy. Gracias por leer este capítulo caquita. Os adooooro.
