Edward llegó al trabajo veinte minutos tarde esa mañana.
Se había quedado arriba del auto, considerando cuál sería la mejor manera de disculparse.
Sí, disculparse. Después de todo, él había sido el idiota en aquella situación, ¿Verdad?
No podía creer que había tratado a Bella como lo había hecho.
Había estado despierto toda la noche, preguntándose por qué le dolía tanto el pecho. Porqué sentía como si el mundo se le cayera encima.
Luego de horas, lo comprendió.
Amaba a Isabella Swan. Adoraba todo de ella.
Su testarudez, su dulzura, su delicadeza.
Toda ella.
Y la había tratado tan mal…
Diablos, cómo se arrepentía de haber sido tan estúpido.
Caminó hasta su oficina todo lo rápido que pudo.
Todavía no tenía idea de cómo la enfrentaría. Todo dependía de cuán enfadada estuviera su castaña.
Si es que seguía siendo su castaña…
Por favor, Bella…No estés tan enfadada. Soy un idiota, y lo sabes. Perdóname, por favor.
Abrió la puerta de su despacho, pero no encontró a Bella en su escritorio. Frunciendo el ceño, caminó hasta dentro de su oficina, y se paró en seco.
Había un papel allí, esperándolo. Y tenía el nombre de Bella en él.
Lo tomó con las manos algo temblorosas, y releyó el documento una y otra vez.
Era una carta de renuncia.
No. No. No. Bella no podía renunciar. No podía dejarlo.
¡Mierda! En un repentino ataque de furia, hizo trizas el documento y lo arrojó lejos.
Isabella no podía irse. No.
Consternado, recordó la forma en la que le había gritado ayer.
¡Isabella, vete!
Recordó la crispación en el rostro de su castaña, las lágrimas inundando sus ojos.
¿Por qué? ¿Por qué había sido tan imbécil?
Se apoyó, abatido, sobre su escritorio.
Se había ido.
Su Bella. No…
No la dejaría irse así como si nada. La buscaría, la encontraría y la traería de vuelta.
Rayos, sí.
-Luke, necesito que busques algo. El domicilio de Alice Brandon. Trabaja aquí, pero está de baja. Sí, bien…-Esperó, dando vueltas alrededor de su oficina, más nervioso de lo que había estado nunca. En cuánto Luck le pasó la dirección, cortó la llamada y caminó fuera de allí.
-Señor Cullen, necesito hacerle unas preguntas sobr-
-Ahora no puedo. Las contestaré luego, ¿Bien?-Edward ni siquiera desaceleró cuando la muchachita rubia se le cruzó en frente, batiendo mucho las pestañas y luciendo una sonrisa algo escalofriante.
-Oh, bi-bien, señor…-La muchacha se quedó detrás, mirándolo con el ceño fruncido, ¿Qué le pasaba a su jefe? Nunca se fijaba en ella. Menudo idiota. Dio media vuelta, decidida a encontrar a alguien que sí mereciese su atención, y se encaminó a la oficina de James.
Mientras tanto, Edward se montaba en su Volvo y salía despedido del estacionamiento como un poseso.
Necesitaba llegar junto a Bella, y necesitaba hacerlo ya.
A pesar de no estar tan lejos, el camino a la casa de Alice Brandon se le hizo eterno, y cuando por fin aparcó en la acera de la pequeña casa blanca, se sintió mucho más nervioso que antes.
¿Y si Bella lo mandaba a volar? No sería tan raro, después de todo.
Haciendo acopio de todo su valor, se bajó del coche e hizo sonar la campana de la impecable casita.
Alice Brandon abrió la puerta con una enorme sonrisa en el rostro, la cual se borró en cuanto sus ojos se clavaron en él.
-¡Tú!-Exclamó, abriendo los ojos como platos.
-Sí…yo.-Respondió, sin saber muy bien que hacer a continuación.-¿Está Bella aquí?
-¿¡Cómo te atreves!? ¡Luego de lo que le hiciste! ¡Menudo idiota!
Edward abrió la boca para protestar, pero volvió a cerrarla por dos razones.
La primera, era que Alice tenía razón.
Y la segunda…Bueno, digamos que la amiga de Bella enfadada le daba miedo a cualquiera.
-Lo sé, yo…-Rodó los ojos. ¿En dónde diablos había quedado el Edward al que todo le importaba una mierda?-Necesito ver a Isabella. ¿Está a aquí o no?
-No.
Quedó descolocado durante unos segundos.
-¿No?
-No.
-¿Y dónde está? Renunció…
-Lo sé. Y fue por tu culpa.-La pelinegra se cruzó de brazos, mientras no dejaba de censurarlo con la mirada.
Edward bufó.
-¡Ya lo sé! Solo…¿Puedes decirme dónde está?
-Oh, claro, porque soy tan estúpido como para decírtelo a ti.
Edward frunció el ceño, y luego una idea se le vino a la cabeza. Sonrió, como un animal que por fin consigue acorralar a su presa.
-Brandon, no sé si lo recuerdas, pero tú eres mi empleada-Le dijo, haciendo énfasis en la palabra 'empleada'.-Así que si yo fuera tú, ya habría desembuchado el paradero de esa terca amiga tuya.
Alice frunció el ceño, irritada al verse acorralada.
-Yo…-Dudó, visiblemente indecisa.
Para presionarla todavía más, Edward se inclinó hacia adelante, encaramándose en el marco de la puerta.
-Dime dónde está.-Exigió.
-¿Sabes? No podrías despedirme por esto. No es legal.
-¿Realmente crees que me importa si es legal o no?
Alice frunció los labios, repazando a su jefe con la mirada. Menudo idiota…
-Isabella está en Forks, Washington. Tomó el avión esta mañana.
Edward se enderezó, sorprendido.
-¿Por qué hizo eso?
Alice se encogió de hombros.
-Necesitaba un tiempo. Alejarse de toda esta mierda, especialmente de ti.
Edward frunció el ceño.
-¿Por qué no habló conmigo antes?
-¿De verdad eres tan idiota como pareces? ¡Ella quiso hablar contigo ayer! ¿Y qué hiciste tú? ¡La echaste de tu casa! Eres un…un…-Alice bufó, exasperada. Aparentemente sin encontrar una palabra lo suficientemente mala.
Así que Bella se había ido.
Edward quiso pegarse la cabeza contra algo en ese instante.
-Adiós, Alice.-Se giró para volver a su coche, ignorando los gruñidos de la pelinegra, y también el portazo que pegó.
Bella se había ido.
Se había alejado de él.
Se dejó caer sobre el asiento del conductor, y puso en marcha el coche como un autómata.
Se había ido.
Y él no la dejaría escapar tan fácil. Por supuesto que no.
Isabella estaba muy equivocada si pensaba que se había librado de él.
.
.
.
Bella volvió a sonreírle a su madre.
-Mamá, ya deja de llorar.
-Es que…Hace tanto que no te veía. ¡Te extrañé tanto, mi niña!-Renee volvió a abrazarla, derramando unas cuantas lágrimas sobre su blusa.
-Lo sé, y lo siento, mamá. Pero ahora estoy aquí…Alégrate-Susurró, intentando esbozar una sonrisa. No lo logró.
Gracias al cielo que su madre no era para nada observadora, porque se levantó de un salto, secándose las mejillas con los bordes de su sweater.
-¡Tienes razón! Iré a cocinar algo mientras esperamos a tu padre.-Se fue andando hacia la cocina, murmurando algo acerca de una agradable sorpresa y de lo feliz que estaba.
Bella se recostó sobre el sofá, inspirando hondo.
Todavía no sabía si venir a Forks había sido una buena o una mala idea.
El viaje en avión se había pasado tan rápido, y de repente, estaba aquí de nuevo. En este pueblecito que siempre la había hecho sentir ahogada.
¿Pero a dónde más podía ir? Necesitaba huir. Necesitaba alejarse de todo.
Y aquí estaba de vuelta…
Suspiró, mientras se masajeaba las sienes.
Cielos, cómo lo extrañaba.
En el avión había pensado. Había pensado tanto, que al fin había caído en la cuenta de una cosa.
Amaba a Edward Cullen.
A ese hombre celoso, testarudo, sarcástico y tan, tan hermoso.
Pero él la había echado. Literalmente.
¿Qué podría hacer en contra de eso?
¿Llorar? Ya lo había hecho. Toda la noche.
A la mañana siguiente, cuando dejó la carta de renuncia sobre su escritorio, rezaba porque Edward no apareciera por allí, porque sabía que si lo hacía, ella caería rendida en cuanto él dijera dos palabras.
Otra parte de ella, muy en el fondo, se había sentido muy decepcionada cuando él no apareció.
Pero era mejor ignorar todo eso, se dijo, sacudiendo la cabeza.
Quizá, si se quedaba aquí, hasta podría comenzar a trabajar en la tienda de su madre.
¡Oh, que felicidad!
Sí, claro.
Frustrada, se decidió a hablar sobre ello con su madre.
Su futuro ahora no parecía más que una mancha negra y borrosa frente a ella…
.
La cena pasó rápido, entre la cháchara incansable de su madre y los pocos comentarios de su padre.
Ya eran las diez de la noche, y a pesar de no tener sueño, Bella estaba a punto de irse a la cama. Había olvidado lo insoportable que podía llegar pasar un día entero junto a su madre.
La adoraba, pero pasar demasiado tiempo con ella era agotador.
-Yo me retiraré a la cama, mamá…
-¿Tan temprano? Planeaba el álbum de fotos familiares contigo-Protestó, mirándola quejumbrosa.
-Sí, ya sabes…El viaje y todo eso.-Bella se encogió de hombros-Quizás mañana.
-Oh, claro, sí.-Ambas miraron hacia la puerta en cuando el timbre sonó. ¿Quién podría ser a esas horas?-Bells, cariño, ¿Podrías abrir la puerta?-Su madre levantó sus manos jabonosas, y Bella asintió.
Caminó hacia la puerta, y la abrió sin siquiera mirar por la mirilla.
Recordó cómo su madre la retaba cuando era una niña y hacía eso cada vez que atendía a la puerta.
Se le abrieron los ojos como platos cuando levantó la vista.
Edward Cullen le devolvió la mirada desde el porch de su casa.
.
¡Oh, Eddie fue a buscarla! Muero de amor.
¿Les ha gustado el capítulo? El próximo capítulo ya será el último, y luego de eso solo queda el epílogo. De verdad espero que les guste, y lamento mucho haber tardado tanto en actualizar. Estaba sufriendo un bloqueo enorme con esta historia, y melworren me ayudó muchísimo. ¡Gracias, de verdad! Y muchas gracias a quienes leen y comentan esta historia también, son increíbles.
Un enorme beso para todos ustedes. Emma.
