Disclaimer: aunque Rowling es la poseedora oficial de Harry Potter, yo me lo quedo los fines de semana.

Notas: ehm, perdonad el retraso. Sequía creadora. Vale, sequía no: catástrofe mundial, más bien, con todo lo que he tardado. Pero bueno, por lo menos subo, ¿no? Que ya es algo.

Capítulo dedicado a zryvan, que por algo me ha mandado los últimos rr y se ha preocupado por mi aparente abandono. Espero que esto compense!!


El Experimento

Capítulo 10. Little Hangleton

(o de cómo Harry Potter, además de calvo, es padre)


-Sirius Black, como no vengas aquí ahora mismo te juro que… te juro que… -a lo mejor la amenaza (incompleta) quedaría más mejor si Roxanne no estuviese jadeando, en este instante. Jadeando como un perro, mientras, por cierto, dicho perro suelta risitas de niño de cinco años que acaba de robar una galleta.

Qué estúpido es todo esto, bien mirado.

-¿Qué me juras, preciosa? –sonrisa, guiño. Roxanne se sonroja, y le salta encima.

Furiosa, por supuesto. Furiosa y arañando, por si fuera poco, porque este hombre la pone de los nervios.

Y, justo cuando va a alcanzarle la garganta –de esta no sales, Sirius Black; ríete tú de todos los Velos del mundo-, el muy… cabrito se transforma. Otra vez. Y ladra, contento, y mueve la cola.

Roxanne está a punto de echarse a llorar.

&&&&&&&&&&&&&

Definitivamente, a Albus no se le da bien el dibujo. Y es casi igual de seguro que nadie se lo ha dicho nunca, porque –a pesar de la cara de disgusto que pondría el pergamino, si tuviera cara- el muchacho se ha empeñado en seguir. Y seguir. Y Remus Lupin está demasiado fascinado como para dejarle tirado con su inexistente habilidad, ahora que se han ido todos los demás.

Vale, puede que no sea sólo por eso por lo que se ha quedado. Puede que la expresión ávida y exageradamente triste de Lily Stevenson al salir también haya tenido algo que ver. Pero poco.

La cuestión, ahora, es que están solos en la biblioteca. O con Hércules Pince, que es lo mismo; el eterno bibliotecario no reacciona ante nada, a menos que amenace a sus queridos libros. O que haga ruido.

Y, bueno, no es como si a Remus le importase mucho estar solo con ese chico. No le cae mal, ni bien, ni nada de nada, porque, al fin y al cabo, no lo conoce. Pero le pone nervioso, especialmente porque no es sólo el físico lo que guarda en común con James Potter, uno de sus mejores amigos del mundo mundial, no. También son los gestos, y ese aire de ligera preocupación cuando se concentra. Aunque sea para algo tan tonto como dibujar –bueno, o destrozar un pobre pergamino-, la expresión es la misma que, por ejemplo, la que tenía James la primera vez que se transformó en ciervo. Luego, obviamente, el animal dejó de tenerla, pero eso es otra cosa.

La cuestión es que Albus está empezando a poner muy nervioso a Remus. Demasiado.

-¿Estás bien? –vaya, pues ahora resulta que el chico no estaba tan concentrado como parecía. Remus levanta la vista de su libro (sí, lleva media hora leyendo al revés, ¿y qué? Es que es muy listo, ¿qué os creíais?) sólo para encontrarse, frente a frente, con unos ojazos verdes que lo examinan con críticamente, casi con preocupación.

Bonitos ojos, piensa, inconscientemente. Luego responde.

-Ehm… Sí. Sí, estoy bien. Claro –y asiente repetidas veces. Se siente como un idiota, pero es que es tan raro estar hablando con un James que no es James, pero que tiene prácticamente los mismos rasgos y el mismo cuerpo y el mismo todo, y está hiperventilando, casi, sólo de pensarlo.

-Ah… Vale –obviamente, Albus no se lo ha tragado. Como para tragárselo; Lupin será más raro que un perro verde, eso puede aceptarlo, pero esto ya es pasarse. Lleva absolutamente todo el tiempo observándole. Por favor, si tiene el libro al revés…

-¿Por?

Lo pregunta con voz estrangulada y falsa. Con una despreocupación fingida, como si intentase asegurarle que no tiene ningún motivo para preguntar. Los ojos verdes de Al no se apartan de los del licántropo; hay una nota de histerismo en los iris ámbar, y el joven Potter (que, por supuesto, aquí no es Potter) encuentra su respuesta en apenas un instante.

Sospecha algo.

Está claro. ¿Por qué si no iba a estar tan nervioso, y tan concentrado en él? Es evidente que no se ha creído la historia de los estudiantes de intercambio, y que los nombres esos absurdos no han dado el pego. Lógico, por otra parte; lo raro es que no lo haya notado ya todo Hogwarts.

-Por nada –y sonríe, intentando quitarle peso al asunto. Sonrisa marca Potter, por supuesto, como Remus nota enseguida. El licántropo se estremece-. ¿Seguro que…?

-Sí.

Estoy bien. Pero hay algo raro.

Súbitamente, una sombra se alza ante ellos, enorme y ciertamente amenazadora. Albus casi agradece la interrupción. Casi.

-Señores, si no les importa, es hora de cerrar –comenta Hércules Pince, con una expresión que desmiente absolutamente la aparente amabilidad de sus palabras. Daría igual, seguramente, lo que respondieran ellos; si no se movieran los echaría a patadas.

-Ajá –Albus es el primero en reaccionar. Recoge torpemente las cosas, sin mirar, y sale prácticamente disparado, seguido de cerca por el licántropo.

-¿Qué hora es ya? –de pronto, Remus Lupin parece haber cambiado totalmente de chip. Sigue nervioso, sí, pero es otro tipo de nerviosismo, un nerviosismo de oh-mierda-tengo-que-correr-me-van-a-matar-si-no-llego.

-Las ocho.

-¡Mierda!

Y sale corriendo a toda máquina, dejando a un confuso y ligeramente cabreado –aunque no mucho- Albus Potter… quiero decir, Albus Smith. A saber a dónde va, con esas prisas.

&&&&&&&&&

Lily está aburrida. Mejor: Lily Luna Potter/Stevenson está MUY aburrida. Y Lupin se ha quedado en la biblioteca, Hugo parece ligeramente molesto y el único que finge hacerle caso es Sirius Black. Sinceramente, qué chico más soso, en su opinión. No se le ocurre hablar de nada que no tenga relación con el supuesto intercambio, con el antiguo instituto de magia al que iban los primos o con el porqué de su súbita llegada.

-¿Sabes que eres un plomo de tío, Sirius? –le pregunta, inocente, tras responder a la oleada de preguntas con unas respuestas muy bien pensadas. Que son, a saber: no, no se ofreció voluntaria para el intercambio; ¿que dónde está Strawgoh?, pues en el desierto del Gobi, claro, y que no, Hogwarts no la ha impresionado en lo más mínimo. Pero le gusta el look de Dumbledore.

-¿Qué? –obviamente, la afirmación deja a Sirius un poco más descolocado que antes. Está claro que a la chica le falta un tornillo; nadie antes le ha dicho que es aburrido. Jo, si es que le da alergia y todo, la palabra; es como mencionar a… a Snape.

-Pues eso. Que eres soso, plasta, plomo, aburrido. Que no me ayudas a pasar el rato, hijo –y, con esto y un golpecito amistoso (y fuerte) en la mejilla, Lily Luna se levanta del sillón de la Sala Común, y empieza a dar vueltas.

Y, probablemente, Lily Luna seguiría dando vueltas por siempre jamás, ya puestos, de no ser por la entrada de alguien en la Sala Común. De vario alguienes, en realidad.

-¡Hola, Sirius! –y (fantástico) ya está aquí la otra Lily, pelirroja y con una sonrisa forzada en los labios, intentando… algo. Algo que será desagradable para ambos, sin duda, pero que parece empeñada en conseguir. Como un beso.

Si Sirius fuese menos Gryffindor, echaría a correr. Pero la Casa de los Leones tiene una imagen que mantener y esas cosas, y, entre sus atributos (o defectos) está el de ser la Casa de los estúpidamente valientes, los que arriesgan su vida por causas perdidas, como la supresión de la carne a medio descomponer de los banquetes de Navidad. Así que Sirius Black, que para algo se ha esforzado todos estos años en jorobar a su familia siendo básicamente el perfecto Gryffindor, no se mueve.

Mal asunto.

&&&&&

Albus Smith no es un chico curioso. No mucho. Vale, puede que un poco, pero vamos, tampoco taaanto como para rebajarse a seguir a Lupin, ¿no? Aunque le intrigue que se haya ido tan corriendo.

Así que el hecho de que camine detrás de su compañero de habitación es totalmente casual. Sí, por supuesto. Es sólo una casualidad que, dondequiera que vaya Remus Lupin, resulte estar en la misma dirección que… algo. Algo que Albus Potter/Smith está buscando, aunque no sepa qué es.

Y, por eso mismo, no le importa en absoluto cruzarse con su tocayo, que le agarra del hombro y le redirige a su despacho. No, qué va. Que lo maldiga entre dientes es sólo… una muestra de cariño.

Nada más.

&&&&

Albus Dumbledore, Director de Hogwarts desde hace unos siete años o así, aún no ha terminado de adornar correctamente su despacho. Es algo que, probablemente, no viene a cuento, pero que es digno de mención.

Pero a lo que íbamos: a pesar de que el despacho del director carece de ese toque personal que debería tener (un pajarraco de fuego que lo pone todo perdido, un pensadero y cuatrocientos mil cachivaches no son suficientes) no tiene un sitio mejor donde llevar a su "nuevo alumno". Así que le hace subir las escaleras automáticas, ignorando completamente sus protestas y las maldiciones que va soltando por lo bajo, el muchacho.

-Profesor, estaba en medio de algo importante –murmura, y Albus (Dumbledore) finge no haber escuchado nada.

-Verá, señor Smith –dice, nada más llegar arriba. Bueno, nada más llegar, sentarse en el sillón, tomarse un té, comerse una bolsa de caramelos de limón y comprobar –de nuevo- que está vivo. Por si acaso-, tengo algunas preguntas que querría hacerle.

-¿Preguntas? ¿Como cuáles?

-En primer lugar, me dijiste que erais cuatro, ¿no? –y ahí Albus Severus Potter/Smith cae en la cuenta de algo.

-¿Ha encontrado a Roxanne, Profesor? –lo dice con más preocupación de la que siente, en realidad. Como si intentase arreglar el hecho de no haberse acordado de ella en las últimas cuarenta y ocho horas, más o menos; cuando vuelva a verla, lo va a matar por esto. Menuda es Roxanne, con estas tonterías.

-Pues no. Eso era lo que quería preguntarte, entre otras cosas, Albus –comenta, y, por un instante, el muchacho no entiende del todo de qué va la cosa.

-¿El qué?

-¿Cuándo la perdisteis de vista? –inquiere el viejo Director. Todo brillo de diversión se ha ido de sus ojos; sólo queda seriedad, y algo de preocupación.

-Pues… No sé exactamente –Al empieza a ponerse nervioso. Un poco; tampoco es como si Roxanne estuviera en peligro de muerte, ¿verdad? Nah, no puede ser; uno no puede salir de Hogwarts así como así.

-Mucho me temo entonces, Albus, que Roxanne esté…

¿Muerta? Oh, mierda, mierda mierda mierda, ¿cómo hemos podido ser tan estúpidos? ¿Cómo…?

-… desaparecida. A saber dónde estará ahora mismo –dice el Director. Y, bueno, por lo menos no ha mencionado nada de muertes, ¿no?

-¿La… la encontrará, profesor? –ante esto, por supuesto, Albus Percival Wulfric Brian Dumbledore asiente. Cómo no, si es el mago más poderoso de su tiempo. O de la Historia, si nos ponemos.

-Me pondré a ello enseguida, Albus. Sólo necesito saber su nombre completo; me lo hará más fácil –Al asiente.

-Está bien. Se llama Roxanne Harris, Director. ¿Vale con eso?

&&&&&

Mientras tanto, Roxanne y el Sirius Black-perro acaban de hacer un descubrimiento realmente interesante. Bueno, sería interesante si alguno de los dos se hubiese leído Harry Potter y las Reliquias de la Muerte, pero, como ninguno lo ha hecho, pues como que les da un poco igual.

Lo único que saben, ahora, es que están en un bonito pueblo semivacío llamado Little Hangleton, que la casona en la que han aparecido es la Mansión Gaunt –aunque de mansión ya poco- y que no es que el pueblo esté vacío; es sólo que los habitantes son medio murciélagos y no salen de día.

¡Ah! También se han encontrado con un bonito anillo viejo, en el suelo. Vale, lo de bonito podemos quitarlo, sí, pero no hace mal a nadie, y queda mejor que decir que el anillo de marras es totalmente antiestético.

-Lo que le habría gustado a Lily –murmura Ro, casi inconscientemente, y, ahora que, por primera vez en ni se sabe de tiempo, ha pensado en su amiga, se pregunta dónde estará. Y cómo. Y si Albus le habrá puesto ya los cuernos o se habrá estado quietecito.

-¿A Lily? –al parecer, Sirius Black ha tenido a bien eso de volverse humano un ratito. Más que nada para poder mantener una conversación en condiciones, o casi- ¿A qué Lily?

-A Lily Potter, por supuesto –dice ella, como si el mero pensamiento de que el anillo pudiera gustar a otra Lily fuese extraño. Que lo es, porque, como ya hemos dicho, la joya es vieja y fea y falta de gusto.

-¿A la madre de Harry? –ante esto, Roxanne se echa a reír.

-¿La madre de Harry? ¿Crees que soy tonta? –considerando, probablemente acertadamente, que no es una buena idea ser sincero al responder, Sirius Black decide pasar de la pregunta.

-Bueno, si no es la madre de Harry Potter, ¿quién es?

-Pues su hija, claro.

Y Sirius Black se desmaya.


Hum... No sé muy bien qué os habrá parecido, y seguiré sin saberlo, a menos que me dejéis REVIEWS. Jo, qué sutil y discreta que soy, ¿eh?

Danny