Yehi! Dos actualizaciones en menos de 4 días tras meses sin actualizar, me estoy portando bien ¿verdad? Bueno dejo de hablar para que leáis, espero que os guste :3
pd. Gracias Samantha, me distes más ganas de escribir ^^
Capítulo 9:Es hora
Durante el siguiente mes las interacciones entre Steve y Tony aumentaron. El capitán seguía llevándole aquellos aperitivos con los mismos mensajes de disculpa y aquella rosa, que de pronto había pasado de ser blanca a ser roja, detalle que no pasó por alto para el genio aunque prefirió no decir nada y no hacerse ilusiones. A diferencia de las anteriores veces, Tony permitía el acceso al soldado y mantenían superficiales conversaciones que poco a poco se iban haciendo más largas y en cierta manera más profundas. Las cosas iban bien, con cierta tensión, pero bien, Rogers nunca avanzaba sin tantear primero y Tony sorprendentemente iba cediendo al avance del rubio, era como si poco a poco sus recuerdos fueran doliendo menos, aunque eso no le arrancaba del pecho aquel miedo y desconfianza que el genio sentía. Amaba a Rogers, pero había sufrido lo suficiente como para no querer abrirse por ahora, al menos de la forma en la que eran antes de los acuerdos. Por su parte Buck no perdía detalle de lo que sucedía entre sus dos amados, metiéndose de vez en cuando, sin llegar a molestarlos, solo intengrandose en la conversación de forma natural, tan natural, que en ocasiones se olvidaban que hace apenas un año antes se odiaban. Y es en una de estas ocasiones donde nos encontramos, con un relajado Tony sentado en su banqueta del taller con los dos soldados sentados en un cómodo sofá de cuero enfrente de el con brillantes sonrisas en sus rostro. Curioso ¿Verdad? Como cambian las cosas.
-Así que la doctora Cho llegar mañana ¿No? –Dijo Steve observando como Tony asentía disfrutando de sus dona de glaseado rosa.
-igo eh vedia obe as ie a me (Dijo que vendría sobre las 10 AM) –Contestó el genio con la boca llena lo que provoco las carcajadas de sus compañeros.
-No deberías hablar con la boca llena, Baby doll. –Se burló Bucky limpiándole unas miguitas de dona de su comisura con su dedo gordo llevándose este después a su boca.- Delicioso… -Dijo con un suave deje lascivo en la voz lo que dejo igual de descolocados y ruborizados a Steve y a Tony. –Bueno, me voy, tengo revisión en Shield.-Sonrió satisfecho levantándose para irse de allí dejándolos en un silencio incomodo a sus dos amores.
-¿Qu…? –Comenzó a preguntar el capitán celoso y furioso, pero la mirada de confusión del genio lo tranquilizo un poco, pero no quitó el incómodo silencio que se quedó tras la marcha del moreno.
T´challa se encontraba meditando en la terraza cuando vio aparecer a un sonriente Soldado de invierno que parecía venir del taller.
-Parece que le ha ocurrido algo bueno, Barnes.- Murmuró el oscuro rey sobresaltando al nombrado que al percatarse de la presencia de su interlocutor no dudo en acercarse y saludarlo estrechando su mano con una alegre sonrisa.
-Su majestad, que bueno verlo, creía que se encontraría en Wakanda por otra semana más.
-Ese era el plan… -Admitió el hombre suspirando pesadamente.- Es extraño, cuando estoy aquí echo de menos las densas selvas de mi tierra, pero cuando estoy allí, extraño la torre Stark y a sus habitantes.
-Oh… -Murmuro James con una sonrisa algo perversa en su rostro.- ¿A sus habitantes o… A cierta súper espía pelirroja?
-¿En serio soy tan obvio? –Rió cansado recostándose en su asiento.- Sinceramente no sé qué hacer. Nunca me preocupé por el amor romántico, siempre creí que eso era una estúpida fantasía. Un día me casaría con una buena mujer, que elegiría mi padre, y yo la respetaría y cuidaría…. Pero Natasha apareció como un intenso y devastador fuego en mi vida llenándolo todo con sus rojizas llamas…. La amo…
- Eso no deberías decírmelo a mí… -Le contestó el supersoldado con un tono comprensivo pero con una traviesa sonrisa en los labios y sin dejar de mirar detrás de su majestad.
T´challa Observó al supersoldado y cuando se dio la vuelta para ver lo que pasaba se le heló la sangre. Natasha estaba allí parada con un leve pero hermoso sonrojo en sus mejillas.
-Eh… Yo mejor me voy… -Susurro Bucky saliendo allí casi en sprint
-Señorita Romanoff, yo….
A la mañana siguiente, Tony, Bucky y Steve se encontraban en el gran hall de la torre Stark esperando a la Doctora Cho. Helen era una mujer muy ocupada, así que le dijo al filántropo que solo podría estar con ellos parte de la mañana, el almuerzo y las primeras horas de la tarde, lo que para el genio era tiempo suficiente para implantarle el brazo al moreno supersoldado y de paso tener una comida amistosa con la doctora.
-Tan tú como siempre, señor Stark –Dijo la mujer entrando por la puerta con una enorme sonrisa en el rostro y abrazando al castaño siendo correspondida al momento.
-Tan hermosa e inteligente como siempre, Helen y por favor llámame Tony. –Saludó poniendo un tierno puchero que hizo sonreír a los dos supersoldados.
-Lo siento, Tony, siempre se me olvida. –Concluyó acercándose a los otros dos héroes para saludarlos mientras Tony le reclamaba.- Es un placer verlo capitán, me alegro de que todos estén bien tras los acuerdos.
-Lo mismo digo, doctora Cho.- Respondió el rubio estrechando la mano ofrecida y forzando una sonrisa, hablar de lo sucedido por los tratados aun le dolía.- Permítame presentarle al ex-sargento James Buchanan Barnes, la razón de su estancia aquí.
-Un placer… -Murmuró tímido el aludido estrechando con cuidado la mano de la asiática.
-Así que tú eres el famoso Bucky, Tony no para de hablar de ustedes dos. –Declaró la mujer sacándole los colores al filántropo que inmediatamente la tomó del brazo y tiró de ella hacia el ascensor.
-Basta de saludos, es tiempo de trabajar Helen, el brazo que he construido para Bucky bear te va a encantar. –Intentó desviar el tema, aunque los soldados ya sonreían tan felices como dos niños con juguetes nuevos.
Helen observó la escena con una ceja levantada, pero prefirió no decir nada, la verdad es que la situación le era graciosa. Tenía que preguntarle a Tony su secreto para hacer caer a todos a sus pies de aquella forma.
Habían pasado un par de horas desde su encuentro y Cho y Tony ya se habían asegurado de tenerlo todo listo para la intervención. El principal problema que tenían es que, por mucho que lo lamentaran, al moreno le iba a doler y mucho, eran nervios muy sensibles y el unirlos con una maquina era complejo y en cierta manera rudo para el cuerpo, y para rematar el problema, bucky metabolizaba los sedantes en menos de 10 minutos lo que les dejaba un margen de tiempo bastante corto. Por eso Steve se quedaría cerca, por si Bucky recuperaba la consciencia antes de tiempo y, desorientado, intentaba matarlos. El laboratorio de Banner fue modificado para convertirse en un improvisado, pero limpio y muy bien equipado quirófano.
-Es hora… -Murmuró la doctora mirando a Tony que asintió y fue a por los dos supersoldados.
Una vez dentro Steve se colocó a una distancia prudente, lo suficientemente lejos como para no molestar, pero lo suficientemente cerca para que, si en algún momento las cosas se salían de control, él pudiera salvarlos. Bucky fue sentado en una especie de sillón/butaca de piel blanca, que en cuanto notó el peso del cuerpo encima suyo dejo salir unos amarres metálicos que rodearon la cintura, el pecho, las piernas y el brazo del supersoldado poniéndolo un poco nervioso. Sabía que le iba a doler, Tony mismo se quedó una noche entera explicándole la intervención y asegurándose de que entendía todo lo que él decía, pero estar así de nuevo le traía muy malos recuerdos que no quería revivir.
-Ey, Bucky bear… ¿Nervioso? –Murmuró el castaño con un tono dulce y una mirada preocupada.- Sé que no te gusta esto… -Hizo sonar el metal de los amarres con sus nudillos.- Pero es solo por seguridad, te juro que cuando acabemos no sentirás más dolor… ¿Sí?
Bucky observó los preocupados orbes castaños que lo miraban con… ¿Dulzura? Y se relajó un poco, dándose el lujo de sonreírle.
-Tranquilo, Baby doll, confío en ti.
Tony resopló rodando los ojos, no le gustaba ese mote, él no era un bebe, ni una muñeca, además escuchar salir esas palabras del soldado lo ponía nervioso, demasiado nervioso. La sonora risotada del moreno saco de sus pensamientos al genio.
-No te ofusques por eso Tony, recuerda que tienes que operarme. –Murmuró calmado.
-Arg… Ahora sí que te voy a hacer daño… -Bromeo el castaño colocándole la mascarilla con el gas anestesiante.- Por favor, no te despiertes antes de tiempo….
El soldado se durmió ante la atenta mirada de Tony, Helen y Steve
