Epílogo
Más allá de eso solo son palabras sin sentido alguno. No sé en qué momento comenzó su locura, mi pobre hermano...
Con mi padre seguimos el rastro de mi hermano por el cerro. No fue difícil. Lo hayamos tendido en el suelo, en posición fetal, con una gran herida en la frente y arañazos en todo el cuerpo. Mi padre olvidó toda su rabia y lo abrazó. Yo estaba en shock y no sabía qué hacer; vi qué tenía un libro y lo recogí.
Eso pasó hace tanto tiempo... los doctores nos decían que había enloquecido, pero eso ya lo sabíamos. Oigo a mi madre sollozar. Mi hermano ha muerto hace una hora y todos estuvimos junto a él, llorando.
—Tralka... —gimió en sus últimas palabras. Me miró con una mirada completamente demencial, y sonrió—. Tanto tiempo... era Lyra... Tralka era Lyra... yo le enseñé a sentarse...
Las lágrimas escurrieron de mis ojos. Pobre delirio. Delirio.
Ahora vamos a mudarnos a Temuco; nadie soportaría vivir aquí, todas las cosas nos recuerdan a él. Pero no quiero que la historia de su demencia se olvide. Le entregaré el manuscrito a mi amigo que escribe fanfics, quien en Internet se hace llamar Wandering Wing. Él podrá dar a conocer su historia. Yo... yo ahora debo superar la muerte de mi hermano. Déjenme llorarlo.
No tengo nada más que decir.
FIN
