DEDICATORIA: Quiero dedicar este relato a toda esa gente que me ha dejado reviews. Desde los que los mandaron en algún capitulo suelto, hasta los que habeis estado ahí capitulo a capitulo animandome a seguir y haciendo preguntas y sugerencias... A todos vosotros gracias por hacerme llegar a tener más de 110reviews. ¡¡¡OS QUIEROOO!!

Especiales gracias a Saya que siempre ha estado ahí apoyandome en este relato y presionandome para que escribiera rápido el siguiente xD. Debeís darle muchas gracias a ella porque en ocasiones sus presiones hacían que tuvierais capitulo casi cada 7 días, a veces incluso en menos tiempo. Gracias por tu apoyo!!! Espero que sigas apoyandome en los proximos de Blood+. Te keloooooooooooooo

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Calidez era lo que arrastraba el viento veraniego. Una calidez dulce y pegajosa que se sentía en la piel como una caricia lasciva. Era agradable en cierta manera, sentarse en una silla en el porche de esa pequeña casita de playa y olvidar. Dejar de ser algo, alguien... dejar de existir por unos segundos. Casi podía oirse un ronroneo felino saliendo de los labios de la muchacha. Era tan feliz... tan feliz que ese sentimiento se mezclaba con el miedo. ¿Cómo poder sentirse libre cuando nunca antes lo fue realmente?. Suspiró aún con los ojos cerrados y pudo notar como alguien le tapaba el sol.

- ¿Estás bien? Llevas mucho rato aquí sola.- abrió los ojos despacio cegandose por la repentina luz. Allí estaba él, como siempre.-

- Sí, lo siento. Me quedé algo adormilada. Es tan agradable...-

Hagi cogió otra silla y se sentó a su lado. Dirigió su mirada celeste a la cara de Saya leyendola como si fuera un libro que ya había memorizado. Podía saber si estaba triste por el brillo en sus ojos que anunciaba lágrimas, sabía que estaba enfadada cuando sus cejas se tensaban, la melancolía hacía acto de presencia en sus labios suavemente curvados hacia abajo, y así mil y una señales que pedían comprensión. Por eso, en dos segundos pudo adivinar que su mente no era tan feliz como ella trataba de demostrar.

- Aquí estamos a salvo del mundo exterior.- sentenció él.-

- ¿Qué?-

- Aunque alguien nos buscara, este lugar es la nada. Nadie podría encontrarte aquí. No hay nada que temer.-

Los labios de la chica se curvaron suavemente en una sonrisa serena. Ahí estaba de nuevo, una de tantas razones por las que le amaba. Sabía que decir y cuando decirlo para calmar todos sus miedos. Cuando estaba con él podía ser una niña, sabía que en medio de la tormenta siempre tendría un lugar al que llamar hogar, unos brazos cálidos para cobijarse y unos ojos que la miraran tal como ella quería ser. Sintió de pronto que ya nada malo podía pasar y le cogió la mano para sentir ese calor tan dulce. El calor de la sangre que compartían.

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En un día de tantos, en una noche como todas las anteriores los minutos transcurrían calmados entre los deberes de cualquier pareja que viviera junta. Recoger un poco lo que durante el día se descolocó, organizar lo que harían al día siguiente y poco más. Puede que para la mayoria de la gente sonara tremendamente aburrido, pero para ellos aquel sentimiento de monotonía era algo a lo que llamar felicidad.

- Iré a ver un rato a Diva.- dijo Saya con gesto cansado. Ultimamente su cuerpo parecía el de una persona enferma. Cualquier actividad la agotaba, los pequeños disgustos la agitaban y pasaba la mayoria del tiempo dormitando en la silla del porche. Ninguno quería decirlo, ninguno quería aceptarlo, pero era bien sabido por ambos que en la cuenta atrás hacia su epoca de sueño solo quedaban unos pocos días. A veces Saya tenía miedo de cerrar los ojos, de dormirse y despertar en otro tiempo que no fuera el ahora, de estar sola y que Hagi se cansara de esperarla. A veces y solo a veces soñaba con esas cosas y su mente se llenaba de sensaciones y visiones terribles que le hacian llorar en los pocos momentos que estaba sola. Lo que ella no sabía es que ese miedo también lo sentía su caballero. Esperar, vagar solo y esperar... eso es lo único que podía hacer cuando ella dormía. Se sentía como un preso que no alcanza a saber cuando termina su condena. Cada amanecer su corazón palpitaba con fuerza anhelando que fuera ese día y no otro en el que su dama volviera a andar ante sus ojos, pero eran muchos los días de decepción que pasaban antes de cumplirse su deseo. Uno, diez, cien, mil, diez mil... y asi multiplicando y multiplicando su vida se detenía con total devoción a ella. Si tan sólo él también pudiera dormir... si tan sólo no doliera tanto...

La madera del suelo crujió bajo los pies de Saya. Desde que su hermana cayera en ese dulce sueño que le alejó de sus dolores pasados ellos se encargaron de su cuidado. Tumbada sobre una confortable cama antigua dormía tranquilamente, con un gesto de pura felicidad. ¿Qué estaría soñando?. Se preguntaba Saya. Por unos minutos desearía entrar en la mente de esa muchacha que tanto daño le hizo, pero que a la vez no podía dejar de querer. No era ya cuestión de sangre, de obligacion autoimpuesta, era algo que iba más allá. Eran dos seres únicos, incomprendidos por todos, a los que la gente odiaba muchas veces y hería otras tantas sin pararse a pensar que pesara a quien pesara ellas tenían un lado humano que también se quebraba con facilidad. Sus pensamientos se desviaron cuando se fijó en su vientre abultado. Allí estaba, la siguiente generación, las niñas de Riku, su único lazo con su otra familia. Mirandolo así sentía que el destino se reía de ella con ironía. Sus dos familias, una de sangre, otra de afecto... ahora ambas se habían unido. La sangre se había mezclado y sorpresivamente dio vida y no muerte. Desde sus venas a las de Riku, de las del niño a las de esas pequeñas que crecían día a día dentro de Diva.

Ironico... sí señor.

De todos modos, pasada la confusión del momento en que supo todo lo del embarazo comprendió que los errores no tienen porque repetirse. Esas niñas llevaban los mismos genes, pero no tenían porque ser como ellas. Si el entorno hizo a las reinas tal y como eran, ellas les darían a esas pequeñas un entorno feliz, uno donde sentirse a salvo, capaces de convivir con los humanos sin miedo, odio o rencor. Definitivamente iban a cambiar el futuro...

La miró por última vez y dandole un beso en la frente se marchó hacia el salón. Allí Hagi la esperaba con esa oculta sonrisa de comprensión y consuelo que la reconfortaba tanto. Suspiró y se estiró como un gatito adormilado enganchandose del brazo de su caballero.

- ¿Tienes sueño? -

- Sí, ha sido un día cansado.-

- Tal vez no deberíamos haber dado ese paseo por la playa. Te dije que te cansarias.-

- No pasa nada.- sonrió mirandole.- Me gusta pasear por la playa cuando empieza a atardecer.-

- Está bien, pero ahora debes descansar.-

Cogidos del brazo se dirigieron a la pequeña habitación de la segunda planta que ocupaban. Por supuesto, Hagi no dormía, pero en algún momento sin haberlo hablado se convirtió en otra de sus rutinas el compartir cama por la noche. Era agradable, sentir el calor del otro, la respiración acariciando la piel suavemente. Así ella dormía placidamente apoyando la cabeza en su pecho y oyendo entre sueños el latido del corazón de Hagi, diciendole discretamente "estoy aquí" "estoy aquí" "estoy aquí". A su vez, el caballero la observaba en silencio, recordando cada segundo que habían pasado juntos, agradeciendo a los dioses por ser llevado hasta ella, por no permitir que se separen jamás.

Hasta el fin de los tiempos... y aún más lejos.

Al entrar a la habitación Saya se dirigió al armario y sacó un pijama. Habían tenido suerte, era cierto, aquella casa que Nathan les "prestó" tenía de todo. Cualquier cosa que pudieran necesitar o querer estaba allí. A veces sentía como si aquel misterioso hombre hubiera previsto lo que iba a pasar y hubiera preparado esa casa para ellos, pero no podía negar que le había sorprenddido hasta el extremo. Nunca pensó que aquel caballero de Diva al final resultaría ser su salvador.

- ¿En qué piensas? - preguntó Hagi al ver que se quedó con el pijama en la mano mirando al vacío.-

- No... nada. Solo pensaba que esta casa es perfecta. Me gustaría quedarme aquí para siempre.-

- Si ese es tú deseo...-

Saya odiaba esa frase, le hacía sentir como la jefa de un subordinado sumiso que hacía las cosas sin importarle cual era el mandato. Cuando le decía eso sentía que si le dijera "clavate un cuchillo en el corazón" le respondería "si ese es tú deseo...". Era infantil, lo sabía, pero por más que Hagi le demostrara que no era obediencia ciega sino amor incondicional cuando oía aquello el corazón le dolía.

- Odio que digas eso.- apretó el pijama entre sus manos y desvió la mirada. Se podía notar que esas palabras le habían dolido, pero Hagi no entendía el porque. Se puso frente a ella y posó su mano sobre la mejilla de la muchacha.-

- ¿Por qué? Yo solo deseo cumplir cualquier deseo que tengas.-

- ¿Acaso sientes que es tu obligación? ¿Es tu deber estar aquí y ahora conmigo?-

- Es mi obligación...- sin dejarle terminar la frase Saya se separó de su toque como si de repente quemara, pero él la agarró del brazo y la empujó contra la pared arrinconandola entre esta y su propio cuerpo, y demostrando a la vez un caracter que Saya desconocía.- Es mi obligación, pero es una obligación que amo. Si me dijeras que dejara de obedecerte entonces si que lo haría, pero solo para ignorar esa petición. Seré tu caballero, seré tu sangre y seré tu esclavo si me lo pides. Seré lo que me pidas que sea y aún más mientras no te separes de mí.-

- Hagi...- ronroneó.- ... lo siento.- apoyó la frente en el hombro de su caballero.- Es que... tengo miedo de que estés conmigo por obligación. Tengo miedo de quedarme sola.- podía notarse como todo su cuerpo temblaba aterrorizado.- No me dejes...-

- Saya... Yo nunca te dejare.- en un gesto de consuelo le besó la frente con cariño. Durante algo más de un minuto permaneció así, con los labios posados en su frente. A veces no sabía que hacer, como lograr consolar a su dama, pues aquel corazón herido era en parte un gran misterio que no se dejaba desvelar. Por más que él la conociera mejor que nadie en este mundo, por mucho que pudiera leer su estado de animo, había cosas que no lograba vislumbrar. Ese era precisamente uno de sus mayores deseos, saberlo todo de ella, poder calmar ese dolor oculto.

Mirandolo ahora con perspectiva su vida, aunque no fuera tan larga si quitamos las epocas que permanece dormida, había estado marcada por la busqueda constante de amor. Ella anhelaba esa familia que nunca se le permitió tener, búscando incoscientemente figuras paternas que compensaran esa parte de si misma que necesitaba ser protegida. Primero fue Joel, ese hombre de aspecto bonachón que ocultaba un lado oscuro. Siempre le sonreía con un gesto de cariño, pero por otro lado jugaba a ser dios, observandola, decidiendo su vida, escrutandola como a un bello especimen de mariposa capturado. Nunca sabía que pensar de él, quizás solo era un cientifico apasionado que encontró en Saya la razón de su vida o puede que en algún momento su mente fría descubriera mientras la miraba que era incapaz de no sentir cariño por esa muchacha juguetona y traviesa que siempre le llevaba flores. Fuera como fuera, él nunca pudo darle ese cariño que sus ojos pedían a gritos, pero tal vez esa fue la razón por la que le llevó a él al zoologico. Si Joel no era capaz de darle el amor que necesitaba, al menos buscaría a alguien que lo hiciera por él. Eso debía agradecerselo. Fue Joel quien le entregó lo que más amaba en el mundo. Aunque entonces fuera un niño que se sentía como un objeto vendido al mejor postor, tiempo después comprendió que había sido entregado a una vida mejor, a alguien que necesitaba aprender a amar con la intensidad que él odiaba.

Una vez más ella tembló en sus brazos, calmada ya de su repentino temor, pero dejando demostrar la debilidad de un cuerpo que rogaba por un descanso merecido. Era ahora él quien sentía ese desasosiego en lo más profundo de su ser. Era como si estuviera en el lugar de un accidente desde antes de que ocurra, y en un determinado momento todo pasa a camara lenta ... puedes ver cada movimiento, cada acción y algo dentro de ti te lo dice a gritos... "No puedes hacer nada... no puedes hacer nada...". Presenciaba esta desgracia, podía ver los ojos de Saya cerrarse a una velocidad terriblemente lenta y en este momento, por más que lo deseara, no había nada que hacer.

El desenlace llegaba.

Cuando quiso darse cuenta, Saya estaba casi dormida en sus brazos, murmuraba cosas entre sueños que él no podía entender. La tumbó suavemente en la cama y se colocó a su lado. Casi de manera natural, como si fueran dos piezas de un iman de se atraen hasta encajar perfectamente, Saya se colocó más cerca de él, cada hueco que Hagi dejaba era ocupado por el cuerpo de ella. Eran momentos como este el que hacian que todo mereciera la pena, que incluso cualquier espera sería bienrecibida si alguien podía prometerle que algo como esto se volvería a repetir después. La pasión no lo era todo, si te ponías a pensarlo, ellos tenían emociones fuertes de sobra y aunque adoraba sentir el tacto de su piel caliente sudando junto a su cuerpo, poder vivir momentos como este donde la tranquilidad y el sonido leve de la respiración de su dama eran una única cosa le hacía tremendamente feliz. Si la vida pudiera detenerse en un instante, ¿por qué no elegir este?.

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El tiempo había pasado despacio, no había sido demasiado, pero si lo suficiente para que las niñas de Diva nacieran fuertes y sanas. Ahora, cualquiera que les viera pensaría que Saya, Hagi y esas dos niñas eran una familia normal. A veces Saya convencía a Hagi para dar un paseo con las niñas por un pueblo cercano, a él la idea no le gustaba demasiado, temía que alguien cercano a Red Shield les reconociera, pero ¿quién podía negarle algo cuando le miraba con ese brillo en los ojos?.

Las niñas eran apenas dos recien nacidas inquietas y activas, demasiado activas para Saya que apenas podía con su propio cuerpo, pero aún así adoraba llevar a las pequeñas en un pequeño cochecito biplaza que consiguieron en el pueblo. La gente allí era extramadamente amable con ellos, quizás porque era un pueblo tan pequeño que seguramente no hubieran visto una pareja joven y tan bella en mucho tiempo. Era evidente cuando paseaban como la gente les miraban con una sonrisa de agrado y a ellos esa sensación les gustaba. Nadie sabía que Saya era un chiroptero de gran poder, ni que Hagi también lo era, ni siquiera esas dos niñas de aspecto inocente, nada de eso entraba en la mente de los pueblerinos alejados de todas esas cosas extrañas. Allí solo eran una hermosa pareja con dos niñas vivarachas que de vez en cuando paseaban por allí.

Caminando y caminando llegaron a un pequeño jardín con mesas de madera donde las familias solían ir los fines de semana. Se sentaron allí y miraron el mar calmado. Tanta normalidad no parecía real, no para ellos que nunca conocieron el sentido de esa palabra. Por eso, a veces creían que toda esa calma sería rota por un ataque terrible que terminaría con el pacifico pueblecito.

- Cuando miro a las niñas pienso en Diva y en mi. Nosotras debíamos ser como ellas cuando Joel y Amshel decidieron jugar a ser dios. Siento pena por Diva, me siento culpable cuando la miro dormir. Una vez más soy yo la que disfruta el lado dulce de la vida, la que disfruta de una familia...-

- Saya...-

- Lo sé, soy tonta.- sonrió tratando de dispersar su tristeza.- También he pensado en otra cosa...-

- ¿En qué? -

- Las niñas no tienen nombre, no podemos llamarlas "pequeña" toda la vida. No sabemos cuando despertará Diva, deberíamos ponerles un nombre. - se dobló hacía delante para acercarse al carrito y sonriendo les habló. - ¿Cómo os llamaís? ¿Eh? ¿Alguna sugerencia?-

- Deberías escogerles uno entonces.-

- Supongo... pero puesto que son dos, ¿por qué no escoges tú uno y yo otro?.- Durante un rato ambos pensaron en varios nombres, miraban a las niñas y volvían a pensar.-

- Saya... me gusta Saya.- dijo Hagi suavemente. Ella le miró sorprendida y se rió al ver el gesto serio pero a la vez pensativo del caballero. Era como si estuviera pensando algo trascendental y tuviera miedo de equivocarse.-

- No puedes llamarla Saya.-

- ¿Por qué no? Dijiste que podía escoger. Si deseas ponerle otro nombre... yo aceptaré cualquiera que te guste.-

- No... no lo digo por eso. Puedes escoger el que te guste, pero...-

- Entonces Saya... la niña de los ojos rojos se llamará Saya. Ella será feliz con ese nombre, estoy seguro.- la dama no podía evitar sonreir ante tal gesto de devoción y de esperanza a la vez. Con ese nombre ella podría borrar el pasado y dibujar un futuro de felicidad donde ese nombre dejara de estar vinculado al dolor y la sangre.-

- Yo...me gustaría que la de los ojos azules se llamara Rika.- murmuró con gesto melancolico.-

- ¿Rika? -

- Por Riku que es su padre... por Kai que es su tio. Para que nunca les olviden.-

- Es un bonito nombre.- contestó el caballero acercandose a ella y pasandole un brazo por la espalda.-

- Hagi...-

- ¿Si? -

- No volverás a estar solo...- aquellas palabras sorprendieron al caballero que entendió al instante a que se refería. - ... cuando yo no esté ellas estarán contigo, tendrás que cuidarlas por nosotras que no podemos. Mientras Diva y yo durmamos, cuidalas como lo hiciste conmigo. Así nunca estarás solo y yo podré dormir más feliz sabiendo que somos una familia.-

Aquellas dulces palabras dichas entre susurros no podían adivinar que deberían ser puestas en práctica más pronto de lo que pensaban, porque aquella misma noche el sueño se llevaría a Saya por un tiempo. De pronto, en medio de un momento como cualquier otro mientras estaban en casa y solo se podía oír la noche ella susurró el nombre de su caballero como un último suspiro en la boca de un moribundo y así se rindió a su destino.

El momento llegó, la reina no tuvo más remedio que aceptarlo incluso aunque no quisiera, pero esta vez no hubo grandes pesares pues antes de marchar ella le había entregado algo que hiciera la espera más ligera. Le dio una familia, algo que mantuviera el calor en su corazón. Ya no más soledad, ya no más música triste de chelo. Aunque no fuera su dama, otra Saya entibiaría su alma, una pequeña e inocente al mundo... una que tenía compañia... dos personas más para amar. Con ese sentimiento dulce e inesperado puedo sentirse feliz al tumbar a la reina carmesí junto a la reina turquesa. Juntas por fin en un sueño que les permitiera compartir un mundo creado solo para ellas. Destino curioso este que primero las separa sin quererlo y luego las une sin evitarlo.

Dormir... que dulce respuesta... dormir y soñar, pues la vida es un sueño.

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30 años después...

Las telarañas lo inundaban todo. Aquella habitación parecía un gran algodón de azucar viejo y gastado, casi como muerto. Sin embargo, en el centro de la habitación, sobre una cama apolillada pero impoluta reposaban dos mujeres jovenes de belleza inaudita, con sus largas cabelleras reposando sobre el suelo.

El ruido de la puerta sonó como un quejido anciano, que poco a poco les hizo abrir los ojos. La vista les dolió por la deslumbrante luz que se abría paso por la puerta, pero todo dejó de importar cuando ante sus ojos somnolientos aparecieron dos bellas muchachitas custodiadas por Hagi.

- Bienvenidas...- sonrió el caballero.- ... al comienzo de una nueva vida. -

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FIN

Quiero llorar... quiero llorarrrrrrrrrr... ¿no quereís llorar? Yo si!!! Por fin lo terminé, me siento tan feliz y orgullosa de este relato... snif snif ... es como mi hijo favorito jajajajaja. Espero que lo hayais disfrutado tanto mientras lo leiais como yo mientras lo escribia.

Sé que dije que habría lemmon, pero se siente... no se me da bien, me cuesta mucho. Así que nada de quejarse porque no hay lemmon u os morderé a todos!!!

Gracias por haberme seguido hasta aquí y perdón por la tardanza del último capitulo, pero intenté tanto lo del lemmon que me quedé atascada hasta que por fin decidí que mejor un final normal que un final lemmon inexistente. xD... Y por dios, nada de suicidios (q alguien decia q lo haria si no publicaba) xD si pierdo fans me sentiré culpable.

Espero que leaís mi proximo fanfiction de Blood+ "Mirai... una nueva sangre". Proximamente...