Disclaimer: Todo esto no me pertenece, si no al genial Kishimoto. Solo me pertenece esta historia y algunos de los personajes de mí alocada imaginación.


Un Mundo donde estés presente


Cálido y Frío


Dedicado a Atadalove por su cumpleaños que fue el 18 de Noviembre. Espero que lo hayas pasado bien ^^.


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Sakura se despertó con un dolor de cabeza inmenso, tanto que por un momento pensó que se había dado un golpe contra el suelo, o alguien había roto una botella en su cabeza, lo cual no podía ser tan lejano a la verdad, al haber estado el día anterior bebiendo como maníaca y golpeando a quien alcanzase sólo por perder el control. Con un leve gemido se sentó sobre la cama, apretando entre sus manos las sabanas blancas, haciendo un gesto de dolor. La cabeza le punzó, así que con rapidez se llevó las manos a las sienes, masajeándolas. Sentía que la cabeza le explotaría. Joder, ¿en qué maldito momento se le ocurrió desquitar sus penas con licor? Ah, sí, desde que era discípula de la legendaria perdedora y bebedora. Bueno, ya tenía una lección más que aprender, no dejarse llevar por impulsos. Aunque no importara cuanto se lo repitiera, al final siempre acababa en un bar, ocasionando destrozos. De verdad que su shishiou le había pegado completamente esa manía.

Un suspiro resignado escapó de sus labios.

Entonces recordó todo. Abrió los ojos, haciendo una mueca de desconcierto. ¿Por qué rayos estaba en el departamento de su maestra? Tsunade le había echado sin consideración el día anterior, y no recordaba nada mas allá de haber golpeado a los hombres que se interponían en su camino a su preciado sake. ¿Preciado sake? Se repitió casi al instante, haciendo otro gesto de dolor ante las punzadas de su cabeza, oh, dios, estaba cada vez peor en su vicio por el alcohol. Maldita sean las veces en las que tomó tanto que terminó por acostumbrarse. Lo único bueno que salió de eso, es que a pesar de levantarse con la cabeza explotándole, no había soñado nada extraño, ningún recuerdo agrio de la guerra, nada que le redujera a las lágrimas.

Aunque eso no significaba que en ese momento, no tuviera presente a sus amigos.

—Ino —susurró para sí misma, con melancolía.

Saltó sobre su sitio cuando la puerta se abrió de manera tan brusca, que azotó contra la pared. Mirando desconcertada, parpadeó cuando vio entrar a Tsunade con una bandeja con dos tazas de café y unos pastelillos, tenía puesto un delantal blanco con flores. La rubia arqueó las cejas al verle despierta. Un hombre de cabello lila largo, y ojos verde musgos entró tras ella con una sonrisa comprensiva y cálida, era muy guapo. La pelirosa ladeó la cabeza con curiosidad, si no se equivocaba estaba mirando por primera vez en su vida a Dan Katō. El novio de su maestra, que murió durante la guerra, causando la hemofobia que su maestra sufría años antes de que conocer a Naruto le sanara. Él también fue uno de los revividos por el Edo Tensei por Kabuto durante la cuarta guerra ninja, Shikamaru se lo había comentado.

—Qué bueno que estás levantada, mocosa —saludó la sannin, caminando y sentándose a su lado, dejando la bandeja a un lado de la cama, e ignorando su mueca de sorpresa —. Si no te hubiera levantado a gritos. Éste es Dan Katō, mi novio —presentó con un leve asentimiento —. Ella esa Sakura Haruno, mi futura discípula —hizo la presentación al hombre que sonrió amablemente. Ella por su parte no reaccionaba. ¿Su futura discípula? ¿Eso quería decir que si la aceptaba? Y ¿Le había revelado la verdad a Dan?

—Mucho gusto, Sakura —saludó Dan.

—H-Hola —atinó a decir sin dejar de sujetarse la cabeza, mirando aturdida a los dos.

—Te debe doler la cabeza por la borrachera que te tiraste, niña —dijo en tono burlón —. Preparé café, Dan me ayudó con los pastelillos. Come —ordenó.

Asintiendo mansamente, sin saber que mas hacer, bajó las manos lentamente, haciendo ligeras muecas de dolor aun, y cogió la taza de café entre sus temblorosas manos. El primer trago amargo le hizo hacer un gesto de rechazo, pero al ver la cara de su maestra se lo terminó rápidamente, no vaya ser que la hiciera enojar. Después siguió con la segunda taza de café, que a pesar de la amargura le sentó mejor. Aunque no completamente aliviada, ciertamente el café amargo redujo algo del dolor. Suspiró acomodándose mejor sobre la cama, y entre las almohadas suaves cogió uno de los pastelillos y le mordió ligeramente, tragando con cautela, su maestra nunca había sido la mejor cocinera, de hecho Shizune era la que se ocupaba de eso siempre. Pero los pastelillos eran deliciosos, seguramente más que ayudar, Dan los hizo todos.

Después de unos minutos terminó todo, sintiéndose ya lo suficientemente bien para levantarse. Lo único que le incomodaba era que Tsunade y Dan seguían mirándola fijamente, como esperando que de un momento para otro comenzase a gritar, o que tirara las cosas y las rompiera. Tal vez se debía a que hizo eso el día anterior.

—Iremos al hospital —dijo Tsunade mirando al techo —. Eres medic-nin ¿cierto?

Asintió.

—Entonces trabajaras conmigo —la rubia la miró a los ojos —. Quiero saber cuánto has aprendido. Así que niñata en media hora te quiero ya lista y cambiada.

Dan rió nerviosamente.

—Pero…yo —Sakura bajó la mirada, sus ojos se nublaron de lágrimas —. No sé si sea capaz. Mi mejor amiga murió en mis brazos. Mi maestro fue asesinado ante mis ojos —susurró sin mirarles, pero sintiendo como ellos dos le observaban con intensidad —. No he probado nada, pero mi rendimiento como ninja médico pudo haber decaído tras eso — lo decía en serio, no estaba preparada aún para ver sangre, y heridas extremas. Curó a todos cuando llegaron ahí, pues las heridas eran insignificantes, curó a Naruto tras la golpiza de su maestra, pero sólo fueron huesos rotos, nada más. Sin embargo ella misma se había sentido incapaz de ayudar a Mikoto, no quería arriesgarse a tener más vidas en sus manos, y no poder hacer nada. No quería peso sobre su consciencia.

—Tsk. Era una guerra —soltó Tsunade parándose sin mirarla y deteniéndose en la puerta —. Algo así tenía que suceder, no te puedo culpar. Pero encerrarte en ti misma te hará daño, debes salir adelante, ellos…no hubieran querido que te lamentaras el resto de tu vida, mocosa. Y lo único que puedes hacer, es perfeccionar tus técnicas, de esa forma impedirás perder a los que amas.

Diciendo eso salió, Dan le echó una hojeada y tras eso, siguió a su novia, cerrando la puerta de forma silenciosa.

Cerró los ojos al sentir como las lágrimas se deslizaron por su cara. Siempre era así, terminaba llorando. Y ella que pensaba que sus lágrimas debían haberse secado después de tanto que las usó. Pero sabía que su maestra tenía razón, tenía que seguir adelante, pues si no hubiese sido Sasuke, otros los habrían matado, tal vez no a todos, pero con seguridad a muchos de ellos. Aunque eso no justificaba en nada al Uchiha, en nada. Dio una mirada al reloj que tenía al lado, eran las nueve de la mañana. Se ducharía, se cambiaria y entonces iría al hospital, tal vez sirviese para algo, y de paso estaba pendiente de Mikoto. La culpa por el casi aborto de la mujer, seguía presente en su interior, y no estaría tranquila hasta asegurarse que Mikoto e Itachi estaban completamente bien. De hecho no dejaría de estar pendiente de Mikoto, hasta el nacimiento de Itachi, sentía que le debía eso por lo menos.

Se limpió las lágrimas con el dorso de las manos y bajó tambaleante, sintiendo como todo daba vueltas. Tuvo que dejar pasar unos minutos antes de que todo se restableciera, y pudiera seguir su camino. Entró al baño, dejando que el agua tibia despejara parte de su frustración y se llevara las penas y tristezas por unos minutos.

Al salir, se envolvió en una toalla, encontrando un conjunto de ropa doblado cuidadosamente sobre la cama tendida. ¿Su maestra lo hizo? Nunca había sido fanática de la limpieza, y menos del orden ¿Dan, tal vez? Bueno, encogiéndose de hombros se puso delante del espejo, observándose, pensaría en eso en otro momento. No tenía herida alguna de guerra, por lo menos ninguna grave; puesto que siendo medic-nin su papel había sido cuidar de los demás. Algo llamó su atención antes de que diera vuelta para cambiarse.

No era su cara pálida y ojerosa.

Tampoco sus ojos jades vacíos y tristes.

Menos el moretón que tenía en el brazo, producto del fuerte agarre de Sasuke el día anterior.

—No me había dado cuenta del tiempo transcurrido —susurró para sí misma, cogiendo un mechón de su cabello rosado, que ya le caía un poco mas debajo de los hombros.

¿Sabes Ino-chan? A Sasuke-kun le gustan las chicas de cabello largo.

Rió de sí misma al recordar eso. ¿Quién había esparcido ese rumor ridículo? No lo sabía, pero todas habían picado el anzuelo. Ella ya tenía claro que un hombre no escogía a una mujer por su cabello, la escogía por su fortaleza y sus habilidades, por la capacidad de hacerle feliz. Y ella había sido tan estúpida para romper su amistad con Ino por algo tonto y sin sentido. Cuanto se arrepentía de eso, pues nunca le gustó el cabello largo, si algún día se lo dejó crecer fue por Sasuke, por nada más. Más que todo, porque fue ella quien lo hizo, porque incluso Ino sabiendo de su gusto por Sasuke, mantuvo el suyo en secreto.

Me han dicho que te gusta Sasuke-kun, Ino. —había sido la primera vez que no añadió el sufijo cariñoso —. ¡A partir de ahora seremos rivales!

Otras lágrimas rodaron por sus mejillas. Si pudiese, hubiera retrocedido el tiempo, y nunca haber hecho eso. Ino siempre fue su mejor amiga, ella murió para salvarle. Y no pudo hacer nada, sólo observar como moría, ahogada en su propia sangre. En ese tiempo que tenía una nueva oportunidad, intentaría remediar eso. Si todo salía como pensaba, las oportunidades de que se quedaran con el futuro que reconstruirían eran bastantes. Seguiría despistando al Hokage, hasta que Sasuke y Naruto tuvieran lo que deseaban, mientras no diría ni una sola palabra de sus sospechas, lo mejor era que siguieran creyendo que no tenía idea de cómo llegaron allí. Tan sólo era una manera de escapar de su realidad, pero ya era algo, haría hasta lo imposible para que el esfuerzo que hacían para cambiar todo, no fuera en vano.

Por Ino, por Kakashi-sensei y todos los demás.

Se los debía.

Limpió sus lágrimas y se cambió.

Dan y Tsunade conversaban entre susurros cuando ella salió de la habitación ya lista, y con el cabello más corto que antes, a la altura de la barbilla, con las puntas ligeramente cepilladas hacia arriba. Dan se despidió de ellas, dándole un beso en los labios a Tsunade, y desapareciendo en una nube de humo.

—Serás mi mano derecha —comentó Tsunade mientras caminaban por la aldea —. Espero que no me decepciones.

—No lo haré —murmuró bajamente. Le incomodaba la ropa que usaba. No lo decía por el short, pues estaba acostumbrada a usar eso, pero la blusa blanca ajustada, dejando ver un ligero escote le incomodaba sobremanera. No tenía el cuerpo de Ino o Hinata, pero se había desarrollado un poquito más y no le gustaba como la blusa le apretaba el busto. Suponía que siendo ropa de su maestra de más joven, debía esperar algo así.

El bullicio de las personas que caminaban en sus labores cotidianas, le distrajo de su queja mental sobre el tipo de ropa que usaba. Algunos se paraban y saludaban educadamente a su maestra, la cual daba un seco asentimiento sin prestar mucha atención. Bueno, si era la gran Tsunade Senju, la nieta del primer Hokage, una sannin, la mejor médico de las cinco naciones, no podía esperar otra cosa.

— ¡Buen día, Tsunade-sama! —saludó alegremente una joven de largo cabello rubio y brillantes y coquetos ojos azules. Llevaba puesto un conjunto celeste pálido, un top, y por encima de este un polo de mallas; un short negro y encima una falda celeste también, como el que ella usaba antes. Llevaba calentadores en los antebrazos.

Sakura parpadeó al ver la sonrisa de medio lado en el rostro de Tsunade. Volvió a fijar su mirada en la joven, temblando. Era hermosa, demasiado. Su cabello rubio platino le caía en forma de cascada hasta la fina cintura. Sonreía de forma ligera y traviesa. El aire coqueto que despedía le hizo retroceder aturdida. No bastaba más. A pesar de que llevara el cabello suelto, sólo sujeto por dos ganchitos a cada lado de la cabeza, no la diferenciaba mucho, o nada.

Ino.

No, no era ella.

Pero era lo mismo que sucedía con Hinata y Hana, que eran como dos gotas de agua. Como Minato y Naruto. Incluso como Mikoto y Sasuke. Era tan igual a Ino, que dolía. Porque verla sonriendo le hacía recordar a su amiga, a su hermana.

—Hikari —saludó Tsunade burlona —. ¿Dónde está Inoichi? ¿Coqueteando con alguien más?

La rubia frunció el ceño, con las manos en las caderas.

—Si ese bastardo quiere seguir con vida, por su propio bien espero que no sea así —dijo con una aura tenebrosa rodeándole. Entonces la miró sorprendida —. ¿Quién es ella?

Tsunade la miró, notando como los ojos de ella estaban llenos de lágrimas. Con el rostro en blanco contemplaba a Hikari Yamanaka como quien ve a un fantasma. La sannin al instante borró la sonrisa, Sakura parecía que estaba a punto de desmayarse de la impresión. No le tomó mucho deducir la razón. Mi mejor amiga murió en mis brazos. Observó a Hikari de nuevo, y recordó el parecido que tenían esos otros chicos con sus alumnas y sus respectivos novios, quien fuera la mejor amiga de Sakura, era obvio que era una Yamanaka, o de hecho hija de la misma Hikari, tan igual a su madre.

—Sakura Haruno —presentó palmeando a la muchacha en la espalda —. Viene del clan Haruno, trabajará en el hospital.

—Oh —Hikari pestañeó con interés —. No sabía que en el clan Haruno hubieses ninjas.

—La gran mayoría se dedica al comercio —concedió Tsunade con un leve asentimiento —. Pero algunos tienen aptitudes para el arte ninja.

—Oh —Hikari sonrió amablemente —. Entonces, mucho gusto, soy Hikari Yamanaka. ¿Sabes? Tienes un nombre muy bonito, Sakura significa botón de cerezo, muy acertado por cierto —miró su cabello —, eres una hermosa flor.

Sakura significa botón de cerezo. ¿Sabes? Cuando tengas la suficiente confianza, con el tiempo serás una hermosa flor.

Un sollozo se escapó de sus labios, intentó callar, pero no pudo. De no ser porque Tsunade la sostuvo hubiera caído de rodillas al suelo. Cada vez dolía más. Cada palabra de Ino le dijo desde que comenzaron a ser amigas, se repetía como una tortura en su mente. Se sujetó a su maestra sin esperanza, sabiendo que tendría que vivir con eso bastante tiempo, hasta que el mismo curase sus heridas.

Hikari no notó nada, porque justo en ese momento sus ojos azules captaron con recelo, a su novio, metros más adelante, junto a un grupo de chicas que reían tontamente. Mascullando una despedida inentendible, se fue para calmar a su amoroso novio.

—Tienes que ser fuerte, Sakura —la sannin suspiró obligándole a caminar apoyada a ella —. Fue una suerte que Hikari no haya notado nada.

—E-Es…i-igual…—susurró la muchacha sintiéndose devastada.

— ¿A tu mejor amiga?

Asintió frotándose los ojos, sintiendo rabia ante el dolor que sentía, y su maldita debilidad que siempre la reducía a lágrimas. Los demás no habían reaccionado así ante sus personas queridas, que en ese tiempo estaban vivas.

—Tu dolor es más reciente, más fresco —le dijo Tsunade como si le leyera el pensamiento —. Ellos han tenido años acostumbrándose a eso, porque la vida fue diferente desde el principio, tuvieron otras cosas en las que pensar, en las que apoyarse. Tú que lo has tenido todo en la vida, sufres más cuando lo pierdes en un instante, que ellos que tuvieron que aprender a vivir con su sufrimiento desde pequeños.

—N-No me está haciendo sentir mejor —murmuró Sakura sonriendo tristemente.

—No era mi intención —respondió Tsunade devolviéndole la sonrisa levemente.

Limpiándose de nuevo las lágrimas, Sakura mantuvo la mirada fija en el suelo, no quería que nadie la viera así. Estaba harta de siempre romper en llanto ante la menor nimiedad, antes la causa de sus lágrimas siempre fueron Naruto y Sasuke, ahora era Ino, la amiga que murió salvándole. No sabía que más esperar, tal como lo decía su maestra, ella siempre lo tuvo todo en la vida. Sus padres la protegieron desde pequeña, le dieron amor, alegría y cariño. Sobre todo sobreprotección, por eso al igual que la mayoría de aldeanos, terminó detestando a Naruto de niña, le ocultaron la verdad de la masacre del clan Uchiha, o lo que ellos creían verdad, por eso ella cometió la imprudencia y estupidez de hablar de la soledad de Naruto a Sasuke en tono de burla después de que quedaron como equipo. Siempre era la última en enterarse de las cosas y al final a pesar de que fue para protegerla, hubiera deseado que hubieran confiado en ella un poco más, que no la hubieran protegido tanto.

Si hubiese sido así, entonces tal vez todo fuese diferente.

Ahora sólo le quedaba contentarse con lo que tenía, su ración de felicidad lo tuvo de niña, ahora de grande le tocaba sufrir.

Sacudió la cabeza, sólo debía asegurarse de la felicidad de Naruto, y la de…Sasuke, porque fue por ellos que estaban en ese tiempo. Aun no renunciaba a su resentimiento al Uchiha, puesto que era dificil, no cuando él no tuvo piedad con sus amigos, pero sabía que todo se debía a un círculo vicioso de odio y engaño. Las cosas sucedieron unas tras otras, tragedias tras tragedias, y el odio de Sasuke no era del todo injustificado. Aunque sea merecía algo de felicidad.

Ajena a todo eso, ella no pudo sentir las penetrantes miradas de dos personas, que desde diferentes lugares, le evaluaban con interés.

Comiendo pastelillos en la tienda de los Akimichi junto a sus amigas, Akemi Haruno escrutaba con sus ojos castaños el lugar por donde ambas mujeres caminaban apoyadas una a la otra. Se sentó mejor, cruzando las piernas y acomodándose la falda; apenas escuchó las risitas tontas que soltaban sus amigas mientras coqueteaban con los chicos que entraban en la tienda. Tenía suerte que la tienda Akimichi tuviera un pequeño salón donde podían sentarse a comer ya sea dentro, o afuera bajo la luz solar, el punto era que desde su lugar, protegida por el cristal desde dentro, observaba la singular escena con recelo. Nunca le tomaba interés a las cosas de los ninjas, puesto que su clan o más bien dicho familia no se dedicaba a eso, la máxima relación que tenían con el mundo Shinobi era que comerciaban las armas, kunais y ese tipo de cosas. Eran contables los pocos Haruno que se convertían en ninjas, y aun así el máximo rango a que llegaban era a chunnin, ellos no tenían madera para un mundo tan duro y sangriento. Pero algo si sabía, y era que para la sannin Tsunade sólo había ciertas cosas importantes, esas eran el Tercer Hokage, sus dos compañeros de equipo, su novio, y por ultimo sus alumnas con sus respectivos novios. Normalmente era cortante y algo egoísta, era su manera de ser, algo cínica. Pero allí, estaba, prácticamente ayudando a una chica que nunca antes había visto en la aldea, casi preocupándose por ella. Tenía suficientes razones para pensar que era extraño. Pero por sobre todo, era esa chica, de cabello rosado y ojos jades.

Nunca antes la había visto en la aldea, alguien con un cabello de ese color llamaba la atención, ella lo sabía por experiencia. Lo que más le inquieta, era el interés que le despertaba aquella muchacha, desde que la vio el día anterior, no podía dejar de tener esa sensación de que conocía, de hecho de que debía estar cerca de ella y cuidarla. Era extraño, le causaba algo que podía llamar sin duda alguna instinto maternal, ¿Pero como rayos iba ser eso? Ella tenía apenas dieciséis años cumplidos, y aquella joven se veía algo más mayor, tal vez por uno o dos años, no sólo por su físico sino también por su expresión. Quería saber más de ella, se había convertido en una necesidad insana, ¿Qué mas podría ser? ¿Por qué quería averiguar tanto sobre otra persona?

—Aquí tienes querida —una muchacha rolliza, de su edad, con una dulce sonrisa se le acercó, trayendo unos pastelillos que se veían sabrosos a simple vista.

Akemi cabeceó suavemente, sin despegar su vista de Tsunade y la chica de cabello rosa. Entonces tuvo una idea. Alzó la vista viendo como Chitsu Akimichi terminaba de acomodar los pastelillos para irse.

—Chitsu-san ¿Sabe quién es esa muchacha?

— ¿Hm? —la dulce joven miró interrogante —. ¿Quién?

—Esa, la que está al lado de Tsunade-sama —señaló a través del cristal.

—Uhm…no, la verdad nunca antes la había visto en la aldea —murmuró Chitsu ladeando la cabeza con gesto sorprendido. Sus ojos marrones captaban de primer plano la escena tan irreal. ¿Tsunade-sama estaba siendo amable con una desconocida? Además ¿Quién era?

La pelirosa asintió frustrada, mordiendo un pastelillo y observando cómo ambas se perdían entre el mar de gente. Entonces sus ojos castaños se encontraron con unos jades, tan brillantes y del mismo tono que el de la muchacha esa. Takeshi en la tienda del frente, comprando unos dangos junto a los bulliciosos de sus amigos, la observaba fijamente. Durante un segundo mantuvo el contacto visual, después volvió su mirada hacia el gentío donde se habían perdido Tsunade-sama y su acompañante, para volver a mirarla, como diciéndole mudamente, que él también tenía mucho interés en aquella chica. No es que le gustara entablar relación con Takeshi, pero no tenía opción, si él tenía el mismo interés, entonces podía saber algo más.

De verdad, necesitaba saber más.

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~o~

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Eran las diez y media de la mañana cuando Hinata se levantó soñolienta, frotándose los ojos débilmente y mirando a su alrededor con confusión. Le llevó unos minutos acordarse de que habían quedado casi hasta las tres de la madrugada celebrando el cumpleaños de Naruto, sin contar con todo el desastre que habían causado Kushina y el mismo Naruto, peleándose como niños y tirando todo al suelo. Sonrió con nostalgia mientras se levantaba del sofá donde había quedado a dormir, hace bastante tiempo que Naruto no había sonreído como el día anterior, o más bien dicho como ese día en la madrugada. Bostezó y se estiró, colocándose las sandalias ninjas para ponerse a limpiar. No iba a dejar todo como estaba. Pero entonces sus ojos perlas miraron alrededor. Naruto estaba echado en el otro sofá durmiendo con los brazos casi en el suelo, el cabello le tapaba los ojos levemente, pero podía ver su sonrisa de felicidad. Ese día no había tenido pesadillas sobre la guerra, y ella tampoco, era un progreso para tres días que llevaban en ese tiempo. Siguió observando y sonrió al ver a sus padres acostados en una parte de la sala en un futon grande y espacioso, su padre abrazaba de la cintura a su madre, recargando su mentón sobre el hombro de su madre. Se veían tan lindos, su mamá sonreía dulcemente, con las mejillas ligeramente rosadas.

Al otro lado de la sala, también acostados en un futon estaban Minato y Kushina, los padres de Naruto, que se habían negado a irse al cuarto, habían dicho que preferían dormir también allí, con ellos. La verdad, habían estado tan cansados que no tuvieron ganas de irse hasta el cuarto para acomodarle y ponerse a pelear sobre quien dormiría allí. La pelirroja estaba de costado, con el cabello rojo esparcido sobre la almohada y sonriendo de una forma que no parecía la misma alborotadora de siempre. Minato también de costado, la abrazaba pegándola a él, protegiéndola de forma inconsciente, mantenía el rostro oculto en el largo cabello rojo, aspirando el aroma del cabello que adoraba tanto como a su dueña.

Hinata miró la escena con las mejillas rojas, se veía incluso más tierna que la de sus padres. Ahora que conocía la historia de los padres de Naruto, ambos se le hacían realmente heroicos, no cualquier hubiera tomado la decisión que ellos tuvieron que tomar, no sólo por su hijo sino también por el mundo ninja. Aun recordaba cada parte de las imágenes que el Kyūbi les había mostrado, había sentido la candidez de su amor, como la fortaleza de su decisión. Sintió la tristeza y la impotencia en ambos al dejar a Naruto sólo en el mundo el mismo día de su nacimiento, fue triste verlo, pero debió ser peor para ellos que tuvieron que hacerlo. Y aunque en ese momento dormían tranquilamente, como si no hubiera problema alguno, ella sabía que si no hacían algo, eso podía repetirse. Sería terrible. Porque esta vez ellos tenían el futuro en sus manos, y debían ir con cuidado para no cambiar las cosas para mal.

Saliendo de sus pensamientos, sacudió la cabeza.

—Mejor será…—murmuró para sí misma, quitándose las sandalias que apenas se puso.

En silencio apoyó sus pies sobre el frío suelo, con un leve estremecimiento, espero a acostumbrarse a la temperatura y finalmente sorteó todo las cosas en el suelo, para ir a la cocina, donde empezaría a limpiar. Era mejor así, hacia menos ruido, ellos necesitaban descansar, aun más después de lo de esa madrugada. Se estiró una vez más, quitándose la cómoda chamarra que su madre le dio dos días atrás, y dejándola sobre una silla cercana.

Comenzó trapeando para no resbalar, porque por el suelo estaba esparcido gran parte de la comida preparada. Kushina y Naruto jugaron a tirarse comida, no acertaron al otro, pero el suelo quedó horriblemente manchado. Recogió las cosas tiradas y las arrimó a la pequeña mesa desgastada. Cuando hubo finalizado eso, salió para esperar a que secara el suelo brillante y recogió en silencio lo más que pudo de las cosas tiradas.

Ellos se removieron levemente, mascullando cosas en la frontera del sueño, pero nada más. Debían estar cansados, y no los culpaba. Sus padres y los de Naruto todo el día se quedaron con Mikoto Uchiha, hasta que se aseguraron de que ella estaba bien. Una cosa más de la que sorprenderse, recordaba que en el futuro una de las cosas que más le inculcaron fue nunca acercarse a alguno de los Uchiha herederos, ¿Por qué? Simplemente porque si, esa era la respuesta que siempre obtenía. Admitía que eso despertó su curiosidad en el pasado, pues de reojo había mirado tanto a Itachi como a Sasuke cuando el clan Uchiha vivía (en su tiempo), aunque nunca encontró medianamente algún interés en los dos hermanos. Eran como cualquiera de su clan, perfectos en el sentido Shinobi, no era algo de lo que uno se sorprendería, por lo menos no de un Uchiha, era algo tan común y monótono que no tuvo deseos de contradecir las ordenes de sus padres. Tal vez fue esa misma razón lo que le llevó a fijarse en Naruto, ella estuvo desvalida, siempre atormentada por los reproches continuos de su falta de talento, que se dejó llevar por aquel niño que se para en mitad de las calles, pregonando que algún día sería alguien importante.

Lo admiró más que a nadie, porque ese niño al que todos despreciaban se levantaba siempre con una sonrisa, no importara lo que pasara, con una candidez y alegría que le sorprendía, pues ella siempre sucumbía a la depresión y tristeza cuando recibía algún desprecio. Nunca se rendía, es más se esforzaba al máximo para conseguirlo, no importara lo que tuviera que sacrificar. Él se esforzaba mucho, pese a que nadie le ayudaba, a que nadie le daba nada o siquiera intentaba ayudarle a superarse, pues todas las puertas siempre estaban cerradas para él. Es más ella estaba segura de que lo único que hacían era hacerle retroceder. Pero Naruto siguió adelante, y con puro esfuerzo y fuerza increíble de voluntad llegó más arriba de lo que nadie nunca soñó. Puede que también estuviera en su sangre al saber ahora quienes eran sus padres, pero teniendo en cuenta que si los aldeanos y ninjas de Konoha supieron eso lo ignoraron, había sido más el esfuerzo lo que contaba. El esfuerzo, él había salido adelante por sí mismo, callando todos los susurros malintencionados, las miradas de odio y los gestos de indiferencia.

Eso siempre le diferenció de todos, eso lo diferenciaba de un Uchiha, de un Hyuga o de cualquiera proveniente de un gran clan, donde el prestigio lo era todo, donde tenias que ser el mejor lo quisieras o no. Donde superarte y salir adelante equivalía a cumplir el capricho del destino impuesto, y no del elegido. Los otros siempre lo tuvieron todo, eran los mejores, salían adelante sin esfuerzo y eso nunca le llamó la atención, por lo menos no para ella que siendo una Hyuga, que teniendo todo no podía satisfacer las exigencias de su familia. Pero Naruto había sido su luz, aquella cálida luz que alumbró su camino y le sacó de las tinieblas de la oscuridad.

Por él se esforzó, porque quería ser como él, porque Naruto había probado que no tenías que ser un genio de nacimiento para ser el mejor. Porque bastaba voluntad para salir adelante.

¡Yo elijo mi destino, nadie decide por mí! ¡Ese es mi camino del ninja!

Sonrió. Tiempos aquellos.

—Mamá… no en la cara—susurró Naruto entre sueños, haciéndola girarse hacia él.

Los ratos del sol entraban por la ventana, dejando varios halos de luz en el piso, brillando y reflejándose en diferentes lugares, entre ellos la cara de Naruto. En ese momento pudo apreciar más que nunca el parecido que tenía con su padre, Minato Namikaze. Pero había sutiles diferencias, rasgos que marcaban también su herencia Uzumaki en el físico, aparte del comportamiento. Una sonrisa boba se extendía por el rostro apuesto del rubio, mientras este abrazaba la almohada que tenía como si fuera un oso de peluche, parecía más inocente de lo que era normalmente.

—Hinata-chan…—cuando su nombre escapó de entre sus labios, sintió como la cara se le coloreó de la vergüenza. Lo miró fijamente, esperando algo más, pero sólo masculló otra vez su nombre y dio vuelta como pudo en el escaso lugar que tenía para moverse.

Sólo fue eso, pero para ella fue suficiente.

Algo cálido se instaló en su corazón.

Tal vez el hecho, de que cada segundo que transcurría en ese tiempo, sentía que podía guardar esperanzas. Vanas quizás, pero al fin y al cabo esperanzas. Para años de haber esperado que Naruto supiera por lo menos su nombre, eso era la felicidad completa. Él se estaba fijando en ella, tal vez no con el mismo entusiasmo o interés que con Sakura, pero era un gran avance, considerando que días atrás estaban en la guerra, peleando a muerte. Era dicha pura para ella eso. Porque incluso aunque demorara meses, ella estaría dispuesta a esperar por Naruto, sabía que Sakura nunca correspondería los sentimientos del rubio, porque de lo contrario se habría hecho a un lado para permitir a Naruto ser feliz, pero no era así. Sakura no lo amaba, ella era hermosa, inteligente y talentosa, era una ninja médico, discípula de la misma Tsunade, con todo un futuro prometedor para ella al ser joven promesa en el campo de la medicina, pero para su desgracia entregó su corazón a quien no lo merecía, y jamás lograría ver a nadie de la forma en la que veía al vengador Uchiha. Tal vez estuviera resentida e incluso odiara a Sasuke, pero Hinata había sido capaz de apreciar el profundo e inmerecido amor que profesaba al chico tras aquella capa de dolor, porque ella conocía el amor mejor que nadie, mejor aun un amor no correspondido. Sakura no dejaba de amar a Sasuke Uchiha, y eso le aliviaba, porque le daba una oportunidad con Naruto.

Y quizá sonara egoísta, pero era lo mejor para ella.

Si Naruto tuviera aunque fuera una oportunidad con Sakura, para ella no hubiese ni la más mínima esperanza. Porque aceptaba la realidad tal como era, esperaría a Naruto, sanaría su corazón y le daría todo su amor. Porque lo amaba más que a ella misma.

Pestañeando terminó de levantar las cosas del suelo y suspiró, quitándose gotas de sudor de la frente. Fijó su atención en el reloj que estaba en la pared. Eran casi las once de la mañana, con razón tenía bastante hambre, pero primero terminaba de limpiar el tiradero que habían dejado y preparaba el desayuno, porque si no, no podrían comer tranquilos. Regresó a la cocina, llenando el lavatorio de agua y detergente y se puso a lavar los platos. La espuma llenó el lavadero, rápidamente pudo comenzar su trabajo, de vez en cuando parando y tomando un pequeño descanso. Después de unos minutos tomó el delantal y se lo puso, porque de lo contrario se volvería a manchar de espuma del detergente.

Sopló un mechón de cabello que le caía por los ojos, pensando que hubiese sido mejor amarrarse el cabello. Pero ya que, sólo le tocaba seguir. Cambió el agua y se dispuso a seguir con una nueva ronda de platos.

El tintineo suave de los platos levantó a Naruto de su letargo. De no ser por sus reflejos rápidos, que esta vez funcionaron, se hubiera caído de cara al suelo, como el día anterior. Adormecido se frotó los ojos con cansancio, bostezando y pensando en echarse otra vez una siestecita, al fin y al cabo sólo eran las once… ¡Las once! Sus ojos azules se abrieron como platos al mirar la hora, ¿Cómo rayos había dormido tanto? Aunque, se dijo con gesto pensativo, si habían estado hasta las tres de la madrugada tampoco era tan exagerado. Sacudiendo la cabeza, apartó la manta que le tapaba apenas, y bajó de un ligero salto, dándose cuenta inmediatamente que el lugar estaba más limpio y presentable de lo que estaba en la madrugada. Entonces volvió oír el tintineo de la vajilla siendo lavada, y supuso con certeza, al echar una mirada al sofá donde durmió Hinata, que ella estaba limpiando todo de nuevo, aunque no fuera su departamento y ciertamente tampoco su culpa el estado en el que quedo el mismo.

Se despeinó el cabello, alborotándolo más y se calzó las botas ninjas, yendo hacia la cocina sin hacer ruido, fue un logro ya que normalmente lograba todo lo contrario. Se asomó con cuidado y descubrió efectivamente a la Hyuga cambiando el agua para comenzar a lavar más platos. Sus ojos se desviaron rápidamente a las burbujas y la espuma que se formaba con el detergente, Hinata reía suavemente mientras observaba lo mismo. Con sus pálidas y menudas manos ella sopló un poco de las burbujas que bailotearon con el aire, explotando.

Algo de espuma le cayó en la mejilla, dándole un aspecto gracioso.

Sin evitarlo, explotó en risas, tropezando y cayendo sobre el piso de la cocina.

— ¡N-Naruto-kun! —exclamó Hinata sorprendida y apenada al verle reír, sin importarle haberse caído. Se limpió la mejilla rápidamente, pero sólo logró ensuciarse más.

—Jajaja, es que te ves…muy graciosa, Hinata-chan, dattebayo —Naruto siguió riendo, rodando por el piso.

Tanto empeño estaba poniendo a su risa, que al rodar sin querer llegó hasta los pies de Hinata con fuerza, y ésta con las mejillas rojas de la vergüenza no pudo esquivarle a tiempo, sólo dejó escapar un pequeño grito de sorpresa antes de desplomarse al piso, dejando caer a un lado el trapo que sostenía. Esperaba sentir el duro suelo o algo por el estilo, pero lo que no esperó al cerrar los ojos, fue sentir como unas manos fuertes le sostuvieran de la cintura y la giraron antes de que su cuerpo chocara contra el piso, cayendo sobre algo suave y reconfortable, y esas manos la volvieron a girar casi al instante, sintiendo como la aprisionaban contra el piso, mientras algo caía de la mesa, y chocaba contra la espalda de Naruto, pues estaba segura que era él quien había impedido su caída y después la giró para que lo que sea que haya caído de la mesa, no le diera encima. Hubo un momento de sorpresa y después se estremeció levemente al sentir la respiración del rubio contra su cuello, las risas ya habían cesado, y en su lugar lo reemplazó un silencio sumamente extraño.

Con las mejillas rojas, tomó el valor para abrir los ojos, encontrándose con el rostro de Naruto a unos centimetros de distancia, afortunadamente para ella, él se había erguido un poco y su respiración ya no chocaba contra su cuello, no quería pensar en su reacción de haber seguido en la misma posición. Miró sus ojos azules, que parecían irradiar casi sorpresa por lo sucedido, y aguantó la respiración, rogando no ponerse a hiperventilar en aquel bochornoso momento. Sus piernas estaban enredadas con las de él, lo notó en cuanto quiso moverse, pero sólo logró enredarse más. Por dios, sólo podía pasarle eso a ella.

Por su parte Naruto parpadeó sin entender lo que le pasaba. Toda su vida, o por lo menos gran parte de ella, se la pasó pregonando que le gustaba Sakura, e incluso que la amaba, sin llegar siquiera a entender muy bien el significado de aquella palabra. Sin embargo en aquel momento, viendo los ojos perlas de Hinata, sintiendo su cálido cuerpo femenino debajo del suyo, su respiración apenas chocar contra su rostro, sintió un retorcijón extraño en el estómago, algo que sólo sintió el día anterior en el hospital cuando ella le felicitó por su cumpleaños, cuando le dio el beso en la mejilla, de hecho si se concentraba aun podía sentir el tibio y placentero tacto de los labios de Hinata. Era una sensación nueva, acompañada por un vértigo extraño y la sensación de que la temperatura había subido varios grados. Tragó sonoramente al verla pestañear con las mejillas encendidas, al ver la expresión de inocencia y vergüenza en su cara, una combinación que comenzaba a sofocarlo. Algo dentro de él ardía, y sentía la imperiosa necesidad de apagar ese fuego que le recorría las venas de algún modo. No entendía las reacciones de su cuerpo, se decía a si mismo que debía levantarse porque aplastaba a Hinata, pero no podía hacerlo, quería seguir sintiendo aquella calidez contra él, apagar ese fuego. Y supo cómo hacerlo al verla morderse el labio al borde del desmayo.

Se inclinó levemente, tratando de que su peso no la aplastara, de repente toda aquella incomodidad que sintió al sostenerla para que cayera sobre él y después girarla para que la harina que estaba en la mesa y resbaló de la misma con el choque no le cayera, desapareció. Esa nueva posición, con ella sin poder escapar le gustaba.

—Na…—Hinata intentó murmurar algo para despertar de aquella ensoñación. Sentía que no podía más, que perdería la consciencia si Naruto se le acercaba un milímetro más, apenas podía creer que siguiera despierta. Pero el choque de la respiración entrecortada de Naruto le hizo avergonzarse más, no tanto como ver sus ojos azules tan concentrados en ella.

—…Hinata…—apenas fue un susurro casi inentendible.

El tacto cálido de Naruto la mareaba.

Sólo había unos milímetros de distancia entre los rostros de ambos…

— ¡¿Por qué hay tanto ruido, ´ttebane? —Kushina se hartó, pateando las sabanas se levantó con furia, su cabello se levantaba en nueve mechones, tanto ruido que hacían ¿Quién rayos le había levantado?

Hana entreabrió los ojos con cansancio, bostezando y gateando sobre el futon antes de entender que su amiga estaba furiosa. Al ver su cabello alzado en nueve mechones mientras caminaba pisando fuerte, se le quitó todo rastro de sueño, apenas atinó a sujetar sus tobillos para impedirle que fuera a matar al pobre infeliz que le levantó. Es que desde que Kushina tenía catorce años cuando se ponía furiosa su cabello se levantaba y sus ojos se volvían rojos, no sabía porque, pero lo único que debían preocuparse era que alguien pronto moriría. Pero la pelirroja hizo caso omiso de las suplicas de su amiga y caminando arrastrándola, ya que se negaba a soltarla ambas llegaron a la cocina, topándose con una imagen que les hizo abrir la boca de la sorpresa. Naruto y Hinata en el suelo, el primero sobre la última en una posición bastante comprometedora, la espalda del rubio manchada de harina, mientras el suelo era un desastre con todas las cosas caídas. Sin embargo eso no duró mucho, tras el grito ambos se levantaron en un siantamen, dirigiéndose a lados opuestos, Hinata rojísima, sintiendo que su cara pronto estallaría de vergüenza. Naruto riéndose nerviosamente, rascándose la nuca mientras mascullaba algo que sonó a "jaja, ´ttebayo".

Las dos mujeres intercambiaron una mirada, Hana se puso de pie lentamente. De verdad no esperaban eso tan rápido.

Finalmente Kushina reaccionó, dirigiendo una sonrisa pícara a los dos chicos, Hinata aun de espaldas sintió un escalofrío recorrerle el cuerpo al sentir la penetrante mirada de la pelirroja, de no ser por el susto que se llevó cuando ingresaron, se hubiera desmayado. Por otro lado Hana sonrió con suficiencia, había notado que Hinata amaba a Naruto, pero no estaba segura si Naruto sentía lo mismo por su hija, aunque ya se había hecho a la idea de que si no lo hacía, ella se encargaría de que viera a Hinata con ojos del amor. Al parecer problemas sobre eso no tendría, por lo que Hinata le dijo, no era tan cercana a Naruto como Sakura, pero Naruto era un hombre y Hinata era linda, así que primero lo primero. Debía haber por lo menos atracción física, para que naciera el enamoramiento y el amor. Sin química, era imposible algo más, y le alegraba saber que Hinata no le era completamente indiferente al rubio.

— ¿Qué hacían, ´ttebane? —preguntó Kushina sonriendo ampliamente. Su cabello había caído otra vez sobre su espalda, sus ojos recuperaron su color natural.

— ¡N-Nada! —gimió Hinata sin atreverse a mirarla.

—Pues no parecía eso, ´ttebane —se burló la pelirroja —. Ya decía yo que ser el discípulo de ero-sennin te debió haber dejado marcado —miró a Naruto sin perder la sonrisa.

— ¡Eh! —se quejó Naruto ofendido y sonrojado —. ¡Yo no soy como ero-sennin, ´ttebayo! —chilló agitando los brazos.

Hana rió disimuladamente, sus ojos perlas no pasaban por alto la vergüenza que pasaban ambos chicos, si, Kushina era una experta no sólo en arruinar los más románticos momentos, si que encima podía avergonzar a cualquiera, debía admitir que una vez que no era unas de sus víctimas, sin duda ver el espectáculo era divertido, aunque lo lamentaba por su pobre hija. Pero como dijeron en una ocasión Hiashi y Fugaku observar era de lo lindo.

Antes de que la Uzumaki siguiera diciendo algo más, un soñoliento Minato entró tallándose los ojos, bostezando con cansancio sin enterarse de nada, tan despistado como siempre. El rubio mayor se despeinó el cabello, mirando con un ojo cerrado como su novia estaba con los brazos cruzados y esa sonrisa burlona que siempre ponía cuando avergonzaba a alguien, Hana sonreía de forma disimulada, y tanto Naruto como Hinata estaban rojos de vergüenza.

¿Qué pasaba?

— ¿Por qué gritan tanto? —Hiashi entró con aspecto malhumorado, dándoles una mirada fulminante por interrumpir sus dulces sueños. La cabeza le dolía horrores y sentía el cuerpo entumecido. De verdad esperaba poder irse con Hana de una vez a la mansión Hyuga, darse un refrescante baño y dormir por el resto del día, incluso aunque Hizashi se pusiera a burlarse porque no podía aguantar un día a Kushina.

—No estamos gritando, Hiashi-baka —le dijo Kushina sin mirarle.

—Pues eso es lo que me parecía.

—Muy bien, si tanto te molesta, ya conoces la salida ´ttebane —le sacó la lengua de forma infantil.

Hiashi le dirigió rayitos con la mirada, siendo correspondido de la misma forma.

Minato suspiró de forma cansada, apartándose algunos mechones de cabello rubio sobre la frente, y con una sonrisa calmada pasó un brazo por la cintura de Kushina, pegándole a él y dándole un beso en la frente a modo de buenos días, de esa forma le distraía de sus usuales peleas con Hiashi. La pelirroja se sonrojó levemente, haciendo un mohín, detestaba que Minato le arruinara la diversión, pero que le iba hacer, él era demasiado adorable y caballeroso para no hacerle caso, nunca podía encontrar fuerzas suficientes para llevarle la contraria, no importara cuanto lo intentara, el seguía teniendo y lo seguiría teniendo, gran poder sobre ella. Con un puchero adorable, pasó los brazos por el cuello de su novio y lo besó.

Hiashi rodó los ojos, acostumbrado a esas escenas de amor tan dulces, que le salían caries.

—Mi amor —el tono dulce y cantarín de la Hyuga lo distrajo al instante. Con las mejillas rosas, la chica se colgó de su brazo, con una sonrisa dulce y empinándose lo suficiente para poder alcanzarle, le dio un beso en la mejilla. Hiashi suspiró, con una sonrisa casi imperceptible, Hana siempre causaba eso en él, borraba todos sus problemas con esa sonrisa hechizante y dulce que le otorgaba. No pasó ni tres segundos, antes de que ella sonriera otra vez, y presionara suavemente sus labios con los suyos.

Las dos parejas seguían en su mundo, habiéndose olvidando de todo lo demás.

—Seguimos aquí, dattebayo —dijo Naruto con una gota sobre la cabeza y apartando la mirada de ambas escenas. Que hubiese querido conocer a sus padres en su tiempo y querer sentir un amor tan grande como el de ellos, no significaba que quería ver eso. Definitivamente no.

—…—Hinata miraba de reojo, con las mejillas encendidas y el rostro sudoroso. Chocó sus índices con vergüenza, sintiendo que aquello era demasiado, tampoco era que se sintiera muy cómoda viendo todo eso.

Sus ojos perlas se encontraron con los azules de Naruto un segundo, y al instante ambos apartaron la mirada, completamente sonrojados, recordando lo que había estado a punto de suceder. Hinata aun no podía creer que todo eso hubiese pasado realmente, pero bueno, así era.

Después de que terminaran de "saludarse" las dos parejas se separaron, los miraron algo avergonzados, recordando de pronto, que ellos estaban allí. Tratando de que no se notara su pena, Minato con una sonrisita nerviosa les invitó a todos a su casa, como la de su novia estaba hecha un desastre, lo mejor sería ir a desayunar allí.

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~o~

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—Sonrían —Rin puso las manos sobre sus caderas, dándoles una mirada de advertencia, en caso hicieran todo lo contrario a lo que pedía.

El fotógrafo suspiró cansado, limpiándose el sudor de la cara y mirando de forma aburrida a los tres niños que seguían sin ponerse de acuerdo para la posición de la fotografía, misma que se suponía debieron tomarse poco después de que formaran equipo, pero que por cuestiones de rivalidades había sido retrasada un poco más por Minato, creyendo ingenuamente que el tiempo haría que Obito y Kakashi se llevaran mejor. Sin embargo nada estaba más lejos de la realidad, ambos niños parecían detestarse con toda su alma, los intentos de Rin para llevarse mejor no servían de mucho. El rayo amarillo de Konoha suspiró desalentado, tal vez tampoco era el día indicado para tomarse la foto, quizás otro día, cuando ellos se llevaran un poco mejor, si es que eso sucedía.

Ya era mediodía y él aun tenia sueño, había tenido que dejar a su novia, amigos y su futuro hijo en su casa después de desayunar para ir al lugar de encuentro para la foto, pensando animado que al fin tendría la foto de su equipo, pero nada.

—Rin, quizá… —comenzó a decir en tono paciente.

—Nada, maestro, nada —le interrumpió la castaña antes de que terminara de hablar. Agitó las manos con una mirada amenazante. Nadie, ni siquiera ellos iban a arruinar su momento perfecto. Era su equipo, una foto con su nueva familia, incluso aunque fuera a rastras —. ¡Se tomarán la foto!

Obito pataleó.

— ¡Rin, porque tiene que salir también el engreído de Kakashi!

—Mejor ser engreído que un inútil —comentó el niño despreocupadamente, mirándolo con superioridad.

— ¡Basta ya! —gritó la muchacha furiosa —. Es una foto de equipo. Kakashi Hatake, Obito Uchiha si no se ponen de acuerdo, lo lamentarán —y su tono de voz estaba tan teñido de ira que Obito se quedó quieto en su sitio, congelado de miedo, Kakashi hizo un ruidito de exasperación pero también se quedó quieto, dándole una mirada de reojo de forma cautelosa. Aunque pareciera la dulzura personificada, Rin podía dar bastante miedo.

El fotógrafo sonrió de forma levemente burlona, siempre le hacía gracia eso. En todos los equipos de los cuales tomaba fotos, las únicas muchachas demostraban tener el carácter necesario para poner en cinturón a los chicos del equipo, y estos siempre les obedecían sin chistar.

Rin asintió, y entonces volteó hacia donde Minato veía todo sorprendido. Rin si daba miedo.

—Minato-sensei, listo —sonrió dulcemente, con un aura pacifica y calmada. Toda expresión asesina había desaparecido de su angelical rostro.

Minato rió nerviosamente.

Las mujeres daban miedo.

Con expresión cautelosa marchó de forma obediente hasta posicionarse detrás de sus dos quietos alumnos, cuyos ojos le pedían a gritos que les ayudara, porque sabían que si se movían Rin les haría lamentarlo. Rascándose la nunca, fingiendo no haber visto nada, el rubio sonrió con una gotita de sudor sobre la frente, apoyando sus manos sobre las cabezas de ellos y mirando a la cámara. Rin entonces quedó en medio, levanto los puños sonriendo cálidamente, esperando que ellos no lo arruinaran, porque esa foto formaría parte importante de su vida, un recuerdo de lo que significaba el ser un equipo. Pero en cuanto ella cerró los ojos al sonreír, ellos inmediatamente se movieron, quedando Kakashi con los brazos sueltos con expresión arisca, y Obito con los brazos cruzados fulminando con la mirada a Kakashi, creyéndolo culpable de todo.

El fotógrafo sólo rodó los ojos, fue consciente de que la cámara captó el último movimiento, pero el haber hecho que esos se tomaran una fotografía, aunque fuera de esa forma, ya era un logro, al fin y al cabo era peor que se hubieran lanzado el uno sobre el otro a mitad de la foto.

—Bueno, al fin —suspiró Minato aliviado.

—Les entregaré la foto y sus duplicados el día lunes, Minato-san —comunicó el fotógrafo comenzando a guardar sus cosas.

—Gracias —asintiendo en su dirección Minato sonrió.

Una vez que el fotógrafo se fue, el sensei se volvió a sus alumnos, Rin los estaba regañando de nuevo, nada nuevo, con Obito quejándose de que Kakashi era el culpable de todo y de que le dolían los ojos, con Kakashi ignorando todo de brazos cruzados. Aunque él sabía que en el fondo, muy en el fondo, a pesar de que ellos no lo admitiesen se llevaban bien, quizá no tan bien como deseaba, pero ya era algo. Hacían un excelente equipo y las coordinaciones de los tres eran perfectas, se acoplaban de forma estupenda y sin duda al menos mantenían sus rivalidades fuera del campo de batalla por así decirlo, en las misiones dejaban de pelear para enfocarse en el objetivo. Kakashi porque era demasiado perfeccionista, Rin porque era demasiado responsable, y Obito…él porque era un Uchiha, y aunque no fuera el mejor le enseñaron a poner toda su atención en un misión.

Se recostó contra el barandal de la azotea desde donde se veían las caras Hokage, mirando todo de forma entretenida. Realmente su equipo tenía sus defectos, pero era su equipo y apreciaba a sus tres alumnos, en esos dos meses que llevaba entrenándolos y guiándolos los quería como si fueran sus hijos.

— ¡Pero Rin…!

— ¡Nada!

—Tsk, deja de lloriquear.

— ¿Quién está lloriqueando, eh? Hmp.

— ¡Kakashi-kun, Obito, paren!

Se dirigieron miradas fulminantes y voltearon en direcciones contrarias, causando un suspiro de resignación por parte de la niña, que estaba cansada de estar en medio de aquellas infantiles peleas. Sintiéndose agotada dejó de gritarles y cayó sentada entre ambos, resbalando por la pared lentamente y apoyándose en ambos. Ninguno de los dos la miró, ni siquiera Obito, estaban rumiando su propia furia. Pasados unos minutos, sabiendo que no podían seguir ignorando a su compañera de equipo, ambos ladearon el cuerpo, mirando al frente. Rin sonrió levemente, sin apartar la mirada del cielo que contemplaba con atención, le recordaba a los ojos azules de su maestro, y sobre todo a los ojos azules de Naruto, ese chico que su sensei les había presentando un día atrás. No podía quitarse la sensación de que lo conocía y de que de alguna forma, formaba parte importante en su vida. La verdad no sabía cómo tomarlo, era huérfana y con el equipo siete, conoció el significado de la palabra familia. Minato, Kakashi y Obito eran lo más preciado por ella, y sentía que ahora Naruto también lo era. Realmente estaba confundida.

Ajeno a todos los pensamientos de su alumna, y la resignación en los rostros de los dos niños, Minato sonrió divertido. Como siempre, Rin era la debilidad de ambos, incluso aunque Kakashi no lo mostrara, él también se preocupaba por la castaña. En ese mismo momento los tres estaban en una posición que podría calificarse de perfecta para una foto memorial. Rin en el medio, con la mirada perdida y una sonrisa de paz, Obito recargando su cabeza sobre el hombro de esta, y Kakashi dejando que Rin se apoyara sobre él de forma leve. Ninguno parecía ser consciente de eso, estaban demasiado distraídos.

Alzó las manos formando un recuadro cuadro con los dedos índice y pulgar como si fuera un fotógrafo o un director de cine tratando de enfocar.

—Esto sí es perfecto —dijo sonriendo para sí mismo. Consiguiendo cuadrar entre sus dedos la imagen del equipo siete, como debía ser, sin peleas, juntos como una familia.

Rin le miró, sonriendo al darse cuenta de lo que hacía.

— ¡Sensei, acérquese!

Encogiéndose de hombros fue hacia ellos, de verdad, pasar un tiempo con sus alumnos no haría daño a nadie. Aunque antes de sentarse a un lado de Rin, desvió sus ojos por un segundo a un lugar cercano, donde una sombra acababa de desaparecer. Si seguían espiándoles, tenía que hacer algo.

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~o~

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Una semana después del accidente de Mikoto, Sakura caminaba de forma distraída por las calles de Konoha, mirando si ver en realidad, apretando entre sus brazos la ropa cuidadosamente doblada que llevaba contra su pecho. Había estado eligiendo ropa de embarazada para Mikoto, con la poca paga que ya tenía en su trabajo semanal del hospital, todo gracias a Tsunade claro. Le alegraba saber que no había perdido sus capacidades completamente, que aunque si quedaron afectadas tras la guerra, con la muerte de Ino y Kakashi, no eran de cuidado. Sólo tenía que dejar el tiempo pasar, este se encargaría de cicatrizar sus heridas y hacerle mejorar.

De pronto parpadeó, trastabillando un poco los pasos para acabar deteniéndose, con los ojos puestos al frente, dejó que sus otros sentidos trabajaran con rapidez, la presencia había desaparecido, pero no sin antes notarla. Uhm, no podía decir que no se lo esperaba, de hecho segura Danzou o los consejeros debían estar haciendo averiguaciones sobre su misteriosa llegada a la aldea. Se preguntó mentalmente, retomando su camino, cuánto tiempo llevaban espiándola, la verdad no había notado nada a su alrededor en esa semana, había estado demasiado distraída con su propio dolor y su casi baja como medic-nin que no se dio tiempo para más, esperaba que los otros si se hubiesen dado cuenta en caso de que los hubieran estado vigilando. Aunque dudaba mucho, en Konoha bajaron su guardia bastante al tener a sus padres consigo, el mismo Sasuke parecía más interesado en pasar todo el día en el barrio Uchiha que en entrenar o intentar matar a Danzou, al menos de momento.

Sea lo que sea, tenía que hablar con Naruto, Hinata y Sasuke. De alguna forma tenían que definir la situación que llevaban. Decidir de una buena vez que era lo que harían con toda la información del futuro que tenían.

—Mamá, papá —distrayéndola de sus pensamientos, con melancolía expresó en esas dos palabras, todo el cariño que guardaba a sus fallecidos padres, y con los que no podía interactuar mucho en ese tiempo por estar preocupándose por Naruto y Sasuke. Tenía que hacerse un espacio, aunque sea una hora para intentar acercarse a ellos.

Llegó al barrio Uchiha unos minutos después, parpadeando con una sonrisa apagada en cuanto el bullicio en menor proporción que el resto de la aldea, le recibió. El barrio Uchiha estaba casi en la mitad de la aldea, con una ubicación excelente. Ignoró las miradas que recibía de todos lados, sabía que era llamativa con su color de cabello, más aun si era allí la única con el cabello de color claro, ya que todos los Uchiha sin excepción, tenían el cabello oscuro: negro o castaño y en limitados casos con reflejos azulinos. Siguió con su camino, apresurando el paso, Mikoto llevaba ya un día de alta, y quería ocuparse de ella, asegurarse de que Itachi naciera con bien. Sonaba obsesivo, pero no se despegaría por mucho tiempo a la futura matriarca Uchiha. Finalmente llegó a la mansión principal, la casa de Fugaku, donde Mikoto prácticamente vivía ya, y donde Sasuke pasaba el tiempo.

Pasó sin llamar, demasiado distraída para acordarse de que esa era una forma de educación.

Escuchó ruidos, voces, o más bien dicho una voz exaltada.

Algo preocupada al reconocer la voz de Mikoto, avanzó para abrir las puertas corredizas de la habitación de donde se escuchaba todo.

— ¡¿Eso es una explicación? —en el momento en que Sakura abría las puertas, Mikoto abofeteó a Sasuke, este sentado sobre sus rodillas ladeó el rostro por el golpe, sin queja alguna.

Las ropas cayeron al suelo de la impresión. Los ojos jade de Sakura estaban abiertos de la incredulidad. Mikoto volteó bruscamente, con la mano aun en alto y los ojos anegados en lágrimas, Sasuke también lo hizo, observándola casi con odio, lo que menos quería era espectadores en ese momento. La Uchiha respiró casi intranquilamente, tratando de serenarse porque sabía que no le haría bien al bebé, pero no pudo evitar la bofetada, y no, no lo lamentaba, le dolía, claro, Sasuke era su hijo del futuro, pero se lo merecía. Aquellas palabras tan llenas de rencor le habían dado escalofríos, aun no podía creer toda la sangre fría que poseía para decirle que si las cosas no salían como esperaban, destruiría Konoha sin reparo alguno.

¡Un Shinobi era fiel a su aldea, siempre! ¡Los sacrificios por dolorosos que fueran eran necesarios! Sasuke no podía hablar con tanta insolencia sobre personas inocentes, cuyo único pecado era vivir en la ignorancia con dicha.

Aun así se negó a dejar que las lágrimas se derramaran por sus mejillas.

—Vete, Sakura —le dijo sin mirarla —. ¿De verdad harás eso? —interrogó volviendo su mirada al Uchiha.

Sasuke frunció el ceño, ignorando a Sakura, mirando los ojos llenos de decepción de su madre. Le dolía aunque no lo admitía, pero ese era el camino que escogió, aquel plagado de oscuridad, su solitaria compañera gracias a Konoha, porque por esos sacrificios hechos a la aldea él había quedado sólo, lleno de venganza y dolor. Jamás perdonaría eso, y las muertes que causó apenas eran un pequeño pago por todo su sufrimiento.

—Sin dudar —contestó con voz monótona, y se preparó para el siguiente golpe.

Conocía a su madre lo suficiente para saber que reaccionaria de esa manera, y no se quejaría. No tenía derecho a hacerlo, así se hacía en los grandes clanes.

La mano de Mikoto se alzó de nuevo en el aire, con rapidez mortal, furiosa por la osadía de Sasuke, furiosa y dolida, dispuesta a hacerle reaccionar incluso aunque fuera a bofetadas.

Y todo sucedió demasiado rápido.

Justo en ese momento Hinata y Hana Hyuga, junto a Tsunade llegaban de manera sorpresiva detrás de Sakura.

Sakura corrió, sin saber porque lo hacía, y de un salto se interpuso entre ambos, ignorando la expresión de sorpresa en el rostro de todos los presentes, sintiendo apenas la mano de la pelinegra estrellarse contra su rostro, dejándole una sensación dolorosa y punzante. Con el rostro ladeado, llevó una mano a su mejilla, sintiéndose desolada alzó el rostro, apenas frotando su dolorida mejilla, y miró a la sorprendida Mikoto.

—Usted prometió…no lastimarlo —susurró con la voz vacía.

De no ser por aquel silencio devastador, no se habría oído su murmullo. Hinata pasó la mirada de ellos tres y retrocedió un paso con incomodidad, Hana suspiró para sí misma, obligando a retroceder a la sannin y haciéndole un seña a Mikoto, cerró las puertas corredizas y pronto se escuchó los pasos de las tres alejándose. La pelinegra parpadeó confundida, bajando la mano con lentitud y observando sin creer a Sakura. No entendía, simplemente no entendía porque Sakura se interpuso, recibiendo la bofetada destinada al ciego de su hijo. ¿No se suponía que quería verlo sufrir? ¿Qué quería verlo lleno de remordimiento? ¿Dónde estaba ese resentimiento? Cuando Sakura le miró a los ojos, a pesar de que estuvieran llenos de lágrimas, la Uchiha fue capaz de apreciar el profundo y gran amor que la pelirosa guardaba en su corazón a su hijo. Un amor verdadero, pero manchado de resentimiento y odio, un amor inmerecido. Porque podía ser su madre, pero no negar que Sasuke no merecía a Sakura y menos sus sacrificios. Parpadeó hasta sentir como sus propias lágrimas desaparecían de sus ojos, siguió sin responder la pregunta de la chica, ella no podía asegurar que Sakura entendiera su punto de vista. Habiendo sido criada en el seno de un poderoso clan, Mikoto tenía su forma de actuar, sus costumbres, y sobre todo la forma de castigar a un hijo cuando las palabras eran insuficientes. Ella era su madre, no en ese tiempo, pero lo era, y tenía el derecho y deber de corregir a Sasuke. Aunque tuviera que hacer eso, aunque lo lastimara a él y a ella.

Sakura siguió frotando su mejilla con gesto ausente, sus lágrimas seguían acumulándose, pero se negaba a llorar frente a Sasuke, no frente a él. No después de lo que hizo. Desvió la mirada de los ojos negros sorprendidos de Mikoto y la enfocó en el piso de madera pulida y brillante, tratando de fingir no darse cuenta de la profunda mirada que Sasuke le dedicaba desde atrás. Fue un impulso, un estúpido impulso de hecho, pero era imposible pedirle razón a su corazón, porque el amor no entendía de eso. Había traicionado sus propios pensamientos y sentimientos de resentimiento por una vez más, defender a Sasuke. Se sentía como una traidora, recordó a Ino, a Kakashi y los demás, y el sentimiento de culpa se acrecentó en su interior. ¿Por qué? ¿Por qué no podía dejar de preocuparse de él? Sonrió amargamente, ¿Nunca podría deshacerse de ese amor? ¿Qué había hecho para merecer eso? Quería seguir adelante, darle su merecido a Sasuke, y aun así se preocupaba por él, por Naruto y por él, asegurándose de que fueran felices con sus propias familias, guardando el secreto de su llegada a ese tiempo. Y encima se interponía en una bofetada que obviamente merecía, Mikoto no haría eso por nada. Esperaba que donde quiera que estuvieran sus amigos y su sensei, le perdonaran por ser tan débil. Por ser tan patética ante Sasuke.

El Uchiha no apartaba su mirada de la espalda rígida de Sakura. Quería que ella volteara y le mirara a los ojos, descubrir el secreto tras aquella acción, no confiaría en nada más que en lo que le mostrara el Sharingan de Itachi. Porque era imposible que fuera por ese estúpido amor que decía tenerle en el pasado, la chica le comprobó en medio de la guerra, que ese amor se desvaneció con la muerte de Yamanaka y Kakashi, que ese amor que siempre lo ató de forma inconsciente a la pelirosa ya no existía. Ella tramaba algo, seguro era eso, porque ¿Quién su sano juicio defendería a quien mató a sus seres preciados? Él no lo haría, y aunque Sakura fuera sentimental y tonta era humana, por lo tanto egoísta y completamente capaz de sentir odio, él había sentido el odio de Sakura cuando le clavó ese kunai, había sentido ese deseo de venganza mancharla y volverla por un momento como él, era imposible que eso se hubiera desvanecido. La oscuridad siempre dejaba huellas. Se negaba a confiar en alguien y menos en ella. Estaba sorprendido, si, pero también receloso.

Finalmente, con un suspiro de tristeza, Mikoto bajó la mirada.

—Más tarde continuaremos esto, Sasuke —dándole una última mirada a Sakura, salió de la habitación, dejándolos solos.

En cuando ella se fue, Sakura volteó, mirando a Sasuke frotarse la mejilla con irritación, la tenía un poco roja e hinchada. Mikoto tenía buena mano, y lo podía asegurar porque el dolor de su propia mejilla no se iba aun.

—Quédate quieto —ordenó arrodillándose delante de él, alzando la mano con el destello verde del chakra curativo, intentando mejorar la hinchazón.

Sasuke se apartó como si fuera la peste.

—No necesito tu ayuda —siseó comenzando a pararse —. Ya te lo dije una vez.

—No lo hago por ti —simplemente respondió, obligándole a mantenerse en su sitio —. Es por tu madre —simplemente añadió al ver el gesto interrogativo en él.

Sin dejarle protestar apoyó con suavidad la palma de su mano sobre la mejilla del chico, sintiéndola fría, aunque perfecta. Después de todo, Sasuke era guapo, aunque al entrar en contacto por medio del chakra, pudo sentir aquella soledad y la oscuridad de su corazón. Sintió escalofríos, algo dentro de ella le decía que se apartara, ese chakra; como una vez lo dijo esa tal Karin después de ser herida por Sasuke; era malo, oscuro y dañino. Pero no lo hizo, aguantándose todas aquellas sensaciones frías y perversas que sentía de Sasuke, ella se concentró en su labor. Cuanto antes terminara, mejor. Le sorprendió que Sasuke no le apartara o intentara hacerlo. Le miró a los ojos, él le devolvió la mirada de forma calculadora, con una sonrisa cruel y recelosa. Se mantuvo en su sitio, siguiendo emanando chakra curativo, sin apartar la mirada de esos ojos rojos. Ya ni siquiera eran los ojos del chico que amaba, no eran negros como la noche, eran rojos como toda la sangre derramaba por sus manos.

Intentó sostenerle la mirada más tiempo, fracasó inútilmente. Sintiéndose como una cobarde, apartó sus ojos verdes de los rojos de él, y enfocó su atención en la hinchazón que desaparecía, sintiendo como su respiración se aceleraba con el tiempo, sabía que era el miedo. Era curioso, nunca antes mostró miedo ante Sasuke, ni cuando intentó matarle en cantidad de ocasiones, y ahora ella podía sentir que su vida pendía de un hilo, no porque Sasuke podría matarla lastimando su cuerpo, sino porque ahora tenía la certeza de que Sasuke aun influenciaba demasiado en sus emociones y en el amor que no moría. Y sabia, que él era consciente de eso. Aquello era destructivo.

Terminó de emanar chakra y con lentitud apartó la mano del rostro de Sasuke, casi con resistencia, queriendo sentir aun la piel de él. Pero tomó toda su determinación en apartarse.

Sasuke se levantó sin agradecerle y se fue.

Ella se encogió de hombros sin preocupación. No era como que esperaba un "gracias" o algo así.

Bajó la mirada a su mano derecha, aun pudiendo sentir el contacto de Sasuke. El tacto frío.

Frío y desolador. Así como él. Completamente diferente a la calidez de Naruto.

Ella sabía diferenciar muy bien a los dos, aunque sabía que difícilmente los conocía completamente. Ellos siempre fueron polos opuestos de un todo. Y ella siempre hizo lo que pudo para dar un equilibrio. Ellos lo eran todo para ella, aquel tacto cálido de Naruto, sus sonrisas bobas y sus promesas esperanzadoras, aquel hermano que apreciaba. Muy diferente del tacto frio de Sasuke, con sus miradas ariscas, sus sonrisas oscuras y arrogantes y su deseo de venganza. Ella había caído ante el segundo sin entender muy bien porque, al principio fue un mero capricho, uno que a pesar de la indiferencia educada que obtenía, se convirtió en un sincero amor. Porque Sasuke a pesar de cómo fue, tuvo sus buenos momentos, ese brillo de felicidad en la mirada antes de la muerte del tercero. Él no fue atento con ella, ni mucho menos le aceptó, pero a su manera le demostró cuán importante era en su vida, o por lo menos lo fue, tal como Kakashi y Naruto.

Cerrando los ojos, se limpió los ojos, y curó su mejilla. Con lentitud recogió la ropa que tiró al suelo cuando llegó y con un suspiro de resignación y dolor salió de allí, dispuesta a caminar un rato para despejar sus pensamientos. La verdad en ese momento sólo quería estar sola.

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~o~

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Hinata jugueteó con sus dedos de forma pensativa, dejando que el cálido viento le diera en la cara, relajándola un poco. Podía sentir a su madre y la futura Hokage metidas en sus propios pensamientos. Había ido al barrio Uchiha sólo porque su madre quería que lo hiciera, la verdad a ella no le apetecía entrar en esa parte de la aldea, mucho menos considerando que el vengador Uchiha se encontraba allí, lo que menos deseaba era verlo después de cómo mató a todos, en especial a Kiba, Shino y su primo. En toda esa semana las pesadillas se redujeron enormemente, hasta convertirse en menos que destellos de recuerdos confusos, aun así eso no borraba lo sucedido, y no lo haría jamás. Se había encontrado a sí misma, incapaz de odiar, pero evitaría a todo lugar encontrarse en un mismo lugar, sola, con ese Uchiha. No entendía como Sakura podía estar cerca de él, aun mas recibir esa bofetada, que aunque le dejó sorprendida como a todas, se merecía Sasuke Uchiha. Ella entendía al igual que su madre las razones por las que la matriarca Uchiha actuó de esa forma, no había nada que explicar. Sólo esperaba que Sakura pudiera conllevar su propio dolor, no eran amigas, apenas se conocían, pero sabía que ella era apreciada por Naruto, y todas las personas queridas por Naruto, también eran importantes para ella, de un modo u otro. Y como ella misma se dijo, en el amor no había razón, Sakura siempre defendería a Sasuke, no importara cuan retorcido fuera este. A ella no le interesaba que pasaba con ese chico, siempre creyó, después de la infinidad de veces que trató de matar a Sakura y Naruto, que él no se merecía todo ese cariño que le profesaban, pero esa era la amistad que los unía, y ella entendía el grado de cariño y aprecio que se podía sentir por tus compañeros de equipo, incluso aunque fueran las peores personas. Para ella, Kiba y Shino significaron mucho, demasiado en su vida, la herida en su corazón por las muertes de ellos seguía abierta, y sabia que si tenía la mínima posibilidad, haría todo por traerlos de regreso, no importara el precio. Por lo menos tenía a su madre, a su padre con ella, y la recién nacida atención de Naruto, eso la mantenía a flote y le devolvía la vida, en cambio Sakura se hundía cada vez más, sin poder acercarse a sus padres, defendiendo a quien había matado a su familia, seguro sintiéndose culpable por sus contradictorias emociones. No entendía como lo soportaba.

—Mikoto, ella…—Tsunade finalmente habló justo cuando alcanzaron la salida del barrio Uchiha. La sannin estaba conmocionada, Mikoto era normalmente una joven alegre, amable y cariñosa. No podía creer que realmente había abofeteado a su hijo, y después a Sakura sin querer.

Hana se encogió de hombros. Hinata las miró de reojo, entendiendo a medias, la conversación.

—Usted no entendería Tsunade-sama —dijo Hana con propiedad y con la mirada firme —. Al ser educadas dentro de un gran y estricto clan, esa es nuestra forma de actuar.

— ¿Golpear a tu hijo? —bufó la rubia con el ceño fruncido.

—Si lo dice de esa forma suena realmente feo —concedió Hana asintiendo. Sin embargo, su rostro se mantuvo inexpresivo —. El clan Senju prácticamente desapareció al formarse Konoha, por lo que usted fue criada en una familia normal. Pero Mikoto y yo, tal vez otras tantas, hemos sido educadas no sólo para ser unas esposas perfectas, sino también para ser madres estrictas. Los esposos lideran el clan, atienden la economía de la familia y la aldea, nosotras debemos quedarnos en el hogar cuidando a los hijos y manteniendo en orden todo. Nunca es necesario, ya que siempre se logra una buena educación en las nuevas generaciones, pero a veces, incluso aunque nos duela, debemos recurrir a métodos drásticos para hacer entender a los hijos.

—Pero —protestó la sannin.

—Es mejor una bofetada que le indicará cuanta decepción causa, y le haga recapacitar, que verlo hundiéndose en la oscuridad, anhelando más de lo que debe y causando problemas —le cortó Hana con seriedad.

Hinata asintió, completamente de acuerdo.

Tsunade las miró un momento.

— ¿Hana te golpeó alguna vez? —interrogó a la chiquilla.

—No, claro que no —contestó Hinata sonriendo a su madre con tristeza —. Mamá se la pasaba más…eh…

—Más preocupada por mí, que por ustedes, es así de sencillo —dijo Hana sintiéndose realmente una mala madre.

— ¿Qué quieres decir? —dijo Tsunade sin entender.

—Pues…

Hinata parpadeó, desconectándose de la conversación para mirar como Sakura estaba a pocos metros de ellas, caminando con bastante rapidez. Pareció no notarlas porque pasó con la mirada en el suelo, presurosa por salir de allí. Dudó un momento, pero luego sin despedirse de las otras, la siguió, tal vez ella necesitaba estar sola, pero creía firmemente que tal vez también necesitaba a alguien para desahogarse, incluso aunque no fueran amigas, en ese tiempo sólo se tenían la una a la otra, y debían ayudarse mutuamente.

La encontró en el río, sentada sobre el pasto, mirando el cielo con los ojos anegados en lágrimas, últimamente no la había visto más que llorar.

—Sakura-san…—murmuró suavemente, sentándose a su lado.

Ella respingó de la sorpresa.

—Hinata —dijo mirándola con cansancio. Sonrió tristemente, apartando algunos de los mechones rosas de su cara.

— ¿Estás bien?

—No —contestó ella con la voz rota —. Definitivamente no.

En ese momento rompió a llorar de nuevo, ocultando su cara entre sus brazos, llorando y gritando de rabia y dolor. Maldiciendo a Sasuke y el estúpido amor que no desaparecía. Hinata se mantuvo callada, dejándola ser. Sólo estaba allí para escuchar, así que espero pacientemente a que la chica terminara de descargar todo el dolor que llevaba en su interior. No supo cuanto tiempo duraron los gritos de la pelirosa, ni sus sollozos o lamentos, pero estuvo allí con ella, hasta que Sakura dejó de llorar, sintiéndose débil y tonta.

—Sakura-san —repitió dulcemente, acercándose a ella y dejando que se recostara contra sus piernas. La pelirosa no se quejó, sólo enterró su rostro en las piernas de Hinata, sollozando aun débilmente, sintiéndose como una niña pequeña, como antes cuando lloraba en las piernas de su madre —. Estoy aquí, descarga todo tu dolor. No te puedo prometer aliviarlo, pero haré todo lo posible para ayudarte.

Lentamente las palabras dulces y tranquilizadoras de Hinata le calmaron un poco. A los pocos minutos sintió como las manos delicadas y cálidas de Hinata le acariciaban el cabello. Definitivamente Hinata era una buena chica, la clase de chica que ofrecería su amor a Naruto y recompensaría todos esos años de soledad que tuvo Naruto en su niñez. Ella realmente lo merecía, así como Naruto merecía ese amor grande y desinteresado. Sus sollozos disminuyeron hasta desaparecer y pronto se vio recostada en el pasto, con Hinata sentada mirando como el cielo se oscurecía, el día había pasado rápido.

El silencio no era incomodo en lo absoluto, simplemente llenaba el ambiente.

—Debes pensar que soy una idiota —dijo Sakura de forma calmada, mirando las nubes tal como lo hacía Shikamaru. Se le había pegado esa manía en los meses que compartió la guerra con Ino, Shikamaru y Chouji. Realmente el verlas flotar le calmaba, entendía porque el genio Nara se pasaba la vida viéndolas como si no hubiese nada más importante.

Habían pasado tantas horas, que Hinata respingó cuando Sakura rompió el silencio de forma repentina, aun así, respondió casi al instante.

—Yo…no…eh, no pienso eso —sonrió para sí misma de forma dulce —. Claramente creo que Uchiha-san no merece tu amor —respondió con sinceridad —, pero…el amor es ciego y tonto. En el corazón no se manda, tanto tú como yo, no elegimos a quien amar.

—Naruto merece la pena —susurró Sakura.

Hinata enrojeció.

—C…C-Claro —tartamudeó avergonzada de saber que Sakura comprendía sus sentimientos.

—Tú también lo mereces —sonrió la pelirosa débilmente —. Se lo merecen. Hazlo feliz, llena el vacío de su corazón.

—Sakura-san ¿Qué quiere decir?

—Simplemente lucha por él, Naruto es un tonto cegatón que no se entera de nada. Pero sé que tu amor es tan grande que puede curar su corazón.

La Hyuga jugueteó con sus dedos, completamente sonrojada.

—Yo lo haré,…lo a-amo mucho, si Naruto-kun me lo permite, llenaré el vacío de su corazón.

Sakura asintió sonriendo, sintiendo que por lo menos algo bueno sucedía, su sufrimiento era recompensado por la felicidad de Naruto, Hinata era la indicada para hacerlo feliz, y ella se encargaría de que eso pasara, si veía a su hermano feliz, todo habría merecido la pena. Incluso el callar la realidad de su viaje en el tiempo, y de su posible regreso, así como todas las alternativas que tenían para quedarse con esa realidad.

Nuevamente el silencio lleno el claro, hasta que Sakura lo rompió de nuevo, exteriorizando otra vez sus pensamientos.

— ¿Cómo puedo deshacerme de este amor?

—Yo…no tengo respuesta para eso —murmuró Hinata sintiéndose mal por no poder ayudar.

Sakura soltó una risa agria.

—Lo sé, es imposible. ¿Y sabes? Que me siento culpable, culpable como una maldita traidora. Porque una vez más lo defendí, defendí al desgraciado que mató a mi padre y a mi hermana. Si hubiese podido matarlo en aquella ocasión…—dejó que las palabras murieran en sus labios, recordando el momento exacto en el que trató de matarle, cuando el equipo siete se reunió tristemente, después de casi tres largos y dolorosos años.

Hinata la miró de reojo.

— ¿M-Matarlo? ¿Realmente lo hubieras hecho, Sakura-san? —murmuró intentando ser sutil, ella no podía visualizarse matando a Naruto, por nada del mundo, incluso aunque fuera la peor persona del mundo…aunque si lo veía de ese modo, podía comprender la razón por la que Sakura aguantaba tanto.

—No pude —respondió con la voz rota, cerrando los ojos —. Entiendo a donde quieres llegar ¿Por qué matarlo si digo amarlo tanto? No creo que puedas entenderlo, nadie podría hacerlo. Porque Naruto, Kakashi, Madara, todos ellos aquel día no vieron más que a dos personas tratando de matarse mutuamente, no vieron más. —sonrió amargamente —. Yo quise pensar que podría hacerlo, quería liberar a Naruto de esa promesa que lo esclavizaba, quería salvar a Sasuke. Lo veras bizarro y retorcido ¿Matarlo para salvarlo? Nadie me podría entender hasta no sentir lo que yo siento. Yo viví muchos momentos con el equipo siete, aquel Sasuke era tan diferente al que volví a ver años después, lo amaba tanto que dolía aquel cambio brusco e inhumano. Porque mi propia alma se rompía junto con la de él, porque me mataba ver lo que el odio había hecho en él. Sólo quise salvarlo, si tomaba su vida, entonces él dejaría de hacer daño, dejaría de lastimar a los demás y así mismo, porque al matar no sólo mataba a sus víctimas, se mataba lentamente, destruía su alma y su corazón. Yo no quería eso para él, prefería verlo muerto aun con tiempo, que verlo con las manos llenas de sangre de personas inocentes. Porque si fuera el antiguo Sasuke no hubiese querido eso para él, el odio lo cegaba y yo quería ser una pequeña luz, intentar aplacar esa soledad.

Hinata no dijo nada, recordando a sus compañeros. Unas solitarias lágrimas se deslizaron por sus mejillas.

—Soy una Kunoichi, una ninja, esa fue mi manera de salvarlo. Nosotras que vivimos matando para sobrevivir, no podemos ver más opción que eso. No espero que me entiendas, ni tú ni nadie. Amas a Naruto, y él demasiado bueno y cálido, es imposible pensar en él de otra forma. En cambio Sasuke siempre fue frío, matar es su único camino.

—Tienes razón, no entiendo.

—Cada uno tiene su formar de pensar, Hinata —Sakura se revolvió en su sitio, pestañeando y tocando sus mejillas, sintiendo las lágrimas secas —. Matarlo era el único camino, las palabras nunca lo harían recapacitar, si lo mataba dejaba de lastimarse, y eso era lo único que me interesaba. Tomaría su vida en mis manos, llenaría mis manos de su sangre y…después me suicidaría. Porque no soportaría vivir en un mundo donde él no estuviera, quería salvarlo a mi manera, muriendo con él y cargando todo su odio, para transformarlo, para cuidarlo en la muerte y curar su corazón.

— ¿Ibas a suicidarte? —susurró horrorizada.

—Si —respondió sin inmutarse —. Sin dudar, sé que es lo más bajo. Hubiera caído, el suicidio es lo más humillante y degradante para un ninja. Es una deshonra, pero no me hubiera importado si con eso lo salvaba.

—Sakura-san…

—Pero no pude, me engañe a mi misma que lo lograría. Que lo salvaría, pero no podía matarlo —le cortó —. No podía en ese entonces. Mi amor era demasiado grande para luchar.

— ¿Eh?

—Sasuke aun influye mucho en mí, no puedo evitarlo. Sólo que ahora hay una diferencia —la voz de Sakura se volvió áspera —. La muerte de Ino y Kakashi-sensei me dio algo nuevo, el resentimiento suficiente para poder lastimarlo. Nunca antes hubiera podido hacerle una herida, no sólo porque es más fuerte, si no porque mis sentimientos no me dejarían. En cambio ahora sé que si él se lo merece intentaría matarlo sin dudar, y si la ocasión me lo permite y él se merece lo mataría.

Hinata se estremeció levemente ante esas palabras llenas de rencor.

—Creo que c-comprendo algo tu punto de vista.

—Tienes bastante suerte, Naruto nunca le haría llorar, él no te lastimaría de la forma en la que el amor por Sasuke me lastima.

—Lo siento.

—No tienes nada que sentir, Hinata. La idiota soy yo por amar a quien nunca me corresponderá. Por amar a quien me desgració.

La Hyuga entreabrió los labios, para intentar decir algo, pero un grito las interrumpió. Giraron para ver como Naruto corría a metros de ellas, gritando y llamando a Hinata, con una alegre risa y agitando las manos sin parar. Sakura sonrió, Naruto volvía a ser el mismo tonto idiota feliz de antes. Toda esa semana que se la pasaba con Minato, Kushina, Hana, Hiashi y Hinata le hacía feliz. Por lo menos disfrutaba su estancia allí.

—Ve con él —dijo.

—Pero…

—Estaré bien. No me pasará nada. Recuerda lo que te dije.

Hinata acomodó un mechón de su cabello tras su oreja, asintió y se levantó, con las mejillas rosas llegó al lado de Naruto, dando una última mirada a Sakura, que seguía acostada sobre el pasto, mirando el cielo con melancolía. Naruto le sonrió enseñando los dientes.

—Nuestras madres insisten en que cenemos en la casa de mi padre. ¿Vamos, dattebayo?

—C-Claro.

— ¿Y Sakura-chan?

—Ella —Hinata dudó un momento, pero luego sacudió la cabeza —. Q-Quiere estar… un rato mas allí.

El rubio asintió, mirando de reojo a su compañera de equipo, entonces con una sonrisa más alegre tomó la mano de Hinata entre las suyas, como si fuera lo más normal del mundo y comenzó a caminar, alejándose del claro. Cuando entraron a las calles, las personas los miraban, parecían una pareja como cualquier otra, feliz y linda. Hinata sonreía tímidamente, sintiéndose en el cielo por ese momento. Tal como los primeros días, Naruto no abandonaba la manía de cogerle la mano para cualquier cosa. Parecía de hecho, agradarle su tacto, y eso le gustaba. El Uzumaki sonreía alegremente, charlando sin cesar sobre cosas sin sentido, apretando la mano de Hinata, no quería que se despegara de él. La verdad sabia que se había vuelto una manía, sin embargo era imposible evitarla. Hinata irradiaba una calidez que le hechizaba, no lo notó antes, pero ahora que lo hacía, no quería dejarla ir. Esa calidez le entibiaba el corazón, le hacía sentir bien.

De niño siempre le faltó cariño, por eso llamaba la atención con sus travesuras, y ahora la calidez de Hinata le llamaba como el canto de una sirena. Sólo quería sentir aquel calor siempre, le ayudaba a sentirse mejor.

Caminaron cogidos de las manos, hasta llegar a una casa grande y preciosa, con un jardín cuidado y amplio. Sin duda, la casa de Minato era todo lo contrario al departamento desordenado de Kushina.

— ¿De qué conversaban, Sakura-chan y tú?

—Eh…—Hinata miró a otro lado, sonriendo nerviosamente —. C-Cosas…de chicas.

— ¿Cosas de chicas, ´ttebayo? —repitió Naruto ladeando la cabeza sin entender, como si el hecho de que las chicas necesitaran una plática sobre sus cosas fuera inexplicable.

Afortunadamente para la Hyuga, la puerta se abrió en ese instante, mostrando aun malhumorado Hiashi, que estaba cansado de las bromas de Kushina. En el momento en que los vio cogidos de la mano, frunció el ceño sin entender la molestia profunda que sentía por ese hecho. Se cruzó de brazos, haciendo una mueca de desagrado y fulminando con la mirada al pobre Naruto, que en cuanto comprendió que la persona delante de él, era el futuro padre de la chica que estaba detrás cogida de su mano, se puso pálido. Se sentía como el novio siendo presentando por primera vez al padre de su novia.

Je, era como ironía. Aunque Hinata no era su novia.

Con disimulo Naruto soltó la mano de Hinata, sudando frío, sabía que Hiashi aun no sabía que Hinata era su hija, pero tarde o temprano lo sabría, y aun no sabía que reacción tendría. ¿Sería un padre sobre protector? Esperaba que no, aún quería coger a Hinata de la mano sin tener que preocuparse por morir en el intento.

—Jejeje —rió nerviosamente, despeinándose —. Hiashi-san —el normalmente no podía sufijos a nadie que no fuera Sakura o Hinata, pero sentía que debía hacerlo —. ¿Minato y Kushina? —tuvo que abstenerse de llamarlos papá y mamá.

Por toda respuesta, Hiashi se hizo a un lado, sin dejar de mirarle con los ojos entrecerrados.

—Pasemos, Hinata-chan.

—Si —la chica sonrió dulcemente a su padre, haciendo una reverencia educada y pasó tras Naruto.

El rubio podía sentir la penetrante mirada de Hiashi clavada en su espalda.

Kushina y Hana salieron de la cocina, con delantales y batiendo algo en un recipiente. Minato estaba sentado delante de la televisión, algo aburrido, les saludó en cuanto los vio.

Ellos se sentaron a su lado.

Media hora después, las mujeres volvieron a salir, ya anunciando que la cena estaba preparada.

— ¡Y DE POSTRE HAY RAMEN, ´TTEBANE! —chilló Kushina alegremente.

— ¡SI, RAMEN, ´TTEBAYO! —celebró Naruto también chillando.

Hinata rió.

Hiashi bufó bajamente. ¿Por qué esos dos eran tan parecidos?

—Cenemos entonces —dijo Minato apagando la televisión y sonriendo a Kushina.

—Hinata-chan, espera —la Hyuga miró de forma interrogante a Naruto.

Los demás ya estaban sentándose, mientras que las mujeres se metían a la cocina para servir.

— ¿Sucede algo, N-Naruto-kun? —preguntó preocupada.

—Es que…´ttebayo —Naruto infló las mejillas de forma infantil antes de resignarse —. Ayer Sakura-chan me dijo que necesitaba a alguien para que me ayudara a entrenar con el Rin'negan.

—Oh —Hinata entendió perfectamente a donde quería llegar.

—No puedo pedirle al bastardo de Sasuke que me ayude. Aun tenemos muchas cosas que arreglar entre nosotros, antes de que poder olvidar, dattebayo —aseguró —. Y tú tienes el Byakugan… así que…

—Estaría encantada de ayudarte, Naruto-kun —le dijo alegremente.

— ¿En serio, dattebayo?

La chica asintió por respuesta, sonrojada y con los ojos brillosos. Tenía que agradecerle a Sakura por eso, sin duda el entrenamiento le acercaría mas a Naruto, puesto que no había nada más importante para el Uzumaki que fortalecerse y si le ayudaba, podía entenderlo más. No desaprovecharía esa oportunidad, esperaba poder hacer un buen trabajo y ayudarle en algo para variar. Sería la primera vez que pudiera hacer algo que realmente tenía importancia para Naruto. Daría su mejor esfuerzo.

Naruto saltó en su sitio, y como aquella vez en el río, la alzó entre brazos, girándola mientras reía. Hinata enrojeció, pero una brillante sonrisa llena de esperanza se posó en su rostro. De pronto, Naruto dejó de girar, pero sin soltar a la Hyuga. La miró a los ojos, mientras ella apoyaba sus manos de forma tímida sobre sus hombros. Estaban a unos centímetros. No habían estado tan cerca desde aquel día en que casi se besaron.

Otra vez, se miraron olvidándose de todo.

Unos carraspeos les devolvieron a la realidad.

Hiashi estaba de brazos cruzados y el rostro lleno de irritación mientras los veía con las cejas arqueadas. Minato sonreía nerviosamente. Ambos estaban parados en la entrada que conectaba el comedor con la sala.

—Jejeje —con una risa nerviosa Naruto soltó a Hinata al instante, esfumándose prácticamente en el aire, para aparecer sentado en el comedor.

Hinata jugueteó con sus dedos, y rápidamente lo siguió.

Hiashi los miró con sospecha, sin comprender aun esa molestia. El rubio mayor siguió a su amigo, pensando entre divertido y nervioso, que Hiashi sin duda sería un padre sobre protector. Pobre de su hijo.

—Hiashi-kun, Minato —llamó Hana.

— ¡VENGAN A COMER DE UNA BUENA VEZ, ´TTEBANE!

En la mesa, Naruto sonrió discretamente a Hinata, alegre de que ella aceptara su propuesta. La Hyuga no podía estar más feliz de aquella propuesta que sin duda le ayudaría mucho. Esperaba con todo su corazón, ganar el amor de Naruto.

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~o~

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Sakura jadeó cuando una mano pasó veloz sobre su boca, callándola.

—Cállate —siseó Sasuke.

La pelirosa no tuvo necesidad de que él hablara para reconocerlo. Su cuerpo podía sentirlo incluso antes que sus sentidos. Eso no quería decir que estaba feliz de verlo y mucho menos de tenerlo tan cerca. Su espalda chocaba contra el pecho formado de Sasuke y le irritaba las sensaciones traicioneras. No podía confiar en él, por aquella razón estaba tensa, esperando algo hasta que sintió otras presencias.

—Oculta tu chakra —le ordenó el Uchiha en voz hosca.

Sakura asintió sin protestar.

Algunos ANBUS paseaban de forma silenciosa y sutil por entre los árboles. Ella había estado regresando a casa, y tan distraída en sus pensamientos y en su dolor, no los notó. Cuando finalmente se fueron, Sasuke la soltó sin perder un instante.

Sakura le miró con cautela.

— ¿Qué haces aquí?

—Mi madre quiere verte —dijo el Uchiha con simplicidad y sin emoción alguna en la voz.

—Oh —la pelirosa asintió. Sabía que Sasuke no le negaría nada a su madre, incluso aunque eso significaba darle un mensaje —. Esos ANBUS…

—Llevan días espiándonos —dijo Sasuke con voz fría —. Danzou y los consejeros deben saber hacer mucho tiempo que estamos aquí.

—No dijiste nada.

Él arqueó una ceja.

— ¿No los sentiste? —se mofó.

Sakura bajó la cabeza sintiéndose peor.

—Tsk, vámonos.

— ¿Por qué no has ido por Danzou? —preguntó sin moverse. Se le hacía extraño, que sabiendo que los espiaba no hubiera hecho nada.

Sasuke la miró por detrás de la espalda, considerando el responderle. La miró a los ojos con el ceño fruncido y expresión arisca, pero al final respondió.

—Mis padres merecen una explicación —fue lo único que dijo y comenzó a caminar sin esperarle.

La pelirosa fue tras él al instante, comprendiendo sus palabras. Así que no atacaría a Danzou y los otros hasta que sus padres no entendieran el porqué de su comportamiento. Quería asegurarse de que sus padres comprendieran sus motivos para su odio y sin que lo vieran como un monstruo completamente. Definitivamente el estar en ese tiempo, con sus padres vivos, lo cambiaba.

Cuando llegaron a la mansión Uchiha, entraron en silencio para llegar a la cocina, quedándose parados en la entrada sin anunciar su presencia. Mikoto terminó de preparar la comida, apagando el fuego y con una mirada triste. Fugaku que estaba a su lado la miró con preocupación, llevaba así desde el mediodía. Él no era muy dado a las palabras cariñosas, ni a las muestras de afecto en público, todo eso le incomodaba y en su opinión le hacía perder el orgullo Uchiha. Pero amaba a Mikoto y se preocupaba por él. Y además, en ese momento no tenían público, o al menos eso creía.

— ¿Qué te sucede?

— ¿Eh?...na…nada —contestó algo ida.

—Mikoto…—insistió.

La pelinegra cerró los ojos, intentando que las lágrimas no cayeran.

— ¿Tan mala madre seré?

— ¿Qué?

—Yo…tengo miedo —susurró abrazando a Fugaku y enterrando el rostro en su pecho —. Tengo miedo de mis acciones. Si mis hijos…tratan de matarse mutuamente quiere decir que no soy buena madre. ¿Por qué?

Fugaku parpadeó sin entender nada ¿Sus hijos se matarían mutuamente? ¿De qué hablaba?

—Tal vez no merezca el ser llamada madre —sollozó —. Tal vez no…

—Basta —Fugaku pasó sus brazos por la cintura de su prometida, y la estrechó más contra sí. Mikoto sería no sólo la mejor esposa, sino también una excelente madre. No permitiría que ella creyera eso de sí misma. Era la mujer que amaba y no quería verla sufrir —Serás la mejor madre —no fue un titubeo, si no la constatación de un hecho. No hubo más palabras, simplemente esas, y el abrazo cálido que borró el sufrimiento de Mikoto. Sonrió suavemente, apoyando la cabeza contra el pecho de Fugaku, le gustaba su forma de ser, incluso aunque fuera frío, él siempre se preocupaba por ella, la protegía y le demostraba con pocas palabras o gestos casi nulos cuán importante era ella para él —No lo dudes —agregó separándose de ella y dándole un beso en la frente.

Mikoto se sonrojó, sus ojos volvieron a brillar, sus labios volvieron a sonreír. Ese era el lado de Fugaku que sólo ella podía ver.

—Gracias —hipó sonriendo de forma enternecedora.

Fugaku apartó la mirada, algo sonrojado.

—Te amo, gracias por siempre estar conmigo —ella se empinó y presionó sus labios contra los de su novio.

—Eso debería decirlo yo, hmp —dijo Fugaku sonriendo de medio lado.

La Uchiha le acarició la mejilla sintiéndose mucho mejor. Entonces al mirar de frente, pudo ver a Sakura y Sasuke parados, mirando todo en silencio. Sasuke parecía algo sorprendido, Sakura sonreía levemente. Al menos se daba cuenta de que Fugaku si demostraba su amor a Mikoto, aunque fuera en pequeños gestos que exteriorizaban todos sus grandes sentimientos.

—Sakura, Sasuke —saludó.

Fugaku los miró, preguntándose si habían visto algo.

Ellos pasaron como si no hubieran visto nada.

Mikoto miró a Sasuke con resignación. La conversación estaba aún pendiente, así como una disculpa por parte de ambos.

Fugaku se sentó en silencio. Sakura ayudó a servir y pronto comieron sin decir palabra alguna.

Sakura intentó no sentirse más culpable por lo que hacía. En ese momento no defendía a Sasuke, sólo ayudaba a Mikoto, estaría a su lado hasta el nacimiento de Itachi, el héroe que salvó Konoha alguna vez con su deshonra. Pero sentía como dentro de ella, a pesar de todas sus emociones contradictorias, de su rencor y de su preocupación, una esperanza nacía de nuevo. Se reprendió mentalmente, pero su corazón no entendía. Al ver a Fugaku de esa forma tan tierna y única con Mikoto, se visualizó a sí misma con Sasuke. Sabía que aunque no quisiese, aquella vana esperanza de que Sasuke algún día correspondiera a sus sentimientos, se había enraizado en su corazón. Sentimientos que no morían por completo ni con la muerte de Ino o Kakashi. Se sentía culpable por eso, pero intentaría luchar, ella no quería traicionar la memoria de sus amigos. No quería seguir teniendo esperanzas, no quería pensar más en Sasuke después de lo que hizo.

Aun así, sabía que después de lo visto, nada podía parar lo que sentía.

A pesar de ser fríos, los Uchiha también tenían un lado cálido, muy pocas lo veían, y a pesar de todo, ella quería ser una de las afortunadas.

Una tontería, una traición, ¿afortunada? Lamentablemente era imposible odiarle completamente.

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Hola!

Vale, se que dije 18, pero las cosas se me complicaron, intente pero al final recién ahorita he podido terminar el capitulo, así que si haya faltas ortográficas, discúlpenme por favor.

Atadalove, ¡Feliz cumpleaños! Por atrasado ^^U te dedico el capi, espero que te guste y lamento la tardanza.

Gracias a todos por sus reviews, me hacen feliz. Intentare responder sus preguntar por mp en estos días, si es que puedo ^^U, si no podrán esperar a que los próximos capis resuelvan todas sus dudas. En este momento no tengo tiempo de nada.

Ah, sí, quiero suplicar que si alguien quiere llevar mi historia a otra página, sólo me pidan permiso, se los daré, no quiero que vuelva a pasar lo que paso hace unas semanas, cuando este fic fue plagiado. Todo fue controlado, pero realmente no deseo que vuelva a pasar, eso contribuyó un poco a que me retrasara pues al saberlo deje de escribir el capitulo un buen tiempo por el enojo, no lo pude evitar, siento que ustedes hayan salido perjudicados en eso. La chica que hizo el plagio, espero que no lo vuelva a repetir, pedir permiso no cuesta nada, o para variar poner el nombre de la escritora, en vez de adjudicarse un fic que no es suyo.

Eso es todo, lamento ser tan breve y no responder todas sus dudas, no tengo tiempo.

En el próximo capi comenzara lo bueno, y sólo falta un poquito para que al fin Naruto y Hinata esten juntos ^^.

Besos

Bella Scullw.