Disclaimer: La trama es mía, los personajes de Steph, tenemos un pacto de sangre sobre Jasper, tho.
Sonríe, el Coco te está observando.
Summary: "El Coco, pensó. Lo habían nombrado de tantas maneras a lo largo de su existencia y esta era la que más le gustaba."
Vampiros. OoC. Bella&Edward.
Capítulo 10: El final del cuento.
— ¡No!, ¡no!, ¡no!
La pequeña niña movía su cabeza de un lugar a otro, negando incesantemente. Sus ojos se llenaron de lágrimas y sus rosáceos labios como el botón de una rosa amenazaron con hacer un puchero completamente destructor. El vampiro frente a ella tuvo miedo por unos segundos, sin saber que hacer trató de calmarla, susurrándole palabras de aliento y diciéndole que todo era un cuento.
Eso y nada más.
Un cuento que había querido relatar en la noche de Halloween.
— ¿Emmett?, ¿qué estás haciendo?
El corpulento vampiro tragó saliva audiblemente y se giró con temor hacia la persona que lo había llamado, utilizando un dulce tono de voz. Demasiado dulce para su propia seguridad. Los ojos ambar del hombe dieron de lleno con los de la mujer que estaba de pie en el umbral de la puerta de la habitación de la pequeña. Ambos ojos del mismo color, tan iguales en apariencias y tan distinto en emociones.
— Estaba contándole un cuento a la pequeña, ya sabes, se acerca Halloween, los cuentos de terror son los que la llevan en esta época y yo tenía uno espectacular —la vampiresa alzó sus cejas—. Pero creo que era demasiado espectacular…
— ¿Está todo bien?, escuché a la niña llorar…
Edward estaba ahí también, luciendo tan alterado como siempre. Su ceño se frunció y otro par de acusadores ojos estaba sobre Emmett. El fortachón suspiró, sintiéndose perdido, nunca debería haber hecho eso. Pero lo encontró como la mejor manera de contarle a la niña la historia de la familia, todos discutían en la planta inferior de que ya era hora de que lo supiera, la pequeña era realmente intuitiva y sabía que algo pasaba cuando sus familiares a veces trataban de evitar ciertos temas en su presencia. Puede que haya exagerado algunos puntos para tratar de ponerse en el ambiente tétrico de la noche de brujas…
¡Él solo quería ayudar!
— Emmett estaba contándole un cuento.
— ¿Un cuento?, ¿qué clase de cuento? —preguntó el vampiro cobrizo.
— ¿Emmett?, ¿te gustaría iluminarnos? —la vampiresa lo instó a hablar. Emmett a veces sentía un poco de miedo cuando estaba ella cerca, pero no lo demostraba, no podía hacerlo, ¿dónde quedaría su ego si la gente sabía sobre su miedo irracional hacía la delicada figura de su hermana?
— ¡El tío Jasper era malo! —chilló la niña—, ¡el tío Jasper se comía a la mamá de mamá!
— ¿Renesmee?
El vampiro de broncíneos cabellos se acercó rápidamente a su pequeña hija. Cuando se sentó sobre la mullida cama, la pequeña que tenía su mismo cabello se acercó a él y trepó hasta su regazo, donde se resguardó bajo el férreo abrazo de su padre. Edward acarició sus cabellos con delicadez y ternura, sosteniéndola firmemente. Los ojos topacios del vampiro se conectaron con los de la castaña que estaba de pie en la puerta, observando la dulce escena que se desarrollaba frente a sus ojos. La vampiresa sonrió, acercándose a su familia a un paso humano.
Su familia.
— Mami, ¿tío Jasper se comió a la abuela? —Isabella hizo una pequeña mueca ante las palabras de su pequeña—. Tío Emmett dijo que cuando tú eras chiquita, pensabas que papá era el Coco. ¡Y tía Alice el hada de los dientes!
— Renesmee, cariño. Tío Emmett estaba tratando de asustarte, ¿sí? No escuchés lo que él dice, al menos, no creas ninguna de sus palabras —Renesmee asintió, sacándole la lengua a su tío por haberle mentido de ese modo, ¡ella enserio había pensado que tío Jasper se comió a la abuela!—, ¿tú crees que tío Jasper sería capaz de hacer algo así?
— ¡No! —chilló la niña, negando con su cabeza.
— ¿Te encuentras mejor ahora, princesa? —le preguntó Edward a su hija, besando la cima de su cabeza. La pequeña cobriza asintió, acurrucándose más en los brazos de su padre— La próxima vez que quieras escuchar un cuento dimelo a mi, no a tío Emmett, ¿está claro?
— Sí, papi.
— ¡Yo no tengo la culpa, estamos en Halloween!
— Muñeca, es hora de dormir —la pequeña de ojos chocolates infló sus mejillas. No quería irse a dormir, y menos después de la historia que su tío le había contado—. Sabes que tienes que dormir, Renesmee.
— ¡No quiero dormir!
— ¿Quién no quiere dormir?
Los ojos de la pequeña niña se iluminaron, llenos de amor, una embobada sonrisa presente en sus labios. Edward se tensó ante la llegada de su hermano a la habitación de su hija, sentía una irracional molestia por el enamoramiento que su pequeña sentía hacia el vampiro. Isabella observó detenidamente al joven inmortal que estaba frente a ella, su cabello dorado era el mismo de siempre, sus ojos ambar tan distintos a los de antaño.
Sonrió.
— ¡Tío Jasper! —chilló la pequeña Renesmee, estirando sus bracitos hacia el recién llegado. El rubio vampiro tomó a su niña predilecta en sus brazos y dejó un sonoro beso sobre su mejilla. La observó por una milésima de segundo, tan igual era la pequeña a su madre, a esa pequeña niña que había conocido años atrás.
— Princesa, es hora de que las niñas buenas vayan a la cama, ¿quieres que me quede aquí contigo hasta que puedas dormir? —la pequeña criatura estaba a punto de asentir fervientemente cuando su adorado padre la frenó en seco. Una mirada decía mas que mil palabras y, a pesar de los años pasados, Edward seguía igual de reticente encontra de su hermano.
— No, papá se encargará de eso.
Emmett había dejado la habitación hace bastante, para que así nada cayera sobre él y poder resguardarse de la ira de Isabella una vez Renesmee estuviera en el país de los sueños. Jasper sonrió a su hermano, divertido, aunque muy en el fondo de su corazón una pizca de tristeza lo perseguía día y noche, no solo tristeza, la culpa también, con la cual había aprendido a vivir a lo largo de todos estos años. Y tendría que seguir así una eternidad más. Isabella tomó al rubio vampiro del brazo y lo guio fuera de la habitación, dejando a Edward con la niña.
— Dulces sueños, corazón. Y recuerda, tío Emmett solo estaba contándote un cuento.
— Tío Jasper no es malo.
Isabella miró al joven inmortal de soslayo y asintió tenuemente con su cabeza.
— Así es, tío Jasper no es malo, no lo es.
Una última mirada al amor de su vida y cerró la puerta tras de sí. Jasper la esperaba recargado en la pared frente a la habitación de su pequeña. La vampiresa le hizo un gesto con su cabeza para que siguiera sus pasos, el rubio asintió y en un pestañear estuvieron ambos en el jardín trasero de la casona Cullen. Hace años habían dejado Forks y ahora estaban nuevamente en Alaska, apartados de la civilización en general, esperando que pasaran los años para volver a encontrar un lugar que los cobijara a ellos y su inmortalidad.
— Le acabas de mentir a tu hija.
— No lo hice, tú no eres malo.
— Ese no era ningún cuento de hadas el que Emmett estaba relatando —Isabella desvió la mirada, su mente viajando a aquel fatídico día que había marcado su vida— Lo hice, me comí a la abuela, cual lobo feroz estoy hecho.
— Te perdoné cuando me convirtieron en lo que soy ahora. No fue tu culpa, si no la naturaleza de lo que somos, sentí la sed de sangre, Jasper, ¿cómo competir contra eso? Fue abrumador, nunca estuvo en tus manos, al menos eso es lo que pienso, te cansaste de pelear por lo que eres y simplemente abrazaste tus instintos —Isabella suspiró— Además, no te comiste a la abuela. Ella vive felizmente en Phoenix con su nuevo esposo.
— Solo dime que me perdonaste por Alice, podría llegar incluso a creerte.
La castaña sonró y asintió a su favor. Si bien, cuando pequeña había conocido a su hada de los dientes y no estando al tanto de su situación, pensaba que era la persona más feliz de la faz de la tierra, se había equivocado por completo. Lo ocurrido aquel fatídico día aún estaba algo difuso en su mente. Ella había alcanzado a escuchar el giro que Emmett le había dado a su supuesta historia de terror, si bien ese estuvo a punto de ser el final, algo sucedió que frenó a Jasper de cometer aquella atrocidad de acabar con la vida de su madre…
Tuvo pesadillas por años, pesadillas que Edward espantaba siempre.
— Renesmee te adora al igual que yo lo hice una vez, ahora eres su ángel.
— Y la protejeré con mi vida, eso te lo aseguro.
El joven inmortal hablaba completamente enserio, le había fallado a la pequeña niña que ahora se alzaba frente a el como una madura vampiresa, orgullosa, una mujer impecable. Le había fallado en el momento en que sus ojos del color de la borgoña se habían posado sobre sus expresivos orbes chocolates. Pero no repetiría el mismo juego, la pequeña híbrida que dormía plácidamente en la planta de arriba era su vida, y él, por una vez en su existencia, haría las cosas bien.
Sería el verdadero ángel guardián de alguien.
…
— Solo… no me gusta que esté cerca de ella.
— Edward, es tu hermano.
El cobrizo frunció el ceño, no iba a negar que a veces sentía unos celos injustificados cuando su amada esposa defendía a Jasper con puños y garras. Habían pasado más de diez años desde lo sucedido, pero él no podía perdonar y olvidar tan fácilmente, al menos no como su Bella, que tenía un corazón realmente benevolente. Edward tomó la delicada mano de su esposa entre las suyas y dejó un suave beso en la muñeca de esta. Sonrió cuando observó el rostro de su mujer, estaba completamente seguro que de ser humana ella estaría completamente ruborizada por la acción.
Su mujer.
Saboreó la frase en su lengua, como siempre lo hacía.
Finalmente era suya, luego de todo lo que había tenido que pasar, luego de verla crecer y madurar bajo su propia nariz, ella era suya, tan suya como él era de ella. Y gracias al fruto de ese amor había nacido su tesoro más grande, un milagro que había venido a alegrar las existencias de todos en casa. Sobre todo la de Jasper, por eso Edward se sentía tan reticente con él, porque su rubio hermano sentía una necesidad absurda de proteger a su pequeña hija, quien era la viva imagen de su madre.
El vampiro estaba tratando de redimir sus culpas.
— Tú no recuerdas esa noche, amor mío. Yo lo hago, lo tengo grabado en mi mente, un constante recordatorio.
…
La oscura noche estaba silenciosa.
Ni siquiera las aves sobrevolaban la casa Swan.
La estancia estaba sumida en una tétrica calma, una delicia de aroma se olisqueaba en el aire, incluso el mismo Edward tuvo problemas para ignorarlo. Era la inconfundible fragancia de la madre de su pequeña, intensificada a un millón, la ponzoña se juntó en la boca de Edward, sus colmillos crecieron sin previo aviso. Tenía que salir de allí, rápido, a como fuera de lugar. No podía seguir un minuto más sin pensar en lanzarse hacia la fuente de tan exquisito aroma.
Un desgarrado grito hizo que su sensatez volviera.
Él conocía esa voz, tan bien como se conocía a sí mismo.
Era su Isabella.
Olvidando todo se adentró a la casa Swan, su vista se posó en el rubio vampiro que estaba hecho un ovillo en la sala de estar, a su lado izquierdo el cuerpo inerte de la joven madre permanecía, como un bulto. Por un minuto pensó que Jasper finalmente había logrado cumplir su cometido, pero la suave respiración y el lento latido de un corazón le dijo que la madre de su pequeña había caído desvanecida por la sorpresa del ver al joven vampiro. Jasper murmuraba entre dientes, incluso para Edward le era difícil entender lo que decía, sus manos se afirmaban férreamente al suelo, que comenzó a crujir bajo la insistente presión.
— La quiero… Las quiero… —murmuró el vampiro de dorados cabellos. Edward frunció el ceño y cuadró su mandíbula fuertemente— Llévatela, ¡llévatelas lejos! —sus desquiciados ojos borgoña se posaron sobre los ambarinos de Edward, el cobrizo reconoció el dolor y el esfuerzo que hacía para no dejarse llevar por sus instintos.
La niña.
Edward miró hacia la escalera y se encontró con su adorada criatura. Isabella estaba estática en los escalones de la escalera, su boca abierta sin pronunciar sonido alguno, Edward ni siquiera podía decir si la niña estaba respirando o no. Se acercó a ella lentamente, para así no asustarla más de lo que probablemente estaba. Demonios, ella había visto la verdades naturaleza de "su ángel", justo ahí, frente a sus inocentes ojos que no deberían presenciar las crueldades de la vida. Sin más la tomó entre sus brazos, y como si de un switch se tratara, la niña comenzó a patalear y gritar de manera ensodecedora.
— ¡Llévatelas de aquí!
El rugido que profirió su torturado hermano fue lo único que necesitó para sacar a Bella y a su inconciente madre de aquella casa, sacarla de allí y hacerla olvidar el horrible momento que acaba de vivir. Sacarla para así no volver nunca más.
…
— Nunca te pregunté, ¿por qué mamá?, ¿por qué nosotras?
— En una de nuestras visitas a Forks, Jasper captó el aroma de tu madre cuando esta estaba en una excursión con el que pienso, fue tu padre —Edward sonrió, recordando al hombre y observando el genuino parecido con Bella—. Desde ese momento no pudo sacarse el olor de su mente, la sangre de tu madre cantaba para él. Trató, en un principio realmente lo hizo, pero luego perdió todo rastro de lucidez. Cuando algún tipo de sangre canta para ti es… Perturbador. Es… El manjar mas delicioso que ni siquiera podrías imaginar, es tanto lo llamativo de su aroma, hecho especialmente para ti, que la parte humana que aún vive dentro de alguno de nosotros simplemente se va. Jasper apagó su humanidad, pero esta salió a flote justo antes de dar el golpe final… Y fue por ti, Bella.
— Lo entiendo, al menos cuando fui una neófita pude entenderlo a la perfección.
Isabella estaba pensativa, su madre, su adorada madre había estado bastante cerca de tener un final espantoso, pero por más que trataba de culpar a Jasper por casi haberla dejado desprovista del amor maternal a tan temprana edad, no podía hacerlo, menos ahora que conocía su verdadera naturaleza, la de pacifista, aquel que pone a su hija delante todo, menos de su amada Alice. ¿Cómo podía odiar si tenía una eternidad en la que podía vivir plenamente?, todo comienzo trágico tiene su final feliz después de todo.
Luego de aquella noche, de la que Renée no recordaba nada y tomaba como una horripilante pesadilla, la vida de ambas había sido plena. Su madre, cuando ella apenas tenía dieciséis años, encontró a un hombre que la hacía elevarse al cielo y tocar las estrellas. Isabella sonrió, recordando el rostro de enamorada que tenía su madre, ella la entendió a la perfección, sus sentimientos por Edward para ese entonces estaban más que claros como el agua.
Por eso no podía odiar a Jasper, porque algo bueno había salido de todo el calvario vivido.
Y lo encontraba absurdo.
Tanto como la necesidad del resto de contarle la historia a su hija.
¿Para que arruinar la imagen que ella tiene de su querido ángel?
— ¿Escuchas eso? —Edward frunció el ceño y agudizó su oído. Isabella, a su lado, siguió la acción. Los ruidos provenían de la habitación de su hija, ambos vampiros, extrañados, se acercaron sigilosamente a la pieza de su pequeña niña, quien reía silenciosamente.
— ¡Shh, nos van a escuchar!
La inconfundible voz de Emmett se abrió paso a los oídos de ambos vampiros. Dentro de la habitación, el corpulento hombre estaba sentado en la orilla de la cama de su sobrina, tratando de terminar su relato sin que el resto de sus compañeros en casa se diera cuenta de ello. Después de todo, habían salido a cazar y él era el que velaba por la seguridad de Renesmee. Sonrió recordando cuando cuidaba de Isabella de igual manera.
— ¡Tío Emmett!, mamá dijo que no debía creerte nada.
— Enana, ¡tú no me dejaste terminar la historia!
— ¡Pero tío!, ¡dijiste que tío Jasper se comío a la abuela!
— ¡Bueno, no lo hizo! El casi lo hace, Nessie. Pero quería tanto a tu mamá que se arrepintió —los chocolates ojos de Renesmee se abrieron de par en par y dio unas palamaditas emocionada—, y así tío Jasper luego se hizo bueno, y le pidió perdón a Bella por casi haberse comido a la abuela. Bella tenía diecisiete años cuando perdonó a tío Jasper, aunque no lo hizo del todo, ella solo quería que tía Alice dejara de estar triste.
— ¿Tía Alice estaba triste?
— Sí, lo estaba. Así que, Bella perdonó a su ángel…
— ¡Tío Jasper es mí ángel!
— ¡Enana déjame terminar la historia! —Renesmee asintió, cubriendo con entretención su boca con sus pequeñas manitas— Entonces, lo que iba a decir cuando comenzaste a llorar como una bebita —la niña infló sus mejillas ante el apodo—, ahí era que terminaba la historia de terror —la pequeña cobriza frunció el ceño—, porque ahora empieza otra historia que no es muy Halloween…
— ¿Es de princesas y príncipes? —Emmett hizo una mueca ante la radiante sonrisa de la pequeña.
— Es de una princesa y un vampiro.
— ¿Cómo nosotros? —preguntó la niña, entusiasmada ante la idea. Emmett asintió—, ¿puedo yo tener un príncipe tío Emmett? —el corpulento inmortal hizo una divertida mueca con sus labios, probablemente su hermano sufriría un ataque si ve a su pequeña con uno de esos.
— Dejemos que papá responda esa pregunta luego, ¿sí? —Renesmee asintió, sonriendo abiertamente, dejando al descubierto sus adorable colmillos que resaltaban entre los demás dientes que componían su boca.
— ¿Cómo se llama la historia de ahora?
— La historia de ahora se llama: "Y así fue como el Coco encontró a su princesa"
Edward e Isabella sonrieron con complicidad, el primero rodeó la cintura de su mujer y la atrajo hacia él en un apretado abrazo. Dejando un beso sobre su cuello volvió a sonreí, escuchando como su hermano le contaba a su adorada hija la historia de amor que había nacido luego de un escabroso y terrorífico episodio de la vida de ambos personajes, episodio que los juntó por siempre…
Y para siempre
Isabella hizo una mueca, pensando en lo que había tenido que vivir para al final encontrar una hermosa familia que la había acogido con los brazos abiertos y crear la suya propia con el que, incluso siendo pequeña, siempre supo era el amor de su vida. Edward observó el gesto de su esposa y, alzando su barbilla delicadamente con su dedo pulgar e índice, susurró:
— Sonríe.
"El Coco te está observando, ahora y siempre", terminó el cobrizo en su mente, dejando un beso sobre los labios de su amada.
FIN.
¡Buenas noches!
Bien, aquí les traigo el final de esta historia. ¡Espero les haya gustado!, era todo un cuento de Emmett que atrofió el final para hacerlo mas escabroso, es un bribón ese muchacho :7 jajajaja. ¡Muchas gracias a todas las que me acompañaron en este mini-fic! este es el final, final. No habrá epílogo ni nada, solo hasta aquí, era un pequeño regalo que tenía para Halloween pero se extendió, jajajaja. ¡Muchas gracias por sus reviews y espero haber compensando el final del capítulo anterior con este! XDDD
¡Nos estamos leyendo pronto en mis otros fics!
Lamb.
