Hola a todos! Este es el penúltimo capítulo de esta historia :D

Espero que hayan disfrutado mucho los capítulos anteriores, ya que yo disfruté bastante cuando los escribía. :D

Para superar mi bloqueo de ideas, volví a ver los capítulos de FMA Brotherhood en donde había escenas Royai. De verdad, me ayudó mucho para inspirarme :)

Antes de que comience con mis introducciones delirantes y fuera de lugar XD, comencemos con el capítulo 10.

Capítulo 10: La línea que los separaba

Después de regresar de la boda del menor de los hermanos Elric, el general de brigada Mustang tuvo que ponerse al día con el papeleo. Como siempre, su leal teniente tuvo que estar detrás de él para que no se le acumulara el trabajo. Mustang no podía aceptar que disfrutaba que su asistente estuviera detrás de él como su niñera, aunque lo regañara por aplazar demasiado el papeleo.

Sin embargo, al final del día, cuando el turno de trabajo terminaba, sabía que ella probablemente saldría con Tom a cenar o a pasear por la ciudad. Aquel pensamiento no lo dejaba tranquilo, a pesar de que se había repetido mil veces a sí mismo que ella solo era su asistente.

Antes de poder percatarse de lo rápido que pasaba el tiempo, llegó fin de año; por lo cual, tenían que presentar varios informes que resumieran las actividades del año, los gastos registrados y el presupuesto aproximado del año entrante; es decir, más papeleo. Durante varios días, todo el equipo de Mustang se mantuvo muy ocupado tratando de terminar sus labores antes de que llegara su hora de salida, sino tendrían que hacer horas extra para poder entregar el trabajo listo.

A pesar de todo el tiempo que invertían para terminar los informes, faltando una semana para que se venciera el plazo, tuvieron que comenzar a desvelarse en la oficina si querían presentar los informes a tiempo. El café se consumía como si se tratara de aire y las luces permanecían encendidas todo el día, ya que siempre había alguien trabajando.

Ellos no eran los únicos que padecían dicho problema. Las demás oficinas también tenían dificultades para terminar sus labores. Todos los soldados corrían de un lado a otro cargando archivos, fólderes, cuadernos y papeles que debían ser firmados por sus superiores. Nadie se mantenía a salvo.

Todo se complicó más el día en que se reportó el secuestro del hijo de un teniente coronel. Varios oficiales tuvieron que dejar su trabajo en pausa para poder atender el caso. Por fortuna, el problema no se prolongó más de un par de días; por lo que, pudieron continuar con sus informes.

Una hora antes del vencimiento del plazo, el general de brigada Mustang firmó el último documento que debía presentar. Eran casi las 12 de la noche y todo su equipo lucía cansado. Aún había algunas oficinas que no habían terminado; sin embargo, ellos lo habían logrado.

Mustang y su equipo salieron de las instalaciones del cuartel dispuestos a regresar a sus respectivos hogares para descansar. No tenían energías suficientes para celebrar o salir a dar un paseo por la ciudad, solo querían tirarse en su cama y dormir hasta que se sintieran recargados.

- Fuimos muy afortunados en que no nos asignaran una misión durante esta semana – comentó el teniente Breda -. El caso del secuestro retrasó a varios colegas.

- Es la primera vez que entregamos estos reportes con tanta anticipación – agregó Havoc – El año pasado terminamos todo 10 minutos antes de la medianoche.

- En el norte, estos reportes deben ser enviados con dos semanas de anticipación a Central – dijo Falman -; sino los documentos no llegan a tiempo para su revisión.

- El punto es que terminamos y ahora estamos libres – interrumpió Roy -. No habrá más papeleo hasta el próximo año… o al menos espero que sea así.

Todo el grupo pudo distinguir a una persona parada al frente de la entrada. Debido a la oscuridad, no podían ver el rostro de dicha persona; sin embargo, cuando se acercaron lo suficiente, notaron que se notaba de un muchacho que habían visto anteriormente.

-Riza, perdón por no avisarte que vendría– dijo Tom desde su sitio después de saludar al equipo-, pero necesitaba hablar contigo.

-De acuerdo, no hay problema. Parece que se trata de algo urgente para que me hayas esperado en el frío – respondió acercándose a él.

Riza se despidió de sus compañeros y se fue con Tom. Normalmente, no habría aceptado salir con él a horas tan altas en la noche; no obstante, sentía que se trataba de algún asunto de suma importancia.

Mientras ellos se retiraban, los comentarios en voz baja comenzaron por parte de los subordinados de Roy. Comentaban que no esperaban que el pretendiente resultara ser un hombre común y corriente, o que les sorprendía que existiera alguien capaz de domar el duro corazón de su compañera.

- ¿Ustedes creen que se comprometan? – preguntó Fuery

- Es probable, pero uno nunca sabe cómo pueden terminar las cosas – respondió Havoc

- Además, tendrían que… -agregó Breda antes de ser interrumpido por su superior, quien lucía molesto.

- ¡¿Podrían dejar de chismear como señoras que no tienen nada más que hacer?! ¿Acaso no se encontraban exhaustos y con mucho sueño? Sin embargo, tienen energía para hablar de la vida de los demás.

Sus subordinados casi podían visualizar el fuego salir del cuerpo de Roy, así que optaron por quedarse callados e irse de allí lo más pronto posible. Lo menos que querían era morir carbonizados antes de fin de año.

Por su parte, Roy tuvo la tentación de seguir a su asistente; sin embargo, sabía que ella no tardaría en percatarse de su presencia. Simplemente, decidió caminar por donde sus pies lo llevaran y pensar en cualquier cosa. Necesitaba despejar su mente de todas las preocupaciones que lo estresaban y relajarse un poco, por lo menos esa noche. Para su mala fortuna, su caminata improvisada lo llevó hasta un lugar que le pareció familiar.

- General de brigada, ¿qué hace vagando por aquí a esta hora? - le preguntó Riza cuando se lo encontró a una cuadra del lugar en donde vivía ella.

- Vamos, teniente, no es tan tarde – respondió sacando su reloj de alquimista -. Son solo… ¡Las 5 de la mañana!

- ¿No debería estar en su casa descansando? Aún debe organizar algunos asuntos en la oficina por la mañana.

- ¿Y qué hay de usted, teniente? Si bien hoy es su día libre, es peligroso que una dama esté en la calle a estas horas.

- No se preocupe por mí, señor. Siempre camino protegida por si algo llegara a pasar.

- ¿Por qué el joven Tom no la acompañó hasta su casa? No es caballeroso de su parte dejarla sola.

- Yo le dije que me dejara regresar sola… además, él debe estar ocupado alistando sus maletas.

- ¿Maletas? Ya veo, seguramente saldrá de viaje – comentó mientras sentía que las primeras gotas de lluvia caían sobre su cabeza.

- Él no solo saldrá de viaje. Se mudará al sur por un tiempo… es por ello que quería hablar conmigo con urgencia.

Tom había recibido un par de días atrás una excelente propuesta de negocio. Tendría ganancias aseguradas por mucho tiempo si la aceptaba antes de que otro comerciante se le adelantara. Un amigo suyo le había avisado de dicho negocio y tenía que dar la respuesta lo más pronto posible; sin embargo, aceptar la propuesta implicaba viajar al sur por un par de años. Si todo salía bien, su estadía se prolongaría mucho más tiempo.

Él no quiso desaprovechar la oportunidad, así que aceptó al instante. Quería hablar con Riza al respecto lo más pronto posible, pero no pudo ubicarla durante la semana en que tenían que terminar los reportes anuales en el cuartel.

Esa noche, él le había propuesto que ella viajara también al sur para que lo acompañara. Ella podría pedir una transferencia al cuartel del sur y continuar trabajando en el ejército sin problemas; sin embargo, ella se negó.

- Le dije que aún tenía que cumplir una misión muy importante aquí – agregó Riza al final -. Yo le prometí a usted que lo ayudaría a llegar a la cima, así que no podía abandonarlo a mitad de camino.

- Así que ese fue el motivo… teniente, aún tiene tiempo de volver con él y decirle que cambió de opinión al respecto. Yo no la juzgaré si decide irse con él y buscar su felicidad a su lado. Lo que sí me enfadará es que usted se arrepienta después de la decisión que está tomando ahora.

- Ya es tarde. Yo no me arrepentiré… soy feliz con la decisión que he tomado. Yo permaneceré a su lado para apoyarlo a cumplir su meta, señor.

La lluvia que había comenzado como un par de gotas diminutas se volvió más fuerte con el pasar de los segundos. Durante los momentos en que ambos permanecieron en silencio, el agua proveniente del cielo ya los había empapado completamente.

La teniente invitó a su superior a pasar a su apartamento para que pudiera secarse. Le prestó una toalla y le sirvió una taza con té caliente. Por su parte, Roy se había mantenido en silencio desde que había entrado. Por un lado, se sentía aliviado de que el pretendiente de la teniente viajara lejos; sin embargo, por otro lado, se sentía culpable de que ella no pudiera elegir libremente lo que quería hacer. Sentía que la estaba limitando. No quería que ella se sintiera obligada a siempre elegir lo mejor para él.

De pronto, la teniente se acercó con un cambio de ropa para él. Le pidió que dejara su ropa secando para que no se resfriara, así que él aceptó sin dudarlo. Se encontraba completamente mojado y enfermarse no era una opción si quería seguir impresionando al Führer en la próxima reunión. Se dirigió al baño y dejó su ropa secando allí.

La teniente Hawkeye entró a su habitación y también se cambió la ropa. Luego, preparó más té para su superior, quien no tardó en salir del baño ya cambiado. Riza no tardó en percatarse de que el general de brigada tenía la mente en otro lugar; así que se sentó a su lado en la sala y le ofreció más té, mientras ella también bebía una taza con dicha infusión.

- ¿Se encuentra bien, señor? – le preguntó -Luce muy pensativo y preocupado.

- No es nada… bueno, sí es algo importante… - respondió sin mover su mirada de la taza que sostenía entre sus manos -Teniente, lo que pasó entre nosotros esa noche en Ishval… ¿qué significado tuvo para usted?

Riza no esperaba esa pregunta; por lo que, no supo qué responderle a su jefe. Pensaba que él nunca más sacaría dicho tema, debido a que ella había dejado en claro en aquella ocasión que solo se había tratado de un error que debían olvidar.

- En esa ocasión, yo dejé en claro que…

- Ya veo – interrumpió Mustang -, entonces ambos tenemos el mismo problema. Ninguno de los dos es capaz de aceptar que no solo se trató de un "accidente".

Ambos se quedaron en silencio durante casi un minuto. Ninguno era capaz de pronunciar la primera frase que pusiera fin a la incomodidad que estaban padeciendo. Por fin, los dos se encontraban solos y podían hablar sobre lo ocurrido en el viaje a Ishval sin interrupciones; sin embargo, las palabras no salían de sus gargantas, como si algo no les permitiera hablar.

- Supongo que seré yo quien hable primero – dijo la teniente colocando su taza en la mesa de centro -. General de brigada, yo le prometí que lo ayudaría a llegar a la cima y que lo seguiría hasta el infierno si fuese necesario… quiero mantener mi palabra sin alguna barrera que lo impida. Si bien hemos estado juntos muchos años, es necesario que mantengamos la distancia necesaria entre los dos… porque si cruzamos la línea de nuevo, como en aquella ocasión, quizá ya no seamos capaces de…

- Lo que me está diciendo es que debemos guardar lo que sentimos y vivir como si no existiera. Al menos usted tiene eso en claro, pero yo… ¿qué clase de adulto soy? Sueño con convertirme en el Führer; sin embargo, no soy capaz de ordenar los sentimientos que tengo hacia usted. Ni siquiera estoy totalmente…

- No diga más… será mejor que continuemos trabajando como siempre y nos mantengamos unidos como equipo para que pueda llegar a la cima.

Después de llegar a dicho acuerdo, la teniente Hawkeye se dirigió a su dormitorio para descansar. Como la lluvia no se detenía, el general de brigada se echó a dormir en el sofá de su asistente, quien le prestó una manta para que pudiera cubrirse.

Todo había quedado claro entre los dos. No cruzarían los límites del campo laboral nunca más y se concentrarían en su meta. Solo serían el general de brigada y la teniente, y así permanecerían. Dejarían de lado cualquier sentimiento que pudiera entorpecer el camino que ambos habían elegido.

Horas más tarde, Roy sintió una pequeña lengua en su cara. Cuando abrió los ojos, se dio cuenta de que se trataba de Black Hayate. El pequeño animal ya había lamido todo su rostro y se disponía a continuar hasta que él despertara.

Roy se levantó inmediatamente y se limpió la cara con una toalla. Observó a su alrededor y recordó que aún permanecía en casa de su asistente; sin embargo, no la encontraba por ningún lado. De repente, escuchó que alguien colocaba la llave en la cerradura y abría la puerta. Se trataba de Riza, quien había regresado de la tienda con comida para el almuerzo.

Al ver a su jefe en su casa, se sorprendió. Lo había despertado un par de horas atrás para avisarle que debía ir a su casa a cambiarse y, luego debía ir a trabajar. Ya era casi mediodía y él seguía allí, sentado en su sofá muy tranquilo.

Lo mandó a vestirse con su propia ropa al baño, mientras ella le preparaba un café. Entre bostezos, Mustang comenzó a cambiarse; sin embargo, tardó en percatarse de que su pantalón no estaba con el resto de su ropa.

Mientras la teniente estaba en la cocina, Black Hayate comenzó a ladrar mirando la puerta, como si hubiera reconocido el olor de alguien. De pronto, alguien tocó la puerta; así que Riza se dirigió para abrirla. Se trataba de Havoc y Breda, quienes andaban buscando al general de brigada, quien no respondía las llamadas de su teléfono.

- Teniente Hawkeye, lamentamos molestarla en su día libre – le dijo el teniente Breda -, pero estamos buscando al general de brigada por toda la ciudad y no lo encontramos.

- Unos testigos dijeron que lo vieron anoche caminar por esta zona – agregó Havoc-, pero no están completamente seguros.

El sargento Fuery se acercó a ellos a paso rápido. Se acaba de comunicar con Falman, quien se había quedado en la oficina. Su superior aún no aparecía por allí. Mientras la conversación fluía, la teniente Hawkeye trataba de ordenar sus ideas. Si les decía que el general de brigada había dormido en su casa, sus compañeros pensarían mal; sin embargo, si simplemente les decía que no tenía conocimiento al respecto, ellos se retirarían.

Por mala fortuna, antes de que pudiera pronunciar palabra alguna, alguien se le adelantó.

- Teniente – decía Roy mientras salía del baño cubriéndose con una toalla -, no puedo encontrar mis pantalones por ninguna parte. Creo que…

La explicación que pudiera dar la teniente sobraría en ese momento. Havoc, Breda y Fuery habían presenciado aquella bochornosa escena y nada ni nadie podría cambiar la impresión que se habían llevado en ese instante.

- Bueno, parece que el general de brigada no está por aquí – dijo Havoc en un tono medio nervioso.

- Teniente, si se encuentra con él, le dice que lo estaremos esperando para que selle un documento – agregó Breda con el mismo tono de voz-; es más, mejor dígale que lo reportaremos como enfermo y que no se preocupe por el trabajo. Nosotros nos encargaremos de todo.

- Hasta luego, teniente. Disfrute de su día libre – se despidió Fuery.

Los tres se retiraron del lugar lo más rápido que pudieron. Ya era muy tarde para las explicaciones. Ninguna fuerza sobrenatural sería capaz de borrar lo que habían presenciado.

Después de una ardua búsqueda por toda la casa, encontraron los pantalones del general de brigada en el piso del comedor. Al parecer, Black Hayate los había llevado hasta allí con el fin de echarse encima y dormir. Dicha travesura les había costado caro a los militares presentes.

Antes de que pudiera haber más malentendidos, Mustang terminó de cambiarse y salió de la casa de su subordinada. Ya no se sentía con energías de ir a trabajar, así que aprovecharía su reporte como enfermo para tomarse el día libre. Al final de cuentas, no tenía deseos de ir al cuartel para que sus subordinados lo estuvieran observando toda la tarde. Mejor esperaba a que se calmara la situación para poder volver. Lo único bueno en esa situación resultaba ser que ellos sabían que terminarían calcinados si se atrevían a abrir la boca. Cuando regresara al cuartel, les dejaría en claro el mensaje.

Roy caminó hasta la puerta y volteó hacia su asistente para despedirse con el saludo militar.

- Nos vemos, teniente. Disfrute de su día libre.

- Hasta luego, general de brigada – respondió con el saludo militar-. Nos vemos mañana para seguir trabajando.

Las palabras de Riza se cumplieron al pie de la letra. Ellos continuaron trabajando durante los siguientes años para que Roy pudiera llegar a la cima. El tiempo transcurrió con rapidez entre las misiones, las reuniones, los viajes y, por supuesto, el papeleo, el cual aumentaba exponencialmente en cada peldaño que subían.

La reconstrucción de Ishval culminó con éxito. Las tierras sagradas de los ishvalanos fueron devueltas y dicho pueblo pudo gozar de mejor comunicación con la ciudad. Por otro lado, el comercio con Xing mejoró notablemente, gracias a que Mustang pudo negociar con Ling, el emperador de Xing, sin problema alguno.

Antes de que pudieran asimilar la noticia, se oficializó la salida del Führer Grumman de la milicia. Después de varios años trabajando como el jefe del estado, decidió retirarse para descansar de todas las responsabilidades que había tenido que atender durante ese tiempo.

Tal y como lo había soñado, el general Roy Mustang se convirtió en Führer. Fue nombrado oficialmente en una ceremonia organizada por los altos mandos de la milicia. La noticia recorrió el país entero en poco tiempo. Incluso las zonas más alejadas del país recibieron la noticia por la radio o el periódico. Rizenbul no fue la excepción; por lo que cierto ex alquimista estatal recordó que debía pagar cierta deuda que había prometido cumplir en el pasado.

Pocos días después del nombramiento oficial del nuevo Führer de Amestris, un miembro de la milicia realizó una solicitud que llegó a manos del nuevo Jefe de Estado. Él llamó a dicho miembro para que tuvieran una reunión lo más pronto posible. Necesitaba una explicación contundente para haber tomado una decisión tan importante sin haberle consultado antes.

Esa tarde, la teniente coronel Riza Hawkeye entró al despacho del Führer, tal como él lo había solicitado. Lucía sumamente tranquila a pesar de que conocía el motivo del llamado. Con el documento en mano, Mustang se levantó de su asiento y caminó hacia su subordinada con mucha seriedad. Se detuvo a unos pocos pasos de distancia y le entregó el papel sin firmar.

- ¿Me podría explicar por qué llegó hoy a mi escritorio una solicitud de retiro con su nombre?

- Permítame explicarle mis motivos, señor. Estoy segura de que comprenderá.

- Adelante, dígame cuáles son esos motivos. La escucharé todo el día si es necesario.

- La misión que tenía yo… ha sido completada.

Roy se quedó en silencio. No podía fingir que no entendía lo que ella acababa de mencionar. Ella había prometido seguirlo sin restricciones y proteger sus espaldas hasta que él cumpliera su sueño de ser Führer, lo cual había logrado después de tantos años. Establecer una democracia dependería totalmente de él mismo.

Riza se retiraría del ejército para regresar a su pueblo natal. Quería ordenar su antigua casa y pensar con calma qué haría después. Necesitaba descansar de todo el embrollo que significaba estar en el ejército. No quería seguir usando armas para matar gente.

El Führer no tuvo más opción que aceptar la solicitud de Hawkeye para que se retirara del ejército. Antes de que se diera cuenta, ella ya estaba despidiéndose de todos en el cuartel en su último día como militar.

Habían pasado tantas aventuras y desventuras juntos que les sería imposible olvidar todo el tiempo en que habían sido un dúo poderoso. Al final, la teniente coronel Hawkeye llegó al despacho del Führer para despedirse de él y agradecerle por todo. Él no tenía palabras para expresarle lo agradecido que estaba por haberle cuidado las espadas durante tantos años. No solo se trataba de eso, también se había convertido en su mano derecha y en una compañera insuperable.

- Cuídese mucho, teniente coronel. Espero que nos visite muy pronto – dijo mientras realizaba el saludo militar.

- Gracias. No acumule su trabajo, por favor.

Ella se estaba alejando de él frente a sus ojos. Iba a irse por un tiempo indefinido. No estaría seguro de cuánto tiempo pasaría para que la volviera a ver; sin embargo, debía respetar los deseos de Riza y dejarla ir. Tenía derecho de descansar de todo lo que había vivido en la milicia y encontrar su propio camino.

Cuando se acercó a la ventana, pudo ver cómo ella cruzaba la puerta del cuartel hacia la calle. Ahora los dos estarían separados por primera vez en mucho tiempo.

Este fue el capítulo 10.

Agradecimientos a los comentarios!

RoyMustangFhurer: Gracias por comentar :D Te entiendo, a veces no hay tiempo suficiente. Bueno, en este cap ya pudimos enterarnos de qué pasó entre Riza y su amigo.

Butterfly of the life: Gracias por comentar :D jejeje yo también me lo imaginé.

Manunekomata: Gracias por comentar :D Trataré de no demorar mucho en actualizar.

Jimenita-Chan: Gracias por comentar :D Me parece interesante esa propuesta para otro fic. Lo tomaré en cuenta para futuras historias. Lamentablemente, mi horario solo me deja tiempo para escribir un fic a la vez. Después de este fic, voy a empezar otro que no será Royai, pero en el cual Roy y Riza tendrán participación. Será corto; así que después de ese fic probablemente escribiré otro Royai. Sin duda anotaré tu sugerencia en mi agenda :D

Bueno, el capítulo 11 ya está casi listo. Solo falta redactarlo XD pero ya tengo las ideas generales de que pasará. Trataré de no demorarme en actualizar. Como ya comenzaron las clases en la universidad, ahora tengo menos tiempo. Normalmente, escribía el fic en las noches cuando regresaba de trabajar, pero ahora mis clases serán en la noche :S Trataré de organizarme para tener tiempo de seguir escribiendo. No se preocupen, no dejaré la historia incompleta.

No se olviden de comentar. Quiero saber qué opinan de este fic. Como siempre digo, son bienvenidos los comentarios, sugerencias, quejas, rajes, chismes, etc.

Bye bye

Viva el Royai!