:_-_::_-_: :_-_:Capítulo 9: ¿Señal? :_-_::_-_: :_-_:
Llegué a la casa y dejé mis audífonos a un lado, entré a mi habitación y me despojé del uniforme, almorcé y me quedé viendo mis redes sociales mientras hacía un poco de oficio y escuchaba música.
Luffy no había llegado del colegio porque estaba en el entrenamiento de fútbol, Vivi estaba en sus clases de música, mis padres estaban trabajando y yo estaba escuchando Arctic Monkeys mientras comía una mandarina y arreglaba mi habitación.
A las cinco de la tarde, mientras veía una película recibí el mensaje de mamá que me avisaba que se iría con papá a la casa de los abuelos y que regresarían al día siguiente, me dejo a cargo de la casa y que no me enloqueciera en ese pequeño espacio de tiempo libre que teníamos.
Luffy llegó a las seis de la tarde y se quedó viendo conmigo el restante de película, era una película graciosa y lo estábamos disfrutando.
Con un valor que no sé de dónde saqué le conté a Luffy cómo habían pasado las cosas cuando llegué a la cafetería y la decisión que había tomado para poder cubrir y prolongar un poco más nuestra relación.
—¡¿QUE HICISTE QUÉ, NAMI! —gritó Luffy levantándose bruscamente de mi lado.
—Luffy, no te enojes, yo sólo...
—¡¿Que no me enoje?! —interrumpió—. ¡Acabas de tirar todo a la basura!
—Pero...
—¡No, Nami!, la idea era que te cubriera, no que se lo creyera.
—Luffy, no tenía opción, era la única. —dije levantándome molesta—. ¿Por qué no lo entiendes? ¿O qué querías que hiciera? ¿Dejar que todo se fuera al caño? Si eso es lo que quieres dime y nos ahorramos un montón de cosas.
—No es eso, nena, es que ahora tendrás que amar a otro. —dijo sentándose frente a mí y tratando de tranquilizarse.
—¡No es así como yo lo veo! —dije acercándome a su lugar—. Me veo contigo... para siempre y de verdad lo quiero y cuando yo quiero, me arriesgo a muchas cosas.
—No sabes cuánto me duele verte besando a Ace o a otro que no sea yo, Nami, eres mía, soy tuyo, ¿por qué compartirnos con el resto? Eres lo suficiente para mí y créeme que nunca me había sentido así con alguien.
—Luffy, no digas eso, no me estás compartiendo.
—¿Entonces qué es?, ver a mi chica con otro y no poder hacer nada, ¿qué es?
—Me haces sentir como una zorra —dije con lágrimas asomándose por mis ojos y nublándome un poco la vista.
—Te prohíbo que vuelvas a referirte a ti misma de esa manera —dijo levantando mi barbilla para verme a los ojos, que por supuesto, no quería abrir—. Mírame, Nami, te amo y haré lo posible para que estemos juntos.
No pude hablar más, mi corazón se salía si hablaba, me sentía débil, impotente, zorra, dolida, confundida; sentía miles de cosas pero lo principal era miedo, miedo a alejarme de la persona a la que quiero.
—Te amo. —dijo dándome un beso en la frente
—Te... te amo, Luffy, perdóname.
—Shhh —me calló recostándome en su musculoso pecho mientras yo lloraba a moco tendido—. Todo esto pasará.
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Me quedé dormida y me acostó en mi cama. Me besó la frente y se dispuso a salir de la habitación pero lo sentí, lo llamé y se acercó.
—¿Qué pasa, princesa?
—Quédate a dormir conmigo
—No creo, sabes que cuando estoy en una cama contigo, no es para dormir.
"Exacto."
—Quédate —insistí—. Por mí.
Se quedó pensativo y después de un momento asintió. Fue hasta su habitación y trajo su pijama, que era simplemente una pantaloneta. Se quitó la ropa y se metió en la cama conmigo. Lo abracé como a un osito. Su musculoso y estructurado cuerpo era perfecto.
—Estás caliente, perfecto para este frío.
—Dicen que es mejor si te quitas la ropa —dijo sonriendo.
—Sí, eso haré —me levanté pero me detuvo—. ¿Qué pasa?
—Si haces eso, no terminarás dormida
No hice caso a sus palabras y me levanté con una sonrisa. En realidad necesitaba cambiarme, tenía la ropa del día y me sentía incómoda. Me quité toda la ropa mientras Luffy me miraba y sólo me dejé las bragas. Me dispuse a meterme en la cama.
—También estás caliente —dijo
—Sí, pero no como tú.
Sonrió.
Me besaba y susurraba que me amaba y era suya. Cada beso y caricia suya era gloria para mi cuerpo. Empezo primero por mi cuello y fue bajando lentamente hasta que deje de verlo para luego sentir enorme placer, no entendia como pude vivir sin el desde el principio, el era único y era todo mio, pude sentir como subia de apoco junto a sus manos, que recorrían mi cuerpo de una manera experta, cada contacto con mi piel me calentaba cada vez mas y no podía dejar de pensar en tenerlo dentro mio pronto, después de que terminase aquello volvió a mirarme con aquellos ojos que amaba tanto. No sabia por que pero el me hacia sentir miles de sensaciones al estar a su merced. No paso mucho tiempo después de que entrara en mi de una forma diferente a nuestra primera noche pero igual al resto de las demás, su manera tan delicada pero igualmente decidida me hacia sentir en las nubes, de a poco fue subiendo la intensidad del vaivén y disfrutábamos de ello ambos. Durante esos minutos me olvidé de todos mis problemas, desánimos y sufrimientos. Sentía mi cuerpo arder bajo el de él y sentía un amor que nunca había sentido por alguien. Luffy lo era todo para mí. Cada vez que sentía su toque, sus besos, su cuerpo; era diferente. No es nada monótono. Sus brazos encajaban perfectamente con las partes menos expuestas de mi cuerpo y yo sentía cosas que no sabía explicar. Entraba en mí y mi piel dejaba caer gotas de sudor que se mezclaban con las de él.
Después de un descanso, me quedé acostada sobre su pecho, admirando la parte inferior de su cuerpo.
—Gracias por perdonarme —musité
—No hay nada que perdonar.
Nos quedamos unos minutos callados y pude escuchar sus ronquidos. Admirarlo era una felicidad para mí, lo besé y me acomodé bien para dormir. Antes de hacerlo, lo analicé, se veía tan hermoso, despelucado, sexy, perfecto. Era el padre de mis hijos, definitivamente.
El padre de mis hijos, el padre de mis hijos, el padre de mis hijos.
Por alguna razón esa frase me rondaba en la cabeza. Después de pensarlo bien caí en cuenta y me levanté de golpe.
—¡Maldición! —exclamé—. ¡No usamos protección!
Empecé a alterarme y salí de la cama manoteando y cogiéndome la cara, luego me tranquilicé y pensé en que tal vez no pasaría nada pero sin embargo tendría que tomarme las pastillas.
—¡Luffy! —le dije al oído muy despacio, pero al ver que no daba señales de vida le grité: — ¡Despierta, Luffy!
—¿Qué pasó? —gritó levantándose rápidamente de la cama y apretando los puños.
—Luffy... —dijo riéndome al ver su reacción porque parte de mi diario vivir es burlarme de él—. No usamos protección.
—¿Qué? —exclamó—. ¡Oh, rayos, claro que no lo usamos!
—¿Crees que esté...?
—Puede que no, pero tenemos que tomar medidas antes de que sea demasiado tarde. —se sentó en la cama respirando y calmándose—. ¿Qué hora es? —preguntó levantándose de la cama y arreglando su cabello.
—Las tres de la mañana —respondí
—Iré a hacer algo.
Y se fue dejándome sola en la habitación ahogada en mis pensamientos. Tenía miedo de poder estar embarazada, no podía si quiera pensarlo. El imaginarme con un bebé era aterrador. No era el momento para hacerlo y no tendría con qué mantenerlo, era hasta ahora una niña y no podía dejar que toda mi vida se centrara ahora en la responsabilidad de un bebé y ahí la importancia de siempre cuidarse.
De repente me dieron ganas de comer y salí a la cocina. Estaba casi sin ropa así que me puse una camisa de Luffy. Entré a la cocina, tomé un vaso de leche y busqué un pan, busqué, busqué y busqué el pan pero no encontré más que unas galletas, así que decidí preguntarle a Luffy.
Busqué a Luffy por toda la casa y casi no lo encuentro, lo escuché hablando por celular en su habitación, iba a girar la perilla pero...
"Lamento haberte despertado es que, sólo quería escuchar tu voz y recordarte que eres muy hermosa y me alegro de haberte conocido. Gracias por todo este tiempo y ya… sí,Margaret, te quiero, chau."
Le escuché decir.
Sentí que el aire me faltaba y que me habían clavado una espada en el estómago. Esto tenía que ser imposible. Mis ojos empezaron a derretirse y a botar lágrimas, muchas lágrimas. Mi boca no podía cerrarse y sentí que mi corazón se iba a salir, mis rodillas temblaban y mi respiración se hacía más pesada.
Luffy salió con una triunfante sonrisa en la cara y al verme llorando, en la puerta de su habitación y sin aire, inmediatamente su sonrisa se borró.
—Nami… ¿estás bien?
—¡¿Crees que estoy bien, imbécil?!
—Oye... —dijo tocando mi rostro—. Yo...
—¡Cállate, no quiero escuchar más mentiras! —dije manoteando para quitar su mano de mi cara.
—Yo te am...
—¡QUE TE CALLES, ESTÚPIDO! HARÁS QUE ESTO SEA MUCHO PEOR, SÓLO LLÉVAME A LA HABITACIÓN. —no podía caminar porque las piernas me flaqueaban y sentía el pecho doloroso, no tenía ánimos siquiera para caminar.
Sin decir ni una sola palabra y con expresión de tristeza me levantó, —como a una novia en la boda— y me llevó a mi habitación. En esos momentos no lloré sino que lo miraba con mucho rencor, estaba colorada del malgenio.
Llegamos a la habitación y me acostó en la cama. Rápidamente me acomodé de medio lado lista para dormir, cerré los ojos esperando escuchar la puerta cerrarse, pero sentí unos labios en mi mejilla, al instante empecé a manotear a Luffy y me limpié la mejilla.
—¡Lárgate!—espeté—. ¡Ahora!
Luffy obedeció y pude ver como sus ojos brillaban más de lo normal al irse. Cerró la puerta y caí en llanto.
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Abri los ojos lentamente y ya estaba claro, de día, los pájaros cantaban y el sol brillaba, me retorcí en señal de pereza y sonreí por el bello nuevo día. Estaba en la comodidad de mi cama y con mucho calor, como si estuviera acompañada... Y ¡sí que lo estaba!
¡Luffy estaba a mi lado!
Grité y cogí una almohada y lo empecé a golpear.
—Hola, mi amor —dijo levantándose y sonriendo—. ¿Tan temprano quieres jugar?
—¡Luffy, lárgate de mi habitación!
—¿Qué? —frunció el ceño—. ¿Por qué?
—¡No seas descarado!
—Nami, ¿de qué hablas? —dijo con tono burlón.
—¡No te burles, estúpido!
Esta vez empezó a reír con más fuerza y eso me dio muchísima rabia, tanto que empezaron a bajar lágrimas de mis ojos.
—¡Vete, Luffy, no quiero verte más!
—Mi amor, no sé qué te pasa pero ya me está preocupando.
—¿No recuerdas lo que pasó anoche?
—Claro… —dijo de una manera obvia y pícara, sonrió y luego desapareció su sonrisa—. ¿Te... te lastimé?
Fue cuando mire mi cuerpo y estaba desnuda, completamente. Anoche, después de la pelea, me había acostado con su camisa. Había tirado todas las almohadas y hasta había roto una de la rabia, pero todo estaba como antes. Luffy no pudo haber entrado porque cerré la puerta con seguro, y fue cuando entendí que todo había sido un jodido sueño, o mejor dicho, una pesadilla.
—¡Ay, Luffy! —dije tirándome a la cama y volviendo a respirar.
—¿Ya estás mejor? —preguntó y me besó.
—Sí, sí, ya lo estoy.
—Parecías loca. —dijo burlándose.
—Gracias.
—¿Por qué estabas así?
—Tuve una pesadilla que me parecía muy real, por eso actué así.
—¿Era el villano de tu sueño? —rio
—Sí, algo así. Soñé que me engañabas con una tal... Margaret.
Luffy, al escuchar ese nombre se puso muy tenso y apretó su mandíbula, se levantó de mi lado y su mirada se puso… diferente.
—Cámbiate, Nami.
—¿Qué te pasó?
—Ya es tarde llegarán nuestros padres. —dijo mientras se ponía la pantaloneta.
—¿Y a qué viene eso, Luffy?
—¡Cámbiate!
—Pero...
—¡Haz lo que quieras!
Y diciendo eso salió de mi habitación cerrando la puerta muy fuerte a su paso. Me quedé frunciendo el ceño y mirando a la puerta como por diez minutos. ¿Qué pasó?, ¿por qué hizo eso?, ¿por qué ese comportamiento tan raro después de decir ese nombre? Margaret.
Me tiré a la cama soltando un grito de desesperación. Me levanté y me metí a la ducha.
Continuara…
Wow, que les parecio… dentro de poco les traeré la continuación asi que no desesperen, hoy estoy libre de cualquier cosa y decidi usarlo… ;) :)
