Me encontraba en mi despacho caminando de arriba a abajo de los nervios. Tenía encima de mi mesa el traje que iba a ponerme en mi boda con Esme. Suspiré poniendo mi mano sobre mi pecho donde antes un corazón latía. Cerré mis ojos y cogí una pequeña bocanada de aire soltandolo despacio con tal de tranquilizarme. Después sonreí. A pesar de todo lo ocurrido un mes antes iba a casarme con ella.

Me acerqué al ventanal y miré hacía el jardín donde todos los preparativos de la boda estaban listos. Había un pequeño altar cubierto de jazmines. Hasta el altar llegaba una alfombra roja que se perdía en el interior de nuestra casa. Las sillas blancas adornadas con un lazo plateado y un jazmín en medio de este. Junto al altar se podía observar un piano negro, el piano que le daría la entrada a la novia en el momento preciso.

Estaba bastante distraido pensando en todo, pero sobretodo en Esme, pues llevaba todo el día sin verla ya que era el día de nuestra boda, que no me quejo, claro, pero la extrañaba. Suspiré. Carmen y las demás Denalis, quienes habían llegado la semana pasada para ayudarnos con los preparativos, habían secuestrado a Esme para llevársela de compras. Claro que todos sabíamos que habían ido a comprar y eso aún me ponía mucho más nervioso de lo que estaba.

Miré la hora en mi reloj del pulsera y me di cuenta que ya casi era la hora, así que tenía que prepararme. Me giré a mirar mi traje y volteé la mesa dando de este modo, la espalda a la puerta. Empecé a desabotonarme los botones de mi camisa aunque me estaba costando. Estasba como un flan. Jamás en toda mi existencia me había sentido de esta manera. Me quité la camisa y la tiré a mi silla para luego llevar las manos a mi cinturón el cual no tardé en dejar caer al suelo. Me quité los zapatos y luego desaborche mi pantalón dejándolo caer al suelo y deslizándolos a un lado con mis pies. Miré el traje que había escogido con los chicos. Cogí los pantalones de traje negros poniendomelos. Seguidamente me puse la camisa que era de un grisaceo brillante pero muy elegante. Me metí la camisa por dentro de los pantalones asegurándome que quedase todo perfecto y cogí la corbata acercándome al espejo de pie que tenía en un rincón de mi despacho donde podía verme completo. Me puse la corbata color negro y le hice el nudo hábilmente. En ese momento eché de menos que Esme me ayudase con la corbata, como amenudo solía hacer. Una vez me vi perfecto me acerqué al perchero donde tenía colgada la americana negra a conjunto con todo el traje y me la puse. En el bolsillo de esta tenía un panueño blanco que sobresalía de modo que hacía aún más elegante ese traje. Y finalmente los zapatos.

Justo en el momento en que acabé de prepararme tocaron a la puerta de mi despacho. Percivía el efluvio de Edward junto con el de Eleazar. ¿Habrían llegado ya las chicas? Carmen era quien me llevaba hacía el altar, así que por lógica, tendría que haber llegado. Abrí la puerta y les miré con una sonrisa nerviosa en mi rostro.

-¿Estás listo? -preguntó Edward echándome un vistazo para ver si todo estaba bien.

-Sí -dije con nerviosismo- ¿Ya están los invitados? ¿Y las chicas? ¿Y Esme?

-Calma calma -Habló Eleazar quien se le escapó una risita-

-Todo está preparado, Carlisle -prosiguió Edward- Estate tranquilo -me sonrió-

-Vale, solo un segundo más -Usando mi velocidad vampírica entré en el cuarto de baño de la planta de arriba que nadie usaba, pues cada habitación tenía su cuarto de baño propio y no era necesario ir a ese. Me arreglé mi pelo rubio hacía atrás y me puse el perfume que habitualmente usaba; Eternity de Calvin Klein.

Me apoyé en el lavabo en el momento que escuché la voz de Carmen y Esme en alguna habitación del piso. Sonreí tiernamente al escuchar la nerviosa voz de Esme insegura.

-¿Y si no le gusta...?

Escuché una risita proviniente de Carmen. Parecía que se divertía viendo a Esme en ese estado. Yo solo podía imaginarme a Esme vestida de novia. Se vería hermosa... estaba seguro de ello.

-¿Cómo no va a gustarle, Esme? ¡Si estas preciosa!

-Eso porqué me ves con buenos ojos...

-Vas a ser la novia más bonita y verás que Carlisle coincide conmigo

-Si tú lo dices...

En ese momento picaron a la puerta del baño. Eran Edward y Eleazar que venían a buscarme. Me separé del lavabo y abrí la puerta. Sonreí.

-Ahora sí que estoy

-Pues tira para abajo que Carmen se reunirá contigo en breves -Dijo Edward sonriendo. Seguidamente, después de darme unas palmas en el hombro como señal de apoyo, se fue hacía el cuarto donde las chicas estaban.

Cuando abrió la puerta vi a Carmen salir. Ambos se miraron sonriendo. Sin embargo, yo intenté mirar por la puerta a ver si veía a Esme, pero entonces Eleazar tiró de mi brazo y me bajó al salón. Me quejé sonriendo. Estaba muy nervioso. Estaba deseando este día desde hacía mucho tiempo y al fin se iba a cumplir. Era todo maravilloso...

Eleazar y yo nos dimos un abrazo amistoso antes de que él saliese al jardín y se situase en su sitio a esperar que la ceremonia empezase. No tardé en escuchar unos pasos que bajaban por la escalera así que me volteé para ver a Carmen.

Carmen iba vestida con un vestido largo de color azul cielo, sin mangas. Llevaba unos tacones blancos con mucho tacón. Iba muy guapa. Carmen al ver que le estaba echando un repasón se rió y carraspeó para llamar mi atención.

-Carlisle, ya sé que soy guapa, pero que te vas a casar

-Lo sé y sin ofender, sigo prefiriendo a mi prometida -sonreí- pero no puedo negar que vas muy guapa

-Gracias Carlisle, tú tampoco estás nada mal -sonrió y se acerca a cogerme del brazo-

En ese momento se empezó a escuchar la melodía de entrada al novio así que con pasos firmes, Carmen y yo caminamos hacía el jardín. Yo iba mucho más nervioso que ella. Caminamos hacía el altar. La gente nos miraba sonriendo dándome con la mirada mi enhorabuena.

Cuando llegamos al altar, Carmen y yo nos dimos dos besos en la mejilla y ella se situó junto a Eleazar dándole un beso en los labios. Sonreí al ver la escena y llevé mis manos a mi espalda agarrándomelas. Jugué con mis dedos mientras esperaba que la novia entrase. Los invitados se pusieron a hablar entre ellos, pero no prestaba atención a ninguna conversación.

De pronto la melodia cambió y empezó a sonar la marcha nupcial. Puse todos mis sentidos en el principio de la alfombra roja que llegaba hasta mi posición, el altar. El cura que iba con un traje negro y su solapa blanca, en cuanto escucha la marcha nupcial se prepara para empezar en cualquier momento su discurso.

Edward se paró con Esme justo donde empezaba la alfombra. Esme agarraba el brazo de Edward mirando al suelo con timidez. Cuando la vi todo el mundo desapareció. En ese momento solo podía ver lo hermosa que estaba Esme. Iba vestida con un traje de color blanco, sin mangas. En el pecho del vestido bordado con filo blanco. La falda del vestido empezaba con un bolante de encaje adornada con una flor de seda blanca. Los bolantes adornados, al igual que el pecho, con filo blando. Llevaba el pelo suelto, con tirabuzones cayendo sobre sus hombros. Llevaba una diadema blanca con una flor pequeña, también de seda, hacía un lado. Le quedaba perfecta con ese vestido que había escogido. Llevaba un collar de perlas blancas a juego con unos pendientes a juego, pero estos de oro blanco. Mis ojos no se despegaron de ella mientras avanzaba a paso lento junto a Edward. Sus ojos se clavaron con los míos en seguida y ambos nos dedicamos una sonrisa llena de amor.

En cuanto llegaron al altar, Edward tomó la mano de Esme dándole un beso en ésta. Tendí mi mano hacía ella y Edward dejo su mano junto a la mía. Sin quitar mis ojos de los suyos y con su mano cogida, me incliné hacía su oído.

-Estás hermosa... -susurré sonriendo. Ella se sonrojó ligeramente y negó suavemente con la cabeza. Sonreí y caminé unos pasos junto a ella hasta pararnos junto al cura. Entrelacé nuestros dedos mirando al cura y a Esme de reojo.

-¿Verdad que el amor es bonito? De nuevo el amor despierta esa magia que une a dos personas. ¿Y por qué no hacer que sea eterno? Por eso estamos aquí reunidos, para unir, ante Dios, a esta pareja. Hay cosas que solo se pueden superar con este sentimiento. Las abversidades, los defectos, las discusiones, todo lo malo, con el amor, se perdona, porqué solo así se demuestra el verdadero sentimiento. No solo es decir dos palabras, no, es demostrar ese cariño mutuo, todo eso que os une y os va a unir de ahora en adelante. Vosotros habeis decidido por propia voluntad demostrar ese sentimiento ante Dios, ante todos los presentes, por eso mismo, como sacerdote de Dios, estoy aquí para bendeciros y dar mi aprobación ante esta unión. Así que hijos míos, daros vuestros votos el uno al otro..

Esme y yo nos pusimos de frente cogiendonos ambas manos. Mi mirada hacía sus ojos era intensa, tanto que nos gritábamos tan solo con la mirada lo mucho que nos amábamos. Los ojos de Esme estaban humedecidos de la emoción de este momento y eso me hizo sonreir tiernamente. Sin dudarlo más y sin tener que pensarme las palabras, empecé a darle mis votos.

-Esme, te quiero a ti y te tomo como mujer ahora y para siempre. Me comprometo a amarte día a día, haciendo que nuestro amor crezca. Me comprometo a hacerte feliz, a superar todos los baches que la vida nos traiga porqué te amo y te amaré por siempre. Por eso yo, Carlisle, juro amarte y respetarte, en lo bueno y en lo malo, en la salud y en la enfermedad, en la riqueza y en la pobreza, tanto como nuestras vidas duren. Sí, quiero,

Esme sonrió y vi como una lágrima resbalaba por su mejilla. Puse una mano en su mejilla y delicadamente se la sequé aprovechando para acariciarsela con todo el amor del mundo. Ella apoyó su mejilla en la palma de mi mano cerrando los ojos por un momento. Para cuando los abrió su mirada se clavó en la mía...

-Carlisle, te quiero a ti y te como como esposo ahora y para siempre. Me comprometo a amarte día a día, haciendo que nuestro amor crezca. Me comprometo a hacerte feliz, a superar todos los baches que la vida nos traiga porqué te amo y te amaré por siempre. Por eso yo, Esme, juro amarte y respetarte, en lo bueno y en lo malo, en la salud y en la enfermedad, en la riqueza y en la pobreza, tanto como nuestras vidas duren. Sí quiero.

Ninguno de los dos esperó a que el cura volviese a hablar y nos diese la bendición cuando ambos nos estábamos besando apasionadamente, delante de todos, pero sin importarnos nada. La abracé por la cintura sin querer separarme de ella. De golpe todos se levantaron de sus sitios y empezaron a aplaudir efusivamente.

Esme y yo nos reimos entre besos y apoyamos nuestras frentes la una con la otra mientras nos mirábamos a los ojos.

-Te amo -susurré-

-Te amo...

No tardaron en venir todos a darnos la enhorabuena. Ambos les dimos las gracias a todos agradecidos porquén fuesen testigos de nuestra boda. Así que pronto nos fuimos al banquete que habíamos preparado en la casa donde tendría que haber comida y un pastel que cortar, pero éramos todos vampiros y no era necesario gastarse dinero en comprar comida. Pero a cambio de la comida montamos una buena fiesta con música. Esme y yo nos pasamos la tarde y parte de la noche bailando, el uno pegado al otro mientras nos decíamos mutuamente todo lo que sentíamos. Ninguno seguía el ritmo de la música, pero no nos importaba. Todo había sido perfecto, la ceremonia, la fiesta y aún faltaba lo mejor: la luna de miel.

Tenía una sorpresa para Esme. Iba a ser perfecto... La amaba, me amaba, y solo eso importaba. Ella y yo íbamos a pasar la eternidad juntos sin importar nada. Estaba dispuesto a todo por ella, cualquier cosa que me pidiese, iba a tenerlo...

Ella había vuelto a despertar la felicidad en mí...

Hola! Ha sido un capítulo el cual me ha costado mucho...

Quizá os resulte aburrido, que lo entenderé, pero espero que me dejeis reviews...

Gracias por leerme tanto! He alucinado con el número de visitas!

Esta historia continua!

Próximo capítulo: Luna de miel!

Aviso: Lemmon!

Hasta pronto!

Att: Jga95