Notas de autoras: Hi, there! Acá otra vez reportando las vivencias de estos personajes ficticios en esta clase de universo semialterno, accion que encontramos de vez en cuando gratificante. Espero que les guste.

Baños no tan públicos.

Cuando se es adinerado, muy apuesto, de buenos modales, no se necesita tener amigos, menos aún, si se tiene el reconocimiento de la santísima reina. Nunca los necesitó y creyó que nunca los iba a necesitar, después de todo, tenía a su "amigosclavo", su buen y fiel perro, Owen. Hasta que un día, más precisamente hoy; su "mascota" le recordó que en un par de semanas sería su cumpleaños y, lo que es más importante, su nombramiento como heredero oficial de su noble familia. Mucha gente importante estaba invitada, desde otras familias nobles, hasta el mismísimo Sir Woody Allen. Lo que no contaba era con el simple hecho (cual jamás le dio importancia) de que no tenía amigos. Él no podía darse el lujo de ser la única persona sin un grupo de pares, incluso los plebeyos de bajos recursos, mejor dicho, sin recursos; sin hogares, sin L'oreal y lo más importante, sin superioridad racial tenían gente de su par cerca como animales de granja. Así que él, fingiría (como todo buen caballero hace) tener amigos. Ahora ¿De dónde sacaría tremendos perdedores sin vida y sin nada que hacer?

En Inazuma Town, se escucharon varios estornudos.

En la soledad del baño de hombres cuyo espacio estaba ocupado por cuatro baños individuales; se adentró una pareja algo vergonzosa y escandalizada por lo que estaban a punto de hacer, después de todo y pese a su diferencia de edad, se podría decir que eran los más normales. En vez de usar sus bocas en objeciones tales como: "No deberíamos estar haciendo esto." O "¿Estás seguro que quieres hacerlo" o "esto está mal" o el tan conocido "Si mis padres supieran de esto…" Decidieron utilizarla en algo más provechoso como el tratar de devorarse mutuamente. Fue entonces que el mayor, por primera vez en su vida se encontraba tan excitado que le importaba una soberana mierda la diferencia de edad (mental) del menor, o que estuvieran en un lugar público, sea lo que pesase más. Tan absortos en su mundo estaban que casi ni notaron como la puerta del baño se abrió de una patada y a juzgar por los sonidos un par de sujetos se escabullían en el compartimiento de al lado.

Como reflejo condicionado, se separaron y se subieron encima del inodoro para ocultar sus presencias por miedo a ser descubiertos en pleno acto. Se sorprendieron al escuchar un "vamos Someoka-kun, es por aquí" y como la puerta del lado derecho se cerró, escucharon movimiento y sorpresa por parte de Someoka, se asomaron un poco para ver lo que sucedía, un muy apasionado Fubuki Shirou besaba en el cuello a un muy confundido Someoka Ryuugo y se sacaba su camisa, exponiendo su níveo torso al aire libre

- ¿No me ibas a mostrar algo?.- Preguntó el pelirosa como si no le hubiera sonado sospechoso que el menor le quisiera mostrar algo en un baño público, pero bueno, el confiaba en la pureza y sensibilidad de Fubuki, erróneamente.

- No hay necesidad que seas tan literal, Someoka-kun.- Decía el pequeño de cabellos grises repartiendo pequeños besos alrededor del cuello y clavícula del otro, sujetándolo por la chaqueta con suavidad.

Toramaru y Tobitaka no tenían idea de qué hacer, no sabían si querían desaparecer, que la tierra los tragase o hacerles saber a los otros que se encontraban ahí, de lo vergonzosa que era la situación, optaron por la primera opción y de hecho, estaban por realizarla, cuando escucharon que la puerta se volvió a abrir de una patada.

Una persona se metió al último baño, el único que no era continúo al suyo, algo bastante normal, de no ser por el hecho de que un familiar sonido se escuchó a los pocos minutos; unos jadeos reprimidos y una voz forzada susurraba Kazemaru.

Esa voz les resultase tan extrañamente familiar, al punto que jurarían que se trataba de Shuuya Goenji.

Se quedaron congelados, ¿Acaso era un castigo por intentar tocarse un poco en el baño? Cuando pensaron que no se podía poner peor, confirmaron sus sospechas. Otra persona ingresó al baño, entrando al contiguo del lado izquierdo. Otro hecho completamente normal, porque después de todo para eso se va al baño. Pero lo que no se esperaban, era que una voz, cuando terminara de hacer sus asuntos, preguntase esperanzado.

-¿Hola, hay alguien? Soy Kageno y no tengo papel higiénico.

Ellos eran buenas personas, la amistad y camaradería era, tal vez, lo más importante en sus vidas. Ellos jamás ignorarían a un amigo en necesidad, excepto esta vez, porque después de todo, nadie quiere ser tachado como homo, ni ser el punto de las burlas, por lo que Kageno, se tendría que joder.

Y así pasó un largo rato, por no decir un par de horas, hasta que sonó el timbre del recreo, entonces, otra nueva patada derribó la puerta. Y una desfachatada presencia comenzó a intentar abrir uno por uno los baños, comprobando así que estaban ocupados o deshabilitados. Por lo que se escuchó un sonoro.- Carajo, están todos cerrados.

-Bueeeno.- Dijo un esperanzado Kidou.- Supongo que tendremos que hacer otra cosa…

-¿De qué estás hablando Kidou?.- Objetó escandalizado.- Si no se puede en este vamos a la oficina del Director que seguro debe estar vacía.- Dijo sonriendo de lado.

-¡Fu-Fudou!.- Fue lo único que alcanzó a decir antes de que se lo llevaran arrastrando por el pasillo.

Los ocupantes de los baños no sabían si sentir sorpresa por lo que acababan de oír o lástima por el estratega de goggles. Casi ni tuvieron tiempo de pensar, cuando la puerta volvió a abrirse y dos voces familiares inundaron la paz que se gestaba.

-Endou, tengo que decirte algo.- Era la reconocible voz de Kazemaru quien estaba a punto de hacer una confesión. Cierto moreno de pelos parados por poco, se fusiona con la puerta del baño con tal de escuchar.

-¿Qué es Kazemaru? ¿Es sobre fútbol? ¿Estás constipado?.- Pregunta Endou amistosamente.

-No, es algo importante.-

-¿Te vino el período?.- Preguntó como si fuese normal en un hombre.

Todos los presentes en los baños estaban a punto de orinarse de la risa.

-Eh, no, aún no.- Dijo riendo por lo bajo, intentando desviar la situación a otro lado.- Es algo personal, emotivo, algo que vengo sintiendo desde hace tiempo y no me lo puedo olvidar. – Su voz cada vez se hacía más baja, logrando que aquella situación adquiriese seriedad e intimidad, mientras Goenji se quería cortar las pelotas. – Hace tiempo yo… yo…. – Antes de que pudiese decir algo, Kageno recordó su situación y pidió ayuda. El pelilargo y el arquero ayudaron a su amigo a salir de tal problema, a diferencia de las basuras que se encontraban en los baños contiguos, que realmente daban vergüenza, pero eso no viene al caso. Lavándose las manos como todo niño bueno debe hacer al salir del baño, Kageno se fue del lugar, agradeciendo la ayuda y dejándolos a solas… Muy a solas, para el gusto de Goenji.

-¿Entonces, qué decías?.- Preguntó Endou intentando reavivar la conversación.

-Ah, sí. Últimamente yo…yo…- Cuando Goenji sentía que quería cometer un homicidio triple , por lo que creía que estaba a punto de escuchar, escuchó algo muy distinto, algo que no esperaba.- Estoy viendo… pingüinos.

Shuuya Goenji, Shirou Fubuki, Someoka Ryuugo, Tobitaka Seiya y Toramaru Utsunomiya querían morirse por tirarse al suelo y comenzar a reír como estúpidos. Pero con mucho esfuerzo, guardaron silencio, pues, la situación no se podía poner peor ¿Verdad?

-Estos pingüinos, son los pingüinos de las malas ideas.- Siguió en su tono serio, casi dramático.- Me dicen que haga cosas malas.

-Eso es completamente normal.- Dijo Endou despreocupado.- Yo veo pelotas. – Confesó.- ¿Y Qué te piden que hagas?

-Cosas que generalmente no haría.

-¿Cosas como las que hiciste en el cumpleaños de Fudou?

-No…¡SI!.- Corrigió el peliazul

-O sea que el que hayas echo un striptease delante de todos y te hayas metido en el armario con Ootomura para salir a la media hora, agitado, desarreglado y limpiándote la boca con los dedos, ¿fue culpa de unos pingüinos?

-Sí.- respondió cabizbajo y avergonzado.

Endou le sonrió y le palmeo el hombro.- Yo sabía que no eras capaz de hacer esas cosas por tu cuenta.

Los oyentes de tal espectáculo de circo, a pesar de estar disfrutándolo, nunca hubiesen deseado más que sus queridos camaradas se largasen. Porque puede que los apreciasen mucho, pero no por eso tenían que escuchar las mariconadas de Kazemaru cuando un psicoanalista podría arreglar todo, menos en una situación así.

Mientras esperaban a que el pelilargo se terminase de arreglar su sedoso cabello lleno de L'oreal, Tobitaka hizo lo más inteligente que podría haber hecho jamás.

-Buuuuu~.- Emuló el sonido de un fantasma.

-¿Qué fue eso? Preguntó Kazemaru, alarmado.

-…Es un..Fa-Fa-Fanta,,,.- Balbuceaba Endou.

-¿Fanta? Yo también tengo sed Endou, pero esto es serio.- Decía mientras escuchaba aquel espectral sonido.

-Soy un fantaasma~.- Balbuceaba Tobitaka ante la mirada de confusión de su pareja, a veces su tan maduro novio, podía ser un completo imbécil.- Y voy a comerme sus…sus.- Observaba sus alrededores, hasta que su vista dio con el elástico de los boxers de su pareja que se asomaba sobre el pantalón.-Calzoneees si no se van de aquiii buuuu~.

(Nos disculpamos si el comportamiento de Tobitaka ha quedado OOC y nos podemos excusar con la regla de oro: Situaciones estúpidas, requieren medidas estúpidas. ¡Todo sea por la risa!.)

Endou y Kazemaru, sin esperar más se fueron rompiendo la velocidad del sonido. No era de imaginarse que tiempo después se rumorearía por toda la escuela la historia del fantasma comecalzones del baño del primer piso.

Por otro lado, la parejita del lado contiguo había tenido, además de un susto digno de un paro cardíaco, una brillante idea para no ser descubiertos por el comecalzones, ni por nadie que entrase u estuviese ocupando los baños. Fubuki, por primera vez en todo lo que va del fic, maquinó un plan que quizás hubiese funcionado… Si nosotras no fuésemos las autoras.

El pequeño peligris miró hacia arriba, viendo la ventilación, esta bien se sabía que terminaba en un aula que siempre se encontraba vacía por reformas. Entonces le pidió inteligentemente al pelirosa que lo dejara subirse en sus hombros y cual James Bond mezclado con McGyver, abrió la rejilla de ventilación con un clip de cabello que vaya a saber uno de donde sacó y se trepó para luego sujetar la mano de Ryuugo y hacerlo subir también, todo esto a una velocidad exageradísima, alegando que así, el fantasma no los atraparía. Si señores, el plan perfecto, sin tener en cuenta la habilidad característica de los fantasmas, atravesar las paredes.

Mientras el peligris y el pelirosa hacían su estúpido recorrido por los ductos de aire, cierto chico de pelos parados se hartó de estar en esa espantosa situación; estaba como se diría "al palo" y encerrado en un baño por miedo a ser descubierto. Suspiró y salió, topándose con que justamente enfrente de sus ojos, Tobitaka y Toramaru salían sigilosos hasta que se encontraron con la mirada del de ojos café y empalidecieron totalmente.

Las palabras que en ese momento se pudiesen haber cruzado fueron interrumpidas por la intromisión irreverente de una chica en el baño de hombres, nada más y nada menos que la pequeña Mary Sue, que tenía como siempre, su bate de baseball a mano, rompiendo toda atmósfera de tensión presente.

-¿Vieron a Kabeyama?.- Dijo como si no notase a la desarreglada pareja y al empalado moreno. Los tres negaron y ella con un "ho bueno" se retiró, ignorando cualquier signo de anormalidad presente en aquel cuarto.

Toramaru y Tobitaka se volvieron a tensar, creyendo que su buen compañero iba a andar divulgando cosas por allí para que toda la escuela se enterase, en vez de eso, Goenji optó por el camino que todo buen samaritano haría cuando quiere que ciertas cosas privadas que son vistas por gente que no debe, se mantengan bajo llave.

-Yo no vi nada si ustedes no vieron nada.- Lanzó fulminándolos con la mirada. Tobitaka y Toramaru asintieron y se fueron tan rápido que hicieron parecer a Goenji un asesino serial a punto de cometer un crimen. Sí, con la gente excitada y frustrada, no es bueno bromear.

El "inteligente" par de Fubuki y Someoka, se arrastraban por los ductos de aire, encontrando cosas insólitas en el camino: como a dos de sus compañeros, fornicando hasta más no poder sobre la mesa del director, ¿quienes podrían ser capaces de hacer tal cosa más que Yuuto Kidou y Fudou Akio?.

Llegaron al aula donde estaba su profesor, comenzaron a sudar frío. Estaban a solo unos metros de distancia de su objetivo. Era el último tramo, tan cerca que podían sentir que la pesadilla terminaría. En dos segundos la tan llamada pesadilla se convertiría en una horrible realidad cuando el ducto de aire se partiese al medio por el peso, haciendo que Fubuki cayera al suelo del medio del aula, sin remera y con los pantalones ligeramente desabrochados y Someoka sobre el pequeño, en una posición tan indecorosa que las lectoras podrán imaginar cuán traumante habrá sido para el pobre profesor ver a su corrompido y querido Someoka intentar violarse en una acrobacia voladora al pobre Fubuki quien seguramente, si no estuviese en 2D, se hubiese roto todos los huesos de su cuerpo, luego de semejante caída.

El profesor tardó al principio en procesar la información, pero tal fue el shock emocional al terminar de entender, que cayó desmayado, salvando así a la pareja la cual habló con sus compañeros, quienes agradecidos por sacarlos de una aburrida clase de historia, acordaron que jamás se volvería a nombrar el hecho y le dirían al profesor que en realidad, lo que había pasado, había sido que él se resbaló con una cáscara de banana meticulosamente colocada por una ardilla que se coló a través de la ventana, cayéndose hacia atrás y golpeándose la cabeza contra el escritorio. Si, hoy se podía decir finalmente que Fubuki Shirou, tenía mucha suerte.

Era un desgraciado, estaba muy claro que, de todas las desgracias que le podrían haber pasado en el universo le tocó la peor; ser amigo de Edgar Valtinas, un pesado, aristócrata, ególatra que solo se preocupaba por su propia existencia. Un dolor de páncreas, en pocas palabras. Pero muy a pesar de eso, Owen Philip quería a su detestable e histérico amigo y no podía negarse a la petición que le había echo este. Sin pedir ni siquiera por favor (siquiera pensarlo, porque esa palabra en su vocabulario era inexistente) le tiró, a su amigosclavo, un camión de invitaciones a su cumpleaños encima, ordenándole "Invita a todos mis amigos", para luego retirarse y dejar que Owen se arreglase solo para salir de la pila de invitaciones asesinas que en ese momento amenazaban con dejarlo sin aire. Cuando salió de esta se dispuso a tomar un papel y un lápiz para hacer una lista con todos los amigos de Edgar, sorpresa fue, el descubrir que esa enorme hoja tamaño A4, albergaba un único nombre: Owen Philip. Desesperado, buscando por todos los cajones números y nombres, encontró algo que lo hizo sonreír de oreja a oreja, un libro que tenía todos los nombres, direcciones y teléfonos de todos los jugadores del FFI. ¿Por qué tenía Edgar algo así en su casa? Le importaba una mierda, pero en esos desesperados momentos fue de enorme utilidad. Buscó nombres que le sonaran conocidos fue entonces que se topó con la selección de Italia, Estados Unidos, Korea, Japón, sonrió y sacó del mismo cajón donde saco el libro, un planisferio. ¿Para qué quería Edgar un planisferio? Ni idea, pero todos los ingleses tienen uno, así que intuimos que Edgar no se quería quedar fuera de esta clasificación. Owen entonces comenzó a buscar nombre por nombre, tomándose la trabajosa tarea de escribir nombre, apellido, dirección, código postal y de pegar estampillas. Sí señor, Owen Philip era el mejor amigosclavo que un niño mimado pudiese tener.

Era una hermosa mañana de sábado en Inazuma Town, Endou Mamoru se levantó a media mañana y luego de ducharse y tomar un delicioso desayuno se dispuso a ir a entrenar.

-Mamoru-kun.- lo llamó su madre antes que pudiese terminar de ponerse sus zapatillas.

-¿Qué pasa mamá?.- Preguntó el de cabellos castaños, curioso por la llamada.

-Recibiste una carta esta mañana.- La madre de Endou se acercó a donde estaba su hijo y le extendió la carta sellada, con solo leer el reverso de esta sus ojos se abrieron de par en par y un sonoro "no puede ser" inundó las siguientes cuadras.

Era otra mañana común de sábado en la vida de Afuro Terumi, se desperezó sentándose en su enorme cama, mientras que de cada costado de ella salían dos apuestos jóvenes completamente desnudos, quienes no tardaron en vestirse y despedirse del rubio pelilargo.

-Adios, fue un placer.- Decía mientras despedía a los dos extraños como si fuesen sus maridos.- Estos hombres casados.- Dijo sonriendo y cerrando la puerta detrás de sí. Se disponía a ir a ducharse, cuando una carta se deslizó por su puerta, el rubio la tomó curioso y la leyó. Levantó una ceja. Fue entonces que suspendió cualquier tipo de limpieza y se dirigió a su teléfono, haciendo una llamada de urgencia a Londres, más precisamente a la casa de Edgar Valtinas.

-¿Hola?.- Contestó una voz del otro lado del teléfono.

-¿Edgar Valtinas?.- Preguntó sin muchos rodeos.

-No. Soy Owen, ¿Quién habla?.-

-Afuro Terumi, mejor conocido como Aphrodi.- dijo con confianza.

-¿Quién?.- Dijo el otro confundido.

-Eso debería decir yo, ¿De dónde sacaste mi dirección?.- Atacó el rubio sin preámbulos, usando eso de vaga excusa para atacar al inglés por no tener ni idea de quién era el Profesional Afuro Terumi .

Owen aparentemente, ese día se había levantado algo lento, ya que había olvidado completamente que entre esas cartas que había enviado a casi todo el mundo se encontraba la dirección del Profesional Afuro Terumi que vaya a saber Dios quién era. Por suerte, en unos pocos minutos recordó.

-¡Ah, Sí! Aphrodi, Eres uno de los invitados a la fiesta de Edgar.

-¿A la fiesta de quién?.- Preguntó confundido.

-Edgar…Edgar Valtinas.- Contestó Owen como si del mismo Mahatma Ghandi se tratase.

-No conozco a ningún Edgar.- Mantuvo Aphrodi.- Y no recuerdo haberme acostado con uno…- Dijo dudando, pero luego aclaró su voz y continuo.- No voy a ir a la fiesta de alguien que no conozco.

-Pero es que es algo muy importante para él.- Dijo Owen en voz baja, asegurándose de no ser oído en ningún momento por algún miembro de la familia Valtinas, ya que la frase esa le podría haber costado su miembro, era una regla de oro: "no importa cuánto realmente importase, porque por fuera no importa un carajo".- Es que, bueno no es muy amistoso…Pero cuando lo conoces termina siendo una persona muy buena.- Terminó la oración precipitado mientras que de fondo se escuchaba la voz del inglés gritando: "Owen, inútil, ¿qué le hiciste a mi planisferio?"

-Dame una buena razón para ir.- Dijo el rubio, acortando la charla sin sentido.

-Bueno pasajes gratis, comida gratis, estadía…

-mmmm.- Contestó el rubio del otro lado del teléfono

Y bueno…va Woody Allen..- Ante esta respuesta, Aphrodi, se quedó totalmente atónito y soltó el tubo del teléfono, dejando al pobre Owen hablando solo como el perro que es. El ruido de una puerta siendo cerrada por el viento se escuchó y al segundo siguiente, la casa de Afuro Terumi estaba totalmente vacía.

Se encontraban todos reunidos en la casa comunitaria de Endou, como si no tuvieran una casa propia. Todos hablaban conmocionados y sorprendidos, muchos de ellos agitando estúpidamente un pedazo de papel escrito entre sus manos.

-¡Esto debe ser obra de Kageyama!.- Dice Kidou, para variar.

Fudou suspiró y tomó su hombro para llamar su atención.- ¿No crees que una persona de cincuenta años tiene mejores cosas que hacer que joderle la vida a unos adolescentes imbéciles?

-¿Es que vos nunca viste animé?.- Dice Megane, metiéndose en la conversación sin que nadie lo llame, como para no variar.

- ¿Y vos nunca la pusiste no?.- Dice sonriendo de lado, acongojando al pobre otaku virgen.

-¿Hola?.- Dijo una graciosa voz intentando poner orden.- Yo sé que siempre ustedes se van enormemente por las ramas, pero una persona que no conozco, me mandó una invitación con un pasaje para ir a Inglaterra y ustedes están hablando de si es o no obra de Kageyama. Si fuese obra de Kageyama, no habría una foto de un extranjero de cabello azul, que probablemente sea un pariente lejano de Kazemaru, señalando con una flecha su "supuesto nombre".- Terminó finalmente de hablar Max, levantando la foto de Edgar en alto, dejando otra vez, a Kidou en ridículo, cosa que ya era moneda corriente.

De repente todos sintieron que la ventana se abría de manera violenta y precipitada, fue entonces que un rubio sudado y con una taza de café en una mano y una carta en la otra entraba ilegalmente en la habitación del capitán de Raimon.

-¿Aphrodi?.- A todos, menos a Endou, Kazemaru y Fudou les sorprendió aquella prescencia.

-¿Aphrodi, cuántas veces te tengo que decir que entres por la puerta?.- Dijo Kazemaru, quien fue fulminado por una mirada asesina perteneciente a cierto moreno.

-Lamento interrumpir la orgía que se estaba gestando en este cuarto dos por dos. A la cual, mal educados, no me invitaron. Pero hoy ha llegado a mi correspondencia, algo de lo cual me gustaría hablar.- Dijo Aphrodi mientras recuperaba el aliento y se sentaba en la ronda, como quien camina por su casa.

-Si es por la carta, ya sabemos.- Dice Kurimatsu, desinteresado.

Un silencio abrasador inundó la sala por unos momentos, hasta que el sonido de unos exagerados sorbidos lo rompió.

-Kurimatsu, Kurimatsu.- Dijo entre sorbidos.- ¿Acaso no te enseña la Biblia que no hay que corregirles a los profesionales?.- Kurimatsu, que en ese momento quiso responder, decidió no hacerlo, porque hace años había asumido que quizás él fuese la única persona normal en ese universo.- En fin como estaba diciendo.- Sorbe un poco de su taza.- Hay que ir a esa fiesta.

Kurimatsu, quiso intervenir de nuevo, pero decidió no hacerlo sobre todo, porque Mary Sue, que no se sabe qué hacía ahí y por qué estaba invitada, lanzó.- Danos una buena razón para ir.- Con esa dulce y pendenciera voz.

-Va a estar Woody Allen.- Dijo sorbiendo de su taza con una sonrisa. La emoción se comenzó a notar entre los presentes comenzando un debate sobre si Annie Hall era mejor que Manhattan o sobre qué tal había dado el artista su último concierto. Fue entonces que la risa apenada de Endou se dejó oír, logrando un silencio.

-Jejeje, ¿Quién es Woody Allen?

-¿Ves? Te dije que éramos como el agua y el aceite.- Dice Aphrodi en un tono ligeramente resentido y enojado por la ignorancia del castaño.

Endou agachó la cabeza para después sonreír- Pero con los Dioses y los Demonios nunca se sabe.-

Notas finales: Para las que nos preguntaron por el grupo de Facebook les comentamos tiene por nombre el mismo de esta cuenta: Banana-goggles. Y recuerden, una historia no es buena por la cantidad de reviews que tenga sino por el contenido… pero a los autores les gusta saber que tanto (o tan poco) les gustó.

Gracias por leer