~*~Dulce Inocencia~*~

Capítulo X Al descubierto.


Capítulo dedicado a Nessie_black10 mi review número 100


Ichigo miraba el oscuro techo de la habitación. No había podido cansarse de Rukia esa noche. La había tomado una y otra vez y ella respondía con el mismo ardor…

La había poseído con fría determinación, como intentando purgar el deseo que sentía por ella Lo extraño era que, por muchas veces que lo hiciera ese deseo seguía vivo.

Ichigo recordó cómo se entregaba… con ese brillo de timidez y deseo en los ojos, la fiera y desatada forma de responder cuando la besaba.

—No te he mentido. Ichigo —le había dicho en medio de la noche—.

Pero tienes razón sobre una cosa: soy tuya.

Esas palabras habían estado torturándolo desde entonces. Se odiaba a sí mismo por tomarla de esa manera, pero…

Si Rukia hubiese intentado apartarse él no habría hecho nada, pero se entregaba de tal forma, tan completamente, tan… cariñosamente.
Ichigo frunció el ceño.

También se había entregado cariñosamente en Palm Springs. O eso había creído él. Era una falsa.

Estaba empezando a amanecer y los primeros rayos de sol entraban en la habitación. Ichigo se tumbó de lado y miró a Rukia, dormida, apartando un mechón de pelo de su cara.

Su piel era perfecta, sus pestañas largas y espesas y sus labios infinitamente seductores. Había en ella una cualidad casi etérea. Era tan delicada, tan vulnerable.

Claro que todas las rosas tenían espinas, se recordó a sí mismo.
De repente, Rukia abrió los ojos.

— ¿Qué hora es?

—Casi las siete.

— ¿Por qué te has despertado tan temprano?

—Tengo que irme a trabajar —contestó el, dándose la vuelta.

— ¿Tienes que irte tan pronto? Podríamos pasar el día juntos y…

—No, no lo creo —la cortó él—. Tengo que comprobar que mi negocio sigue funcionando perfectamente. Además, supongo que querrás que me encargue de seguir ganando dinero, ¿no?
Ella cerró los ojos, agotada.

—Déjalo, Ichigo.

—Sólo estoy siendo práctico —le espetó él. Así era como tenía que tratar con ella, no dejaba de repetirse a sí mismo—. ¿Por qué no te vas de compras? Ya ha llegado tu tarjeta de crédito. Sólo tienes que firmarla.

—No necesito nada.

—Seguro que se te ocurre algo.

Rukia respiró profundamente, intentando acostumbrarse a la realidad de su vida. Ichigo había obtenido placer con ella sin molestarse en fingir que la quería y, sin embargo, había creído notar algo en sus besos… algo más que simple deseo sexual.

Pero estaba intentando agarrarse a algo intangible. O quizá estaba intentando justificar cómo respondía ella.

— ¿A qué hora volverás esta noche?

—No lo sé. Supongo que volveré tarde.

—Muy bien.

Algo en su tono de voz hizo que Ichigo no pudiera seguir mostrándose tan frío.

—Ve a pasarlo bien, Rukia. Cómprate algo o cómprale algo al niño. El límite de crédito de tu tarjeta…

— ¡No quiero gastar dinero, Ichigo! ¿Por qué te niegas a escucharme? Quiero pasar tiempo contigo. Quiero conocerte mejor… —no terminó la frase al darse cuenta de que no serviría de nada.

— ¿Quieres conocerme mejor? —Ichigo se apoyó en un codo para mirarla—. ¿Qué quieres saber exactamente?

—No lo sé… todo —Rukia se encogió de hombros—. Podrías enseñarme la isla. Decirme dónde naciste, dónde te criaste de niño.
Él soltó una carcajada.

—Te llevarías una desilusión.

— ¿Por qué?

—Bueno, supongo que la casa familiar contaría con tu aprobación, pero hay que hacer reformas porque lleva mucho tiempo vacía. Pero sólo viví allí hasta los ocho años —de nuevo, Ichigo volvió a tumbarse de espaldas—. Mi padre lo perdió todo entonces y tuvimos que mudarnos. Y no creo que te interesara ver dónde viví durante los diez años siguientes. No era precisamente el mejor sitio de Sicilia.

— ¿Tu padre lo había perdido todo… antes de lo que pasó en Las Vegas?

—Sí, pero luego lo recuperó y volvió a comprar la vieja casa. Y volvió a perderla de nuevo en Las Vegas. Qué raro, ¿no? —Ichigo miró al techo—. Se arriesgaba demasiado, era un aventurero.

— ¿Tu madre lo dejó cuando se quedó sin dinero?

—Sí. Supongo que no era fácil vivir con mi padre y a ella… en fin, a ella le gustan los lujos.

— ¿Le gustan? ¿Sigue viva?

—Oh, sí, ahora vive en el sur de Francia, creo. Volvió a casarse con otro millonario hace tres años —Ichigo se quedó callado un momento—. Entiendo que dejase a mi padre. Vivir con alguien que se arriesga todo el tiempo debe ser muy difícil. Aunque era una buena persona.

Rukia vio una sombra de dolor en sus ojos. Su infancia no debía haber sido fácil. Ella entendía que una mujer dejase a su marido, pero no a su hijo. Ichigo tampoco debió entenderlo entonces.

—Pero no te preocupes, yo no suelo arriesgarme.

—No estaba pensando en eso.

—Mis riesgos siempre están calculados.

—Eso ya lo sé. Calculas los riesgos no sólo en los negocios, también en tu vida personal.

Él no dijo nada y Rukia se preguntó si, inadvertidamente, habría encontrado su talón de Aquiles. Quizá, por culpa de su madre, pensaba que todas las mujeres estaban más interesadas en el dinero que en el amor. Y su teoría había sido reforzada al conocerla a ella en esas circunstancias.

—Me gustaría ver el sitio en el que viviste cuando tu padre se arruinó.

—No, quizá otro día. Tengo que ducharme y creo que Kaito acaba de despertarse.

Rukia lo observó entrar en el cuarto de baño. Luego, con un suspiro, se puso la bata. Ese momento de armonía había sido otra ilusión. La realidad era que seguramente su marido lamentaba haberle contado todo aquello.

Ichigo se marchó a la oficina una hora después y Rukia lo despidió en la puerta, con el niño en brazos.

Estaba tan preciosa, pensó. Y era tan joven. A veces olvidaba que sólo tenía veintiún años porque, en muchos sentidos, era muy madura para su edad. Pero todo en ella era engañoso, se recordó a sí mismo por enésima vez. Sabía muy bien cómo hacerse la inocente.

Sacando unos papeles del maletín, Ichigo intentó concentrarse en los números, pero no dejaba de ver la cara de su mujer.

«Me gustaría ver el sitio en el que viviste cuando tu padre se arruinó».
No, todo era una artimaña. Se quedaría horrorizada al ver dónde había vivido. Aunque vivir en la pobreza había endurecido su carácter. Todo lo que había logrado en la vida lo había logrado con su propio esfuerzo. Rukia no entendería eso… ni siquiera estaría interesada.
Entonces, ¿por qué parecía interesada?

« ¡No quiero gastar dinero, Ichigo! ¿Por qué te niegas a escucharme? Quiero pasar tiempo contigo. Quiero conocerte mejor».

No le había pedido un céntimo, incluso protestó cuando le dijo que fuese a comprar un traje para la boda. Y se había negado a aceptar el diamante…

«No te he mentido, Ichigo».

¿Por qué no dejaba de pensar en ella? Rukia estaba mintiendo. ¿Y por qué iba a arriesgarse? Un matrimonio de conveniencia era lo que él quería. Un matrimonio donde lo tuviese todo controlado, sin espacio para las emociones. Rukia y él se entendían en la cama y también era una buena madre para Kaito, eso era lo único que le interesaba.

«Calculas los riesgos no sólo en los negocios, también en tu vida personal».

Ichigo arrugó el ceño al recordar esas palabras. Porque tenía razón.
Lo que había sentido por Rukia en Las Vegas lo había turbado incluso antes de saber que estaba de acuerdo con su padre para engañarlo. Porque él no confiaba fácilmente, nunca lo había hecho. Casarse con Rukia en sus términos, cortando toda posibilidad de una auténtica relación, le había parecido lo mejor.

«No le he dado la menor posibilidad».

La limusina estaba parada en un atasco e Ichigo tuvo que aflojarse el nudo de la corbata, nervioso. No le había dado a Rukia una sola posibilidad de demostrar que había cambiado.

De repente, Ichigo bajó el cristal que lo separaba del conductor.
—Federico, llévame de vuelta a casa.

Antes de ir a trabajar tenía que hablar con ella, tenía que poner fin a aquella obsesión.

Rukia se sintió más sola que nunca cuando Ichigo se marchó y, suspirando, entró en la cocina para darle a Kaito su desayuno mientras charlaba con Unohana.

El timbre de la puerta las tomó a las dos por sorpresa.
—Voy a ver quién es —dijo el ama de llaves. Un minuto después oyó una voz familiar, una voz que la dejó petrificada.

—Sí, he llegado esta mañana. Tengo negocios aquí y he pensado pasar para saludar a mi hija.

La puerta de la cocina se abrió en ese momento.

—Rukia, es tu padre —sonrió Unohana—. Qué sorpresa, ¿verdad?

—Hola, cariño —dijo Byakuya Kuchiki, sarcástico.

No había visto a su padre desde que se marchó de Las Vegas dos años antes, pero estaba como siempre. Siempre había sido atractivo, aparentaba mucho menos edad de la que tenia. Y, como siempre, llevaba un elegante traje de chaqueta gris.

— ¿Quieres que haga más café? —sonrió Unohana.

—No, gracias, mi padre no va a quedarse —contestó Rukia.

—Claro que voy a quedarme. Quiero ver a mi nieto —la contradijo Byakuya— Pero si no le importa… ¿podría dejarnos unos minutos a solas? No he visto a mi hija en algún tiempo y no nos despedimos… amistosamente.

— ¿No nos despedimos amistosamente? —repitió ella, airada—. ¡Fue mucho más que eso!

—Sí, bueno, yo tengo cosas que hacer… —empezó a decir Unohana, avergonzada. Y antes de que Rukia pudiese decir lo contrario, el ama de llaves salió de la cocina.

—Bonita casa —dijo Byakuya, mirando alrededor—. Veo que te va muy bien.

—No sé cómo te atreves a venir aquí.

—Francamente, esperaba un poco más de gratitud por tu parte.

— ¿Gratitud por qué? ¿Por qué iba a estarte agradecida? Lo único que has hecho es intentar destrozar mi vida y la de mi madre.

—Cambia el disco, Rukia. Si no fuera por mí, tú no tendrías todo esto —le espetó él—. Fui yo quien le dijo a Kurosaki que tenía un hijo.

Sospechaba que mordería el anzuelo y veo que no me he equivocado.

—Quiero que te vayas de aquí. Ahora mismo.

—Rukia, un poco más de respeto —sonrió Byakuya Kuchiki, dejándose caer sobre una silla—. Ah, aparentemente éste es el heredero. Se parece a su padre.

—Aléjate de él.

Sonriendo, Kaito alargó una manita hacia su abuelo y Rukia vio, horrorizada, cómo su padre apretaba la mano del niño.

—Hola, amiguito.

— ¡Aléjate de él! —repitió, furiosa.

—Sólo estoy saludando a mi nieto, no hace falta que te pongas histérica.

— ¿Qué has venido a buscar aquí, dinero?

—Sí, claro. He estado hablando con Hisagi y él cree que una suma de cinco cifras podría solucionarme la vida por el momento.

—Yo no tengo dinero. Y aunque lo tuviese, no te daría un céntimo.

—Tu actitud es muy poco razonable, Rukia. Después de todo, somos socios en este matrimonio tuyo.

— ¿Qué? Yo no soy tu socia en nada, no lo he sido nunca.

—Eres mi hija, cariño.

— ¿Tu hija? ¿Se trata a una hija como tú me has tratado a mí?

—Hasta hace poco tiempo siempre nos poníamos de acuerdo…

— ¿Pero qué estás diciendo? ¡No había vuelto a hablar contigo desde que mi madre murió! ¡Me chantajeaste una vez para que te ayudase con tus sucias tretas y tuve que hacerlo porque mi madre estaba enferma, pero no pienso hacerlo nunca más!

En ese momento Rukia oyó un ruido tras ella y, al darse la vuelta, se encontró con Ichigo.

—Vaya, mira lo que ha salido de debajo de una piedra.

Byakuya Kuchiki se volvió, sorprendido.

—Me alegro de volver a verte, Kurosaki Ichigo —le dijo, con un falso tono amable.

—Vete de aquí, Byakuya.

—No puedes echarme. Tengo derecho a estar aquí. Rukia es mi hija y Kaito es mi nieto…

—No, son mi mujer y mi hijo. Y ahora vete de aquí antes de que llame a la policía para que te detengan por allanamiento de morada.

—No digas tonterías. Estás cometiendo un error… Rukia me invitó a venir.

—No, tú estás cometiendo un error —lo interrumpió Ichigo, con tono amenazador—. Y si no te vas de aquí ahora mismo te echo con mis propias manos.

Su padre, salió de la cocina sin decir una palabra más y Rukia se dejó caer sobre una silla, sintiéndose enferma.

—Yo no le he invitado a venir.

Ichigo se quedó en la puerta con los puños apretados, como si estuviera intentando controlar su furia.

—No me crees, ¿verdad?

Después de la discusión sobre la llamada telefónica la noche anterior, probablemente pensaría que estaba haciendo negocios con su padre.
Kaito empezó a llorar en ese momento y Rukia se levantó a toda prisa para tomarlo en brazos.

—No pasa nada, cariño. Tranquilo, todo está bien.
Ichigo se dio la vuelta entonces.

—Espera, tenemos que hablar —lo llamó ella. Pero un segundo después oyó que se cerraba la puerta de la casa.

—Rukia había querido correr tras él, tomarlo del brazo y hacer que la escuchara. Pero no habría servido de nada.


Holiiis no saben lo feliz que me hacen sus reviews y en especial quien fue el número 100 (jamás pensé que lo lograría T.T)

Respuestas a mis fieles lectores:

Sakura-jeka: Si ichigo es muy tierno en cuanto se trata de su hijo, pero y la pobre Rukia? Saludos gracias por tu review. Gzn: Ahora ya sabrás que quiere Byakuya. Te cuidas! Darkrukia4: Me alegra que te guste el fic y espero te agrade este capítulo. Alessandra08: Lo prometido es deuda y aquí está la actualización de esta semana, me encantaría poder ser más rápida pero la facultad no me lo permite. Kiaru87: jajajja gracias y bueno este capí sí que se pone muy bueno de aquí el fic cambia en 360 grados. MaryRebecca: Rukia si está segura de sus sentimientos, pero es Ichigo quien tarde se dará cuenta tendrás que esperar como 4 capítulos más para saber los sentimientos de el pelinaranja, Saludos. JJDani: Muchas gracias por tu MP y si es bonito conocer gente de todos lados por los fanfics, lamento no poder colocar más capítulos pero el estudio me consume el tiempo gracias por leerme. Ghost iv: tiempo que no te pasabas por aquí jijii me alegra tenerte de vuelta, ahora sabrás las intenciones de Byakuya, te cuidas! Cristina96life: Exacto, tu lo dijiste ya le tocará a Ichigo sufrir y si ambos son tontos al no decirse lo que sienten. Cerezza-chan: jijiji es Kaito y el niño de nada se entera de el enredo tremendo en que están sus padres, gracias por tus felicitaciones T.T te cuidas y nos leemos.

Hasta la próxima semana se cuidan un montón y feliz día a quienes sean madres.

Un review ¿? Hace feliz a una persona :D