No llevaba más de tres días y ya estaba cansado de la rutina que fue obligado a llevar, siendo la parte que más le estresaba los malditos electrodos clavados en sus sienes para monitorear su actividad cerebral.
Se suponía que ya había pasado por esto, ese hombre ya hace tiempo había terminado su investigación ¿no?
¿Entonces porqué lo mantenía ahí?
El moreno estaba seguro de que ya no era necesario y es que ese tonto tampoco hablaba con él en español, sólo hablaba consigo mismo en inglés.
El latino soltó un suspiro lleno de frustración, cuando el hombre excéntrico no estaba experimentando con él lo dejaba botado en un cuarto de ventanas altas y pequeñas dando paso a poca luz para iluminar el mismo.
El tiempo que la pasaba encerrado lo utilizó para idear planes que terminaban en un final fantástico y poco realista donde él solo se las había ingeniado para escapar.
Donde no necesitaba de Hiro para volver...
Abrazó sus rodillas y escondió su rostro en el espacio que se formaba entre éstas y su pecho, no podía negar que extrañaba la presencia del chico mitad japonés, sin embargo, su corazón aún latía doloroso por lo que le había hecho a su guitarra.
¿Porqué rayos a los Rivera les gustaba la gente compleja?
Era probable que el genio de la robótica se llevara bien con mamá Imelda o tal vez ambos pelearían.
Ya no estaba seguro de nada, estaba exhausto y sólo quería dormir; no sabía exactamente cuánto tiempo hacía que no había probado bocado de alimento, no confiaba en nada de lo que ese hombre le ofrecía pero no había manera de irse a comprar por lo menos una simple manzana.
Cerró los ojos y trató de dormir un poco, después de todo ese hombre volvería por él cuando necesitara más material para investigación...
Hiro pudo fácilmente recorrer toda la ciudad de cabo a rabo y aún así no halló rastro del moreno por ningún lado, fue como si la tierra se lo hubiera tragado y esperaba pacientemente hasta que encontraran sus huesos.
El pensar eso le causó escalofríos; no quería pensar negativamente. Sin embargo, después de lo que había vivido era casi imposible pedir eso.
Alzó la vista al cielo pensando en su hermano mayor.
"¿Qué haría Tadashi en esa situación?"
-Bisqui itri pirspictivi...
Repitió con burla el mantra de su hermano ya que difícilmente esto tenía otra perspectiva, Miguel había desaparecido y no lo encontraban por ninguna parte.
Ok, lo admitía; estuvo mal destrozar la guitarra del menor, sin embargo no era para ponerse así.
Era un objeto material que fácilmente podía ser reemplazado.
No pasó mucho para que un breve recuerdo de una conversación que tuvo con el moreno viniera a su cabeza y lo golpeara como si de un martillo se tratase.
-Antes mi familia odiaba la música, tenía que tocar a escondidas con una guitarra que yo mismo hice...
Hiro golpeó su frente con la palma de su mano, bastaba con ver los precios para saber que tener una guitarra no era tan sencillo y suponía que el precio se elevaba increíblemente si el dicho instrumento poseía un diseño como la del moreno.
Suspiró pesadamente, quería retroceder el tiempo y evitar toda esa desgracia, pero eso sería adentrarse en temas conspirativos y completamente imposibles.
Tal vez no tanto, si logró crearse una máquina para teletransportación se podía aplicar el mismo concepto para el viaje en el tiempo, solo tendría que abrirse una brecha en el espacio-tiempo, dividir la materia en átomos y, una vez logrado, tendría que hallar una forma para volver a unificar la materia que había sido dividida para que después de traspasar la brecha transportarse a un tiempo predeterminado... Había que resolver primero el tema del desbalance en el portal dimensional...
¡Tenía que concentrarse! Miguel es más importante que los viajes en el tiempo.
Se recargó en una pared y llevó sus manos al rostro.
Sólo esperaba que no le hubiera pasado nada malo al moreno...
Nuevamente alzó la vista, debía haber un lugar donde no haya buscado, uno sólo; con eso le bastaba.
Tal vez si Baymax estuviera con él podría expandirse un poco más, podría escanear toda la ciudad y dar al fin con Miguel.
Pero el robot de vinilo blanco por una extraña razón salía desde temprano del café y sólo volvía cuando necesitaba recargar la batería.
Le había contado a sus amigos lo sucedido con el moreno, los universitarios entendieron la gravedad del asunto y entre todos buscaron a Miguel por la ciudad.
En caso de que alguno hallara al moreno o una pista de su paradero mandaría un mensaje a los demás, pero al parecer el esfuerzo de todos era inútil.
Preguntaron a varias personas por el moreno acompañado de una breve descripción, pero lo único que consiguieron fue que una señora lo vio correr en dirección a la zona central de la ciudad.
Sacó su teléfono y revisó nuevamente los mensajes, nada...
-¿Dónde estás?...
Hiro volvió su atención al entorno cuando sus ojos captaron una silueta de color blanco, al girar la cabeza se encontró con Baymax caminando por la ciudad, temía que estuviera siguiendo un gato o algo por el estilo.
Corrió para alcanzar a la invención de su hermano y pedirle ayuda, luego lo dejaría volver a lo que estaba haciendo.
-¡Baymax!
El robot giró la cabeza deteniendo su andar para encontrarse con el menor de pelo alborotado.
-Hiro.
-Necesito tu ayuda con algo... Por favor.
El robot giró todo su cuerpo para estar frente a frente con el genio de la robótica y parpadeó un par de veces.
-¿Sigues preocupado por Miguel?
Hiro asintió mientras lo miraba con ojos suplicantes, necesitaba encontrar al moreno y ver que estaba bien. Aunque no lo perdonase.
-No lo encontramos desde hace dos días...
-... Estuve buscándolo, no hay coincidencias de él en la ciudad.
El genio de la robótica se sorprendió al escuchar eso, era imposible salir de la ciudad a pie en tan poco tiempo; menos con la dirección que había tomado Miguel.
-Vamos a casa Baymax, tenemos que alistarnos...
-¿Dónde iremos Hiro?
-Encontraremos a Miguel, definitivamente...
Volvió sus manos puños y corrió en dirección a su casa, iba a cargar con toda la responsabilidad si le había pasado algo al moreno.
El menor de pelo azabache y tez clara envío un mensaje a los chicos universitarios, convocándolos en la mansión de Fred.
Después de un breve resumen de lo que Baymax había descubierto los 5 chicos empezaron a sacar hipótesis de lo ocurrido.
-Tal vez los oficiales lo recogieron.
-La estación de policía está en la ciudad, tonto...
-¿Algún familiar que viviera por aquí?
-No creo, toda su familia se encuentra en México.
Hiro se hallaba de brazos cruzados descartando y repasando algunas de las hipótesis que proponían los chicos, luego observó la colección de figuras de robots que tenía Fred.
Se concentró en la figura en particular que poseía brazos largos, era gracioso porque tenía cierto parecido al robot que los persiguió cuando conoció a Miguel...
Que pertenecía a ese hombre que lo había secuestrado junto con los demás niños...
El que dejó en la bodega inconsciente...
Y no entregó a las autoridades...
Finalmente sus neuronas lograron unir las piezas que faltaban en ese extraño rompecabezas, necesitaba hablar con Alistar Krei... Le debía un favor por haberlo salvado.
Un niño prodigio en la robótica que iba a graduarse de la universidad a sus 17 años o tal vez menos...
Eso era lo que odiaba nuestro villano de Hiro Hamada.
No todos fueron creados con igualdad, era el pensamiento que constantemente invadía su mente.
Mientras ese mocoso era idolatrado, otros (como él) tenían que arrastrarse y romperse las vértebras para poder terminar sus estudios en tiempo y forma.
Luego tenían que amoldarse al sistema y buscar trabajo que la mayoría de las veces no cumplía con sus expectativas, mientras empresas de desarrollo tecnológico prestigiosas se peleaban por ese niño, también puestos en investigación se debatían y ponían mayor precio a la cabeza de el chico mitad japonés.
Estaba harto, buscó por todas partes para que aceptaran su proyecto, sin embargo, sin recursos no podía impulsar su proyecto a algo más grande.
Vio una oportunidad con la empresa Alistar, pero la misma le echó en cara que ese mocoso de 14 años valía más que él...
No sé rindió tan pronto, consiguió por sus propios medios seguir con su investigación y de esa manera casi finalizarlo, sin embargo, ese niño genio intervino.
Quería engañarlo y finalmente deshacerse de él pero no sé esperaba que usara una llave inglesa en su contra, menos que su progreso se fuera por el caño.
Ahora lo odiaba con mucho sentido, valió la pena vigilarlos por largas semanas; tenía en su poder algo para hundir a ese chico, de una vez por todas...
Entró golpeando la puerta con fuerza y tomó al moreno con fuerza del brazo, le arrebataría esa sonrisa que poseía y le entregaría un cascarón vacío al chico prodigio.
Eso se ganaba por arruinar cada parte de su vida.
