Capítulo 10: Recordando…
Mediodía. El sol brillaba fuertemente y nuestros héroes se refugiaban bajo la sombra de un árbol, mientras disfrutaban de la sopa que Kagome había preparado
Habían pasado semanas buscando algún rastro de Naraku, pero no habían conseguido nada, ni un fragmento.
Ya no tenían suficiente motivación como para seguir buscando algo de lo que ni siquiera tenían un rastro, así que decidieron que era hora de regresar a la aldea de la anciana Kaede, para que todos pudieran tener su merecido descanso.
Se encontraban charlando sobre las peleas de los últimos días, hasta que un pequeño kitsune rompió la tranquilidad de la charla con una pregunta…
—Oye Kagome, supongo que hoy regresas a tu época ¿cierto?
—No.
—Menos mal… —susurró Inuyasha por lo bajo
—Mañana por la mañana lo haré
— ¿¡Qué!? —Dijo él levantándose bruscamente— ¡Por supuesto que no!
— ¿¡Y por que no!?
— ¡Porque tenemos que seguir buscando a Naraku y los fragmentos y por eso no podemos perder tiempo con tus tontos caprichos!
— ¿Caprichos dices? —Ella se levantó para hacerle frente— No es ningún capricho, sabes que tengo que ir a la escuela y aparte mañana debo estar en casa.
— ¿¡Y eso por qué!?
—Porque…—ese día sería su cumpleaños, pero no tenía caso decirles si no sabían lo que era— Es un día especial para mí y quiero estar con mi familia.
— ¿Especial? ¿¡Qué se supone que lo hace especial!? ¡Si todos los malditos días son iguales!
—Para ti, pero en mi época tenemos la costumbre de celebrar algunas fechas, como Navidad, Año Nuevo o…—se trabó ahí, no podía y no quería decirle que era su cumpleaños, ya que no se acostumbraba a festejar en esa época, o por lo menos eso pensaba ella.
— ¿O qué Kagome?
—No, no es nada Shippo —dijo ella ya resignada.
—Entonces te quedas.
—Te he dicho que no lo haré.
— ¡Pues de aquí no te irás!
—Ya cálmense los dos —dijo Miroku intentando acabar con su discusión— Inuyasha, deja que la señorita se marche después de todo no sabemos nada sobre el paradero de Naraku y…
— ¿Y quién me lo impedirá? ¿Tú? —Dijo ella burlándose— No lo creo.
— Jaja ¿y dime que piensas hacer para que no te deje ir? —dijo él sarcásticamente.
—Pues mira que sólo diré una palabra…y es una que conoces muy bien…
— ¿Ah sí? Pues haber dime cual es la dichosa palabra que… —se detuvo en seco, acababa de recordar que no necesitaba preguntarle por ella porque ya la sabía— No, espera Kagome…
— ¡Abajo!
Inuyasha literalmente comió tierra, y Kagome se alejó de allí de lo más tranquila en dirección a la cabaña.
—Lo mismo de siempre… —dijo Sango suspirando, luego de lo cual sintió algo len sus partes inferiores— ¡Al igual que usted!
La cachetada que le pegó al monje quedó bien marcada en su rostro, él se quedó sobándola mientras ella empezaba a alejarse.
— ¡Monje libidinoso! ¡Más le vale no volver a acercarse a mí!
— Pero Sanguito…
—Sí, lo mismo de siempre… —dijo Shippo para luego suspirar—Ambos siguen comportándose igual…—dijo mirando al hanyou que seguía enterrado en el suelo.
La noche avanzaba rápidamente y todos ya estaban durmiendo dentro de la cabaña, solo alguien se veía inquieto.
Era Inuyasha, que se había despertado porque había sentido algo, o mejor dicho el olor de algo…o de alguien…
Salió de la cabaña y se dirigió apresuradamente al bosque, de lo que no se dio cuenta fue que una de las personas que estaban ahí lo había visto…
—Inuyasha…has venido…
—Sentí tu presencia y vine a verte mi querida Kikyou.
Él se acercó, ella se levantó e hizo lo mismo.
—Solo pasaba por aquí, quería saber como estabas Inuyasha…
—Kikyou…
Él la abrazó, sin percatarse que alguien más estaba observándolos. Ese alguien era Kagome, que había seguido a Inuyasha cuando lo vio salir. Ella estaba confundida, ¿quién era esa mujer? ¿Y por qué Inuyasha estaba abrazándola?
¿Por qué?… ¿Por qué Inuyasha está con esa mujer?… ¿Por qué me lastima verlo con ella?
Su corazón parecí estar rompiéndose en miles de pedazos y no sabía por qué. Sentía que ya había vivido eso antes, que los había visto a ellos dos alguna vez, mucho antes de que ella perdiera la memoria y olvidará quién era ese hanyou del cual se había enamorado perdidamente desde que lo conoció.
¿Por qué duele tanto?
De pronto, Kikyou se liberó del abrazo de Inuyasha y lo besó, él le correspondió.
Pequeñas gotas de agua salada empezaron a recorrer el rostro de la miko que estaba escondida detrás del árbol y ella se dejó lentamente caer al suelo, hasta quedar de rodillas.
¿Por qué?... ¿Por qué estoy llorando?
El pecho le ardía, cerró los ojos y apoyó sus manos en el tronco del árbol para intentar mitigarlo, no le sirvió.
Duele…pero no entiendo por qué… ¿qué me sucede?
Colocó ambas manos en su cabeza, no lo comprendía, ¿Qué era Inuyasha para ella? ¿Y por qué verlo con esa mujer le afectaba tanto? Por qué…solo quería saberlo…
¿¡Qué son estos sentimientos!?
En ese instante, abrió los ojos de repente, ya sabía porqué, finalmente había recordado, pero deseó con todas sus fuerzas no haberlo hecho.
Todas las cosas que Kagome había vivido en el Sengoku regresaron a su mente, lo recordó todo: cuando conoció a Inuyasha, y a sus amigos luego, cada una de las aventuras que habían vivido, el amor que sentía hacia el hanyou, y las tristezas por las que había pasado al verlo junto a Kikyou, a esa mujer que tenía enfrente suyo y lo estaba besando, y ella…como siempre estaba ahí de sobra, solo era una espectadora.
Inuyasha se separó lentamente de Kikyou y la volvió a abrazar, aunque no duró por mucho porque sintió la presencia de alguien. Él deshizo el abrazo y se dio la vuelta, ella salió de su escondite.
Kikyou, al ver que ya no tenía nada que hacer allí, se retiró hacia lo profundo del bosque, seguida por sus serpientes caza almas
Él la miró, ella estaba llorando, y nuevamente era su culpa. No quería decir nada porque sabía que solo iba a empeorar la situación, ya la había lastimado.
— ¿Se puede saber por qué no dices nada?
—Kagome, yo…yo…
— ¿¡Tú qué!? ¿En verdad crees que tus disculpas sirven de algo? —él la vio confundido—
Siempre haces lo mismo, me lastimas y vienes a pedirme perdón como si nada hubiera pasado… ¡ya estoy cansada de esto!
—Kagome… ¿eso quiere decir que tú…?
—Sí, lo recuerdo todo… ¡aunque desearía no haberlo hecho!
Él se vio intimidado ante la mirada de odio que ella le dio en ese momento pero habló.
— ¿¡Y a ti quién te manda a seguirme!?
— ¿¡Y eso qué tiene!? ¡Estaba preocupada por ti! ¡Tan solo quería saber adonde te dirigías con tanta prisa! —Ella bajó la cabeza— ¿¡Pero para que molestarse!? —Agregó mirándolo fijamente— ¡Si es obvio que cuando sales es para ver a Kikyou! —Ella agachó nuevamente la cabeza dejando que el flequillo tapara sus ojos— Solo que en ese momento yo no lo sabía…
—Kagome, en verdad yo no…
—Desearía… ¡desearía no haberte conocido nunca! ¡No sabes cuanto te detesto! —le gritó con rencor para luego salir corriendo por el mismo camino por el cual había llegado.
—Kagome espera… —aquellas palabras habían sido como veneno para él—No te vayas…
Kagome se encontraba llorando desconsoladamente en su cama, hace rato que había llegado a su casa y aún no paraba de hacerlo. Era inevitable no poder contener el llanto.
Ya no sabía que hacer: quedarse y olvidarse de lo que alguna vez pasó en el otro lado del pozo o regresar y seguir reuniendo los fragmentos como si nada, aunque eso signifique enfrentarse cara a cara con Inuyasha.
Como ya no aguantaba más el dolor, decidió dormirse y olvidarse del tema… aunque no fue de lo único que se olvidó.
— ¡Mamá! ¡Ya me voy!
— Muy bien hija, te veré luego —dijo la señora desde la cocina, cuando ella se fue se dirigió al niño que aún estaba sentado a la mesa— Souta ¿le avisaste a las amigas de Kagome?
—Si mamá, llegaran aquí antes que ella.
—Me parece bien, estoy segura de que a Kagome le encantará su fiesta sorpresa.
La mujer sonrió, hace mucho que no le hacía algo así a su hija, seguro estaría feliz.
— ¡Kagome tanto tiempo sin verte! —dijeron tres chicas a coro corriendo hacia Kagome.
—Vamos, no exageren chicas.
—No exageramos, si hace semanas estás en cama por la clerirositis aguda o algo así —dijo Eri preocupada— Nos alegra verte tan sana y llena de energía.
A Kagome sólo se le resbaló una gotita estilo anime de la sien, otra vez su abuelo inventando enfermedades…
—Mejor así, así podrás disfrutar de tu fiesta sorpr…—Yuka y Eri le taparon rápidamente la boca para que no hablara de más…de nuevo.
— ¿De qué hablas Ayumi? —dijo la miko parpadeando perpleja.
—Disfrutar de la escuela —agregó Yuka rápidamente, por suerte su "plan" funcionó: Kagome suspiró y se dirigió hacia el salón de clases.
— ¿Qué pasa? ¿Por qué hicieron eso?
— ¿Qué no lo recuerdas? —dijo Eri enojada— Kagome no se debe enterar de la fiesta.
—Ah es verdad, Kagome se llevará una gran sorpresa —dijo Ayumi contenta, a lo que sus amigas suspiraron.
— ¿Inuyasha?
El hanyou miró de reojo a aquel individuo, estaba tan distraído mirando su reflejo en el agua del lago que no se había percatado de su presencia.
— ¿Qué es lo que quieres Miroku?
— Dime ¿tú y la Sta Kagome han vuelto a pelear?
— ¿Y por qué debería responder a eso?
—Lo hicieron ¿verdad?
El híbrido desvió su mirada, estúpido monje metiche, estúpido pero listo.
—Seguramente fuiste a ver a la Sta Kikyou y la Sta Kagome los vio juntos ¿o me equivoco?
— ¡Tsk! Si ya lo sabes para que preguntas
El monje suspiró, estúpido muchacho indeciso, ¿Cuándo sería el día que finalmente dejara de ser tan idiota y se decidiera de una vez?
—Sabes, haciendo estas cosas solo consigues lastimarla más —él se sentó a su lado en una roca que casualmente había allí— Creo que ya es tiempo de que tomes una decisión.
—Lo dices como si fuera tan fácil hacerlo.
—Ay mi pequeña bestia nadie dijo que tomar decisiones fuera fácil…—el monje se levantó— Pero si quieres resolver este problema vas a tener que hacerlo porque no creo que ella pueda seguir con el mismo juego—dijo finalmente para luego perderse en la espesura del bosque.
De camino a su casa, Kagome se estaba preguntando si debería quedarse o regresar, por lo menos debía despedirse apropiadamente de sus amigos, aunque eso le dolería más que nada. Quizás sería mejor que se quedase, le dolería menos.
Sus amigas no la acompañaban porque, según ellas, debían hacer algo más importante, ¿qué habría sido tan importante?
Muchas preguntas circulaban por su mente cuando llego a su casa, donde al entrar notó las luces apagadas, lo que le pareció extraño, ¿habría salido su madre?
Prendió las luces y en cuanto lo hizo vio a toda su familia y amigos ahí.
— ¡Feliz cumpleaños Kagome! —dijeron todos al unísono.
— ¿Ehhh? —su sorpresa era notable— ¿Mamá qué es todo esto?
—Es tu cumpleaños hija, así que entre todos te organizamos esta fiesta.
—Es cierto Kagome ¿acaso se te olvidó? —preguntó una de sus amigas.
—Creo que se me pasó de largo —dijo con una gotita estilo anime en la cabeza.
¿Y como no se iba olvidar? Después de lo sucedido con Inuyasha y de recordar repentinamente todo su pasado en el Sengoku era más que obvio.
—Bueno eso no importa ahora, vamos a cambiarte y a disfrutar de la fiesta Kagome —dijo Ayumi empezando a jalarla hacia las escaleras que llevaban a su habitación, seguida de Yuka y de Eri,
—Esperen ya voy chicas, ¡despacio por favor!
Ha pasado un tiempo desde que actualice, bueno el tema es que estoy más metida con mi otro fic que con este, se llama Ruby Eyes , si quieren pueden echarle una ojeada, seguro les gustará ;)
Bueno, intentaré actualizar cuando pueda, nos estamos viendo nwn
