¡Hola!

(Danny se esconde tras una tapa de basura para protegerse de los tomatazos, bombas y demás…) Si, aquí regresa la autora irresponsable… De verdad siento la ausencia tan eterna que he tenido. La inspiración a veces se toma sus vacaciones ¿sabían? Así que eso pasó, mis ganas de escribir quedaron sepultadas por todo este tiempo hasta el día de ayer que logré terminar el capítulo. El próximo lo traeré pronto, lo prometo. :P comenzaré a escribirlo ahora aprovechando la visita de la musa rebelde. :P

La noche de los muertos

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—Mira Saotome, si ya usaron esa tabla es más difícil que se deshagan de ella—explicó Gosunkugi calmadamente —. Pero si por el contrario, sólo desean venderla, yo estaría dispuesto a comprarla.

― ¡¿Si ya está usada qué?― preguntó Ranma de inmediato recordando la gran hazaña de Akane―. ¡¿Por qué no se quema, dime?

― ¿Quemar?- Inquirió riéndose estúpidamente―. Saotome, si ya abriste un portal la tabla no se detendrá hasta que lo cierres.

― ¿Portal?―cuestionó forzando un poco más el agarre en la camisa de Gosunkugi―. ¿Qué significa eso?

―Si ya la usaste, la tabla abre un portal espiritual que dependiendo de la persona que lo invoque se hará letal o inofensivo―explicó el chico con risa nerviosa.

Según las conjeturas a las que Ranma había llegado gracias a las explicaciones de Gosunkugi, el portal que Akane abrió resultó siendo peligrosamente letal para ella y para todo aquel que decidiera interponerse.

―Oye flaco―Lo soltó y lo observó toser mientras él ordenaba las ideas en su cabeza―. ¿Sabes cómo funciona ese portal?

― ¿Por qué tan interesado?―Lo miró con curiosidad―. No me digas que usaste la tabla para conseguir poderes sobrenaturales y ganarme, Saotome.

― ¡No seas estúpido!―espetó el oji-azul ―.No necesito de algo así para vencer a alguien como tú, lo único que me interesa es la información que tengas sobre ese tema.

― ¡Ja! ¿Saotome, por qué te ayudaría?―habló Gosunkugi con soberbia―. ¡Has hecho de mi vida un completo fracaso, por tu culpa la linda Akane no se fija en mí, y encima todos se burlan de mí gracias a ti!

―Si, bueno… Lo siento―Se disculpó sin sentirlo realmente― ¿Me ayudarás?

― ¡Debes morir!―profirió con una de sus muñecas de paja, la cual estaba clavando en un árbol―. ¡Te odio Saotome, te maldigo!

Una gota recorrió la cabeza de Ranma al ver a Gosunkugi actuar tan estúpidamente. Tomando una gran bocanada de aire, se acercó a él y lo intentó nuevamente tratando de ser lo más condescendiente que podía.

―Mira flaco… Si me ayudas le diré a Akane que salga contigo―le propuso el oji-azul mientras se rascaba la mejilla.

― ¿En serio harías eso?― preguntó esperanzado con sus ojos brillándole, casi parecía que miles de estrellas iluminaras su cadavérico rostro.

―Seguro…―murmuró el atlético chico―. Pero para eso necesito que vayas esta noche a la habitación de Akane.

― ¿La habitación de Akane?―cuestionó completamente sonrojado sosteniéndose el rostro como chica enamorada.

―Pero escucha ―Le advirtió Ranma―. Tienes que ayudarme con lo que sepas o no te dejaré acercar a Akane, ¿entendido?

―S-si―asintió babeando gracias a su infinita imaginación que trabajaba a mil por hora.

―Te espero en la noche en la casa Tendo―fue lo último que le dijo el chico de trenza antes de regresar a clases.

Al finalizar la jornada académica Ranma se recostó en la entrada de la escuela mientras aguardaba a Akane, de esa manera se aseguraría de que no regresara sola a casa. Aún le preocupaba que la herida la hiciera sentir muy débil, después de todo era bastante reciente, pero sobre todo le angustiaba pensar en que alguno de esos "entes" la atacara aprovechando su ausencia; por esa razón tenía la corazonada de que no debía abandonarla en ningún momento.

―Creí que te irías a casa más temprano―comentó la peli-azul mientras caminaba hacia Ranma.

―No después de lo que sucedió…―respondió el chico de coleta comenzando a caminar al lado de Akane.

―No creo que me ataquen en la escuela…

―Es mejor no confiarse, Akane.

Ella simplemente lo miró, se veía demasiado preocupado y pensativo. Ranma siempre solía ser bastante pesado sin embargo esta vez lo notaba completamente distinto. No pudo evitar sonreír por un momento al recordar que había una razón detrás de la expresión de Ranma y esa no podía ser otra más que ella misma.

—No tienes que preocuparte, sabes que esas cosas no podrán hacerme daño fuera de casa… —intentó tranquilizarlo la peli-azul.

Ranma la miró unos segundos y luego dirigió su vista hacia el frente, ni siquiera saltó a la barda como lo hacía normalmente, simplemente caminó a su lado con una expresión de inquietud bastante notable.

—Si sigues pensando de esa manera estarás en problemas—advirtió el peli-negro—. Esta es una batalla, no debes bajar la guardia.

— ¡¿Estás insinuando que lo hago?—bufó ofendida—. Sabes que no soy tan débil como crees.

— ¡Eres una tonta, Akane, te pones en peligro sólo por creer en este tipo de cosas que ni siquiera tienen razón de ser y ahora debo cuidarte de fantasmas y seres invisibles! —vociferó deteniéndose y descargando un poco de la frustración que lo invadía.

— ¡Pues no me cuides, nadie te lo ha pedido, bobo!—se defendió Akane sintiendo dolor por las palabras de su prometido

Si bien ella nunca le pidió ayuda, tampoco se esperó que la que le brindara resultara siendo un problema para él.

A grandes zancadas se dirigió a su casa sin esperar a Ranma que se había quedado en el mismo lugar observando cómo se alejaba. Un momento después sacudió su cabeza y corrió tras ella.

—E-espera…—dio un gran salto para quedar frente a Akane impidiéndole continuar su recorrido.

— ¿Qué quieres?—inquirió enojada intentando escapar de alguna manera de su interlocutor.

— ¡No puedes regresar sola a tu casa ni a tu habitación! ¿No te das cuenta?

—Déjame, de todas formas no necesitaré tu ayuda así que no te molestes en preocuparte e ir a mi rescate.

—Sabes que sin mí estás perdida, no seas necia y acepta que sólo yo puedo salvarte—se cruzó de brazos presumiendo de los actos que anteriormente realizó.

Para la menor de las Tendo esta reacción sólo provocó ira en ella, así que terminó enviándolo a dar un largo y distante paseo por los atardecidos cielos de Nerima.

—Idiota…—murmuró luego de verlo hacerse cada vez más pequeño en el firmamento.

Continuó su camino de regreso a casa y al llegar se dio cuenta que en el salón de té se encontraba reunida toda su familia. Se acercó sigilosamente tratando de ver si había alguien allí y no tardó en darse cuenta de quién se trataba.

—Vaya… qué sorpresa—comentó para sí misma mientras dejaba sus zapatos en la entrada—. Ya llegué.

— ¡Oh, Akane al fin llegas!—exclamó su hermana mayor al verla—. Mira quién vino a visitarnos.

— ¡Hija, qué bueno que llegas, Kogane tenía muchas ganas de saludarte!—exclamó Soun de buen humor.

— ¿Dónde dejaste a Ranma, Akane?—Cuestionó Nabiki

—Akane —saludó Kogane apareciendo tras ella como lo hacía usualmente utilizando un tono de voz bastante aterrador.

La peli-azul se estremeció y miró de reojo a la chica fantasma saludarla de esa manera.

—H-Hola Kogane jeje… Tanto tiempo, qué gusto—sonrió nerviosamente.

—"Eso fue tenebroso"— se leyó un cartel de un panda que miraba la escena con gotas de sudor en el rostro.

—Es verdad, hace mucho tiempo no vengo a visitarlos, pero es justamente porque hoy de nuevo es mi día de vacaciones—explicó la castaña volviendo a su lugar en la mesa.

Akane tomó asiento después de ella mientras veía a su hermana mayor ir por su comida.

—Verdad… Ya pasó un año, me da mucho gusto que volvieras a vernos—comentó la peli-azul casualmente.

— ¡Es verdad, Kogane, también estamos muy contentos de que esa vez no te convirtieras en zombie! ¿Verdad, señor Saotome?

El panda asintió alegremente apoyando a su amigo de alma.

—Si... Gracias a todos, especialmente a Gosunkugi, fue tan dulce lo que hizo por mí.

—Hay que admitir que ese día el muchacho actuó muy valientemente—comentó espontáneamente el señor Tendo.

Gosunkugi que desde que salió de la escuela había estado sentado en el árbol junto al estanque, estaba escuchando la conversación bastante entusiasmado.

—No puedo creer que Kogane me recuerde… ¡En verdad ella me ama!—se levantó estrepitosamente y terminó cayendo del árbol recibiendo un golpe en la cabeza con una de las ramas del árbol que se rompieron con la fuerza del impacto.

Gosunkugi en el suelo se tambaleó por un momento y luego Ranma cayó de cabeza sobre él.

—Gracias flaco, me salvaste—le agradeció el chico de coleta levantándose rápidamente y dirigiéndose al comedor.

Cuando arribó el oji-azul no pudo evitar observar a la invitada que al parecer charlaba muy a gusto con su prometida.

―Hola, Ranma―saludó la chica fantasma situándose tras él volviendo a usar un tono de voz espeluznante.

El artista marcial sintió cómo se erizaban los vellos de su nuca y de inmediato giró para encararla.

― ¡Oye deja de hacer eso!―Reclamó―. ¡Da miedo!

―Lo siento tanto, yo no quería…―sollozó Kogane colocando las manos en su pálido rostro para dramatizar más su llanto.

―No, lo lamento, es que yo… Es que bueno… Me asusté―se defendió el oji-azul tratando de que dejara de llorar.

Akane se acercó y tomó a Kogane por los hombros dirigiéndole una severa mirada a su prometido.

―Tranquila, Ranma es un grosero.

Gosunkugi se acercó lentamente a saludar; al principio lo dudó un poco pero luego accedió a hacerlo.

―Ko-Kogane…―murmuró sonrojado jugando nerviosamente con sus dedos.

― ¿Gosunkugi?―inquirió la fantasma y en un movimiento rápido se abalanzó sobre él―. ¡Me alegra tanto verte!

―Jeje… Yo también estoy muy contento de verte―sonrió tímidamente con un brazo atrás de la cabeza.

―Bueno señor Saotome, habrá que darles un poco de intimidad―se levantó de la mesa viendo a su amigo panda asentir y yendo con él al pasillo donde usualmente jugaban shogi.

Nabiki subió a su habitación y Kasumi llegó finalmente con la olla vaporera dispuesta a servir los platos para Akane, Ranma y Gosunkugi.

La cena transcurrió en completa normalidad: se escucharon comentarios divertidos, historias sobre el mundo de los muertos y de vez en cuando una que otra pelea por parte de Gosunkugi y Ranma.

Akane, completamente lejana a la realidad sólo se dedicó a sonreír cuando contaban algo y pocas veces participó en la amena conversación. Le preocupaba enormemente saber que dentro de poco tendría que regresar a su habitación ya que estaba anocheciendo.

En la escuela había planeado pedirle a Ranma que le permitiera permanecer en su cuarto mientras lograban deducir qué era realmente lo que se escondía en su lugar de descanso, pero dadas las circunstancias y recordando plenamente lo que su prometido le dijo respecto a tener que protegerla, ella no permitiría demostrar alguna señal de cobardía frente a él.

Fijó su mirada en él por un momento y se encontró de frente con esos ojos azul zafiro que la veían con preocupación. Akane ladeó el rostro algo incómoda por el contacto visual y se levantó de la mesa provocando de inmediato miradas de desconcierto en Gosunkugi y Kogane.

Ranma se alertó y se puso de pie instintivamente.

― ¿Pasa algo?―preguntó Kogane extrañada.

Gosunkugi recogió lo más de prisa que pudo los objetos de magia que había puesto sobre la mesa para alardear sobre sus conocimientos en estos peculiares temas con la castaña, que mostraba fascinación y admiración al escucharlo.

― ¿Es hora, Saotome?―cuestionó el pálido joven con la mochila en las manos.

Ranma lo observó y luego posó su mirada sobre Akane, tomó su mochila y notó en ella una expresión de perplejidad bastante notoria.

―Espero que pueda ayudar en algo―hizo una reverencia la pequeña fantasma intentando no quedarse atrás e ir con ellos.

― ¿Ayudar?―preguntó Akane ―. ¿Ayudar a qué?

Ranma se acercó a su prometida y la tomó de la mano situándose justo a su lado y dirigiéndose a los demás con autoridad.

―Andando―ordenó empezando a caminar hacia la habitación de Akane.

Kogane y Gosunkugi se miraron por un momento sin saber qué harían y luego decidieron seguir a Ranma. Cuando llegaron arriba se acercaron tímidamente al cuarto de Akane encontrándose a ambos jóvenes sentados en el suelo. El chico de trenza se veía bastante atento observando cada parte de la habitación con extrema atención y muy constantemente. Akane en cambio se veía nerviosa, en sus ojos se reflejaba el terror que estaba sintiendo.

― ¡La habitación de Akane, qué maravilla! ¡Siento el olor de su piel en cada rincón! ―El delgado muchacho recorrió el cuarto de aquí para allá una y otra vez sin detenerse.

― ¡Quédate quieto, me pones nervioso!―gritó Ranma golpeándolo en la cabeza.

―Hay algo muy malo aquí―pronunció Kogane con una expresión aterrada en su rostro.

Akane la miró con interés y su miedo se incrementó considerablemente.

Ranma dejó de golpear a Gosunkugi y observó a su interlocutora, acto seguido le dio un vistazo a todo su alrededor.

― ¿Malo como qué? ―interrogó el oji-azul.

― ¿No estarás exagerando?―sonrió con nerviosismo la pequeña artista marcial.

―No…―negó con la cabeza la castaña―. Es una energía muy maligna y… Hay alguien más… Es una mujer.

― ¿Una mujer? ¡¿Dónde? ―el artista marcial movía la cabeza de un lado a otro tratando de ver a alguien.

―Mamá… ―susurró Akane.

Gosunkugi se concentró y observó el cuarto minuciosamente.

―Tienes razón, Kogane, hay algo muy malo aquí, tenemos que protegernos―anunció sacando varias inscripciones sagradas de su mochila y rápidamente se encargó de ponerlas en Akane, Ranma y él mismo.

Kogane parecía inmovilizada observando algo que sólo ella podía ver. Todos la miraban atentamente, sin perder rastro facial alguno.

― ¿Por qué tú puedes venir a visitarnos en tu día de vacaciones y mamá no puede hacerlo?―inquirió Akane sin dejar de ver a la chica―. Es decir, ¿Por qué puedo verte a ti y mamá no hace lo mismo?

― ¿Ella… Es tu madre? ―cuestionó la fantasma ―oh, ya veo… Es muy parecida a ti.

― ¡Responde!

Ranma alternaba la vista entre Akane y Kogane aún alerta a cualquier sonido o movimiento.

―Ella no regresa a este mundo porque cree que les resultará más difícil separarse de ella… Dice que quiere que ustedes conserven un lindo recuerdo y que no sufran su partida una y otra vez―explicó Kogane que cumplía el papel de médium.

Gosunkugi se alertó cuando la tabla en la mochila de Ranma comenzó a moverse.

― ¡Demonios!―Exclamó el oji-azul observando el morral y en un movimiento rápido se acercó a Akane rodeándola con sus brazos mientras la ayudaba a levantar.

Akane lloraba en los brazos de Ranma en parte por las razones que tenía su madre para no visitarlos y por otro lado sentía bastante miedo por lo que pudiera suceder de ahora en más.

― ¿Cómo pude ser tan tonta?―susurró la peli-azul.

Ranma quien pretendía responder fue interrumpido por la voz de Kogane.

―Tu madre está protegiéndote, dice que tu maldición está empeorando todo―explicó el espectro antes de gritar fuertemente.

― ¡Kogane!―Gritaron Gosukugi y Ranma al unísono.

Akane contempló con horror a la chica gritando y moviéndose tal como si intentara escapar de algo que la sujetaba con fuerza.

― ¡Maldición, la está atacando!―exclamó el escuálido joven caminando hasta ella y colocándole una de las inscripciones que antes había pegado en él, lo que provocó una corriente de aire muy fuerte y varios destellos parecidos a la electricidad.

Ranma analizaba la escena completamente atónito.

― ¿Cómo pelear contra algo que no tiene cuerpo sólido?―preguntó el peli-negro suavemente aferrando más a su prometida hacia sí.

― ¡No permitiré que te lleve! ―Gritó con empeño el delgado muchacho.

― ¡Gosun... kugi!―pronunció débilmente Kogane desapareciendo de la vista de todos los espectadores.

Una ráfaga de aire frío se dispersó con más violencia por la habitación, lanzando despedido a Gosunkugi contra una de las paredes de la habitación.

― ¡Es mi culpa!―gritó Akane tratando de soltar el agarre de Ranma.

El joven artista marcial luchaba por mantener a Akane cerca y por evitar que la corriente de aire le hiciera perder el equilibrio y los lanzara con brusquedad. Cuando logró ser arrastrado hasta una pared se arrodilló allí con su prometida aferrando más su agarre en ella mientras se esforzaba por tratar de ver algo y no perder detalle alguno de lo que sucediera.

― ¡Déjame, tengo que ir por Kogane! ―vociferó la peli azul pretendiendo salir de la prisión en la que se habían convertido los brazos de Ranma.

― ¡¿Estás loca? ¡No podrías!

De pronto un destello brillante apareció justo al lado del chico de trenza quien la observó con desconfianza, sin embargo el sentimiento que esa simple luz despertaba evitó que la atacara.

Gosunkugi la observó desde el otro extremo de la habitación con una sonrisa implícita en su rostro.

Akane levantó la mirada y observó la destellante luz.

― ¿Madre?―cuestionó y la luz comenzó a tomar forma humana.

―Akane…―se escuchó una voz que logró apaciguar la corriente de aire.

Continuará…

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Notas finales:

Muchas muchas muchas gracias por leerme sin importar el tiempo que tarde en actualizar. Espero que les haya agradado, yo personalmente me sentí bastante a gusto escribiéndolo así que ojalá también tengan ese sentimiento al leerlo.

Aquí ya al fin podemos ver a la madre de Akane "manifestarse" más abiertamente ¿Qué ocurrirá con Kogane, la maldición de Akane y el motivo real de la muerte de Naoko? No dejen de sintonizar el próximo capítulo de esta emocionante historia (perdón, quería hacer esto XD)

¡Nos vemos pronto!