CAPÍTULO 9
Isabella estaba en el jardín de su casa disfrutando de un ratito de lectura mientras que los rayos de sol impactan en su espalda. Hacía una temperatura inusualmente cálida, por lo que vio la oportunidad perfecta para poder disfrutar de uno de sus pequeños placeres.
—¿Es una lectura entretenida? —Preguntó su padre sorprendiéndola detrás de ella. Se acercó, besó su mejilla y se sentó a su lado.
—Acabo de empezarlo, pero parece interesante.
—Sentido y Sensibilidad de Jane Austen —Leyó Charlie en la cubierta del ejemplar— Si está bien, lo leeré cuando acabes con él.
—No creo que sea tu tipo de lectura, pero si quieres te lo prestaré. —Sonrió Bella.
—¿Dónde está tu tía? —A Charlie le pareció extraño no ver allí a su hermana.
—Creo que está intentando convencer a la cocinera para que haga mermelada de ciruelas, aunque su intención era que la ayudara a hacerlo, pero creo que Sue no permitirá que tía Ángela destroce su cocina.
Ambos rieron sabiendo que Ángela tenía muchas cualidades, pero la destreza culinaria no era una de ellas.
—Tengo que hablar contigo Isabella. —Comenzó Charlie.
Bella había estado esperando este momento desde la noche anterior cuando vio cómo su padre acompañado por Edward se encerraba en el despacho.
Cuando ambos salieron tras su pequeña reunión, se acercaron hasta donde se encontraba ella junto a su tía y a Esme Cullen y se unieron a la conversación dando por supuesto que lo que ambos hombres habían discutido allí dentro no les concernía.
Isabella no preguntó nada, aunque se moría de curiosidad por saber que había ocurrido, pero la sonrisa que le dedicó Edward y la mirada divertida al despedirse de ella, le hizo presagiar que las cosas no habían ido del todo mal.
—Anoche Edward Cullen me pidió permiso para cortejarte de manera oficial. Sé que esa petición no te era del todo desconocida, ¿Me equivoco?
—No. —Respondió sin ocultar su timidez— Él me había puesto al tanto de sus intenciones. ¿Qué le respondiste? —Preguntó curiosa.
—Qué aceptaría, pero debía hablar contigo. ¿Tú estás de acuerdo? ¿Te gustaría conocer a Edward Cullen? ¿Estás interesada en él?
Isabella notó como el calor subía hasta sus mejillas, se notaba algo incómoda hablando de ese tema con su padre.
—Sí, me gustaría. En estos días que he podido conocerle me ha parecido un hombre interesante.
—¿Sientes algo por él?
—¡Padre! —Exclamó.
—¿Qué? Bella, quiero saber si tienes algún interés amoroso en ese hombre. Estoy dispuesto a dar mi permiso para este cortejo, pero quiero saber si es algo que tú deseas.
—Él…, su compañía me hace sentir cosas. Me agrada hablar con él y me gustaría conocerlo más a fondo. A veces me hace reír y...
—Y te gusta, te sientes atraída por él —Afirmó viendo el brillo de sus ojos.
—Sí.
—Así que… ¿Era él quien te enviaba las flores?
Bella no pudo evitar sorprenderse ante las palabras de su padre. En teoría, él no debía saber nada de eso, todos los empleados juraron mantener el secreto.
—No pongas esa cara de asombro, sé todo lo que ocurre en esta casa. Un día me choqué con un pequeño granuja con la boca llena de chocolate corriendo por el jardín estaba intentando colarse por esos arbustos. Le chantajeé con algunos dulces y conseguí cierta información. Aunque debo confesar que me costó. —Sonrió Charlie recordando como el pequeño Embry se negaba a abrir la boca hasta que supo ganarse su confianza y jurarle mantener el secreto.
—Embry es muy leal, aunque parece que has podido sobornarle.
—Doy fe de ello. Entonces, ¿Estás de acuerdo con mi decisión? —Preguntó toando las manos de su hija entre las suyas.
—Sí, papá. Gracias por acceder a ello
—No me las debes. Lo único que me importa es que seas feliz y si tu felicidad es ese hombre, no seré yo quien impida vuestra relación.
—¡Eres el mejor! —Alagó ella abrazándole.
—No es para tanto. —Charlie se deshizo de su agarre despacio e hizo que le mirase— Bella, quiero que me escuches. Yo..., Sé lo que es ser joven y empezar a sentir cosas... Cuando conocí a tu madre, bueno yo…. Ya sabes... Quería estar con ella a solas, buscábamos escondernos y... Siempre le robaba algún beso o... una caricia… —Titubeaba.
—Papá ¿Qué quieres decir?
Charlie tomó aire antes de continuar.
—Bella quiero que me prometas que te darás a respetar. Qué no dejarás que Cullen llegue más allá antes de que un cura os de la bendición y firméis los papeles de matrimonio, si es que lo vuestro acaba en boda. No dudo de la honorabilidad del conde, pero los hombres somos hombres, con o sin título, todos nos movemos por los mismos instintos.
—¡Papá! —El rubor de Isabella se intensificó más aún si era posible.
—Solo promételo, hija.
—Lo prometo, papá.
Charlie asintió conforme con la promesa de Isabella.
—Está bien, informaré a Cullen de que todo está en orden. —Charlie se levantó e hizo una mueca divertida— Estoy deseando ver cómo se las ingenia para ganarse tu corazón. Si eres como tu madre no se lo pondrás fácil, aunque creo que eso me otorgará cierta diversión.
Isabella sonrió ante las ocurrencias de su padre.
Charlie siempre había sido muy protector con ella y no debía ser fácil aceptar que su niña era ya toda una mujer. Ahora debía dejar que fuese otro quien cuidase de ella y esperaba que lo hiciese bien.
๗๗๗
La primera cita oficial tuvo lugar dos días después.
Edward esperó ansioso que Charlie se pusiera en contacto con él después de hablar con Isabella y en cuanto le dijo que su hija estaba de acuerdo no perdió tiempo.
Eligió una calesa descubierta para disfrutar de un paseo por St James' Park junto a ella. Su hermana Alice los acompañaría, aunque le aseguró a Edward que se las apañaría para darles cierta intimidad.
Isabella tenía dibujada en su rostro una radiante sonrisa, que se hizo más enorme aun cuando llegaron a recogerla a su casa.
Recorrieron el parque tranquilamente, observando cómo la gente los miraba y cuchicheaban a su paso. Estaba claro que en pocas horas todo Londres tendría conocimiento de que el Conde de Masen y la joven Isabella Swan habían sido vistos juntos.
Eligieron un tranquilo rincón cerca del lago para disfrutar del pequeño picnic que llevaban preparado.
Alice estaba emocionada, esa misma mañana Jasper le había comunicado que la llevaría a pasar su luna de miel a París, por lo que no había dejado de parlotear durante todo el trayecto contándoles todas las maravillas que pensaba ver en la ciudad del amor.
—Creo que ahora mismo estoy más emocionada por el viaje que por la boda.
—Pues yo creo que tú emoción lo único que ha hecho es duplicarse. Estoy completamente seguro de que van a ser unas semanas demasiado largas hasta que llegue el feliz día. Vas a volverte insoportable.
—No es gracioso, Edward. —Se quejó Alice lanzándole una margarita al pecho— ¿Sabes? Voy a darle un poco de pan a los patos. Si fuera una mala hermana me quedaría aquí con vosotros, como si fuera una lapa, pero me apiadaré de Isabella y os dejaré disfrutar un poco, aunque tú no te lo merezcas.
La joven Cullen se levantó con una pose de fingida indignación dejando a la pareja riendo ante su actitud.
—No quiero ni imaginar cómo era de pequeña. —Rio ella.
Le divertía ver como interactuaban los hermanos. Edward y Alice compartían una relación fraternal de verdad y no una unida solo por el apellido. Ella había echado en falta tener uno. Cuando era pequeña tuvo una época en que le molestó ser hija única, pero le molestaba más la idea de que su padre rehiciera su vida con alguien que no era su madre. Esos pensamientos infantiles evolucionaron a medida que ella maduraba y en el fondo, descubrió que se hubiera alegrado si su padre hubiera rehecho su vida.
—Un incordio, te lo aseguro. Siempre estaba detrás mía intentando averiguar qué hacía, incluso quiso acompañarme a Eton, cuando me marché a estudiar. Creo que estuvo llorando dos días por no poder acompañarme.
—Todo un alarde de cabezonería.
—Es una cualidad que nos viene de familia. ¿Te he dicho lo hermosa que estás hoy? —Alagó él colocando la margarita que minutos antes le había lanzado su hermana detrás de la oreja de ella.
—No —Isabella aprovechó para acariciar su mano antes de que se alejase de su rostro.
—Pues lo estás. El azul te da un aspecto completamente delicioso. —Susurró acercándose hasta ella— Bueno, el azul, el amarillo, el rosa...
—Eres un zalamero.
—Soy sincero. Y fiel a mi sinceridad, ahora mismo me estoy muriendo por besarte de nuevo.
Edward se acercó más a ella haciendo que sus frentes quedasen unidas, acarició sus labios con su pulgar y aproximó su boca hasta tocarlos. Al ver que no era rechazado, decidido a profundizar el beso aprisionando el labio inferior de ella entre los suyos, cuando de repente, algo chocó con ellos haciendo que se separaron bruscamente.
—¡Cua, cua, cua! —El pequeño pato continúo zarandeándose entre ellos y aleteando, perdiendo varias plumas en el camino.
Isabella rompió a reír a te lo cómico de la situación y se dejó caer sobre el césped sin poder contener las carcajadas.
—¡Ven aquí, maldito bicho! —Bramó Edward cogiéndolo al fin.
—¡Oh! Ese pequeño bandido vino huyendo hasta aquí buscando más pan. —Alice llegó hasta ellos y tomó al pato de los brazos de Edward— ¡Ven, pequeñín!
—¿Ah, sí? ¿Y desde cuándo los patos son tan listos como para saber que tenías aquí más pan? _Inquirió Edward sabiendo que su hermana ocultaba algo, pues evitaba mirarle a los ojos.
—No lo sé, ya sabes, soy insoportable hasta para los patos. —Respondió Alice confirmando las sospechas de Edward.
El animal no había llegado solo hasta allí, había sido ella la responsable.
—Obviaré esto, Alice. Pero me las pagarás.
—¡Oh vamos, Edward! Reconoce que ha sido muy divertido. Tenía que haber visto tu cara. —Intervino Isabella sin parar de reír.
Edward se sentó refunfuñando mientras que su hermana se deshacía del animal.
—Que sepas que por culpa de ese pago te has quedado sin beso. —Dijo Edward al ver como ella continuaba riendo.
—Bueno, estoy segura que no será la última vez que lo intentes a lo largo del día.
—Efectivamente, de eso, puedes estar segura. —Sonrió pícaramente él.
Sin duda, nunca olvidarían su primera cita oficial, aunque tras ese día, la salida de ambos se sucedió con mucha frecuencia.
Para la sociedad londinense se convirtió en algo normal ver a la joven pareja asistiendo a eventos juntos; fiestas, reuniones informales, conciertos, obras de teatro...
También era normal ver a Edward junto a Charlie, puesto que días después de su propuesta, ambos firmaron los contratos y empezaron a trabajar juntos en las naves que Swan quería construir.
Todo transcurría con relativa normalidad y satisfacción para Edward, a quien los planes le estaban yendo mejor de lo que esperaba, hasta que un mes después del inicio de su relación se encontró con el primer escollo; encontrarse frente a frente con Kate Standfor, marquesa de Clayton.
El incidente tuvo lugar a la salida del teatro. Edward había invitado a Isabella a disfrutar de una comedia teatral que estaba causando sensación entre los londinenses.
La obra había sido magnífica, despertó risas y halagos entre todo el público. Una vez finalizada, los presentes se encontraban disfrutando de una pequeña recepción en una de las salas acondicionadas para ello.
Edward había dejado sola a Isabella para ir a por un par de copas de Champagne, pero cuando volvió se quedó congelado al verla hablando con Kate. Aceleró el paso hasta llegar junto a ella.
—Buenas noches, espero no interrumpir. —Saludó situándose al lado de Isabella y fulminando con la mirada a Kate.
—¡Lord Cullen! ¡Qué alegría verlo! —Respondió Kate ofreciéndole su mano para que la besara. Su tono de voz demostraba una amabilidad fingida— Estaba comentando con la señorita Swan lo maravillosa que ha sido la obra, ¿No le parece?
—En efecto. —El tono osco de su respuesta hizo que Kate sonriera.
—La marquesa se ha acercado amablemente a saludarme. Es toda una enamorada del teatro. —Explicó Isabella ajena al duelo de miradas en el que estaban inmersos Edward y Kate.
No pudo reprimir cierta sorpresa al ver como Lady Stanford se acercaba hasta ella. No la conocía tan íntimamente como para ello, pero al parecer, si tenía relación con Edward.
—Siempre me ha gustado. Creo que incluso hubiera disfrutado siendo actriz.
—Estoy seguro de que habría sido una muy buena. —Replicó Edward.
—¿Usted cree? —Kate le retó con la mirada.
Edward echaba chispas. A leguas se veía que no le agradaba que estuvieron allí con ellos, pero iba a dejarle claro que no era ninguna tonta.
Cuando los vio juntos, sintió como algo se encendía dentro de ella. Edward jamás se había mostrado en público a su lado, nunca la había invitado al teatro ni a pasear, y sin embargo se pavoneaba con esa insulsa por toda la ciudad.
Era la noticia de la temporada: el nuevo conde de Masen pretendía a la señorita Swan. Todos hablaban sobre ello.
—Por supuesto. Aún está a tiempo de hacerlo, podría cambiar de vida si quisiera. Unirse a alguna compañía de teatro y marcharse de la ciudad.
—¿Y abandonar la comodidad de mi casa? Ni hablar. No quiero ni pensar en el escándalo: la marquesa de Clayton convertida a actriz. La noticia ocuparía todos los diarios, aunque estoy segura de que mi marcha alegraría a más de uno. 1replicó mordazmente.
—No sabía que se conocían. —Intervino Isabella mirándolos a ambos— Aunque bueno, es un poco tonto por mi parte suponer que no es así, la nobleza de Londres está toda relacionada.
—No toda. —Respondió Kate— Pero Lord Cullen y yo…. Somos viejos amigos.
—De su marido. —Corrió a corregirla Edward, aunque en realidad apenas trató con el difunto marqués— Soy un viejo amigo de su marido, que en paz descanse.
Isabella asintió convencida ante la explicación.
—Si me disculpan, voy a saludar a la señora Hewitt, lleva más de cinco minutos mirándome y si no lo hago, me temo que no podré entrar de nuevo en su sombrerería. —Se excusó para acercarse hasta la pizpireta mujer.
Casada con William Hewitt, Harriet era una mujer adelantada a su época. Cansada de asistir a fiestas y eventos, decidió poner su propio negocio y regentarlo ella misma, convirtiéndola así en la diseñadora de sombreros más famosa de la ciudad.
—¿Qué pretendes? —Escupió Edward aprovechando la salida de Isabella— ¡Cómo te atreves a insinuar que hubo algo entre nosotros!
—No te alteres, querido. Solamente he dicho que somos viejos amigos, algo que es cierto. Eres tú quien lo ha malinterpretado. La angelical Isabella Swan no ha sospechado nada.
—Más te vale. No entiendo a que viene esto. Nunca has sido tan descarada en público.
—¡Será porque odio que me mientan! —Kate intentó bajar la voz para evitar que los escuchasen— ¡Me dijiste que no estabas interesado en ella!
—Esto no es asunto tuyo, Kate. Lo que haga con mi vida es cosa mía. No te debo ninguna explicación, ¡Nunca te la he debido!
—¡Odio que me mientan, Edward! Pero lo que más odio es que me tomen por tonta e intenten reírse de mí, y eso, es lo que tú has hecho.
—Te equivocas, desde un principio dejé muy claro los términos que nos unían, creí dejarlo claro en nuestra última conversación.
—Pues al parecer, ambos teníamos planes distintos para lo nuestro. Aún estás a tiempo, Edward. Esa niñita no sabrá complacerte como puedo hacerlo yo. Como solo una mujer sabe hacerlo. —Kate intentó acercarse a él olvidando que estaban en un sitio público, pero Edward fue más rápido y se retiró disimuladamente.
—Lo siento, Kate, pero ya te dije que no, y te ruego por favor que no le faltes el respeto a mi futura condesa.
—¿Tu futura condesa? —Repitió como si las palabras le produjeran asco.
—Espero que algún día lo sea. —Afirmó él seguro de lo que decía.
—Ya veremos. Cuida de tu pequeño pajarito. —Amenazó mirando a Isabella que continuaba hablando con la señora Hewitt— Las adorables y tiernas criaturas son las presas favoritas de los cuervos y halcones y en esta ciudad… hay mucho dispuestos a cazar.
—¿Es una amenaza, Kate?
—No, solo es una advertencia. Disfruta del resto de la velada. Estoy segura de que volveremos a vernos.
Kate se giró haciendo que las capas de seda de la falda de su vestido revolotearan a su alrededor. Sus últimas palabras habían dejado un regusto amargo en el estómago de Edward. Kate nunca se había comportado de esa manera con él. Al parecer, la marquesa de Clayton tenía una cara oculta.
Edward se aproximó hasta donde se encontraba Isabella. Una sensación de protección había nacido en su interior sin siquiera ser consciente. No pensaba separarse de ella durante el resto de la noche y menos, si Kate estaba cerca. No se fiaba de ella.
Bueno, bueno…Kate ya se ha enterado de todo y no ha tomado muy bien la noticia. ¿Qué tendrá preparado?
Muchas gracias a todos por los favs, follows y reviews.
Estoy deseosa de conocer vuestra opinión en los comentarios.
Nos leemos el próximo viernes y como siempre tendréis un adelanto el martes en el grupo de Facebook Elite Fanfiction en su iniciativa martes de adelantos.
Saludos
Nos seguimos leyendo.
