Holaa:) bien, antes de las amenazas de muerte... mis razones, motivos y mis patetícos intentos de suplica buesto pedón y un juicio justo (?) está abajo ok? es que no tengo tiempo de escibi mucho, que aún tengo que estudia tecnología para mañana... (no pregunteis, dieciseis páginas... yo no digo mas ;-;) A si que disclaimer flash!
Disclaimer. Inazuma eleven me pertenece. Es tooodo mio. Dibujé los personajes con los dedos de los pies y los nombres se me ocurrieron un dia que me habia pasado con las palomitas. Además, por cada palabra que escribo recibo tanto dinero que ahora mismo estoy nadando en oro.
JA. Cómo te quedas level 5?
...
(Le he dejao to loco n.n)
You can leave here alone now,
I don´t wanna hear you say
That you Know me,
Cause I´m trying to get through today...
Now I´m gonna get Through today.
And theres one thing I know...
I don´t wanna think about you.
This time I know.
- ¡ERES UN CABRON!
El grito resonó por todo el pasillo como si fuera una especie de bomba.
- Endo, te juro que...
- ¡UN CABRONAZO DE MIERDA!
Kazemaru levantó una ceja. ¿No era esa la voz de Endo? Nah, imposible. Todo el mundo sabía que Endo nunca gritaba.
- ¡Y UN GILIPOLLAS!
Vale, sonaba exactamente igual que Endo. El peliazul sacudió la cabeza extrañado. ¿Endo... Enserio?
Terminó de hacerse la coleta y salió lentamente del vestuario, buscando con la mirada a su capitán. Su sorpresa fue mayúscula al ver a Aki Kino, la gerente del club, doblar la esquina y acercarse corriendo hacia él.
- ¡Kazemaru! ¡Kazemaru ven, rápido! ¡Necesitamos ayuda!
Y el peliazul se vio prácticamente arrastrado durante varios e interminables minutos por pasillos helados, haciendo equilibrios para que su bolsa deportiva no se cayese. Tenia la ligera impresión de que Aki no le dejaría pararse para poder recogerla.
- ¡Ahí están, Kazemaru! -dijo la muchacha antes de soltarle.
- ¡¿COMO HAS PODIDO HACERME ESTO?! -la voz del capitán volvió a retumbar por el pasillo.
Hanura se acercó rápidamente a los dos recién llegados.
- ¡Menos mal que estáis aquí! ¡Yo ya no se que hacer!
El defensa abrió los ojos sorprendido.
"¿Pero que...?"
Allí, en medio del pasillo, Endo Mamoru y Goenji Shuuya se revolcaban uno encima del otro.
"Pero... ¿Goenji no estaba lesionado?" se preguntó.
- ¡Endo! -siseó el delantero, tirado en el suelo bajo su amigo- ¿Que parte de "escúchame" es la que...
- ¡CÁLLATE! -ladró el portero, echando rayos por los ojos- ¡CREEIA QUE ÉRAMOS AMIGOS!
- ¡Y lo somos! -forcejeó el peliblanco.
- AH, ¿ENSERIO? ¡NO SE COMO NO ME HABÍA DADO CUENTA! -replicó el moreno hirviendo de rabia.
Las dos chicas se colocaron una a cada lado del peliazul y le agarraron de los brazos.
- ¡Kazemaru, haz algo! -dijeron a la vez, mirándole intencionadamente.
- ¿Y-yo? -murmuró el defensa, observando aterrorizado como Endo, SU PACIFICO AMIGO ENDO, sacudía a Goenji, quien le miró echando chispas y, poniéndose encima le sujetaba las muñecas contra el suelo y le gritaba algo bastante desagradable.
- ¡Si, tu! -dijeron las dos al mismo tiempo.
- ¿Pero por que yo? ¿No podéis hacerlo vosotras?
- ¡Pero tu eres el chico, Kazemaru! -suplicó Aki, empujándole hacia delante- ¡Sepáralos!
- Pero... Pero... ¡Soy pacifista! ¡Yo paso de conflictos! -titubeó nervioso.
Las chicas cruzaron sus miradas.
- Genial Aki. -bufó Hanura rodando los ojos- ¿No podías haber buscado a alguien mas masculino...?
Kazemaru se volvió hacia ella ofendido.
- ¡¿Que?! ¡¿Cómo que alguien mas masculino?! ¡Yo soy muy masculino!
Las dos gerentes le miraron con intención.
- Claaaro -Hanura rodó los ojos- Con esa actitud eres todo masculinidad...
El peliazul la observó con el ceño fruncido antes de darse por vencido.
- Bien... Voy... -murmuró apenado- Pero como me pase algo, vas a pagarme el medico, Otonashi...
Se acercó lentamente a los dos chicos.
- A ver, Endo...
- ¡ERES-UN-JODIDO-CAPULLO! -gritó el portero.
- Perfecto... -murmuró el peliazul, deteniéndose a unos pasos de sus compañeros. Su mirada paseó de Endo a Goenji. Los dos se lanzaban miradas bastante feas mientras se decían cosas aun mas feas. No los iba a poder separar.
"Genial. A la mierda mi masculinidad..."
Goenji, sin saberlo, coincidió mentalmente con el peliazul: se sentía como un imbécil tirado en medio de un pasillo con Endo sacudiéndole del cuello de la camisa. A demás, la pierna empezaba a dolerle otra vez...
Buscó sus muletas con la mirada. A saber donde estaban ya. Pero las sacudidas de Endo no le dejaban concentrarse en sus malditas muletas...
En el suelo del pasillo, el delantero del Raimon se debatía entre la culpabilidad, diciéndose que Endo tenia bastante razón para ponerse así, y la rabia pura.
Después de todo, ¡no había sido solo culpa suya!
- Endo... -casi suplicó el delantero, intentando seguir el camino de la culpabilidad.
- ¡CIERRA LA BOCA!
- Mira Endo, solo quiero... -repitió, frunciendo el ceño. Seguir el camino de la culpabilidad estaba siendo ligeramente mas complicado de lo esperado. Sentía que iba a ponerse a gritar de nuevo de un momento a otro.
- ¡HE DICHO QUE TE CALLES!
- ¿Y si no me callo? -sugirió el peliblanco distraído, casi pensando en voz alta.
Y el portero le asestó un puñetazo justo en la boca.
Las dos gerentes, Kazemaru e incluso Endo, observaron atónitos como la sangre se extendía lentamente por el labio y la barbilla de Goenji. El delantero tenia los ojos entrecerrados y casi parecía estar tan sorprendido como el resto, Pero solo duró unos segundos, de repente, su cara se contrajo en un gesto de odio.
"A LA PUTA MIERDA LA JODIDA CULPABILIDAD DE LOS COJONES"
Y antes de el portero pudiera apartarse, el peliblanco le enterró un puño en la cara.
Endo se llevó las manos al rostro y Aki y él, soltaron un grito.
- ¡Endo! -Kezemaru se acercó a los chicos, pero se detuvo a unos pasos de ellos.
Goenji se había levantado. Apoyado en la pared, intentaba mantener el equilibrio sin apoyar la pierna mala. Se limpió la boca con el dorso de la mano y escupió algo de sangre al suelo.
- De acuerdo. -gruñó- ¿No quieres hablar? Genial. Pero no pienso perder el tiempo contigo.
Con un suspiro de cansancio, se puso a buscar sus desaparecidas muletas, alejándose de Endo a saltitos. Kazemaru aprovechó el momento ara acercarse rápido como un rayo al portero, que seguía de rodillas tapándose la cara con una mano.
El peliazul le pasó con cuidado un brazo por las costillas, intentando levantarle, pero el portero se sacudió al defensa con rudeza. Se levantó por su propio pie y se apartó las manos de la cara. La piel alrededor del ojo derecho estaba empezando a tomar un feo color morado.
- Ni se te ocurra irte -siseó Endo.
Goenji no pareció hacerle caso y con un suspiro de satisfacción se colocó una muleta bajo el brazo.
- Endo, déjalo venga... -murmuró Kazemaru, mirando de reojo a las gerentes. Ya tendría unas palabritas con ellas dos...
- ¡No he terminado contigo! -siguió el moreno.
El delantero parecía no escuchar las palabras de su capitán.
- ¡Confiaba en ti, maldita sea! -gritó de nuevo.
Y de nuevo, el peliblanco le ignoró.
- ¡Vuelve! ¡Vuelve aquí AHORA MISMO! -dijo rojo de rabia- ¡Eres un maldito cobarde! ¡Un cob...!
Y de pronto pasó. El delantero de fuego se detuvo abruptamente. Sacó las manos de los bolsillos y girando media vuelta clavó la vista en Endo.
- No vuelvas. A decir. Eso. -siseó peligrosamente.
- ¿Que? ¿Cobarde? -repitió el chico.
Los ojos de Goenji se Convirtieron en dos finas rendijas.
- Tu no tienes no idea de lo que es ser cobarde, a si que ¡Cállate!
- Se lo suficiente. ¡Vuelve aquí! -escupió Endo.
- ¡Cállate! -bufó el peliblanco.
- ¡Cállate tu! -dijo el Moreno enseñando los dientes.
- Conflicto... -murmuro Kazemaru.
- CIERRA LA BOCA -le gritaron los dos chicos.
Y en un segundo, el delantero se encontraba a unos centímetros de Endo. Le taladraba con la mirada desde arriba, usando su altura para intimidar al que hace unos minutos era su amigo.
- ¿Sabes cual es tu problema? -se carcajeó sin reír- Solo sabes distinguir entre negro y blanco.
- Yo no... -se quejó el otro.
- Hace apenas media hora saliste del campo de fútbol pensando que yo era la mejor persona del mundo, y ahora me odias ¿O no?
Endo apartó la vista, con el semblante triste.
- Parece que no puedes entender que las cosas son mucho mas complicadas de lo que tu piensas. Son mucho mas complicadas de lo que yo mismo pensaba... -murmuró para si mismo la ultima parte- He venido a pedirte perdón.
Endo fijó sus ojos en los del delantero. Parecía arrepentido de verdad...
"Y le he pegado" un escalofrío le recorrió de arriba a abajo "¿Cuando ha empezado Someoka a pegarme su agresividad?"
No le gustaba estar enfadado con sus amigos... ¡Demonios! ¡No le gustaba estar enfadado con NADIE en general...! Pero… Habia confiado en él. Había confiado en él a pesar de conocerle desde hacía solo unos meses… y le había defraudado.
- ¿Por que lo hiciste? -casi tartamudeó- ¡Cuando te lo dije, tu...
- Créeme Endo... Ni si quiera yo quiero saberlo -murmuró el otro, bajando la vista.
El portero trago saliva ¿Como había pasado ESO? Endo recordaba a la perfección la mañana en que se lo había contado a su amigo... Recordaba perfectamente la cara de horror que había puesto cuando le dijo que estaba enamorado, las risas cuando le dijo de quien, y mas que nada, recordaba perfectamente cuando Goenji le había asegurado que él nunca se acercaría a ti... Así.
¡¿Que demonios le había hecho cambiar de opinión en unas horas?!
- Endo... Volvamos a dentro ¿Vale? -murmuró Kazemaru apoyándole una mano en el hombro.
El portero cruzó una mirada con el defensa. Se sentía tan... Agotado. No quería seguir allí. No quería pensar en nada. No quería celebrar una estúpida victoria... No estaba seguro de poder sonreír lo suficiente como para complacer a todo el mundo.
Las rodillas empezaron a temblarle.
Ni siquiera estaba seguro de conseguir dar dos pasos por si mismo.
"¿Por que?"
Pero en realidad no quería preguntarselo. No quería darle mas vueltas. No quería darle más vueltas. No, por favor.
- Vámonos -asintió, agarrándose a la chaqueta del peliazul.
- Endo... No te vayas. -suplicó Goenji ante él- Te lo pido como amigo, por favor...
Endo concentró todas fuerzas en ignorar al delantero.
"Coge aire, suelta aire, coge aire..."
- Tu y yo -jadeó el portero, apoyado en el peliazul- no somos amigos.
Goenji le observó con una expresión indescifrable.
- Como quieras... -musitó antes de darse la vuelta y marcharse.
Kazemaru, atónito por la escena, buscó con los ojos a las dos chicas que le miraban con los ojos como platos.
-0-
Intentaste apartar los ojos de los del hombre, pero un extraño impulso te impedía hacerlo. Llevabas tanto tiempo sin dejaste ver, que ahora solo podías mirar a Kagellama a los ojos, esperando que te descubriera.
Solo podías quedarte ahí parada, sin moverte, esperando que empezara a gritar o algo.
Pero no pasó nada.
El Comandante estaba allí, de pie, sonriendo como si aquella fuera una noche magnifica, pero sin dar señales de reconocimiento en ningún momento.
Estabas a menos de cinco pasos de el hombre del que Llevabas casi un año esquivando...
Y no pasó nada. Absolutamente nada.
- Deberías avisarme cuando vayas a traer visita a casa, Kido -murmuró Kagellama apartando la vista de ti unos segundos, para fulminar a Kido.
- Claro, comandante, lo recordaré la próxima vez -dijo el de rastas con una extraña mueca en el rostro.
Tu mirada se cruzó con la de Kido durante un segundo. La tuya entre asustada y eufórica la suya hirviendo de rabia tras sus gafas.
De pronto una sonrisa se extendió por tu rostro, y ante la mirada atónita del de rastas te acercaste a él y te colgaste de su brazo.
TU: - Vamos, Kido, no seas maleducado. ¿No piensas presentarme a nuestro invitado? -le dirigiste una encantadora sonrisa al hombre, y él te la devolvió con un gesto de la cabeza.
El centrocampista te miraba como si te hubieras dado un golpe en la cabeza.
- Vamos, Kido. No hagas esperar a la señorita -le apresuró Kagellama.
TU: - Venga Kido, ¡que no muerdo! -reíste acercándote un poco mas a él.
El ojirojo te miró aterrado. Parecía seguro de te había dado una especie de perdida olla del terror de ver a Kagellama allí.
Aun así, observó con cuidado como tu brazo atrapaba el suyo e intentó ocultar una mueca. Odiaba que le tocaran.
- Pues yo si que muerdo -murmuró entre dientes- Sobre todo cuando me siento amenazado...
TU: - Oh, Kido que aguafiestas eres -dijiste con un puchero.
Pero te soltaste. Aunque para lo que hiciste, seguro que Kido hubiera preferido que te quedaras pegada a él toda la noche.
Por que cuando te vio caminar sonriente hacia el comandante decidió que estabas completamente loca.
TU: - Supongo que "el capitán" no piensa presentarnos. -le dijiste al llegar a su altura. Te sacaba casi dos cabezas, pero por una vez no te sentiste intimidada.
Llevabas demasiado tiempo teniendo miedo a su sombra y ahora te sentías simplemente ehuforica. Estabas ahí. ¡Ahí! ¡Justo delante de sus narices y el no podía verte!
TU: - Lo cual me parece una completa descortesía -seguiste, lanzándole una mirada divertida al centrocampista, que estaba completamente blanco de la impresión.
"Relájate" pensaste rodando los ojos "Lo tengo todo controlado"
"No sabes con que estas jugando" pensó él tirándose de las rastas, completamente histérico.
- Estoy conforme con eso -te sonrió Kagellama- Pero si fuera un chico listo, no nos presentaría.
Un pequeño escalofrío te recorrió la espalda.
Te alejaste un paso de Kagellama.
TU: - Ah, ¿Enserio? -murmuraste repentinamente nerviosa. Puede que Kagellama Reiji no fuera la amenaza que habías creído en un principio, pero aun así, era un hombre peligroso.
Uno muy peligroso en cualquier caso.
- Si, señorita... -te invitó a presentarte.
TU: - Marion -respondiste rápidamente.
- Oh. -se sorprendió Kagellama.
- ¿Eh? -se quejó Kido.
Le dirigiste una mirada particularmente fría al ojirojo.
- Si. MARION. -repetiste sin dejar de mirar al de rastas.
- Oh, si. -dijo de pronto Kido- Marion Chevalier.
- ¿Chevalier? ¿De Francia? -de pronto Kagellama no parecía tan interesado.
TU: - Exactamente.
Retrocediste otro par de pasos, hasta quedar a la altura del de rastas. En cuanto el chico te tuvo alcance de la mano, te agarró con fuerza de un hombro. Con BASTANTE fuerza.
Clara señal: NI SE TE OCURRA HACER UNA ESTUPIDEZ COMO ESA NUNCA MÁS.
- Es la hija de Edouard Chevalier. -intervino Kido sin aflojar la presión en tu hombro- Conoce a la familia, ¿Verdad Comandante?
El hombre siguió sonriendo, pero con evidente menos entusiasmo.
- Claro. Como no... Una Chevalier. -te sorprendiste al notar el prácticamente ¿Asco? con el que la palabra había salido de los labios- ¿Pero... Por que la hija de alguien tan importante esta aquí, en Japón?
Miraste a Kido pidiéndole ayuda.
- Mi padre esta haciendo negocios con los Chevalier. -añadió, mirándote con el ceño fruncido.
TU: - Y yo insistí en venir -sonreíste todo lo inocentemente que pudiste- Siempre me a gustado Japón, y ¡No podía desaprovechar esta oportunidad!
Kagellama rodó los ojos lentamente, hasta posarlos en la mesa, donde los primeros platos ya empezaban a quedarse fríos. Una extraña mueca había aparecido en su cara, tan extraña que casi parecía una sonrisa.
- Bueno, entonces espero que Japón no la halla decepcionado, querida.
TU: - oh, no. Ha sido una experiencia muy... Exótica.
Kido te obligó a retroceder unos pasos.
- Si nos disculpa comandante, la señorita Chevalier debería irse de vuelta al hotel, ¿no es así?
Un nuevo empujón hacia la puerta te obligó a retroceder con algo de reticencia, pero Kagellama no parecía dispuesto a terminar la noche tan rápido.
- Pero si aun no habéis terminado de cenar -os sonrió- Y debo confesar que el postre es mi parte favorita de cualquier comida.
Y ante tu atónita mirada, el hombre llamó a un criado y en menos de tres minutos se había agrupado a la cena.
Kido volvió a sentarse sin decir una palabra, y tu simplemente le imitaste.
- Una velada encantadora, ciertamente.
Y Kagellama sonrió con divertimento al salirse con la suya, cuando vio como tanto el de rastas como tu volvíais a concentrados en comer de vuestros platos.
Al rato, un mayordomo entró en la sala y se acercó a Kagellama como si él fuera el dueño de la casa, y no Kido, quien en aquel momento casi parecía un perrito, comiendo de su plato sin intención de interesarse por lo que ocurría en aquella habitación.
Pero tu si lo viste. Tu si viste como ese mayordomo se inclinaba hacia Kagellama y le susurraba algo al oído, al tiempo que depositaba una maleta en su regazo. Una maleta que él se apresuró a arrebatarle de las manos al chico, para acto seguido dejarla sobre la mesa, a la vista pero cerca de él.
Muy cerca.
"Interesante" pensaste, levantando casi imperceptiblemente una ceja "¿Que esconderá ahí dentro?"
- Yuuto, creo que voy a retirarme. -anunció el hombre nada mas terminó su copa de coñac.
Tu observaste tu copa de simple agua como si fuera lo mas interesante del mundo.
- Claro, comandante. -murmuró Kido con ese tono sumiso que solía adoptar cada vez que Kagellama se dirigía a él- ¿Le preparo un coche?
Kagellama acarició con los dedos el borde de la maleta con aire distraído. Por algún extraño impulso, no podías quitar los ojos de encima a esa maleta.
- No -dijo simplemente- creo que esta noche voy a alojarme aquí.
- Como prefiera. Mandaré que preparen su habitación.
Kido y Kagellama se levantaron de la mesa a la vez como si una conexión invisible les obligara a hacer las mismas cosas al mismo tiempo. Kido le comentó algo a un camarero mientras el comandante recogía su maleta.
- Todo un placer conocerla, señorita Chevalier. Espero volver a vernos pronto.
Le respondiste inclinando la cabeza ligeramente antes de que saliera por la puerta, con el extraño maletín pegado a su pecho. En cuanto la puerta se cerró a sus espaldas, Kido se volvió hacia ti.
- ¿Pero a ti que coño te pasa? -siseó acercándose con rapidez- ¿Es que quieres acabar en un coche bomba o algo?
TU: - Oh, vamos. Lo has visto perfectamente. No tiene ni idea de quien soy.
El de rastas te clavó la mirada. No parecía muy contento.
- No le subestimes.
Ignoraste sus palabras.
TU: - ¿Has visto su maletín? -comentaste de manera inocente, mirandole de reojo- Parecía muy importante para él.
A Kido le costó unos segundos encajar tu mirada con la frase que acababas de decir. Atente tu mirada divertida, su rostro se volvió color blanco, morado para quedarse en un tono escarlata de lo mas enojado.
- Ah, no. Ni hablar. Ni se te ocurra. FUERA DE MI CASA.
TU: - ¿Cual será su cuarto...? -murmuraste sin hacerle caso.
El centrocampista parecía dispuesto a subirse por las paredes.
- NO vas a entrar en el cuarto de Kagellama. NO vas a revolver sus cosas. NO vas a tocar su maldito maletín. Y sobre todo NO vas a hacerlo en mi casa ¿queda claro? Tu puedes intentar suicidarte cuando quieras, pero yo quiero vivir.
Pero tu ya habías abierto las puertas del comedor y salido al pasillo antes de que él terminara de hablar.
TU. - Veamos... ¿Derecha o izquierda?
Los dos pasillos parecían igual de grandes. Largos, oscuros y poco acogedores, ninguno parecía llevar a un cuarto de invitados. Por lo menos no de invitados felices, aquellas paredes lúgubres parecían estar gritando "fueeeeera de mi caaasaaaa"
Casi como Kido, pero el lo estaba gritando de verdad.
-0-
La puerta estaba abierta. Sonreíste para ti. Iba a ser demasiado fácil.
Asomaste la cabeza en el cuarto pero no parecía haber nada extraño en el. Bueno, nada extraño para alguien rico. En el orfanato no había camas de matrimonio con dosel y baños privados para cada habitación.
Te colaste en la habitación sin hacer ruido, conteniendo la respiración, pero fue una perdida de tiempo. Kagellama no estaba allí. Lo que si estaba, era su maleta.
Tirada encima de la cama, como si no valiera nada. Pero valía. Claro que valía. Valía tanto que los ojos del comandante se ahogaban en codicia cada vez que se posaban en ella.
En unos segundos ya la tenias entre tus manos. Le diste vueltas, comprobando su peso, volumen y forma antes de volver a dejarla en la cama y recorriste los bordes con los dedos, intentando encontrar una forma de abrirla.
Por la derecha, cerrada. Izquierda, igual. Por La parte de atrás solo estaban las pequeñas bisagras que servían para mantenerla abierta. Y por delante estaban los números. Las cuatro casillas para poner la combinación que abría el maletín.
TU: - Joder... -murmuraste frunciendo el ceño.
Probaste un par de fechas típicas, pero no funcionaron. Chasqueaste la lengua disgustada.
Después, unos cuantos números enteros, y siguieron sin funcionar. Gruñiste muy bajito.
Pensate Algunas confinaciones típicas e incluso te atreviste con la combinación de la caja fuerte de la ultima película de gángsters que habías visto. Pero nada.
El maletín seguía allí tranquilamente, como diciendo "pues te vas a quedar con las ganas, bonita"
Te llevaste las manos a la cara con un grito de frustración alojado en la garganta. No había tiempo para empezar a probar contraseñas a lo loco, Kagellama podría volver en cualquier momento...
- Vaya, vaya. Parece que alguien se ha tomado demasiado literalmente aquello de "vernos pronto"
Pegaste un salto al escuchar la voz de Kagellama justo detrás de ti. Un largo brazo pasó por encima de tu hombro derecho y se hizo con la maleta, mientras te girabas para encarar al comandante.
- ¿Va a decirme que estaba intentando hacer con mi maletín, querida? -sus labios de elevaron- ¿O prefiere que se lo diga yo?
Boqueaste como un pez, incapaz de decir nada. ¿Que ibas a decir? Hasta un idiota notaria que estabas intentando abrir una maleta que no debías abrir, mientras estabas en un cuarto en el que no debías estar.
- Vaya. ¿Le ha comido la lengua el gato?
Kagellama parecía estar pasándoselo en grande.
- ¿Era esto lo que intentaba hacer, madame? -con una sonrisa burlona, sus largos dedos serpentearon sobre los números y el maletín se abrió con un chasquido- ¿Y era esto lo que estaba buscando?
Tenía un papel entre los dedos. Un simple papelito. Kagellama dejó que el maletín se le escurriera de los dedos y prácticamente lo lanzó a tus pies. Te abalanzaste sobre él, abriendo compartimentos, sacudiendo aquel dichoso portafolios como si de una maraca se tratase.
Por que tenía que haber algo más. Algo. Cualquier cosa. Lo que sea.
No podías haberla cagado solo por un PAPEL.
Pero allí no había nada. El maletín estaba vacío. Todo lo que alguna vez había contenido estaba ahora entre las manos del hombre que erguía frente a ti sonriendo con burla. Solo un papel, pequeño rígido y cuadrado.
Una foto.
Una foto en la que salía solo la cara de una niña de diez años.
Tu cara hace algunos años.
Volviste hacia la puerta por instinto, calculado si, con un poco de suerte, serias capaz de...
Tu cara se descompuso en el segundo en que tus ojos se toparon con la figura de la persona que taponaba la puerta.
Kido estaba allí, parado en el rellano de la puerta, mirándote directamente a los ojos. Y entonces lo supiste. Todo había sido una trampa. Desde el principio todo había estado planeado.
El ojirojo no te había dejado ir en aquel partido. Nunca había tenido intención de hacerte ese maldito pasaporte. Kagellama no había llegado "de casualidad". La maldita maleta... Todo había sido una enorme trampa.
El centrocampista esbozó una sonrisa de superioridad en cuanto vio que le mirabas. Parecía muy orgulloso de si mismo.
Kido te había traicionado. No había ninguna Hanura a la que decirle nada. No existía ningún muchacho simpático debajo de esas gafas. No había ningún muchacho rico que hubiera querido ayudarte. No había nadie que quisiera que huyeras.
Solo existía aquel chico horrible que vivía para servir a aquel hombre horrible que era Kagellama Reiji.
TU: - Actúas fatal. -escupiste con asco al muchacho.
El de rastas ladeó la cabeza, divertido.
- Tu te lo creíste -su sonrisa se hizo mas amplia y mas malévola- A mi me vale.
TU: - Púdrete.
Kagellama soltó una carcajada.
- Vamos Lyra, ¿que diría tu padre de esos modales?
Fulminaste al hombre con la mirada.
TU: - No me llames así. Ahora soy (TN TA). -entrecerraste los ojos con desprecio- Y si ves a padre, dile que él también puede pudrirse si le apetece.
-0-
El primer cajón estaba vacío.
Bueno, vacío no, pero ninguno de los papeles que tenia te servia de algo realmente.
El segundo cajón era igual que el primero: otro fracaso.
Registraste toda la cómoda, pero allí no había nada para ti.
Te volviste hacia las estanterías que había detrás del escritorio y revolviste los libros con cuidado, pero allí no había ningún pendrive rojo. Solo había libros sobre medicina, y libros sobre medicina y... ¡Oh, sorpresa! Mas libros sobre medicina.
Respiraste hondo.
"A ver... Si yo tuviera que esconder un USB de alguien como yo... ¿donde lo escondería?"
Volviste de nuevo al escritorio principal. Allí solo había una pila de carpetas con historiales médicos y un cubilete con bolígrafos. Hiciste una mueca. Aquel hombre era demasiado ordenado, debía de tener algún trastorno obsesivo-compulsivo.
Nadie podría ordenar los bolígrafos según la gama de azul en la que pintaban sin estar algo trastornado.
Apoyaste los codos en la mesa mirando fijamente el orden de aquellos bolígrafos. No podía ser tan difícil... No había muchos sitios para esconder cosas en aquel despacho, por muy grande que fuera.
Empezaste a abrir los cajones que había al lado del escritorio para encontrar mas informes médicos de gente que no te importaba una mierda todos bien colocaditos y ordenados por orden de edad, con carpetas de diferentes colores según su sexo. Volviste a cerrar los cajones con cuidado.
Aquella obsesión por el orden daba escalofríos.
Te dejaste caer en la silla con un suspiro de cansancio. Aquello no estaba funcionando. A ese paso nunca ibas a encontrar el maldito aparatito.
"Por favor, Señor" te sorprendiste rezando "Si estas ahí, dame un golpe de suerte, ¡sólo uno! Luego puedes seguir mandándome toda la mierda que te parezca necesaria, pero de verdad que necesito esto..."
"Por favor, por favor, por favor, solo esto, por favor" seguiste repitiendo mentalmente durante unos minutos.
De pronto algo llamó tu atención. Una hendidura el la mesa, casi al lado de los bolígrafos. ¿Quien abollaba una mesa de madera?
TU: - ¡SI! -exclamaste levantándote de la mesa como un resorte- ¡Sisisisisi!
Pasaste los dedos por la zona dañada, parecía hecha a propósito...
Estabas aun examinando la hendidura cuando unos pasos se escucharon al otro lado de la puerta.
- Por supuesto, señorito. Estoy completamente de acuerdo con ese punto, pero...
La voz de Koshico Indulo atravesó la puerta justo antes de abrirla de par en par. Te quedaste clavada en el sitio mientras las dos personas que se encontraban al otro lado de ella te observaran claramente sorprendidos.
Como siempre, el primero en recuperarse de la momentánea sorpresa fue Goenji.
- ¿Que haces tu aquí? -preguntó con voz completamente impersonal.
Tu tardaste unos segundos en responder. Antes de darte cuanta de lo que estabas haciendo, te encontraste intentando descubrir si había cambiando en algo desde la última vez que le viste, a través de la ventana del orfanato hace ahora casi un mes.
No estaba mas alto. Tampoco mas alegre. Debían haberle quitado las muletas hace bastante, por que ni si quiera cojeaba, pero no te atreviste a preguntarle que tal estaba. No con esos ojos tan fríos como el hielo mirándote fijamente.
TU: - Y... ¿Y tu? ¿Que haces tu aquí? -soltaste lo primero que se te ocurrió. A él no pareció hacerle mucha gracia.
- Es el despacho de mi padre. Puedo venir aquí siempre que me de la gana. -te estremeciste al escucharle, pero no por sus palabras. Era su voz. Sonaba... Mal.
Era como si en vez de hablar con una persona, el delantero estuviera comunicándose con un bicho particularmente molesto. Su gesto, su postura e incluso su forma de hablar delataba que no quería tenerte mas cerca de lo necesario.
Te sentiste mal. Debía de estar muy enfadado.
TU: - Vengo a buscar unos informes. -señalaste el primer papel que encontraste en la mesa del doctor.
Koshico se disculpó antes de abandonar la habitación a toda prisa.
El chico te miró con suspicacia y se acercó a coger el informe.
- ¿Y para que lo necesitas? -preguntó sin demasiado interés mientras apoyaba las manos en el escritorio comenzaba a leer por encima el papel.
Aprovechaste el momento para volver a observarle con atención.
TU: - El hombre de la habitación 1011 necesita una receta especifica para su tratamiento. El doctor me a pedido...
- ¿Y que piensa hacer mi padre? ¿Ponerle hasta arriba de laxantes para bajarle la fiebre? -se carcajeó, enseñándote el informe que habías elegido.
Empezaste a enrojecer sin proponértelo. Él comenzó a reír. Y tu sentiste como la rabia te hacia trizas.
TU: - ¿Y tu que sabes? -le arrancaste el papel de las manos con brusquedad- ¡No eres medico! Si quieres saber para que necesito esto, deberías estudiar mas y patear el balón un poco menos...
Él frunció el ceño.
- No te pongas tan chula, tu tampoco eres medico, niña. Lo único que haces es llevar papeles de un lado a otro, sin tener ni idea de lo que son. No haces nada importante -el delantero entrecerró los ojos- Es bastante patético, si te paras a pensarlo.
Apretaste los dientes, al tiempo que dabas un paso hacia él.
TU: - Bueno, pues menos mal que yo no tengo un padre en casa que espere que sea medico ¿No? -añadiste ácida- ¡Que decepción se va a llevar el gran doctor cuando se entere de que su querido hijo nunca podrá ni si quiera intentar entrar en la academia de medicina! ¿Que pensará Yuuka de su querido Onee-chan cuando despierte?
Se estaba enfadando. Lo notaste por como tensó los hombros en cuanto mencionaste a Yuuka. Se acercó un poco mas.
- No metas a Yuuka en esto. No tiene nada que ver con ella. -gruñó.
TU: - Eres tu el que a empezado esta estúpida conversación -escupiste muerta de rabia al pensar que tenia razón. No tenias que hablar de Yuuka. La pobre niña estaba en coma en alguna sala de ese hospital. En coma.
Por muy cerdo que fuera su hermano.
- ¿Entonces toda la culpa es mía? -Goenji se obligó a darle a su voz un tono burlón- ¿Todo ha sido por mi culpa? ¿Y que hay de ti? ¿Debo creer que solo eres una víctima inocente a la que el destino ha jugado una mala pasada?
Por un segundo estuvisteis tan cerca que podías contarle las pestañas. Pero no lo hiciste. Estabas demasio concentrada en hacerle daño que ni si quiera te diste cuenta de su proximidad.
Te cruzaste de brazos, desafiante.
TU: - No se de que me hablas. Fuiste tu el que me besó.
El peliblanco retrocedió un paso, pero no apartó sus ojos de los tuyos. Ni si quiera parpadeó antes de hablar.
- No me pareció que te quejases mucho entonces.
TU: - Pues debías estar sordo, por que si que lo hice.
Goenji soltó una carcajada sin alegría.
- Oh, tranquila, sordo no estaba. Pero nada de lo que dijiste se parecía demasiado a "para"
Te sentiste enrojecer de nuevo.
TU: - Vaya, que bien te acuerdas de todo ¿No? ¿Que hiciste? ¿Apuntarlo en tu diario para no olvidar nada del "mágico momento"?
- Tengo buena memoria -aclaró el- Recuerdo muchas cosas. Como cuando te pegaste a mi como si tuvieras pegamento y emp...
TU: - Si si si -le cortaste enfadada- No hace falta que me lo expliques. Yo también allí. ¿Recuerdas eso, gilipollas?
El peliblanco puso los ojos en blanco y formó una sonrisa burlona.
- Gilipollas. -se rió- Caramba. Eres una rebelde.
TU: - Vaaaya. Que gracioso estas hoy ¿no? ¿Has practicado mucho? -le fulminaste con la mirada- Mira, tu no quieres estar aquí y yo todavía menos. A si que ¿por que no simplemente te vas, y me dejas seguir con mi trabajo?
Él se apoyó en la mesa, ladeando la cabeza.
- ¿Trabajo? -sonrió burlón- ¿Que trabajo? Tu no "trabajas". Andas por los pasillos metiendo las narices en las habitaciones que están cerradas.
Chasqueaste la lengua. Después de tanto tiempo empezabas a recordar lo frustrante que era intentar hablar con el peliblanco cuando el no quería realmente hablar, pero tampoco acabar con la conversación.
TU: - Ya, claro. Ja-ja. ¿podrías cerrar la puerta? Pero contigo fuera, gracias.
- ¿Me estas echando? Esto se esta convirtiendo en una tradición ¿eh? ¿Debo ponerme muy triste? No esta bien despachar a la gente sin darles explicaciones...
Apretaste los dientes contrariada. Había que salir de ahí ya.
TU: - ¿Sabes que? Olvílado. Vete a tu maldita casa con tu padre obsesivo y tu hermana que no esta, y finge que nunca me has conocido. ¿Vale?
Goenji ni se inmutó. Ni si quiera dejó de apoyarse en la mesa. Estaba allí, pero era como si no estuviera. Parecía una estatua sin expresión en la cara.
- Tengo casa. -murmuró sin emoción- Y un padre que, aun que me lo demuestre poco, se que le importa lo que me pase. Y una hermana que es la cosa más importante del mundo para mi. Tengo familia. Un pasado compartido. Tu no. No utilices palabras tan acidas para hablar de cosas que no entiendes.
Notaste como los ojos se te llenaban de lágrimas.
TU: - Eres un...
- Tu nunca entenderás las cosas que hace mi padre. Nunca entenderás lo que se siente al ver a tu hermana tendida en una cama de hospital. No sabes nada.
TU: - ¡Para ya!
Él clavó su mirada en ti, como si fueran dos espadas que te atravesaran con cada frase.
- Puedes intentar formar una familia en ese orfanato, (TN), pero nunca sabrás que es tener hermanos. Estas sola. Siempre estarás sola.
TU: - ¡Eso es menti...!
- Y lo mas gracioso es que no le importa a nadie.
Hubo un pequeño silencio. Un silencio en el que las palabras luchaban por salir pero eran ahogadas.
Goenji se incorporó. Enterró las manos en los bolsillos y se acercó a ti. Se inclinó hasta que sus labios rozaron tu oreja.
- Ni si quiera a mi me importa -susurró.
Te invadieron unas ganas enormes de vomitar. De llorar. De romper cosas.
De hacerle tanto daño como el que te estaban haciendo sus palabras.
Por que eran falsas, tu sabías que era tener una familia. Lo sabias demasiado bien... Pero él tenia razón. Los habías perdido. Ahora estabas sola... y a nadie le importaba. Pero no podias pensar en eso. No podías, o te derrumbarías. Te derrumbaría.
Volviste la cabeza hacia él.
TU: - Te odio. -tu voz sonó vacía: era una simple afirmación- Odio como me hablas y también tu aspecto, no soporto que creas que puedes hacer lo que quieras ni que me mires así. Aborrezco esa chaqueta naranja tan horrible que llevas y que leas mi pensamiento. Me repugna tanto lo que siento que hasta me dan ganas de vomitar. Odio, odio que me mientas, y que tengas razón. Odio que me hagas reír. Pero aún más que me hagas llorar. Odio no tenerte cerca y que no me hayas llamado. Pero sobre todo odio no poder odiarte, porque no te odio, ni siquiera un poco. Nada en absoluto.
Él abrió los ojos, sorprendido, y durante un instante algo brilló en ellos. Dudó, sin saber si debía decir "lo siento".
Intentó convencerse de que no. ¿Por que iba a hacerlo? Tu le habías echo daño antes. Ojo por ojo ¿no?
Por tu culpa había perdido al único amigo que le quedaba... Por tu culpa había tenido esperanza y la había perdido... No quería mezclarse contigo. Y tu le habías dejado claro que el sentimiento era mutuo.
Nunca más. Y, sin embargo, no le odiabas. Y el tampoco te odiaba a ti.
Y, después de todo, nunca era mucho tiempo...
Entreabrió los labios, demasiado tarde.
Ya te habías ido.
-0-
- ¿Y como piensas ganar esta vez, Endo? -preguntó Natsumi, cruzándose de brazos.
El portero sonrió apoyándose en su rueda. El sol se estaba poniendo, y sus heridas en las manos resaltaban a la vista.
- No deberías preocuparte tanto, Natsumi. Ganaremos. Hasta ahora hemos ganado todos los partidos y nunca hemos necesitado un "plan". -rió
La castaña rodó los ojos.
- Vamos, que estas admitiendo que lo único que tiene tu equipo de fútbol es demasiada suerte ¿No?
Él rió de nuevo revolviéndose el pelo con una mano, algo avergonzado.
- Bueno, no solo tenemos suerte Natsumi, eso tienes que reconocer...
TU: - ¡Endo!
Los dos castaños se giraron al oír tu voz. Endo te sonrió. Natsumi te lanzó una mirada de asco.
Ignoraste a la segunda.
TU: - Endo, ¿Puedo hablar contigo un momento...? -preguntaste, vigilando a la chica por el rabillo del ojo- Solo será un segundo...
De pronto Natsumi sintió como si una ráfaga de aire acabara de cortar la conversación con el portero. Él se giró completamente hacia ti, y le dio la espalda a ella. Se olvidó de que estaba allí.
Y eso no le gustó.
- Bueno. -murmuró entre dientes- Supongo que esto significa que la conversación de ha acabado...
Pero bien podría estar hablando con una pared, por que el portero ni si quiera se dio cuenta de como recogía sus cosas y se marchaba. Ni tu misma te diste cuenta de que se marchaba.
Y eso le gustó aun menos.
La chica observó desde lejos como Endo te daba unas palmaditas en la espalda mientras le abrazabas casi llorando.
- Oh, vaya. No parece que le esté yendo bien el día. -las comisuras de sus labios se elevaron- Es una pena.
Continuó andando, alejándose de la torre, intentando no ponerse del todo furiosa... Pero no estaba funcionando.
- Maldita niñata... -murmuró.
No le caías bien. Nunca le habías caído bien. Esa forma de andar. Esa forma de reír. Esa forma de hacer las cosas que la ponía de los nervios.
Simplemente no podía entender que era lo que veían los chicos del club de fútbol en alguien tan... Tu.
Eras molesta. Ruidosa. Metomentodo. Bastante inoportuna, a decir verdad.
Se estremeció. Si tan solo fuera Endo el único que se hubiera fijado... Entonces tampoco le hubiera importado tanto. Seguramente no le habría importado nada... ¡Pero no! Tenia que haber sido Goenji, como no. Tenia que haber sido el delantero de fuego.
Justo cuando todo parecía empezar a ir bien entre ella y el peliblanco... justo cuando la castaña empezaba a pensar que tal vez tuviera una oportunidad con él...
"Entonces tuvo que aparecer la pobre huerfanita..."
Frunció los labios sin detenerse. ¿Por que tenia Goenji aquella debilidad por los casos perdidos? ¿Es que no podía relacionarse con gente normal?
¿Con gente como ella?
Se permitió el desliz de mirar hacia atrás para ver como hablabas con el portero hasta desaparecer por un callejón. Hizo un mohín de disgusto.
No, claro. Tenia que estar pillado por alguien con un pasado trágico.
- Qué típico. -gruñó.
Natsumi recordó la tarde en que habías ido a la caseta del club. El mismo dia que ella se presentaba como gerente...
"Como no. Siempre robando el protagonismo" El mohín se transformó en una mueca.
Recordaba lo contento que se había puesto ese loco de Endo cuando te vio. Todo flores y sonrisas. Y tu, cuando le viste, todo azúcar y arco iris. Aquella caseta parecía el cuarto de una niña de seis años.
Menudo asco.
"Si tanto le gusta el porterito..." Gruñó, retorciendo la correa de su bolso entre las manos "¿Por que no se queda con él y deja al resto un poco en paz?"
La muchacha frunció el ceño. Si tan solo pudiera...
- ¿Goenji?
La castaña sintió como una sonrisa se extendía por su rostro al peliblanco doblando la esquina. Parecía un poco perdido.
- ¡Hola! -gritó, agitando la mano mientras se acercaba a él.
El muchacho levantó la vista hacia ella, y arqueó las cejas casi imperceptiblemente. Natsumi se felicitó interiormente. Sabía que aquel vestido le sentaba genial.
- Ah, Natsumi. -saludó él cuando la tuvo al lado- Mira estoy bus...
- ¿A (TN)? -le cortó ella. No necesitaba escucharlo de sus labios o se volvería loca.
Intentó controlar su gesto cuando le vio asentir aliviado.
- ¿La has visto?
Natsumi respiró profundamente antes de responderle. ¿Por que no podía tener una conversación normal con el delantero? ¿No podía decirle un simple "Hola"? Con un "Que tal" ya se sentiría satisfecha...
Pero no. Él siempre tenía algo mejor que hacer. Alguien en quien pensar. No podía pararse a hablar con ella, por que siempre estaba yendo detrás de ti. Nadie parecía tener tiempo para Natsumi Raimon, la chica que-SI-estaba-ahí.
Pues hoy no. Una idea perversa cruzó su mente. No, hoy no.
Le dirigió una falsa sonrisa.
- Oh, si. La he visto hace solo un momento... Con Endo.
El delantero puso cara de sorpresa.
- ¿Enserio? -el delantero apartó sus ojos de ella. El suelo parecía muy emocionante.
Natsumi empezó a poner su plan en marcha. A toda prisa.
- Si, y la verdad es que parecía echa polvo ¿Sabes? -intentó ocultar su sonrisa de satisfacción- Creo que estaba llorando o algo...
El peliblanco puso cara de contrariedad. Parecía bastante culpable.
- Si quieres te llevo a donde estaban...
La chica no le dio tiempo a negar la invitación. Le agarró de la manga y prácticamente le arrastró hacia la torre de Inazuma.
Los ojos de la castaña brillaron con expectación al ver los primeros árboles.
- Mira, ya hemos...
De pronto se detuvo. También lo hizo el delantero. Los dos pararon en seco.
- ... Llegado -murmuró ella. Estaba perpleja. Volvió la vista hacia el peliblanco con cautela.
Goenji parecía tan chocado como ella. Una sonrisa involuntaria se extendió por el rostro de la morena cuando volvió los ojos de nuevo al árbol del que colgaba la rueda de Endo.
- Hacen buena pareja ¿verdad? -dijo con malicia, mirando al delantero por el rabillo del ojo.
Él parpadeó un par de veces antes de ser capaz de quitar la cara de sorpresa. De pronto parecía cansado. Y triste.
- Oye Natsumi... ¿Te importa que nos vayamos?
Natsumi casi daba saltos de alegría. Era la primera vez que Goenji la llamaba por su nombre... La castaña sabía que parecía una cría tonta, pero no pudo evitar que su corazón diera un saltito al notar como sonaba su nombre cuando él lo decía.
- Am, no claro. -asintió emocionada- ¿A donde quieres que nos vayamos?
Nos. Juntos. Ella y él. Nadie mas.
- ¿Te apetece ir al rió? -preguntó él, apartando los ojos del árbol.
Ella sonrió.
"Contigo" pensó "me voy a donde quieras. Ahora y siempre"
- Claro... Por mi genial.
Él comenzó a caminar en dirección contraria a la que había corrido minutos antes. Caminaron en silencio durante unos minutos.
- Oye... -murmuró ella, mirándole por encima de hombro- Lo de ahí atrás... ¿no te hbrá, no se, molestado, verdad...?
- No me apetece pensar en eso -la cortó él de malas maneras
- Bueno... -Natsumi intentó iniciar otra conversación- ¿Que tal el examen de mates de ayer?
Bien, no era exactamente el mejor tema de conversación, pero aun así...
- Como coser y cantar -aclaró él.
- ¿Sabes coser? -preguntó la castaña sorprendida.
- No.
- Y... ¿Cantar?
- Tampoco.
- ... Entiendo ...
Él gesto del delantero se suavizó visiblemente. Casi pareció dispuesto a reír un poco, solo un poquito...
- ¿Que daba el ejercicio 4? -le preguntó el peliblanco, volviéndose a mirarla.
- ¿Sinceramente? -respondió Natsumi con una mueca de disgusto- Asco.
Se sintió bastante orgullosa cuando vio una diminuta sonrisa asomar a los labios del futbolista.
- Ya... -murmuró Goenji, mirándola divertido- ¿Que has hecho hoy?
Ella le sonrió antes de responder.
"Que has hecho hoy" sonaba muchísimo mejor que un "Hola" o un "Que tal"
Muchísimo mejor.
- Ah, nada. Vengo de visitar a una amiga, hemos ido de compras. ¿Que te parece mi vestido nuevo?
Dio un par de vueltas para que el delantero pudiera verlo bien.
- Am... Te queda bien... Supongo. Estas guapa. -la miró durante unos segundos- Eres guapa.
Una sonrisa tonta se extendió por la cara de la castaña. ¡¿Había oído bien?! ¡¿Goenji Shuuya acababa de hacerle un cumplido a ella?! Se sintió enrojecer como si tuviera doce años y nadie le hubiera dicho en su vida que era guapa.
- Hmm... ¿Que tenemos aquí? ¿Estas intentando seducirme? -bromeó con nerviosismo.
Él le sonrió de vuelta, burlón. Una sonrisa de verdad.
- ¿Por que? ¿Eres seducible?
- Nop.
- Eso pensaba...
Y por primera vez, la miró a los ojos. La miró de verdad. Viéndola.
Y Natsumi supo que se había dado cuenta. Se había dado cuenta de que ella estaba allí. Allí... Esperando.
Le sonrió con timidez, recordando la escena que había echo que aquello fuera posible. ¡Quien iba a decirlo, tenía algo que agradecerte!
Si hubiera sabido que lo único que tenia que hacer para que el delantero la mirara así era que os viera a Endo y a ti besándoos bajo ese árbol, lo hubiera planeado todo mucho antes.
-0-
Llamaste a la enorme puerta de entrada con los nudillos. El sonido rebotó por toda la casa.
La puerta se abrió enseguida.
- ¿Lo tienes?
Su voz sonó fría. Una maravillosa bienvenida.
TU: - Genial. Así da gusto volver a casa...
Kido hizo una mueca.
- No te equivoques. Duermes aquí, pero esta no es tu casa. Es mi casa. Te recibiré como yo quiera.
Suspiraste con impaciencia.
TU: - Ahora no, Kido. Llevo un día horrible. Uno REALMENTE horrible. No quiero pensar en nada hasta mañana...
En realidad no querias pensar el dia en general. si empezabas a pensar en ello... uhg. Él no se movió de la puerta. Es más, se apoyó de brazos cruzados en el marco y te sonrió con malicia.
- Oh... No me digas que has discutido el novio ¿Eh? Que tragedia... O, bueno, creo que ni era tu novio...
Le fulminaste con la mirada.
- Cállate. -soltaste sin mas- Además, se ha acabado.
Alzó las cejas, divertido.
- ¿El que? -preguntó con una sonrisa.
TU: - Entre Goenji y yo.
- ¿Alguna vez empezó?
Apartaste la mirada, pasándote una mano por el pelo.
- No... La verdad es que no. Pero pudo haber pasado. En un mundo en que las cosas buenas me pasaran a mi.
- No es exactamente donde vivimos.
Te hizo pasar al interior con un amago, mientras le lanzabas una mirada furibunda.
- ¿Y bien? ¿Lo tienes o no? -interrogó en cuanto pusiste los dos pies sobre su alfombra presa.
Tardaste unos segundos en responderle.
TU: - No. No lo tengo. -admitiste a regañadientes.
El de rastas sonrió de oreja a oreja.
- Esto no le va a gustar nada al jefe...
Tu suspiraste.
No, no estabas siendo una buena empleada... Y eso no le iba a gustar a Kagellama
Don´t wanna think about you,
Or think about me,
Or think about nothing...
Don´t wanna figure this out,
Don´t wanna talk this one out...
Runaway, runaway...
I´m running as fast as a can...
I don´t wanna think about you.
Bueno, aqui mis motivos-flash... bien el problema es que hace un par de mese mi ordenador... murió por así decirlo. sip. murió y yo me quedé sin ordenador, por que mis padres pensaron que ¿para que necesitabamos un ordenador nuevo? Esperamos a que nos arreglen este y ya está .
Por supuesto a MI nadie me preguntó NADA. -.-.
y lo mas gracioso (si, lo MAS gracioso) es que cuando nuestro ordenador volvió a casa ESTABA RESETEADO. Conclusión? Mi nuevo amigo arregla-ordenadores había borrado todo lo que tenía escrito en mi usuario. TODO. No solo este capítulo, si no todas las historias que tenía empezadas y pensaba publicar cuando acabara esta primera parte de IE. A si que ya veis, llevo dos semans con una depresion de caballo, haciendo circulitos en mis esquinas de la desperacion re-escribiendo todo lo que ese... amigo querido me mandó a la mierda. ni una copiecita de seguridad ni nada ;_;
En fin, os dejo las preguntas, esperando que 7 700 y pico palabras de capitulo (lo más largo que he escrito en mi vida :o) me ayude a ablandaros el corazoncito...
- Bueno, de lo de Endo y Goenji no voy apreguntar nada, por que escribí eso en mi fase depre y ni me lo rebisado, solo por no llorar del destre que hice, pero es que lo mas cerca que he estado de una pelea de tios es eso que dicen de "hey, pelea pelea!"... y luego ni se pegan ni na´... .-.
- Alguien tiene alguna teoria de tu familia? (venga que esta chupado XD)
- Como dejamos a Kido? Cabrón o lo hace por que tiene que hacerlo?
- Que podria tener el padre de Goeji en su despacho del hospital que pudiera interesar a kegellama? y por que trabajas para él?
- Natsumi... no digo más. la única persona, (Con Kido y Kagellama) que ha salido feliz y contenta. La chica no es tonta ni nada... Pasará algo entre esos dos?
- Y por terminar... supociones-chans para ese beso de la penúltima parte?
