Saga Crepúsculo pertenece a ya saben quien.
TU NO EXISTES.
Capítulo 10
SECTUS… SEXUS
Música
CLAUDE DEBUSSY – PRELUDIO PARA LA SIESTA DE UN FAUNO
Yo había nacido a principios del siglo XX, cuando aún la mentalidad victoriana estaba en pleno apogeo. La manera de vestir, la manera de actuar y ese tufillo hipócrita ── tan característico ── inundaban la existencia de todos lo que vivíamos en esa época. Mi madre y mi padre eran dignos ciudadanos de ese tiempo: recatados, sencillos, gente que iba a la iglesia todos los domingos y que hablaba de manera críptica los temas de adultos frente al adolescente, que era yo. Cuando comencé a estudiar en el muy digno y señorial colegio internado para caballeros de Chicago, me vi rodeado de una cantidad de chicos púberes con las hormonas alborotadas que estaban muy interesados en conocer y experimentar todas esas maravillas que se suponía brindaba el sexo. No importa la época, el sexo es el sexo, y el instinto siempre es el mismo. Entre más hipocresía más ganas de pecar había.
Yo era un chico como cualquier otro, mis padres siempre habían tratado que el concepto bíblico de "conocer" a una mujer fuera casi desconocido para mí; cuando yo pregunte inocentemente qué era eso de "conocer a una mujer", mi madre enrojeció y mi padre ── de manera lacónica ── contestó que debía casarme para yo entenderlo.
En el colegio todos los chicos hablaban de sexo, de mujeres, sobre todo aquellas que caminaban en la noche y de ciertos lugares donde ellas bailaban desnudas y se acostaban con los hombres por dinero; la palabra puta era demasiado exótica y vibrante para todos nosotros, pero aún así éramos niños de clase alta, dignos hijos de cuáqueros victorianos. Pero cuando llegó Douglas Finn la inocencia de nuestro grupo se transformó, era el chico más perverso y divertido que yo había conocido en mi vida. Llegó retador y rebelde, tenía su propio coche ── un reluciente Ford T ── algo que aún era demasiado costoso para la gente de ese tiempo. Finn era hijo de un traficante de licor, un hombre que se hizo rico de la noche a la mañana vendiendo aguardiente y whisky en los lugares más oscuros del país. Como todo buen burgués, metió a su hijo a estudiar en el selecto colegio para así tener acceso al mundo snob y clasista del Chicago de 1914.
Un día nos escuchó hablar sobre el "conocer" mujeres, soltó una carcajada.
── ¡Dios! ustedes son estúpidos o maricas, ¿Conocer mujeres? Es decir… ¿follar, coger, tirar, meter la pija dentro del coño de una mujer? ¡Dejen de hablar como si nunca se hubieran hecho la paja en sus inmaculados baños!
La manera de hablar de Finn era chocante y divertida a la vez, si mi padre me hubiera escuchado decir eso, seguramente me habría lavado la boca con jabón, pero ahí estaba él, diciendo la palabra esa que empezaba con f y yo me sentí intimidado. Poco a poco, se fue metiendo en nuestro grupo, era inteligente, buen lector y conocía gran parte del mundo, una noche cuando todos dormían, salimos a las afueras del campus y nos hizo fumar una cantidad de cigarrillos que nos enrojecieron los ojos y nos hicieron toser durante toda la noche. Por alguna razón yo le caí bien, siempre hacíamos las tareas juntos y él me hablaba de maravillosos lugares. Después de nuestras primeras vacaciones y cuando nos volvimos a reunir en el tedioso internado, él, con mirada picara, nos mostró un libro Noches De Arabia ── que hoy en día es conocido como el Kamasutra ── y nos abrió el mundo del sexo. Fue revelador, decía cosas que nosotros ni siquiera nos imaginábamos y las imágenes era asustadoras, grotescas y excitantes.
── ¿La gente hace eso? ── pregunté al ver una imagen de un hombre haciéndole sexo oral a una mujer ── ¡es asqueroso!
── Yo lo he hecho ── contesto él ── vamos Masen, cuando tengas tú lengua en el coño de una mujer no pensaras que es asqueroso, es alucinante e intoxicante.
── Yo no haré eso, las mujeres se deben respetar.
── Edward, deja de ser tan escrupuloso, entonces ¿qué dirás cuando sea ella la que tenga su lengua en tu verga?
── Nooo, eso no es verdad, las mujeres no hacen eso.
── ¿Qué no? ¡Mira! ── y allí estaba la imagen de una mujer arrodillada con el pene de un hombre en su boca. Yo pensé en mi madre ¡Dios! Mi madre no haría una cosa así, Elizabeth Masen era una dama, las damas no hacían eso, menos mamá.
Aún así me senté toda la noche a ver el bendito libro y devorarlo, cada imagen era incitadora y provocadora. Con el temor de Dios sobre mi y con el miedo de que alguien me viera, me entregué a los deseos desbocados de la carne y me masturbé en los baños del muy señorial del colegio. En el fondo de mi cerebro, la frase del vicario "los tocamientos impuros te dejaran ciego", pero no me importó, fue temible y maravilloso, no hay nada como eso ── el placer de lo ilegal ── ahora lo sé, pero no se me quito la culpa por mucho tiempo.
Les mentí a mis padres un fin de semana diciendo que no podría ir a casa pues tenía un examen de filosofía, Platón y Aristóteles no podían esperar. Fui a la casa de Finn y conocí a su padre ── un sibarita maravilloso ── que hablaba duro y se carcajeaba a mandíbula batiente, era tan diferente a papá como el día a la noche, mientras que la madre era una mujer delicada como una flor pero con una mirada inquietante que hacía estremecer a cualquiera. Ahora, después de mi larga vida, yo se que esas mujeres son las que tienen volcanes interiores capaces de explotar todo lo que ven.
Esa noche, Finn me llevaría a un burdel, yo sólo tenía catorce años y temblaba como una hoja.
El lugar era una gran casa, en un distrito alejado de donde yo vivía, cuando entramos allí, inmediatamente, quise huir, las pesadas cortinas eran de un color borgoña, todo olía a cigarrillo, a whisky y a perfume de jazmín, era vulgar, decadente y maravilloso. Todas las mujeres saludaron a Douglas, evidentemente era un habitué del lugar, me explicó que era el perfecto para la primera vez, que todos los chicos los visitaban, que era el único sitio donde uno podía aprender a ser hombre de verdad. Yo estaba asustado. Lo más tremendo eran las mujeres, estaban casi desnudas con los senos apretados en asfixiantes corsés, una de ellas me abrazó y llevo mi rostro a sus pechos
── Que niño tan hermoso, ¿tú cabello es real? Y tus ojos son bellos se parecen a los de mi hijo ── esa afirmación no me gusto, no esas mujeres no tenían hijos, los niños nacían de mujeres decentes no de putillas con los senos al aire ¡bendita inocencia!
── ¿Qué quieres, niño?
── Lo que todos queremos, Roxy ── contestó Douglas.
Yo sudaba, me quería ir, los domingos en la iglesia, y las citas metódicas de mi padre sobre la biblia estaban haciendo mella en mí. La mujer me llevó a un cuarto pequeño, no muy limpio; la cama estaba a medio hacer, yo pensé en todos los hombres que habían estado allí, aún se podía oler el último, también olía a vinagre, método anticonceptivo de esos tiempos. Me dio asco y quise vomitar. Roxy, sin ninguna timidez, se quitó la ropa, yo nunca había visto una mujer desnuda en toda mi vida, a excepción de aquellas mujeres de los libros y las fotos de Finn. La mujer era sólo huesos, venía de esa raza anglosajona de huesos fuertes y pómulos salientes que resistían hambrunas y enfermedades. Mi mirada se detuvo en su pubis y en el vello tupido que lo cubría. Un niño como yo creía que las mujeres no tenían eso, al menos no tanto, las estatuas de los museos nunca los mostraba. Ella se sentó en la esquina de la cama y me llamó.
── ¡Ven, chico guapo! Toma lo que quieras, tú amigo pago muy bien por esto ¡Vamos! que no duele.
Cerré mis manos en fuertes puños, di un paso hacia atrás, no me gustaba, para nada; yo leía poesía y creía en amores tiernos llenos de suspiros Keats, Tennyson o John Donne hablaban de otra cosa; la mujer se impaciento, se recostó en la cama y abrió las piernas, yo vi su vulva en pleno y me sentí ofendido, no por la desnudez en sí misma, la mujer era bellísima, fue su actitud indiferente frente a mi vulnerabilidad, inocencia y expectativas lo que odie. Sin pensarlo dos, veces corrí escaleras abajo y salí del burdel, en pleno frío, a los cinco minutos, vi a Douglas que me miraba decepcionado.
── Vamos Masen, no es para tanto.
── Quiero irme a casa.
── No puedes ¿Qué le vas a decir a tus padres?
── No me importa, me quiero ir.
── Mejor vamos a mi casa, te quedaras allí y el lunes veremos que hacer.
Cuando llegamos a su casa, yo me escabullí a la habitación y me juré que no tocaría una mujer hasta estar seguro de lo que en realidad quería. Desde ese día, mi amistad con Douglas decayó, más por mi culpa que por la suya, él no pareció darle mucha importancia a lo que había pasado, pero para mí fue un parte de aguas en mi vida, era la mentalidad victoriana la que gano, los discursos puritanos de mis padres habían calado tanto en mi que yo no podía huir de ellos, yo era hijo de mi tiempo.
Meses después estalló la gran guerra, mi padre cayó muy enfermo y murió meses después, sólo quedamos mi madre y yo; solos, ocultando en nuestra enorme casa, el dolor y el desamparó que su muerte había dejado.
Todos queríamos ser soldados, soñábamos con eso, nos veíamos llenos de medallas, por lo tanto los sueños de heroísmo reemplazo nuestros deseos libidinosos, y las conversaciones empezaron a girar alrededor de las grandes y épicas batallas que tendríamos en las trincheras francesas. Douglas ── fiel a su naturaleza impulsiva y loca era el que más soñaba con ser soldado ── fue el primero que se enroló, yo aún tenía ciertas reticencias por dejar a mi madre, tan sólo tenía treinta y un años de edad, cuando yo contaba con dieciséis. Pero finalmente la convencí de dejarme alistar, más lo que yo deseaba iba en contra vía de mi destino. Mamá y yo caímos enfermos y un día de sol ── cosa que me contó Carlisle ── raro en Chicago, mi madre murió, ni siquiera me di cuenta de su deceso, la fiebre me consumía. Cuando desperté yo ya no era Edward Masen, era un vampiro, fuerte, hermoso, eterno, hambriento que no 'conoció mujer' mientras fue humano.
Mi vida mortal se había acabado y comenzaba una vida nueva para mí al lado de un hombre que ha sido mi amigo, mi hermano, mi padre y también mi verdugo de una manera u otra. Con Carlisle y con Esme tuve lo que nunca pude tener con mis reales padres biológicos, una verdadera relación fraternal… no lo resiento, pero a veces me habría gustado conocer a Elizabeth y a Anthony mejor, no con mi perspectiva de vampiro, sino con mi mentalidad de hombre viejo y supuestamente sabio.
Editado XBronte.
Cortico pero sustancioso, el próximo será muy revelador sobre ese Edward, jojo me gusta esto de pensar que el señor todo moral también pensaba cosas humanas, demasiado para bien de nosotras sus discípulas.
Sacha ríe y suspira.
