Hola! Casi no me da tiempo! Pero siiiii aqui traigo el viernes!
Espero que me perdonéis por no poder contestar reviews al ver que es largo el capitulo! jajaja Pero no puedo contestar ahora! Prefiero subir corriendo esto a ver que os parece ok?
Hemos llegado al final, me he divertido mucho con este fic, espero que lo hayais disfrutado todas ^^
Mil gracias por haberme acompañado!
Nurf, si he pensado en hacer una secuela... un despues del sabado pero igual ya es pasarse no? jajajja
(Si veis alguna incongruencia perdonadme ok? no me ha dado tiempo a revisarlo)
Besos y saludos
AJ
Disclamer: Todo el mundo de HP es de JR K yo solo lo uso por diversion.
Dia7: Viernes
Era viernes, por fin, ante ellos se presentaban dos días sin clases, horas libres, Hogsmeade, tiendas, fiesta… Los fines de semana era el premio por cinco días de estudio, deberes, exámenes y trabajos y todos los alumnos de Hogwarts sabían aprovecharlos por completo. Aquel día era la frontera entre el deber y el placer, ese en el que madrugas para volver a las aulas y a las responsabilidades, pero en el que al acostarte tu cuerpo suspira agradecido tras la diversión de la noche. Los viernes comienzan y terminan de formas absolutamente diferentes y por eso el madrugón se tomaba con optimismo y buen humor. Draco, pese a la terrible semana que llevaba, no era una excepción. Su humor nada tenía que ver con el del día anterior y eso sí que asustó a sus compañeros.
Sí el jueves se habían sorprendido por el exceso de mala hostia que llevaba, esa mañana estaban aterrados por la sonrisa que parecía pegada a su cara. Era sinceramente terrorífica.
Blaise estaba acojonado.
Ver tan feliz a Malfoy era como esperar el apocalipsis. El rubio, por muy amigo suyo que fuera no era de los que sonríen porque el cielo sea azul, los pajaritos canten y un arcoíris adorne la mañana, no. Es de los que se ríen como un chiquillo jugando al tiro al blanco con las hadas, de los que sonríen con sinceridad si ven a Weasley o Longbotton cubiertos de mocos de troll o veneno de tentácula, incluso de los que tienen un buen día si Snape castiga a Potter o alguien bebe por error un filtro de los muertos en vida.
No había que engañarse. Draco Malfoy era un cabrón, cuando él estaba feliz algún desastre se oteaba en el horizonte.
Claro que no era algo que preocupara a Zabinni, él mismo no era ningún santo y solía encontrar si no divertidas al menos si entretenidas todas aquellas cosas. Aún así no creía haber visto nunca a Malfoy tan contento, parecía encantado de la vida y desde que empezaron sexto curso apenas lo había visto sonreír.
De todos modos, todo daba igual, por fin era viernes, prometía ser un gran día. ¿Qué podía salir mal?
…..
― ¿Qué más puede salir mal?
Hermione se atusó el pelo frustrada. Había pensado que aquel sería un día perfecto, tenía que serlo porque aquel día debía ser especial.
Pero como decía su padre la ley de Murphy tomaba cartas en el asunto. Amaneció feliz, el cielo estaba despejado, escuchó los trinos de los pájaros al abrir la ventana de la torre, todo parecía ponerse de su lado para hacer aquel día inolvidable.
Desde luego que inolvidable iba a ser, sin lugar a dudas.
Todo comenzó cuando bajaban a desayunar, milagro de milagros Ron bajaba con ellos quien, junto a Harry, éste por segundo día consecutivo, madrugó para ir con Hermione al comedor. Ella no pensaba que fuera casualidad, estaba segura que la noche anterior su amigo le había contado a Ronald la escena de la pasada mañana y decidieron no perderla de vista. Sabía que estaban preocupados pero tuvo ganas de lanzarles un Petrificus y dejarlos cerca de la estatua de la bruja tuerta como nuevos adornos del castillo o algo así, nunca le molestaba la compañía de sus dos mejores amigos, pero en aquel momento si, porque como la persiguieran como sombras todo el día le costaría mucho escaparse con Draco.
Decidió no pensar en aquel problema hasta que se le presentara, había decidido que irían a la Sala de los Menesteres. Nadie les iba a encontrar allí con el mapa del merodeador y además había encontrado un par de hechizos que les mantendrían ocultos a cualquiera que encontrase el lugar en el que se escondían. No veía la hora de estar a solas con aquella serpiente que había dado la vuelta a su mundo. Aún no podía creérselo, le parecía tan irreal que estuvieran juntos… Bueno, no tenían nada en realidad, pero prefería no ahondar en eso.
Se sentó en su mesa en medio de Harry y Neville, lanzando miradas subvertidas a la mesa de las serpientes donde Draco estaba desayunando en medio de Goyle y Zabinni. Los ojos de Hermione brillaron divertidos al ver la sonrisa que se dibujaba en el comúnmente rostro asqueado del Slytherin. ¿Cómo era posible que nunca se hubiera dado cuenta de lo guapo que era? Bueno, igual el hecho de que la mirara con cara de asco y superioridad tenía algo que ver, o el que la hubiera tratado a patadas durante seis años, o que la insultara cada vez que la veía por los pasillos… Uff si seguía pensando en eso iba a amargarse el día porque el pasado estaba ahí y era imposible borrarlo a no ser que se lanzara un Obliviate a sí misma debía aprender a lidiar con el pasado que compartían. Y ese era una serie de acontecimientos plagados de odio y maltratos, de uno y otro lado.
Suspiró.
Había tomado la decisión cuando se abandonó en sus brazos y no pensaba cambiarla por nada. Había descubierto en él una persona oculta tras aquella máscara odiosa que siempre solía llevar. No una buena persona, se atrevía a decir que Draco no sería bueno ni aunque renaciera diez veces más. Pero de pronto veía en él algo distinto, no solo algo físico, pese a que de pronto se hubiera dado cuenta de que su pelo era suave y nada oxigenado, de un color idéntico al de sus pestañas que, aunque eran casi translúcidas por el color eran espesas y largas, que su piel no era para nada fría, si no cálida y perfecta, que sus ojos no solo podían parecer acerados y gélidos, también podían asemejarse a plata líquida, ardiente y profunda, ocultando secretos que prometían llevarte al paraíso… o al infierno. Aunque no era de constitución robusta como Ron o Viktor, era fuerte y su cuerpo debía ser atlético y endurecido por los entrenamientos de Quiddich… Pero todo aquello era solo lo que había descubierto en la superficie que jamás había querido ver.
Dentro había encontrado un corazón que palpitaba y no estaba, como creía, muerto y congelado. Por aquel cuerpo que de pronto la hacía babear corría la sangre, pura sí, pero candente, bullía y no solo por el odio o la furia…
Era como si el bien y el mal lucharan dentro de él. Si Draco fuera un color, no sería negro como Harry, Ron e incluso ella creyeron siempre, si no un tono de gris, seguramente como el de sus ojos. Siempre al límite, en medio de la luz y la oscuridad.
Y Hermione quería ser su luz.
Oh Merlín
¿Desde cuándo se había vuelto tan idiota como Lav-Lav? Tragó saliva. Dejaría que un Avada Kedabra le alcanzara en el mismo instante en que empezara a dibujar corazoncitos por todas partes… Por el amor de dios, que humillante. Por suerte solo lo había pensado.
― ¿Hermione? ― Ron pasó las manos por delante de su cara ― ¿Estás bien? Te has puesto totalmente roja.
Ella parpadeó algo confundida
― Ahmmm si, lo siento ¿Qué decías?
Harry sacudió la cabeza y miró a Ron de una forma que decía a las claras "¿Lo ves?"
― Mira que estás rara ― Dijo el pelirrojo llevándose un buen bocado de huevos revueltos a la boca ― Maf que de cofumbre.
― ¡Cierra la boca Ronald! ― bufó la castaña ― ¿Dónde te dejas los modales?
Rodó los ojos apartando la mirada de su amigo que seguía comiendo y volvió a mirar de reojo a Draco que comía sin prisa, recto en la mesa, con maneras impecables. Todo un aristócrata ¿En serio pensaba que tenía algún futuro con él? La sangre, los bandos de la guerra, la posición económica y social… ¿Acaso tenían algo en común?
De pronto aquel rostro aristocrático desapareció bajo una capa espesa y grumosa de lo que parecían gachas de avena con miel. Hermione se atragantó con el trozo de pan que estaba masticando al ver la masa informe deslizarse por aquella puntiaguda barbilla manchando la mesa y la pulcra túnica del Slytherin.
Harry palmeó su espalda siguiendo con la vista el punto al que miraba su amiga y estalló en carcajadas, como el resto de la gente que iba dándose cuenta de lo que había ocurrido. Pronto todo el comedor estaba riendo, menos la mesa de las serpientes, algunos más pequeños trataban de contenerse sin duda por miedo a las represalias de su Principe y los más allegados a Malfoy estaban pendientes del estallido del rubio.
Con movimientos lentos y controlados, una mano pálida y de dedos largos se movió agarrando la servilleta y se limpió la cara muy lentamente.
Cuando la cara volvió a aparecer ante la sorpresa de todos no parecía furioso. La sonrisa seguía en el mismo lugar, pero cogió su varita y con tres rápidos movimientos tenía más de la mitad de los cuencos de la mesa de Hufflepuff levitando, un segundo después al menos trece alumnos que no fueron demasiado rápidos tenían cereales, gachas y leche resbalando por sus cabellos y sus ropas.
La risa de todos desapareció y se desató el infierno
...
— Que extraño Severus, tengo la sensación de haber vivido ya esta situación, por raro que pueda parecer.
El aludido levantó una ceja y arrastró las palabras al hablar.
— Es... Muy... Desconcertante, ciertamente.
— Tengo entendido que el Gran Comedor ha sido recientemente utilizado como campo de batalla ¿Es eso cierto?
Ninguno de los alumnos cubiertos de restos de comida que había frente a él respondió.
— Por lo que veo ninguno ha salido mal parado — Harry podría jurar que el anciano mago tenía ganas de reír.
— Blaise está en la enfermería, profesor — Miró venenosamente a Potter — Alguno si salió mal parado...
— Vaya, nada grave, espero.
La chica frució el ceño algo desubicada y nego con la cabeza.
— ¡Zabinni se subió a la mesa armado con un cuchillo y un tenedor gritando "Soy el dios del pudding! — Dijo Hermione — ¿Qué esperabas?
— ¿No sabes mantener la boca cerrada Granger? — Cortó Malfoy recibiendo un gruñido por parte de Snape que estaba totalmente de acuerdo con su alumno. — A lo mejor MacMillan no debió tirarle la fuente del pudding... Literalmente.
El aludido se sonrojó aunque con la mezcla de mermelada de frambuesa y sirope que cubría su cara no era fácil de distinguirse.
— La adrenalina del momento me venció.
Todos menos las serpientes rieron entre dientes.
— Le abriste la cabeza — Soltó Parkinson
— Que exagerada — Rebatió Parvati.
— No nos interesa tu opinión Patil.
— ¿Abrirle la cabeza? — Esta vez fue Ron — Apenas fue una heridita en la frente ¿Es que lloro mucho? — Terminó con sorna.
— ¡Cállate Weasley!
— Dejale en paz Mafoy — Intervino Harry
El rubio puso los ojos en blanco y sacudió la cabeza
— Luna también está en la enfermería — Agregó Neville.
— ¡Oh vamos! — Dijo Daphne con el pelo de punta y pringoso de mantequilla y huevos — Ella se desmayó.
— ¡Por que le lanzaste un coco a la cabeza! — Exclamó una furiosa Lavender cuya túnica empezaba a apestar a leche.
Hermione sintió el roce de un dedo en su mejilla justo por donde tenía uno de los numerosos churretes de chocolate y miró de soslayo a Draco que chupaba su yema con fruicción guiñandole un ojo. Ella disimuló una sonrisa.
— ¿Desde cuando hay cocos en la mesa del desayuno? — Se oyó murmurar a Colin
— Ni idea, igual solo hay en Slytherin — Respondió Cormac.
— ¿Por qué tenéis cocos? — Padma parecía indignada de pronto — Eso es discriminación.
— Está bien, esta bien calma por favor — Al escuchar la voz del director todos clavaron la vista en el y el silencio reinó entre ellos — De acuerdo entonces, ¿Quién tendrá el honor esta vez de relatarnos lo que sucedió? — Les miró uno a uno pero nadie parecía dispuesto a hablar — Está bien, tengo entendido que todo empezó con usted, señor Malfoy.
Él hizo una mueca
— Lo cierto es que todo empezó cuando alguien de la mesa de Hufflepuff me lazó gachas de avena a la cara.
Algunos se rieron al recordar a Draco pringado de gachas.
— No fue nadie de mi casa — Dijo MacMillan
— Claro que si, el ataque vino de allí — Acotó Nott por primera vez.
— Continue señor Malfoy.
— Está bien, pues verá todo empezó cuando seguí el juego de los tejones y quise... Devolverles el favor...
Cuando los chicos de Hufflepuff sintieron la calidez del contenido de sus respectivos vasos y tazones deslizarse por sus cuerpos todo se descontroló. Como energúmenos echaron mano a las tortitas y los siropes lanzándolos hacia Malfoy con verdadera inquina, pero la puntería variaba dependiendo del lanzador, de modo que mientras Draco, que se veía venir la represalia se protegía por ese flanco, los restos de desayuno cayeron sobre Crabbe, Goyle, Zabinni y Pansy.
La morena dio un grito y cogió con ambas manos un par de manzanas, apuntó y cayeron con increíble precisión, ya que una dio de lleno a MacMillan en la cabeza, el chico aún lucía un buen chicón. La mala suerte quiso que atinara también a Cho Chang en el cogote y la exótica alumna comenzó a hacer tiro al blanco con los huevos cocidos que tenía en su mesa frente a sí. Crabbe y Goyle por el contrario, burros como eran cogieron botes de mermelada y, cual rollos de serpentina los lanzaron a diestra y siniestra pringandose ellos mismos y a Nott en el proceso. Daphne se unió a Pansy que, acabadas las manzanas comenzó con el lanzamiento de pasteles de chocolate.
Así fue como Hermione terminó cubierta de restos de bollos y, clamando venganza tomó cucharadas de pudding que comenzaron a volar de lado a lado del comedor. Harry tiraba tortitas con nata como si fueran boomerangs, solo que no regresaban y un par de ellas quedaron sobre el perfecto pelo de Draco que contratacó con su propio cargamento de pudding hacia los Gryffinfors.
A Zabinni le llovieron trozos de comida por todos lados, justo en medio de la guerra de alimentos y viendo que la situación se había descontrolado tanto que no se respetaban ni casas ni colores, se armó con un cuchillo y un tenedor y, dejándose llevar por la euforia del momento, algo que le ocurría bastante a menudo, se subió de un salto a la mesa con ojos psicóticos.
—¡Soy el Dios del Pudding!
Durante un instante, quizás menos de una décima de segundo todos de congelaron mirando al moreno y después, como si de una perfecta coreografía se tratase se giraron hacia él descargando todo lo que llevaban en la mano. La mala suerte quiso que MacMillan tuviese entre sus dedos una fuente entera de pudding y, dejándose llevar al parecer por la adrenalina insana que todos parecían sentir, la tiró directa a la cabeza del Slytherin que cayó a plomo sobre la madera gimiendo incoherencias sobre sus tetas blanditas y la falda corta de Granger.
Mientras Draco, disimuladamente dejaba caer "sin querer" una jarra de zumo de calabaza sobre su balbuceante amigo, nadie que andara fisgando las piernas de Granger iba a salir impune de ello.
El grito de alarma de la "superdotada" Premio Anual que parecía histérica hizo que absolutamente todo el comedor fijara la vista en Lovegood que se había desmayado cerca de la gran puerta. Un coco a su lado y el chichón de su frente hablaban a las claras de que aquella pérdida de consciencia había sido debida a un ataque frontal.
— Ups
La voz de Daphne, quien tenía otro coco en la mano y estaba ligeramente colorada, rompió el sepulcral silencio.
—¡Por Godric! ¿Qué ha sucedido aqui?
Minerva MacGonagall contempló la escena que se desarrollaba ante ella completamente incrédula. En los muchos años que llevaba enseñando en Hogwarts jamás había visto algo así.
— Creo, mis queridos alumnos, que ni siquiera en los tiempos de tu padre, Harry, se había visto en Hogwarts semejante... Descontrol. Lo cierto es que hubiera apostado a que los gemelos Weasley andaban tras todo esto si no fuera porque ya no nos honran con su presencia.
Snape hizo un sonido que se asemejaba a un gruñido, sin duda alguna discrepando ante la última frase del director — Mucho me temo que quedará suspendida la salida a Hogsmeade este fin de semana — Pese a que todos querían quejarse eran lo bastante listos como para callar, esperando, con suerte, que su castigo no empeorara demasiado — Ni el próximo.A fin de cuentas creo recordar que tenían otro… castigo pendiente. Además espero que todos, y digo absolutamente todos limpies lo que habéis ensuciado al acabar las clases.
Se levantó acercándose al ventanal y les hizo un gesto para que salieran
— Harry, espera un momento, necesito hablar contigo. Severus tú también debes quedarte.
Mientras, todos salían de allí rumbo a sus salas comunes a limpiarse.
— Podía haber sido peor — Dijo Ron — Nos hemos saltado pociones. Algo bueno habría de haber.
— Solo tú podías decir semejante chorrada Ronald. Por cierto ¿Has visto s Ginny?
— No, creo que no estaba en el comedor
— Bueno, tal vez se durmió.
— Puede ser, es una marmota.
Hermione desconectó de la conversación al ver a Draco desaparecer hacia las mazmorras. Tenía que hablar con él cuanto antes.
Pero no fue hasta la tarde cuando pudo reunirse con el en un rincón del segundo piso. Un beso, una caricia furtiva y poco más, aquel lugar no era seguro y tendrían toda la noche solo para ellos.
— Vendras ¿Cierto?
Pese a lo arrogante que sonaba Hermione sabía que tras esa pregunta dicha con aires de superioridad y acompañada por una sonrisa algo creída, había una buena dosis de inseguridad y súplica.
— Si — Dijo rozando su mandíbula con las puntas de los dedos — Esta noche iré en cuanto pueda escaparme. ¡No llegues tarde!
Y salió corriendo hacia el comedor, todos debían ir a limpiar los restos mortales del desayuno.
...
Draco consiguió llegar al séptimo piso tras lo que le pareció Una odisea en el castillo.
Primero tuvo que limpiar el jodido comedor con el resto de los estudiantes, asqueroso, tanto que pasaba de tener que recordarlo, después tuvo que deshacerse de una pegajosa y pesada Pansy que al parecer carecía de todo rastro de orgullo y llevaba días rogándole por meterse en su cama… No era mala con el sexo pero había elegido mal el objetivo, sobre todo desde que él se había convertido en un idiota y había decidido lanzarse a un suicidio social por amor a una sangre sucia, amiga de Potter. Desde ese momento Draco había pasado a ser un eunuco para todas las féminas de Hogwarts que, sin duda alguna, llorarían por semanas cuando descubrieran que ya había salido del mercado.
Parkinson había intentado besarle y se había colgado a su cuello mordisqueando su oreja y relatándole con pelos y señales todo lo que quería hacerle aquella noche.
Que poca clase.
Desde luego que a otro podría resultarle excitante que una mujer les hablara de forma tan brusca y soez, quizás incluso a él mismo le habría gustado antes o tal vez era culpa de Granger que le había estropeado para todas las demás… El caso es que él solo podía pensar en que su noche iba a ser mil veces mejor y que prefería los sonrojos y la inocencia de Hermione al conocimiento y el descaro de Pansy.
Cuando la morena vio que de poco servían sus avances intentó que Draco tomara amortentia. La muy inútil la mezcló con whisky de fuego sin ser consciente de que el olor a lirios y a caramelo delataría a la bebida.
Furioso había perdido un tiempo importante en su sala común. Primero la inmovilizó y tiró la bebida. Luego la subió a su habitación y frente a ella rebuscó entre sus cosas hasta dar con la poción que había intentado usar contra él. La chica gritaba histérica, sobre todo porque conocía al rubio demasiado bien y sabía que su venganza iba a ser épica.
Y lo fue.
Draco arrastró a Goyle hasta aquella habitación y metió unos pelos del chico dentro de un frasco de poción. Sonrió a Pansy y la obligó a beberlo sin dejarse doblegar por las lágrimas que resbalaban de sus ojos. La conocía lo bastante como para no caer en sus argucias.
Contento con el resultado al ver como sus amigos comenzaban a besarse con devoción, salió dispuesto a llegar a la Sala de los Menesteres el primero.
El destino no estaba de su parte.
Está bien, no había sido el epítome de la bondad durante su vida, pero joder, no era justo que todo saliera al revés de sus expectativas.
Nada más salir se encontró a Theo que regresaba de la biblioteca y tras él, Lunática Lovegood, descalza y sin varita preguntando si alguien había visto sus zapatillas, que las necesitaba para ir a dormir…. ¿El motivo? Ni lo sabía ni pensaba preguntárselo, miedo le daba la respuesta que pudiera darle.
Se compadeció de ella… Merlín le ayudara, hasta ese punto le había empujado Granger, era un maldito idiota, seguro que antes de acabar el curso le reubicaban en Hufflepuff, no era ni medio normal la forma en la que se estaba comportando últimamente. En fin, por más que se recriminara así mismo allí estaba, ayudando a la Ravenclaw a encontrar sus dichosas zapatillas, que siendo quien era podría haberlas dejado en cualquier parte y decir después que los nagles,. Nargles o como mierda se llamaran, se las habían robado.
Cuando las dichosas zapatillas aparecieron en una de las estanterías de la sección de Cuidado de las Criaturas Mágicas en la biblioteca, Malfoy dejó allí a la chica y de nuevo puso rumbo a su destino, deseando llegar para verla. Cuando apareció, tras esquivar a la maldita gata y a Weasley y Potter que por algún motivo estaban caminando por los pasillos absortos en las páginas de un viejo pergamino, Hermione ya estaba allí y al entrar y ver aquella lujosa y cálida habitación que les había ofrecido la Sala que Viene y Va la boca se le secó y tembló ante la escena que tenía frente a sus ojos.
La castaña estaba sentada en mitad de una enorme cama de sábanas negras, con el uniforme puesto y las piernas cruzadas, leyendo un enorme libro mientras mordía inconscientemente su labio inferior.
Rodeada por las velas flotantes y la seda de los grandes almohadones, se veía tan inocentemente erótica que le había provocado una erección solo mirarla.
Era increíble el contraste que ofrecía allí en medio, entre la sensualidad de la decoración que les rodeaba, la bendita castidad de aquel uniforme y los gestos inocentes de ella que gritaban a los cuatro vientos soy virgen.
— Buenas noches, Hermione.
Ella alzó la mirada y pese a la tensión que pareció agarrotar a su cuerpo cuando le vio, sonrió. Una sonrisa enorme que iluminó su rostro y, por imbécil que pudiera sonar, también su corazón.
— ¡Draco!
La castaña dejó el libro en la mesilla y se levantó corriendo hacia él para abrazarle colgándose a su cuello. Él rodeó el pequeño cuerpo con sus brazos, atónito.
No creía que nunca nadie le hubiera recibido de aquella forma tan cálida y natural, tan sincera…
Parecía alegre de verle y no por deseo, no por conveniencia… era real.
Cerró los ojos y hundió el rostro en su cuello, disfrutando de su fresco aroma, dejando que los indomables rizos de ella acariciaran su nariz.
— Me gusta tu olor — Susurró sonriendo al ver como su piel se erizaba por culpa de su respiración — Y tu sabor — Añadió pasando la lengua por su cuello.
— Cada vez tenemos más cosas en común — dijo ella con picardía.
Se separaron un poco, lo justo para mirarse a los ojos. Tenían mucho de que hablar, mil cosas que decirse, decisiones que tomar… Pero en aquel momento sus cuerpos les pedían, no, les exigían otras cosas que necesitaban mayor atención.
Draco aferró la cintura de la castaña y la elevó hacía si. Ella enredó sus piernas alrededor de sus caderas y se ancló a él, agarrando su nuca y buscando su boca en un beso húmedo y caliente. No fue suave, no fue salvaje… fue simplemente arrollador. Sus lenguas se rozaron, se acariciaron, se enredaron lamiéndose, probándose, saboreándose por completo, Draco rompió el beso pasando los labios por su mandíbula hasta la barbilla, donde chupó y mordisqueó a discreción. Sus manos se deslizaron por sus muslos agarrando finalmente sus nalgas bajo la falda y caminó a trompicones hasta la gran cama. Cuando sus rodillas chocaron contra el colchón la dejó caer sobre las sábanas y la contempló casi sin aliento. Era hermosa.
Se desabotonó la camisa con desesperante lentitud sin romper el contacto visual con ella que temblaba descontroladamente y se cernió sobre su cuerpo buscando hacer lo mismo con su ropa. Le quito un botón tras otro, sin prisa, recreándose en acariciarlos uno a uno, tironeando de la tela hasta que la piel dorada de ella empezó a asomar.
— Tan perfecta…
Ella se ruborizó, poco acostumbrada a los halagos. Pero Draco únicamente sonrió introduciendo las manos bajo la camisa para sentir su calor.
Tenía que hacer perfecto aquel momento para ella. Lo deseaba de verdad, tenía toda la intención de ser tierno y suave.
Pero ella se incorporó quitándose la camisa y lamió su labio. Tomó su nuca, mientras con la otra mano desabrochaba su sujetador de encaje y dejaba a la vista aquellos pechos plenos y firmes que le hicieron gemir. Y ni tan siquiera había comenzado a tocarla.
Todo se descontroló.
El rubio buscó su boca una vez más, ansioso, desesperado.
Sus manos arrancaban la ropa sin contemplaciones, lanzando los retazos restantes de cualquier forma por ahí, desperdigándolos en la oscuridad de la sala. Ella gemía, se retorcía y jadeaba bajo aquellos dedos que sabían donde tocar, donde presionar para llevarla de cabeza al mismo nirvana.
Hermione no se quedaba corta, usaba dientes y manos por igual, tratando de desnudar al rubio mientras rogaba por que él no se detuviera jamás.
De pronto no hubo barreras, no hubo más ropa que quitar de su camino, la piel de ambos se tocó y se incendiaron. Draco dejó sus labios para besar cada parte de su cuerpo, lamió su garganta, mordió su hombro y hundió la lengua en el hueco de su clavícula, murmurando su nombre en medio de palabras inconexas. Sus manos acariciaban cada parte de la piel que iban descubriendo, dando paso a sus labios ansiosos que besaban cada centímetro de ella. Lamió el comienzo de sus senos y la sintió estremecer mientras suspiraba su nombre y se arqueaba hacía él rogando más de aquella cálida tortura que comenzaba a debilitarla por completo.
Pero Draco no había hecho más que empezar. Dibujó con su saliva símbolos abstractos sobre su pecho izquierdo, acercándose a su centro inexorablemente, rodeando la areola en círculos una vez, dos… tres. Ella gimió con más fuerza cuando los labios calientes se cerraron en torno al endurecido pico, absorbiéndolo en su boca con delicadeza.
Aquello debía ser pecado, su lengua jugaba con el pezón, empapándolo y bañándolo con su aliento mientras sus labios daban pequeños tirones en él, endureciéndolo.
Hermione se sentía arder, la humedad resbalaba por sus muslos mientras él atormentaba ahora el otro pecho, regalándole las mismas atenciones. Su sexo palpitaba expectante, reclamando atención inmediata y exhaló cuando el rubio dejó sus pechos para besar su estómago, bajando hacia su ombligo.
Malfoy sonrió cuando la escuchó reir por las cosquillas y su sonrisa se amplió al sentir como bruscamente la risa se interrumpía rota por una exclamación ahogada cuando su lengua se introdujo en la depresión de su ombligo.
La castaña se agarró a los cabellos de él, temblorosa y asustada al sentir hacia donde se dirigían sus atenciones… no por nada era la bruja más inteligente de su generación.
No se equivocaba.
Draco ansiaba probarla, necesitaba descubrir su sabor, quería regalarle algo que jamás había hecho antes por nadie.
Y lo hizo.
Cuando abrió sus piernas para colocarse entre ellas el cuerpo de Hermione se estremecía tanto que todo el colchón temblaba.
— Sssschh
Miró hacia arriba, clavándose en sus ojos que estaban ahora oscuros de deseo y sonrió lamiéndose los labios con anticipación. El gesto la hizo gemir una vez más y él rompió el contacto para mirar aquel lugar que tanto necesitaba poseer. Pasó el pulgar por sus labios vaginales, dejándolo resbalar por la hendidura que los separaba y todo el aire escapó de sus pulmones al notar como sus jugos se derramaban sobre su dedo. Estaba tan mojada… tan lista y preparada para él. Su miembro adolorido empujaba contra el colchón, frotándose contra la fría seda de las sábanas. Temblaba ante la idea de introducirse en ella, de empujar en aquel cuerpo que le recibiría envolviéndolo en un húmedo y pegajoso calor… Pero no lo hizo, no era el momento.
Jugó con el pequeño nudo de carne que se hinchó ante la presión ejercida por sus dedos y usó ambos pulgares para abrir su sexo y contemplar la belleza sonrosada de su intimidad.
Ella gritó su nombre, avergonzada y excitada y Draco supo que era el momento. Cerrando los ojos pasó la lengua por aquella húmeda superficie y gimió extasiado ante la suavidad y blandura de su carne. El sabor era adictivo, llenaba su boca haciéndole ansiar más, desear más…
Hermione se arqueó, empujándole hacia sí misma mientras se retorcía sobre el colchón. El Slytherin había perdido el control de su boca, la besaba, penetrando con su lengua en su húmeda hendidura, absorbiendo la inflamada carne, chupándola una y otra vez, primero suave y después más fuerte, dando pequeños golpecitos con la punta de su lengua sobre el sensibilizado clítoris que se inflamaba cada vez más. Mordía, lamia y absorbía con fuerza y suavidad alternativamente.
El tiempo se ralentizó, perdieron el sentido y la razón envueltos en la niebla del deseo más voraz, ella jadeaba, gritaba, lloraba incluso mientras él no tenía piedad, la llevaba hasta la cima más alta y cuando sentía que iba a caer la sujetaba y la mantenía cautiva de sus besos y caricias hasta que decidia elevarla una vez más. Hasta cuatro veces la hizo gritar frustrada y dolorida hasta que la dejó ir. Y cuando cayó el mundo de ella había cambiado para siempre.
La fuerza de su orgasmo la arrasó, arrollándola, dejándola temblorosa, sudorosa y laxa. Había conocido el paraíso de su mano, la había guiado hasta las mismas estrellas, descubriendo para ella un mundo inexplorado.
Pero había más, mucho más.
Draco se elevó sobre su cuerpo y buscó de nuevo su boca, Hermione pudo saborearse así misma en aquellos labios y sintió que su excitación crecía nuevamente.
— ¿Estás segura?
Su voz sonaba ronca, densa y oscura. Arrastraba las palabras y la miraba con ojos pesados y entrecerrados.
Quería contestarle, de verdad quería hablar pero no encontraba la fuerza necesaria para pronunciar una sola palabra, así que dejó hablar a su cuerpo, se alzó hacia él, envolviéndole con sus piernas y sus brazos, mirando aquellos ojos de mercurio líquido que decían tanto….
Sonrió y él dejó salir el aire que había estado conteniendo.
Entró en su cuerpo con un solo envite y, cuando el dolor se esfumó la abrazó tomándola con poderosas y profundas embestidas, alternándola con suaves y lentas arremetidas que la llevaban a retorcerse una vez más bajo sus brazos.
Cuando el amanecer asomó por el horizonte del castillo, encontró a ambos jóvenes desnudos y dormidos, envueltos en un abrazo de miembros y seda, agotados, satisfechos e incluso doloridos.
Ambos recordarían aquella noche por el resto de sus vidas porque se habían entregado no solo con sus cuerpos y sus corazones, si no con sus mismísimas almas y aquello les uniría para siempre.
Así fue como el viernes, dio paso al sábado, no recuerdan que día o que mes, simplemente despertaron juntos un sábado cualquiera esperando que al menos la semana dejara de traerles tantas situaciones absurdas y tantas sorpresas.
Aunque, para ser sinceros empezaba a darles igual, por culpa de un castigo ellos habían construido su propio castillo en el aire y no se estaba allí nada mal.
