Título: Peligroso CAP10
Tipo: Wickedqueen
Dedicatoria: A las que sacáis tiempo para leerme y hacerme sentir que hago algo decente jajaja
Su sonrisa era tan traviesa como sensual. Una nube morada las envolvió para devolverles a su vista el cuarto de Regina, donde un olor a cerezos en flor y cerrado les dio la bienvenida. Se besaron nuevamente, deseándose entre sonrisas de nervios e impaciencia. Regina la fue a tirar sobre la cama cuando ésta la detuvo.
-Siento ser una aguafiestas hermanita, pero llevo sobre mi cuerpo ocho horas de trabajo, ¿me permites una ducha rápida?
-¿Y por qué no una lenta y te acompaño yo?- dijo mirándole los labios, ya enrojecidos.
-No te voy a decir que no…- dijo mientras se quitaba la camiseta sin mangas de forma insinuante.
-Voy a preparar un poco el baño- le dijo la morena pasando a su lado y tirándola, ahora sí, a la cama, para que la esperase.
-Como te gusta ser la que manda- le dijo entre risas sentada en la cama para a los segundos dejar caer su espalda sobre ella algo cansada.
A pesar de las horas de trabajo el imaginarse lo que estaba por venir le erizó la piel y sintió una humedad palpitante entre sus piernas.
Una melodía se escuchaba tras la puerta del cuarto de baño, al otro lado del pasillo. Pasaron unos minutos sin saber de su morena e impaciente se quitó el pantalón que llevaba puesto y se miró en el espejo, giró su cintura analizándose, ruborizándose. Dudaba si iba a defraudarla, si no le iba a gustar, si tenía demasiadas expectativas.
-Puedes venir…- oyó decir desde la acústica del cuarto de baño.
Tembló. Esa voz tan segura y poderosa que oía al teléfono en llamadas anónimas la tenía tras dos paredes. Sin embargo dudaba si podría complacer a quien era la reina.
"Sigues siendo una idiota, precisamente tú eres la que debes de estar más tranquila. Te recuerdo que te has acostado con ella, tú sí, ella contigo no, y aunque fuese en un cuerpo de hombre sabes qué le gusta. Tener dudas ahora es de idiotas", se recriminó a cada pasito que daba en ropa interior hacia donde provenía la música. La puerta estaba semi abierta y podía notarse una niebla húmeda en el ambiente que resguardaba una canción de jazz con una voz grave. Al entrar la vio dentro de la bañera rodeada de una leve capa de espuma e iluminada por dos pares de velas con forma de rosas su mirada era pícara y sus ojos puro misterio, incluso malicia. ¿Era Regina Mills, hermanastra, o Evil queen, villana?, ambas le ponían.
Regina había posado sus codos en el borde de la bañera para observar con superioridad como Zelena se quitaba la ropa interior. La pelirroja la miró cuestionándola.
-Qué, tú me vas visto desnuda antes, y creo que más de una vez, ahora me toca a mí- alzó ambas cejas.
-Detesto cuando tienes razón- dijo desabrochándose el sujetador y empezando a separarlo de sus pechos con delicadeza.
-Me encanta cabrearte.
-Y a mí- volvió a pegar su prenda interior al pecho.
-¿Eh?, no juegues con mis sentimientos Zelena.
-O…
-O te vas a arrepentir- giró su mano y se evaporó en el aire dejando el agua tibia de la bañera agitada.
Zelena suspiró mirando alrededor apretando los labios hasta sacar una sonrisa, en el fondo le gustaba su juego. De repente unos brazos mojados con restos de espuma la abrazaron desde atrás atrayéndola a un cuerpo sin ropa. En el espejo semi cubierto de vaho se observaron. Regina le besaba el cuello desde la clavícula al lóbulo de la oreja, el cual introdujo en su boca y cubrió con su lengua. Solo observarse hacer eso en el espejo la estaba llevando a un estado de deseo incontenible, pero no quería apresurarse. Las manos de la morena subieron por el vientre hasta pasar por debajo del sujetador desabrochado y retirarlo, observando sus pechos en el espejo los cubrió con sus húmedas manos y los presionó haciéndola pegarse a su cuerpo por todas las zonas, sintiendo su pubis sobre sus braguitas.
Zelena intentó girarse y tocarla pero al conseguir darse la vuelta ella se evaporó y volvió a aparecer en el interior de la bañera.
-Vamos, ven, el agua está en su punto- dijo nuevamente en la misma postura pero con la mejilla más enrojecida.
-Eres una tramposa.
-¿Tramposa por qué?, ¿por querer jugar contigo?, ah, si eso es lo que tú hiciste conmigo.
Sacó su lengua y se lamió los labios.
-Rencorosa.
-Soy una Mills- agitó su mano y Zelena de repente estaba dentro de la bañera, sin braguitas, frente a ella.
-¿Y tú eres…- empezó a gatear hacia ella -… la que decía no querer… - abrió las piernas para poder pasar encima de las suyas, - … usar la magia a menudo para integrarte?- terminó la frase sobre sus labios.
-Ajam…- rozó los de la pelirroja.
-Tengo unas ganas de saborearte entera…- le dijo la pelirroja, y resopló solo al imaginarse lo que vendría.
-¿Y a qué esperas?- dijo cogiendo espuma y frotándosela por los brazos, de arriba abajo.
Zelena sonrió. Quería ducharse y lo estaba haciendo, aunque después iba a necesitar hacerlo de nuevo. Sonrió al pensarlo.
Estaba a cuatro patas y eso le dejaba el trasero fuera del agua, deseó ser acariciada y casi como si le hubiese leído la mente Regina había estirado sus brazos y había posado sus manos mojadas sobre cada nalga atrayéndola a ella. Zelena aprovechó para ser ella la que le besase el cuello. Beso a beso iba sintiendo que aquello no iba a ser solo sexo, y era extraño en ella, quien odiaba los compromisos, pero ese cuello era digno de ser besado a diario.
Regina alzó su espalda mientras la besaba y recorría con sus manos el vientre ascendente hacia el busto. La otra zona prefería dejarla para cuando pudiese lamerla, y bajo el agua no iba a aguantar mucho. Se sonrió y disfruto de nuevo de esos labios carnosos de la pelirroja que ya tenía la mitad del cabello mojado y chapoteado de espuma.
Miró el grifo y le dijo –Ya que estamos…
Encendió la alcachofa que colgaba arriba y llovió sobre ellas mojándoles el cabello y haciéndolas reír.
Se pusieron de rodillas con medio cuerpo fuera del agua para sentir la lluvia cálida que se desprendía de arriba. Cogidas de la mano sin saber por qué se miraron, y sintieron que aquello era lo más erótico que habían vivido, pero también lo más especial.
La pelirroja le agarró de la barbilla y se atrajo los labios que más adictivos le eran. La morena cubrió sus hombros con sus brazos rodeándole el cuello juntándose a ella. No quería ni un milímetro de espacio en medio.
Sus pezones endurecidos se rozaban por encima de los de ella y sintió ganas de lamerlos. Zelena se echó hacia atrás para sentarse sobre sus gemelos y poder posar su cabeza en su vientre. Morderle con furia pero lentitud por encima del ombligo y posar la lengua por esa piel llena de agua y pureza. Llegó a sus pechos ya degustados antes en aquella cripta y agarrándolos y soltándolos cada pocos segundos dejó que su lengua continuara. Reconocía que hacerlo desde el punto de vista de ella era mucho más placentero que en el cuerpo de ese hombre que había fingido ser, lo que estaba haciendo en ese momento era casi como nuevo para ella también, sin embargo agradecía el saber ya qué le gustaba a su monumento.
Estiró sus dedos índice y corazón para mientras lamía ansiosa sus pechos agitar el exterior de la entrada a su vagina sintiéndola húmeda, suave. Se agachó a observar aquel lunar en su ingle por el cual le había confirmado aquel día que era una mala persona. Agitó sus dedos hacia delante y hacia atrás rozándole el clítoris introduciendo levemente sus dedos, sintiéndose afortunada de que ella le permitiese entrar en su interior. Gimió de una forma contenida, parecía que le avergonzara.
-Eh…- se estiró para volver a su altura -¿salimos?
Regina asintió como una niña, Zelena se adelantó a salir para ofrecerle una toalla que estaba colgada tras la puerta, la extendió tras sus hombros y frotó sus brazos para que entrara en calor y se secara rápido. Ese gesto fue algo totalmente opuesto a lo que le estaba haciendo momentos antes, esa ternura la hacía mirar sus manos finas y perfectas y desear entrelazar sus dedos con los de ella. Su vientre tembló cuando le pellizcó la mejilla con complicidad y ambas rieron. Esos ojos brillaban miedosos y a la vez deseosos.
Zelena se secó también y la guió de la mano hacia la cama, con cuidado y cautela echó hacia abajo el edredón y encendió la luz de la mesilla de noche ante la mirada de Regina que se preguntaba por dentro si sería capaz de admitir que la estaba queriendo con locura.
-¿Qué?, ¿no entras?
El corazón le latía a mil por hora, sus manos sujetaban la toalla.
-¿O es que …- Zelena se acercó al otro lado de la cama gateando como una fiera, desnuda, sigilosa - … te gusta que vaya de mala?- la empujó contra la pared, le hizo dejar caer la toalla al suelo y la besó con fuerza, con lengua, con dientes, con jadeos. Su cadera empujando su pubis con fino vello pelirrojo contra el de ella. Gimieron a la vez. Zelena le levantó los brazos pegándolos a la pared para inmovilizarla.
Retomó su cuello y le mordió el labio inferior. Asió con su mano izquierda las dos de ella que mantenía en alto y con la otra volvió a su interior, introduciendo sus dedos, dos, tres, hasta cuatro de forma ágil. Regina gemía de puro placer, y más aun lo sentía al sentirse bloqueada, sin poderse mover.
-Sigue…- y Zelena continuó más rápido.
-Más…, uhmmm, me estás matando- se ahogó su voz, Zelena sonreía porque sabía que ese ritmo era el de ella, el que la llevaría al clímax.
-Más quisieras- le dijo al oído totalmente desinhibida y apretó el ritmo sintiendo su pulso en sus manos cada vez más mojadas, notaba su necesidad de coger aire y lo mitigaba dándoselo desde su propia boca. En el interior de ella gimió agudizando el tono hasta correrse. La mano de Zelena chorreó el líquido dulce que llevó a su boca, lamiéndose cada dedo con gusto.
-Que rica estás.
–Has sido una buena chica- le sonrió Regina complacida recuperando el aliento, -ahora es mi turno pelirroja.
La empujó con ambas manos hacia la cama y la obligó a ponerse boca arriba en el centro. Se puso a cuatro patas en el borde de la cama y la obligó a abrir las piernas.
Se inclinó hacia delante y apoyó uno de sus codos en el colchón, sirviendo para sostener su cabeza que observaba con picaresca cómo Zelena estaba bien mojada. Comenzó a besarle el muslo interno, compaginando labios con lengua y algún que otro pellizco con los dientes. La veía entonces agitar las piernas y recogerlas apoyando los pies. La morena sopló aire sobre los labios enrojecidos que semi tapaban el clítoris, erizándole el vello de todo el cuerpo. Sonrió.
-Vamos ¡hazlo ya!- dijo la pelirroja con voz ahogada.
Regina no pudo más que reír y erguirse un poco para mirar el rostro suplicante de Zelena.
-Por favor…
La morena asintió con desdén y sonrisas de triunfo. Volvió a su posición, sacó su lengua al máximo y la apoyó sobre la zona que hay entre el ano y la vagina, solo con eso sobre la lengua goteó parte de Zelena. La elevó lentamente haciendo presión por el camino, ascendiendo hasta el hinchado clítoris la retiraba y la volvía a posar. Sintió que ella elevó el coxis, necesitaba velocidad; agitó su lengua tragando lo que en ella se posaba, una y otra vez, los gemidos de Zelena la estaban excitando de nuevo y quiso jugar un poco más. Se separó de las piernas de su hermanastra bruja con la respiración agitada. La mayor la miró con la boca abierta y el cabello despeinadamente sexy. La morena gateó por encima de ella llegando hasta su rostro donde entregó un breve beso en los labios y dio dos pasos hacia atrás hasta, entrelazándose con ella, se tocaron ambos sexos. Ahora era el turno de ambas y Regina comenzó a agitarse y refregarse con su pubis uniéndose a los gemidos de Zelena que decía que estaba a punto.
Se miraron a los ojos hasta que se corrieron y los cerraron disfrutando del orgasmo.
Regina noto como el sudor de su frente caía sobre Zelena.
-Estás hecha una puerca- le dijo sonriente la pelirroja que sudaba de igual manera.
-¡Eh!- Regina le dio un coscorrón con la mano en la cabeza y ambas rieron.
-Nos vamos a tener que duchar otra vez.
Zelena frunció el ceño. –Preferiría quedarme aquí, gracias.
Un silencio reunió sus miradas y entonces Regina se percató de que se habían dejado la radio encendida, había estado escuchando la música y no había caído en ello.
-Voy a apagarla, ahora vengo.
No tardó más de un minuto cuando volvió y se la encontró dormida recostada en un lado de la cama de matrimonio. Desde la puerta apoyó el brazo en el marco y la observó. Se había tapado hasta la cintura y la veía de frente. Sonrió. Le pareció enternecedor. Después se miró el cuerpo desnudo y fue consciente de lo que había pasado entre ellas.
"Dejemos las tonterías para mañana", se dijo tratando de obedecerse y olvidar que acababa de acostarse con su malvada hermanastra y Bruja del Oeste.
Se tumbó con sigilo en el otro lado de la cama mirando al techo sin taparse. Apagó la lámpara de la mesilla y la luz de las farolas de la calle entraron a través de los agujeros de la persiana. Giró su rostro y miró la silueta de la espalda de ella.
"No trates de no hacerlo por el qué pensará, sólo siente".
Gateó hacia ella y pegó su cuerpo tumbado de lado, su brazo la acarició hasta dejar la mano posada sobre su vientre, en algunos lugares a esa posición se le llama "la cucharita", y confesaba que era algo que le encantaba dar y recibir. Sus piernas en la misma postura que las de ella pero justo detrás, sus pechos pegados a su espalda dándole calor y su cabeza apoyada en su nuca. Cerró los ojos y disfrutó de la extraña situación.
Zelena había tenido los ojos abiertos desde que ella se subió a la cama. Y ahora los cerraba sonriendo.
Continuará!
Bueno, ha sido una mezcla de porno y amor, espero que os haya gustado
