Notas de la Autora: Tengo mucho que decir y necesito que lo oigan, así que por favor préstenle atención a las notas de autora que estarán al final del capítulo. Este capítulo originalmente iba a tener ocho páginas, pero por cuestiones de tiempo no supera las cinco. El título es horrible, pero como no escribí todo lo que debía escribir no supe qué otro ponerle. Como siempre, miles de gracias por sus reviews, de veras que me hacen muy bien, gracias, muchas gracias, y discúlpenme, por la tardanza y por la calidad de este episodio, que debería haber sido mucho más alta, pero, era esto o nada y no me atrevía a simplemente desaparecer.

PD: Ahora FF tampoco me acepta los símbolos que usaba para representar el pensamiento... lo siento, tendrán que darse cuenta solos cuándo es un pensamiento de Edo y cuando no.


+ Y al Regresar a Casa... +

Capítulo 10: Calles Angostas.

Niisan...

Edward abrió los ojos, buscando con desesperación a su hermano en la habitación, e iba a incorporarse cuando la lengua que jugueteaba en su oreja lo trajo a la realidad. Escuchó una carcajada.

Van semanas que caes en el mismo truco... me decepcionas, enano.

¡No me llames así!

Quiso empujarlo pero una fuerte mano en su pecho lo hundió en el colchón. Sus narices se rozaron. La otra voz se volvió violenta, como un trueno, y sus ojos destellaron.

¡A mí no me levantes la voz, ENANO!

La presión sobre su esternón le causó tanto dolor que despertó, bañado en un sudor frío, justo a tiempo para notar que el tren estaba disminuyendo la velocidad. Tardó unos segundos en reaccionar, pero al fin se levantó y, pegándose al vidrio de la ventanilla, buscó a Alphonse. Una sonrisa se apoderó de su rostro cuando identificó la infantil figura en el andén, quien asímismo se llenó de alegría al reconocerlo a él y agitó la mano derecha en señal de saludo.

Edward no sabía bien porqué, pero le aterrorizaba ver a su hermano desde esa perspectiva –desde un tren en movimiento, que en cualquier momento podía acelerar y alejarlo de él para siempre; por lo que corrió hasta la puerta y una vez allí empezó a tamborilear con sus dedos metálicos en el asiento más cercano, desbordante de impaciencia y sin perder de vista la melena castaña clara ni por un instante. Fue el primero en bajar del tren y en cuanto llegó hasta Alphonse en medio de la muchedumbre, porque siempre hay muchedumbres en la estación de Ciudad Central, le pasó los brazos por la cintura y enterró el rostro en su cuello, quizás con la esperanza de que tanta cercanía acabara por fusionarlos en uno solo y así el miedo a perderlo otra vez se desvaneciera.

Sin embargo, el miedo no se fue. Estuvieron abrazados por varios minutos.

Lo siento mucho, Al, yo no estaba enojado contigo, eres tan torpe, deberías haberme venido a buscar cuando...

Dejó de hablar al sentir una mano acariciando su cabello y un leve beso en su cabeza.

Niisan... disculpa por haberte hecho enfadar esta mañana.

Edward parpadeó, causándole un hormigueo con el movimiento de sus pestañas. Otra mano se apoyaba firmemente en su espalda, como suele hacerse con los niños que no quieren detener el llanto. Sin darse cuenta, fue deslizando sus propias manos debajo del abrigo, ansioso por percibir la calidez que antes se le escapaba en todos sus abrazos.

Niisan...

¿Hmn? Ronroneó como única respuesta, inmerso en su esencia y subiendo y bajando las manos en una caricia de la que nunca iba a cansarse.

Ehh... Alphonse se estremeció. Me estás haciendo cosquillas, niisan...

Oh, ouh, lo siento...

Edward se apartó, la sangre subiendo a sus mejillas, y el otro rió, enternecido.

Está bien, Niisan... pero no podemos quedarnos para siempre aquí, así que vámonos ya¿Dale?

Edward asintió e, instintivamente, le tomó de la mano, tal cual había hecho la última vez que había cruzado una estación con su hermano de carne y hueso. Alphonse le dirigió una expresión extrañada cuyo significado no interpretó, y anduvieron así todo el camino, el menor de ellos esforzándose por no prestar atención a la gente que les observaba con curiosidad. Edward, en cambio, parecía encantado, como quien abandona una realidad terrible para descubrir que no era más que una pesadilla. Recién se percató de que algo ocurría cuando los dedos del muchacho se cerraron con fuerza alrededor de los suyos, y al subir la mirada vio que estaba llorando en silencio. También él apretó más fuerte.

Hey, Al. No te preocupes. Ya verás... ya verás que todo saldrá bien.

Alphonse se volteó hacia él, mostrándole unos ojos inundados en angustia, y la conmoción le obligó a detener el paso.

¿Qué haré si perdemos a nuestro hijo?

Edward se paralizó. En su mente se repetía la expresión nuestro hijo como si hubiera abierto una canilla interior que le era imposible cerrar. Se imaginó sentado a la mesa, tratando de sonreír, mientras su hermano servía la comida como un zombie, callado y ausente, y Winly mantenía el frío y doloroso rostro en blanco. No había sacrificado tanto para hacer recuerdos como ése. No, no podía ser.

No es necesario que pienses en eso. No perderás a tu hijo, Al.

El chico no cambió su expresión triste. Edward forzó una sonrisa.

Tendrás la familia más bonita del mundo. Te lo prometo. Y le dio un beso en la frente con cariño. Venga, hablemos de otra cosa.

Alphonse se restregó con un puño, limpiándose las lágrimas. Hizo una mueca confusa que intentaba indicar que estaba un poco mejor.

Tienes razón, no gano nada con llorar. Balanceó su brazo, signo de que podían retomar la marcha. Winly me contó que tú nunca llorabas. Y que a fuerza de voluntad recuperaste mi cuerpo... yo tampoco tendría que llorar si quiero lograr mis metas.

Edward sintió un vacío en el estómago. Yo nunca lloraba... Eso es una mentira demasiado grande.

Al... no vacilar puede ser una debilidad. Yo no lloraba porque... porque tenía mucho miedo. Alphonse lo contempló, curioso porque no eran esas las palabras que esperaba escuchar de su hermano. Tenía mucho miedo y necesitaba convencerme a mí mismo de que era capaz de seguir adelante. Y así y todo, a veces el terror me superaba de tal forma que lloraba durante horas. Winly lo sabe, pero... supongo que uno idealiza lo que no está al alcance¿No?

Girando la cabeza, Edward reparó por primera vez en los murmullos de la gente que pasaba. Echó una ojeada a sus manos entrelazadas y adoptó un aire socarrón, soltándolo.

¿Te molesta que te tome de la mano? Preguntó, llevándose los brazos a la nuca.

No, no es eso... yo... uhm.

Del otro lado la gente pretende tanto de uno y hay tantas reglas sociales... no podía esperar para irme de ese ambiente tan opresivo. Pero olvidé que las diferencias son apenas sutiles. Supongo que yo también idealicé este mundo.

Lo siento. Musitó Alphonse, tras una breve pausa.

¿Eh, qué cosa sientes?

Que yo... yo soy una de esas cosas que te decepcionaron. No soy la persona que esperabas.

¡Tonterías! Exclamó Edward, sin mirarlo.

Es que el Alphonse que tú recuerdas...

¡Ya deja de llamarlo así! Lo cortó Edward, acompañándose de un ademán brusco que lo hizo dar un salto. ¡Son la misma persona, no es "el que yo recuerdo", eres tú, tú y nadie más, oíste!

Alphonse parecía sorprendido, confundido, alegre y apesadumbrado, todo al mismo tiempo. Meneó la cabeza con suavidad un par de veces, hasta que su preocupación afloró nuevamente.

¿Pero no hay nada que extrañes de él y que...?

¡Pero te digo que son la misma persona! Gritó Edward, agitando los brazos. ¡Es a ti a quien considero mi hermano, no a un él desconocido que no existe, no hay otro Alphonse más que tú!

Parecía realmente enfadado y eso, de algún modo, le levantó el ánimo a Alphonse, mientras que en él actuaba en forma contraria. La sensación de estar mintiendo lo rompía por dentro y no podía deshacerse de la urgencia de callarlo de la misma manera en que lo había hecho la mañana anterior. Los labios le ardían. Sólo deseaba que toda esa gente indeseable a la que se le había dado por estar en Central justo en ese momento, desapareciera. Lo deseaba demasiado. Y recordó la primera vez que vio al que fue su compañero de estudios y cómo había deseado también entonces que la universidad se vaciara para poder gritar hermano, aún a sabiendas de que no era tal el que leía con entusiasmo esas pilas de libros sobre tecnología, asunto que le resultaba tan ajeno.

Niisan... Susurró Alphonse, empujándolo apenas con el dedo a la espera de que volviera en sí.

Lo siento... Central me trae recuerdos de las ciudades que visité del otro lado de la Puerta.

Ya veo...

Alphonse no creía mucho en las palabras de su hermano, pero no tenía nada más que hacer, por lo que, mientras doblaban una esquina que daba a una calle angosta, gris y vacía, aprovechando el cambio de tema, decidió recaudar un poco de información. Por lo menos para sacarse de encima todas esas imágenes sangrientas de niños sin nacer que le daban vueltas desde que Winly lo hubiera llamado con un grito para que la trajera a la clínica. Se armó de valor e inclinó la conversación hacia el lado que le interesaba.

Niisan… Volvió a llamarlo Alphonse, tomándolo repentinamente del brazo.

Edward comprendió enseguida que la incomodidad anterior del chico se debía únicamente a las miradas desagradables de la gente y, presintiendo que había algo de malo en todos sus actos, se sonrojó y hasta pensó en protestar al respecto. No obstante, su hermano no le dio tiempo, declarando algo que despertó en él sentimientos de ésos que uno no debería tener nunca.

Winly me dijo que le hablaste de papá.

Ah… es cierto. Murmuró Edward, enfocándose en los adoquines de la calle, tan parecidos a los de las ciudades de Europa que lo asfixiaban.

¿Vivías con él? Prosiguió Alphonse, entusiasmándose al imaginar a su padre y la posibilidad de saber algo real sobre él.

Sólo vivimos juntos un tiempo. Sabes cómo me llevaba yo con papá.

¿Eso quiere decir que no lo perdonaste?

Edward le dirigió una expresión incrédula al muchacho, pero al verlo preocupado, acabó por sonreír, aunque no sin una dosis de ironía.

Supongo… que sí, que lo perdoné. Reflexionó un momento y se dio cuenta de que estaba triste. Sí, Al. Estarás encantado de escucharlo, porque lo cierto es que lo perdoné más de lo que me hubiera gustado.

Alphonse no entendió bien a qué se refería y, lentamente, fue soltándole el brazo. La manera en que Edward le había respondido le había dado la sensación de que la hora de callarse la boca había llegado demasiado pronto, y la curiosidad estaba calándole los huesos. Finalmente, sin poder contenerse, entrelazó su nerviosa mano a la de su hermano e inquirió:

¿Te ayudó papá a encontrar la forma de volver?

En la mente de Edward se dibujó la sonrisa de su padre y junto con ese recuerdo vino el otro, el de la sangre y el dolor. Quiso bajar la mirada, pero los ojos de Alphonse, siempre llenos de esperanza, siempre luminosos e inocentes, se lo impidieron.

Papá… papá me ayudó a volver, sí. Seguramente… seguramente no habría podido hacerlo sin él.

Para distraerse, Edward levantó en el aire la mano de su hermano y la observó a trasluz, sin dejar de caminar, aunque un poco torpemente. Le resultaba extraño cómo estaba comportándose Alphonse... casi no lo entendía –o tal vez fuera al revés, y temiera entenderlo en exceso. Si lo analizaba, él mismo era tan extraño al Edward niño que pensaba que la felicidad era posible... Ahora, Alphonse le preguntaba sobre su padre y él no sabía qué responder. ¿Qué decir cuando las palabras adoptan la habilidad de atravesarlo a uno como espadas? El presente tenía sus deficiencias, pero sin duda no había nada del pasado –del pasado reciente, no de la panacea simulada que había sido su infancia cortada por la mitad; a lo que quisiera retornar.

Alphonse siguió con la vista los movimientos de su hermano, admirando su propia mano. Había algo desesperanzador en la conversación, algo que estaba hiriendo a Edward y, si bien no terminaba de visulmbrar qué, se daba cuenta de ello y se sabía responsable. Tironeó para atraerlo hacia sí y se acercó el dorso de su mano a los labios, pero no llegó a besarlo, arripintiéndose, avergonzándose.

Disculpa... dije algo malo de nuevo. Hace poco que volviste y no paro de decir cosas que no debo.

Edward rió por lo bajo.

Tonto... si puedo sonreír a pesar de mis preocupaciones, es gracias a ti, Al. Murmuró, revolviéndole amistosamente el flequillo.

¡Ajá! Exclamó Alphonse, con una juguetona expresión de triunfo en el rostro. ¡Entonces admites que hay algo que te preocupa, sé que has estado pensando en algo que te molesta desde que llegaste!

O quizás desde antes, no puedes saberlo.

Lo dijo en un susurró y Alphonse se arrimó a él para tratar de escucharlo.

No te escucho, niisan. Le reprochó.

Que fue una forma de decir, me refería a que te quiero mucho. Sos mi hermano favorito¿Sabías? Y le dio un coscorrón.

¡Pero si soy tu único hermano! Se quejó el chico, y Edward sonrió con resignación, porque la verdad era distinta y mucho más cruel de lo que Alphonse llegaba a suponer, y debía alertarlo, pero no se sentía capaz.

Al fin, decidió hacer como si no hubiera oído nada, y, desprendiéndose de su mano, se abocó por completo a la tarea de hacerle cosquillas. Durante un segundo cruzó por su cabeza el hecho de que tenía 23 años y que quizás estaba demasiado grande para esas cosas. Sin embargo, no fue más que un segundo, y acorraló a Alphonse contra una de las silenciosas paredes para asegurarse de que no pudiera defenderse.

Es--espera, niisan¡Ya-- ya casi llegamos, déjame! Tartamudeó Alphonse entre carcajadas, agitando todo su cuerpo pero sin poder, o sin querer, impedirle ninguna acción a su hermano.

Cuando éramos niños me ganabas en todo, excepto cuando te hacía cosquillas¿Te acuerdas? Inquirió Edward, sin dejar el juego.

¡Lo que hacías era aprovecharte... ay... te aprovechabas de mi sensibilidad y-- y me hacías cosquillas cada vez-- cada vez que te ganaba, porque eras un rencoroso, niisan!

¡Yo no soy rencoroso!

¡Sí que lo eres! Gritó Alphonse entre carcajadas. ¡Suéltame o harás que Winly se preocupe!

Y a mí que me importa si... Se interrumpió de pronto, las manos firmes en su cintura. Lo siento.

Niisan...

Lo siento, lo siento tanto, Al. Susurró, pasando los brazos por detrás de su espalda y escondiendo el rostro en su cuello, como hiciera unos minutos atrás.

Está bien, niisan... Alphonse lo palmeó con suavidad. El médico dijo que mucha gente tiene pérdidas de sangre y que aún así su embarazo transcurre normalmente... ¿No me dijiste hace un rato que no me preocupara, que todo estaría bien?

Al, Al, tú no entiendes nada... Musitó Edward, levantando apenas el rostro como para hablar pero que al mismo tiempo no le viera. Vas a tener una familia feliz porque te lo mereces, porque hay poca gente tan digna de la felicidad como tú, pero yo... yo hice tantas cosas que no quiero recordar, Al.

Alphonse se giró un poco para apartarlo y verlo bien, aunque seguían estando a milímetros de distancia, abrazados.

Entonces no recuerdes.

Edward pensó en la ironía que había en el hecho de que la misma persona que lo admiraba por no llorar tuviera que presenciar sus lágrimas ahora. Temblaba, o era Alphonse quien temblaba, traspasándole el rítmico y suave movimiento de su cuerpo al besarlo.


Próximo Capítulo: El llanto tras la visión. La sangre y las personas que estaban rotas por dentro. La que dice que puede guardar un secreto nos recuerda la ley de los Estados Equivalentes. Nunca es tarde para sufrir un poco más.
Notas de la Autora: Ahora sí. Primero, que me voy de vacaciones. Me voy ahora, ya, a la velocidad de la luz, y a un sitio sin internet, lo que equivale a por lo menos dos o tres semanas sin ninguna actualización. El lado bueno de eso es que (además de que voy a estar feliz por estar de vacaciones, claro) lo más probable es que escriba mucho y que cuando vuelva pueda actualizar un poco más a menudo. Este capítulo me quedó muy Elricesty O.o Lo siento para los que esperaban resolver algún misterio. Aunque igual dejé pistas por ahí… Bien. Ahora, la gran noticia: publiqué dos cuentos míos. O sea, publiqué en un libro, con una editorial y se puede conseguir en las cadenas de librerías del Ateneo y de Yenny, además de las embajadas argentinas en algunos países. El libro se llama Poetas y Narradores Contemporáneos 2005, Tomo V, la editorial es Cuatro Vientos y aparezco en la página 90, con los cuentos Cartas y Miedo a Perder el Cuerpo en el Camino. Si alguien puede conseguirlo y darme su opinión, me haría infinitamente feliz. Quiero agradecerles a todos porque me ayudan a perfeccionar mi estilo, estoy aprendiendo mucho de escribir fics y además todo el apoyo que me brindan me hace las cosas más fáciles. GRACIAS. Volviendo al fic, hace poco terminé de ver la serie por tercera vez y encontré algo que me llamó la atención. Hacia el final Al dice que Sloth/Pereza no pudo haber estado en el Ejército por más de cuatro años, o sea que él tiene 14 y Edo 15. Sin embargo, cuando Edo traspasa la puerta es 1916, o sea que tiene 17 (que es lo que tomé en esta historia). Además, en la última imagen de Munich dice que es 1921, con lo que Edo pasó más o menos 5 años en Europa y viviendo con su padre, cuando supuestamente la película indica que tras dos años de vivir acá (y con Heiderich) ya está volviendo a su mundo (es algo así, no?). A todo esto se me ocurrió que quizás el tiempo acá pase más rápido que en el mundo de la Alquimia, o que estemos dos años adelantados o algo de eso. No sé, me hizo mucha confusión y si alguien tiene datos que refuten o fundamente alguna de estas teorías (o cualquier otra a este respecto) por favor dénmelos porque lo necesito para continuar el fic. Suponiendo, por el momento, que nuestros tiempos sean iguales, Edward volvió en 1923 poco antes de su cumpleaños, por lo que aún tiene 23 años pero hay posibilidades de que haya vivido el golpe de Estado infructuoso de Hitler (que necesito que conozca). Además¿Cuándo fue la Noche de los Cristales Rotos? Oiii… tengo mucho que averiguar. Para los que no les haya gustado la escena del beso porque tienen la esperanza de que desaparezca la tonalidad incestuosa del asunto, si bien esto último no va a pasar, les transcribo algo con lo que probablemente empiece el siguiente capítulo para tranquilizarlos: Fue un beso lleno de ternura, de inocencia, como los besos que se dan los niños pequeños que aún no fueron contaminados por la vida.
Sobre el aborto natural: imagínense (imagínense de veras) que despiertan una mañana con una sensación húmeda, con un leve dolor en la zona del vientre, y tras incorporarse con esfuerzo ven una mancha roja. Se acercan y se dan cuenta que no sólo es una mancha sino un gran montón de sangre y entre todo eso quizás una manito o un piecito miniatura… pueden verlo? Yo sí puedo. Aunque no es eso lo que le pasó a Winly, en ella el bebé no debe de ser mucho más grande que un coágulo y además lo que vio al incorporarse sólo fue una mancha pequeñita. No fue un aborto sino una pérdida, como dije. Pero… no duele mucho? Todo el tema del aborto me toca muy de cerca y me afecta bastante. Me siento un poco culpable porque justo después de escribir el capítulo anterior le ocurrió algo parecido a alguien muy querido para mí. De todas maneras, no se preocupen, que eso no va a perjudicar el desarrollo de la historia, hace mucho que planeé lo que va a pasar a continuación y eso no va a cambiar, a menos que se me ocurra algo maravillosamente mejor, claro. Pero… quería que se ubicaran en el sentimiento. Encima, hasta el contexto se parece: esa persona se enteró el día antes de un cumpleaños, así como Winly el día después de una fiesta de bienvenida. Es horrible porque tenés que estar sonriendo todo el tiempo cuando por dentro estás hecho mierda… Lo siento. Ya soy como Edward, que se pone todo angsty a cada rato… disculpen.
Otra disculpas: si bien sus reviews me alegran el alma, si me pongo a contestarlos ahora no llego con el tiempo para subir el archivo. Así que lo contesto todo en el siguiente capi, junto con los reviews que me dejen después (que espero que sean muchos!).
Por cierto, si a alguien le parece raro que Aru y Edo estén por momentos demasiado felices para la situación, piensen en la contradicción que dije antes y también en que cuando dos personas tienen motivos para estar tristes, en general se turnan para sobreponerse y animar al otro. O así lo veo yo.
Últimas disculpas por hoy: ne, las notas me quedaron muy largas, lo siento n.n'!
Ahora sí, los dejo… gente, de veras, GRACIAS. Espero que el capi les haya gustado, a pesar de sus deficiencias.

Lila Negra, quien se pregunta porqué existirá el mundo y si tal motivo justificará todo este sufrimiento…

Jueves, 06 de Julio de 2005