Capítulo 9.
Era una de esas noches en las que Constantine sentía que la oscuridad del dormitorio de los chicos era sofocante y callada. Era polvorienta y sabía como sus sueños, plagándolo con visiones de ojos rojos aventuras que debían llevarse a cabo bajo la cobertura de la oscuridad. Se podían escuchar como leves murmullos que le recordaban demasiado al sonido de alguien que intentaba no hacer ruido, y que ponían sus sentidos en alerta máxima.
El sueño lo eludía, sin importar cuanto amenazara o golpeara a su almohada, así que al cabo e un rato, decidió levantar las protecciones de su cama y abandonarla. El fuego en la sala común permanecía encendido todo el tiempo en los meses fríos. Con decidió ponerse al corriente con algo de la lectura recreacional que había estado dejando de lado los últimos días para pasar mas tiempo con Hermione.
Hermione, pensó él, sonriendo con placer. Pero que fascinante y deseable mujer. Con encontraba casi imposible que ella lo deseara a él, pero, aun así, ella lo deseaba. En la semana que siguió a su interludio en el estanque, ella había iniciado una campaña de toqueteo casual que lo estaba poniendo como un salvaje.
Esa mañana, antes del desayuno, el había decidido ir al laboratorio de pociones y tratar de trabajar un poco.. Después de ducharse, se había aplicado un rápido hechizo para secarse el cabello, sin molestarse en peinarse. Así como estaba se dirigió hacia su estación de trabajo, para continuar con la poción para las jaquecas antes que el hechizo de stasis se terminara. Hermione había tenido la misma idea y entro en el laboratorio casi pisándole los talones.
El había estado en una banqueta, con el rostro sobre un caldero cuando escuchó la risa maniática de ella. El muchacho pego un salto y se dio vuelta para enfrentarla.
"Por que cacareas tanto, hechicera?"
"Oh, Con. Tu cabello. Es un desastre!" Su boca estaba abierta ampliamente con un gesto tan amigable, pero Constantine recordó como su corazón se había ido a parar hasta sus pies y el rostro se le había puesto incandescente.
Se había sentido malhumorado y le había dolido en el alma. Esas emociones le eran desconocidas y se sorprendió por la rapidez con la que sus palabras lo habían lastimado. El había transfigurado un agitador en un cepillo con una expresión ácida. Hermione había movido la cabeza negativamente y chasqueó la lengua con desaprobación, pero con una suave y juguetona expresión en los ojos.
Lo hizo darse la vuelta para poder mirarlo. Abrió las piernas de Con para poder pararse en medio.
Sus manos se deslizaron entre su cabello, tan suave y gentilmente como el sonido de las páginas de los libros cuando se las movía en una habitación silenciosa. Con intento mantener sus ojos abiertos, pero estaba librando una batalla perdida. Se rindió y cerró los ojos, concentrándose en la sensación de sus dedos y uñas arrastrándose en su cabeza.
"Supongo que se siente bien?"
"Unhg", replicó él, con la lengua paralizada.
"Muy bien. Mucho mas atractivo". El susurro había sido íntimo, y el se había sentido imposibilitado para detenerse y acercarse a ella, para besarla.
De más esta decir que no trabajaron demasiado en las pociones de Madame Ponfrey, después de eso.
Sin embargo, Con se las había arreglado para hacer un poco de buena investigación. Por ejemplo, había aprendido que la piel detrás de las rodillas de Hermione le daba cosquillas. Descubrió que emitía unos gemidos deliciosamente femeninos cada vez que la acariciaba en los costados. Y que se volvía loca cuando succionaba el lóbulo de su oreja delicadamente y permitía que su cálido aliento jugara en su cuello y en la oreja.
Constantine dejo el dormitorio de los chicos en silencio y con un libro debajo del brazo. Se paso una mano sobre la cara para borrar la poco característica mueca masculina que tenía plasmada. Ese último descubrimiento fue el que mas le había gustado. Para se momento, la tenia contra la su mesada de trabajo. Cuando conectó su boca contra su oreja, ella gimió fuerte y se arqueó, mientras que una de sus piernas fue a enredarse alrededor de su cadera. Su gemido había hecho que Con se sintiera como el primitivo macho yo-hombre, tú-mujer, y se había aferrado a los muslos de ella y apretó su cuerpo todavía mas al suyo, inadvertidamente presionando su erección contra el suave abdomen de ella.
Le puso un alto con firmeza a todo el asunto del recuerdo y se acomodo un poco mientras bajaba las escaleras. Aunque dudaba que hubiera alguien despierto a esas horas en la sala común, no quería arriesgarse a que lo vieran entrando con una carpa de circo frente a los pantalones.
El libro en sus manos era pesado. Hermione se lo había enviado algunos días atrás, diciendo que ere, 'simplemente fascinante'. Se llamaba Enfermedades Mágicas que presentan descargas, algo que podría desinflar hasta la libido más salvaje. Cubría desde lo mas común, como un resfriado mágico, hasta la oscura Pústulas Dragón burbujeantes de Genetian, de la cual, los síntomas eran tan horrorosos que muchos magos se suicidaban antes de que la enfermedad empeorara. De hecho la mayoría terminaban ahogados...
Con se quedó frío al pie de las escaleras. Había un cuerpo yaciendo boca abajo en la mitad de la sala común.
Su cerebro se anuló y el instinto se apoderó de el. Con sacó su varita y comenzó a escanear las sombras de la habitación apenas iluminada por el fuego de la chimenea. Moviéndose con pies silenciosos, se movió hacia el cuerpo y se horrorizó al ver un destello rojizo. Weasley, gruñó mentalmente, observando los torpemente despatarrados miembros. Empujo un poco al muchacho en un costado con la punta de sus botas, tratando desesperadamente que sus sospechas estuvieran equivocadas, pero Ron no se movió.
Con volteó al cadáver y lo puso boca arriba, para ver si podía ver cual había sido la causa de muerte. Clínicamente hablando, notó que el cuerpo todavía estaba tibio y el rigor mortis no había comenzado. No tenía ni una marca. Existen muy pocos hechizos y maldiciones que matan sin dejar marcas en el cuerpo, y todos son oscuros. Paso su negra varita sobre el cuerpo, buscando signo de algo fuera de lugar.
"Maldita sea!" La punta de una varita estaba presionada con mucha firmeza en el cuello de Con y se encontró mirando a los ojos de un asustado y muy vivo Ronald Weasley.
Constantine torció el gesto como quien esta comiendo pastel de calabaza y muerde el dedo de un elfo doméstico. Mas rápido de lo que Weasley hubiera pensado que era posible, la mano de Con había quitado la varita de Ron de su garganta, desarmándolo, mientras su otra mano se afirmaba con fuerza de la oreja del pelirrojo.
"En el nombre de Merlín! En que estabas pensando que decidiste jugar al muertito? Acaso ya tienes tan pocas células cerebrales que no puedes distinguir tu cama del suelo de la sala común? Es que la terrible cantidad de perfume barato que aspiraste del cuello de la Srta. Brown ya te pudrió el cerebro con ese repulsivo hedor?"
La expresión de Ron se oscurecía con cada palabra que Con decía. Hizo un vano, pero rudo intento por quitarle la varita. Por supuesto, sin resultado. El joven de oscuros cabellos tenía unos reflejos demasiado agudos. "No me estaba haciendo el muerto, idiota, estaba durmiendo. Eso, estaba durmiendo hasta que me desperté con una figura oscura y sombría sobre mi, y una varita lanzando algo rojo".
Con se sentó y cerró la boca con un ruido. "Oh. Veras, creí que estabas muerto. Eso era un hechizo de diagnostico". No se estaba disculpando. No había tenido la intención de asustar a la comadreja, pero se negaba rotundamente a disculparse con alguien tan estúpido como para dormir en el suelo del área común.
"Bueno…puedes ver que no lo estoy. Apreciaría que me dejaras solo para que pueda volver a dormir". Con eso, se acomodo de nuevo en el piso como para volver a dormir. Con parpadeo. No se veía cómodo, para nada.
"Puedo atreverme a preguntar por que estas durmiendo aquí? Seguramente el santuario de tu propia cama o los placeres de la Srta. Brown deben ser mas apropiados."
Ron suspiró y se sentó. Cuando hablo, su voz y sus ojos eran totalmente inexpresivos. "No he sido capaz de dormir en mi cama desde el año pasado y Lavender termino conmigo. Me llamo un 'invalido emocional'. Como puede ser? Hemos estado juntos desde mediados de nuestro sexto año. Un invalido no podría haber hecho eso".
Por el contrario, Weasley. Si la chica está dispuesta a aceptarlo, no hay razones por las que una persona con emociones lisiadas no pueda tener una relación a largo plazo".
Ron se puso de pie de un salto. "Bien, tengo un poco de hambre. Creo que voy a buscarme algo de comer". Comenzó a caminar hacia el retrato de la Dama Gorda.
"Weasley…"
"Quieres que te traiga algo, compañero?" Ron tenía una sonrisa maniática y agresiva, que dejaba ver demasiados dientes. "No? Bueno, entonces me voy".
"Estamos pasados en toque de queda. Vas a perder puntos de Gryffindor".
El pelirrojo se encogió de hombros. "Eso si me atrapan". Sonrió de nuevo, como si alguien dudara de su salud mental. Sin decir más, se escabulló por los corredores de Hogwarts.
Constantine se sentó en el sillón más cercano a la chimenea con el libro sobre la falda. Se pregunto cual sería el mejor momento para avisarles a Hermione y a Harry, que el mecanismo de recuperación de Ron lo había abandonado y que no le estaba sentando bien. Con toda claridad, Weasley se había tenido que ver cara a cara con sus problemas, y no había sido un encuentro amigable. Con se cruzó de piernas, de cara al fuego, y abrió su libro.
El Gryffindor de cabellos negros miro orgulloso hacia donde la manita de Hermione descansaba en la enorme garra de el. Estaban caminando hacia transfiguraciones juntos, y él se había ofrecido, como todo un caballero, a llevar su bolso por ella, además del suyo. Con hablaba en serio cuando dijo que la cortejaría.
Era, después de todo, totalmente lógico. Con había decidido que ellos eran perfectos el uno para el otro, y cortejarla era la manera de conocer sus emociones y poder anexarlas a las suyas.
El estaba mucho más que a favor de unirse a ella. Hermione era la única chica que había conocido en Hogwarts que no era frívola o estúpida. Era tranquila, con una cabeza lógica sobre los hombros. Además, era ferozmente inteligente. Si alguna vez tenía hijos, quería asegurarse de que fueran inteligentes también. No se podía arriesgar con una mujer que tenía una reserva genética cargada de estupidez. Ella y el compartían muchos intereses, siendo el mas fuerte, el mutuo deseo por la investigación de pociones como carrera.
Y si Con debía ser honesto consigo mismo, debía admitir que la encontraba hermosa.
No había nada de malo en sentirse atraído a una persona tanto por lo mental como lo físico.
A medida que se acercaban a el aula de Transfiguraciones, Con decidió que era el momento perfecto para cortejarla un poco con un pequeño gesto. Cuando se detuvieron para que el pudiera devolverle el bolso antes de entrar en el aula, el estiro una mano y rozo la mejilla de ella con la punta de los dedos. Luego se inclinó y rozó dulcemente la bellísima boca de Hermione con sus labios, demostrándole que se sentía orgulloso de estar a su lado.
Ella abrió un poco la boca y el inclino su cabeza un poco mas, par tomar ventaja de su permiso para profundizar el beso.
De pronto, una fría mano se cerró sobre el hombro de Con y lo apartó bruscamente de Hermione. El labio inferior de ella se deslizó entre los de él con un suave sonido cuando ella emitió un gemido de desaprobación.
Los ojos de Hermione se abrieron de par en par cuando vio a la Profesora McGonagall plantada en medio de los dos como un roble.
"Cincuenta puntos menos para Gryffindor, de cada uno de los dos!" La postura de la profesora era muy rígida y prácticamente irradiaba furia. "Entre al salón de inmediato Srta. Granger!"
Cuando Hermione obedeció, se volvió para mirar a Constantine Prince. El dedo índice de la mujer se presionó con fuerza sobre el esternón del muchacho, y a pesar de ser él, ofreció sumisión a la mujer. "Como te atreves? No volverás a tocarla, me escuchaste?"
Con se quedo tieso como si le hubieran lanzado un hechizo. Minerva tomo un par de inspiraciones, antes de tomarlo del hombro izquierdo con su mano derecha. Cuando volvió a hablarle, su voz era más amable, aunque todavía un poco gélida. "Ella no es para ti. Me estas escuchando? Ella-no-es-para-ti".
Cuando la profesora McGonagall le quito la mano de encima, Constantine pudo ver el brillo color cobrizo, de un brazalete igual al suyo, en la muñeca de Minerva.
N/A: CHAN! Busted! Pero no se preocupen, que a Con le importa tanto como a Severus lo que McGonagall le diga…bwahahahahaaaa!
Gracias por seguir leyendo!
