10 de octubre de 2011.

Eso que no está muerto, que puede permanecer eternamente, y con desconocidos eones incluso la muerte puede fenecer.

Abdul Al-hazred Año 730 en Damasco.

Capítulo 9

"Explicaciones"

Dean Thomas estaba exhausto, descansando sobre su desordenado escritorio en su cubículo sin puerta dentro del ministerio. El ministerio de magia Inglés era un caos. Por más que había intentado que no sacaran aquella nota, no pudo apaciguar las interrogantes que le dirigieron los editores del periódico. Tuvo que solicitar ayuda, por lo que Hermione fue a apaciguar su ira y sus dudas.

La noticia de que Harry Potter, después de haberse declarado culpable por tan horribles actos y asesinatos, fue puesto en libertad, se extendió por todo el mundo como pan caliente. Todos los ministerios de magia del mundo, así como los ministerios muggles, deseaban una gran explicación.

Hermione Jeanne Weasley intentó calmar sus ansias, explicando que debido a varios peritajes realizados, se llegó a la conclusión de que Harry Potter no era culpable y que en esos momentos aún estaba suelto aquel asesino.

Nuevamente el pánico se sembró en todo el mundo, por lo que en ese mismo instante todos los ministerios del mundo negaron la entrada de cualquier ciudadano de Inglaterra, Gales e Irlanda. Quienes tenían qué arreglar sus negocios en otros países debieron posponer todos sus planes. Tanto ministerios mágicos como muggles estaban debatiendo la posibilidad de que cualquier ciudadano de aquellos países entrara a sus fronteras.

Hermione intentó arreglar el problema, pero era imposible.

-¡Ese que usted defiende, señora ministra, ¿no estaba en el hospital cuando aquello ocurrió?

El ministro de magia muggle, quien era un hombre apuesto de unos cincuenta y tantos años de edad, de cabellos negros con un poco de rastro de canas, ojos azul claros y piel blanca, se veía sumamente nervioso. El rey y la reina (Nótese el rey Guillermo y la reina Catarina XD –nombres en español-) están muy consternados también.

-Ciertamente estaba, pero...

-¡Nada de peros! ¡Si él no está en prisión hasta que todo esto pase y pueda tener a su "verdadero culpable" me veré en la necesidad de yo también apoyar que se cierren las puertas a mis conciudadanos!

Hermione apretó los puños, sin saber cómo responder a aquello. Sinceramente había pensado que habría represalias, pero no que le harían una petición tan irracional.

-Se le recluirá en la prisión hasta en tanto deje de ser el sospechoso principal –Ted Lupin, quien acababa de llegar con un memorándum en mano, habló-. Sin embargo, le rogaré a usted, señor ministro de Inglaterra, que se abstengan los medios de hacer ver al señor Potter como una sucia piltrafa, o me veré en la necesidad de combatirle en la corte bajo el amparo del artículo 16 Constitucional*.

El ministro miró con enfado a Lupin, sintiéndose algo estúpido al subestimar al ministerio de magia de su propio país.

-Entonces le solicito como su homónimo, ministra Weasley –el hombre se levantó de su asiento-, que piense en sus subordinados y en su país. Éste puesto es vitalicio, pero su vida no es eterna, ni tampoco la de los demás magos.

-Estoy al tanto, no se preocupe –entrecerró los ojos.

-Y por favor, también piense en nosotros –el ministro dejó escapar un suspiro, tras detenerse frente a la puerta-, sé que no somos relevantes.

-Mis padres también son muggles, señor ministro –aquella aseveración sorprendió al hombre-. Estamos trabajando conjuntamente con sus fuerzas, por favor dénos también algo de tiempo. Hace unos años sufrimos una horrible guerra en la que se perdieron muchas vidas, por lo que comprendemos su dolor. Buscaremos al culpable y le daremos su merecido.

-Se lo agradezco, ministra –se despidió con un ademán de su cabeza-, nosotros también seguiremos buscando.

Dean bajó un poco la cabeza cuando vio pasar a aquel hombre, volteando a ver a Hermione, quien salía del despacho de su marido, debido a que su oficina estaba aún más desordenada que la del pelirrojo.

-¿Por qué demonios tiene qué regresar ahí éste Harry? –la castaña apretó los puños.

-Es comprensible –Lupin habló-, después de todo, a pesar de haberse amparado y de haber sido absuelto, debido a su mandato, ministra –recriminó un poco a la aludida, la cual se sonrojó-, mi padrino sigue siendo el primer sospechoso de todos los asesinatos. Nosotros lo conocemos, pero los demás no. ¿No había pensado en las consecuencias?

-Lo hice, pero de todos los escenarios posibles, éste se escapó de mis manos.

-¿Quiere que yo vaya a decírselo a mi padrino?

-Por favor... –dejó escapar un suspiro-... yo todavía debo de leer los informes de mis subordinados y patearle el trasero a Thomas por no haber detenido toda ésta mentira entre los periódicos muggles y mágicos.

-No se ensañe mucho con él...

Lupin salió de ahí, sonriendo con algo de condescendencia al ver a Dean resoplar.

-¡Thomas!

El fuerte grito de la ministra casi hace que le de un infarto al hombre, el cual, con pesado gesto, se levantó de su asiento para ir a atender a su jefa.


Draco Malfoy daba vuelta tras vuelta, como si fuera un hurón enjaulado, a percepción de Ronald Weasley. Después de lo que pasó, el rubio recibió los primeros auxilios por parte de los medimagos y sanadores de San Mungo, pero hubo más complicaciones y aún no salía de la sala de emergencias de aquel hospital.

Harry detuvo su andar, acariciando con suavidad su brazo. El rubio le sonrió y se enterró en su abrazo. Ambos se quedaron así por unos instantes, hasta que la puerta se abrió y una mujer de piel blanca, cabello negro y ojos amielados apareció. Su estatura no sobrepasaba los 170 centímetros, por lo que se veía pequeña a su lado.

-Fue algo duro, pero sobrevivirá –dejó escapar un suspiro-. Apretaron su corazón por dentro, por eso tuvimos qué reconstruirlo antes de que dejara de funcionar. Estará bajo vigilancia permanente durante una semana. Quizá recuperará la consciencia en tres o cuatro días.

-¿Es todo? –Draco preguntó.

-Sí, lo es... –miró su reloj-... Tengo un paciente qué atender. Cualquier problema que ocurra háganmelo saber por medio de un memorándum. Mi nombre es Sesshy Orenday.

-Sí, gracias...

Aquella mujer siguió caminando, hasta dar vuelta por el pasillo, después la perdieron de vista.

-Estará bien, ya no te preocupes –Harry le sonrió.

-Sí, eso espero...

El rubio bajó la cabeza, sintiéndose demasiado ansioso.


Draco se encontraba, al igual que Harry, en la habitación de Scorpius. Ambos estaban callados, demasiado meditabundos.

-¿Por qué crees que se esté dando esto? –Draco apretó los puños- ¿Por qué estamos siendo atacados de ésta manera?

El moreno iba a responder, cuando alguien tocó a la puerta. No sabían quién era, puesto que Rose se había desmallado cuando le informaron lo que le había pasado a su esposo.

-Adelante...

El rubio pronunció.

La figura de Ted Lupin apareció en la puerta cuando ésta fue abierta y llevaba en sus manos un pergamino con el sello de cera del ministerio.

-Señor Harry James Potter, se le comunica que desde éste momento, por razones de seguridad mundial, se le recluirá por una instancia no estimada, en la prisión de máxima seguridad llamada Azkaban.

Draco se levantó con enfado, encarando a Ted Lupin.

-¿Por qué tiene qué irse? Él ya probó que no era culpable.

-Lo sé –dijo tranquilamente el chico-, pero en el mundo hay gran caos y todos dicen que es él quien sigue cometiendo asesinatos. ¿Qué le pasó a mi primo Scor, tío? –preguntó, mirando al rubio, tendido en la cama- Había escuchado que se había recuperado de aquel ataque.

-Algo estuvo aquí en San Mungo –Harry dejó escapar un suspiro-, ese algo... no sé... le causó éste extraño estado, al igual que a Draco.

-Tiene los mismos síntomas –se sorprendió-. ¿No será una enfermedad congénita?

-No seas estúpido, Lupin –Malfoy entrecerró los ojos-, eso no es una enfermedad.

El defensor rodó los ojos.

-Tiene razón, si tuviera una enfermedad congénita entonces también sería gay, o bisexual, como usted.

Harry abrió los ojos como platos, sin saber cómo iba a reaccionar el rubio; sin embargo, contrario a lo que imaginaba, éste se mostró muy tranquilo.

-¿De verdad? –sonrió como el gato Cheshire- En ese caso tú también lo serías, ¿no?

Harry y Ted miraron con grandes incógnitas a Malfoy.

-¿Ser gay, yo? –quiso carcajearse, pero Draco se lo impidió.

-Después de todo, Lupin siempre estuvo enamorado de Sirius Black. Mi padrino y mi padre me lo dijeron –sonrió de oreja a oreja al ver la expresión del chico- y no desestimes sus palabras sólo por ser Slytherin. Nosotros siempre guardamos armas para dañar a nuestros enemigos. Ah, y era obvio que tu padre era el sumiso en su relación, ¿no?

-¡Está mintiendo! –el color había abandonado su rostro.

Malfoy sonrió, como una serpiente mamba negra africana, esperando el momento de lanzar su mordida, o como una taipán australiana, dos de las serpientes más venenosas en el mundo.

-¡Usted está mintiendo! –quiso agarrar por la solapa de la camisa al rubio, pero le fue imposible, dado que una magia invisible lo detuvo- ¡Usted...!

-Piensa lo que quieras, Lupin –hizo como si no importara-, si eso es una enfermedad, entonces tú también estás infectado.

El defensor salió hecho una furia, olvidando lo que había ido a hacer ahí.

-¿Por qué hablas siempre con mentiras, Draco? –Harry entrecerró los ojos.

-¿Quién te dijo que era una mentira? –levantó su ceja derecha con mucha elegancia- Mis padres, Lucius y Narcissa Malfoy, se casaron por conveniencia, pero mi padrino, bueno... –sonrió con tristeza-... Severus Snape siempre estuvo enamorado de Lily Evans, ¿no es verdad?

-¿Cómo lo...? –se sorprendió por la aseveración del rubio.

-Mi padre siempre fue su mejor amigo –resopló-. En fin, además él empezó, yo sólo me defendí.

Harry bajó la cabeza, no sabiendo cómo interpretar las palabras del rubio.

-¿Entonces es verdad?

-Tan cierto como que me llamo Draco Lucius Malfoy Black.

-Debo irme –dejó escapar un suspiro-, esto es un asunto internacional.

-No vayas, Harry –se acercó suavemente hacia el moreno, levantando su mentón, para que volteara a verlo-, podemos huir, como hiciste hace diez años.

-Lo siento... –sus ojos tambalearon un poco-... yo...

-Haz lo que tengas qué hacer entonces –se dio la vuelta, sentándose a un lado de su hijo-. Después de todo, tus decisiones siempre conllevan a una reacción.

-Espero que Scorpius despierte pronto.

Salió por la puerta, despidiéndose con la mano.

-Espero yo también que despierte pronto –cerró los ojos.


Había varios maniquíes en ese lugar. Era una casucha que parecía abandonada, a las fueras de los barrios londinenses. ¿Qué pueblito era? No se sabía, tan sólo se veía una calle con un letrero blanco, del cual se podían vislumbrar pequeñas manchas grises, debido a que las palabras habían sido borradas con el tiempo.

Ah, sí... esa casona se asemejaba a la casa de los gritos, con las cortinas roídas, pero con la diferencia que, a pesar de todo el polvo que la envolvía, muchos maniquíes vestidos con ropas antiguas y desgastadas, adornaban las paredes y los pisos.

La puerta está cerrada, pero al entrar, podemos ver un espejo justo enfrente de la entrada, y debajo de él se encuentra una mesita de madera. A nuestra izquierda, existe una sala, llena de todos esos maniquíes, y a nuestra derecha inmediata podemos vislumbrar unas escaleras. Más a la derecha está una cocina, en la cual, al parecer, aún funcionan sus aditamentos, puesto que es el único lugar que hemos visto limpio.

Él entra, limpiándose su larga túnica negra. Tiene la capucha, pero podemos ver que sobresale un poco de cabello ondulado negro. Aquel sujeto, que se mueve como una sombra, puesto que ni siquiera se escuchan sus pasos, sube por las escaleras, como si estuviera flotando.

Hay tres habitaciones arriba. Dos puertas están cerradas, pero una está abierta, la de en medio.

La tenue luz que proviene de afuera nos ciega unos instantes. Esa persona se quita la capucha, mostrando a un hermoso hombre joven de cabellos negros como la noche y ojos violetas, como los tintes del ocaso en el cielo.

-Draco Malfoy... estuve a punto de tenerte... Tú vas a ayudarme en lo que necesito, investigador del mundo mágico.


Notas de la Autora:

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