Este capítulo se lo quiero dedicar a Sam Wallflower, porque a pesar de no conocerla mucho, tengo la seguridad de que es una chica estupenda. ¡Gracias por tus palabritas de apoyo, guapa!

"Pero su mirada desesperada y abatida no encontrará en los ojos de su amada más que el espejo de su propia depravación." -Lolita

Nota: Subo este capitulo con unas ojeras tremendas, en cuanto pueda reviso faltas de ortografía y posibles dedazos para corregirlo. Grachie.


Capítulo 10

Malograda

Cierro de un portazo la puerta de mi habitación, poso las manos sobre mis labios y me dejo caer de rodillas en el suelo. Me ha besado. Es la primera vez que me besa y, ahora que lo pienso, suena sorprendente. Porque me ha hecho de todo, pero nunca me ha besado y aquel beso era tan… ¿triste?

¿Qué pensará Neve de esto? ¿Cómo reaccionará? Quizá soy yo, que trato de buscar de un gesto un sentido demasiado trascendental, pero ese beso, ese simple beso, me ha confundido, al igual que sus palabras. ¿Qué significarán? ¿Qué ha querido hacerme con aquella pregunta tan inesperada?

No puedo dormir. Soy incapaz de hacerlo, por lo que salgo de mi habitación de puntillas y voy al cuarto de las chicas. Al menos puedo hablar con Neve. Cuando abro, la puerta emana un crujido en señal de que es vieja. Neve pronto me invita a pasar cogiéndome de las manos y me sienta en su cama.

—¡Es increíble, Herms! —Exclama aparentemente feliz—. Han cerrado La Sala de Castigos, ahora vivimos con menos miedo. Has tenido algo que ver seguro.

Yo frunzo el ceño, ¿algo que ver? Me sorprendió que Malfoy lanzara la orden de cerrarla, pero ni me había planteado que yo tenía algo que ver en ello.

—No creo —digo en un murmuro—. ¿Por qué iba yo a tener algo que ver con eso?

—Sí, será solo casualidad que justo el día después de que tú fueras enviada allí la cerraran —dice con cierto tono de ironía en la voz.

Entonces es cuando me doy cuenta de que Lyra y Rina están en un segundo plano, pero la primera no tarda en introducirse a la conversación.

—Pues claro que lo ha hecho por ti, idiota —declara acercándose de brazos cruzados—. Había oído que eras una bruja muy inteligente, pero ya veo que no.

Me sorprende que continúe en ese plan conmigo después de haber ido a aquel horror de sala con la buena voluntad de ayudarla.

—Bueno, al menos está claro que soy más inteligente que una bruja desagradecida como tú —replico.

En ese instante, recibo un bofetón de la chica en mi mejilla izquierda, gesto que me sorprende y por las exclamaciones ahogadas de Neve y Rina, sé que a ellas también.

—Yo no te pedí nada —afirma alzando la voz.

—Mi turno —respondo tranquila, y le devuelvo el guantazo en su preciosa cara. Acto seguido sonrío.

Ella no tarda en devolverme la sonrisa.

—Gracias —dice, extendiéndome la mano.

—Fue un placer —le agarro la mano en una señal amistosa y tengo la seguridad, de que mi relación con Lyra será muy diferente a partir de ahora.

Esta vez estamos las tres sentadas en la cama de Neve mientras que Rina permanece tumbada en la suya, a punto de dormirse.

—Ahora en serio, Hermione —habla Lyra—. ¿De verdad no te has dado cuenta de cómo te mira?

Yo trago saliva y aunque no soy capaz de verme el rostro, sé que mi cara resulta un tanto estúpida.

—Sí, con odio —respondo algo molesta.

—No —niega Neve.

—¡Claro que no! —Secunde la rubia—. Te mira de un modo especial, como si fueras algo importante para él.

Yo no puedo evitar soltar una carcajada. ¡Menudo chiste!

—Ya, muy lógica vuestra deducción —digo con cierto hastío—. Está claro que todo lo que me hace es porque soy muy importante para él —el sarcasmo es palpable en mi tono de voz.

—Hermione, es en serio, piénsalo —Neve me coge las manos—. En un mundo en el que los mortífagos eliminan en su mayoría a todos los nacidos de muggles y a los que consideran traidores a la sangre… Tú eres la nacida de muggles con mayor privilegio que conozco.

—Es cierto, no te castigan como a lo demás y todo el que osa ponerte una mano encima es castigado por el .

Me evado en mis pensamientos, pensando que eso que dicen es cierto, y así regreso a mi habitación y así me quedo dormida. Al final no he comentado nada de aquel beso, pero pensar en ello y en las palabras de las chicas, hace que me confunda yo sola. Dime Malfoy, ¿de verdad estoy aquí como un objeto de venganza hacia Harry? ¿Me odias como dicen tus palabras? ¿Hay alguna otra razón para que yo esté en este lugar? Me duele la cabeza. Por favor, necesito respuestas.

Desde hace mucho tiempo siento que hay algo que se me escapa.

Hoy he recibido una noticia de Malfoy, al parecer esta tarde le voy a acompañar en una "misión". Creo que vamos al Callejón Diagon. Obviamente no he dicho que no, será una perfecta oportunidad para tratar de averiguar cosas, tanto de Harry, de Ron como del propio Malfoy, puesto que las palabras de Neve y de Lyra han dejado un desconcierto en mi interior y han despertado la curiosidad que tenía escondida.

Me visto desde bien temprano, la verdad es que me produce una emoción pasmosa el hecho de salir de aquí aunque sea para regresar después. Aún quedan unas cuantas horas, las cuales mato andando por la mansión.

—Hola —susurra una voz alegre tras de mí. Me giro y puedo ver claramente a Theodore Nott con una sonrisa alegre dibujada en el rostro. Recuerdo nuestro primer encuentro, y cómo se las ingenió para ayudarme a escapar, en aquellos momentos debo reconocer que me causaba bastante respeto hablar con él, pero en estos momentos me siento tranquila y bastante segura de mí misma.

—Hola.

—He oído que hoy salís fuera.

—¿Te lo ha dicho? —Pregunto mirándole fijamente.

—Sí —responde rascándose la nuca.

Me muerdo el labio inferior mirando al suelo, pensando si aventurarme a tratar de sacarle información a Nott, a estas alturas ya lo he vivido todo.

—Oye Nott, quiero preguntarte una cosa.

—Adelante —dice de forma cordial, lo cual me relaja completamente.

—¿Hay algo que Malfoy oculta? Siento como si hubiera algo que necesito saber —y es cierto, no dejo de darle vueltas en mi curiosa mente a ese algo que se me escapa.

El me dedica una sonrisa amplia y algo enigmática.

—Lo único que te voy a decir es… —se inclina hacia mí, haciéndome un pequeño gesto con el dedo índice que parece que me diga que le lea bien los labios a lo que va a decir—, nada de lo que vivimos se olvida jamás, aunque nosotros no seamos capaces de recordarlo.

Hago una mueca que representa mi clara confusión.

—¿Qué quieres decir? —Pregunto.

—Creo que Hermione Granger es lo suficientemente inteligente como para darse cuenta ella sola. Aunque le lleve un poco de tiempo.


Una larga cadena atada a mi collarín, así es como pretende Malfoy que vayamos, como si fuera su estúpido perrito. Yo porto la capa negra con las iniciales D.M bordadas en la parte inferior, y unos pantalones negros y cortos, junto a un top bastante sencillo.

—No quiero llamar la atención, así que iremos andando —informa abriendo las rejas de la mansión con un mero gesto de su mano.

—¿La atención de quién? —Pregunto poniéndome a su altura.

—De aurores.

Estamos saliendo ya, miro hacia atrás y aprecio como las rejas se cierran detrás de mí.

—Eso quiere decir que es seguro que hayan aurores vivos —no puedo evitar sonreír esperanzada.

Es deja escapar un bufido mientras nos adentramos en el bosque.

—Claro que es seguro, yo lo estoy con total claridad.

—¿A dónde nos dirigimos?

—Al Callejón Diagon, necesito buscar información acerca de algo —explica sin mirarme. De hecho, no me ha mirado ni una sola vez desde que hemos salido.

—¿Y está muy lejos? —Sé que le estoy poniendo nervioso.

—¿Quién te está dando permiso para hablar?

—Yo misma, ¿quién si no?

Él tuerce los labios.

—Estás muy habladora —comenta, mirándome esta vez, y yo distingo en lo más profundo de sus ojos, algo parecido a afecto y eso hace que aparte la mirada de él, aturdida.

Andamos durante mucho tiempo, Malfoy parecía en guardia a cada sonido, a cada arbusto que se movía y a cada crujir de las ramas en el suelo. Hasta el soplido del viento parecía asustarle y yo comprendo por qué, aún recuerdo a aquellos impresionantes lobos, de ojos rojos y afilados colmillos. Los malogrados inundan este bosque.

Se detiene justo delante de dos árboles inclinados, cuyas ramas rozándose forman un arco.

—Granger, estate bien atenta.

Trago saliva, avanzamos por el interior del arco y súbitamente aparecemos en una zona diferente, y delante una luz que parece la señal de que estamos a punto de salir.

—¿Cómo lo has hecho? —Pregunto inquieta.

—No te sorprendas, esto —señala los árboles de atrás— es un conector. Es algo similar a un trasportador, los conectores son como puertas invisibles que te llevan de un punto a otro. No todos conocen la existencia de algunas. Esta, por ejemplo, la conozco yo y poca gente —le miro fijamente—. ¿Qué?

Que no soy yo la que está muy habladora. Eres tú el que está más distinto, porque en estos momentos siento que me estás tratando como a una igual. No me estás llamando sangresucia, me llevas a través de una cadena pero no has pegado ni un solo tirón de ella y pareces más tranquilo, en cierta medida, que otras veces. Pero por supuesto, no te voy a decir esto, claro que no. Porque volverás a despreciarme en cuanto recuerdes que es esa tu función, y me gusta poder hablar normal contigo, aunque tenga un sentimiento de rencor tan grande que en ocasiones no soy capaz de respirar.

No tardamos en llegar al Callejón Diagon. Lo cierto es que me espanto de ver en lo que se ha convertido ¿Dónde quedó el Callejón colorido y alegre? Aquel Callejón que estaba lleno de niños y jóvenes magos entrando en sus tiendas, comprando su material y otras cosas, había desaparecido. Ahora su aspecto era sombrío y oscuro, no había un solo niño, solo brujas y magos con aspecto desgarbado, el pelo revoloteado, dientes de cristal y ojos de madera. Muchos susurros de fondo, algún cristal roto, telarañas y luces diáfanas en el interior de los comercios. Me llevé las manos a la boca cuando lo vi.

—¿Qué le ha pasado? —Musito.

—Todo esto es la obra de Voldemort.

Miro a Malfoy con cierta curiosidad puesto que me sorprende que le haya llamado Voldemort y no "Señor Tenebroso" como acostumbraba a hacer él.

—Pronuncias su nombre —murmuro, para que solo me oiga él y nadie más.

Él no responde, siento que he hecho mal en pronunciar esa pregunta. Repentinamente recuerdo aquello que me conto Neve de la familia de Malfoy, que algo había pasado, y no puedo evitar razonar que Voldemort tiene algo que ver.

Yo freno en el escaparate de Flourish & Blotts, parece que aún sigue abierto, aunque su aspecto sigue la estética del Callejón. ¿Cuántos libros me habré perdido? ¿Qué escribirán ahora en una situación así? Sigo andando, pero no puedo dejar de mirar aquella tienda con anhelo.

—Vamos a entrar aquí —dice, parándose en una puerta de madera roída, con un letrero caído.

En su interior hay muchas cabezas reducidas, que no dejan de hablar en cuanto nos ven, pero también hay de esas cabezas en unas capsulas con líquido, lo cual le da un punto más pérfido a este lugar. Pronto aparece un hombre muy bajito, calvo y con solo una oreja.

—Hola, Sr. Malfoy —dirige la mirada hacia mí—. Sangresucia —espeta gratuitamente.

—Cállate, Brutus —ordena dándole un guantazo con el dorso de la mano—. Respeto a mi ayudante, por favor —me mira—. Mejor espera fuera, Granger.

Antes de salir me coge del hombro para susurrarme al oído:

—No mires a nadie, no hables con nadie y… lleva cuidado.

No respondo, me limito a salir de allí sin siquiera mirarle. Me apoyo en la pared de piedra de al lado de la puerta y lo primero que hago es observar el panorama. Siento que los individuos del lugar tienen su atención puesta en mí, me siento como una presa fácil sin mi varita.

Granger… Oigo susurrar mi nombre. Es la voz de una mujer, miro a mi alrededor pero no veo a nadie que pueda conocerme.

Hermione… Vuelvo a mirar desesperadamente. Nada. Es una voz que arrastra las palabras, similar al siseo de una serpiente y muy familiar. Tan familiar que me han entrado escalofríos por todo el cuerpo.

Trato de distinguir a Malfoy y a aquel hombre, Brutus, a través del cristal, pero tiene tanto polvo que apenas veo nada.

Granger… Una vez más esa voz de mujer, tan desquiciante, que suena con más potencia. Comienzo a andar hacia mi derecha, por el lado contrario por el que hemos entrado, pues siento que la voz proviene de allí. Y sé que no debería seguirla sin saber de qué se trata, pero necesito saberlo. No puedo vivir sin saber algo. O eso decía Ron. Sonrío con algo de lástima al recordarlo.

Me meto en una pequeña callejuela, si se le puede considerar así, puesto que podría considerarse el diminuto hueco vacío entre dos tiendas, mientras sigo el sonido siseante que no deja de repetir mi voz. Cuando me doy cuenta, no hay salida. Dejo escapar un bufido, muy bien, Hermione, has hecho la tonta, ahora date la vuelta y vuelve porque como Malfoy salga y no te vea se va a enfadar.

Sangresucia…

Al darme la vuelta, de una forma algo torpe, veo algo que me hiela la sangre. Una mujer, con un vestido negro cuyas mangas eran trasparentes, de uñas largas y negras, su gran melena rizada esta peinada de un modo irónicamente despeinada y está riéndose como una loca. La reconozco al instante, está exactamente igual que en mis recuerdos, sólo ha cambiado algo en ella: sus ojos están completamente inyectados en sangre. Bellatrix Lestrange se aproxima hacia mí, con una sonrisa demencial dibujada en su pálido rostro.

—¡Inmunda! —Exclama, convirtiendo su sonrisa en una cara de abominación extrema—. Sabía que seguías viva. ¡Lo sabía! —Chilla potentemente mientras saca su varita con suma lentitud.

Yo me sorprendo ante aquel comentario. ¿Cómo que sabía que seguía viva? ¿Acaso era un secreto?

Yo me llevo la mano al bolsillo de mis pantalones, como si fuera a coger mi varita, pero recuerdo que lamentablemente no la tengo.

—Te lanzaría un Adava Kedavra… ¡Asquerosa! —Vuelve a gritar, sin dejar de mover la cabeza como si tuviera un tic—. Pero no sé porque tengo ganas de arrancarte la piel a tiras con mis manos —ríe.

Yo me quedo quieta, pensando en cómo escapar. Necesito pasar a su lado para salir de aquí, pero sé que corro el riesgo de ser golpeada con algún hechizo suyo, y posiblemente alguna de las maldiciones imperdonables. Ella se posiciona a mi lado, y pasa sus fríos dedos acompañados de sus largas uñas por mi cuello y parte de mi pecho, arañándome muy levemente. Estando tan cerca de mí, puedo apreciar bien sus ojos, tan rojos y sanguinarios como el peor de los volcanes en erupción.

—¿Qué dirá el Señor Tenebroso? —alarga las palabras, mientras me mira con una mirada perturbadora.

Desliza la punta de su uña por mi cara, haciéndome un arañado en mi mejilla.

—No me toques —alcanzo a decir.

—¿Te atreves a hablarme? ¡Asquerosa sangresucia! —Entra en cólera, cogiéndome del cuello con las dos manos, mientras se relame los labios y luego sonríe—. ¿Recuerdas aquel cruciatus? —Pregunta susurrándome al oído—. Estoy segura de que sí…

—Bellatrix —la silueta de Malfoy está a una prudente distancia de nosotras, llevaba una bolsita de cuero colgando del brazo e iba con la varita desenvainada y acercándose—. Déjala.

—Draco… —murmura—. ¿Tú sabías que ella estaba viva? El Señor Tenebroso se enfurecerá si lo descubre.

—Es mi esclava —dice—. No la quiero para nada más que para mi aburrimiento, disfruto viéndola sufrir —desconozco el motivo pero sus palabras me han hecho daño, y me llevo la mano al pecho inconscientemente.

—Debería morir.

—Lo sé, pero es mejor que sufra un poco antes —explica él.

Bellatrix me apunta con la varita y le dedica una amplia sonrisa a Malfoy.

—Pues déjame que disfrute yo un poco —habla ella—. Imperius.

Mi cuerpo empieza a moverse en contra de mi voluntad, antes de poder darme cuenta estoy de rodillas en el suelo besándole los pies a Bellatrix, y ella no puede dejar de reír mientras dice cosas como "no puedes dejar de besarme los pies, inmundicia". Luego me arrastro por el suelo a cuatro patas para hacer lo mismo con los pies de Malfoy.

—Venga, Draco, cógele de la cadena y tira de ella como si fuera un chucho callejero —emite unas sonoras carcajadas.

Malfoy tarda en hacerlo, pero finalmente le hace caso y coge la cadena que llevo sujeta a la correa, sin embargo lo que hace es quitármela junto al collarín. Es la primera vez en todo este tiempo, que mi cuello no tiene eso encima, sobretodo porque las veces que lo he intentado yo he sufrido varios calambres y chispas.

—¿Qué haces? —cuestiona Bellatrix indignada ante el acto de su sobrino.

Ella se saca una pequeña daga de la cintura y me la da, y yo empiezo a pasearla por mi cuerpo, sin rozarme. Aprecio como Malfoy hace un gesto para pararme pero Bellatrix le frena con la mano, y con su mirada desquiciada. Me la poso en mi cuello, como si estuviera a punto de rebanármelo. Empiezo a respirar fuertemente, pues me siento más impotente que antes.

—Dame la cadena, Draco —pide, pero él la tira al suelo, junto a la correa. Ella frunce el ceño—. ¿Se puede saber qué te pasa? —Hace que presione más la daga en mi cuello—. Hacía mucho tiempo que no te veía, mi querido sobrino… Desde que el Señor Oscuro no te has dignado a hacerle una visita a tu tía. La verdad es que ahora me siento con más fuerza que nunca, noto un nuevo poder correr por mis venas y me encanta —ríe nuevamente.

Yo escucho sorprendida, y resolviendo mis sospechas, ¿Bellatrix es una malograda? No termino de creerlo, aunque todo apunta a que sí.

—Tía —dice Malfoy, y noto que ese "tía" incluye una buena dosis de sarcasmo—, lo siento. Lamentablemente, no comparto tu idea de un nuevo poder.

—Insolente —gruñe, liberándome de la maldición en un posible descuido y apuntando esta vez con la varita a Malfoy.

—Expelliermus —se adelanta a conjurar él, haciendo que la varita de la bruja salga disparada de su mano.

Ella se apresura a cogerla mientras Malfoy, por su parte, me agarra del brazo para ponerme en pie. Bellatrix recupera su objeto pero Malfoy le lanza un potente desmaius que la deja inconsciente en el suelo.

—Debemos correr, date prisa —indica tirándome del brazo.

Comenzamos a correr recorriendo el Callejón Diagon a toda velocidad hasta volver a adentrarnos en el bosque, mientras el sujeta mi mano. No me la ha soltado durante todo el rato que hemos estado trotando, lo ha hecho con firmeza y decisión, y, por primera vez en mi vida, me he sentido segura estando con él, por sorprendente que resulte hasta para mí. Una vez que cruzamos el conector, se detiene. Ambos respiramos entrecortadamente.

—Malfoy, Bellatrix es una malograda, ¿verdad? —Pregunto al fin.

—Sí —responde—. Ella como otros tantos.

—¿Quiénes?

Él parece molestarse por mi pregunta, porque me mira con reproche, pero acto seguido puedo apreciar a la perfección como fija la mirada hacia un punto indescifrable, como si estuviera pensando en algo muy doloroso.

—Malfoy, mírame —exijo—. ¿Por qué Bellatrix creía que estaba muerta? Hay algo que me estás ocultando, ¿me equivoco? No me has dicho toda la verdad.

—Es mejor para ti vivir en la ignorancia, Granger —responde, y esas palabras me enfurecen puesto que no son una negación a mi pregunta, sino más bien una afirmación oculta en un intento de desviar el tema.

Me pongo frente a él, con una mirada severa, tan severa como m cara puede representarla, y le agarro de su ropa, a la altura del pecho, pero en ese momento, al tocarle, un dolor de cabeza arrasa mi ser y unas imágenes difusas, como envueltas en neblina, aparecen en mi mente. Distingo la sonrisa de Malfoy, una sonrisa sincera que jamás he sido capaz de ver antes. Distingo la marca tenebrosa y las lágrimas de la persona que tengo delante. Me tambaleo, y Malfoy me sujeta para no caerme. Le miro a los ojos. Ahora estoy más desconcertada que nunca, porque estoy segura de que aquellas imágenes eran tan reales como yo, pero no puedo recordar en que momento sucedió aquello.

—Nott me ha dicho algo —digo al fin, sin atreverme a comentar nada de lo que acaba de ver mi mente—. Y sé que tú debes contármelo.

—Granger, no.

—Sí —insisto, sin apartar la vista de sus ojos grises y penetrantes.

Malfoy me mira con odio. No, me estoy equivocando, no me está mirando con odio. Me está mirando con un sentimiento que no alcanzo a percibir, algo parecido a una aflicción que no le deja respirar y acompañado de lo más símil a una estima irremediable. O así es como lo interpreto yo.

—¿De verdad no te das cuenta del esfuerzo que estoy haciendo? —Pregunta, yo trago saliva—. Todo esto es mucho más difícil para mí, aunque no lo creas. Porque yo he de actuar, vivir y pensar como si no recordara nada, ¡pero lo hago! —Exclama y mi corazón comienza a latir a mil por hora, porque siento que se acerca algo revelador—. ¿Quieres saberlo todo? —Yo tan solo puedo asentir con la cabeza—. Está bien, te lo contaré todo cuando regresemos porque sé que después de ello vas a volverte loca, y me vas a odiar más de lo que me has odiado. Más de lo que me odio yo a mí.


¡Hooooola!

¿Cómo estáis? Espero que bien. En fin, ¿qué os ha parecido este nuevo capítulo? La verdad, creo que este es el que más me ha costado escribir, nos acercamos a un punto revelador de la historia! Ufff, que difícil resulta esto de tratar que un fic quede lo más lógico posible, pero creo que lo estoy consiguiendo.

Muchas gracias a todos los que me dejasteis un review en el capítulo anterior y gracias también por vuestras palabras de apoyo, ¡sois un encanto! Gracias, gracias y gracias a:

The Ladycat69, Noelia, Sam Wallflower, MagicisFidem, anguiiMalfoydark, NaomiRadcliffe, Catnip 83, Kary Lupin, Venefica.d, Raquel, Sofu, Duhkha, MonikGarciaP

Nos vemos en el próximo!

Besos,

Vel-