La Navidad Llegó Antes

Lo tienen todo cuidadosamente planeado. Cuando Blaine llegue dos días antes de Navidad, todo estará listo: el arbolito puesto y decorado con retazos de telas de colores, la comida preparada, las velas encendidas...

Pero cuando el momento llega, Kurt sólo puede esperar que todo salga de acuerdo al plan. No lo sabe, ya que ha estado atrapado en el metro la última hora dado que un hombre -borracho o suicida- cayó en las vías justo frente a su tren.

Kurt es comprensivo, por supuesto, y está un poco preocupado, pero más que nada, sólo quiere llegar a casa. Deberían estar comiendo su cena Navideña con Blaine justo ahora, pasando sus últimas preciosas horas juntos antes de que Blaine se vaya a Lima. En su lugar, Kurt está sentado aquí en una multitud de gente molesta y ni siquiera puede llamar y hacerles saber qué está pasando, o darle instrucciones a Rachel respecto a todo lo que ella necesite para dar los últimos toques a su comida. Lo había preparado todo tan cuidadosamente, ¿pero cómo puede hacer que todo sea perfecto cuando ni siquiera está ahí?

Cuando Kurt finalmente corre escaleras arriba hasta su loft, está sin aliento y ansioso, pero se detiene cuando llega a la puerta. Hay música proveniente del apartamento, dos voces familiares cantando Santa Claus Llegó a La Ciudad de forma muy capaz y a todo pulmón. Desliza calladamente la puerta y se detiene en el rellano, simplemente observando la escena delante de él con una enorme sonrisa.

Rachel ha puesto la mesa justo al lado del árbol de Navidad, y aún con su colección de platos que no coinciden en absoluto, y los simples adornos de papel y tela en el árbol, se ve espectacular. Hay un mantel blanco en la mesa, las cuatro velas en el centro de mesa ya están encendidas, y el aire está lleno de deliciosos aromas de la cocina.

Y ahí están estas dos personas, tan queridas para él, que una ola de afecto casi sofoca a Kurt mientras los mira en silencio. Blaine está sentado en el sofá con una guitarra en sus rodillas, Rachel sacudiendo una caja de arroz a falta de cascabeles, y dando vueltas alrededor, y ambos están tan perdidos en la canción que ni siquiera notan la corriente proveniente de la puerta abierta. Suenan increíbles juntos, tan despreocupados y alegres, como en sus mejores momentos en Lima.

Y entonces Blaine mira sobre su guitarra y nota a Kurt, y la canción se detiene cuando ambos apartan sus instrumentos, haciendo coincidir sonrisas de deleite en sus rostros.

Realmentre se siente como volver a casa.

. . .

Kurt no está acostumbrado al alcohol -solo ha bebido un par de veces- e incluso la primera copa de vino tinto que trajo Blaine es suficiente para darle un hormigueo agradable. La conversación, animada desde el principio, se vuelve más animada a medida que cenan y avanzan con la botella. Las mejillas de Rachel están sonrosadas y ella está más risueña que nunca, y Blaine parece más afectuoso, menos cuidadoso con su cercanía y su contacto. Kurt simplemente se siente feliz y cálido, en paz con el mundo.

Y entonces resulta que tienen otra botella, algo rosa y dulce que va con el postre -según dijo la persona que se la dio a Blaine- así que no es de extrañar que pronto, la guitarra y la caja de arroz hagan de nuevo su aparición, y terminan pasando por cada canción navideña que pueden recordar. Están Jingle Bells y Todo lo que quiero para Navidad Eres Tú, El Día Más Maravilloso del Año, e incluso Rodolfo el Reno. En algún momento, Rachel empieza a cantar La Última Navidad, pero se detiene tan pronto como ve el rostro de Blaine decaído, y a Kurt tratando de estrangularla con la mirada. Es demasiado para ellos.

Después de eso, ella está más relajada, dejándolos cantar una divertida versión de Baby It's Cold Outside juntos, que ella declara enfáticamente que ha sido la mejor versión que ha escuchado en su vida, pero para el momento en que terminan con Let It Snow, ella está dando saltitos nuevamente, mirando a través de la ventana.

— ¡Chicos! ¡De verdad está nevando! ¡Vengan a ver!

De hecho está nevando demasiado fuerte, la vista es oscurecida con los gruesos copos de nieve volando por doquier, llevados por el viento repentino. Blaine mira su reloj, volviendo a la realidad.

— Oh, wow. Ya es media noche, me tengo que ir.

Rachel lo mira preocupada,— ¿Ahora? ¿Con esta tormenta de nieve?

Blaine se encoge de hombros.— Bueno, tengo que dormir un poco antes de mi vuelo mañana. Y no está tan mal. La nieve no debería sugerir ningún problema en el metro. Estaré bien.

— ¿Quieres pasar la noche aquí? —Kurt se encuentra diciéndolo sin pensar realmente en ello.— Digo, es muy tarde y el clima... —se muerde el labio cuando su mente se pone al día con su boca. Pero parece ser demasiado tarde para echarse para atrás.

Blaine levanta las cejas.

Podría quedarme, definitivamente sería preferible a ir caminando a casa, ¿pero estás seguro que no sería un problema?

— En lo más mínimo, —miente Kurt. Detrás de él, Rachel está asintiendo con entusiasmo.

Y está decidido. Kurt encuentra un cepillo de dientes de repuesto para Blaine y algo para que pueda dormir, y luego pasa el tiempo que Blaine necesita para ducharse y cambiarse, tratando de no entrar en pánico. Porque, a decir verdad, es un problema.

Su sofá es inservible para dormir en él. Por un lado, es pequeño, pero Blaine bien podria arreglárselas si sólo fuera eso. Pero también es duro y desigual, hundiéndose terriblemente en el centro, y la única vez que Kurt accidentalmente se quedó dormido ahí, la espalda le dolió por una semana. Y no puede hacer que Blaine duerma ahí. No lo invitaron a quedarse a dormir sólo para que consiguiera algunos nudos en la espalda.

Sólo hay una posible solución.

— Rach, voy a dormir contigo esta noche.

No será cómodo, sus camas son pequeñas, simples camas gemelas, pero sobrevivirá. Durmieron en peores condiciones antes de llegar a Nueva York.

Excepto que Rachel lo mira con una expresión de perfecta sorpresa.— Oh. No puedes. Estoy en mi periodo.

Maldita actriz.

Kurt rueda los ojos -como si eso hubiera importado antes- pero ella niega con la cabeza.— No, en serio. Tengo que acurrucarme, ayuda a mis cólicos menstruales. Además, me he acostumbrado a dormir sola. Digo... ¿Blaine? No te importa dormir con Kurt, ¿o sí?

Por supuesto que Blaine tenía que elegir ese momento para salir del baño. Los mira a ambos, claramente con la guardia baja.— Yo... no, por supuesto que no.

Okay, estaría completamente justificado estrangular a tu hermana cuando está siendo una chiquilla maquiavélica, ¿verdad?

Kurt mira con el ceño fruncido a Rachel, recibiendo únicamente una enorme sonrisa a manera de respuesta, antes de volverse con Blaine.— ¿Estás seguro? Yo podría dormir en el sofá.

Blaine ya se ha relajado y sonrie alegremente.— Oh, por favor, sé que ese sofá es un instrumento de tortura medieval. Y siempre es agradable dormir con alguien.

— ¡Genial! —dice Rachel feliz.— Buenas noches entonces. Sólo recuerden que estoy aquí, ¿de acuerdo? Nada de sexo salvaje, por favor. —Ella se agacha riendo cuando Kurt agarra una almohada del sofá y se la avienta. Y entonces desaparece detrás de su cortina, y sólo quedan ellos dos.

. . .

Kurt se toma su tiempo en la ducha,completamente nervioso y silenciosamente esperando a que Blaine se haya quedado dormido para cuando sea su turno de llegar a la cama. Haría su noche mucho más fácil -no es que vaya a ser fácil de cualquier manera, con el cuerpo de Blaine cerca del suyo por horas. Sólo tuvieron la oportunidad de dormir juntos en una ocasión -aquellas dos noches en el hotel cuando las Nacionales- y tuvieron que mantener una distancia respetable en esa enorme cama para no darle a nadie alguna razón para sospechar que había algo entre ellos. Esta vez no tienen oportunidad de distanciarse aunque lo quieran.

Kurt se pregunta si Blaine ha dormido con alguien en el tiempo que estuvieron separados. Los celos que lo desgarran profundamente en su pecho ante ese pensamiento no le ayudan en lo más mínimo para unirse a él en la cama.

Por supuesto, cuando finalmente lo hace, Blaine no está dormido.

— Hola, —susurra cuando Kurt se desliza bajo las sábanas. Está sobre su costado, de frente a Kurt -y no es como si tuvieran mucho espacio para cualquier otra posición- e incluso en la oscuridad, sus ojos dorados brillan y se arrugan en una sonrisa.

Hace calor bajo el edredón, tanto calor donde sus rodillas y muslos se rozan en el proceso de acomodarse, incluso con sus caderas y torsos cuidadosamente separados. Pero es imposible no tocarse sin caerse de la cama, así que finalmente, entre disculpas susurradas y risas sofocadas, terminan con sus manos tocándose donde descansan entre sus cuerpos, y con sus piernas entrelazadas. El cálido aliento de Blaine roza delicadamente los labios de Kurt con cada respiración. Huele a pasta de dientes y a gel de baño de Kurt. Es ridículamente atractivo.

Kurt cierra los ojos. Quedarse dormido no va a suceder muy pronto, él lo sabe, pero la alternativa es hablar, y si lo hicieran justo ahora, justo aquí, está completamente seguro que su corazón se desbordaría y terminaría suplicando por otra oportunidad. No, fingir dormir es infinitamente la mejor opción.

Kurt espera en lo que parecen horas antes de abrir los ojos, la tentación de observar a Blaine mientras duerme es demasiado grande como para luchar contra ella. Pero él no es el único que está completamente despierto.

— Kurt.

Es el más leve susurro, y luego están los dedos cálidos y callosos, entrelazándose con los suyos en la almohada compartida. Sobre los latidos de su propio corazón Kurt puede oír la respiración entrecortada de Blaine. No está seguro de cuál de los dos se ha movido, pero de repente están aún más cerca, y es por instinto que mueve la mano que está atrapada incómodamente entre sus cuerpos para ponerla en la cintura de Blaine sobre el suave algodón de su camiseta.

Blaine deja escapar un sonido grave y roto, y luego están sus labios calientes y urgentes, presionados contra los de Kurt.

El mundo se detiene. También el corazón de Kurt, está bastante seguro, aunque sólo sea por un segundo antes de devolverle el beso, vertiendo todo su anhelo y amor en la febril presión de sus labios. Él pensó en esto muchas veces. Recordó, anheló, soñó con ello. Besar a Blaine siempre fue increíble. Pero ahora es aún mejor ya que Kurt había perdido el derecho sus besos. Se había ido creyendo que nunca iba a volver a besar a Blaine de nuevo.

Y ahora están aquí.

Blaine se aleja después de un momento muy corto, sin aliento y con los ojos muy abiertos, y Kurt se queja sin poder hacer nada, apenas resistiendo la necesidad de seguir a sus labios. Pero Blaine simplemente pregunta: "¿Está bien?", Y con un ferviente movimiento de cabeza de Kurt , él está de vuelta, besándolo más profundamente, más apasionadamente, abriendo la boca sólo una fracción, como una invitación. Y Kurt se sumerge en el beso como lo haría en agua fría después de un largo y duro viaje a través del calor del desierto abrasador.

Ellos no resurgen durante horas. Sus cuerpos están apretados, su sangre hirviendo, pero no hacen nada más que besarse y tomarse de las manos, y besarse y abrazarse y respirarse mutuamente, cerca, cerca, muy cerca al fin. Cuando Kurt finalmente se duerme, simplemente flotando en el fuerte y sólido abrazo de Blaine, sus labios todavía están rozándose.

. . .

La primera vez que se despierta a la mañana siguiente, todavía es de noche y Rachel está mirando a escondidas en su habitación, con su mano apretada contra sus labios sonrientes, conteniendo el pequeño chillido que lo despertó de un sobresalto. Ella lleva abrigo y sombrero, claramente lista para ir al trabajo, y por lo general Kurt se levantaría ahora para pasar la mañana en su máquina de coser. Pero hoy es diferente. Hoy, el hombro de Blaine se siente cálido bajo su mejilla, el brazo de Blaine posesivo alrededor de su cintura incluso mientras duerme, sus labios de color rojo y ligeramente entreabiertos, su cabello en rizos suaves sobre su frente y su hermoso rostro totalmente pacífico.

No, hoy no es un día para levantarse temprano. Kurt cierra los ojos y flota de nuevo.

La segunda vez que se despierta, es unas pocas horas más tarde y está solo. Él salta de la cama, ya maldiciéndose por no darse cuenta del momento en que Blaine se levantó y esperando con todas sus fuerzas que no se haya ido todavía.

Pero no, él está allí. Sentado en un banco en su cocina, ya de vuelta en su ropa y con una taza de café en la mano, Blaine parece que pertenece a este lugar, como si debiera estar aquí cada mañana para saludar a Kurt con esa cálida sonrisa.

— Pensé que te habías ido. —Kurt se sorprende al escuchar su voz sin aliento, pero no es tan extraño en realidad -su corazón va a mil por hora y su estómago está lleno de mariposas despertado con el recuerdo de la noche anterior.

Blaine se levanta y cruza la cocina hacia la cafetera.— ¿Sin despedirme? ¿O sin darte tu regalo de Navidad? —le dice y pone una taza de café recién hecho frente a Kurt.— Yo no lo haría.

— ¡Oh, cierto! —Kurt niega con la cabeza. Se había olvidado de eso con toda la diversión y la emoción de la noche anterior.— ¡Regalos! Tengo algo para ti. Bueno, es de los dos. Pero yo lo elegí, —no puede resistirse a añadir. Se siente mareado y ligero esta mañana, se siente con deseos de coquetear e incitalo porque ahora, puede hacerlo. Finalmente lo sabe.

El regalo, envuelto en papel plateado, está esperando bajo el árbol de Navidad, así que Kurt se encamina para tomar y entregarle el pequeño paquete a Blaine, y luego se muerde el labio mientras lo mira desenvolverlo cuidadosamente. Fue un reto elegir algo significativo y reflexivo que pudiera permitirse, algo que no dijera demasiado, que no implicara el nivel de cercanía del que Kurt no estaba seguro, al menos no todavía. Hay una pajarita en una de las cajas de Kurt, hecha con amor en alguna tela con dibujos de Superman con Blaine en mente. Pero Blaine ya había recibido una pajarita de él una vez, y junto con la receta de galletas había sido el único regalo que Kurt le había dado en la escuela, para su único día de San Valentín juntos. Se sentía no sólo carente de imaginación, sino también demasiado personal que le diera otra. Así que esto se le ocurrió en su lugar.

Blaine sonríe cuando abre el bloc de notas negro, con páginas en blanco a la izquierda, y líneas del pentagrama a la espera de ser llenadas con melodías y armonías a la derecha.

— Wow, gracias, Kurt. No me había dado cuenta que Moleskine hacía cuadernos de música. Es perfecto. Parece que siempre tengo las mejores ideas de canciones cuando estoy fuera de casa, sin nada más que algunos restos de papel y servilletas para escribir. —Él llega a la pequeña nota escondida entre las páginas, una simple tarjeta roja escrita de puño y letra de Kurt, y sonríe mientras la lee. Sus ojos son suaves cuando mira a Kurt.— No estoy seguro si habrá algún éxito mío a corto plazo, ni siquiera sé si soy bueno, pero gracias por tener fe en mí.

— Siempre. —Kurt respira. Él quiere abrazar a Blaine ahora, ya echando de menos la cercanía que compartieron, pero están separados por la mesa y Blaine está llegando a la bolsa que está de pie en el suelo. El abrazo puede esperar.

— Ahora, esto puede parecer un regalo impersonal, —dice Blaine, empujando un simple sobre rojo sobre la mesa con una sonrisa tímida.— Pero créeme, no lo es. He estado pensando en ello durante días, pero no podía decidir. No parecía justo tomar la decisión sin ustedes. —Se muerde el labio mientras Kurt cuidadosamente abre el sobre con un cuchillo.— Es para Rachel y para ti, espero que no le importe no estár aquí para...

— Blaine. —Kurt jadea cuando una simple hoja colorida de papel brillante sale del sobre, un cupón de regalo. El valor impreso en la parte superior hace que sus ojos se agranden.— Oh Dios, esto es demasiado, no podemos...

Blaine toma las manos que ya habían comenzado a deslizar el papel de vuelta hacia él. Sus ojos son serios e intensos.— Sí, claro que puedes. Nunca has visto un espectáculo de Broadway. Quiero que seas capaz de experimentarlo ahora que estás realmente aquí en Nueva York. Estaba pensando en sólo conseguirles entradas para Wicked, pero no estaba seguro si habría otro show que quisieran ver, o cuando estarían ambos libres para ir, así que me decidí por esto en su lugar.

— Pero es demasiado caro... —Kurt sabe que su rostro está sonrosado; su pequeño regalo parece tan insignificante en comparación con este.

— Lo he calculado con base a los precios de Wicked. Y no busqué en los asientos más caros, lo prometo. Sé cómo te sientes respecto a mí comprándoles cosas. Pero, por favor, Kurt. Es un regalo de Navidad. Quiero que vayan, quiero que sientan la magia, y se diviertan.

El calor de las manos de Blaine es tranquilizante, sus ojos son como los de un cachorrito suplicando, y Kurt se rinde.— Okay. Oh Dios, Rachel estará en el cielo. Yo estaré en el cielo una vez que me recupere del shock, muchas gracias, Blaine. ¿Irás con nosotros?

La sonrisa de Blaine es deslumbrante.— Con mucho gusto.

. . .

No hay mucho tiempo para hablar después de eso, Blaine tiene que correr, terminar de empacar su maleta y llegar al aeropuerto. La nieve había dejado de caer en algún momento durante la noche y aunque no hay una cubierta blanca sobre todo, el aire es claro y las nubes no amenazan con más precipitaciones. Él debe ser capaz de llegar a casa bien esta noche.

La idea de no verse por diez días hace que le duela el corazón a Kurt, pero después de anoche, es un dolor diferente del que esperaba cuando pensaba en ello apenas ayer. Ahora es el dulce dolor de la nostalgia por comenzar algo nuevo, por entrar al próximo capítulo de su relación cuando Blaine vuelva. Él no puede esperar para hablar realmente de ello, para dar forma y decidir las cosas entre ellos, para tomar su dulce tiempo descubriendo lo que significa estar juntos, sin esconderse esta vez. Abiertamente.

Pero necesita un poco más de paciencia todavía. No hay tiempo hoy para algo más que un beso rápido de despedida antes de que Blaine se vaya.

Excepto que... cuando Blaine lo atrae hacia él, ya en su abrigo y listo para irse, él no se inclina hasta los labios de Kurt. Sólo lo abraza, breve y estrechamente, y lo besa en la mejilla, y luego está fuera de la puerta con el último Feliz Navidad en sus labios, dejando a Kurt confuso de pie en umbral.