Pasaron un par de días después de los helados, ya sería un miércoles cuando el pequeño enamorado ignorando todo lo que la joven profesora le había dicho, se presentaría en su salón de nuevo recitando lindos poemas de amor con un ramo de distintas flores en su mano para que después se lo entregará a su querida maestra. Le había dicho "te amo" enfrente de todos rojo como tómate y los otros pequeños se ruborizaban junto a la profesora que no se creía como Steven había hecho eso de nuevo.
Lo saco del salón y le explico la situación nuevamente. El solo asintió mientras se encontraba muy sonrojado mirándola, perdido en aquellos ojos que consideraba los más hermosos de todos.
Tan solo el día termino y al siguiente pasó lo mismo, ahora en el receso entregándole un pequeño presente hecho a mano, hablándole una canción bonita la cual le recordaba a ella y se la dedicaba para que después la abrazará de sorpresa con fuerza y sumó cariño.
Para Perla no hubo explicación alguna la cuál podía dar a sus compañeros, y aunque no se diera cuenta en se momento. Profesoras y profesores, veían esto de una manera inquietante.
Calmar el amor de un chiquillo como Steven, resultó en algo imposible. Ella era un iman para sus miradas, sus sonrisas y toda su completa atención. Incluso muchos ya decían que el pequeño de cabellera rizada y alborotada era el problema de todo, y Perla era la inocente aquí. Y a Perla esto no era algo que le disgustaba puesto a que no podía pararlo por completo o simplemente dejar de pensar en el, por extraño que suene.
El corazón de Steven no paraba, su muy joven corazón no dejaba de amar y querer tener más oportunidades con Perla por imposible que fuera. Era un ejemplo de como antes ya se había dicho, para los enamorados más grandes que después de tanto rato de vida habían perdido el entusiasmo por completo de querer conseguir a ese alguien.
La joven profesora preocupada con pensamientos relacionados a Steven principalmente, entro a la sala de maestros. Se sentó en una mesa y las miradas extrañadas y fastidio no faltaron hacia ella. Solo un par de docentes le dedicaron aquello, un hombre y dos mujeres que circulaban de una edad de entre 30 y 40. Los mismos que se divertían de la situación de Perla.
Habían una que otra voz sonando antes de Perla entrara al salón, pero nada más entro y un silencio nada agradable se hizo presente. Incluso en el ambiente había algo de tensión y incomodidad.
El timbre sonó, se escucho como los profesores se levantaron de las sillas y luego salieron del lugar con normalidad y Perla antes de que pudiera salirse junto a los demás a impartir clase, en la pura entrada se encontró nuevamente con el director de la escuela. Mirándola exclusivamente a ella, diciendole después que tenía que hablar con ella.
Los dos se sentaron en una de las mesas de la sala de maestros. Perla no se mostró nerviosa si no triste, sabía lo que iba suceder ciertamente, ya tenía pensado que esto ocurriría pronto. Y antes de que las palabras rompieran el silencio, un suspiro pesado fue expulsado por la esbelta.
Sonrío un poco, ya se había tardado en reunirla para comentar el "problema" a decir verdad.
-Ay Perla, no sé ni cómo empezar -soltó el director mientras dirigía su mirada a la mesa.
Pasó unos segundos de puro silencio y luego el hombre la miro a ella.
-Supongo que sabes porqué estoy aquí -se tomo un silencio y preguntó con voz tenue -¿Por qué no detuviste eso?
¿Por qué no detener? ¿Por qué no destruir ese amor? Para Perla no había forma pero realmente si la había. Era simple, pero ella no pudo hacerlo o simplemente no quiso. ¿Pero por qué no querer hacerlo? Si eso era.
No quería verlo llorar, no quería hacerlo sentir mal ni romper su corazón o tal vez fue que el fue muy fuerte y nunca se rindió. Había una solución fácil para ello y está no era más que ser "cruel" y no consolarlo después de eso, pero eso ni pensarlo, pobre pequeño enamorado si lo hacía, ella no podría.
Aún conservaba sus regalos y sus mejillas se hacían rojas al ver tanto optimismo por conquistarla, y se apenaba de todo el asunto como si de una niña se tratase. Le gustaba verlo, le gustaba abrazarlo y no lo quería lejos de ella. Se sentía muy perdida en sus pensamientos y se encontraba con no saber qué hacer.
¿Quién lo diría? Steven un chiquillo y tenía a la joven profesora muy confundida de su mente, de sus acciones y de más. Era un sentimiento extraño.
-Se qué tú no tienes la culpa Perla, sé que no te gustaría dañar a un niño y eso es bueno, pero me he quedado en problemas por ello. No falta mucho para que una voz se salga de aquí, una que sea escuchada y nos metamos en un escándalo. Tu y toda la escuela -dio un suspiro miro a unos estantes y agregó -Solo queda una sola cosa por hacer.
Perla lo miro y bajo la cabeza con tristeza. Para ella le era claro lo que vendría, pero ella también lo vio como la mejor solución.
Ya pronto volvió a su clase, le dijieron que podía irse, pero decidió terminar la clase como es debido y en todo momento se preguntó lo que le pasaría a Steven de ahora en adelante y también a ella. Si es que lo volvería a ver alguna vez en el futuro, como sería su vida. Deseó con todas sus fuerzas que fuera feliz y que en algún momento cuando fuera debido, encontrará el amor y este le fuera correspondido.
La tristeza la abordó en algún punto, sintió una pesadez en los ojos y a la vez sonrío al recordar al pequeño confesándose. "No falta mucho" pensó a la vez de que miraba la entrada del salón.
El tiempo pasó y el timbre sonó, los alumnos ya comenzaban a guardar sus cosas y la joven profesora hablo amablemente.
-Muy bien eso sería todo, cuídense mucho -dijo dando por concluida la clase.
Al momento de decir esto, todos los niños del aula se levantaron de sus pequeñas sillas con rapidez, todos salieron del salón con cierto entusiasmo mientras reían y hablaban. Después de un rato toda el aula quedó desierta, oh bueno a excepción de Perla que ordenaba sus cosas con calma a la vez de que miraba constantemente la puerta del aula.
Al terminar de ordenar todo, se quedó en silencio mirando los pupitres. Miraba el salón pensativa, hasta que el sonido de unos pasos la hicieron voltear y se encontró con el pequeño enamorado de cabellera rizada.
