OHAYOOOOOOO!
Me complace informarles que sigo viva misteriosamente xD Terminé los exámenes hace una semana, descansé la semana siguiente y esta empiezo con los exámenes de recuperación hasta el 16 de julio, pero NO IMPORTA porque vengo con ganas renovadas para terminar este short que creo que tendrá una o dos partes más... xD
Muchísimas gracias por su paciencia y espero que les guste el capítulo de hoy.
Besos & Abrazos.
Ciclo zafiro.
Enero.
- Eres tan imprudente… - murmuró, cogiendo una de las sedas con las que las mujeres de palacio se envolvían después de la ducha y poniéndotela sobre los hombros después de mirarte largamente, hipnotizado por tu cuerpo.
- ¿Q-qué…? ¿Cómo…? No, olvidadlo, no deseo saberlo – aferraste el borde de la seda que te cubría, insegura.
La lámpara de aceite llenaba la habitación de sombras, pero las más inquietantes residían en el rostro del monarca. El rubí de sus ojos se mezclaba con el tono dorado de su piel, quitándote la poca cordura que tu mente dormida había conseguido recuperar.
- Me han dicho que te dé un motivo, un motivo para volver… y no se me ha ocurrido otra cosa.
¿Se había vuelto loco definitivamente? ¿Cómo demonios irrumpir en tus aposentos, en tu baño y verte como dios te trajo al mundo iba a ser un motivo para volver? Sin embargo, antes de que cualquier queja saliera de tus labios estos fueron aprisionados con fuerza por los sorprendentemente suaves, pero ardientes del sultán. Un gemido escapó de tu garganta debido a la sorpresa del movimiento y te abrazó contra él para evitar que escaparas. Mordió tu labio inferior con aquellos dientes tan característicos y permitiste que accediera al interior de tu boca. ¿Qué pasaba contigo? ¿Qué estabas haciendo? Deberías alejarte de él, Rin sólo te ha causado sufrimiento. Pero cuando pusiste las manos en su pecho para intentar separarte lo notaste: el desenfrenado latido de tu corazón, tan similar al tuyo. Y el sonrojo cubrió aún más tus mejillas. Su agarre era firme en todas partes, en tu cintura y contra tu lengua. Tu primer beso no estaba siendo para nada inocente. Y tan repentino como empezó, terminó. Te agarró de los hombros para poner distancia entre ambos.
Abriste los ojos con lentitud. Oh, dios… ¿por qué lo habías disfrutado tanto? Tu pecho subía y bajaba, respirabas de forma entrecortada. Rin seguía con los ojos cerrados y sus manos temblaban, como si estuviera obligándolas a continuar en tu cintura y no moverse. Alzaste la mano para tocarlo y entonces él te miró.
Te sentiste pequeña, pero hermosa. Los ojos rubíes estaban encendidos de pasión. Y entonces reconociste la desesperación y el anhelo que el sultán había volcado en aquel beso.
- Rin-sama…
- No me llames así – negó, separando por fin sus manos de tu cuerpo con cierto esfuerzo.- Tienes dos días. Aunque decidas no volver… prometo que no te obligaré a quedarte, así que… por favor, ven a despedirte.
Con aquella súplica salió del baño dejándote extasiada, confusa y cuanto menos sorprendida. Un escalofrío recorrió un columna vertebral y entonces recordaste en qué estado te encontrabas. ¡Por todos los dioses! Tu rostro se coloreó aún más y decidiste que ya estaba bien por hoy… aunque no estabas segura de poder dormir bien.
A la mañana siguiente el sultán no vino a despedirte, en su lugar quien te acompañó hasta las puertas del palacio fueron Gou, la princesa, y el enérgico Nagisa.
- ¿Seguro que estará bien?
En tu hombro descansaba una pequeña bolsa de seda con algunas de tus pertenencias, las suficientes para pasar aquellos días fuera. No habías tenido tiempo de avisarlos así que esperabas que Makoto y Haruka te hubieran echado de menos lo suficiente como para no echarte la bronca por ello. Sonreíste. En realidad, nunca se habían enfadado contigo, pero la última vez que viste a Haruka… Tu corazón se detuvo un momento, inquieto, asustado. Prácticamente habías pasado tu infancia a su lado. Un escalofrío recorrió tu espalda. Odiabas que Haru pudiera estar enfadado contigo…
- ¿Sucede algo, (T/N)-chan?
Diste un salto al escuchar la voz de Nagisa y evitaste mirarlo a los ojos, ese chico parecía poder leer tu mente así que te entretienes mirando el caballo y la escolta que el sultán ha dispuesto para ti. El sultán…
- Todo está bien – sonreíste, aunque estabas casi segura de que ambos podían ver a través de ti.
Cuando el capitán de tu escolta dio la orden subiste al bello animal con aquella gracia que te caracterizaba. Aquella gracia ante la que parecía haber caído el soberano del reino. La caravana se puso en marcha hacia el pueblo en una caminata que, realmente, no era demasiado larga, pero que a ti te estaba resultando eterna. A cada paso que daban los caballos algo en tu estómago crecía más y más. ¿Nervios? ¿Ansiedad? Y junto a ello sentimientos que sí conocías mejor: confusión e indecisión. Bajo el sol recordaste la oferta de Rin: podías volver o quedarte. Pero, ¿qué era lo que realmente deseabas?
- Bueno, hermano, ya se ha ido – la princesa entró en los aposentos de su hermano sin ni siquiera llamar a la puerta, hecho que no sorprendió al ocupante en lo absoluto.
Rin alzó la vista de los interesantes documentos que estaba estudiando en el diván para clavarla en su hermana. Asintió lentamente, casi como si no la hubiera escuchado.
- Deberías haberte despedido – te reprochó, hiciera lo que hiciera Gou siempre encontraba algo que echarle en cara y más si se trataba de ti.- Quién sabe lo que pasará de aquí en adelante.
- Pasará lo que tenga que pasar – respondió, con voz ronca. Llevaba todo el día sin hablar con nadie dando por contado que no había podido dormir absolutamente nada en toda la noche y que ya casi era mediodía. Hoy se sentía más antisocial que de costumbre.- Además…
- ¿Además?
Rin negó suavemente con la cabeza y volvió a meter la nariz entre los documentos. Te había visto marchar y había sido incluso más desolador de lo que había imaginado incluso sabiendo que tomaras la decisión que tomaras volvería a verte una vez más.
Makoto se secó el sudor con el dorso de la mano. Estaba resultando un día infernal, incluso en el desierto aquel calor era demasiado para una persona normal y quizás por aquel motivo no había conseguido sacar a su mejor amigo de la bañera que juntos habían podido comprar. Por lo tanto, se estaba encargando solo de la tienda y lo único bueno que traía el calor eran clientes. Enterró el rostro entre las manos tratando de despejarse.
- Disculpe.
Genial, ahora hasta alucinaba con la voz de su querida (T/N)-chan.
- He oído que los mejores zumos de frutas naturales vienen de aquí.
Makoto alzó la vista completamente dispuesto a espantar a su alucinación cuando la realidad lo golpeó con la misma fuerza que el calor. Delante de sus ojos verdes estabas tú la muchacha que los volvía locos a todos sonriendo dulcemente, tu piel levemente bronceada y con una fina película de sudor destacaba tanto como el sonrojo en tus mejillas.
- Cuánto tiempo sin vernos, Makoto.
El joven te miraba con los ojos muy abiertos, sorprendido, ladeaste la cabeza esperando que reaccionara.
- ¡(T/N)-chan! – gritó levantándose de la silla, de repente, consiguiendo sobresaltarte.
Sonreíste.
- Makoto, ¿qué demonios…?
Por lo visto, el grito del castaño no solo te había sobresaltado a ti, sino que también había atraído a Haru que tuvo exactamente la misma reacción aunque lo demostró menos. Se quedó quieto en la puerta, con el brazo deteniendo la cortinita que separaba la tienda de la casa.
- Makoto, Haru… estoy en casa.
Sin embargo, antes de aceptar el abrazo que los fuertes brazos de Makoto te brindaban miraste atrás, más allá de donde tu vista podía alcanzar, en dirección al palacio, preguntándote porqué aún no había desaparecido la sensación de vació que tuviste al marcharte.
¡Esto ha sido todo por hoy, mis querid s lectores, comenzaré enseguida la continuación para que no pase lo mismo que la última vez!
Buenos días & Buenas tardes & Buenas noches.
