Hola a todos otra vez!

Aquí Ara Shiba reportándose con el 10mo capi de esta historia... Como ya les respondí por MP, este es el primero con IchiRuki expreso. Cabe aclarar que lo escribí con un terrible dolor ya que esta semana me sacaron las muelas de juicio y no podía pensar bien, pero tampoco podía dejar de escribir. No me disgusta tanto cómo quedó, salvo porque el IR se demora mucho, pero el próximo capi prometo que será genial.

Espero que los fans de Orihime no se hayan sentido ofendidos por la enterga de la semana pasada, es que me quería sacar parte de la bronca del casi-beso de despedida a Ichigo antes de irse a Hueco Mundo. Sí, me cayó super mal.

Gracias miles a los que me comentan siempre y me siguen, y también a todos los que leen pero que no me comentaron nada aún.

Otra vez les recuerdo que Bleach no es mio, sino del Maestro Tite Kubo.

Espero que lo disfruten y que me digan que les parece (sea tomatazo virtual o no, todo será bienvenido!), nos leemos!

Lazos

Capítulo 10: Feliz comienzo

Era otra noche tranquila en la ciudad de Karakura. No había habido alertas de hollows hasta el momento y nada extraño había sucedido en la ciudad, así que era tiempo de descansar.

Un joven de cabellos naranjas estaba recostado de lado en su cama, tapado, hundiendo su cabeza en una mullida almohada. Era verdaderamente reconfortante para él tener a la enana de vuelta en casa. Sintiéndose completamente aliviado en su interior, se dio vuelta mirando hacia el placard donde dormía Rukia, pero ella ya había cerrado la puerta y no pudo ver qué hacía.

Luego de unos minutos suspiró profundamente… la excitación no lo dejaba dormir como debía, y mañana debería levantarse temprano para trabajar. En esos días que Rukia no estuvo, y en vistas de que los cursos de verano de la escuela aún no comenzaban, su jefa aprovechó para pedirle que se quedara a trabajar jornada completa, cosa que le resultaba súper cansadora.

- Tendré más dinero para comprar jugo y cosas que le gusten a la enana… - pensaba entre dormido. - Creo… creo que papá tiene razón con sus bromas…- hubo un momento en que la mente de Ichigo quedó completamente en blanco - Rukia, ¿mi novia? Ni en sueños, primero nunca aceptaría, y segundo… No, no puedo decir que no la amo. Ella… ella merece saberlo antes de marcharse.

Y se dio vuelta mirando hacia la ventana, completamente rojo por su descubrimiento de la noche. La luna se retiró, abriendo paso a un brillante sol que se filtraría por las ventanas de las casas de la ciudad de Karakura.

Cuando Ichigo despertó, se dio la vuelta para estirarse. Lo primero que vio esa mañana, fue a Rukia arrodillada sobre la alfombra mirándolo fijo: Kami-sama sabrá hacía cuanto tiempo se encontraría en esa posición, esperando a que el chico finalmente abra los ojos. Se levantó del suelo y aclaró su voz.

- Ohayo, Ichigo. Hoy no irás a trabajar, pasaremos hoy juntos. – dijo de manera muy seria. Antes de que ella dijera esas palabras, él se encontraba anonadado… le encantó la sorpresa de esa mañana.

- ¡¿Qué?! Debo ir a trabajar. – dijo un Ichigo, completamente cabreado por lo sucedido.

- Ya hablé con tu jefa.

Flashback:

Rukia se encontraba al teléfono, bastante nerviosa, era la primera vez que tenía una idea como esa. Aún, nadie en la residencia Kurosaki había despertado. Sonaba bastante, era la primera vez que utilizaba ese artefacto con el cable enrulado.

- Ohayo, Unagi-san.- intentó decir seriamente.

- ZZZZZ, ¿Quién habla tan temprano? ZZZzzzzzzzzzzz

- Mi nombre es Rukia Kuchiki, llamo de parte de Ichigo Kurosaki.

- Oh, sí, perdoname, Rukia-chan. Ichigo me ha hablado mucho de ti antes de recontratarlo – esto provocó en la morena un sonrojo, ¿qué le habría contado a esa mujer?

- Hai, el motivo es para avisarle que Ichigo no podrá ir hoy al trabajo, ayer he cocinado y hoy están todos intoxicados aquí, y además un camión se ha incrustado en la casa hace un par de horas. – Definitivamente había sacado esos magníficos dotes actorales de su hermano… Estaba orgullosa de ella misma, tanto que casi derrama lágrimas.

- ¡¿QUEEEEEEEE?! Otro camión… Esta familia debe tener una especie de imán, es el segundo que entra y no por el garaje…

- Sí, gomen ne por haberla llamado tan temprano, pero sentía que debía hacerlo…

- No te disculpes, Rukia. Espero que se mejoren y solucionen todos los problemas, puede faltar todos los días que necesite dile, solamente que me avise así organizo las tareas…

- Que esté bien, Unagi-san. Sayonara.

- Ustedes también, y nuevamente gracias por avisar, Rukia. Sayonara.

Fin del flashback.

Ichigo, al escuchar la historia inverosímil que inventó Rukia, se cabreó completamente. Se sentó en la cama, como alma que lleva el diablo y mirando con rencor a la morena comenzó a gritar.

- ¿Pero qué mierda de historia te has inventado? ¡Que no nos chocó ningún camión! – se arrodilló sobre su cama para abrir la cortina y mira hacia afuera. Intentaba como sea calmarse… Esta chica era ideal para sacarlo de sus casillas. – RUKIAAAAAAA, no tenías que usar a Sode no Shirayuki para romper y congelar mi casa… ¿Papá y las gemelas ya lo han visto?

- Sí, pero otra vez modifiqué sus recuerdos – sonrió mostrando el pequeño artefacto en su mano derecha.

- Hmp – suspiró intentando quitarse la bronca. Eso cambiaba un poco la situación. – Está bien, saldremos hoy, sólo porque ellos no recuerdan a ninguna loca anciana bailando con su hielito.

Sinceramente a Rukia no le importó que menospreciaran el poder de su zanpakutou, lo tomó de la mano sin ningún tipo de consideración, y así como ya lo había hecho con anterioridad esa semana, lo arrastró por las escaleras en dirección a la puerta principal de la casa.

- ¿Y bien? ¿Qué haremos hoy? – preguntó ansiosa.

- Mmmm – se llevó un dedo al mentón, intentando que ello lo ayude a pensar rápido - pensé que hoy podíamos ir a un templo cerca de la colina a la que fuimos… podríamos hacer un pequeño picnic, que sin dudas sería mejor que el de la última vez… - Tenía que ser una salida donde él pudiera decirle lo que había descubierto anoche… Era consciente de que no quedaba mucho tiempo hasta fin de mes en ese momento, y debía apurarse.

- Bien, ¿Qué esperas Ichigo entonces? ¡Llévame! – demandaba a los gritos una Rukia aún más ansiosa que hace unos pocos minutos.

La puerta de la entrada de la casa se abre repentinamente.

- ¡Hola hijos amados! – Isshin salió con una reposera bajo el brazo, ropa de playa y un mantel a modo de capa de superman. A los presentes les corrió una gota por la frente. - ¿Dijeron día de campo, Rukia-chan? Yo los llevaré, iremos con las gemelas pero nos quedaremos a pasar la noche en carpa.

Isshin definitivamente estaba mucho más emocionado que Rukia, y eso que era ella la que hacía unos días había pasado por los peores (hasta ahora) momentos de su vida… A veces se preguntaba si este señor no se encontraba bajo las influencias de algún tipo de kidou o polvo de hadas si es que existían.

- ¡Sí, Isshin-san! – definitivamente, estar cerca de ese hombre podría ser perjudicial, o más bien contagioso. La idea le encantó, nunca había ido de día de campo, y mucho menos, armar una ¿cómo se dice? ¡Carpa! Sería sumamente emocionante, un día iría a contarle a Nii-sama, así podrían repetir la experiencia en algún lugar de la Soul Society. Claro, si le permitían quedarse aquí.

Rukia recibió un gran abrazo por parte de Isshin, que entró corriendo a la casa para alistar a las chicas y preparar el auto de la familia. Era la primera salida de este tipo en la vida de la shinigami, y harían todo lo posible para que disfrute al máximo.

- ¡Vamos Ichigo! – gritó Rukia, mientras lo tomaba de la mano y lo arrastraba adentro de la casa, y más específicamente, en dirección a la habitación. - ¡Debemos preparar todas nuestras cosas para el día de hoy, no perdamos tiempo!

Y otra vez lo arrastró por las escaleras hasta el dormitorio del número quince… Ichigo ya no decía nada, sabía que cualquier cosa que acote iba a terminar en la recepción de un golpe por parte de la morena, que continuaba excesivamente feliz y ansiosa por los planes de ese día, noche y día siguiente.

Rukia corría de un lado al otro de la habitación, buscando arduamente algo. Se sentó en la cama con cara de desilusión, mirando su falda.

- Oye Rukia, ¿Qué sucede? – dijo mientras se sentaba junto a ella y bajaba su cara para poder verla directamente a sus ojos. Le preocupaba ver deprimida a la morena. Hacía un tiempo ya que sus ojos estaban nublados y sin brillo, y de alguna manera le afectaba ver su dolor. Lo sentía en carne propia. Ella acabó por levantar un poco la cabeza y mirarlo a los ojos pero sin cambiar su expresión de preocupación.

Ichigo se sintió intimidado por sus ojos violáceos aunque se vieran tristes. Ni siquiera sabía si esa zozobra que sentía en ese momento se debía a algo llamado amo; es más, ni siquiera estaba seguro de cómo se sentía amar a alguien, y ahora creía amar a la enana de ciento cincuenta años… Si él se confesaba, ella seguramente lo rechazaría, había mucha diferencia en cuanto a la manera de pensar, los estilos de vida…

- Nada. Sólo que no tengo ropa para ir.

- Es cierto - pensó Ichigo. Al marcharse aquella noche, creyó conveniente guardar un par de cosas limpias para que pudiera usarlas al volver. – Esperame unos minutos, tengo algunas cosas que podrían servirte.

El chico salió de la habitación dejando sola a Rukia. Se sentía de cierto modo, aliviado, por poder ayudar a la morena con algo, si más no sea una tontería como alistar sus cosas… Lo que fuera para verla con el brillo de siempre.

Había ido al lavadero de la casa, a buscar una bolsa cerrada con un pequeño cartel. Se fijó que estuviera el vestido dentro y la tomó debajo del brazo. Comenzó a caminar por el pasillo en dirección a la habitación, pero una puerta después, lo frena Isshin con un paquete. Se lo extiende en silencio, e Ichigo lo toma con cierta curiosidad, que no pasa desapercibida a ojos de su padre.

- Estas eran unas cosas de Masaki… Puedes dárselas a Rukia-chan si quieres. Hace tiempo que nadie las usa ya y es una pena que tus hermanas o alguien no puedan disfrutarlas.

Vio dentro de la caja. Había varios bultos de tela. Se sentía extraño, pero prefería que Rukia tuviera cosas de su madre antes de que quedaran en desuso. Además se sentía profundamente agradecido a su padre por abrirle las puertas del hogar a la shinigami, y también de la familia. Con el corazón alborotado, subió las escaleras y cuando menos lo imaginó, estaba en su cuarto. Apoyó la caja que le dio Isshin en la cama y le extendió un bulto de tela blanco a Rukia, esbozando una leve sonrisa.

- Arigatou, Ichigo... – era el vestido que hacía tiempo le había hecho Ishida. – Qué tierna sonrisa – pensaba Rukia. – Ni siquiera Nii-sama podría superarlo.

Rukia se vistió lo más rápido que pudo, para no dejarlo esperando dentro de ese reducido espacio. Ella no tenía problemas, pero él si no era el doble de grande, andaba cerca.

- ¿Ya puedo salir, Rukia? – definitivamente no era lo suyo imitar a las ayudantes del mago enmascarado, esas que se metían en cajas donde clavan cuchillos y cosas afiladas.

- Sí – dijo mientras se colocaba el último calcetín.

Por el apuro, se cayó de espalda hacia el armario, y antes de que se golpeara, Ichigo la atrapó con los brazos.

Rukia pestañeó un par de veces, incrédula. Pensó que él se encontraba en modo shinigami por la velocidad, pero se cercioró de que no era así.

- Has mejorado, Ichigo. – es lo único que pudo decirle, bastante sorprendida.

- Ishida me ha enseñado un poco a usar hirenkyaku, así que ahora soy tan rápido usando mi cuerpo como tu querido Nii-sama. – dijo orgulloso de sí mismo.

- Nii-sama es mucho más rápido – y se cruzó de brazos, haciéndose la ofendida.

- Rukia-chan, Ichi-nii, ¡bajen a almorzar! – gritaba Yuzu desde la cocina.

Ichigo ayudó a Rukia a ponerse de pie otra vez y la soltó, aunque por alguna razón le había costado demasiado hacerlo. Se sentía bien estar tan cerca de ella… Rompió ese momento, puso la mano sobre el picaporte para abrir la puerta.

Se dio cuenta de algo importante: no le había dado la caja a Rukia, y ese era el momento perfecto para hacerlo. Se sentó en la cama y puso la caja sobre sus piernas. Ella se sentó al lado expectante

- Rukia… Quiero que tengas esto, papá me lo dio y yo creo que lo mejor es que lo tengas tú. – abrió la tapa de la caja. La chica ya sabía lo que era incluso antes de que lo sacaran para verlo, y sin esperarlo, unas lágrimas de felicidad comenzaron a brotar.

Para Ichigo fue un momento muy especial. Ella era la única con la que había atravesado los momentos fundamentales de su vida, era la chica que rescató de una muerte segura y a la que rescataría miles de veces más, era la chica que le había dado las herramientas para que pudiera proteger a todas las almas y personas del universo, la que lo había ayudado a crecer… la primera que despertaba esos sentimientos en él. Compartir algo de su madre con ella era emocionante… Hubiera sido maravilloso que pudieran conocerse en persona, seguramente se llevarían muy bien, pero la historia se encargó de que no pudiera ser de esa manera.

Se sentaron en la cama junto a las cosas del viaje, mirándose a los ojos sin tener en cuenta los hollows inofensivos de afuera. Poco a poco, la distancia entre ellos se había acortado considerablemente.

- ¡Hijos bajen a almorzar! – gritaba Isshin. Evidentemente ya estarían sentados a la mesa…

Rukia se levantó, rompiendo lo cálido del momento. No quería hacer esperar al resto…

- Espera, Rukia, hay algo que quiero – no terminó su frase. Siempre fue de acciones más que de palabras. Había tironeado el vestido de la morena haciéndola caer nuevamente a la cama y juntó sus labios rápidamente mientras la abrazaba (o más bien, la sujetaba para que no cayera). Fue un beso torpe y corto, pero para los participantes fue cálido, y cada segundo, eterno…

En fiiin, qué les pareció? Se aceptan sugerencias, ideas, críticas no insultivas y cualquier otra cosa que me quieran decir. Click en review para lo antes mencionado! Ja neee