La vida no es otra cosa más que la consecuencia lógica de nuestras acciones, aunque en ocasiones la palabra "lógica" pareciera carecer de todo sentido. Mucho se le atribuye a entidades cósmicas que, se dice, controlan el destino de humanos y pokémon por igual; pero en aquel parquecito del pueblo de Lago Valor, May estaba a punto de tomar una de las decisiones más importantes de su vida y estaba consciente de ello, temiendo que una puerta le cerrara otra. Lo pensó una y otra vez pero la respuesta no llegaba a su mente, de todas las opciones que tenía, al final se cerraban a dos...
—¿Jugo de Ango o de Sambia? Vaya, hay tantos que no me decido —musitó sosteniendo su cabeza como un Psyduck.
—El jugo de Sambia tiene un ligero sabor amargo pero le da un buen toque, yo te recomendaría ese.
—¡Drew!
Justo a su lado se encontraba su más acérrimo rival, al menos el que era honesto y no le hacía mofas todo el tiempo; deseaba poderlo llamar su mejor amigo pero sentía que el cristal de la rivalidad le impedía hacerlo libremente. Notó que llevaba ropa deportiva en vez de su típico atuendo, tanto fue la impresión que se sintió fuera de lugar con su abrigo siendo que ya era primavera. Tras un breve saludo, el chico le preguntó que si acababa de llegar, a lo que ella le respondió apenada que por culpa de unos cuantos "inconvenientes" en el camino no había podido llegar en la fecha prometida.
—Ya veo, supongo que tuviste problemas en la Ruta 213. He oído que últimamente muchos viajeros evitan viajar por esa ruta, que de la noche a la mañana se volvió una zona peligrosa.
—Debe ser por los Tentacool que están cerca de la bahía, se pusieron agresivos, pero nada que la asombrosa May no pudiese enfrentar —definitivamente haber pasado una semana con tan egocéntrico pedazo de hombre le había afectado un poco la cordura.
—Suenas demasiado confiada... y yo espero que eso signifique que te has vuelto más fuerte y no que simplemente recibiste ayuda a de algún otro viajero —contrarrestó sarcásticamente moviendo su flequito como siempre hacía.
—Eh, bueno verás, respecto a eso. Hay algo importante que debo decirte...
Harley observaba impacientemente desde los arbustos, así debían sentirse esos perdedores del Equipo Rocket cada que iban al asecho de la rata del amigo de la enana, estar en el mismo panorama le bajaba la autoestima, pero podía tolerarlo si con ello lograba su objetivo. Ahora, era el momento de salir como fiera por su presa.
—¡Ay, May! ¡Terroncito de azúcar! ¡Siento que te fuiste por toda la eternidad!
—Ni siquiera llevo tres minutos en la máquina y tú estabas a la vuelta de la cancha.
—¡Pero qué no vez que un segundo sin ti es como... como... un cielo sin estrellas y...!
Mientras May trataba de reprimir el trauma por sus intentos de poesía, Drew sacaba un jugo de la máquina, esta vez de Ango ya que iba a necesitar algo muy dulce para pasarse el trago amargo que estaba seguro iba a pasar. Cuando terminó con su verborrea, no dudó en tomar a May del brazo, disimulando lo mejor posible el trato brusco, si se le pasaba la mano, el chico de cabello verde no dudaría en intervenir con sus pokémon.
—Seguro que la pequeña May ya te fue a presumir lo feliz que ahora es a mi lado, ¿no es así? —Drew sólo miró a May de reojo y su rostro de "no le hagas caso, está loco... ¡Loco he dicho!" lo decía todo— ¿No?, Ay, es que la pobre es medio tímida y modesta, por eso seré yo quien te comunique las maravillosas buenas nuevas. La princesita de Hoenn ahora es, ni nada más ni nada menos, novia del mejor coordinador no sólo de Hoenn y Sinnoh, sino del mundo entero... obis estoy hablando de mí.
Tenía la mirada bien puesta sobre el dueño de Rosedare, esperaba que la noticia también lo sacara de la jugada, era vital tenerlo lejos si quería que su plan concluyera con éxito y si eso implicaba destruirlo, al menos emocionalmente, lo haría.
—Ah...
¿Y... eso había sido todo? ¿Un simple balbuceo de indiferencia? No señor, no se iba a conformar con tan poco.
—Oh, ya veo, parece que el shock fue demasiado para tu corazoncito de Torchic, casi como si no creyeses lo que te estoy diciendo... —enfatizó esa última parte bastante malhumorado— Pues bien, quizá esto te convenza.
Sacó el DevNav con la foto que previamente había puesto de fondo de pantalla, la misma que se habían tomado en la playa, con eso tenía que creerle. Lo único que Drew pudo ver fue a una May muy confundida y sorprendida a lado de un coordinador presumido y no tan fotogénico haciendo gestos ridículos ante la cámara. Le dio otro sorbo a su lata de jugo.
—Ajá... ¿Qué? ¿Te tengo que aplaudir o qué?
Que sus planes a veces no funcionaban como quisieran lo molestaba de sobremanera, pero aquella actitud hacía que deseara volarlo en pedazos.
—Creo que estas un poco lento hoy, Andrew —Odiaba que lo llamaran por su nombre completo y más si se trataba de alguien tan insoportable como Harley—. ¡Osea, hello! ¡May es mi nueva novia! ¡Lidia con eso, perdedor!
Cuando comenzó toda esa caótica situación, solía desear que la tierra se la tragase para evitar pasar vergüenzas ante sus indiscreciones, esta vez fantaseó con que su Hipodown se volvía gigante y provocaba un terremoto de tal magnitud que la grieta formada lo enviara del otro lado del planeta. Drew sólo hizo otro de sus característicos gestos con una sonrisa, pensaba que por fin había caído tan bajo que ya ni se tomaba la molestia de crear farsas que fuesen creíbles, dentro de poco se rendiría por completo y tendrían un competidor menos.
Al exclamar la palabra "felicidades" May sintió un enorme vacío, en verdad no entendía la extrema calma de aquel que siempre le otorgaba una rosa, quizá era que se estaba mofando de la situación para llevarle la contraria... quizá no le importaba en los más mínimo. ¿Y qué tal si lo que vio en su sueño era la cruda realidad? Que a él no le interesaba otra cosa más que ser el mejor coordinador, y ni siquiera de la misma manera en que Ash luchaba para ser un Maestro Pokémon, porque él no anteponía a sus amigos para lograr su objetivo, él no escondía sus sentimientos en lo más profundo de su orgullo para aparentar tener un temple que en realidad no poseía.
—… Parece que por fin tienes una excusa tan mala que ni tú te la crees, ¿de verdad esperabas que alguien creyese que no estás haciendo esto como una mala jugada para que May no gane en el Gran Festival? Bien dicen que Growlithe viejo, no aprende trucos nuevos.
Contó mentalmente hasta diez, hasta cien y casi hasta el mil comenzó a maldecir a todos y a todo y no lo podía externar más allá de la mueca que no se pudo aguantar; ¡cuántas veces en la semana no deseó mandar todo al diablo y seguir con su vida! Pero por una maldita vez tenía la certeza de que valía la pena aguantar, que al final todo su esfuerzo sería recomenzando con la ruina y miseria de esa niña y que ahora obtendría un dos por uno en satisfacción.
—Bien, si no me crees a mí... créele a ella... ¡May, dile que no estoy mintiendo!
En ese momento, aun con el calor de aquel hermoso y soleado día, Drew comenzó a sudar de frío al ver el rostro tan dubitativo de la oriunda de Petalburgo, tan sólo deseaba oír un "eres un mentiroso" o "no le creas ni una palabra a este patán" para desmontar todo ese sinsentido... ¿Por qué no decía nada?
¿No... no estaría diciendo la verdad? Quizá su afirmación era cierta... en parte. Conocía a May y sabía que pecaba de ser extremadamente ingenua, era una presa fácil para el amo de las mentiras; posiblemente la estaba obligando o la había convencido de algún modo. Y aquello era peligroso. Antes de poder actuar o decir palabra alguna, fue la castaña quien habló.
—Drew, necesito hablar contigo. EN PRIVADO.
Con un rápido movimiento, se liberó de su captor y corrió hacia el que se soñaba su príncipe encantador, lo tomó de la mano y lo llevó rápidamente hasta la cafetería un par de metros más adelante. "Privado" no era una palabra que estuviese en el diccionario mental de Harley, pero antes de poder dar un paso, un par de garras lo sostuvieron por detrás del cuello de su traje.
¿Y en qué momento esa mocosa liberó a su Blaziken? De todos modos, el pokémon necesitaba mejorar la precisión de su patada ígnea...
—May, ¿¡qué es todo esto!? —Vociferó con enfado.
—Mira, desde hace una semana se metió esa tonta idea de que yo sea su novia y no me ha dejado en paz, sabía que no lo iba a hacer hasta que no aceptara... además, quiero darle una buena lección para que aprenda a no jugar con los sentimientos de los demás.
—¿Cómo? ¿Actuando igual que él? ¿Te estás percatando si quiera en qué te estás metiendo?
—Lo tengo todo bajo control...
—Pues no me lo pareció hace rato...
—Confía en mí, sé lo que hago.
—May... ¿Sabes? En un principio no dije nada porque la trampa era demasiado obvia, hasta para ti lo es; de verdad me cuesta trabajo creer que a estas alturas no hayas aprendido nada y le estés siguiendo el juego. ¿Acaso ya olvidaste lo que te hizo cuando se conocieron? ¿O cómo por seguir sus consejos casi no logras calificar? Harley puede llegar a ser peligroso y no voy a estar todo el tiempo cuidándote la espalda
—¿¡Disculpa!? ¿¡Cómo que cuidándome la espalda!? ¿Sabes cuál es tu problema? ¡Tú nunca confías en los demás, y menos desde que ganaste la copa en Johto!
May se tapó la boca, no deseaba decir eso, era algo que se tenía muy guardado, un secreto que no debía pasar de ser un eco perdido en algún rincón de su mente; pero lo hecho, hecho estaba.
—Y tú vas a confiar en Harley... haz lo que quieras.
La mirada que puso antes de marchar fue la misma que en aquella vez en Kanto, cuando le dijo que no quería ser débil como ella. May también tenía un pequeño orgullo que se encontraba vulnerado y un alma lastimada.
—¿¡Sabes!? —Le gritó mientras se alejaba de ella— ¡A lo mejor sale algo bueno si confío en él!
Regresó por el mismo caminito de grava por donde vino, regresó a Blaziken a la pokébola y tomó lo que quedaba de Harley chamuscado y golpeado en el piso.
—Buscaremos ese lujoso hotel y luego compraremos muchas cosas bonitas en el centro comercial.
De no haber estado semi-inconsciente, hubiese sido música para sus oídos.
