¡Hola! Traigo un capítulo largo para compensar el tiempo que tardé en subirlo. Lo siento, últimamente me he comprado muchos juegos muy buenos y no me he despegado de las consolas. Sí, soy una videojugadora que se obsesiona jugando por horas y horas, eso me hace muy feliz.

Espero que este capítulo les guste, está lleno de cosas raras y un poco de romance, últimamente he andado de buenas :D

Disclaimer: Beyblade y sus personajes no me pertenecen

Advertencia: Uso de drogas.

Capítulo 10

La Casa de Citas era un establecimiento que, si no fuera por las titilantes luces neón de las paredes, estaría totalmente oscuro. Olía a algo entre cítrico, madera y un tercer aroma que Yuriy no logró reconocer. La entrada era un par de puertas que colgaban de la mitad del marco, resguardas por dos fornidos guardias, los cuales los dejaron pasar sin hacerles preguntas. Tan pronto entraban, estaba la recepción, Brooklyn pidió un cuarto vacío y Yuriy sintió como lo arrastraba por reducidos pasillos cubiertos de terciopelo negro. Cada cinco metros había una puerta, y podía escuchar gemidos proviniendo de ellas.

-Esto es para al rato, para el dolor jajaja – rio Brooklyn e introdujo un par de pastillas en el bolsillo del pantalón del pelirrojo – te sentirás tan bien que ni te acordarás de qué pasó

Yuriy se sentía totalmente fuera de sí mismo. La mano de Brooklyn en su brazo era como una cadena que lo jalaba hacia adelante, sus pies caminaban solos, y Yuriy no podía parar. Su cabeza le daba vueltas y su garganta ardía tanto que casi no podía hablar, su voz se escuchaba como apenas un suave susurro que se perdía en la música que ambientaba el lugar. Había intentado decirle a la recepcionista que él estaba siendo llevado a la fuerza, pero ella ni siquiera había alzado la vista. Yuriy apretó los ojos. Sabía lo que iba a pasar.

-Ya casi llegamos – comentó Brooklyn y volteó a verlo, riéndose y después giró en una esquina sin fijarse, chocando con alguien de frente – Lo siento

-No hay problema – respondió el chico, a quien Yuriy nunca había visto, pero el que venía detrás de él, definitivamente lo conocía

Extendió su mano, la cual se sentía ajena a él, y tomó su brazo lo más fuerte que pudo, deteniendo al chico que estaba tan metido escribiendo algo en su celular que ni siquiera se había percatado de la situación. El muchacho lo miró, listo para reclamarle, pero luego se sorprendió de verlo.

-¿Yuriy? ¿Qué haces aquí?

-Johnny

Brooklyn bajó la guardia y Yuriy se soltó, entonces se acercó a Johnny, alejándose del pelirrojo de ojos verdes.

-Si Bryan se entera que estás aquí nos va a matar a los dos – comentó el millonario, aún sorprendido de verlo en ese lugar

-Yo lo vi primero – reclamó Brooklyn, tomando nuevamente el brazo de Yuriy

-Este no está en renta – respondió Johnny y empujó a Brooklyn, haciendo que chocara con la pared

El chico que iba con Johnny se acercó a Brooklyn.

-Cariño, por favor, no armes un alboroto, me van a correr – le pidió a Johnny mientras ayudaba a Brooklyn a incorporarse – yo te daré lo que quieras, guapo – se ofreció al ojiverde

-Johnny – el enojo que sintió Yuriy en ese momento tuvo sus ventajas, ya que logró alzar la voz, y que esta regresara casi a la normalidad- ¿¡Sabes qué hora es!? Mi mamá ya debe estar en la casa

Tomó a Johnny de la cintura y lo empujó, guiándolo hacia la salida si es que recordaba donde estaba.

-Oye, Yuriy -Escuchó detrás de él y volteó a ver a Brooklyn sin dejar de empujar a Johnny por la espalda – Ven a visitarme pronto – Brooklyn sacó la lengua y la movió de arriba abajo, dándole a entender lo que quería

El ojiazul regresó su vista a la playera de Johnny y lo empujó hasta la salida.

Se dirigieron en silencio hacia el estacionamiento. Una, porque Yuriy apenas podía hablar y dos, porque Johnny estaba muy metido en su celular y no le importaba el chico en esos momentos. Sus deseos carnales ya estaban satisfechos por esa noche.

-Cielos, Yuriy, te ves fatal – comentó Robert - ¿Dónde estabas? Jo, mis llaves

El mencionado le entregó sus llaves, sin dejar su celular.

-¿Con quién te escribes? – Robert abrió su carro y miró a Yuriy - ¿Lo vas a llevar a su casa?

Johnny alzó la vista y miró a su amigo, para después ver al ojiazul. Se acercó a Robert y susurró algo en su oído. Robert soltó las llaves por la sorpresa.

-¡¿Qué?! – Se llevó la mano a la boca y después se agachó a recoger las llaves - ¿Quién te dijo? Jonathan, déjate de pendejadas

-Es verdad. Kai me escribió – respondió Johnny

-¿De qué hablan? – Yuriy se acercó y se sostuvo de la puerta del carro – ya vámonos, me voy a desmayar en cualquier momento

-Ray está muerto – era la primera vez que Yuriy escuchaba la voz de Johnny tan seria – tu novio Kai fue quien me lo dijo

-Llévame a mi casa – pidió el ojiazul

Había escuchado bien al otro pelirrojo, pero su mente no procesaba nada en esos momentos. Al menos, esas palabras no tenían ningún sentido, de seguro había escuchado mal o lo que fuera.

-El entierro será mañana – terminó Johnny y se guardó el celular – paso por ti a las 10 a tu casa, ¿No Rob?

-Hombre, qué cruda vamos a tener mañana. Pero bueno… es Ray, caray – Robert se limpió el sudor de la cara – no lo puedo creer. ¿Cómo murió?

-No me dijo, y ya no me respondió los demás mensajes. Te veo mañana entonces.

Johnny se acercó a Robert y le plantó un suave beso en los labios antes de dirigirse a su propio carro. Yuriy tardó unos segundos y reaccionar, pero siguió al chico hasta su auto, subieron a él y recargó su cabeza en el respaldo.

-No lo puedo creer – mencionó Johnny antes de encender la máquina – Kai no juega con ese tipo de cosas, ¿Verdad?

Miró hacia atrás para echarse de reversa y emprendió la marcha a casa de Yuriy.

El ojiazul lo ignoró e intentó fijar su mirada en el reloj del auto. Marcaban las 3:45. Mel iba a estar furiosa. Estaba más muerto que Ray.

Johnny se detuvo en una tienda de conveniencia antes de llegar a su casa y le dijo a Yuriy que esperara. Regresó con una botella de agua y lo hizo tomársela toda. ¿Por qué todos le daban agua cuando se sentía así? No lo sabía, pero hizo efecto.

No se sentía del todo bien, pero había ayudado muchísimo.

-Entonces… Ray… - preguntó, doblando en la esquina de su casa - ¿De verdad?

-Eso dijo Kai, y según yo, él no es el tipo de chico que hace ese tipo de bromas pesadas

-No, Kai no jugaría con algo así….

-Ahora que lo pienso, no lo he visto en toda la semana

Se detuvo afuera de la casa. Las luces estaban encendidas.

-¿Quieres entrar? – lo invitó Yuriy

-¿Y que tu hermano me coma vivo? No gracias. Suerte, matador.

Yuriy no dijo nada y se bajó del auto. Sabía que le esperaba algo peor que la muerte. Su mamá de seguro le daría una bofetada, o le gritaría tan fuerte que despertaría hasta a Ray de entre los muertos. O peor, lo correría de la casa. Apenas iba a empezar a caminar hacia el pórtico, cuando la puerta se abrió y Mel salió echa un bólido por ella, corrió hacia él y lo tomó entre sus brazos, estrujándolo con fuerza.

-Mi amor, Yuriy, Dios… estaba tan preocupada… ¡¿Dónde carajo estabas?! – Lo miró a la cara – Dios, no vuelvas a hacerme esto, corazón – volvió a abrazarlo y lo llevó a la casa – te ves fatal, ¿Estás bien? ¡¿Dónde estabas?! Te haré un tecito para que te mejores

Mel se dirigió a la cocina sin dejarlo hablar. Yuriy notó a Boris sentado frente a la televisión, y más allá, a Bryan y a Logan sentados en un viejo sillón al lado de un cubo con sombrillas afuera del cuarto del peli lavanda.

-Mamá, ¿Puedo hablar contigo? – preguntó su hermano desde lejos, con su mirada clavada en Yuriy

-Sí, mi vida, ahorita que termine de preparar el té

El pelirrojo, molesto, caminó hasta donde estaba Bryan y habló en voz baja.

-¿Qué vas a decirle? ¿Que tus amigos ricachones son unos drogadictos y unas zorras?

-¿Ellos son los drogadictos? – Respondió Bryan – mira tus pupilas, Yuriy. ¿Y los aretes? ¿Y que ese imbécil te tocara? ¿Quién es la zorra?

-Cómo te atreves…

Yuriy sintió una descarga de adrenalina, mucho coraje e ira, sintiéndose más consciente de lo que estuvo a punto de pasarle en La Avenida ahora que estaba en la seguridad de su casa. Tomó una de las sombrillas más grandes y se abalanzó contra su hermano.

-¡¿Qué haces?! -Por instinto y para su defensa, Bryan tomó la sombrilla en sus manos y detuvo el ataque

-¡Me vas a delatar! – gritó furioso el ojiazul y se abalanzó sobre él

Bryan aún tenía los brazos arriba sujetando la sombrilla, y al recibir el peso de su hermano, fue lanzado hacia atrás, golpeando accidentalmente a Logan en la nariz con fuerza.

-¡Estúpido! – gritó Bryan y se levantó, aventando a Yuriy al piso y revisando a Logan, cuya nariz sufría una hemorragia

Yuriy se levantó del piso de un brinco e iba a arremeter contra su hermano, pero Mel lo tomó por la cintura, mientras veía como Boris sujetaba a Bryan de los brazos, evitando que ambos hermanos se despedazaran.

-¡Mamá, mira lo que hizo! – gritó Bryan, señalando a Logan - ¡Te voy a partir la cara, Yuriy!

-¡Inténtalo, escoria! – gritó más fuerte el menor, pero no tenía en ese momento la fuerza suficiente para soltarse de su madre

-No fue su culpa, Bry – dijo Mel, intentando calmarlos – Yuriy, por favor vete a tu cuarto – Mel lo jaló, llevándolo al pasillo que llevaba para allá, y acariciando su cabello

-¡Suéltame! ¡No me toques¡ ¡No toques mi cabello! – gritó el ojiazul

-Tranquilízate, corazón, ¿Qué tienes? – preguntó suavemente, en un intento de relajarlo, pero volvió a acariciar su cabello, el cual estaba revuelto y caía pesadamente sobre el rostro del ojiazul por el sudor

-¡Ya te dije que no me toques! ¡NADIE PUEDE TOCARME! ¡TODO ES TU CULPA! – gritó una vez más, escupiendo, mientras sus ojos se llenaban de lágrimas y daba grandes pasos hacia su cuarto

Mel respiró profundo y lo dejó alejarse, apresurándose a llegar junto a Logan, quien continuaba sangrando

-Ven al baño, cariño, detendremos el sangrado – dijo Mel, guiándolo al baño que quedaba afuera de la casa, el que usaba Bryan, seguida por Bryan y Boris

Yuriy abrió la puerta de un golpe, y esta se azotó contra un mueble. Encendió la luz y se quedó pasmado unos momentos por la imagen.

Sobre su cama, estaba Ian, quien se acaba de despertar por el sonido y la luz, pero junto a él estaba Wolborg, quien se paró de un brinco y corrió hacia Yuriy.

-¡No! – El ojiazul se lo quitó de encima suavemente y corrió a su cama, la cual tenía una gran mancha en medio - ¡Te zurraste en mi cama! – le reclamó al perrito y su vista se dirigió a la ventana, la cual estaba abierta totalmente, luego miró a su amigo - ¡Ian! – Gritó y lo agitó - ¡Despierta, cabrón!

El pequeño le sonrió, aún adormilado.

-Por fin llegas, tu mamá estaba muy preocu…

-¡Ian! ¡Dejaste la ventana abierta! ¡Wolborg se orinó en la cama!

Ian lo miró por un par de segundos en lo que regresaba totalmente a la realidad y después soltó una pequeña risita nerviosa.

-Lo siento… cambiaré las cobijas

-¡No es gracioso, tarado! ¡Me siento fatal y todavía tenemos que cambiar las sábanas! – Salió del cuarto, con Wolborg detrás de él, moviéndole la cola, y le gritó a su mamá - ¡MAMÁ!

Mel se asomó.

-¿Qué pasa?

-¡WOLBORG SE ZURRÓ EN LA CAMA!

Mel se acercó y se asomó a su cuarto, seguida de Boris, quien se había mantenido callado durante todo el rato. Ambos vieron la mancha en la cama y después Boris puso una mano en el hombro de Mel.

-Yo me encargo – se ofreció el hombre

Ella sonrió y le agradeció, para después dirigirse de regreso al baño de afuera.

-¡Esto no es un hotel! – le gritó Yuriy a su mamá cuando sabía que aún podía oírlo

Ian se hizo a un lado para dejar pasar a Boris, quien comenzó a remover las sábanas de la cama.

-¿Sabes Yuriy? No deberías hablarle así a tu mamá – lo regañó Boris – ella hace todo por ti y tú solo…

-A ti nadie te pidió tu opinión, drogadicto aprovechado hijo de puta

El hombre reaccionó ante sus palabras y se giró para clavar una mirada asesina en los hermosos y dilatados ojos azules de Yuriy.

-Arréglatelas tú solo, pendejo – respondió y le aventó la húmeda sábana a la cara

-Son todos unos imbéciles – dijo Yuriy y aventó todas las cosas al piso - ¡Ian! Saca a Wolborg

El Husky Siberiano daba vueltas por todo el cuarto, meneando la cola, feliz de haber dormido en el cuarto de su amo.

-Ven, Wolborg – Ian lo sacó por la ventana y después cerró – Yuriy, lo siento…

-Cállate y ayúdame -Quitó todas las sábanas y notó que la pipí había traspasado hasta el colchón- maldita sea

-Perdón – se disculpó nuevamente y sacó ropa de cama limpia del closet de Yuriy

-¿Qué haces aquí de cualquier forma? – preguntó el pelirrojo mientras, entre los dos, le daban la vuelta al colchón

-Mi mamá tuvo que ir de emergencia al hospital, al parecer había falta de personal y por lo que pasó en el parque no quería que durmiera solo. Ya sabes, los drogadictos a veces se meten a las casas. Entonces le pidió a tu mamá si me podía dar posada y ella aceptó, pero cuando llegué no estabas, me hizo de cenar y luego todos te estaban buscando, pero me ganó el sueño y…

-¡Ya! – Lo detuvo – me duele la cabeza horrible y hablas demasiado, ya cállate. Sólo dime, ¿Bryan le dijo algo a mi mamá?

-¿Bryan está aquí? – preguntó, colocando las sábanas

-Sí – respondió Yuriy, sintiéndose nuevamente mareado y a punto de perder el conocimiento. Se dejó caer en la cama antes de que estuviera totalmente lista y se quedó dormido al instante.

Afuera del cuarto, en la sala, Bryan sentaba a Logan en el sillón, mientras regresaba a su cuarto por ropa. Iba a pasar la noche en su casa, pero después de la pelea no quería permanecer ahí y tener que lidiar con su hermano.

Una vez que salió del cuarto, cuando iba a ayudarle a Logan a levantarse, notó que su mamá estaba en el piso de la cocina, llorando, tomando del té que supuestamente era para Yuriy. Iba a decirle algo cuando notó que Boris estaba frente a ella, masajeando sus pies, diciéndole palabras de ánimo.

La imagen impactó a Bryan. Tenía mucho tiempo que no veía a su mamá llorar, y jamás pensó que Boris la reconfortaría de esa manera.

Se dio la vuelta, aún fuera de sí mismo, y regresó con Logan. Lo ayudó a ponerse de pie. La hemorragia ya se había detenido, e iban a regresar a su casa.

-Mamá – Bryan se acercó a ellos – vendré mañana temprano. Por ahora, llevaré a Logan a que descanse y me quedaré con él – miró hacia la puerta de Yuriy - ¿Estás bien? – le preguntó, mirándola nuevamente a ella

-Sí, corazón. Logan, lo siento, Yuriy no lo hizo a propósito.

-Lo sé – respondió él – que pasen buenas noches

Ambos chicos salieron de la casa y cerraron la puerta tras de sí.

-¿Te apetece un baño caliente? – Preguntó Boris, levantándose – puedo preparar el de afuera, para poder… - llevó su mano debajo de la falda de Mel

-Está bien – sonrió la mujer, secándose las lágrimas – en un segundo te alcanzo

Boris sonrió y se perdió de vista tras el corredor.

Mel se recargó en la pared y soltó un largo suspiro. Se levantó, colocó la taza en el lavadero y tomó el teléfono, marcando un hombre al que no llamaba en mucho tiempo, pero que estaba bien presente en su mente todos los días.

-Despierta – Ian movió el brazo de Yuriy

-¿Qué?

-Estabas teniendo una pesadilla

El ojiazul abrió los ojos. La luz estaba encendida y él estaba a media cama. No había dormido más de un minuto, eso era seguro, y se levantó.

-Termina de hacer la cama, voy al baño – se levantó y salió del cuarto.

Iba a entrar al baño cuando Yuriy escuchó la voz de su madre.

-Está fuera de control… lo hubieras visto, tenía fuego en su mirada…. Jamás me había dado tanto miedo…. Sé que estás ocupado, pero… yo entiendo, pero… escúchame. Estoy asustada… Ven mañana, por favor. Por favor. Yuriy te necesita también… Sé que para ti ya no somos tu familia, pero los niños siguen siendo tus hijos…

Yuriy se encerró en el baño. El hombre en el teléfono era su padre, rehusándose a ir a verlos. Probó el salado sabor de las lágrimas que ahora bajaban por sus mejillas y se dejó caer al piso.

Se hizo una bolita recargado en la pared y sollozó. Gateó hasta la taza y sacó su trapo detrás del aljibe, y después se levantó y tomó la navaja que escondía detrás del espejo. Bajó la tapa y se sentó sobre ella.

Entonces miró al piso del baño. En ese mismo lugar era donde su tío lo había tomado a la fuerza.

Sin pensarlo dos veces, se clavó la navaja en un ángulo incorrecto y la soltó al instante, sintiendo un terrible ardor que nunca había experimentado antes al cortarse. Vio una ridícula cantidad de sangre brotando de la nueva herida y corrió a enjuagarse, para después detener la hemorragia haciendo presión con el trapo.

Nadie lo quería. A nadie le importaba. Tal vez lo mejor sería morir. Pero…. A Kai sí. Kai se lo había dicho, que lo quería… y quería volver a verlo. A besarlo. A sentirse seguro entre sus brazos.

Se limpió el rostro con el dorso de su mano sana y echó su cabeza hacia atrás.

Uno más.

Trazó una línea recta en su brazo, lejos de la gran herida que acababa de hacerse, y ésta sí le gustó. Disfrutó del dolor que le ocasionó esta nueva herida y después clavó su mirada en el techo.

¿Por qué no puedo dejar de llorar?

No era solo su padre, el cual tenía años sin ir a visitarlos. No era tampoco la traición de Bryan al querer delatarlo con su madre. No era el desastre que había hecho Wolborg en su cama. Ni que Ian abusaba de la amabilidad de su mamá, o que Boris se aprovechara de la situación de Mel. O que Kai no hubiera pasado esa noche con él. Había algo más.

Era como una canción triste que sonaba todo el tiempo y jamás parecía terminar. Los eventos de su día hacían que dejara de escucharla, pero al llegar la noche, y cuando se quedaba solo, siempre regresaba. Y a veces sonaba más triste, como en ese momento. Como si tocaran los acordes más lentos y dolorosos a propósito.

La navaja en sus dedos se dirigió a su brazo una vez más, para rasgar esa blanca piel, casi hasta llegar a donde sobresalía su hueso. Entonces la dejó caer. Se cubrió con el trapo y sollozó mientras varias lágrimas bajaban por sus mejillas.

¿A poco se sentiría así toda la vida? Esperaba que no. Tal vez no eran sus problemas lo que lo hacían sentirse tan mal. Ni siquiera eran las personas. Llegó a pensar que lo triste era la vida en sí misma. La soledad. La pobreza. Una hermosa familia destruida.

Suspiró e intentó detener su llanto. Frunció los labios, se tragó su orgullo.

Removió el trapo para apreciar las heridas. Jamás se habían visto tan hermosas como esa noche.

Las desinfectó una vez más y guardó el trapo en su lugar secreto.

Se limpió el rostro y, una vez logró controlarse, salió del baño y se encerró en su cuarto. No encendió la luz y se metió en la cama, dándole la espalda a Ian. Cerró sus ojos, deseando que cuando los abriera, despertara en un lugar lejano.

Pero no fue así. Despertó porque su estómago imploraba por comida. Sintió un nefasto dolor de cabeza y frunció el ceño. Se dio la vuelta, pero Ian no estaba ahí. La ventana anunciaba que era alrededor del mediodía.

Se sentó en la cama y miró su playera. Al menos, esta no se había manchado con la sangre.

Se sujetó la cabeza y recargó sus codos en sus piernas.

¿Qué coño había pasado la noche anterior?

Un montón de recuerdos sin sentido se repetían una y otra vez en su mente. La caricia de Brooklyn en su abdomen. La mancha en su colchón. Logan con una hemorragia nasal. El interior de la Casa de Citas. Johnny diciendo que Ray estaba muerto. Johnny acostado en su cama. Bryan viendo sus perforaciones.

Poco a poco, su mente se fue aclarando, hasta que su estómago rugió tan fuerte que Yuriy se levantó a buscar comida. Ingresó al baño para lavarse la cara y los dientes y entonces notó su terrible aspecto. Tenía enormes bolsas debajo de los ojos y ojeras que parecían un antifaz. Sus labios se veían secos, y el rosadito de sus mejillas se había ido. Su cabello estaba revuelto. Era un desastre. Consideró tomar una ducha, pero otro rugido de su estómago le ordenó que fuera a la cocina.

Al salir del baño y caminar hacia la cocina, escuchó voces en el patio. Una voz familiar, de mujer, pero que no reconoció. Salió y fue recibido por Wolborg, quien le brincó en el regazo. Yuriy acarició su pelaje y le dio un suave beso en su frente.

-Lamento haberte gritado anoche – se disculpó y lo soltó – eres el único de esta casa que jamás me va a abandonar, ¿Verdad Wolborg?

Retomó su camino hacia las voces y encontró a su mamá sentada, riéndose mientras platicaba con la mejor amiga de su madre llamada Judy, la cual era una hermosa rubia de ojos azules y con la mamá de Ian. Al pequeño no se le veía por ningún lado. Ni a Boris. Ni a su hermano y a Logan.

-Ven a comer, corazón – lo invitó su madre y Yuriy se sentó junto a ella

-Lo siento – se disculpó el pelirrojo y recargó su frente en el hombro de Mel, escondiendo su rostro en su cabello

-Hablamos después, cielo, ten come esto, debes de tener mucha hambre. Son casi las 5

Yuriy vio cómo su mamá jaló un plato de un delicioso espagueti con salsa boloñesa más albóndigas, con orégano y queso. La pasta favorita de Yuriy.

-¿Dónde está Ian? – preguntó el pelirrojo comenzando a comer –Dios, esto está riquísimo

-Se regresó a la casa desde hace rato – respondió la mamá de Ian – dijo que tenía que avanzar con el proyecto

El proyecto pensó el pelirrojo tan pronto termine de comer haré lo que falta

-Te levantaste muy tarde – comentó Judy – comimos todos, ¿verdad? Estaban tu hermano, el pequeño Logan, Ian, Boris, mi marido – hizo una pausa – pero eso fue hace horas, y solo nos quedamos las viejas a chismear

-Oye, Logan ya no es un pequeño – bromeó la mamá de Yuriy – y yo no soy vieja

-No, no lo eres – mencionó Yuriy

-Señoras cuarentonas con cuerpos de veinte – comentó la madre de Ian

-No hay que quitarle años a la vida, sino ponerle vida a los años, ¿O cómo dice Arjona? – dijo Mel y todas, incluso Yuriy, se empezaron a reír

La plática continuó amena por casi diez minutos, dándole tiempo al pelirrojo de comer en un ambiente agradable con gente que conocía de hace años.

Se relajó, echando la cabeza hacia atrás y disfrutando del aire fresco cuando escuchó cómo abrían la puertita que daba de la calle al patio.

Alzó la mirada y se encontró con unos ojos lavanda que lo hicieron quedarse en shock por unos segundos. Su padre.

Yuriy se enderezó y se tensó, al igual que las otras tres mujeres.

Mel se levantó y se acercó a él. Se miraron a los ojos, lavanda contra azul durante un par de segundos y después se estrecharon las manos.

-Gracias por venir – dijo Mel

-No tengo mucho tiempo – respondió él y su mirada se posó en Yuriy

El pelirrojo se levantó de la silla y se dirigió a la parte más escondida de la casa, donde había una pequeña banca. Se sentó ahí y Wolborg corrió hacia él, subiendo sus patitas a la pierna de Yuriy. Este sonrió y lo acarició.

Su sonrisa desapareció de su rostro cuando su padre se acercó y se sentó a su lado.

-¿Y este perro? –Preguntó el señor cuando Wolborg olió sus pies y después le movió la cola, acercándose para que lo acariciara – ¿Cómo se llama?

-¿Qué haces aquí? – preguntó el ojiazul, ignorando su curiosidad por Wolborg

-Vine a ver como estaban. ¿Y tu hermano?

-No sé, supongo que con Logan – respondió cortante

-¿Siguen juntos? – Su padre acarició el lomo del perrito - ¿Cuánto tiempo llevan ya?

-Ja. Si vinieras más seguido lo sabrías – se levantó – ya tienen cinco años, tal vez más – le dio la espalda – y Bryan prácticamente vive en su casa. Trabaja con él.

-¿Y tu madre? ¿Sigue con Boris? – se levantó también

-¿Tú que crees?

-Yuriy – su padre lo tomó del hombro suavemente y le dio la vuelta – no puedo saber si no hablas conmigo.

-¡DOS AÑOS! – Le gritó Yuriy, dando varios pasos atrás - ¡Dos años sin siquiera una llamada! – sintió sus ojos humedecerse - ¡Tú ya no eres bienvenido en esta casa!

-No he podido venir antes… - respondió, y Yuriy notó que sus palabras le habían afectado.

Aún le sorprendía lo mucho que Bryan se parecía a su padre. ¿Así lo veía Bryan a él de parecido con Mel?

-Boris se mudó aquí – respondió y se sentó nuevamente en la banca.

-Ya veo. ¿Y tú? ¿Ya tienes novia? ¿Qué tal la universidad? – se sentó junto a él

-Me va bien – respondió, buscando las palabras adecuadas – y no, no tengo novia. Soy gay, papá. Estoy saliendo con un chico, pero no somos novios…

Notó cómo su papá alzó los hombros ante su declaración, lo miró con algo más que sorpresa y notó un hilo de decepción en su mirada.

-No olvides… - notó a su papá sonrojarse – usar protección….

-Ja – Rio cínicamente - ¿Te largas seis años y ahora vienes a darme la plática?

Su padre se quedó en silencio. Yuriy se cruzó de brazos y miró a Wolborg, quien llevaba ramas a los pies de su amo para que jugaran juntos. El ojiazul tomó una y la lanzó lejos, a lo que el can salió corriendo tras ella.

-¿Por qué no viniste antes? – preguntó Yuriy

-Tengo otra familia – respondió

Yuriy abrió la boca, sorprendido de su declaración. No supo qué hacer. Miró a su padre, quien evadía su mirada y observaba los graciosos movimientos de Wolborg.

-¿Te volviste a casar? – preguntó, queriendo saber más

-Sí – por primera vez, notó a su papá sonreír – es una muy buena mujer, a ti te caería bien

-Lo dudo – respondió

-Tienes dos medios hermanos y una media hermana

Esto fue como un golpe de agua fría para Yuriy. Todo su cuerpo se tensó, un nudo se formó en su garganta y sintió un enorme vacío en el estómago. El mundo le dio vueltas y apretó los dientes.

Entre ellos reinó un silencio sepulcral que fue roto solo cuando el celular de su papá sonó brevemente. El mayor lo miró e ignoró el mensaje recibido, pero accedió a las fotos del dispositivo y buscó una.

-Ellos son tus hermanos – le pasó el celular a Yuriy

-Mi único hermano es Bryan – respondió, pero tomó el aparato

En él se veían a dos niños de aproximadamente tres años a ambos lados de una cuna donde había una pequeña y hermosa bebé de menos de un año.

-Su madre sabe que estuve casado – mencionó su papá – pero no le dije que tenía dos hijos… y nunca hablamos del tema – cambió la foto y puso una donde estaban los cinco. El padre de Yuriy cargaba a uno de sus hijos, mientras que la señora, de cabello pelirrojo y ojos verdes cargaba a la bebé, mientras que el otro hijo la abrazaba de una pierna.

-Son gemelos – comentó su papá – y la bebé no tiene mucho que nació

-Es una familia hermosa – comentó Yuriy, escondiendo sus ojos bajo su cabello – ¿Por qué no les has hablado sobre nosotros?

-No me tomes a mal lo que te voy a decir – recibió el celular cuando Yuriy se lo regresó y se lo guardó en la chamarra – pero mi esposa es una mujer muy… conservadora. No creo que sea buena idea que se conozcan, Yuriy.

-Ja – sintió una pequeña lágrima amenazando con escapar de su ojo, pero la limpió antes de que bajara por su mejilla – Es verdad. Dos hijos gay. Uno violado por su tío, una ex esposa sin…

-Yuriy – su padre lo sujetó de los hombros – yo los quiero a ti y a Bryan como…

-¡Mentiroso! – Se soltó y se levantó – escuché cuando mi mamá te marcó ayer. No querías venir. Y ni se te ocurra decir que nos quieres a mí y a mi hermano, porque eso es mentira. Llegaste después de dos años sin vernos y ni siquiera te atreviste a darme un abrazo. ¡Nos abandonaste cuando mi mamá más te necesitaba! ¡Eres un… cobarde!

-Yuriy… - su papá se levantó también – sé que los decepcioné. Pero yo no podía. Yo sé que a ti no te gustan las mujeres, pero después de lo que le pasó, tu madre dejó de llenarme, ya no era lo mismo, conocí a esta mujer…

El ojiazul no logró controlarse y soltó un puñetazo a la cara de su padre, pero fue sujetado por Bryan, quien llegó tan sigilosamente que ninguno de los dos lo había escuchado.

-¡Mi mamá es más mujer que todas! ¡No te atrevas a decir nada de ella! ¡Tú nos abandonaste, eres un asco! ¡Te odio! – Gritó, con Bryan aun sujetándolo - ¡Ella te necesitaba y tú te fuiste para tener tu nueva familia perfecta!

-¿Tienes otra familia? – preguntó Bryan, sorprendido

-Sí – respondió su padre

-Tiene tres hijos con una zorra – respondió Yuriy y se soltó de su hermano

-No la conoces, no la llames así – su padre pasó su mirada de Yuriy a Bryan – le estaba mostrando a Yuriy a tus tres medios hermanos…

En ese momento, el celular de su padre sonó y después de ver la pantalla les hizo una seña de que le dieran un momento y se alejó de ellos.

-¿Hermanos? – preguntó Bryan

-No son nada nuestro – Yuriy miraba con coraje a su papá

-No, mi amor, estoy con unos clientes, ve tu por los niños… sí, también te amo, adiós

Bryan se cruzó de brazos y Yuriy sintió cómo una segunda lágrima bajaba por su mejilla.

-Lo siento – se acercó su padre – tengo que irme – sacó su cartera y les extendió varios billetes – sé que he fallado como un padre, pero vendré más seguido, no pensé que las cosas estarían así… No pensé que su madre seguía con Boris. Hablaré con ella.

-Ni se te ocurra – respondió Bryan – él ha hecho más por ella ayer y hoy que tú en los últimos cinco años

-Bryan – reclamó Yuriy - ¿De qué estás hablando? ¡Que se largue!

-Será mejor que te vayas. No queremos tu dinero. – Dijo Bryan con voz firme – No nos ayudaste cuando fuimos a tu casa a pedírtelo, cuando era una emergencia. No esperes que sea bien recibido ahora, solo porque te diste cuenta de que ya no te queremos aquí.

-Se lo dejaré a Mel – se resignó su padre y se acercó para abrazar a sus hijos, pero ambos se hicieron hacia atrás, rechazando el contacto – chicos…

-Vete – pidió Bryan

-Vendré el próximo fin de semana – les sonrió y se dio la vuelta para regresar con Mel

Ambos permanecieron en silencio hasta que su papá se perdió de vista.

Bryan miró a Yuriy, quien mantenía su cabeza agachada, su rostro cubierto por su cabello, y notó los sollozos en su espalda.

-Me delataste – reclamó el ojiazul cuando vio que Bryan se iba sin decir nada

-¿Qué? - respondió el peli lavanda deteniéndose y volteando a verlo

-Le dijiste a mi mamá sobre los aretes

-No le dije nada – respondió – y no pensaba hacerlo. Sólo la lastimarás si sigues haciendo esas porquerías.

-¿Y de qué ibas a hablar con ella?

-Que no te dejara salir tan noche. Esta conversación aún no termina, Yuriy. Esos aretes no me gustan para nada. – Bryan se empezó a alejar, y Yuriy no supo qué decir.

Se volvió a sentar en la banca y llevó sus manos a su rostro. Se secó las lágrimas y talló sus ojos, los cuales ardían.

Se sentía mareado, y no podía olvidar la fotografía de la nueva familia de su padre. No lo podía creer. ¿Cómo se atrevía a ir después de tanto tiempo, fingir que aún los quería, intentar darles dinero, mostrarle esa foto? ¿Qué no sabía cuánto dolía?

Iba a levantarse para dirigirse al baño y cortarse con la navaja cuando alzó su vista y vio a Mel acercándose. Se sentó junto a él y le sonrió, pasando un brazo por sus hombros.

-¿Qué te dijo? – preguntó la mujer y le dio un beso en la frente, entonces se dio cuenta de la humedad de sus ojos - ¿Por qué lloras?

-El traidor tiene otra familia – respondió y miró a Wolborg, quien estaba brincando en las piernas de su madre -¿Lo sabías?

La mujer no dijo nada y suspiró, apretando más fuerte los hombros de su hijo

-Mamá – Yuriy se quitó su brazo de encima - ¿Lo sabías sí o no?

-Sí – respondió – la última vez que hablé con él fue cuando nació la niña

-¿Por qué no nos dijiste? – Yuriy se levantó y Wolborg corrió hacia él, mordiendo su pantalón para llamar su atención

-Mi amor, es tu papá quien debía decirles, no yo… – su mamá se levantó y se acercó a él para acariciar su cabello

-¡MAMÁ! – Gritó - ¡Ya te dije que no toques mi cabello! ¡No quiero que me toques! ¡Y él…!

-¿Qué tienes en la lengua?

Maldición

Yuriy se volteó. Por su enojo se le había olvidado que no debía abrir mucho la boca, pero ahora, al gritar, había permitido que su mamá viera su arete.

-No es nada – respondió e iba a caminar hacia la casa

-¿Qué es eso? – Mel lo tomó con fuerza del brazo y Yuriy soltó un leve quejido, ya que justo había presionado sus nuevas heridas. Claro que llevaba una playera de manga larga, pero aun así le dolió el contacto

-Nada, suéltame – empezó a forcejear

-YURIY

La enojada y tensa voz de su madre hizo que se quedara quieto unos segundos y Mel lo tomó del rostro.

-Abre la boca – ordenó ella

Yuriy negó e intentó soltarse.

-Yuriy, abre la boca y enséñame qué tienes en la lengua o te juro que te castigo dos meses

-Ábrela

Escuchó la voz de Boris detrás de él.

Yuriy se puso ansioso e impaciente mientras los dos lo observaban, esperando que abriera la boca. Él se quedó inmóvil.

-Si no la abres te quito todos los permisos, y eso incluye a Kai

Yuriy frunció el ceño.

-Ya no puedes prohibirme nada – respondió y sacó la lengua – es un piercing, mamá

Mel observó la pequeña bola plateada incrustada en la lengua de su hijo. Se llevó una mano a la cara y se frotó la barbilla.

-¿Qué tonterías son esas? – preguntó ella

-No son tonterías – Yuriy se alzó la playera y le mostró el de su ombligo – es lo que se hace ahora

Mel dio un paso hacia atrás y observó el segundo arete con una cara que Yuriy no pudo describir, pero que lo hizo sentirse mal consigo mismo.

-Lo que se hace ahora – repitió Boris sus palabras con tono de burla

-Te vas quitando eso ahora mismo – ordenó Mel cuando recuperó el aliento después de la impresión -¿Cuándo te los hiciste?

-Ja, no – respondió Yuriy y bajó su playera – me dolió mucho como para quitármelos. Tiene añoooooos – respondió, haciendo énfasis en la última sílaba

-Quítatelos ahora – repitió Mel – no lo volveré a decir. En esta casa no hay secretos, Yuriy, y tú me ocultaste esto por quién sabe cuánto tiempo

-¿Cómo puedes ordenarme eso cuando me ocultaste lo de la nueva familia perfecta de mi papá? – respondió molesto

-Lo hice para protegerlos a ti y a Bryan. Era tu padre quien debía decirles, no yo…

-¡Nos hubieras dicho! – reclamó, ya sin importarle abrir la boca - ¡Mira el basurero donde vivimos y él tiene su enorme casa con sus tres hijos!

-¡¿Basurero?! – Respondió Mel, más molesta por el comentario - ¡No me parto el lomo trabajando todo el día para que lo llames basurero!

-¡Nunca tienes dinero para darme! ¡Deberías de ver las casas y los carros de los otros chicos de mi escuela! ¡Vivimos en la miseria, mamá!

-¡No es cierto! – Mel dio dos pasos hacia Yuriy y él pudo notar lo alterada que estaba -¡No vivimos bien pero tenemos lo que necesitamos! ¿Un carro de lujo? ¿Una casa grande? ¡Agradece que tienes salud, Yuriy! ¡Y una madre que te ama a pesar de tus tonterías!

-Jaja – rio fingidamente el ojiazul -¿¡Salud!? ¡No puedes decir otra cosa porque no tengo nada más! ¡Y todavía dejas que este imbécil –señaló a Boris – y la mamá de Ian se aprovechen de nosotros! ¡Siempre que te pido dinero nunca tienes, pero a ellos siempre les das!

-Los ayudo de la forma que puedo – respondió ella, con un nudo en la garganta – estás castigado

-¡No puedes castigarme! – Respondió, aun gritando - ¡Ya no soy un niño!

-¡Entonces deja de actuar como uno! – Volvió a gritar - ¡Eres injusto, Yuriy! ¡Te lo he dado todo, siempre! ¿Y ahora me reclamas que no puedo darte un carro? ¡Sabes que hemos tenido muchos gastos!

-¡Por culpa de Boris! – Lo señaló una vez más - ¡¿Por qué te haces eso?! ¡Él no te merece!

-¿Qué tienes? – Mel se acercó a él, más preocupada que enojada de que su hijo respondiera así – Yo no te crie así, Yuriy. ¿Qué te pasó ayer que estás así?

El ojiazul evadió su mirada.

-Creo que… salir tanto con tu novio te está volviendo loco – comentó Boris

Yuriy no midió su fuerza y lo tomó de la playera, acercándose demasiado a él.

-No te atrevas a hablar de Kai, tú eres el culpable de todo aquí – comentó Yuriy

-¿Ah sí? Tú fuiste quien le rompió la nariz a Logan – respondió Boris, queriendo destrozar a Yuriy, pero era lo suficientemente inteligente para no hacerlo frente a Mel

-¡Fue un accidente! – gritó y lo soltó, entonces se dio la vuelta e iba a dirigirse a su cuarto cuando escuchó las últimas palabras de su madre

-Estás fuera de control – comentó ella

Frunció el ceño y al dar la vuelta notó a Judy secreteándose con la mamá de Ian, quienes lo miraron bastante molestas. Probablemente habían escuchado toda la discusión.

No dijo nada y corrió a encerrarse en su cuarto. Azotó la puerta y se dejó caer en la desarreglada cama.

Lo triste es vivir

Pensó Yuriy y se cubrió la cara con las manos antes de empezar a llorar. Su brazo le dolía. Sus ojos le ardían. Entonces recordó algo y se sentó rápido en la cama.

-Esto es para al rato, para el dolor jajaja – rio Brooklyn e introdujo un par de pastillas en el bolsillo del pantalón del pelirrojo – te sentirás tan bien que ni te acordarás de qué pasó

Se levantó de un solo movimiento y abrió su closet, tomó el pantalón que se había quitado antes de dormir y sacó las pastillas del bolsillo.

Sin pensarlo dos veces, se llevó una a la boca y la tragó sin agua. Le costó un poco ya que no estaba acostumbrado, pero no iba a salir y arriesgarse a encontrarse con su madre o peor, Boris. No tenía ganas de hablar con nadie.

Se dejó caer de espaldas en su cama y esperó por varios minutos hasta que hiciera efecto. De repente, empezó a reír. Todo era tan estúpido. ¿Para qué enojarse por la nueva familia de su padre? Los abandonaría como lo había hecho con ellos. ¿Por Boris? Era un drogadicto que algún día moriría de sobredosis.

Se volteó y soltó una carcajada.

Todos están locos… Yuriy veía las caras de todos sus conocidos a su alrededor. Qué bien se siente esto… inhaló huele rico… como a Kai… su mano se movió hacia su pantalón, donde se introdujo y tomó su miembro sí… Kai, así…

Continuó masturbándose recordando, muy vívidamente, cuando Kai le había dado sexo oral y no tardó mucho en venirse, tuvo que levantarse y tomar un pañuelo para eyacular en él y no dejar rastro de su secreto.

Se dejó caer boca abajo, sin poder dejar de reírse.

Se giró para ver el techo y notó que todo daba vueltas. Aún olía bien. Se sentía cómodo y feliz. Todo iba a estar bien.

Continuó disfrutando de los químicos que ahora recorrían su cuerpo hasta que se quedó dormido, presa del cansancio que aún acarreaba del fin de semana. Aun no estaba acostumbrado a los desvelos, y su cuerpo se las estaba cobrando todas.

Lejos de ahí, Kai miraba la tierra frente a sus pies. Se agachó y colocó una flor blanca encima del montón. Se quedó en esa posición mientras miles de recuerdos y arrepentimientos se apoderaban de él.

Ray… pensó, imaginando que el chico podría escucharlo, estuviese donde fuera- Jamás pensé que el último adiós que te dije sería para siempre… Quisiera poder regresar el tiempo y poder detenerte, que habláramos… Lo de Yuriy lo hiciste por mí, porque me querías, y yo me dejé llevar por mi enojo y te dije todas esas cosas… perdóname. Siempre traté de cuidarte lo mejor posible, y al final fui yo quien provocó tu muerte. Lo siento, Ray… pero algún día, espero nos volveremos a ver. En la otra vida, si es que hay. Y me perdonarás, si es que quieres… Ahora que estamos solos, en silencio, y que ya estás descansando de esa acelerada vida que llevabas… quiero decirte adiós una vez más. Llevaré un pedazo de ti conmigo el resto de mi vida… Lo siento Ray, te quiero.

Se levantó y se colocó sus lentes oscuros para ocultar sus lágrimas, aunque todos sabían que el chico se sentía igual de triste que su familia. Después de todo, era la persona más cercana a Ray.

-Me voy – le dijo a Lee

-Gracias por todo, Kai – respondió este, aun llorando – no solo te hiciste cargo de la carroza, sino del velorio y el entierro, y ahora también amortizarás los gastos de la lápida… - un nudo se formó en su garganta y no pudo seguir

Es lo mínimo que puedo hacer pensó Kai, pero no respondió nada. Apretó suavemente el hombro de Lee y se dio la vuelta.

Llegó hasta su carro e iba a subirse cuando sus amigos se acercaron a él. Todos se veían terribles. Los tres estaban llorando.

-¿Ya te vas? – preguntó Kenny

-Sí, tengo algo que hacer

-Nosotros nos quedaremos un rato más – Tyson se acercó a él y lo abrazó – ¿Nos vemos mañana?

-Sí, los veo en la escuela – Kai esperó a que el peliazul lo soltara y abrió la puerta

-Adiós Kai – se despidió Max y el bicolor solo hizo un ademán con su mano antes de abordar el auto

Avanzó hasta que quedó lo más lejos del cementerio, pero cuando aún podía ver las tumbas.

Nunca te olvidaré, Ray. Haré que a los malditos que te separaron de mí les destrocen el ano en la cárcel.

Una hora después, ya de noche, aparcó el carro frente a casa de Yuriy y tocó el timbre. Esperó y luego la puerta fue abierta, mostrando al pelirrojo. Sus ojos azules se abrieron con felicidad al verlo y lo abrazó por la cintura.

-Kai… - saludó el pelirrojo – estoy castigado

-Hmn – respondió el bicolor sin responder al abrazo ya que tenía una caja negra en sus manos y esta se lo impedía

-Te cuento adentro… pasa

Ingresaron a la casa y Kai vio que el chico estaba solo.

-¿Y tu mamá? – preguntó

-Fue a la iglesia con Boris, estoy solo… ¿Qué es eso? – preguntó al ver la caja en sus manos

-Es para ti – se la dio justo cuando entraron al cuarto de Yuriy

-¿Un regalo? – preguntó el pelirrojo con emoción y se sentó en la cama. Colocó el objeto en sus piernas y empezó a abrirlo.

-Yuriy, escúchame – Kai hizo que el chico lo mirara a los ojos y fue cuando Yuriy notó lo hinchados que estos estaban – el chico del parque, al que se estaban comiendo, era Ray

Los ojos azules se abrieron enormemente y dejó de abrir el paquete.

-No puede ser… - fue lo único que pudo decir. Hasta ese momento recordó lo que Johnny había dicho sobre su muerte – Ray…

Kai asintió. –Los culpables son los chicos que vimos esa vez, aquellos a los que Ray les vendió droga la primera vez que la probaste. Pon atención a lo que te voy a decir. -Tomó la caja de las piernas de Yuriy y la abrió, sacando el celular de última generación más novedoso del mercado.- Este teléfono es para ti. Los gastos corren por mi cuenta – Yuriy lo tomó, sonriendo emocionado – no quiero que te vuelvas a ir de tu casa sin permiso, a menos de que sea conmigo. Y no quiero – su voz se tornó molesta – que vuelvas a salir con Johnny McGregor - Yuriy alzó su vista y notó lo enojado que estaba Kai – hablé con él en el entierro de Ray hace rato. Me dijo que ayer fueron a La Avenida en la noche. Así que sí sé por qué estás castigado. Le advertí que te deje en paz, y también va para ti… no salgas con él, o te vas despidiendo de nuestra amistad.

Esta afirmación llamó la atención de Yuriy. Kai lo dijo con una voz tan firme y segura que el ojiazul no dudó lo decía en serio.

-¿Por qué estás tan molesto? – Preguntó el pelirrojo – No pasó nada con él

-Me dijo que estabas en la casa de citas con un chico. Te dije que no fueras ahí, Yuriy

-No quería ir, ese tal Brooklyn me obligó. Pero logré ver a Johnny, y me fui con él, así que no sucedió nada… – miró el celular, pero después regresó su vista a Kai - ¿En serio dejarías de quererme si salgo con él?

-Sí – afirmó, su mirada rojiza aún molesta

-¿Por qué?

-Juntarte con él no te traerá nada bueno. Yo no puedo cuidarte si tú te expones a ese tipo de peligros. Mira cómo terminó Ray.

-Pero no fue culpa de Johnny…

-En parte sí – Kai suspiró – hay algo que no te he dicho, Yuriy

El pelirrojo tomó la mano de Kai. –Sabes que puedes decirme lo que quieras, también hay algo que quiero decirte, si me permites antes de que tú me digas.

El bicolor no respondió, solo asintió y esperó a que el pelirrojo dejara a un lado el celular para poder buscar las palabras adecuadas.

-Ayer, cuando llegué a la casa, mi mamá estaba muy enojada conmigo – comenzó – tuvimos una discusión y se metieron Boris y Bryan…. Le rompí la nariz a Logan sin querer… fue horrible – tomó aire – llegué a mi cuarto e Ian estaba en la cama. Dejó la ventana abierta, entonces Wolborg entró y se zurró en mi cama… me peleé con Ian, le grité a Boris… en fin. Mi mamá se espantó y le habló a mi papá… - Yuriy bajó la mirada – él nos abandonó hace seis años, Kai. Yo intenté que regresara por mucho, mucho tiempo… Hasta que Bryan me hizo ver que él ya no quería nada con nosotros. Lo buscamos hace dos años para pedirle dinero y sacar a mi mamá de la cárcel, ¿Recuerdas cuando te conté? – Kai asintió – no nos dio nada… aunque su casa era enorme… en ese momento estaba tan preocupado por mi mamá que no sospeché nada…

Kai vio los ojos de Yuriy humedecerse y lo recibió en sus brazos cuando el pelirrojo se acomodó en su pecho, continuó su historia, sin dejar de sollozar.

-…él vino hoy… - Yuriy hizo una pausa para respirar – tiene otra familia, Kai… tiene una nueva esposa y tres hijos. Sus hijos más grandes tienen tres años y una bebe…

El bicolor lo estrujó en sus brazos cuando Yuriy se soltó en llanto. Las manos del ojiazul se aferraron a su chamarra y Kai esperó a que se calmara sin decir nada.

Pero el pelirrojo ya no habló más, y Kai supo que era mejor mantener la boca cerrada también. Ya no le diría nada sobre lo que había escuchado esa noche en casa de Ray. Al menos, no en ese momento.

Los sollozos de Yuriy no eran solo por la tristeza, traición y dolor que le causaba saber que su padre tenía una nueva familia, que no le había importado perder el contacto con sus dos hijos mayores porque ahora tenía tres pequeños que significaban más para él que los doce años que vio crecer a Yuriy. Porque, al parecer, Mel ya no era mujer suficiente, y ahora se había conseguido a otra pelirroja que le diera el amor que su madre le dio incondicionalmente. También se sentía angustiado porque había estado a punto de volver a ser abusado sexualmente, sólo porque se dejó llevar por las sensaciones que lo ocasionaban las drogas y bebidas que le dieron en La Avenida. Se había peleado con Bryan, y le había roto la nariz a Logan, ambos chicos eran muy importantes en su vida, y no tenía idea de qué les iba a decir la siguiente vez que hablara con ellos. Y lo peor, Mel… le había dicho cosas de las que se arrepentía, cosas que no decía en serio. Se había dejado llevar por su enojo y se había desquitado con la persona que más amaba en el mundo. Y ahí no acababan las cosas. Ray estaba muerto, Ian y su mamá molestos, y casi le había arrancado la cabeza a Boris.

Pero, por un momento, esos problemas se ocultaron en un pequeño cajón en lo más recóndito de su mente. Los brazos de Kai a su alrededor se sentían cálidos, fuertes, como un escudo y una espada que lo protegerían y lucharían por él.

Siempre había querido sentir eso. Saber que alguien estaría a su lado, para siempre. Y Kai parecía perfecto para eso.

Kai lo ayudó a acostarse en la cama, se acostó a su lado y los cubrió a ambos con las cobijas.

Yuriy se acomodó nuevamente en su pecho, y Kai rodeó su cintura con un brazo mientras, con la otra mano, acarició su cabello.

-Sácalo todo, Yuriy – susurró – llorar ayuda a alivianar los peores tormentos – comentó

Yo lo sé mejor que nadie pensó para sí mismo

Kai perdió la noción del tiempo, y continuó acariciando el cabello y rostro de Yuriy hasta que el pelirrojo se quedó profundamente dormido, arrullado por el suave respirar de Kai, el movimiento de su pecho recordándole que esa noche dormiría abrazado.

La mente del bicolor daba mil vueltas. No había planeado dormir en casa de Yuriy, pero ahora, no había otra opción. Y es que tampoco quería dejar al hermoso chico sintiéndose así. Sabía que un abrazo podía reconfortar hasta la peor tristeza. Y hubo momentos en los que él casi se deja llevar por ella hasta quitarse su propia vida. Pero esa ya tampoco era una opción.

Moriste por querer destruir a Yuriy, Ray. Por más que traté de cuidarte, tú mismo llegaste a un camino donde yo ya no pude guiarte a la salida. Pero ahora, después de saber el pasado de Yuriy, no hay manera de que lo deje solo. Intentaré ayudarlo lo más que pueda. Y eso, también lo haré por ti, Ray.

Con esa promesa, Kai se quedó dormido.

Casi un par de horas después, Mel abrió la puerta del cuarto y notó a los dos chicos en la cama. Los observó de pie en la puerta por varios segundos y después se acercó a ellos. Le dio un beso en la mejilla a Yuriy y después le dio uno en la frente a Kai.

Cerró la puerta del cuarto y se dirigió al suyo, donde estaba Boris esperándola.

-Kai… - susurró Yuriy, su madre lo había despertado - ¿Te despertó?

-Sí – respondió con un suspiro, a punto de quedarse dormido nuevamente

-¿Me prometes algo? – pidió, sonriendo al darse cuenta de que los brazos del mayor lo tenían bien sujeto

-Hmn – aceptó el bicolor

-Nunca me dejes ir. Nunca me sueltes. – Alzó su rostro y miró al chico

Kai abrió los ojos y apreció esos bellísimos ojos azules clavados en él.

-Jamás

Yuriy cerró los ojos. Y sonrió.

A la mañana siguiente, Mel y Boris se fueron temprano a trabajar e Ian nunca llegó. Ninguna alarma fue puesta, así que nada los despertó hasta que sus cuerpos se sintieron listos para comenzar el día.

Kai fue el primero en abrir los ojos. Yuriy no se había movido ni un centímetro de donde se había quedado la noche anterior. Se quedó observando su sereno rostro por unos momentos. Irradiaba una dulzura y una inocencia que apenas y podía creer. A pesar de todo por lo que Yuriy había pasado, aun había bondad en él. También había fuerza, y lo más importante, tenía esa capacidad de amar que Kai sentía había perdido hace mucho tiempo. Tal vez desde que su madre se quitó la vida frente a sus ojos. O quizás antes. Y ese amor debía ser protegido. Al menos, Kai lo quería hacer.

Yuriy se movió y se tomó unos momentos para abrir los ojos. Se dio cuenta de que estaba entre los brazos de Kai y buscó su mirada.

Cuando sus ojos se encontraron, no tuvieron que hablar. Sus miradas lo decían todo. Yuriy tomó la mejilla de Kai en su mano y el mayor vio como todo el rostro del pelirrojo sonrió. Incluso sus ojos. Y era una de las sonrisas más sinceras que le habían ofrecido en su vida. Por unos momentos, Kai se preguntó si se estaba observando en un espejo. Esos ojos azules estaban llenos de vida, y en ese momento irradiaban mucho cariño e ilusión. Pero, en fondo, había un preocupación y dolor, soledad. Ese no era un espejo. Era un vació que Kai también sentía.

-Tengo hambre

Ambos se quedaron sorprendidos ante las palabras de Yuriy, como si estas hubieran sido pronunciadas por su cuerpo, no tanto por su mente. Entonces, de la nada, se empezaron a reír. Era como si toda la seriedad del momento se hubiera roto, y ahora el hambre se apoderaba de uno de ellos.

-¿Qué hora es? – Preguntó Kai, pero no dejó que Yuriy contestara, tomó su teléfono del buró y lo miró – No puedo creer que faltáramos a la escuela. Es medio día.

-Necesitaba esa siesta – respondió Yuriy, sentándose en la cama

-¿Siesta? Hmp – Kai se sentó también y acomodó su cabello – eso no fue solo una siesta, dormimos más de doce horas – se quitó la cobija de encima y se estiró

-Hacía falta – respondió el ojiazul y se levantó de la cama, dirigiéndose al baño - ¿Quieres bañarte? – Le sonrió a Kai y este respondió con una sonrisa igual de pícara que la de él – vamos

En cuestión de segundos, ambos chicos ya estaban desnudos, bajo el agua de la regadera, con Kai de espaldas a Yuriy mientras este enjabonaba su espalda. Las manos del ojiazul bajaban por su lumbar hasta los glúteos de Kai, acariciándolos suavemente.

Qué lindo trasero tiene pensó el pelirrojo para sí mismo y se sonrojó, mientras extraños deseos que jamás pensó tener se apoderaron de él, y una de sus manos delineó ese perfecto glúteo hacia su cintura y después su entrepierna, donde tomó el miembro de Kai en su mano y lo acarició suavemente.

Yuriy sintió una deliciosa onda de placer recorrer su cuerpo al tocar el de Kai. Se imaginaba las sensaciones que experimentaba el bicolor y empezó a mover su muñeca de arriba abajo, masturbando al mayor. Kai se sujetó de la pared y echó su cabeza hacia atrás. Su respiración se aceleró y el pelirrojo pegó su rostro a la suave piel de su espalda, a la vez que le daba suaves besos en ella.

-¿Cómo se siente? – preguntó inocentemente el ojiazul, bastante sonrojado

-Hmn – Kai sonrió – muy bien – colocó su mano sobre el antebrazo de Yuriy, dejándole saber lo mucho que le gustaba

La otra mano de Kai buscó la hombría de Yuriy, y no se sorprendió al sentir lo duro que el chico se había puesto.

El bicolor se dio la vuelta, haciendo que el menor lo soltara y lo besó, saboreando esos suaves y dulces labios. Sintió la mano de Yuriy nuevamente en su erección, retomando su actividad, a la vez que Kai también hizo lo mismo con él. Y así se masturbaron mutuamente. Kai podía percibir un suave ronroneo en la garganta de Yuriy, excitándolo.

El ojiazul fue quien cortó el beso al buscar aire. La temperatura de su cuerpo se había elevado bastante, y el agua no lo dejaba respirar bien por la nariz.

-Kai… - gimió, cerrando sus ojos – estoy cerca… quiero venirme en tu boca

El mayor sonrió y no dijo nada. Solo se arrodilló frente al ojiazul y soltó su hombría solo para ser colocada entre sus labios, comenzando a succionar de ella con rapidez y habilidad.

Los ojos azules se apretaron y sus manos se colocaron en los hombros de Kai. Sus piernas temblaron y su espalda se arqueó.

-Kai… sigue…. Sigue…. ¡ah! – Gimió mientras sentía como su vientre liberaba un delicioso calor que se apoderaba de sus sentidos – estoy… a-pun-to…. ¡Kai!

Su cadera se empezó a mecer suavemente hacia adelante y hacia atrás, mientras su orgasmo se apoderaba de su cuerpo y su mente se perdía en la inmensidad del espacio por unos segundos, mientras eyaculaba con fuerza en la garganta de Kai, quien se lo tragó todo.

El bicolor continuó estimulándolo por varios segundos después del clímax, hasta que Yuriy le pidió que se detuviera. Kai se levantó, y sin esperar, Yuriy lo tomó por el cuello y lo besó, probando su propia esencia con su lengua, tomando el pene de Kai en su mano una vez más, sintiéndose aliviado de que el mayor no hubiera perdido la dureza que había estado acumulada anteriormente.

Kai sintió como el pelirrojo tuvo intenciones de bajar al piso también y devolverle el favor, pero lo detuvo.

Unió sus labios una vez más y tomó la mano de Yuriy entre la suya, mostrándole exactamente como quería ser masturbado.

El ojiazul se entregó a su boca y mantuvo el ritmo que Kai le había indicado, mientras el bicolor acariciaba su cuerpo, pasando por sus glúteos, su abdomen, sus pezones, su cabello… entonces Yuriy sintió la respiración de Kai descontrolarse totalmente y el mayor soltó su boca, ocultó su rostro en la curva de su cuello y gimió discretamente mientras el pelirrojo sentía como algo caliente y viscoso se derramaba en su mano.

Era la primera vez que Kai se venía con él, si es que lo recordaba bien… ¿O lo había hecho la última vez que se bañaron juntos? Por alguna razón no podía recordarlo. Pero definitivamente, era muy estimulante que el bicolor perdiera el control como en ese momento. Kai lo había llevado hasta la pared, y él mismo la utilizaba para mantenerse de pie, aun dejándose llevar por los espasmos de su éxtasis.

-Yuriy… - susurró Kai – eso fue grandioso

El pelirrojo giró su cabeza a un lado y sonrió.

-Je… aunque claro que las cosas que haces con Ray son mejores que esto

-No, no lo entiendes – Kai alzó su vista y encontró la azul ártico de Yuriy – jamás me había venido por la mano de otra persona. Siempre había sido una boca o… durante sexo. O mi propia mano. Pero jamás así…

Yuriy sonrió – Entonces fui tu primera vez en algo, qué increíble – se acomodó el cabello hacia atrás con ayuda del agua – yo amo cómo se siente tu boca en mí… pero no es lo único que quiero tener en mí…

Después de esta confesión, Yuriy tomó el shampoo y empezó a asearse de verdad, dándole a entender a Kai que la conversación terminaba ahí, sabiendo que no podían arriesgarse a que su mamá o peor, Boris, los cacharan. Kai sonrió sin que él se diera cuenta después de escucharlo y se apuró también.

Una vez que terminaron de bañarse, se dirigieron a la cocina, donde Yuriy empezó a preparar el desayuno-comida.

-Yuriy – habló Kai, sentado en la barra, observándolo cocinar, ya que el ojiazul se había negado rotundamente a que el bicolor lo ayudara en nada – después de comer, ¿Podemos ir a dar la vuelta? Hay algo de lo que quiero hablarte

-¿Es malo? – Preguntó el ojiazul dándole vuelta al pan francés en el plato y destapando el botecito de la mermelada

-Hmn – Kai giró su cabeza levemente de lado

-¿Y eso qué quiere decir? – preguntó una vez más, Yuriy, su mirada tornándose angustiada

Kai lo notó y se bajó de la barra. Se acercó a la mermelada y tomó un poco en sus dedos, embarrando un poco en la nariz de Yuriy antes de que este pudiera evitarlo.

-¡Oye! – gritó el pelirrojo, riendo - ¡Me acabo de bañar!

Intentó regresarle el favor, pero Kai sujetó su muñeca antes de que pudiera hacerlo y lo jaló de la cintura, en una especie de abrazo. Le dio un suave beso en la punta de la nariz y después lo besó despacito, apenas dejándole probar a Yuriy el dulce sabor de la mermelada. Rodeó el cuello de Kai con sus brazos y se dejó llevar por el lento movimiento de la lengua del mayor en su labio inferior, mientras lo mordía muy sutilmente, a la vez que su mano sujetaba firmemente su cintura. Era el beso más perfecto que jamás le hubiesen dado, y Yuriy deseó que esos labios jamás se apartaran de él.

Yuriy abrió los labios y dejó que la lengua de Kai entrara en su boca y recorriera un poco su interior, frotándose con su lengua muy sutilmente, para después cerrar sus labios, a lo que el pelirrojo lo imitó y le dio un beso más profundo, uniendo sus labios lo más posible; después volvieron a abrir sus bocas y nuevamente mordió despacio su labio inferior, haciendo que Yuriy soltara un suave gemido que fue ahogado por su lengua. Una de las manos del ojiazul acariciaron el cabello del mayor y Kai soltó su boca para bajar por su cuello y repartir muchos besitos en este.

Yuriy iba a preguntarle algo cuando escucharon como la puerta se abría y se soltaron al instante, ambos sonrojados, fingiendo que estaban cocinando.

Boris llegó a la cocina y los vio. Su mirada se posó en Yuriy, quien le dirigió una mirada que le dio a entender que su presencia no le era muy grata, mientras que Kai lo miró indiferentemente.

-Buenas tardes señor Boris – saludó el bicolor

-Hola – respondió - ¿Por qué no fuiste a la escuela? – le preguntó al pelirrojo

-No es tu problema – respondió Yuriy y se dio la vuelta

-Escúchame bien, insolente – Boris dio tres pasos hacia él

Kai, por un reflejo más que un movimiento consciente, se colocó frente a Yuriy, bloqueándole el paso hacia el pelirrojo. Boris miró al chico extrañado. La verdad era que el bicolor bien podría darle una buena madriza, así que retrocedió un poco y sonrió.

-Solo estaba jugando, ¿Verdad, Yuriy? – Boris se dio la vuelta y se fue a encerrar al cuarto que compartía con Mel

-Sigo sin entender por qué tu madre esta con un hombre así – susurró en voz baja para que Boris no lo escuchara

El ojiazul no contestó y se dio la vuelta, quitando el pan francés, ya quemado, del sartén.

-Se quemó – comentó Yuriy y dejó el plato a un lado, recargándose en la barra y bajando su mirada al piso.

-Yuriy, ¿Estás bien?

Kai se acercó a él y lo miró, notando como la emoción y alegría que tenía hace rato se había esfumado por su breve encuentro con Boris.

-Vayamos a comer, compraremos algo en el camino – tapó la mermelada y caminó hacia la salida

El mayor se mantuvo en silencio, solo siguiéndolo al cuarto para tomar dinero, los celulares y después salieron de la casa, encaminándose al área comercial de ese vecindario, donde había un par de tiendas.

Iban caminando en silencio, un poco incómodo, pero ninguno sabía qué decir.

Yuriy se sorprendió al sentir la mano de Kai sobre la suya, y no solo eso, sino cuando entrelazó sus dedos.

-No dejes que ese hombre te afecte, Yuriy – Kai se detuvo y el pelirrojo lo hizo también, intentando evitar su mirada. Pero Kai se acercó a él y alzó su mentón, haciendo que sus ojos se encontraran. Amaba esos hermosos ojos azules –tú eres… - pensó por unos segundos – yo… - Kai se sonrojó, sin lograr encontrar las palabras correctas – Hmn… Yuriy… - Kai sonrió y el pelirrojo se sonrojó también al ver el guapo rostro de Kai con un leve rosa en sus mejillas – no hay palabras que puedan describir lo que siento… pero créeme, ni ese hombre ni nada podrá quitarte ese brillo único que solo tú tienes… que me encanta

Yuriy bajó su mirada, totalmente apenado y jaló la mano de Kai para que continuaran caminando. El ojiazul se abrazó de su brazo, ahora sonreía mientras caminaban, y el mayor lo hacía también.

Finalmente llegaron a una de las tiendas, una pequeña "tienda de la esquina" con mesitas afuera. Se compraron un montón de comida chatarra y se sentaron ahí. Mientras se acomodaban en la mesa, un grupo de chicas de preparatoria pasaron por ahí y observaron a los guapos chicos. Les sonrieron y después de comprar, salieron de la tienda y se secretearon entre ellas, sin dejar de comentar lo atractivos que eran. Kai las ignoró totalmente, mientras que Yuriy las veía más bien con curiosidad. Un par de minutos después, ellas se fueron y los chicos se quedaron solos.

-Qué molesto – comentó Kai – pero parece que a ti te encanta

-¿¡Qué!? – Reclamó Yuriy, pero suspiró aliviado cuando Kai le dirigió una mirada juguetona – no, la verdad es que jamás me llamaron la atención las mujeres

-Entiendo – Respondió Kai y recordó lo que quería decirle – Yuriy, tengo que decirte algo… - se acomodó el cabello y tomó un sorbo de su botella de agua antes de seguir – y es algo que no te va a gustar

El pelirrojo se acomodó en su asiento y miró seriamente a Kai.

-No me digas que me vas a dejar porque no te lo voy a permitir – amenazó el ojiazul

Kai sonrió y cerró sus ojos ante su amenaza. Después, la sonrisa desapareció de su rostro. Extendió su mano y tomó la de Yuriy entre la suya.

-No te voy a dejar, a menos de que tú me lo pidas – Kai colocó su otra mano encima de la de él e inhaló profundo antes de continuar – el día que te saqué de casa de Ray…. – miró un momento por encima de su hombro, asegurándose de que nadie los escuchaba – él te drogó, pero la droga que usó no era solamente un éxtasis. ¿Recuerdas algo de esa noche?

-La verdad no – Yuriy apretó su mano – Dime qué pasó, Kai…

El mayor asintió y tomó un poco más de agua.

-Lo que él te dio hizo que recordarás los momentos más traumatizantes de tu vida… - notó como el ojiazul frunció el ceño – Ray dejó su celular grabándote, y se fue porque su prima se sentía mal. Entonces llegué yo, y te solté, ya que estabas amarrado a una silla… borré el video, pero… empezaste a hablar…

-¿Estaba amarrado a una silla? – Interrumpió el pelirrojo - ¿Me hicieron algo? – Kai negó con la cabeza – perdón… sigue

Kai asintió y ladeó un poco su cabeza – Te acosté en la cama para que descansaras un poco en lo que te sacaba de ahí. Pero esa droga te pegó realmente fuerte, y narraste en presente y en primera persona el peor recuerdo que, supongo, tienes – notó como el ojiazul abrió la boca y frunció más el ceño – contaste cuando tu tío abusó de ti

Yuriy soltó las manos de Kai como si estas le hubieran quemado, se levantó de un golpe de la silla, esta cayó al piso y el pelirrojo miró a Kai como si le acabara de soltar la noticia de que el mundo se acabaría en ese momento. Caminó hacia él, pero después se detuvo y se giró, dejando todo en la mesa, mientras se alejaba del lugar.

Kai se levantó y corrió hacia él, sujetando su brazo, pero Yuriy intentó soltarse. El mayor lo sujetó con fuerza de la cintura, a lo que el ojiazul comenzó a forcejear, incluso se dejó caer al piso, donde dio un puñetazo, y empezó a llorar. La gente a su alrededor los observó con curiosidad y Kai se dio cuenta, pero no le importó. El único que le importaba era el chico en el piso frente a él.

Se agachó y lo rodeó con sus brazos.

-Ven, Yuriy – lo ayudó a levantarse y lo llevó de regreso a la mesa. El chico se dejó arrastrar por todo el camino y Kai jaló la silla para sentarse justo a su lado –Johnny te llevó ahí sabiendo lo que Ray iba a hacerte… por eso te digo que juntarte con él solo te ocasionará problemas

El ojiazul no dijo nada, manteniendo su rostro oculto bajo su brazo, recargado en la mesa, y Kai no podía verlo.

-Después de que terminaste tu historia… dijiste que querías que tu hermano perdonara a tu tío y a tu papá. Después te saqué de esa casa… y le dije a Ray que estaba decepcionado de él, y que se mantuviera alejado de ti… no recuerdo las palabras exactas que le dije, pero recuerdo que fui duro con él. Supongo que se sintió mal y fue al parque a drogarse y mira como terminó… -Yuriy alzó su rostro y Kai vio que sus ojos estaban húmedos e hinchados, pero no lloraba – no quiero que te pase lo mismo

El pelirrojo se recargó en la silla, su rostro bastante serio, sin mirar a Kai.

El bicolor tomó su mano entre la suya y extendió ambos brazos sobre la mesa.

-Sé lo que te haces – continuó Kai y alzó su manga, pero Yuriy lo detuvo.

Por primera vez desde que Kai confesó que sabía lo de su tío, sus miradas se cruzaron y Kai notó el dolor apoderándose de los ojos de Yuriy. Pero ahí había algo más. Vergüenza tal vez.

Kai hizo a un lado la mano de Yuriy y alzó la manga, mostrando sus cicatrices.

-Tienes una piel bella, Yuriy – el bicolor acercó su rostro a ellas, apreciándolas más de cerca – y estas cicatrices son hermosas. Pero son suficientes – besó su piel, justo encima de las heridas más frescas – no quiero que te hagas esto.

Las palabras de Kai hicieron sonrojar al ojiazul, quien volvió a evadir su mirada.

-Prométeme que dejarás de cortarte – pidió Kai

Yuriy retrajo su brazo, lo colocó sobre su pecho y se volvió a colocar la manga de manera que cubriera su piel nuevamente.

Ambos permanecieron en silencio unos minutos. Yuriy evitaba la mirada de Kai, quien solo estaba quieto, observando a la gente a su alrededor, pero clavando su mirada en él ocasionalmente.

-¿Por qué no me dijiste antes que sabías lo de mi tío? – preguntó Yuriy volviendo a comer, la verdad es que aún moría de hambre

-Esperé al momento oportuno – Kai lo imitó – han pasado tantas cosas últimamente que no había tenido tiempo. Además… si te lo decía, tendría que decirte también lo de Ray…. Lo que le pasó fue mi culpa

-Claro que no – finalmente, los ojos azules buscaron los rojos – eso se lo buscó él mismo. Pero quien soy yo para hablar – miró a su alrededor – no pasó nada en la casa de citas, pero estuve a punto de que me violaran, o quién sabe, tal vez hasta me habrían matado también

Kai pensó unos segundos en qué sería más conveniente decirle. Pero al final, sabía lo que tenía que hacer. Pasó su brazo por los hombros del pelirrojo y besó su mejilla, para después susurrar en su oído.

-Jamás permitiré que eso suceda – recargó su rostro en el cabello de Yuriy – quiero que hagamos una promesa mutua

Yuriy colocó su mano en el brazo de Kai y recargó su cabeza en la de Kai.

-Te escucho – su voz quebrada, intentando no llorar

-Quiero que dejes de cortarte. Ya no te lastimes. No quiero que salgas con Johnny McGregor, ni que vayas a La Avenida con gente que no conoces bien. No te expongas a esas situaciones, Yuriy.

-¿Y tú que me prometerás a cambio? – Yuriy se soltó, pero tomó el rostro de Kai y clavó su mirada en la del chico

-¿Qué quieres? – Kai colocó sus propias manos en la nuca del pelirrojo y acarició su cabello

El ojiazul sonrió y se sonrojó. Se acercó a él y susurró su petición en su oído, muy bajito, pero Kai lo escuchó muy bien. Después se hizo hacia atrás y volvió a observar los ojos del mayor.

-Entonces, ¿Es una promesa? – Yuriy alzó una de sus manos y retrajo todos sus dedos en puño, excepto el meñique.

Kai sonrió e imitó la acción, entrelazando su dedo con el del chico.

-Prometido

Yuriy suspiró y se acercó a él, dándole oportunidad de plantarle un suave beso, antes de que se soltaran y continuaran comiendo.

-Kai… ¿Me llevarías a la tumba de Ray? – preguntó Yuriy un rato después

-Sí – respondió – Después de comer

El pelirrojo asintió y continuaron ingiriendo los no muy nutritivos alimentos, para después regresar a su casa.

No había nadie, así que solamente tomaron las llaves del carro, Yuriy le dejó una nota a Mel en su cuarto y se subieron al carro en dirección al cementerio.

-Me tienes que enseñar a usar esto – Yuriy tenía el celular en sus manos, accediendo a los diferentes menús – mi espíritu de ingeniero me hace querer saber todos sus secretos

-¿Cuáles secretos? – Rio Kai – Es sólo un celular, no una base de datos de Wikileaks

-Gracias – Yuriy lo miró – por preocuparte tanto por mí. No tiene tanto que nos conocemos, pero parece que lo hubiéramos hecho toda la vida. Creo que eres una de las personas en las que más confío.

-Lo mereces, Yuriy – Kai lo miró fugazmente, no le gustaba despegar la vista del camino

Sus manos se entrelazaron y continuaron en silencio hasta el cementerio. Las palabras sobraban en ese momento, ya que ambos sabían lo que el otro sentía.

Casi media hora después, el ojiazul se agachaba frente a la tumba del pelinegro para colocar un ramo de flores blancas sobre la recién colocada lápida.

-Oye Kai… - se levantó y miró al chico, quien tenía sus ojos cubiertos por lentes oscuros, a pesar de que ya era muy tarde – Kai… - se acercó a él - ¿Estás bien?

El bicolor solo asintió y se cruzó de brazos.

Yuriy frunció los labios y eliminó la distancia entre ellos, entonces lo abrazó. Kai solo colocó sus manos en los hombros del chico y después de unos segundos se soltó.

-Vámonos – dijo Kai – no me gustan los cementerios

Yuriy observó la tumba de Ray una última vez antes de darse la vuelta y seguir a Kai hacia la salida.

-Hoy ha sido un día raro – comentó Yuriy una vez regresaron al carro

-Quiero dormir – respondió el mayor

-No olvides tu promesa – pidió Yuriy

-No la olvido. Después de cumplirla regresaré a mi casa a dormir. Y a bañarme. Llevo dos días con la misma ropa, qué asco.

Se empezaron a reír y Yuriy miró la hora en su reloj.

-Quédate en mi casa – pidió el pelirrojo

-Me quedaré el fin – respondió Kai

-No, Kai – se giró para poder observarlo – quédate para siempre

El mayor volteó a verlo y los hermosos ojos azules se dilataron en una sonrisa.

Regresó su mirada al camino y no respondió. La última vez que le habían pedido tal cosa, había sido Ray, pero él le había dicho que quería mudarse a su casa. Y Kai se había negado. Esa misma noche, fue la última vez que vio al pelinegro.

-¿Me vas a dejar, Kai?

-Ya te dije que no somos nada – respondió y quitó el freno de mano, puso drive y esperó a que Ray se hiciera para atrás

-No te lo tomes tan en serio, sólo era un juego…

-¿Un juego? Pudiste matarlo, Ray. No sabías cómo reaccionaría su cuerpo a cualquier cosa que le hayas dado… y más importante… - le dirigió la última mirada de su vida - ¿Cómo te atreves a ver dentro de su corazón? Hay cosas que se ocultan… porque pueden destruirte la vida más de una vez.

Regresó su atención a Yuriy después de que decidiera que esos recuerdos estarían mejor enterrados en lo más oscuro de su mente.

-No quiero dejar solo a mi abuelo – respondió con voz firme – además, después de lo que haremos supongo querrás tiempo solo con Mel

-Hmn – Yuriy se recargó en el asiento y suspiró - ¿Puedo preguntarte algo?

Kai asintió.

-¿Cómo murieron tus padres exactamente?

El bicolor ni se inmutó a su pregunta. Lo miró fugazmente y continuó manejando como si nada.

-No me gusta hablar sobre eso – respondió

-Lo siento, perdón si es un tema difícil para ti… - comenzó a disculparse

-Claro que lo es, ¿Qué pensabas? – Kai frunció el ceño

-Perdóname – Yuriy lo observó, notó como su rostro se mostraba más serio e incluso molesto.

Ambos continuaron en silencio de camino a la casa. Yuriy sabía que hablar sobre su muerte era un tema delicado. Pero jamás pensó que reaccionaría de esa manera. Tan molesto. Eso le hacía darse cuenta de que había muchas cosas que aún no conocía del mayor. Y se preguntó si los amigos del bicolor sabrían sobre lo que le pasó a sus padres.

El carro se detuvo frente a casa de Yuriy y Kai apagó las luces.

-Mira – dijo Kai – olvida lo de hace rato. No estoy molesto, pero solo te voy a pedir que no vuelvas a preguntarme sobre mis padres. ¿De acuerdo? -Yuriy asintió y sonrió- ¿Listo?

El pelirrojo rio un poco e inhaló profundamente.

-Vamos – respondió Yuriy y abrió la puerta.

Entraron a la casa, la cual olía delicioso.

-Pasen chicos, estoy haciendo la cena – saludó Mel. Boris estaba frente a la televisión, viendo un partido de un deporte que a ninguno de los dos le interesaba.

-Buenas noches Mel – saludó el bicolor

-Buenas noches corazón – la mujer le dio un beso en la mejilla y después posó su vista en su hijo y le sonrió – gracias por avisarme que saldrías, me ahorraste la preocupación

-Sobre eso quiero hablarte – el ojiazul miró a Boris – pero en privado

-De acuerdo – Mel asintió y le bajó la flama a la estufa - ¿Quieres hablar en mi cuarto? – Yuriy asintió – Kai, ¿Podrías echarle un ojo a la crema?

-Kai vendrá – respondió Yuriy

-Creo que tu mamá quiere hablar a solas – respondió cruzándose de brazos

-Me lo prometiste – le recordó el ojiazul sobre su promesa mutua

El bicolor asintió. Después de todo, su parte de la promesa era estar ahí cuando Yuriy le pidiera perdón a su madre por su comportamiento.

-Boris, ¿Puedes moverle a la crema por favor? – pidió Mel

-Estoy viendo el partido – respondió sin siquiera voltear

-Está bien – la mujer apagó la flama – regresaré en un rato – se quitó el mandil y llevó a los chicos al cuarto

-Siéntate – pidió Yuriy y ella lo obedeció, sentándose en la cama – mamá, quiero pedirte perdón. Te he dicho cosas horribles últimamente y nada de eso te lo mereces – Kai miró al pelirrojo – no sé qué me ha pasado últimamente, pero… te prometo que ya no volverá a suceder.

Mel estiró los brazos y Yuriy sonrió, se agachó y se unieron en un fuerte abrazo. Kai no quiso mirarlos y clavó su mirada en la pared.

-Eres un buen chico, Yuriy – Mel besó su frente – solo quiero protegerte

-Esa es otra de las cosas que quería hablarte, por lo que quise que Kai viniera – el pelirrojo se levantó – le dije a Kai lo que me pasó

Mel lo miró sorprendida.

-Mi amor…

-Ni siquiera Ian lo sabe, mamá – Yuriy tomó la mano de Kai, y este volteó a verlo – pero confío en Kai. Sé que él me quiere, y que va a cuidarme. Por eso quiero pedirte… que me permitas andar con él.

Kai lo miró extrañado. ¿Qué es lo que estaba buscando exactamente? Miró a Mel, quien se notaba igual de confundida.

-Kai, aquí frente a mi mamá… - Yuriy se sonrojó a más no poder – quiero pedirte que seas mi novio… o mi pareja, como quieras llamarlo… lo que quiero es… que seas solo mío. Así como lo son Bryan y Logan… quiero que seamos una pareja formal, que todos sepan que me perteneces.

Ahora fue el turno de Kai de sonrojarse. Los ojos de Yuriy se notaban más serios que nunca, y tenía una gran determinación. Recordó que Mel los estaba observando, pero Kai no la miró. Era la primera vez que se encontraba en una situación así. No era la primera vez que le pedían exclusividad. Pero era la primera vez, en toda su vida, que la deseaba.

Continuará…