Capítulo 9: "Sedantes"
Chrisle observó a su superior con el entrecejo fruncido. Cada vez tenía más ganas de matar a aquel infeliz, por mucho que ahora formara parte de la tripulación y estuviera bajo su mando. Aquella arrogancia de la que hacían gala gran parte de los hombres de la banda la ponía enferma, y en especial la del segundo de abordo. Apretó la quijada, había aguantado bastante, por lo general nadie conseguía tomarle tanto el pelo antes de acabar fiambre.
El rubio volvió a tirar del pantalón con la cuchilla, captando de nuevo la atención de la joven. Chrisle le dedicó una sonrisa inocente y le pateó el casco con fuerza. Killer salió despedido hacia atrás, acabando sentado en la camilla de al lado. Se llevó la mano a la cabeza con un gruñido, le retumbaba todo.
—Llevar casco también tiene sus inconvenientes, ¿no?
Gruñó de nuevo y trató de levantarse, pero no fue capaz. Sin embargo el causante no era el mareo que le había provocado el traumatismo. Se observó la mano, la tenía esposada al cabezal de la camilla. Parpadeó estupefacto, tenía que ser una broma, aquellas eran las esposas que había usado con la chica.
Se volvió con brusquedad hacia Chrisle, que le observaba desde su posición, a un par de metros de donde él se encontraba, de pie y con ambas manos libres, incapaz de borrar la sonrisa que adornaba su rostro.
—Suéltame—exigió el hombre en un susurro amenazador.
—No.
Era inútil volver a ordenárselo. Killer se tensó y se preparó para el combate. Dejó de considerarla un miembro de la tripulación y pasó a convertirse en una enemiga.
Aquello no pasó desapercibido para la mujer que alzó una ceja divertida y ladeó la cabeza.
—¿Quieres pelear?
El rubio le observó la pierna que empezaba a dejar un pequeño rastro de sangre en el suelo. Se relajó un poco, con aquella herida no sería capaz de llegar muy lejos.
—Morirás.
—Todos morimos un día u otro—contestó ella abriendo ambos brazos y observando a su alrededor—. En eso se resume todo. ¿No crees?
—Creo que empiezas a delirar.
—No he perdido tanta sangre como para eso.
—Mírate Chrisle, no puedes dar ni un paso.
—¿Ah, no?
—No.
La joven soltó una pequeña risa y se dio media vuelta, dirección a la puerta. Aunque no pudo llegar muy lejos porque una de las cuchillas del rubio se clavó en la pared, a la altura de sus ojos.
—La próxima no será un aviso—siseó el pirata.
Chrisle le observó en silencio. Cerró ambos ojos con fuerza y suspiró. Se metió la mano en el bolsillo y le arrojó las llaves que momentos antes había robado. Se volvió de nuevo dispuesta a salir, pero en apenas un segundo volvía a tener a Killer detrás, sujetándola por la cintura, atrayéndola hacia él y con una cuchilla en el cuello. Gruñó frustrada.
—Déjame en paz.
—¿Después de esposarme a una cama? Me parece que no.
Chrisle se removió bajo su agarre mientras él la arrastraba de nuevo hacia la camilla.
—Siéntate—ordenó—. Y no me obligues a esposarte de nuevo.
La joven caviló sus palabras durante un par de segundos, hasta que finalmente apartó la mirada y obedeció.
Killer pareció relajarse entonces. Inspiró profundamente y de un hábil movimiento destripó la pernera del pantalón de Chrisle por encima del muslo, a lo que la mujer le dedicó una mirada de reproche.
—No me mires así. ¿Preferías quitártelos?
No obtuvo ningún tipo de respuesta verbal, por lo que se concentró en la herida. Tenía toda la extensión de la pierna llena de moratones, y un tajo bastante profundo que no dejaba de sangrar en el muslo de ésta. Al parecer la cadena también había arrastrado algún objeto punzante o arma con ella. Posó su mano junto a la herida con delicadeza. Chrisle cerró ambos ojos con fuerza por el dolor.
—Voy a cosértela.
—¿Sabes coser?
—Si no supiera no hubiera echado a Wire.
—Ya veo. Entonces podrías arreglarme el pantalón cuando acabes.
Killer la observó sonriente bajo la máscara.
—Haré como si no hubiera oído eso último.
Se acercó al escritorio de Wire y cogió una botella de alcohol. Tomó asiento y le tendió el líquido a Chrisle.
—No tenemos sedantes.
La chica emitió un monosílabo ininteligible y aceptó la botella recelosa.
—Bien, voy a empezar.
—¿Ya ves con ese casco? No quiero quedarme coja.
—¿Si puedo pelear con él por qué no iba poder coser una herida?
—En un combate entra en juego el instinto, en una enfermería no.
—No voy a quitármelo.
—¿Por qué?
—Porque no me da la gana.
Chrisle tomó un trago de la botella y se estiró en la cama.
—Que sepas que no me inspiras mucha confianza.
—El sentimiento es mutuo—sonrió Killer.
Fue a buscar un par de gasas para limpiar mínimamente la herida. Chrisle soltó un pequeño gruñido y se incorporó levemente. Quiso doblar la pierna pero Killer se lo impidió sujetándola del tobillo.
—Quieta—susurró el pirata más para sí que para ella.
La joven se removió incómoda, frunciendo el ceño y apretando la quijada mientras su superior finalizaba su tarea. Killer arrojó las gasas al cubo de basura y cogió aguja e hilo.
—¿Cuántos puntos vas a ponerme?
—Los que sean necesarios. Aunque dudo que sean menos de diez—aclaró mirándola.
Ella suspiró y le dio un nuevo trago a la botella, manteniéndose incorporada y sin perder detalle de todo lo que hacía Killer.
—¿Segura que quieres mirar?
—No me jodas, Killer—contestó con una mirada amenazadora.
El chico rió.
—Tú misma.
El rubio empezó con su tarea. En cuanto la aguja le atravesó la piel, Chrisle ahogó un grito y puso los ojos en blanco.
—Bebe—le sugirió su compañero—. Te ayudará.
Ella obedeció y siguió observando cómo le cosía la herida. Era un tajo horizontal, y Killer había empezado por el exterior. Se estremeció, cuando llegara al interior del muslo sí vería las estrellas.
Se acostó de nuevo, suspirando y llevándose el brazo a la frente. Estaba empezando a tener calor, mucho calor, y el dolor se hacía cada vez más intenso. Gruñó y se incorporó de nuevo. Killer le sujetó de nuevo el tobillo, anticipándose a sus movimientos.
—¿No te estarás quieta, no?
Chrisle inspiró con pesadez, los sofocos se hacían insoportables. Dejó la botella sobre la superficie más cercana y se sacó la blusa, quedándose con una camiseta interior de tirantes. Killer la observó sin perder detalle, con un amago de sonrisa ante el prominente escote de la joven. Con aquellas ropas tirando a anchas que solía vestir ya había empezado a olvidar que se trataba de una mujer.
—No me ayudas, Chrisle.
—¿Qué? —preguntó ella sin entender, con las mejillas sonrojadas a causa del alcohol y los sofocos.
—¿Vas a seguir desnudándote o puedo seguir?
La joven bufó y volvió a recostarse.
—Tengo calor…—musitó.
—Aguanta. No interesa que ahora te quedes en bragas.
—Como si nunca hubieras visto a una mujer desnuda—susurró.
Sonrió y siguió a los suyo. Ella volvió a coger la botella de alcohol, incorporándose de nuevo. Killer suspiró cansado.
—Killer, un descanso por favor.
—Todavía no he llegado a la mitad.
—Me da igual.
El rubio dio una última puntada y levantó la vista. Chrisle respiraba agitadamente, su melena caoba se encontraba despeinada, tenía los ojos vidriosos y los labios muy rojos.
—Está bien. Dos minutos.
Ella suspiró aliviada y se dejó caer en la cama. Killer se recostó en su silla y la observó con detenimiento. De momento lo llevaba bastante bien, no se había desmayado al menos. Observó el reloj de pared, sonrió, no esperaría tanto.
—Bien, ya han pasado dos minutos.
La chica abrió los ojos de golpe y bufó.
—Han sido los dos minutos más cortos de mi vida.
Killer la observó sentado.
—¿Lista?
—¿Tengo alternativa?
Sonrió y se puso en posición. Ella se incorporó hasta quedar cerca de él, teniendo así mejor visibilidad.
Chrisle se mordió el labio con fuerza y echó la cabeza hacia atrás en cuanto el rubio retomó su tarea. Ahogó un gemido y dejó caer su cabeza en el hombro de Killer, respirando agitadamente y apretando con fuerza las sábanas entre sus manos.
El Soldado de la Masacre se tensó. Cada respiración de Chrisle le golpeaba el cuello y acariciaba sus hebras doradas.
—Aguanta, ya queda poco.
—Mentiroso—gimió—. Todavía no has llegado a la mitad.
Killer sonrió y estiró el hilo para dar la siguiente puntada. La chica sintió como las manos de él se acercaban cada vez más al interior de su muslo. Se estremeció.
Cuando la aguja volvió a enterrarse en su pálida piel Chrisle jadeó. Se agarró a la camisa del pirata y la apretó en su puño.
—Ya casi—la tranquilizó.
Tener a Chrisle jadeando junto a su cuello, en camiseta interior, no ayudaba en absoluto. Con cada punzada de dolor la chica se aferraba más a él hasta llegar al punto de poder sentir todas y cada una de sus curvas contra su cuerpo.
Sujetó su pierna con fuerza, y llevó su mano hasta el interior de su muslo. La sintió tensarse más de lo que ya estaba, si es que eso era posible. Clavó la aguja y dio la última puntada. La chica gruñó con fuerza.
—Esa ha dolido—musitó.
—¿Sólo ésa?
—No tiene gracia.
—Ya estoy.
Chrisle abrió ambos ojos y se observó la herida.
—Habías dicho que no llevabas ni la mitad—musitó sorprendida, prácticamente sin fuerzas.
—Era mentira.
—Eres un cabrón.
—Me lo tomaré como un gracias.
Ella suspiró con pesadez y empezó a relajarse. Todavía le dolía horrores la herida, pero ya no sentía ese ardor de momentos antes.
—¿Puedes soltarme? —cuestionó Killer, observándola curioso.
—Dame un minuto.
Chrisle respiró profundamente, percibiendo el aroma entre metálico y salado que desprendía su compañero. Aflojó el agarre de su puño sobre la camisa de él y posó su mano extendida en el pecho del pirata. La paseó un par de veces por encima de éste, tratando de estirar mínimamente la tela que ella misma había arrugado, provocando que el rubio se tensara bajo su tacto. Killer colocó sus manos sobre las caderas de ella y la sostuvo mientras trataba de alejarse de él y acababa de acomodarse en la camilla.
—Tengo que vendarte.
—Bien.
El rubio se hizo con un par de vendas y empezó a cubrir con ellas la pierna herida de Chrisle. Comenzó por la parte superior de su muslo, enrollando la tela delicadamente y sin ejercer demasiada presión. Sus manos se desplazaban hábiles sobre la piel de la chica, dejando un rastro de sutiles caricias que la estremecían de pies a cabeza. Le vendó la pierna hasta el tobillo, donde hizo un pequeño nudo y dejó reposar su mano.
—Ya está.
La chica, que no le había quitado ojo de encima, parpadeó. Rompió el contacto visual y se acomodó para levantarse.
—Gracias—murmuró en un susurro apenas audible y sin mirarle.
Chrisle trató entonces de levantarse, tambaleándose de un lado al otro y sosteniéndose en pie con dificultad.
—No puedes caminar todavía—dijo el rubio, sentado en la camilla.
Ella se apoyó en la pared e inspiró profundamente, esperando en vano que el dolor se calmara.
—No seas estúpida. Conseguirás que se abra la herida.
—Estoy bien.
Killer rodó los ojos. Se levantó de golpe y se plantó frente a ella.
—¿Quieres apostar?
—No soy buena apostando.
—Mejor, entonces.
Chrisle apoyó entonces su peso en la pierna herida, tratando de dar un paso. Ahogó un gemido y entonces sintió como el brazo de Killer la rodeaba por la cintura, evitando que se estampara contra el suelo.
—Parece que habría ganado yo.
La chica jadeó levemente y lo observó frustrada. Apoyó su cabeza contra el formado pecho de él y tosió levemente. Podía sentir los latidos pausados del pirata, así como su respiración y su inquisidora mirada tras la máscara.
—Te has bebido media botella tú solita.
La chica alzó la mirada y él aprovecho para abrirle más los ojos y observarle las pupilas.
—Estupendo, borracha y herida—musitó para sí.
—No estoy borracha, necesitaría la botella entera para emborracharme.
Killer entrecerró ambos ojos y la observó en silencio durante un par de segundos.
—¿Qué?
—Nada—contestó apartando la mirada y tratando de deshacerse del brazo del pirata.
—Ah, no. No voy a volver a coserte de nuevo la herida—sentenció para luego pasar uno de los brazos de la joven sobre su cabeza y apoyarlo sobre sus hombros.
Fue entonces que se percató de la gran cicatriz que le adornaba el brazo. Era extraña, demasiado ortopédica, no parecía fruto de un combate, sino más bien premeditada. Le observó la espalda y pudo adivinar unas cuantas más a juego con la anterior, unas más graves que otras. Sin embargo, no podría haber aventurado un número concreto ya que las ropas de ella le imposibilitaban la tarea.
—Así que seguirás haciéndome de niñera—le sacó de sus cavilaciones.
—No te pases.
Eustass Kidd observó la carta que reposaba sobre su escritorio con cierto recelo. Primero por ser una carta y estar pulidamente cerrada y sellada, y segundo por la horrible caligrafía del siglo pasado que rezaba su nombre. Frunció el ceño, aquello solo podía pertenecer a una persona.
Silvers Rayleigh.
N.A.: ¡Aquí estoy! Sí, soy Eris, sé que conociéndome parece imposible que haya tardado tan poco en subir otro capítulo, pero aquí estoy ^^. Le prometí a Historia Calamitatum que actualizaría el fin de semana y aquí está, ¡lo he cumplido!
Algunos entes—ejem, Myrcur, ejem, Indie—me tiraron piedras por dejar la tensión Killer/Chrisle en el aire, así que como no puedo negar que os quiero y adoro y ambas sois unos cielos, este cap es prácticamente el 99% la conti de aquel "momento". Para que veáis que os cuido flores ^^.
Gracias al follow de blahportres, conego e isladeldrama23. Y a los favs de Isilionfromthemoon, blahportres, conego e isladeldrama23. Y cómo no a los reviews! Sois amor ^^.
Nos leemos,
Eris
