Chapter 10: Cita congoleña:
Cada animadora tiene su color favorito, por eso, cada una viste siempre de ese color, menos cuando tienen puesto el uniforme.
A la mañana, tú estabas dando una vuelta por la isla para despejarte las ideas: Hiroto es tan interesante, Mark es genial, pero Fidio es tan romántico… ¡Que voy a hacer!
Saliste de tus pensamientos al oír unos golpes en la playa. Fuiste a ver y viste a un chico musculado, sin camiseta y bastante moreno intentando parar una rueda gigante con una mano. Te pareció muy atractivo, se dio la vuelta y viste que era un conocido.
Rococo: ¡Oh! Hola preciosa, ¿te acuerdas de mí?
Tú: Pues claro que me acuerdo, nos conocimos hace dos días, no tengo tan mala memoria.
Rococo te echó una sonrisa un poco pícara que te hizo estremecer.
Rococo: Me alegro de que te acuerdes, ¿Qué haces aquí?
Tú: Pues estaba dando un paseo y de repente oí unos golpes que venían de aquí. ¿Enserio crees que vas a poder parar eso con una mano?
Rococo: ¿Qué te hace pensar que no?
Tú: Pues que la rueda es más grande que tú.
Rococo: ¿Y qué? Bueno, si la paro te pasarás toda la tarde que queda conmigo y haremos lo que yo diga. Y si no la paro será al revés. – No podías resistirte a un reto, maldito instinto de competitividad.
Tú: Vale.
Lanzó la rueda muy alto, se preparó para pararla y de un golpe seco la paró sin esfuerzo.
Rococo: ¿Qué te dije? Perdiste así que tendrás pasarte toda la tarde conmigo.
Tú: Bueno, un trato es un trato, además tengo la tarde libre así que… - Tampoco te importó demasiado pasarte la tarde con un bollito congoleño morenazo.
Rococo: Pues avísales a tus compañeras, que nos vamos a recoger fresas al campo.
Tú: ¿Fresas?
Rococo: Sí. Luego nos las comeremos.
Tú: Bien.
Le mandaste un mensaje a Nina diciendo: Esta tarde no volveré hasta tarde, he vuelto a hacer una apuesta y he perdido…
Te contestó: ¿Otra vez? ¿Contra quién?
Tú le contestaste: Contra Rococo Urupa. Bueno, me voy a recoger fresas. Apagaste el móvil y te fuiste junto a Rococo (que todavía estaba sin camiseta *¬*) a recoger las fresas.
Mientras tú mandabas el mensaje, Rococo le mandaba un mensaje a uno de sus compañeros que preparara un picnic para la tarde.
En el campo…
Tú: ¡Dios, que calor hace! ¿Cuánto vamos a estar aquí?
Rococo: Hasta que recolectemos por lo menos dos cestas llenas de fresas.
Tú: ¡Pero eso es mucho! ¡No nos vamos a comer todo eso!
Rococo: ¿Quien ha dicho que solo vamos a recoger para nosotros? Y no te quejes tanto, que ese delantal te queda muy sexy. – Te guiñó un ojo y se te quitaron las molestias en un instante.
Tú: ¿Enserio? Jejeje…
Seguisteis recogiendo hasta que llenasteis cuatro cestas.
Tú: ¡Que cansancio! ¿Cómo podéis aguantar este calor?
Rococo: Pues porque en nuestro país este calor es muy normal, pero tranquila que ya hemos terminado.
Tú: ¡Por fin! ¿Ahora a donde vamos?
Rococo: Vamos a llevar las cestas al pueblo, limpiaremos algunas e iremos a recoger una sorpresa por tu duro trabajo.
Tú: ¿Para mí? – Te cogió de la cadera y te acercó a su musculado cuerpo.
Rococo: Sí, para ti preciosa. – Te sonrojaste. Estaba dispuesto a pasarse así todo el día pero…
Tú: Emmm… Será mejor que llevemos las fresas al pueblo cuanto antes. – Dijiste mientras te apartabas de él para que no viera tu sonrojo.
Rococo: Jeje, ¿estás sonrojada?
Tú: ¡No! Es que hace mucho calor…
Rococo: No pasa nada, me pareces muy mona cuando te sonrojas. – Dijo mientras te volvía a agarrar y se te quedaba mirando directamente a los ojos. Se acercaba peligrosamente para besarte, tú estabas dispuesta a seguirle el royo pero un señor mayor os interrumpió.
Daisuke: ¡Rococo! ¡¿Dónde están las fresas? – Os separasteis inmediatamente y empezaste a sonreír.
Rococo: ¡Están aquí! ¡Ahora vamos! Estúpido viejo… Siempre interrumpiéndolo todo… - Esto último lo dijo en voz baja. A ti te hizo bastante gracia la forma en la que lo dijo.
Fuisteis de vuelta y él no te dejaba coger ninguna cesta, según él, eras demasiado delicada como para cargar con peso y no quería que te pasase nada. Pensaste: Será un salido y un pervertido, pero cuando quiere es todo un caballero y muy sexy…
Llegasteis al pueblo, les disteis las fresas a los jugadores y Rococo fue a recoger la esperada sorpresa. Tú estabas esperando en el lugar que te dijo el capitán congoleño, cuando un grupo de chicas se acercaron y te dijeron:
Chica 1: ¿Tú eres la que se va a ir con Rococo?
Tú: Sí, ¿Por qué lo preguntas?
Chica 2: Porque tienes mucha suerte.
Chica 3: Rococo no se fija en cualquier chica y menos la lleva a recoger fresas. Eso quiere decir que le gustas, y mucho.
Chica 2: Siéntete afortunada y aprovecha, yo llevo año y medio detrás de él y no sabe ni que existo.
Tú: Yo… Lo siento…
Chica 2: Tranquila, lo tengo asumido, pero como le hagas daño o algo parecido, te las veras conmigo.
Tú: Entendido.
Rococo: ¡(TN)! ¡Vámonos aquí está tu sorpresa! – Te grito desde no muy lejos y señalando a una cesta.
Tú: ¡Ya voy! Bueno chicas me tengo que ir, ¡adiós!
Chicas: Adiós.
Con Rococo…
Tú: ¿Cuál es mi sorpresa?
Rococo: Un picnic en la playa.
Tú: ¿Enserio? ¡Qué bien! – Dijiste emocionada.
Rococo: Me alegra que te guste. – Dijo mientras te cogía de la mano. Le sonreíste dulcemente. Os pasasteis todo el camino hasta la playa dados de la mano. Él estaba encantado.
Llegasteis a la playa y preparasteis el mantel y todo lo demás. Había platos sencillos para comer, pero eran deliciosos, para beber había zumo de piña y uva y de postre, fresas con nata.
Tú: ¿Fresas?
Rococo: ¿No te gustan?
Tú: Si, pero creo que no voy a poder ver una fresa en unos meses.
Rococo: Jaja, ¿quieres arroz con carne?
Tú: Claro.
Seguisteis comiendo en aquella playa solitaria, hasta llegar al postre. Rococo cogió una fresa, la untó en nata y te dijo:
Rococo: Abre la boca…
Abriste la boca y Rococo te metió la punta de la fresa en la boca, pero antes te manchó los labios de nata. Mordiste el trozo de fresa y te lamiste los labios para quitarte la nata.
Rococo: Dios… Que sexy eres.
Tú: Bueno, ahora te toca a ti.
Cogiste otra fresa y la untaste en nata, para luego metérsela en la boca al chico. Tú le manchaste la nariz de nata y empezaste a reír.
Rococo: ¿A si? Con que esas tenemos… - Se limpió la nariz, te cogió en brazos y te empezó a llevar directamente al agua. Empezaste a gritar pero no eran gritos ni de miedo, ni de socorro, eran gritos de diversión.
Hizo el amago de tirarte al agua, pero te dejó de pie en la orilla, con los pies dentro del agua. Te agarró de la cadera y tú pusiste tus manos alrededor de su cuello. Vuestros cuerpos estaban pegados y eso no disgustaba a ninguno de los dos.
Rococo: ¿Puedo contarte algo?
Tú: Claro.
Rococo: Te amo.
Tú: Jaja, enserio, ¿qué es?
Rococo: Lo digo muy enserio. ¿No te diste cuenta que este día era una cita y no una apuesta?
Tú: Es verdad… No me di cuenta…
Rococo: Que me dices, ¿yo también te gusto?
Tú: Pues en estos momentos estoy muy muy confusa, en tres días se me han declarado tres chicos, y cada uno más interesante que el otro.
Rococo: A que lo adivino, los otros dos chicos son Mark y Fidio.
Tú: Si, ¿Cómo lo sabes?
Rococo: Porque me lo dijeron ellos. Para que se te haga más fácil elegir, ten en cuenta esto.
Se acercó a tu rostro, girando su cabeza y por fin juntándose con los labios que tanto deseaba besar. Fue un beso húmedo, caliente y sobre todo sexy. Todo en él era sexy: su cuerpo, su forma de ser, su forma de besar… Os besasteis hasta quedar sin aire. Entonces, solo pudiste decir:
Tú: Waw…
Él se rió, miró su reloj y vio que era muy tarde.
Rococo: Son las 22:30, creo que debería acompañarte a casa.
Tú: Si… - Te soltó y tú le soltaste a él.
Recogisteis todo y te acompañó a casa.
De camino…
Rococo: Siento haberte ofendido.
Tú: ¿Ofendido?
Rococo: Cuando me declaré…
Tú: No me ofendiste, tranquilo.
Rococo: Me da la sensación de que nada bueno va a pasar con el tema de con quién te vas a quedar.
Tú: Yo también lo creo, pero a veces no se puede hacer otra cosa.
Os quedasteis en silencio hasta llegar a los apartamentos.
Tú: Ya hemos llegado, gracias por todo.
Rococo: De nada, si necesitas algo ahí estaré ¿vale?
Tú: Vale. – Le abrazaste y le diste un beso en la mejilla. – Nos vemos otro día, adiós.
Rococo: Adiós, preciosa mía.
Te fuiste a tu apartamento y él se fue a su pueblo.
El chico pensó: No pienso dejar que cualquier tío me quite a mi chica perfecta, la conseguiré, sea como sea.
Tú pensabas: ¿Por qué todos tienen que ser tan interesantes? ¿Por qué no puedo decidirme? En estos casos solo tengo dos opciones: O hablar con todas las animadoras, o hablar con Connor.
Te decidiste por la segunda opción. Cogiste el teléfono y llamaste al chico ya mencionado. Este, al darse cuenta de la situación de su hermana, decidió coger las maletas y hacerte una visita bastante larga. Te alegraste muchísimo de que viniera. Connor (como siempre tan compulsivo), decidió coger el avión a la mañana siguiente y así pasarse el más tiempo contigo.
Durante ese mismo día pero en otro lugar…
Nina estaba haciendo yoga en la playa brasileña y Tsunami estaba surfeando (como siempre ¬¬) en la misma playa.
El chico echó una mirada a la arena y vio que la chica en la que se fijó hacia ya unos días estaba haciendo figuras con su esbelto cuerpo. Esto hizo que se cayera de la tabla y apareciese en la orilla lleno de algas. En ese momento escuchó una risa que estaba detrás de él. Se dio la vuelta y vio a la chica del yoga riéndose a carcajadas.
Tsunami: ¿De qué te ríes?
Nina: De tu caída. Era para grabarla. – El chico se avergonzó de su gran acto de estupidez y agachó la cabeza, pero Nina lo notó.
Nina: Pero por lo demás surfeas muy bien.
Tsunami: ¿Si? ¿Te gusta como surfeo?
Nina: Claro que sí. Si quieres damos una vuelta, charlamos y tomamos unos helados. – Decía mientras le quitaba las algas de su moreno cuerpo.
Tsunami: V-vale.
Los dos se cogieron de la mano y se fueron a comer los esperados helados.
Ya está el capitulo 10, espero que os haya gustado. ¡Reviews!
¡Gracias por leer!
