Disclaimer: Los personajes pertenecen a la escritora Suzanne Collins


Mi linda chica

Capítulo 10

(The Shoop Shoop Song- Betty Evert)

Katniss PVO

Martes 15 de julio de 1977

-Déjalos ser libres- dice una voz, que me hace elevar mi mirada del libro que estoy leyendo.

-Tienen solo cuatro años, Finnick.

Annie insiste en ponerles protector solar a las pieles doradas de sus hijos. Sandy es dócil y obediente, mientras que Sunny explota de vitalidad. Ambos son dos criaturas preciosas, casi míticas, con los ojos grandes y verdes y rizos cobrizos. Finnick mantiene su postura de brazos en jarra, parado al lado de su esposa. Ella termina y deja que los niños correteen por la playa.

-¡No se alejen mucho!- grita, guardando la crema en un bolso que está a mi lado. Finnick rueda los ojos y hace una mueca graciosa.

Estamos de vacaciones en Santa Mónica, Peeta se tomó unas semanas de su trabajo y yo estoy de vacaciones de mis estudios. Un corto magisterio para ser maestra de música. Peeta al principio se opuso, puesto que con lo que gana con las panaderías alcanza y sobra, pero al final logré convencerlo. No puedo quedarme en casa aburriéndome como una ostra, tejiendo y mirando televisión hasta que se me seque el cerebro. Siempre se me dio bien la música y durante mi periodo rockero, que es mejor olvidarlo, aprendí a tocar la guitarra. Cuando Haymitch me envió la vieja guitarra de Gale, lloré un día entero. Mi pobre Gale, no era más que un cordero usando un disfraz de lobo.

-¿De dónde nace todo ese espíritu represor, Annie?- cuestiona Finnick, mientras trata de sintonizar una estación de música en la radio portátil que lleva. Nuestro campamento playero parece más bien uno de guerra.

-Creo que nació el día que los traje al mundo.- suspira Annie, sentándose en la reposera que está a mi lado.

Me rio con el comentario de Annie y ella sonríe amablemente.

-Supongo que a ti te pasará lo mismo- puntualiza Finnick.

Asiento, mientras acaricio mi vientre de cinco meses, con un nuevo Poroto en camino. De pronto lo siento de nuevo. Ese pequeño golpecito. Me quedo muy quieta. Mi rostro debe estar haciendo una mueca extraña porque Peeta se me acerca preocupado. Le sonrío y tomo su mano, para apoyarla donde nuestro pequeño patea insistentemente. La expresión de Peeta es maravillosa y me dulcifica por completo, apartando ese temor que creía olvidado.

Annie y Finnick deciden darnos nuestro espacio, yendo con los mellizos.

-Gracias.- murmura Peeta, antes de besarme tiernamente.

-Yo debo darte las gracias.

Peeta niega con la cabeza sin abandonar su sonrisa. Me abraza con fuerza pero sin apretarme.

-Niss… Niss- es Sandy, que viene corriendo hacia nosotros. Puede pronunciar "Katniss", pero le gusta decirme "Niss". Es tan linda con su pelito atado en dos coletas.- Un cacarol- me dice, enseñándome el caracol de mar que tiene en la mano.

-Qué bonito- le digo. Ella me enseña todos sus dientes, blancos como perlitas, en una sonrisa.

Extiende el "cacarol", como insiste en llamarlo, hacía mí.

-¿Es para mí?- pregunto. Ella asiente- Gracias, Sandy.

Los otros tres regresan. Sandy y Sunny se tumban cada uno a mi lado para que les cuente un cuento. Finnick finalmente logra encontrar la estación de radio que estaba buscando. Suenan los Bee Gees. Él y Peeta comienzan a bailar imitando a John Travolta en "Fiebre de Sábado por la Noche" Miro a Annie y ambas rodamos los ojos.

Un grupo de jovencitas que pasan voltean a verlos y cuchichean emocionadas. Pequeñas zorras, con sus trajes de baño provocativos. Las miro de mala manera y parecen captar el mensaje porque dejan de mirarlos. Aunque en el fondo no puedo culparlas, Peeta y Finnick son atléticos y guapísimos. Llaman la atención de cualquiera.

Cuando cae la tarde, Peeta me ofrece dar un paseo por la orilla del mar, luego de ayudar a nuestros amigos con sus cosas. El solero que llevo puesto se adhiere a mi cuerpo cuando sopla la brisa del mar.

Siento los fuertes brazos de Peeta rodearme por la cintura, al menos lo que queda de ella. Posa sus manos en mi vientre y yo pongo las mías sobre las suyas. Nuestras alianzas cobran un brillo tintineante gracias al sol.

-¿Te he dicho lo mucho que te amo?- susurra Peeta en mi oído, apoyando su barbilla en mi hombro.

-No hoy- respondo en broma.

-Te amo- afirma. – A ti y a Poroto bis.

-No le digas "Poroto bis"- gruño, golpeando una de sus manos.- Pronto sabremos que es…

-Espero que sea una niña.- suspira Peeta.

-Por la forma en que me pateo creo que es niño, y un futuro jugador de soccer.- digo, riéndome.

Peeta también se ríe y de hace el abrazo para invitarme a caminar. Caminamos hasta un pedregal. Un objeto negro llama mi atención.

-Mira, cariño. Una ostra.

Él de inca y la recoge. Forcejea un poco hasta que logra abrirla. Ambos sonreímos felices cuando vemos que tiene una perla dentro.

Cuando volvemos a Filadelfia, nuestro hogar, Peeta me obsequia un hermoso collar hecho con la perla que encontramos en la playa. Ahora puedo llevar mi perla todas partes.

A finales del otoño me pongo de parto y Emma llega a nuestras vidas. Son tres kilos de pura perfección. Sí, soy completamente pedante cuando se trata de mi niña. Tiene el cabello, apenas una motita de pelo, oscuro como el mío y los ojos azules de Peeta. Nos cuesta acostumbrarnos a los tiempos de Emma, pero cuando esta aferrada a mi seno succionando alimento, ante la mirada atenta de su padre, todo entra en armonía.

Emma es completamente vital, rebosa de vida y me recuerda a Prim cuando era pequeña. Es la princesita de papá. Cuando llega Peeta del trabajo, paso a un segundo plano al instante. Ella balbucea y Peeta continúa su conversación.

-Agu-gu- explica Emma, sentada en su silla de comer. Tiene siete meses y protesta frente al puré de papas.

-Entiendo. Pero tienes que comer.- responde Peeta, sosteniendo la cuchara cargada de puré.

Ella pone sus quejas, pero finalmente accede a comer. Con las sobras mancha la camisa de Peeta.

-Emma…- la reprende y frunce el ceño.

Ella hace esa expresión adorable, apoyando su dedo índice en la comisura de su pequeña boca rosa. Es plenamente consciente de que con eso domina a su padre. Y está en lo cierto. Peeta relaja el rostro.

-No te preocupes, cielo. Mañana pongo la lavadora- suspiro, desde la otra punta de la mesa, donde estoy estudiando para mi último examen. - ¿Puedes asearla…?- pregunto antes de lanzar un bostezo.

-Claro, cariño. Yo me ocupo.- responde Peeta, amablemente. Saca a Emma de su silla, deposita un breve beso en mis labios y marcha al baño. No puedo quejarme de mi esposo. Para la época, creo que es un hombre de avanzada. Algunas de mis compañeras están casadas también y viven quejándose de sus maridos. Estimo que en breve formaran el Club de las divorciadas. "No merecerás el amor de este chico ni aunque vivas cien vidas" dice una voz en mi mente, que suena como la de Haymitch. No sé porque la voz de mi conciencia suena como la de mi ex representante. Alejo ese pensamiento de mí. Estaré con Peeta siempre que me permita estar a su lado. Recuerdo lo que me dijo Ben, minutos antes de nuestro casamiento: "Sé lo que estas pensando, Everdeen, que no lo mereces, pero nadie hará más feliz a mi hermano pequeño más que tú, así que ni por un instante pienses en huir"

Siento como dos manos se posan en mi espalda y me dan un suave masaje. Me he quedado dormida arriba de mis libros de texto. Otra vez. Mi mirada desorientada finalmente choca con una azul.

-Cariño, vamos a la cama. Mañana te irá muy bien en tu examen. Ya lo verás.- susurra con esa voz tan pacífica que pone a veces.

No pongo resistencia y me dejo conducir al dormitorio. Emma duerme feliz en su cuna. Peeta me ayuda a ponerme el camisón, él ya tiene lo que considera que es ropa de dormir. Un pantalón de pijama y nada más.

Como el calor ya se hace presente, dormimos con una ventana abierta. A él le gusta dormir así. La brisa fresca de primavera me da un poco se escalofríos y es la excusa perfecta para acurrucarme contra Peeta. El latido de su corazón siempre tiene un efecto sedante en mí.

En septiembre comienza el ciclo escolar y por ende recibo mi primer grupo de alumnos. Doy clases en la escuela primaria donde Peeta y yo estudiamos. Saludo uno por uno a mis adorables alumnos, como así también a sus padres.

-¿Katniss Everdeen?- pregunta un hombre que lleva de la mano un niño rubio y bonito de unos seis años. No lo reconozco.

-Sí- asiento.

-¿No me recuerdas? Soy Cato Gham.- dice, con una sonrisa.- ¿Tú serás la maestra de música de Phil?

-Oh, Cato.-Vaya, con ese bigote y esas patillas es imposible reconocerlo.- Hola, Phil- saludo al niño, agachándome. Parece tímido y se esconde detrás de su padre.

-Discúlpalo. Phil es algo tímido.- confiesa, mientras le pone una mano en la cabeza al niño para que salga de su escondite.- Vamos, hijo. Es tu maestra.

-Ven, cariño. No te haré daño.- digo, mientras extiendo con cuidado la mano. Sus ojos verdes me miran con miedo, pero luego se acerca a mí.

-Siento que sea así. A Phil le cuesta confiar en las personas desde que su madre… nos dejo.- dice Cato, rascándose la nuca.

-Vaya. Siento oír eso, Cato.- murmuro, mientras tomo la pequeña mano de Phil.- Glimmer siempre fue un poco… ligera- digo encogiéndome de hombros.

-Sí…- masculla Cato.- Oye, Katniss… lamento aquella vez… en el cine…

Me sorprende que recuerde eso. Siento que paso hace un millón de años.

-No te preocupes. Éramos unos críos. – digo, zarandeado mi mano despreocupadamente.

-Cato- lo llama una voz y veo que una mujer de cabellos oscuros se acerca.

-Clover. Ven. Te presento a Katniss, es la maestra de Phil.

-Ah. Hola- saluda la mujer, mientras enlaza su brazo con el de Cato.

-Bueno, debemos irnos. La clase espera, Phil.- el niño asiente.

-Hasta luego, papá. Hasta luego, Clo.- saluda el pequeño, que no suelta mi mano.

-Señorita Mellark- me llama Cecelia, una de las niñas.- ¿Vamos a cantar la canción del Valle?- pregunta.

-Claro que sí.- asiento.

-¿Mellark?- pregunta Cato, volteando.- Acaso tú y Peeta…- enseño mi mano libre, donde reposa mi anillo.- Ese bribón. Sabía que se saldría con la suya- exclama Cato, riéndose.

Cuando Emma tiene dos años vamos a la feria del condado, donde muchos años atrás habíamos ido con Peeta. Hay atracciones nuevas y Emma queda fascinada con un espectáculo de títeres.

-¡Kiky Mus!- chilla como loca Em en mis brazos, señalando un muñeco enorme de Mickey Mouse que está en el puesto de tiro. Sonrió cómplice a Peeta, puesto que quiero pincharlo un rato.

-¿Has mejorado tus habilidades como tirador, Mellark? ¿O sigues dando asco?- pregunto. Peeta hace un mohín ofendido, llevándose una mano al pecho.

-¿Perdón? Te demostraré lo bueno que soy, Catnuss.- me responde, con una sonrisa, para luego dar una zancadas hasta el puesto.

Rojo de vergüenza y ocho tiros más tarde, consigue el dichoso muñeco. Emma está encantada y se dedica a ignorarnos el resto de la hora, para jugar con su nuevo juguete.

-Bueno. Veo que si nos perdemos en un bosque, de mi dependerá la supervivencia. – puntualizo, alzando la ceja.

Peeta se ríe con ganas y me toma por las caderas, para acercarme a él.

-Sabes que soy un experto para muchísimas otras cosas.- murmura antes de atacar mi cuello, dejando una hilera de pequeños besos sobre mi piel sensible. Me da un ligero mordisco en el lóbulo de la oreja. Lo suficiente para encenderme como un cohete de la NASA. - ¿Vamos a casa?- pregunta, con ese brillo en los ojos que me augura que las próximas horas serán más que interesantes. Asiento con la cabeza con una expresión idiota en la cara.

Emma va sobre los hombros de su padre, feliz y contenta, mientras llevo a "Kiky Mus" entre mis brazos.

Un sábado de agosto de 1982 me despierto sintiéndome horrible. No logro pasar el café. Ni nada. Reviso mi agenda y suspiro resignada. Telefoneo a Prim, que vive a unas calles de distancia con su esposo, Astor, un doctor al igual que ella, para pedirle que cuide de Emma mientras voy al centro de Filadelfia. Prim acepta gustosa. Emma lleva sus lápices de colores y papeles para hacerle unos dibujos a su futuro primo, que nacerá dentro de tres meses.

Bajo la tapa del inodoro y me siento a esperar los tortuosos cinco minutos. Cuando pasa el tiempo tomo el palito con los dedos temblorosos. Positivo. Me siento feliz.

Me encamino rápidamente a la casa de mi hermana. Emma dibuja sobre la mesita de café de la sala de estar, completamente absorta. Su habilidad para pintar es increíble.

-¿Pudiste comprar todo lo que necesitabas?- me pregunta Prim, con su voz dulce, sirviéndome un vaso de agua.

-Si… Prim… estoy embarazada- susurro.

-¡Oh, es maravilloso, Katniss!- chilla mi hermana y trata de abrazarme, aunque mi futuro sobrino se interpone entre nosotras. Prim libera algunas lagrimas.- Lo siento. Las hormonas…

-Lo sé.- le digo entre risas.

Cuando cae la tarde, regreso con Emma a casa. Ella va dando saltitos por la calle con un puñado de dientes de león en una de sus manitos.

-Mamá.

-¿Sí, cielo?

-¿Cuándo nacerá mi hermanito?

Agradezco llevar zapatos bajos, sino hubiera dado un traspié en la calle. La miro con ojos desorbitados.

-¿Cómo sabes que…?

-Vomitaste mucho en la mañana. La mamá de Twil vomitaba cuando estaba esperando al hermanito de Twil- explica mi pequeña hija, mirándome con sus tiernos ojos azules.

-Bueno…si todo sale bien, en mayo… pero por ahora es un secreto, Em, no podemos decírselo ni a papá.

-¿Por qué?

-Porque son cosas de mamá y papá, Em.

-Jum- hace ese precioso mohín de enojo que me derrite. Me agachó y la estrecho contra mi pecho. Luego le reparto besos por toda la cara.

-¡Papá, papá!- chilla emocionada Emma, cuando Peeta llega, algo cansado luego de pasar toda la tarde arreglando la panadería y la casa de sus padres. La panadería tiene varias sucursales, pero es en la central donde se concentra la familia. Los domingos llevamos a Emma, dado que su abuelo quiere enseñarle el oficio familiar. Por ahora todo termina en un desastre de harina y masa. Como Ben vive en Carolina del Norte, es Peeta quien se ocupa de sus padres.

-Hola, cielo. ¿Cómo estuvo tu día?- le pregunta a la niña, tomándola en brazos.

-Fantástico. Pase la tarde en casa de tía Prim y tío Astor. Hice un montón de dibujos para Collin.

-Eso es genial.- dice Peeta, mientras le besa la mejilla.- Hola, cariño.- dice besándome los labios, mientras termino de revolver la salsa que estoy preparando para la cena. Estoy haciendo un esfuerzo muy grande para no devolver aquí mismo todo lo que pude comer durante el día. - ¿Has estado en la casa de Prim?

-Sí. Deje a Emma allí porque debía comprar algunas cosas en el centro- respondo.

Peeta asiente, sonríe y lleva a Emma a lavarse las manos para cenar. Casi no puedo lidiar con la ansiedad que me provoca decirle las "novedades".

Finalmente, cuando logramos acostar a Emma y nos dirigimos a nuestro, Peeta me mira un largo rato.

-Estás rara, ¿Te encuentras bien?- me pregunta con suavidad, observándome a través del espejo de la cómoda. Está sentado en el borde de nuestra cama matrimonial, sacándose las zapatillas blancas.

-Estúpidos cordones.- farfulla, mientras forcejea con una de sus zapatillas. Tiene la manía de hacerles doble nudo siempre. Y a veces se aprietan demasiado.

Gateo por la cama, hasta llegar donde está él. Lo abrazo por la espalda y apoyo mi cabeza sobre su hombro.

-¿Qué harías si te dijera que estoy embarazada de nuevo?- pregunto, mordiéndome el labio, esperando por su reacción a través del espejo.

-Te diría lo mucho que te amo y que me haces feliz- responde, sonriendo.

-Entonces hazlo- lo instigo.

-Oh, Katniss…- exclama. Me hago un poco para atrás, para permitirle girar. Me estrecha en sus brazos y me tumba con cuidado.- Te amo.

-¿Y te hago feliz?

-Muchísimo- responde, dedicándome esa mirada llena de amor que solo comparte conmigo y con Emma. Cuando me mira así, no puedo levantar ninguna barrera, ni poner ninguna defensa, es como si pudiera atravesarme con su mirada cristalina y ver en mi interior. La calidez, dulzura y el amor de Peeta son capaces de curar cualquier herida, aún las más profundas del alma - ¿Y tú? ¿Me amas, real o no real?- pregunta, recordando nuestro viejo juego.

-Real- susurro antes de dejarme atrapar en su beso.

Fin

(Sugar Sugar-The Archies)


Ohhh! El final! ¿Qué les pareció? Espero de todo corazón que les haya gustado y les agradezco enormemente por el apoyo que me brindaron a lo largo de estos capítulos. Muchas gracias y nos veremos en otro fic! :)

Angiiee7: Sí, una lastima tener que matarlos a ambos, pero poco creíble si sobrevivían. Muchas gracias por los comentarios! :)

Katri: Jajajaaj lo sé, soy re maldita por matarlo, pero obviamente tenía un As bajo la manga, dos porotos más en este caso! Último capítulo, si, pero el viernes actualizo UNM... así que, alegraos! Si, voy a adaptar el Finnie y después un... Galeniss! Wiiii... Ódiame! :)

DjPuMa13g: El casamiento decidí dejarlo libre a la imaginación de cada lector, opte por describir un poco qué paso después. Espero que te haya gustado y nos vemos en otro fic :)

Everllarkglee4ever: El hombre y le gustan las tetas grandes, básicamente esa es la justificación. ^_^

Saludos,

Ekishka