"Steven Universe", pertenece a Rebecca Sugar y Cartoon Network, hago esto sin ningún fin de lucro.
Día 10 del reto "10 días de OTP"
Aberrar
Aberrar: Desviarse, extraviarse, apartarse de lo normal o usual.
"No…. No, no ¡NO!"
La joven camino rápidamente a donde el joven de largos risos negros platicaba con esa chica que le sonreía con coquetería, inclinando su cuerpo para estar lo más cerca que el decoro le permitía de ese chico. "¿En serio? Debe ser genial tener tu casa justo frente a la playa usualmente esos terrenos son muy caros". La chica golpeaba con la punta de su pie el suelo con un gesto casto y casta es lo último que ella era. "¡La playa entera es tuya!, ¡Wow!, deberías invitarme un día a pasar la tarde, podríamos ver una película seguro sería muy divertido".
— ¡Steven!
— ¡Connie!
El alto joven la miró con esa sonrisa llena de sol que solía dedicarle siempre, ignorando completamente a la chica con la que había estado hablando, se acercó a ella y la levantó en un abrazo de oso como siempre que pasaban algún tiempo sin verse. La chica se apresuró a envolver con sus brazos su cuello y respirar su aroma a rosas, la chica no muy lejos de ellos la miró con evidente molestia.
— ¿Ella, es la chica que esperabas Steven? - preguntó
— Si – dijo el chico con buen humor mientras ponía a la morena en el piso de nuevo.
— ¡Oh! – dijo con una sonrisa forzada – yo… tengo que irme, pero tienes mi numero, llámame.
Con un suave contoneo de caderas, la joven de brillante cabello rubio solo se alejó lentamente de ellos.
— ¿Dónde conociste a Peach? – dijo la morena chica apenas se quedaron solos.
— Me vio aquí esperando y se acercó a hacerme plática, fue muy agradable – dijo con normalidad.
Connie no supo si era porque ese era Steven, que solo quería ver amabilidad en todas las personas. O era porque era como todos los demás chicos que solo seguían como corderos a esa chica en particular a donde quiera que fuera.
Desde el primer día en que había entrado a la preparatoria había tenido a esta chica sobre su espalda como un mal karma. Peach Madison — ¿Quién en su sano juicio le pone Peach a una hija? – se sentaba justo detrás de su espalda en todas las clases, además de siempre pasar platicando con su grupo de amigas lo que no la dejaba concentrarse en clases, tratar de copiar en todos sus exámenes y en ocasiones fastidiarla arrojándole bolitas de papel cuando estaba aburrida, se enojaba porque no le dejaba copias sus tareas o prestarle sus notas.
Lo único que no necesitaba ahora mismo, era verla coqueteando con Steven. Ellos no eran más que amigos, los mejores amigos, pero Steven… Steven merecía algo mejor que una chica frívola y superficial como Peach.
— ¿Nos vamos? – preguntó Steven cuando vio a su mejor amiga perdida en sus pensamientos – Pearl nos está esperando, dice que hoy vamos a hacer finalmente esos ejercicios en el aire que nos prometió.
— ¡Claro! – dijo emocionada, dejando de lado todos sus pensamientos sobre la joven rubia de lado – va a ser seguro muy emocionante.
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Pero ojala eso hubiera sido lo último que hubiera sabido de Peach de parte de Steven, la chica se la pasaba enviándole mensajes y fotos a su celular y llamándolo en los momentos menos oportunos como a mitad de sus entrenamientos, Pearl incluso le había prohibido llevar el celular a las practicas por eso y cuando regresaban a casa siempre había una larga lista de llamadas perdidas y mensajes.
Ella no había dicho nada, que podía decir después de todo, Peach evidentemente le estaba coqueteando, la mitad de sus fotos se las mandaba siempre vestida con tops y shorts cortos, pero Steven nunca había notado más que "oh mira que chula bicicleta tiene Peach" o "su perro es tan bonito, lástima que no pueda enviarle fotos de león".
¿Qué podía decirle? Pedirle que no le contestara los mensajes o que no fuera su amigo era tonto, pero… odiaba que fueran amigos. Peach no paraba de enseñarle los mensajes amistosos de Steven en su celular en clase, el era tan amable con ella como con todo el mundo, pero ella estaba convencida de que lo tenía babeando por ella como con todos los chicos del salón. Y mientras más y más mensajes y fotos compartían más sentía que Steven en algún momento terminaría haciendo justo eso, enamorándose de ella, porque era bonita y popular, no un pequeño ratón de biblioteca.
Pasaron por lo menos dos semanas de todo eso sin que ella pudiera hacer nada y solo comiéndose la cabeza.
Hasta ese día…
Habían tenido deportes en la última hora. Ella había estado de muy buen humor porque ese día Steven le había dicho que iría por ella a la salida, Pearl había organizado una expedición a un viejo campo de batalla donde había uno de los templos que habían dejado las gemas desde la guerra. Steven le había dicho que esos lugares siempre eran geniales y había estado muy entusiasmado en el teléfono, solo faltaban 10 minutos, estaban ya recogiendo las pelotas y demás cosas que usaban durante la clase, cuando vio a Steven aparecer por el acceso a las canchas pero toda su alegría murió cuando vio que llevaba a Peach en brazos.
Se quedo de pie congelada en ese lugar al ver a la chica llorosa apoyada en el pecho de su Steven. Los vio llegar a las gradas de la cancha y como él la ayudaba a sentarse y tomaba uno de sus pies mientras la chica se quejaba de forma escandalosa. Le costó cada gramo de su fuerza para poderse mover hasta donde estaban los dos.
— Oh muchas gracias Steven eres tan amable – dijo con voz delgada la chica, de largo cabello rubio.
— ¿Aún te duele mucho? – preguntó preocupado.
— Si – dijo con un gesto lleno de "dolor"
Antes de poder alcanzarlo, Steven había tan fácil como siempre, solo había puesto su pulgar sobre su lengua y pasarla por el pie de la chica que lo vio con una sonrisa burlona, casi podía imaginar lo que pensaba.
— ¿Te sientes mejor? – dijo con ánimo.
— No - respondió con un puchero - aún me duele.
— ¿En serio? – dijo confundido, hacia mucho que sus poderes sanadores no le fallaban
— Si.
Connie finalmente llegó hasta donde ellos estaban y miró con ira a Peach.
— ¡Está mintiendo Steven! – casi gritó.
— ¡Tú que sabes! – Respondió la chica rubia enojada. – En serio Steven, me duele mucho.
— Steven…
El chico ya tenía una mirada preocupada. Connie sabía que cuando Steven creía que perdía sus poderes sanadores, de hecho podía perderlos, y no quería que pensara en eso. Eso solo la llenó de ira, Peach no se merecía ser siquiera la amiga de Steven, no sabía nada de él, no sabía lo maravilloso que era, lo sensible que podía ser, lo valioso.
Connie sabía que haría una aberración, pero tenía suficiente. Llegó hasta donde la chica estaba y la jaló de un brazo por supuesto se puso de pie enseguida sin problemas.
— ¡Dile que mientes! – le exigió - ¡Dile la verdad ahora mismo!
— ¡No sé de qué estás hablando! – dijo ofendida la chica.
Viendo como poco a poco la cara de Steven se descomponía Connie había tenido suficiente. Juntando toda su furia apartó a Steven de ella y sin meditarlo ni un momento le soltó una bofetada con todas sus fuerzas la chica quedó tendida cuan larga era sobre la larga grada, apenas reaccionó se levantó y se fue contra ella.
— ¡Eres una zorra! – dijo tratando de alcanzarla, pero Connie solo la empujó para sentarla de nuevo. – ¡Te lo dije Steven está loca!
Connie entonces alcanzó a Steven y lo obligó a abrir la boca para poner su pulgar dentro de su boca, apenas estuvo húmedo lo sacó, y alcanzó de nuevo a Peach, y pasó la saliva por su mejilla, la marca roja que se había creado un momento antes en su mejilla, desapareció enseguida.
— ¡Lo vez Steven! – dijo ella señalando a la chica – ella estaba mintiendo.
Le tomó un momento casi demasiado largo a Steven entender lo que decía, pero si, la marca roja de la mano de Connie que había brillado en la mejilla de Peach con su piel tan blanca ya no estaba.
— Pero ¿Por qué?
— ¡Steven! – Se quejó la rubia sosteniendo su mejilla - ¡No puedes creerle, mírala, mira lo que acaba de hacerme!
Pero evidentemente Peach no tenía ni idea de los poderes de la saliva de Steven actuando delante de él. No había curado su tobillo, pero si su mejilla, quería decir que estaba pasando lo mismo que con su padre aquella vez.
— ¿También lo que me dijiste de Connie es mentira? – tuvo que preguntar el chico.
— ¿Qué te dijo de mí? – Preguntó la joven morena con curiosidad.
— Que… - la volteó a ver para hablarle de frente - que tenias novio, un chico de tu clase…
— ¿Qué? ¡No! – Aclaró la joven morena enseguida - ¡Como podría, si yo a quien quiero es a ti!
— ¿Tú me quieres? – dijo Steven un con una sonrisa que no pudo detener - ¿En serio?
— Oh por favor – dijo la chica rubia – consigan un cuarto.
Sin decir nada más se levantó y empezó a alejarse de ellos.
— ¡No se te ocurra enviarle mensajes de nuevo! – gritó la morena.
— ¡Oh váyanse al diablo los dos!
La chica finalmente se alejó de la pareja que de pronto solo se miraron el uno al otro.
— Lo lamento mucho Steven – dijo Connie – se que ella te agradaba.
— En realidad – reconoció - no mucho.
— ¿Qué?
— Solo conversaba con ella porque me dijo que salías con alguien – admitió algo sonrojado - yo solo pues… intentaba hacerme a un lado, darte tu espacio para que…
— ¡No es cierto, nunca ha sido cierto Steven!
— ¡Y estoy tan feliz por eso! – dijo el chico sin poder evitar dejar correr un par de lagrimas de sus ojos – te quiero Connie.
— Oh Steven.
Connie subió sobre la grada para poder alcanzarlo y limpió ese par de lágrimas y finalmente como había estado deseando hacer por mucho tiempo puso un beso en sus labios.
Una pequeña parte de ella le agradeció a Peach por obligarla a hacer algo que por sí misma nunca se hubiera atrevido a hacer.
Fin.
