Disclaimer: Mahou Shoujo Lyrical Nanoha no me pertenece, le pertenece a su(s) respectivo(s) dueño(s).
Era una cálida mañana. No hacía mucho frio, pero tampoco como para decir que el invierno había terminado por fin. Una neblina rodeaba las calles de Uminari acompañada de los tonos pastel que proporcionaba aquella bella mañana gracias a los primeros rayos de sol escapando por el horizonte.
Troto hasta el parque más cercano y, bordeando uno de los pivotes de la entrada, cogió el camino de la derecha donde la llevaría al gran estanque artificial, junto a la pequeña embarcación llena de botes de alquiler.
Entreabrió los labios liberando de su cuello todo el aire que retuvo en forma de vaho. Sus ojos rojizos pasearon sin prisa recorriendo todos los recónditos lugares que su campo de visión le proporcionaba a medida que avanzaba.
Los pasos apresurados de la muchacha se detuvieron a escasos metros del borde del lago, dejando caer su cuerpo se apoyó en una banca cercana en la cual no tardó en sentarse.
Eran apenas las 6 de la mañana. Las calles por las que había pasado, así como el parque en el que se encontraba no daban indicios de actividad humana a su excepción, y es que ni ella misma sabía que mosca le había picado.
Ya no era cosa de salir a correr a altas horas de la mañana, sino más bien el hecho de que había salido a correr. ¡Por dios! Hacía años que no había tratado de mover ni un músculo, por ello sintió todo su cuerpo agarrotado.
Desde luego, era un milagro que ni su madre ni Fate se hubieran levantado después de todo el ruido que hizo al salir.
Alicia levantó los brazos al aire y se echó para atrás, inhalando en el proceso el fresco aire.
Después de un pequeño descanso la gemela mayor se despegó del banco para reemprender su vuelta a casa.
Salió del parque a un trote suave pensando en futuras salidas como esta; le había gustado, tal vez en unas horas sentiría unas agujetas horribles pero el sentimiento revitalizante valía la pena, pero para ello primero debía prepararse con un buen iPod lleno de sus canciones, así como unos buenos zapatos para correr.
Sonrió ante la idea y apurando el paso dio un último sprint antes de girar la calle que la llevaría al fin a casa.
—No deberías estar aquí.— la voz de su madre hecha en un tono nivelado entre el susurro y el grito paro su carrera en seco.
Como toda adolescente curiosa, se asomó por la esquina vislumbrando una cabellera verde agua saliendo de la puerta principal de su casa. Avanzo un pie acercándose aún más, al mismo tiempo su cuerpo lo siguió, quería tener una mejor visión de aquella mujer de la llamada misteriosa que recordaba.
Cuando por fin tuvo buena visibilidad de lo que sucedía sus ojos se ensancharon muy lentamente hasta esta mostrar en su totalidad sus pupilas borgoña.
Un movimiento rápido fue lo único que necesito para esconderse de aquellas dos mujeres necesitaba un lugar donde resguardarse, no quería ser descubierta. No después de haber descubierto a su madre en una situación tan intima con la mujer peli verde. Levantó una mano poniéndola encima de su boca. La espalda apoyada en el frio muro se deslizo por la pared hasta caer sentada. Las pupilas borgoña se mantuvieron inamovibles; muertas en un punto fijo que ni la despedida de las dos mujeres pudo romper siquiera.
Silencio. Es lo único que ocupo la rubia antes de despertar de su estado de shock.
Cuando pudo reaccionar de sus ojos comenzaron a emerger las primeras lágrimas que se deslizaron raudas por sus mejillas hasta perderse en suelo.
A TU LADO
CAPÍTULO 09
Escucho un zumbido a su lado. Al parecer le estaba hablando de algo sumamente importante de lo cual debería estar atenta al cien por cien y a lo mejor anotarlo a la libreta; al menos para disimular su descarada falta de atención.
Tap, tap, tap, tap...
Estaba segura que se trataba de algo de la obra, tal vez una idea para el escenario o quizás un nuevo diseño para el decorado que más tarde debería dibujar en su tiempo libre.
Giro, stop, giro, stop, giro...
¡POM!
—¡Alicia!
Abrió y cerró la mano varias veces cuando la falta de su juguete provisional le fue arrebatado de la misma. Un suspiro cansado escapó de su cuello cuando sintió la invasión de su compañera dentro de su espacio personal al tiempo en que unos orbes azul rey la escrudiñaron con preocupación.
—¿Que ocurre Hayate?— jugó la baza de la inocencia a falta de no tener nada con lo que librarse de la castaña.
—Eso mismo pregunto yo.— las cejas ceñidas en preocupación la hicieron temblar pero no lo demostró y lo oculto con una sonrisa de las suyas.— ¿Qué te ocurre? Llevo hablándote más de media hora.
Sin pedir permiso Hayate se sentó en el regazo de Alicia y la miro fijamente a los ojos. Al verse repentinamente vulnerable ante esos ojos de color azul Alicia desvió la cabeza a un lado cortando el contacto visual para sospecha de su amiga.
—No es nada. Estoy cansada por lo de esta mañana.— Alicia puso su mejor cara de disculpa y Hayate dejo ir todo el aire que sus pulmones habían retenido.
La castaña se levantó y con ello Alicia sintió como sus piernas volvían a ser libres de cualquier peso opresivo.
—Emm... ¿Me devuelves el lápiz?— señalo Alicia el susodicho en manos de Yagami.— Es mi favorito.— añadió al no recibir más que una mirada silenciosa.
—Nos vemos.— hecha su despedida Hayate se fue dejando a la rubia atrás.
Apoyo el codo en la mesa y recargo la cabeza encima de una mano con las pupilas fijas en la puerta por donde se había ido su queridísima amiga; más tarde se encargaría de recuperar el lápiz y tal vez cogería algo más, después de todo, ella aprobaba el dicho "ojo por ojo, diente por diente".
Después de una hora sin hacer nada Alicia decidió salir del salón a por la primera máquina expendedora que encontrara. Estaba sedienta y por culpa de las prisas y el tremendo esfuerzo que requirió su magistral huida de casa por la mañana, había olvidado de preparar su almuerzo.
Así que con el poco dinero que le quedaba se acercó a la primera máquina e introdujo su dinero y espero paciente para marcar el número. A escasos milímetros de presionar el código una mano más veloz que la suya se interpuso marcando unos dígitos totalmente distintos.
Los ojos borgoña de la muchacha viajaron raudos hasta la persona a su lado donde, una vez ahí chocaron de frente con unos ojos azul claro cubiertos por unas lentes circulares. La ceja rubia se alzó incriminatoria y la castaña se vio alzando las manos al tiempo en que sus hombros también lo hacían.
—Chica, un segundo más y la maquina te devuelve el dinero.
Alicia rodó los ojos y se agacho a ver qué era lo que su compañera le había escogido; más le valía no haber tecleado al azar porque aquellas habían sido las únicas monedas que había traído consigo.
—Café. ¿Enserio Shari?— una helada mirada de parte de la gemela mayor y Shari supo que no había sido un gran día para la chica.
—Es justo lo que necesitas para despejar tu mente.— sonrió inocente.— Bueno eso y tal vez una visita al club.— dijo, su dedo apoyado en el mentón y las pupilas apuntando al techo le dieron un aire pensativo.
Por su lado, Alicia negó con la cabeza y con un 'click' abrió la lata de café.
—Iré pero tú debes contar que tal fueron tus vacaciones.— sus labios esbozaron una sonrisa burlona cuando, por el rabillo del ojo, pudo apreciar la mueca de fastidio adornando la cara de Shari. En ese momento Alicia supo que había ganado.— Mañana me pasare.
Aprovechando que Shari había dejado de andar se avanzó pasillo adentro con el objetivo de regresar junto a sus compañeras. Los papeles iban a ser repartidos al terminar el recreo y ella iba a estar presente sí o sí.
Lo iba a pasar bien, se echaría un par de risas junto a la castaña y con una pizca de suerte se olvidaría por un rato de lo que la molestaba.
Los ojos lavanda recorrieron el salón a la misma velocidad en que el cuerpo de su mejor amiga lo hacía. En su cara yacía expuesta una mueca que bailaba entre la molestia y el cansancio.
Cuando sonó el timbre del recreo pensó que ese iba ha ser un tiempo en el que poder relajarse junto a la rubia menor como de costumbre, sin embargo, parecía que sus compañeras no se lo iban a poner tan fácil. Entendía que la ayuda de Fate fuera necesaria para ciertas cosas, pero había un límite. Como iba a poder saber Fate si un color combinaba mejor con otro si a la rubia ya de por si le costaba pensar en una combinación de colores que no fueran el negro y el amarillo.
Definitivamente no la conocían, no como ella lo hacía.
—Testarossa-san podrías…
La ceja cobriza se movió imperceptiblemente. Era la decimocuarta vez que escuchaba el apellido de la rubia en lo que la esperaba sentada en el pupitre.
—¡Testarossa-san por aquí!
—No, mejor ven por aquí Testarossa-san.
¡POM!
La silla fue retirada con fuerza a la vez en que el cuerpo de la joven animadora se erguía. Nanoha abandono el pupitre y con paso firme y seguro se puso en frente de todos los grupos. Los ojos lavanda escudriñaron a la posición desventajosa de la rubia que le regresaba la mirada en busca de ayuda; una sonrisa nerviosa naciendo en la boca.
Dio un último vistazo a la situación. Una de sus compañeras tenia a el brazo derecho de Fate envuelto entre sus brazos mientras que al otro lado otras dos tiraban de la mano izquierda; parecía un tira y afloja por ver quien tendría la total atención de la joven. El ceño cobrizo se frunció denotando enfado. ¡Eso ya es abuso!
—¡Es suficiente!— los brazos cruzados y la mirada letal en las pupilas lavanda no dieron espacio a las quejas. Aun así, los rostros de decepción y alivio no se pudieron evitar.— Deberían poder solucionar sus problemas ustedes solas o con su grupo. No pueden depender solo de una persona y menos cuando tiene el triple de faena que todas nosotras.— regaño.
Los agarres de las chicas que sostenían a Fate se aflojaron hasta volverse inexistentes e hicieron dudar a la rubia si de verdad la habían sostenido momentos atrás. De repente, la oji carmesí se vio sobrepasada por montones de disculpas que se dedico ha responder con un "no pasa nada" o un "no hay problema".
Una vez las cosas se calmaron y las chicas volvieron a sus quehaceres, Fate y Nanoha se escaparon hasta la azotea. Allí Fate se permitió soltar todo el aire en un fuerte y sonoro suspiro.
—Fate-chan deberías saber decir que no.— dijo al aire, la rubia a su lado sonrió traviesamente ante todo pronóstico.
—No.
La cabeza de la cobriza se giro con rapidez, los ojos lavanda sorprendidos fijos en Fate. La rubia lo obvio y acrecentó su sonrisa incluso cuando las facciones de Nanoha se transformaron por algo más peligroso como el enfado.
Como le gustaba tentar a aquella chica.
—¿Qué has dicho?
—Dije: no.— se arriesgó una vez más. Una zancada y Fate tuvo a Nanoha casi encima con el dedo incide enterrado en el centro del pecho haciendo presión.— Me has dicho que diga que no.— dijo en defensa; las carcajadas siendo retenidas en su cuello.
—No me refería a eso y los sabes.— chirrió con los dientes.
—De acuerdo es broma.— Fate quito la mano de Nanoha. En su boca una sonrisa cálida substituyo la burla.— Diré "no" cuando vea que no doy abasto.— acordó.
El descontento en Nanoha era notable pero sabia que dijera lo que dijera la rubia no cambiaria de parecer, no ahora, no en ese momento. Por cabezota. Esperaba que por lo menos sus compañeras SÍ la hubiesen entendido y dejaran de acribillar a la rubia ha pedidos por un tiempo.
—No tienes remedio.— susurro granjeándose la mirada dubitativa de la joven jugadora.
Ambas chicas se quedaron en el tejado un rato más antes de bajar al aula donde repartirían por fin todos y cada uno de los papeles de la obra, así como asignarían a las alumnas restantes en la cafeteria.
Tener que hacer una obra y un café a la vez le parecía una exageración incluso para dos clases. Teniendo en consideración la gran cantidad de personal que requería hacer una obra de aquella magnitud el café quedaba prácticamente vacío en su comparación. Tal vez era un gran acierto el utilizar la obra como "comercial" a la cafeteria, pero seguía siendo exagerado.
Hayate se lo había asegurado mientras era representada la obra la clientela iba a disminuir por lo que no era estrictamente necesario tantas personas concentradas en ese lugar; incluso podría ser algo molesto tener a tantas personas paradas sin hacer nada. Pero lo que más le preocupaba era aquello que le había dicho entre charla y charla. «"Será un gran impacto que luego las estrellas se pongan a servir en él café después de la obra."» Le preocupaba la salud de quienes tomaran aquellos papeles, muy probablemente tendrían problemas después por no dejarlas descansar.
—Creo que deberías volver a pensarte lo de participar en la obra.— dijo en un suspiro. La rubia a su lado alzo una ceja al tiempo en que se llevaba un tomate cherry a la boca.
El parloteo incesante a niveles considerablemente altos inundaba el aula agarrotado de alumnas. Las presentes, después de las votaciones, no habían podido resistir la tentación de opinar sobre estas mismas llegando al estado actual de alboroto en el aula.
La delegada había desistido en su labor de mantener el orden y se quedó en silencio a lado de la pizarra apuntando los nombres en una libreta con la ayuda de la gemela mayor y la heredera Tsukimura.
Los comentarios viajaban de la emoción y el entusiasmo hasta la decepción y el arrepentimiento. Pero, lo que destacaba entre todas esas emociones eran sin lugar a dudas los semblantes abatidos de dos rubias con los cuerpos agarrotados en sillas diferentes con un pupitre como limitador entre ellas.
—Jamás las había visto así.— menciono una voz vagamente familiar detrás de la as de baseball. Sus orbes azul rey puestos en la figura echada en la mesa de Arisa.
—Fate-chan se lo busco.— contesto de inmediato la cobriza. Si eso había sorprendido a la muchacha castaña, no tardo en disimularlo con un sorbido a la pajita de su zumo.— No debiste picar.
La rubia aludida que hasta el momento se había mantenido al margen enderezo la espalda con rapidez y volteo a verla con ojos replicantes. Dicha replica murió en labios de Fate cuando Nanoha elevo una de sus cejas en un silencioso "Te lo dije".
Los ojos de la castaña alternaron entre las participantes de aquella singular interacción de miradas. Le resultaba un tanto peculiar la conexión que compartían Nanoha y Fate. No llegaba a entender como con un simple gesto de una la otra podía leer la historia escondida en una simple acción a ojos de cualquiera. Las envidiaba. Y en ese momento le hubiera encantado tener ese vinculo con la gemela mayor porque, era un hecho para ella que a Alicia le pasaba algo más allá de un problema común como los que solía tener cuando el Boss de un videojuego se le resistía por semanas o su falta de dinero al tener que elegir entre dos videojuegos nuevos.
No creía en que esos pequeños y estúpidos problemas tuvieran comparación con lo que fuera que le estuviera pasando por la cabeza, pero, lo cierto es, que la gemela mayor no solía ser tan distraída y a pesar de sus propios problemas no dudaría ni un momento en ir a molestar a Fate por amor al arte. Sin embargo, ahí estaba. Mirando al frente con la vista perdida en algún punto de la pizarra con boca tensa en una línea recta y seria.
No era una actitud nada propia de la rubia, desde luego.
—Fate-chan.— los ojos rojizos abandonaron los lavanda para fijarse en la castaña con curiosidad. Nanoha a su lado también paro con el circo y atendió.— ¿Sabes lo que le pasa a Ali-chan?
Fate giro la cabeza a la mencionada, sus ojos rojizos analizando a la joven. La línea de sus labios se tensó con seriedad y Hayate trago saliva presintiendo un mal augurio.
—Es rara, Sí.— confirmo, las cejas rubias se fruncieron con desconfianza por un momento más la burla en sus ojos no dejo de brillar.— Derecho esta mañana ni desayuno. Se fue antes.— los ojos rojos se posaron de nuevo en Hayate quien frunció el ceño mostrando su preocupación.
—¿Tan raro es eso?— Nanoha ladeo la cabeza confusa por el cambio repentino de la castaña y se atrevió a preguntar.
—Bueno… Según su propio criterio el desayuno es la comida más importante del día.— sonrió pues como ella, Fate también lo creía.— El caso es que nunca se lo pierde.
Los labios de la cobriza se abrieron en un gran 'oh' y no dijo nada más.
Hayate avanzo un pie por el suelo con un único pensamiento. Hablar con Alicia, no obstante, fue detenida por la repentina llegada de la peli morado. Y si la castaña no hubiera estado tan al pendiente de la gemela mayor se hubiera dado cuenta de cómo el cuerpo de Arisa cobró vida con el primer indicio de presencia de la heredera Tsukimura.
—Arisa-chan, Fate-chan necesito que os quedéis un rato más después de clase para repartir los libretos y aclarar un par de cosas respecto a la obra.
Suzuka esbozo una ancha sonrisa entusiasta que cambio por completo la actitud abatida de la oji esmeralda. Bunnings enderezo la espalda al momento; volvía ha sentir las energías dentro de ella y aunque seguía sin hacerle mucha gracia participar en la obra podría aguantarse un poco más.
—Sin problema.— sonrió Arisa y Fate la acompaño con un asentimiento.
—Aun así.— Hayate giro sobre sus pasos cuando sintió los ojos de Suzuka clavados en su nuca. Fingiendo una sonrisa la animadora atendió a lo que fuera que le iba a decir.— ¿Necesitareis más gente en el café?
—Por ahora no, ya tenemos todos los huecos llenos.— contesto distraídamente.— Pero como contamos con los pasteles del Midori-Ya seguiré necesitando aquello que te pedí.— las manos de la castaña se juntaron en frente a modo de suplica pues su primer intento de petición no había sido muy bienvenida.
—Ha eso se le llama sobreexplotación Hayate-chan.— Nanoha se metió en la conversación al entender por dónde iba esa petición, a su vez Suzuka rio nerviosamente.
Fate y Arisa se encontraron desorientadas en la conversación de sus amigas sin embargo, no fue excusa para que un mal presentimiento les recorriera la espalda en forma de escalofrió.
—Pero les dejare 10 minutos de descanso.— se defendió.
—Esperen, ¿de qué hablan?
Nanoha negó con la cabeza con una mano en la frente. Cuando abrió los ojos se acerco a la oreja de la oji carmesí y se lo explico en un susurro. Hayate pudo apreciar como el semblante de la rubia cambio de la duda a la indignación y el enfado en un tiempo récord que ni ella pudo creer posible.
—¿¡Es enserio!?
El brillo rojizo brillo con ferocidad cuando la cobriza se apartó. Toda la atención en la castaña. Fate se acerco peligrosamente y Hayate entendió que era su momento para retirarse de aquel lugar.
—Hablamos luego.— en un rápido y veloz movimiento la oji azul abandono el grupo y llevándose a la rubia distraída de enfrente se fue por la puerta del salón.
Al salir de clases Hayate aprovecho el hecho de las chicas se iban a quedarse después de clases para llevarse a la gemela mayor sin darle oportunidad de huir. No había sido difícil pues parecía que Alicia seguía sumergida en su mundo desde que habían salido casi a trompicones de clase.
Sabía de antemano que algo le ocurría y lo iba a averiguar así se llama Hayate Yagami. La actitud de la rubia había sido en su mayoría distraída a cantidades insospechables, si bien aquello parecía poder pasar desapercibido para Fate no iba a suceder con ella.
—Ali, te ocurre algo.— afirmo.
Alicia alzo la cabeza unos segundos antes de desviarla al riachuelo de al lado. Los labios oprimidos con fuerza y el brillo desolado en sus ojos la delataron frente a la castaña.
—No es nada.
Hayate ni se inmuto cuando la rubia se hizo a un lado con la intención de evadirla. La cabezonería era de familia, lo aprendió y corroboro con el tiempo. A pesar que en muchas ocasiones Fate y Alicia solían ser polos opuestos a simple vista, aquellas dos gemelas compartían muchos más rasgos de lo que uno se imaginaria. Rasgos que estaban siendo un problema en este momento.
—No pondrías esa cara si no fuera "nada".— remarco con seriedad cuando sintió su propio hombro tocar con el de la más alta, quien paro su andar.— No es solo de hoy.— continuo.— Algo te molesta ¿verdad?
Sus pies se movieron en cortos pero concisos pasos hasta quedar frente a aquellos ojos borgoña llenos de frustración. Hayate vio como la rubia se pasaba una mano por detrás de la cabeza repetidas veces como si quisiera peinar algún mechón rebelde de su cabello, inútil, pues no existía dicho desperfecto. Estaba nerviosa y por segunda vez en su vida, Hayate pudo presenciar el nerviosismo en la mayor.
—Iré a enfriarme la cabeza.— dijo, una de sus piernas retrocedió al mismo tiempo.— Con eso seguro que se me pasa. ¡Adiós!
Habiendo hecho distancia Alicia huyo dejando a la castaña plantada. Hayate prevista del actuar de su amiga meneo la cabeza apartando los pensamientos negativos y emprendió su carrera detrás de la oji borgoña.
Cuando empezó a correr tenía la certeza que podría atraparla enseguida, pero Alicia demostró estar físicamente activa, corriendo a una velocidad que Hayate no creía posible en Alicia Testarossa. No cuando sabia de buena tinta que la chica se las pasaba en casa flojeando, viendo animes y cosas varias.
Planto el pie en el asfalto con la intención de girar la esquina por donde había visto por última vez a la rubia desaparecer. Las pulsaciones de su corazón las podía sentir palpitando en sus oídos y la necesidad del aire a sus pulmones nunca antes le había parecido tan necesaria. Cuando por fin giro la esquina se encontró con la inexistente presencia de su amiga.
La había perdido.
Dejo ir un bufido cuando el aire volvió a su cuerpo. Alzo una mano llevándosela al mentón pensativamente al mismo tiempo su mano disponible agarro las correas de la bolsa y las reafirmo en su hombro.
Observó su alrededor. Conocía el lugar. Se encontraba en el distrito comercial. Un lugar pequeño, pero a la vez el lugar perfecto para esconderse gracias a sus múltiples y estrechas callejuelas. Alicia era astuta, pero como todo ser vivo las costumbres podían con la astucia y ella no era distinta.
Miro una vez más a su alrededor para confirmarlo. Una vez se cercioró de que no se encontraba alrededor se movió al único lugar donde iría la oji borgoña en una situación así.
A las canchas de baloncesto.
Al llegar, tal y como esperaba encontró a la joven sentada en uno de los escalones de las gradas con la mirada fija en el partido de abajo. Cualquiera diría que estaba concentrada en el partido, pero dicho pensamiento distaba de la realidad.
Con ambas manos se descolgó el bolso del hombro y lo dejo caer a un lado de la Alicia quien brinco medianamente alterada. Por un momento los ojos borgoña se posaron en los azul rey mas volvieron a la pista enseguida.
Entendiendo el mensaje silencioso Hayate se agacho en las gradas hasta sentarse a su lado. No hicieron falta las palabras porque nada más sentarse la rubia comenzó a hablar. Al parecer esos minutos de soledad si le habían servido para "enfriar la cabeza".
—Es sobre mi padre, Hayate.
—Ven siéntate por aquí.— con sus dedos finos y espigas retiro la silla de enfrente y la ofreció a su compañera; la sonrisa delineando su labios en todo momento.— Enseguida terminare con esto.
La mujer ojeo el pelotón de papeleo encima de su despacho por un momento y regreso a ver a la otra mujer que había dejado en la sala de espera. No podría decir que estuviera libre al cien por cien, pero al menos podría terminar su jornada cuando diera por terminados los informes de los casos más importantes.
No pasaron ni 15 minutos cuando pudo terminar con todo. Sentía su espalda agarrotada por lo que no dudo en golpearse uno de los hombros con la mano cerrada en un puño como si eso fuera a funcionar. Las horas de papeleo desde altas horas de la mañana le habían pasado factura, pero, todo valía si aquello significaba que el resto de la tarde la podría pasar con aquella bella mujer de cabellos morados.
Su encuentro no había sido el mejor ni el más memorable. Tampoco es que ella misma hubiera causado una gran impresión al principio pero jamás se arrepentiría de aquel día en que invito a Precia por primera vez en esa cafeteria. Porque aquella mujer se había convertido en una parte importante en su vida y aunque su relación aún seguía siendo un velo entre las familias de ambas, esperaba poder destaparlo cuanto antes mejor.
Al levantarse cogió la americana de encima del respaldo de la silla y se la puso en un pestañear y es que los años en los que tuvo que salir corriendo por cualquier emergencia le habían enseñado cuan veloz podría llegar a ser alguien al ponerse una simple prenda de vestir.
Lindy Harlaown se acercó a los asientos de la sala de espera y con una sonrisa le tendió la mano a la peli morado quien la aceptó gustosa e incluso fue recibida con una pequeña risilla.
—Siento la espera. ¿Nos vamos?
La mujer de cabellos purpura asintió con delicadeza y se dejo guiar por toda la oficina hasta el ascensor que las llevaría al estacionamiento donde yacía el coche de Lindy.
Una vez subidas al coche de la oficial, la peli verde puso marcha hasta la cafeteria en la que acordó llevarla. Desde hacía un tiempo esa había sido su rutina diaria: Quedaban, iban a la misma cafeteria cerca de la oficina de policía y se perdían hablando hasta que o bien se daban cuenta de la hora o bien alguno de sus hijos llamaba reclamando la imperativa presencia de una de las dos.
No obstante, hoy era distinto. Antes de pasarse por la oficina había decidido darle una visita sorpresa poniendo como excusa una buena cafeteria que le habían recomendado unos compañeros el día antes. Si se ponía a pensar su aparición en la mañana había sido muy desconsiderado, después de todo eran las 7 de la mañana cuando decidió llamar al timbre solo por un arranque impulsivo añadiendo el hecho de que la misma Precia le había advertido de las consecuencias que podía causar su presencia en el hogar Testarossa.
Para su suerte la mujer no reacciono mal y se mostro abierta y hasta feliz de su presencia mañanera.
Una sonrisa se dibujo en sus labios, sonrisa que fue puesta en duda enseguida por su acompañante. Lindy meno la cabeza y con su sonrisa sin indicios de borrarse contesto:
—Me alegra que no me echaras esta mañana.— se sincero.
Las mejillas de Precia adquirieron un pequeño tono colorado que la peli verde tuvo que perderse por tener los ojos puestos en la carretera.
—¿Y que querías que hiciera?— replico.— Eran las 7 de la mañana de mi día libre y seguía algo dormida.
—Claro.
Lindy lo dejo pasar sin embargo el tono que Precia utilizo no paso desapercibido para ella. Estaba siendo reñida, pero de una manera más cómica y libre de enfados.
La agente movió el volante en rápidos y concisos movimientos. Minutos después el coche quedo aparcado y en el olvido mientras ambas mujeres se dirigían al establecimiento a disfrutar de su tiempo juntas.
El tintineo encima de sus cabezas anuncio su llegada, en el caso de sus propietarios, clientes nuevos a los que satisfacer y darles un buen servicio. La peli verde paseo los ojos a su alrededor. La pasteleria no era la gran cosa en cuanto a lujos y refinado pero el ambiente familiar era palpable y esa pequeña sensación la hizo relajarse.
Ambas mujeres tomaron asiento en una de las mesas cercanas a la ventana. Por un momento tuvo curiosidad de la reacción que había tenido Precia, estaba impaciente por saber si por el momento había acertado.
Su corazón golpeo nervioso cuando vio cierta chispa de incomodidad en la mujer. Sus cejas se fruncieron levemente decepcionadas, pensando en que había causado el desagrado de su acompañante.
Miro una vez más a su alrededor. No había nada fuera de lo común, más que un par de universitarios atendiendo en distintas mesas y una mujer cobriza despachando a su ultimo cliente de la cola en recepción.
Por lo que sabia de Vice, quien le recomendó el Midori-Ya, era un lugar con muy buen ambiente y en el que poder relajarse. Sin embargo, ahí estaba con la peli morado incomoda enfrenté suyo.
Preocupada la agente hizo un ademan de acercarse, curvando su espalda hacia delante para poder quedar más cerca y así poder descifrar el significado en el actuar de la mujer.
—¿Pasa algo?— pregunto con una preocupación notoria en su voz.— ¿Te disgusta el lugar? Si quieres-…
—No. No es eso.— Precia se tapo la boca cuando las primeras risas nerviosas quisieron escapar de su boca.— Es solo que…— los ojos violeta de la mujer se alzaron cuando la figura de un hombre en delantal se paro a un lado de la mesa.
Aquel castaño movió su mano y garabateo un par de cosas en su libreta antes de alzar su cabeza a sus clientas, cuando lo hizo un sonido de sorpresa abandono su boca al reconocer a la mujer frente de sí.
—Buenas tardes Precia-san.— sonrió el hombre.
—Buenas tardes Shiro-san.— sonrió devolviendo el saludo; para el desconcierto de Lindy, el nerviosismo que antes mostraba se esfumo como por arte de magia.
A pesar del desconcierto de la agente ambas pudieron pedir correctamente antes de que el castaño se fuera a por los pedidos, dejando a solas por fin al par.
—Perdón por esto Lindy.— la mencionada negó enseguida, la duda aun paseando en su mente.— Mis hijas son amigas de la hija de los dueños. Suelo encargar los pasteles al Midori-Ya muy seguido porque están muy buenos.— aclaro, y la oji verde se rasco la mejilla sintiéndose algo avergonzada por su actitud.
—Vaya eso si que no me lo esperaba.— Precia rio con sus palabras.
—Me has traído a mi lugar favorito, gracias.
El corazón de Lindy dio un vuelco al verse desprevenida. Un ligero sonrojo se apodero de sus mejillas. Se paso una mano por la nuca disimuladamente al mismo tiempo que de sus labios pronunciaron un 'No hay de que' muy bajito.
Las mujeres siguieron con su rutina de siempre hasta que una nueva presencia se paró cerca de la mesa.
—¿Mamá?
NA: Bueno y que tal si le empezamos a dar algo de caña al final de la primera parte. Aunque supongo que con este capitulo algunos ya sabréis por donde van los tiros y si os gusta, es vuestro momento para empezar a especular.
LostNeko120: Mmm... contestando a tu pregunta me he basado en varias cosas como la canción de Honeyworks: Ai no Scenario; el título y la escuela de SAO Alicization; y si lo dices por la elección que debe tener la protagonista creo que inconscientemente salió de Yagate Kimi Naru.
nadaoriginal: Gracias por comentar. Siempre me alegro de leer tus comentarios.
Muchas gracias a todos aquellos que habéis comentado y a los nuevos seguidores de "A tu lado". Cualquier duda y/u opinión me lo pueden hacer saber mediante review, PM o mensaje.
Con todo dicho yo me despido, gracias a todos y nos vemos en la próxima actualización.
