¡Que emoción más grande! ver que les gusta esta historia. ¡Gracias! ¡Mil gracias! He aquí una recompensa a su lectura... Sé que dije que publicaría dos días a la semana pero ¿Qué más da hacerlo más seguido? No creo que les moleste ¿Verdad? REspecto a ciertas preguntitas... Phonography se viene, estoy tratando de terminar de editar el capítulo que ya estaba escrito pero que al leerlo me he dado cuenta de ciertos detallitos... Atrevete a salvarme espero publicar pronto... es dificil ordenar tantas ideas pero se viene... ambos asi que no se preocupen... los terminaré ^^ bueno ya no las aburró más... Ya saben comentarios, tomates, felicitaciones, o simplemente desean expresarse haganlo a través de los RR... Cariños a todas Liz.
Crepúsculo no me pertenece
VIII
A Frozen Moment
— ¡No punto final de la discusión! —respondí y tanto mi madre como mi hermana me miraron enojadas.
— Que no te das cuenta que tu decisión involucra la vida de más personas —exclamó mi hermana
— ¿Lo dices por Edward? —le pregunté y ella se acercó a la ventana.
— Acaso no es el de turno —me contestó y eso de "turno" o no "turno" estaba haciéndose realmente molesto. Esa actitud medio déspota que podía tener a veces Jessica era justamente lo que había terminado por separarnos.
— Justamente por ello prefiero seguir viviendo sola, no quiero que "mi turno" moleste a la realeza en su casa —contesté y mi madre suspiró.
— ¿Qué no se pueden llevar bien aunque sea un rato? —nos preguntó a amabas.
Me levanté de la cama y mi madre se abalanzo a ayudarme. Me sujeto de un brazo para que permaneciera erguida sin tambalearme.
— ¿Le pediste a la enfermera que viniera a quitarme esto? —le pregunté tocando el catéter que me habían puesto a un costado del pecho, unos centímetros bajo la clavícula.
— Sabes que no pueden quitártelo lo necesitarás la próxima semana —exclamo pacientemente.
— Pueden ponerlo en esa ocasión no quiero andar con esto toda la semana colgando —objeté y en eso entró el Dr. Volturis.
— ¿Cuándo me dará de alta? —le pregunté con un brillo en los ojos
— Tan mal te han tratado que no pasan ni cinco horas y ya quieres irte —me contestó riendo mientras caminaba hasta la cama, tomó entre sus manos la ficha médica y luego me miró
— ¿Harás reposo absoluto? —me preguntó suspicaz con una pequeña risa en los labios
— Pensé que era un ejercicio saludable y recomendado —le contesté y se sintió el siseó de mi hermana.
— ¿Podrías ponerte seria por un minuto y sopesar que estas muriéndote? —me preguntó irritada por mi jueguito.
— Sí sopesar mi muerte me convertirá en una mujer amargada como tú prefiero seguir fingiendo y follando con quién se me ocurra, al menos moriré feliz —le contesté sentándome en el borde de la cama, mi respiración se hizo irregular por lo agitada que le contesté y las maquinas conectadas a mis dedos lo demostraron.
Mi nivel de oxigenación bajo, mi ritmo cardiaco se acelero: resultado obstruida por haber discutido con mi hermana mayor. El doctor Volturis me puso la manguerita del oxigeno en la nariz y me miró
— Te daré de alta mañana por la tarde pero —advirtió
— Me mantendré alejada de la tentación ya entendí —le contesté interrumpiéndolo.
Me dio un último vistazo y se retiró dejándonos solas nuevamente.
— ¿Ven a vivir con nosotras, por favor? ¿Hazlo por mí? —me pidió mi madre en una súplica que seguro hubiera convencido a cualquiera pero de solo pensar en que eso significaba que compartiría el techo con mi hermana Jessica me hacía desistir la idea y si no habíamos sido capaces de conversar sin agredirnos estas escasas cinco horas, mucho menos podríamos convivir indefinidamente.
— Madre puedes visitarme cuantas veces quieras, incluso quedarte a dormir si eso te hace feliz pero no regresaré a la casa —le explique y ella me miró apenada —yo adoro vivir sola, tengo mi vida, mis cosas, mis responsabilidades sin contar que tengo mi espacio —agregué —prometo que serás la primera en llamarte si sucede algo así otra vez —le dije y ella sonrió
— ¿Está viviendo contigo? —me preguntó de repente mi madre y me reí. Probablemente no lo vería más y a ella le preocupaba que estuviera compartiendo mi cama con él.
— No —respondí.
Volví a marearme pero esta vez no pude evitar vomitar y gracias al cielo mi madre, como buena madre que era, alcanzo a ponerme el bote de basura. Acarició mi espalda y por suerte Edward no había querido permanecer conmigo el resto de la noche, sino seguro lo terminaba de espantar con los desagradables efectos secundarios. Me llevo hasta el baño y me mojo el rostro tiernamente, así escurriendo por mis mejillas el agua me acordé de mis cinco minutos de fama y era mejor contarle a mi familia sino mi hermana me mataría.
— Mamá —exclamé girándome para mirarla a los ojos
— Dime —me miró esperanzada porque hubiera cambiado de opinión
— Es probable que veas mi fotografía en un par de revista —le confidencie y se sorprendió —él es actor —le aclaré
— ¿Es el chico de la película esa? —me preguntó recordando lo emocionada que había estado cuando le mostré la carátula del DVD de Crepúsculo que me había comprado apenas había sido lanzado al mercado.
— Así es —le confirmé y ella se rió pero el brillo de la esperanza se apagó
— Prométeme que esta vez no dejarás la terapia —me pidió en un susurró y asentí abrazándola.
— Trataré —exclamé
Mi madre iba a objetar pero fuimos interrumpidas por la voz chillona de mi mejor amiga de la infancia quien con lágrimas en los ojos me separó de mi madre bruscamente y me abrazó apretándome con una fuerza que no le conocía hasta ahora, enterró su cara contra los pliegues de mi cuello.
— ¡Tonta! casi me da un infarto cuando escuche el mensaje —me dijo llorando de plano —estaba en clases lamento no haber contestado oportunamente —se disculpo avergonzada.
— No te preocupes Alice —le dije y ella respiró aliviada —lo principal es que estas aquí —consolé
— La próxima vez te traeré una camisa de dormir estas son horribles —comentó mi amiga Alice mientras me acercaba la bandeja del desayuno que contrario a todo no se veía para nada apetitoso.
— Gracias por quedarte conmigo —le dije mientras tomaba su mano
— De nada para que están las amigas además no creo que te hubieras querido quedar con la pesada de tu hermana y tu madre tenía que descansar no era justo que se quedara toda doblada en ese sillón infernal —concluyó Alice revolviendo mi té.
— Lo sé pero no puedo hacer nada al respecto, mi destino esta unido a esta cama —le contesté
— Sabes que no es cierto si tan solo te hicieras la terapia como corresponde —me dijo y miró a la ventana pero no le contesté nada.
Tomé entre mis manos la única tostada que había puesto en el plato y la unte con la mermelada desabrida que estaba a un lado. Luego tomé la taza entre mis manos y tomé un sorbo. Estaba en eso cuando sentí el golpe de la puerta. Mis ojos se abrieron y mi corazón comenzó a latir a prisa, eran las diez y media de la mañana ¿Podría él querer venir tan temprano a visitarme?, me pregunté masticando ansiosa el pan en la boca. Alice se rió por mi actitud ansiosa y cuando la puerta se abrió la sonrisita estúpida que era provocada solo por Edward se me tatúo en el rostro.
— Buenos días —saludó con esa sonrisa torcida en sus labios y yo como una completa tonta seguí su entrada sin quitarle la vista de encima, estaba absorta sin poder salir del transe. Alice rezongó por mi actitud pero no me importó.
— Buenos días —terminé por exclamar dejando la taza de té en la bandeja cuando ya lo tuve enfrente.
— Llego mi relevo —anunció toda sutil mi amiga tomando sus cosas del sillón se giró a mirarme divertida —vendré más tarde —agregó pero la interrumpí
— No será necesario me darán de alta al medio día —explique
— ¿Tan rápido? —protestarón tanto Edward como Alice al unísono. Mi amiga lo miró y se acerco hasta mí nuevamente de forma recelosa.
— ¿Por qué tan temprano? —me preguntó entre dientes pensando que él no sabía toda la verdad
— Porque prometí hacer reposo absoluto en la comodidad de mi cama —le comenté enarcando una ceja sugerente a Edward que se sonrojo.
Alice abrió su boca en sorpresa y achico sus ojos exhaustivamente ante mi confesión. Miró de reojo a Edward y camino hasta la puerta.
— Dale saludos a Jasper de mi parte, cuando lo veas —le pidió y este se encogido de hombros asintiendo sin mirarla.
Mi amiga se fue y él se acercó rodeando la cama, me retiro la bandeja para sentarse en el borde junto a mí.
— No pensé que vendrías tan temprano —le confesé
— Algunos trabajamos ¿lo sabías? —me dijo acercándose hasta mis labios me quede estática sin saber que hacer y era totalmente surrealista tenerlo frente a mi.
Me besó lentamente los labios y mi corazón se aceleró así como mi temperatura corporal y realmente este hombre iba a ser mi perdición. Me incorporé y puse mis manos al costado de su cabeza enterrando mis dedos entre sus suaves cabellos acariciándolos mientras seguía besándolo. Sentía el latir frenético y punzante en el fondo de la garganta, mientras sentía la humedad de sus tersos labios contra los míos acariciándolos de una manera tan perfecta que era difícil creer que alguien, que no sintiera nada por la otra persona, lo hiciera así de esa manera tan delicada tan llena de amor.
Sin mediar consecuencias acerque mi cuerpo contra el suyo y guiada por el deseo me empine sobre la cama, me separé escasos centímetros de sus labios pero los capture otra vez en un beso acercándome mejor ahora que estaba más cómoda. Sentí una de sus manos acariciar mi cuello y la otra estaba puesta en mi cintura atrayéndome hacía él. Mi respiración se había vuelto errática y estaba perdida en el momento que estamos teniendo que sólo el carraspeo de alguien en la puerta me trajo de regreso a la tierra.
Ambos tanto Edward como yo miramos al dueño de ese peculiar sonido que permanecía parado en el umbral de la puerta de mi habitación y fue allí cuando me percaté que la maquina de los latidos cardiacos estaba completamente descontrolada y una alarma incesante inundaba la habitación.
— Lo siento
Le dije completamente roja de vergüenza a la enfermera y volví a sentarme en la cama. Está se acerco y apago la alarma y nos miró tiernamente.
— Creo que apagaremos esto un rato
Me dijo mientras se acercaba al monitor y me quitaba el sensor del dedo índice para luego irse dejándonos solos.
— Ves que es cierto cuando todas dicen que causas infartos y combustiones espontáneas, acabas de comprobarlo y con instrumento médico y todo.
Exclamé tratando de calmar mis hormonas descontroladas. Se rió mordiéndose el labio nervioso.
— ¿Te darán de alta por qué el médico así lo índico o por qué tú lo pediste?
Me cuestionó acariciando mi rostro con sus dedos.
— Las quimioterapias son hospitalizaciones cortas además tengo que volver la próxima semana
Le contesté y otra vez tenía mi corazón latiendo a mil y mi imaginación fuera de control, es que mirarle esa carita y esa expresión de preocupado que me estaba regalando me provocaba ganas de comérmelo a besos.
— ¿Volverás a tu departamento o a otro lugar? —preguntó tímidamente
— ¿Por qué? —le pregunté de vuelta intrigada jugando con su mano que estaba apoyada en la cama
— ¿No quedas débil después del tratamiento? —me preguntó en un susurró.
— Sí pero eso es al principio como ves ya me siento mucho mejor —le contesté y me lleno de gozo que estuviera preocupado por mí, confirmándome que en verdad yo era alguien especial para él
— Entonces volverás a tu departamento —insistió encarando su mirada con la mía.
— Sí —le confirmé y sus ojos brillaron. Esas dos orbes verdes se iluminaron ante mi confirmación.
Era sorprendente verlo a mi lado, me parecía casi un sueño hecho realidad, las horas junto a él se me hacían cortas y por primera vez no desee que el tiempo trascurriera rápido, quería detenerlo, casi enfrascarlo para siempre con tal que esos minutos que pasábamos junto se hicieran inmortales. Me acompaño hasta que el doctor Volturis llegó que me dio las instrucciones finales para firmar el alta médica. Estaba realmente ansiosa de irme a mi casa y volver a la rutina de mi vida. Estaba casi hipnotizada mirando el dichoso papel que me daba la libertad cuando recordé el molesto y estúpido catéter.
— ¿Puede quitármelo? —le pedí y el médico me miró serio
— Sabes que no —me respondió e hice una mueca
— Puede volverlo a ponerlo luego —refuté nerviosa. Realmente no quería irme con el catéter puesto, eso implicaba un cuidado extra y la verdad lo que menos quería era tener puesto en mi cuerpo un recordatorio de "estoy enferma aléjate", eso desalentaría su lado pasional que me traía vuelta loca y que a esta altura ya estaba necesitando.
— La idea de poner un catéter es justamente evitar pincharte a cada rato —me explicó el doctor Volturis y quise estrangularlo.
Finalmente me resigné a su negativa e insistencia porque lo cuidará y porque me cuidará yo también hasta la próxima dosis que sería la última al menos hasta el mes entrante. Como verdadera niña a la que le entregan la golosina deseada miré el dichoso papel que me permitía abandonar ese hospital sin que alguien me cuestionara o presionará por llamar a seguridad al ver que me fugaba. Lo doblé desesperada y me bajé de la cama con tanto entusiasmo que casi olvidé lo que él se encargo de recordarme.
— ¿No esperarás a tu familia? —me preguntó al verme decidida a abandonar esa habitación tétrica de cuidados intermedios —¿O no vendrán? —me preguntó analizando mi respuesta.
— Sí vendrán –le confirme —eso creo –agregue dudativa —pero podemos esperarlas abajo, realmente necesito tomar aire —le pedí y él suspiró.
— No deberías ser tan cruel con tu hermana tanto ella como tu madre están preocupadas y su reacción es lógica, yo la tendría si fueras mi hermana —justificó y me sorprendió
— Pues es una suerte que no lo seas —le comenté besando sutilmente sus labios —pero ya cambiemos de tema que de verdad me agota el tema de mi hermana, oye ¿No tienes que trabajar? —le pregunté y negó con su cabeza
— Tengo hasta Agosto cuando empiezan a rodar la otra película ¿Recuerdas? —acotó y como iba a olvidar que comenzaría a grabar la continuación de la película que me traía loca, bueno no técnicamente la película pero si la historia en sí, había cautivado mi corazón por completo.
Justo cuando íbamos a salir de la habitación entro mi hermana.
— Buenos días veo que ya esta lista —exclamó seria mirando de pies a cabezas tanto a Edward como a mí
— Así es —le confirmé
— Tienes el alta médica tengo que pasar a pagar la cuenta —me dijo y hubiera preferido evitar tocar este tema frente a él. Metí mi mano en mi pequeño bolso y se le entregue. Lo examinó unos minutos y luego dirigió su vista hacía mí
— Mamá nos alcanzará en tu departamento —me explicó sucintamente —Nos encontramos en el estacionamiento no tardo —agrego y salió de la habitación.
Justo cuando iba a dar un paso para dirigirme a la salida entro una enfermera con una silla de ruedas y mire a Edward impactada.
— No saldré en una silla de ruedas —advertí decidida
— Es política del hospital —me hizo ver la enfermera iba a decir algo cuando Edward me puso su mano en la espalda y me acercó a la silla.
— Basta de protestas te sentarás en ella y punto además yo la llevaré —agregó guiñándome un ojo y me reí.
Me senté en la silla y Edward se puso en el hombro mi bolso, mientras la enfermera sostenía la puerta de la habitación para que saliéramos. Esperamos pacientemente por el ascensor y las miradas furtivas de más de una chica no se dejaron esperar.
— ¿Seguro que no traerá consecuencias que estés aquí? —le pregunté nerviosa observando a una muchacha cuchichear con la otra advirtiendo su presencia
— Olvídate del resto de la gente por un minuto —me pidió mientras me hacía entrar al ascensor, cerraron las puertas y digitó el botón del primer piso.
— ¿Crees que lo de mi enfermedad salga en los periódicos? —le pregunté de nuevo
— Supongo, en la era de la tecnología no puedes hacer mucho sin que se enteré a escasos segundos todo el mundo –comentó señalando con un dedo una revista que sostenían dos niñas de aproximadamente quince años donde aparecía nuestra fotografía de la otra noche. Quise enterrarme cuando noté las miradas inquisidoras de ambas, como si yo estuviera robándoles el novio.
Edward se rió y a cambio se puso frente a mí, se agacho lo suficiente para quedar a mi altura.
— La otra noche dijiste que no te importaba aparecer en revistas ¿Has cambiado de opinión? —me preguntó un poco temeroso
— No –le respondí — ¿Has cambiado tú? —le inquirí de vuelta y se acerco a mí para darme un beso pero lo hizo con tal efusividad que por el ruido que hicieron los suspiros ahogados de las niñas a unos cuantos pasos comprobé que ese beso era justamente para eso, demostrarle a todo el mundo, bueno a dos, que era en parte cierto lo que acaban de leer y de paso responder a la enorme interrogante que aparecía como titular ¿Nueva novia? – Sí.
Se me dibujo una sonrisa en el rostro cuando finalmente se separó de mis labios y volvió a poner en movimiento a la silla de ruedas para llevarme a la recepción del hospital donde tendría que firmar los últimos formularios para poder irme a mi hogar.
— Muy bien está todo listo ¿Te irás en su auto o en el mío? —me preguntó mi hermana mientras caminábamos hacía el estacionamiento
— Con él —le contesté
— Bien nos vemos allá —replicó sin objetar caminando hasta su camioneta
— ¿En qué quedamos? —reprochó Edward ayudándome a bajarme de la silla para subir a su auto.
— No puedes pedirme tanta nobleza en menos de una hora —le dije mientras sentía como cerraba la puerta de mi lado.
El trayecto de regreso fue tranquilo y cada cuando miré por el espejo retrovisor para darme cuenta que mi hermana nos seguía. Subí hasta mi departamento sostenida por ambos y realmente no era necesario que los dos me sujetaran de los brazos pero ante la insistencia de Jessica y la mirada de Edward accedí.
— Deberías recostarte
Sugirió mi hermana abriendo las cortinas y las ventanas. Tomo varias cosas que estaban tiradas del suelo y las acomodo. De hecho recogió un par de vasos que estaban en unas de las mesas y que probablemente yo había olvidado guardar. Verla hacer todo eso me puso nerviosa así que decidí irme a la habitación, caminé seguida de él y casi parecía mi guardia. Cuando noté que estaba caminando con las manos listas para sujetarme si me caía me voltee para encararlo.
— Estas en modo "Sobreprotector" —le pregunté divertida y él se relajó avergonzado
— Podrías dejar de compararme con el personaje —me pidió mientras entrabamos a mi dormitorio.
Apenas lo hice mi vista se fue a la cama que estaba abierta, sin hacer tal y como la habíamos dejado la última vez que habíamos estados allí. Camine unos pasos más y me percaté de la gran mancha de sangre en la alfombra y me quede impactada. Edward se adelanto y me sujeto haciendo que dejara de mirarla.
— ¿Cómo supiste donde llevarme? —le pregunte con la vista al vacio
— No lo sabía, simplemente llamé a la ambulancia y ese era el hospital más cercano
Me explicó abrazándome. En eso entró mi hermana y se apresuró a tender la cama y abrir las cortinas dejando entrar luz al cuarto.
— No te preocupes pediré que la laven y quedará como nueva
Me dijo al ver que la mancha de sangre era bastante más grande de lo que hubiera imaginado originalmente, yo solo alcance a ver gotas entre mis dedos. Iba a caminar cuando sentí como él me alzo entre sus brazos cargándome hasta la cama, lo miré extrañada.
— El personaje tiene algunas cualidades que se podrían imitar
Agregó sonriéndome mientras me depositaba en la cama. Justo cuando iba a separarse de mí lo sujete por el cuello de la camisa que traía y lo besé otra vez perdiendo la cordura del momento fue tanto lo que la perdí que otra vez me olvide de la presencia de mi hermana, seguimos besándonos incluso más efusivamente cuando notamos, por el ruido de la puerta, que mi hermana había abandonado la habitación dejándonos solos.
Me senté en la cama luchando con su cuerpo para dejarlo a él tendido sobre está.
— No creo que sea conveniente —protesto pero lo ignoré besando su cuello y capturando entre mis labios el lóbulo de su oreja —tu hermana está afuera —agregó y me reí
— Pues con mayor razón así toma nota y de una vez se le pasa lo amargada —le contesté bajando mi mano hasta su pantalón pero él me detuvo.
— No me gusta tener audiencia —exclamó riéndose y se levantó de la cama
Lo miré y decidí tentarlo. Me hinque en la cama y me quité el suéter que traía puesto dejándome puesta solamente una camiseta tipo sudadera, sus ojos se abrieron al verme hacer eso.
— ¿Qué haces? —exclamo pasando saliva y me reí sin contestarle
Deslice mi mano por encima de la polera hasta el borde del pantalón y lo abrí lentamente bajando la ropa.
— No soy de fierro
Protestó indeciso de acercarse o no. Finalmente siguió impertérrito en su posición.
— Cuento con ello
Le contesté levantando ahora mi camiseta para quitarla, deslice lentamente la ropa hasta que él se acerco y me detuvo la mano.
— Es en serio —me advirtió con una expresión que no le conocía estaba mezclado con deseo y enojo —tu hermana está afuera y yo no soy tan noble como el vampiro —explicó con la voz alterada, no me contuve y lo besé en los labios
— ¿No quieres cumplirme mi último deseo? —le susurré y me sujeto fuerte por las muñecas sacudiéndome un poco, me miró serio. Su entrecejo se arrugo en fracción de segundos.
— Puedo pedirte un favor —balbuceó entre dientes sin quitarme la vista de encima
— ¿Cuál? —le pregunté un poco asustada por su expresión
— Cuando estés conmigo dejarás de ironizar acerca de tu muerte porque no le veo nada pero absolutamente nada de divertido a aquello —siseó aún sosteniéndome contra su cuerpo.
Sentí un golpe en la puerta y luego la voz de mi hermana.
— Me tengo que ir, debo volver al trabajo. Volveré por la noche —explicó.
— ¿Y mamá? —le pregunté sin quitarle la vista de encima a Edward que seguía mirándome un tanto molesto
— Tenía una reunión de la que no pudo excusarse vendrá conmigo por la noche —me respondió y la sonrisa estúpida no se acalló, pronto quedaríamos solos.
— No te preocupes estaré bien —agregué de lo más contenta y sentí los pasos de Jessica alejarse de la puerta.
— ¿Puedo pedirte yo ahora un favor? —le pregunté soltando mis muñecas de sus manos, Edward asintió.
— No quiero tener sexo contigo —le dije seria.
Y probablemente él tenía razón, no había segundas oportunidades para vivir, así que iba a tomar su consejo, me miró como esperando y sabiendo que aún no finalizaba la frase ni la petición así que continúe
— Quiero que me hagas el amor —le pedí y él me respondió besándome con desesperación.
