Capítulo 10:

Soy perseguido a todo lugar a donde vaya.

Desclaimer: Rick Riordan es el creador de la saga y el torturador de nuestras almas.


Una nube de polvo dorado tardó en dispersarse un poco. Cuando recuperé la visión, me encontré cara a cara con una manticora. Intenté de lanzarme al suelo para esquivar el ataque, pero el monstruo lanzó una espina que por suerte logre desviar, pero por la fuerza del proyectil se me cayó la espada.

A lo lejos estaba el rio, por lo que concentré mis fuerzas y logré atraer un torrente de agua que engulló a la manticora y la arrastró de regreso al cauce. El monstruo seguía con vida, pero tenía mejores cosas en las que centrarme en ese momento.

Recuperé mi espada y corrí a toda velocidad a donde estaba Annabeth, que luchaba contra unos gigantes lestrigones. Annabeth esquivó un golpe de un gigante, retrocedió rápido y, como un gato, subió a la espalda de uno y lo apuñaló detrás del cuello.

Los demás mortales campistas que estaban en los alrededores y que aún no habían sido evacuados estaban gritando mientras huían, aunque dudaba acerca de lo que los mortales estarían viendo en esos momentos, porque la niebla debería estar confundiendo lo que estaban viendo.

— ¿Cuántos quedan, Percy? —preguntó Annabeth mientras nos movíamos a la zona de picnic. La oscuridad hacía que guiarnos no fuera una tarea muy fácil y menos contar cuantos enemigos teníamos alrededor.

—Puede que sean una o dos docenas —sugerí mientras sujetaba a contracorriente con fuerza. Entonces salté a una mesa y desde ahí hasta los hombros de un gigante lestrigón. Inmediatamente este empezó a arremeter contra cualquier cosa con tal de ser liberado, y de esa manera desaparecieron varios lestrigones luego de ser heridos por el primero. Después de un paseó agradable con sacudidas, tuve que saltar del cuello del gigante, pero este pudo cogerme de una pierna y alzarme en frente su cara.

—Ya no eres tan valiente, ¿eh? —se mofó el monstruo de mí. Levantó su puño y cuando me iba a dar, el gigante lestrigón desapareció en una nube de polvo dorado, dejándome caer en el suelo.

—Siempre estoy para cuidarte las espaldas, sesos de alga —dijo Annabeth con tono serio. Luego desvió la mirada. Había estado buscando entre todos los lugares del parque hasta encontrar a alguien—. Ahí está —señaló Annabeth encima de un gran árbol. En la copa de este, estaba quien desató todo eso.

Parecía un bufón, con un sombrero en puntas y haciendo malabares. Era de tamaño común, e incluso parecía un adolescente de trece o catorce años, pero no era del todo humano. Al igual que el "monstruo" o el tío raro que lideró el ataque al campamento durante la captura la bandera, este emitía un aura de poder y a la ves peligrosidad, pero no vestía ninguna armadura por lo cual exhibía toda su agilidad.

—Oh, así que me han encontrado, señorita Chase y señorito Jackson —dijo el monstruo en un tono burlón, e incluso dio una reverencia, lo cual me sacaba de las casillas. Sujeté a contracorriente, ya que en cualquier momento saltaría al ataque—. Habéis provocado que este bello lugar fuera dañado, solo por no dejar que nos llevemos al ser insignificante que os acompaña. ¿Es que le habéis cogido cariño al perro?

Annabeth bufó—. Puede que sea un perro, pero se nota que lo necesitan para sus sucios planes. Ahora, tal vez no sepa que oculta él que vosotros deseáis, pero lo defenderé aun así, por lo que, baja para darte una paliza.

Ganarse la confianza de Annabeth era una labor de mucha dificultad, pero después de hacerlo, técnicamente es una amiga muy leal. Sabía que ella desconfiaba de Dani, pero no hasta ese punto de admitirlo abiertamente.

—Oh, señorita, lamento decirle que eso no va a ser posible —dijo dejando los malabares por un momento—. Si bajo de aquí, seguro me enviaran directo al Tártaros, y en estos momentos no puedo darme esos lujos —guardó los aros que usaba en una pequeña mochila, y de ahí sacó varias dagas que comenzó a pasar de mano en mano, hasta tener un ritmo el mismo ritmo de acrobacias que los anteriores objetos—. En cambio, puedo batallar desde aquí arriba —levantó la mano y apuntó a nuestra dirección.

Tacleé a Annabeth lo más rápido que pude para sacarla fuera del lugar de impacto. Tres dagas quedaron insertadas en el suelo justo donde estábamos segundos atrás. El enemigo sacó más armas de su mochila y lanzó otra ráfaga de proyectiles que pudimos de poco esquivar.

—No podemos estar en esto todo el día, Annabeth. ¿Tienes algún plan? —pregunté mientras me ponía en frente de ella, defendiendo con contracorriente.

—Claro. Siempre tengo un plan —dijo blandiendo en alto su daga—. Deberíamos primero sacarlo a una zona abierta, donde no tendrá la ventaja de la altura. ¿Qué lugar se te ocurre?

—El rio —dije. Desvié varias dagas con mi espada—, no hay mejor ubicación que luchar desde donde tengo ventaja —ella asintió.

Annabeth fue la primera en salir corriendo, mientras yo la defendía. Luego, cuando pude ver que ella ya estaba lejos, fui detrás de ella.

Nuestro enemigo parecía desinteresarle a donde le llevábamos. Él simplemente saltaba de la copa de un árbol a la de otro. Nunca perdía el equilibrio y lo hacía con gracia, pero eso no evitaba que él me atacara con las filosas cuchillas.

Al final llegué al borde del rio, donde me esperaba Annabeth.

Él enemigo se mantuvo en la copa del árbol más cercana a nuestra posición, entonces recorrió con la mirada todo y se percató de nuestras intenciones—. Oh, grandioso plan, señorita Chase. Pero, lamento informarle que me he dado cuenta de vuestras intenciones. Y se le está olvidando algo muy importante.

— ¿Qué es? —exigió saber Annabeth. A ella también le estaba molestando ya la displicente actitud de nuestro enemigo (que por cierto, dudaba llamar monstruo).

Él negó con un dedo mientras nos daba una mirada reprobatoria—. Como puede ser que una hija de Atenea olvide un detalle. Oh, que desgracia. ¿Tal vez por eso será que nuestro objetivo es más inteligente? Porqué ha decidido huir de una batalla en la cual yo, el guerrero Jones, estaba destinado a ganar —sonrió socarronamente y comenzó a aumentar el número de dagas con las que hacía malabares—. Dígame, señorita Chase. ¿Es esa la razón de tanto odio, un gran sentimiento de celos que ocultas en tu corazón? —entonces se enserió por completo—. No puedes mentirme, yo veo esos pensamientos fluir en tu cabeza.

— ¡Cállate! —gritó Annabeth. Si algo podía cabrear a Annabeth, era que degradaran su potencial, porqué incluso su defecto fatídico era exactamente la arrogancia, ya que se cree capaz de hacer todo mejor—. Tú eres el que no vale la pena…

—Entonces no dejes que tus ojos mortales te cieguen. Permíteles que vean más allá de lo que no encuentran. Nosotros sabemos cosas que tú, y todos los semidioses ignoran —siguió agregando más cantidades a sus malabares, y en poco tiempo ya dominaba cientos de dagas—. Intenta de darte cuenta de ese pequeño detalle que diferencia el uno del otro. Prevén mi ataque, y si lo logras, puedo decirte una pequeña cosa —prometió. Entonces levantó los brazos dispuesto a atacar.

Un pequeño silbido sonó a mi izquierda, luego sentí un gran dolor en un muslo, y poco a poco empecé a padecer de una sensación que reconocía de una pasada situación.

— ¡Percy! —chilló Annabeth mientras me retiraba lo que me impacto. Era una espina de manticora. La cual dejé en el rio, aquella que aún seguía viva.

Con un último intento, hice que se formara un torbellino de agua alrededor del monstruo, la manticora se sacudió como en una batidora, y luego desapareció en polvo dorado que se esparció por el rio.

—Annabeth, vete —dije como pude. Incluso tuve que sostenerme de contracorriente ya que comenzaba a marearme—. Yo me encargo de él.

—De ninguna manera, Percy —dijo mientras me llevaba a la orilla del rio, donde podría tocarme el agua—. Tú quédate aquí. Yo intentare detenerlo lo más que pueda.

Cuando Annabeth logró apartarse de mí, Jones entendió el reto, por lo que me dejaron de lado. Annabeth sujetaba con fuerza su propia arma, cuando comenzó la lluvia de proyectiles. Al principio, Annabeth podía desviar cada una de las cuchillas con gran velocidad, pero la cosa se complicó cuando Jones comenzó a aumentar la velocidad y se desplazaba de la copa de un árbol a otra, logrando así un mejor rango de ataque.

Pero de saltar de un árbol a otro pasó a saltar cuatro, luego ocho y entonces doce. Una docena de árboles que rodeaban completamente a Annabeth: un rango de ataque de 360 grados. Al principio Jones se mofaba de ella, solo rasgándole la ropa, pero luego pasó a dejarle cicatrices en los brazos y entonces en la cara…

Sentí una rabia incontrolable cuando Annabeth fue apuñalada con una daga en un costado. Entonces sentí un tirón en mis órganos y salté con propulsión de agua, llegando hasta la copa del árbol en la que estaba Jones en segundos, sorprendiéndolo completamente. Di un mandoble e hice que desapareciera en una cortina de viento olor a hierbabuena.

Pero comencé a caer apenas terminó el impulso. Con la caída sentí como algunos de mis huesos se quebraban. Annabeth llegó cojeando hasta mi lado… pero no podía sentir que estábamos a salvo aun…

—Así que tenían aun fuerzas, señorito Jackson —elogió la voz de Jones desde adentro de los arboles—. Que suerte que has llegado, ya me aburría de la señorita Chase. Puedo dejar el calentamiento y pasar al ataque verdadero —sentí como el ahora a hierbabuena desaparecía, y poco a poco regresaba lo que dio a su origen. Jones apareció en la copa de un árbol, con una gran cicatriz en el pecho donde brotaba sangre pero que poco a poco se iba curando—. Ahora —sacó lo que parecía todo su arsenal de su mochila, e hizo que las que estaban en el suelo volvieran a él—, prueben mi verdadero poder—todas las dagas se sincronizaron en una danza que dejó de ser malabares. Entonces él chaqueó los dedos, y la tormenta de dagas comenzó.

Pero un pequeño riachuelo empezó a correr cerca de nosotros, e inmediatamente lo utilicé para crear una protección alrededor nuestro.

Jones atacaba con una gran velocidad que lo hacía inhumano, pero su movimiento estaba tan sincronizado que daba miedo. Por suerte nuestra, cada vez el riachuelo se volvía más grande lo cual nos convenía para defendernos.

—Percy, ¿Qué estás haciendo? —Annabeth, con su voz cortada, intentaba de ver cómo podía convocar tanta cantidad de agua mientras estaba bajos los efectos del veneno de manticora.

—No soy yo. No puedo hacer eso mientras este así de débil.

—Entonces, ¿Quién esta…?

—Salid de ahí —rugió Jones—. Dejadme consumir vuestras vidas y ser recompensado por el gran señor. Seguro le gustara saber que el señorito Jackson ha muerto… ¿Quién eres…?

Jones se detuvo un momento. La ráfaga de dagas también, por lo que pude bajar la guardia por un momento y ver lo que sucedía.

—Percy, Annabeth —nos llamó una voz desde cerca del rio—. Ya he terminado de evacuar a todos los humanos del parque. Ahora me podemos luchar juntos —estaba con las prendas hechas jirones; moretones y cortadas se veían en sus brazos. Se notaba que había luchado también contra algún gigante lestrigón. Dani había cumplido con su tarea.

—Oh, nuestro objetivo —exclamó Jones con cara de satisfacción—. Así que no habías huido. Sigues aquí —Jones entonces reubicó su objetivo con las dagas y levantó un brazo, preparando el ataque—. Si te llevo con vida a donde el amo Kronos, seré recompensado. Oh, señorita Chase, señorito Jackson, disculpad mi falta de modales, pero tendré que conseguir al objetivo —y la lluvia de cuchillas estaba a punto de arremeter contra Dani.

Pero Jones no se había dado cuenta de que Dani fue quien había logrado que el agua llegara a nosotros, había utilizado su habilidad de geokinesis para poder guiar el agua hasta nuestro lugar, y que en ese momento ya era un completo rio lo que tenía a mi disposición.

Dani enterró su lanza en el suelo, e inmediatamente todo el lugar comenzó a temblar. Sentía como el suelo se hacía cada vez más débil, como si se estuviera erosionando a gran velocidad; los arboles empezaban a tambalearse y poco a poco volverse más viejos. Jones entonces no tenía el suficiente equilibrio para poder ejecutar su técnica.

Sujeté a contracorriente y utilicé nuevamente el agua como impulso, logrando así volver a impactar a Jones y haciendo que este perdiera el equilibrio y cayera en el bosque.

—Dani, no te detengas —ordenó Annabeth. Dani levantó la vista y asintió—. Percy, trae una mesa de picnic. Improvisaremos una balsa.

Rápidamente me moví en dirección a una mesa, y como no tenía las suficientes fuerzas como para moverla yo solo, utilice un brazo de agua que la llevó hasta donde Annabeth.

Era difícil trabajar mientras había un sismo, pero Annabeth encontraba la manera de hacerlo y al cabo de unos minutos, logró hacer una superficie que no se hundiera. Cosas de hija de Atenea.

—Percy, nosotros dos nos montaremos primero —dijo refiriéndose a Dani—. Cuando te avise, haces que la corriente nos lleve rio abajo, entonces te montas también y con tus habilidades nos guías en el viaje por el rio.

—Vale. Entiendo —dije mientras me preparaba para todo lo siguiente.

Cuando la balsa estaba en el rio, Annabeth dio la orden a Dani de detenerse. En ese momento, nos dimos cuenta de lo mucho que le exigimos, ya que cayó sobre sus rodillas y con la frente perlada por el sudor. Como estaba agotado le costó algo llegar a la balsa. Entonces hice que la corriente del rio se agitara y empezara a empujar la balsa.

Pero entonces apareció entre los arboles Jones, con múltiples heridas sangrantes, cojeando—. No crean que os la dejare tan fácil.

—Ya no eres tan burlón, ¿eh, señorito? —dicho comentario demostró su rabia: se cabreó completamente y grito:

—Todos, salgan ahora. Debemos de detenerlos.

Entonces varios rugidos, aullidos y demás sonidos se apoderaron de la calma del parque que obtuvo luego de que cesara el sismo de la tierra.

—Percy, ven —chilló Annabeth. No quería quedarme en medio de toda una batalla contra toda una legión nueva de monstruos, por lo que corrí al rio, y con ayuda del agua llegué a la balsa. Entonces aumenté la velocidad de la corriente, justo antes de ver como salía toda la nueva horda de monstruos del bosque.

Apenas llegamos a tierra firme, Annabeth logró conseguirnos un boleto para el último tren del día a Montana. Al bajarnos del tren fuimos directo a buscar un lugar donde quedarnos, y no podríamos quedarnos a la intemperie en la tienda de dormir porqué la habíamos dejado atrás cuando atacaron el parque, por suerte aun teníamos todo lo demás en las mochilas.

En cuanto a dinero mortal, solo teníamos unos cuantos dólares que no nos servirían para pagar una noche en un hotel normal y decente: donde estaríamos seguros que no seríamos secuestrados o robados.

—Estoy muy cansado, y tengo sueño —se lamentó Dani luego de estar caminando mucho tiempo. Annabeth le miró reprobatoriamente, pero aun así se notaba que ella misma estaba cansada.

—Descansemos un rato ahí —dije señalando una plaza. Podíamos ir a sentarnos alrededor de un monumento con una estatua y rogar que no ocurriera nada más

Si no hubiéramos cruzado dos estados, y el alba estaba a punto de romper en el horizonte, hubiera sugerido regresar por esa tienda de campaña en la cual teníamos gran comodidad.

—Esto es extraño —comentó Annabeth al llegar al monumento—. Esa parece una estatua griega.

Dani se sentó en el borde del monumento—. Se me hace reconocida —murmuró mientras observaba el agua del monumento—. Si no me equivoco la vi en Pensilvania. Y exactamente el mismo monumento. ¿Lo habrán copiado?

Por unos segundos me quedé viendo la estatua, la cual parecía emitir una especie de aura a su alrededor, que hacía todo más calmado y tranquilo, tanto que caí en un trance en el cual olvidaba que estaba cansado, tanto era el trance, que me imaginé que la estatua me guiñó un ojo.

—S-soy el único —murmuré mientras retrocedía y buscaba a contracorriente—, que se siente como en…

—Harmonía —completó Annabeth.

—Si, en harmonía. Pero ninguno ha visto…

—No, Percy, ya sé quién es ella. Es la diosa Harmonía. Hija de Afrodita y Ares, es la diosa de la armonía y la concordia.

—Pero, me ha guiñado el ojo…

Annabeth junto a Dani me miraron directamente, como si de repente fuera Kronos—. ¿He dicho algo mal?

—No, Percy. Es más, dame una dracma.

No entendía el plan, pero seguí lo que me dijo. Dani parecía tan confuso como yo.

Annabeth lanzó la dracma al agua del monumento—. Harmonía, si eres tú, ayúdanos.

La dracma cayó al fondo del agua. Sin hacer nada.

Dani se levantó, cogió su mochila y empezó a caminar—. Bien, lo intentamos —y comenzó a salir de la plaza, llegó hasta la entrada del lugar, pero entonces giró sobre sus talones y volvió—. Tengo otra idea. Probemos ir a donde la estatua directamente.

Annabeth y yo compartimos una mirada. No teníamos nada que perder, por lo que lo hicimos. O mejor dicho, lo hice.

Entré en el monumento y me dirigí a la estatua.

—Hola, diosa Harmonía, ¿Cómo estás?

—Estamos intentando pedir un favor, no ligar con ella, Percy —me riñó Dani. Annabeth por su parte intentó de reír con disimulo.

Dejé la dracma a los pies de la estatua—. Diosa Harmonía, acepta esta ofrenda.

Y esta vez, la dracma desapareció. Sonó como si una compuerta antigua se abriera, y luego le siguieron los gritos de Dani y Annabeth.

Salí fuera del monumento, y vi como en el suelo se había abierto un espacio. Mi novia y Dani habían caído por ahí, por lo que me lancé.

Cuando toqué el suelo, estaba en una sala de recibimiento. Annabeth y Dani no estaban por ningún lado, por lo que entré por la única puerta que vi. Después seguí el sonido hasta otra puerta.

Ahí estaban Dani y Annabeth, acomodándose en una recamara.

—Annabeth, tu recamara esta lista, y nada de chicos durmiendo con chicas —dijo una voz desde un cuarto adyacente. Una puerta se abrió y entró una mujer de cabello rubio y un vestido griego, en su cuello resaltaba un collar con distintos adornos llamativos y elegantes—. Oh, Percy ha llegado —dijo con una sonrisa, que causaba que todo pareciera tranquilidad y calma.


Notas de autor:


Hola a todos, ¿Os ha gustado? Bueno, a mi en particular me gustó esta batalla. Tardé un poco en actualizar ya que FF estuvo tocando los cojones. Ya son 10 capítulos, por lo que estamos a la mitad de la historia, ¿Quién es el primordial? ¿Por qué Dani es el objetivo? ¿A qué se debe que Little este diciendo cada vez "¡El collar! ¡El collar!"? Falta poco para terminar, así que con el pase de los capítulos averiguaréis todo.

Quiero agradecer a todos quienes dejáis reviews, ya que vosotros me motiváis.