Bueno, a veces me encanta pensar que puedo continuar, les juró, queridos lectores que me encantaría continuar este Fanfic pero, así es la vida, dejo esto…
Naaah, no se van a librar tan fácil de mí :33 Aquí sigo y aunque no esté actualizando cada mes o cada 15 días, actualizo a mi tiempo, por favor, pido que tengan un poco de comprensión tengo una vida fuera de esto, además de que me gusta otro tipo de cosas, en fin, estoy muy feliz de poder actualizar para ustedes y para todas aquellas chicas que aún siguen esta historia, muchas gracias por sus review ;m; Sin ustedes no soy nada…Los quiero mucho mis bebéshermoshosshsjgfdgsjjg
Sin más, bienvenidos una vez más a este humilde Fanfic, nuevos y antiguos lectores es un placer presentarles esta hermosa continuación, sin más preámbulos a leer.
Érase una vez…
Maka pov.
El frío me calaba hasta los huesos y provocaba leves espasmos como reflejo involuntario en todo mi cuerpo, terminaban en pequeños choques eléctricos al encontrarse con los bordes de él, sentía las extremidades adormecidas y cansadas además de que me hormigueaban de tal manera que parecía casi como si nunca las hubiera movido de esa posición y estuvieran condenadas a seguir así por el resto de mis días, sentía en resumen, el cuerpo casi como si hubiera estado corriendo por horas en una sola dirección y en un solo movimiento, como si hubiera hecho el mismo ejercicio una y otra vez y de golpe me hubiera parado a descansar, incluso la espalda también me molestaba sentía que casi no me podía mover, hormigueos y espasmos sacudían una y otra vez todo mi cuerpo, me dolía y sentía mi propio peso como una tonelada.
Había dormido la mayor parte del día y no tenía una cercana idea de la hora, ni del lugar, ni del momento en el que estaba, no se filtraba la luz natural en el enorme lugar, estaba tan encerrada que incluso el olor del aire era extraño, olía a encerrado, olía a muerte y aún más la humedad, es decir claro que sabía donde estaba pero jamás había visto un lugar así y para mí sería imposible saber si aún nos encontrábamos dentro del país.
Aquella sustancia que parecía flotar en el aire entraba por mis poros y se pegaba a mi piel hasta hacer casi una capa sobre ella, me empezó a marear y de igual forma me daba asco, casi podía compararla con la sensación de tener algo como el fango o la miel pegada a mi cuerpo.
No sabía nada sobre el lugar donde estaba parada, ni siquiera podía saber con precisión si era de día o de noche, era como una celda, era como estar en prisión y al mismo tiempo estar en completa libertad, era una sensación extraña, era como estar en una prisión que tenía una puerta abierta, esperándome a mí para que lograra salir pero jamás lograría alcanzarla o al menos no si quería seguir con vida.
Abrace mis rodillas a mi pecho y sentí mi corazón latir, al menos, aún estaba viva, al menos aún respiraba, al menos esta noche no moriría o bueno pensaba que no lo haría.
Sentí en mi pecho la opresión de la claustrofobia de nuevo y como una vieja amiga me oprimía entre algo parecido al miedo y al terror pero menos intenso y a su vez me congelaba en mi lugar y me paralizaba, como si no estuviera lo suficientemente inmovilizada, había pensado que ese infantil miedo se había borrado por completo de mí hacía tiempo, pero al parecer estaba más presente que nunca, me atrapaba y me mareaba de una forma incontenible.
Tenía la fuerte sensación de que debía aferrarme a algo para no tratar de salir al exterior, para poder soportar la enorme opresión que a cada segundo aumentaba un poco más haciendo casi incontenible las ganas de llorar y gritar.
Arañe el piso que estaba debajo de mí con la uñas, como si eso fuera a liberar la horrible sensación en mis piernas y en mi cuerpo.
Yo era como una mariposa, me sentía como una mariposa, aquellas frágiles criaturas condenadas a estar encerradas en una prisión de cristal, viendo el mundo a su alrededor sin poder salir porque así estaban seguras de que su especie sobreviviría, tenían alas para volar pero no servía de nada si no podían hacerlo.
Yo tenía piernas para correr pero no servían de nada si no podía hacerlo, apreté los dientes sujetando aún más fuerte mis piernas, casi como si fueran un ancla que pudiera alejarme de todos los mareos de la claustrofobia, odiaba aún más este lugar que el otro, al menos ahí sabía la hora y el día, casi extrañaba estar en esa estúpida y ridículamente enorme mansión, al menos había una ducha.
Estaba realmente confundida, mucho más que eso, estaba confundida y cabreada, había muchas cosa que había querido preguntarle como por ejemplo; ¿Cómo? ¿Quién o quiénes? ¿Qué? ¿Cuándo? Y tal vez la más importante de todas ¿Por qué?
Aún no lograba comprender por qué habíamos huido, cuál era la razón tan poderosa que le había llevado a tomar una decisión tan definitiva, cuáles eran las consecuencias que conllevaba habernos ido y que significaban cada una de las decisiones que tomaba por los dos.
Las dudas carcomían mi razón y hacían que sintiera en el pecho un volcán de furia estallar, quería respuestas, quería que me dijera todo lo que quería-necesitaba-saber, había insistido varias veces, pensando que en alguna de esas se aburriría de mi "molesta" voz y cedería para al menos darme un sola repuesta de todas las preguntas que había hecho hasta el momento, pero él no había cedido y yo dudaba mucho que lo hiciera, no había querido responder a ninguna de mis preguntar y eso hacía que de alguna manera, la bilis se me subiera a la garganta y me dieran ganas de decirle todas las cosas e insultos que cruzaban por mi mente.
Por otro lado jamás le daría esa satisfacción, la satisfacción de verme desesperada por respuestas y aunque sabía que eso era un poco infantil e inmaduro de mi parte y que además podría costarme el futuro que me deparaba, no iba a dejar mi orgullo de lado por él.
**Es que era imposible que no me dijera ni siquiera por qué estaba aquí o para qué, gruñí irritada por mi propio pensamiento, una vocecita en mi cabeza insistía que era prudente estar a salvo aun cuando todo mi ser quisiera salir huyendo y dejar que fuera lo que fuera que me tenía que pasar, pasara ahora, nunca había sido tan paciente en esperar malas noticias y no iba a empezar a serlo ahora.
Y es que si tan sólo tuviera una respuesta a lo mejor no me sentiría tan desesperada por las demás, Soul simplemente se había dedicado a correr y correr y no dejar de hacerlo, no sabía la razón, simplemente lo había hecho arrastrándome con él nuestro destino incierto que había parecido ser el fin del mundo o al menos no estábamos tan lejos de él.
La pregunta era una incertidumbre que me asaltaba aún en mis pensamientos más distraídos y lograba llenarme de terror hasta la médula, había notado varias veces como Soul me miraba de reojo cuando un escalofrío de momentáneo terror y pánico se apoderaba de mí, cuando él me miraba intensamente cuando pensaba que estaba dormida, cuando me vigilaba incluso si me alejaba un poco de él…era casi como si tuviera miedo de que algo me ocurriera y eso de alguna forma me hacía sentir aún más insegura.
¿De qué o de quién huíamos?
Llevábamos alrededor de 3 días en aquella maldita motocicleta, recorriendo incontables carreteras y solamente deteniéndonos unos breves momentos para dormir e ir a hacer nuestras necesidades fisiológicas o al menos las mías, al principio y al llegar al primer refugio pensé que ese sería nuestro destino al menos con toda la protección y las barreras lo parecía, gran error.
El primer destino había sido un edificio de tres plantas más bien parecido a una pequeña residencia de descanso construida de toscos ladrillos y con un aire parecido al de un sanatorio de enfermos mentales, mi habitación había consistido en una camilla de hospital, una sábana, un enorme espejo y una taza de baño, claramente bajo llave junto a Soul, se ubicaba justo en el corazón de un bosque, en un claro donde no había otra cosa que rejas de alambre electrificado y sabuesos en las entradas, ni siquiera había visto la luz de la luna, ni siquiera había visto la luz del sol, el obscuro y obsoleto bosque parecía haber sido liberado de cualquier forma de vida a parte de los enormes pinos, los sabuesos y la frondosa vegetación.
Había comido un par de moras y tomado una botella de agua, antes de ser resguardada junto a Soul en el sótano del edificio, sin más luz que la de un refrigerador y su, oh vaya, perfecto y hermoso teléfono inteligente, era un gran avance para mí no haber puesto los ojos en blanco cuando lo vi.
Habíamos salido de ese edificio apenas se había puesto el sol y montamos de nuevo a la infernal máquina, que nos llevaba a Dios sabe qué lugar, incluso ahí junto a él, me había sentido libre, sonaba estúpido y tal vez hasta irracional porque más bien se podía comparar con un secuestro, pero al sentirme lejos de todos y de todo, había logrado que mis preocupaciones y temores se quedaran ahí donde iba.
Cuando el viento azotaba mis cabellos y mi rostro y traía hacía mí el sabor y la energía de la libertad, no podía sentir nada más que mis brazos alrededor de su fuerte torso y el olor de su exquisita fragancia masculina inundando y llenando cada célula de mi cuerpo, era entonces donde parecía que no existía nada más allá de lo que lograban ver mis ojos, nada además de lo que pudiera sentir, escuchar u oler y entonces el mundo se reducía a nosotros dos, una motocicleta y una carretera que debíamos seguir.
El segundo día había sido aún peor que el primero, el "refugio" había logrado ser aún peor si es que se podía, habíamos parado en un motel de mala reputación que según Soul era el dueño y que nadie-excepto la ruidosa gente de a lado- nos molestaría ahí, estábamos seguros.
Sólo había un pequeño e insignificante detalle... incluso poniendo una almohada a cada lado de mis oídos y tratando de pensar o concentrarme en otra cosa podía captar, con claridad, casi como si se encontrara a junto a mí los desesperados gemidos de una mujer rogando porque el hombre que la estaba follando le diera "más".
Había dormido apenas lo suficiente para lograr coger de la mesilla apolillada de noche las botellas de agua potable de mala calidad con una espantosa etiqueta que parecía incluso más antigua que la televisión de un solo canal que reposaba en una de la estanterías altas y darme una ducha rápida que había terminado sólo a los dos minutos de empezar por el sospechoso color negro que salía de la regadera.
No había comido nada más que unos snack que había conseguido en la estación de gasolina y había metido a mi bolso un par, algunas barritas de grano y un paquete pequeño de galletas de chocolate, mi dieta consistía en pocas calorías ahora y por lo que había notado a Soul no le daba hambre, comía porque era más una costumbre que una necesidad, su cuerpo no estaba acostumbrado a no recibir alimentos y sus poderes se veían debilitados si no los consumía.
Pero en este caso dado que apenas era un poco lo que teníamos para llenar un solo estómago, él se reservaba el placer de comer algo para que yo lograra sobrevivir-Que dulce-Pensé con sarcasmo, sobrevivir era lo que había estado haciendo los últimos días y con certeza sabía que no era lo mío, yo no sabría cómo sobrevivir sola.
No me moleste en ocultar ese pensamiento, él no estaba cerca, al menos no lo suficientemente cerca para leerme la mente, no me permitiría mostrarme débil ante él, antes muerta, no era que tampoco no me hubiera visto ya sensible, él de alguna forma me había visto en el estado más humillante y patético…me había visto llorar.
Me trague el nudo en la garganta recordando como por un momento mínimo él pareció entender mis sentimientos, entender mi corazón y como al siguiente era el mismo demonio frío que me había arrastrado hasta el infierno y me había envuelto en llamas de miseria y desesperación, sentí agolparme las lágrimas y recé por no llorar.
No podía llorar no ahora, no después de todo, había sido lo bastante fuerte los últimos días como para desmoronarme así, sólo por sumirme apenas un poco en mis pensamientos, yo era Maka Albarn, yo era un chica dura y fría, yo era aquella que jamás mostraba sus sentimientos, la chica que es más fría que el hielo, la chica que nunca lloraba.
Un nuevo escalofrío cruzo por mi espina dorsal llenándome de un sentimiento parecido a la soledad, hacía tanto frío y mi ropa mojada no ayudaba para al menos calentarme un poco, en realidad no ayudaba en nada para calentarme, me sentía mojada hasta los calcetines y ropa interior.
La fría luz que tenía el lugar sólo hacía que este pareciera incluso más lúgubre de lo que era.
-Bravo Soul, es un lugar perfecto-Murmure de nuevo con sarcasmo, escuchando como mi voz rebotaba en cada lugar de la estancia y regresaba a mí llenándome de nuevo de un miedo tímido que invadía poco a poco mi cuerpo, apenas había visto un poco de ese lugar para saber que sería el peor en el que había estado, incluso peor que ese horrible motel.
A la entrada del hermosísimo recinto se situaban dos estatuas de tamaño casi natural un poco golpeadas por los aires y con despostillados pedazos faltantes, eran dos enormes arcángeles que identifique como Gabriel y Miguel por las vestimentas que tenían, cuidaban celosamente del lugar, cruzando las espadas incluso un poco más arriba de mi cabeza, tal vez unos 5 o 10 cm, su mirada severa mostraba una inquisitiva frialdad que parecía todo menos angelical.
Alguna vez habían sido de una hermosa piedra blanca, con detalles marfilados y facciones precisas, pero el tiempo y el lugar habían hecho de las suyas, desfigurando poco a poco las perfectas facciones, la lluvia había causado desgaste en la piedra y esta parecía haberse carcomido un poco, sus espadas, alguna vez hecha de hierro se caían a pedazos por el óxido que las cubría, parecía que eran incluso más frágiles que el cristal.
Justo a un lado de las enormes estatuas se alzaba un templo pequeño en el que se notaba hacía años nadie había orado ahí o tal vez jamás, no había señales de personas o de algo que las identificara, en realidad no había nada, más que una sencilla piedra labrada de los mismos materiales que los enormes ángeles justo en el centro del pequeño recinto, parecía haber sido incrustada a la pared por artesanos cuidadosos y una enorme puerta de lo que parecía haber sido madera alguna vez que ocultaba la vista y se camuflajeaba increíblemente bien en la enorme piedra gris
Había sido una genial idea, oh si, una decisión muy inteligente, deja a la chica estúpida y torpe sola, no habrá ningún problema en que lo que sea que nos esté siguiendo la encuentre y tal vez la destroce de cualquier manera impensable, oh por supuesto que no ocurrirá nada, es más ¿Cómo podría derribar aquella fuerte piedra cubierta sólo por una madera?
-"Maka, no te muevas de aquí, no voy a tardar"-Había dicho eso cogiendo el casco y la motocicleta, mientras iba desaparecido por el desfiladero natural que acompañaba como un fiel compañero e iba justo al lado del caudaloso río de aguas intranquilas y traicioneras que parecía incluso más obscuro que el cielo nocturno, no se había detenido por nada y ella no lo había visto voltear hasta desaparecer en la maleza de un bosque frondoso con árboles oscuros.
No había siquiera pensado en la casi obvia opción de que él se había ido sin mí, que me había abandonado ahí en un lugar perdido por el mundo, la civilización e incluso Dios, oh, pero que lista Maka, no pasa nada, confía en el demonio que te ha arrastrado al infierno y quiere devorar tu alma, confía en él, no te hará nada, ¿Qué es lo peor que podría pasar? ¿Entregarte a…?
Sacudí la cabeza molesta por el pensamiento, el no haría eso jamás.
Me acurruque más contra la fría roca, me sentía incluso enferma pensando que si él no llegará yo simplemente moriría ahí sin más remedio, por deshidratación, desnutrición, alguna estúpida enfermedad o incluso por aquello que nos perseguía, jamás había tenido una innegable certeza de mi frágil naturaleza como ahora la tenía y de alguna forma me sentía abrumada por ello, impotente, yo no era un demonio, no era una quimera, no era una diosa serpiente o una criada sexy, no era nada sobrenatural, no tenía ningún súper poder ¡No tenía ni siquiera un talento humano!
Yo era una simple chica pequeña y delgada que vivía en un departamento con su patético hermano menor, tenía una pequeña gata a la que tenía que alimentar y cuidar aunque incluso ella no me necesitaba, estudiaba en un colegio que apenas llenaba las expectativas de un poco avanzado programa de estudios, en una clase llena de chicas a las que jamás les había prestado la más mínima atención, con chicos que ni siquiera sabían mi nombre , con profesores que deseaban que desapareciera para dejar de pensar en lo rarita que era, una chica que no hablaba con nadie, a la que nadie ponía atención, una chica que se dudaba ciegamente si es que le atraían las mujeres o los hombres y por si fuera poco una chica que había matado a su única amiga en un arranque de locura.
No entendía cómo es que había acabado así, nunca me había metido en problemas, nunca los buscaba, era la típica inadaptada social con buenas notas y una actitud horrible que sólo espera por que termine el maldito año y poder marcharse a cualquier otro lugar menos ese horrible colegio.
Y ahí estaba yo, con la misma actitud horrible, pero con las circunstancias totalmente cambiadas, era irónico porque me había alejado lo más que podía de ese horrible colegio, había huido de esa vida que tanto odiaba, estaba lejos de todas aquellas personas que jamás hubieran apostado nada por mí tal cual había sido mi sueño, pero no tenía la felicidad que tanto anhelaba, es más incluso me sentía menos estable de lo que jamás había estado
Unas lágrimas silenciosas bajaron por mis mejillas con cuidado, lamiendo la piel salada por el sudor y por la suciedad del bosque, maldita fuera la hora en la que mi cerebro había empezado a procesar todo aquello que me dolía obligado a soltar pequeñas muestras de debilidad y en un momento sentí como algo se rompía dentro de mí, no había sido doloroso, al menos no todavía, parecía en ese lugar que el tiempo no cambiaba.
No estaba segura si habían pasado minutos u horas desde que lo había visto marcharse por aquel frondoso camino, tal vez él no regresaría…
Mis pensamientos fueron callados por el rugido furioso de la montaña que retumbaba una y otra vez, haciendo que mi corazón se paralizara sólo un segundo de terror para luego volver a latir por miedo, había sido justo junto a mi oído, peligroso y amenazante, jamás, ni en mis locas historias había imaginado que moriría así, aplastada por una tormenta o por los fuertes vientos que azotaban una montaña.
Que estúpido e irracional forma de morir.
Las nubes negras se acumulaban justo arriba de mí y podía sentir en la carne como el aire y el agua se preparaban para caer como un diluvio sobre mi cabeza y matarme, me arrojarían montaña abajo y tal vez mi cuerpo sería destrozado por las filosas piedras, sólo esperaba que me golpeara en la cabeza con algo para no tener que sufrir demasiado, tal vez hasta la piedras me aplastarían…rogué porque no fuera así.
Un relámpago cruzo rápidamente, como un reflejo ante mis ojos y cayó en algún lugar lejano aterrándome con su intranquilo rugido, incluso a través de las débiles rendijas de aquella desfigurada madera podía distinguir las chocantes y peligrosas luces que rayaban el cielo, letales y hermosas.
Mire aquella cruz esculpida junto a la enorme piedra, definitivamente el mejor o el peor lugar para morir, no tenía idea de cómo él había querido traerme a morir hasta aquí, tal vez sería su lugar favorito para consumir almas, no había sido muy práctico, pero no había duda de que él era tan caprichoso como el más pequeño de los niños y que si había deseado algo de alguna forma sería justamente como él lo mandaba...
Aunque seguía pensando que hubiera sido más sencillo que tan sólo me inmovilizara y me arrancara el alma o algo así, suponía que tal vez disfrutaba del hecho de haber provocado una una muerte lenta y dolorosa en su víctima, una muerte donde apenas me diera cuenta que estaba muriendo y donde el dolor fuera tan intenso que incluso deseara la muerte.
Otro fuerte rayo se escuchó incluso más cerca que el otro y sentí como mi corazón se había parado una milesia de segundos, acallo mis pensamientos haciéndome temblar en mi lugar violentamente, sentía como me destrozaba un poco más los dientes al chocar unos contra otros, pero no podía parar de hacerlo, mi mandíbula se movía sola castañeando una y otra vez aterrorizada, no había razón para negar que estaba asustada y sola.
Sola…
Estar sola en ese momento era lo último que necesitaba, había estado sola más de la mitad de mi vida e incluso en mi muerte, aunque sólo fuera en mi muerte, no quería estarlo más, casi había extrañado a Soul a mi lado, protegiéndome de todo lo que me molestaba, poniendo en riesgo su vida sólo por protegerme a mí.
Más lágrimas que impedían que mi visión se aclarara, más lágrimas que me debilitaban mientras los sollozos una y otra vez me azotaban sin clemencia, más lágrimas que no dejaron de caer incluso cuando una roca había golpeado fuertemente mi cabeza y con un golpe sordo escuche como rebotaba contra la piedra y como sólo por unos momentos había logrado verlo a él entrando en medio de la torrencial tormenta, empapado, preocupado y hermoso, pero no como siempre lo había visto, no, esta vez tenía alas…
Auch, fue el primer pensamiento que se cruzó por mi mente al empezar a tomar conciencia.
¿Qué había ocurrido? ¿Dónde estaba? ¿Por qué estaba tan cálida? ¿Por qué había algo suave debajo de mí? Incluso un poco más importante ¿Por qué estaba desnuda?
La obscuridad que me rodeaba comenzó a aclararse a medida de que mis ojos se enfocaban a la tenue luz que provenía de algún lugar que no recordaba haber visto antes, debajo de mí un suave colchón o colchoneta me separada de la profunda y fría roca gris, mi cabello se había secado y lo sentí extrañamente peinado en una trenza que se enredaba en mi nuca y no me permitía dormir con comodidad.
Parpadee un par de veces sintiendo un punzante dolor ahí donde empezaba aquel extraño peinado, era como si de pronto todo lo demás pasará a segundo plano por el simple hecho de que sentía el dolor hasta lo más profundo de mi cabeza, arrugue el ceño mientras tanteaba con delicadeza la zona donde más sentía el ardor que se extendía por mi cuero cabelludo.
Sentí el cabello enredado con algo pastoso y también como aun cuando los apartaba con delicadeza esto parecía no ceder, era como una costra de algo, sentí nauseas al saber que era mi sangre que se había secado y la que se había enredado en mi cabello, aparte las manos de mi cabeza, sintiendo aún otro dolor, la muñeca derecha me dolía como mil demonios.
La miré tratando una vez más de enfocar mi vista, al parecer tenía una pequeña dificultad en la vista, tardaba un poco más de lo normal en fijarme en sólo un objeto y enfocarlo totalmente, gire la mano sintiendo como me dolía hasta casi sacarme lágrimas y pude ver un poco borrosa una venda que la cubría desde mi antebrazo hasta la palma de la mano.
Trate de incorporarme utilizando mi muñeca herida y casi caía de cara contra el piso, sentí un dolor agudo y mordí mis labios soportando las correntadas de dolor que azotaban una y otra vez aquella sensible parte de mi cuerpo, madre que dolía.
Mis ojos viajaron tratando de ubicarme, parecía un lugar amplio, olía como olían los bosques, a tierra mojada, lluvia perfecta, vida y esencia, sólo que tal vez un poco rancia, en el olor aún flotaba un aroma parecido a un perfume, el color de las paredes era extrañamente claro y era de forma irregular parecía sobre salir en los bordes como si estuviera dentro de una caverna, a mi lado derecho había un enorme bar con varias botellas de productos no comerciales que aún en la penumbra parecían tintinear y brillar con sobrenaturalidad, ni siquiera quería imaginar de que estaban hechas.
Justo en frente de mí había una enorme alfombra de color rojo, lo suficientemente mullida para parecer una colcha fina poseía un color espectral que se fundía casi con el piso, un blanco suave parecido o más acercado al color hueso, justo en frente había una enorme chimenea de pulidos esculpidos, sentí un escalofrío al notar como eran justamente las mismas estatuillas que había visto antes de arcángeles sólo que estos no estaban deteriorados y se podía apreciar con claridad la belleza del trabajo del escultor, la fuente de calor había hecho la estancia y sentía en la piel el hormigueo sensacional y claro de sentir un calor familiar que envolvía poco a poco mi cuerpo, el fuego siempre me había parecido maravilloso y en noches como esta sólo deseaba estar un poco más junto a él.
A mi lado derecho sobre un montón de telas que tapizaban la pared estaba el retrato antiguo y pintado por algún artista desconocido de una mujer hermosa, lucía perfectamente un enorme vestido de alguna época pasada, sus rizos rojos se escurrían por sus hombros como una cascada de fuego, hasta perderse por su espalda, su piel nívea y apenas adornadas con suaves pecas que daban apenas un poco de color a su rostro contrastaba con elegancia con su hermosa cabellera y con sus fríos labios de color carmín salvaje, sus pómulos altos y la nariz respingada mostraba altanería y orgullo, se alzaba indescriptiblemente superior sobre mí, incluso me sentía pequeña ante la imponente mujer y al fijarme en sus ojos note en su mirada una familiaridad que me hizo perder el aliento, esos ojos enmarcados por unas perfectas y tupidas pestañas negras y aquellas cejas perfectamente delineadas eran dos pares iguales de fríos rubí que me miraban con ira y agresividad, parecía que me querían destrozar y al mismo tiempo me querían tocar con amabilidad y ternura, eran unos ojos que había visto antes, en mis pesadillas, eran sus ojos, los ojos de Soul.
-Estás despierta…-Note su voz como un llamado en lo más profundo de mi ser, era como si me legara desde el fondo de una piscina y retumbara en mi cabeza lentamente hasta que pudiera descifrar sus palabras, probablemente el golpe me había dejado con más secuelas de las que pensaba podía tener, tal vez había sido demasiado fuerte.
-Algo así-Murmure mostrando mi muñeca y trate de que mi voz sonara adormecida, lo suficiente para que él no se diera cuenta de que había estado fijando la vista en la inquietante pintura que me ponía la piel de gallina.
-Es realmente hermosa ¿No lo crees?-Trate de abofetearme mentalmente al recordar que él podía leer todos mis pensamientos estando a una cercana distancia, brillante Maka, sentí mis mejillas colorearse y llenarse de un calor que no tardo en expandirse por mi cuello hasta llegar a mi pecho y a las raíces de mi cabello, levante la mirada encontrándome por primera vez sin esos rubís que se posaban justo por encima de mí, hacía ella.
Sentí en la boca del estómago un ardor y trate de ignorarlo, me irritaba que la mirara, que pasara de mí para mirarla a ella y una sola pregunta inundo mi mente ¿Quién era ella? Quién era esa mujer extraña con mirada impenetrable.
-Es inquietante… ¿Quién es ella?-Arrastre las palabras bajado el tono de voz para que no delatara mi irritación y con toda mi fuerza de voluntad trate de enfocar mi vista o concentrarme en cualquier cosa o lugar que no fuera la cara de aquella perfecta mujer de porcelana plasmada en un lienzo o en Soul que la miraba idolatrándola.
Mis ojos aun cuando se habían clavado con fuerza y casi molestia en las sabanas de satén doradas y los flecos que esta poseía rodaron con magnetismo hacía él, no lo había visto desde que había escuchado su voz y verlo así casi hizo que se me entrecortara la respiración, madre mía.
Siempre había sido guapo, debía admitirlo, esa pinta y ese rostro no los tenía cualquiera y mucho menos la ropa cara y los lujosos artículos que poseía pero una cosa era mirarlo vestido y con esa mirada bravucona y otra muy distinto mirarlo así; su cabello platinado brillaba en la tenue luz del fuego y reflejaba plateados rayos de luz, sus ojos color rubí brillaban con algo que parecía anhelo, aquel color era incluso mucho más cautivador y brillante que el de cualquier gema que en mi pobre vida yo hubiera visto o me hubiera imaginado, sus labios rojos dejaban escapar nubes de vaho y me pregunte donde había estado para tener calor, su torso…estaba desnudo y pude apreciar como su fina y pálida piel se estiraba entorno a sus hombros delgados pero bien formados, atléticos, como se dibujaban los músculos de su pecho, el marcado abdomen y las clavículas que por un momento me pregunte a qué sabrían, vestía únicamente unos vaqueros ajustados a su cintura y dejaban en entrevisto el resorte de su-por supuesto- ropa íntima de marca, tenía una postura de humildad que resultaba extraña en él.
-¿Sabes qué es más inquietante? Que me mires de esa forma, cierra la boca te pueden entrar moscas-Sentí como violentamente toda la sangre de mi cuero abandonaba mis extremidades para concentrarse en mi rostro ardiendo como el infierno.
-No hay mucho que ver-Dispare tratando de que mi voz sonara segura y no denotara la débil mentira que era, por supuesto que había que ver, pero no lo admitiría en su cara.
Escuche como reía suavemente y enseguida le lance una mirada fulminante que tan sólo de notar, hizo que estallara en carcajadas.
-Definitivamente eres mala mintiendo, ¿Cómo está tu muñeca?-Lo mire poniendo por un momento los ojos en blanco sintiendo la sangre caldeada, yo no era mala mintiendo, sólo que había sido demasiado repentino ese ataque de su parte y no se me había ocurrido otra estúpida estrategia que decirle que no había mucho que mirar.
-Parece que no la he perdido-Murmure con sarcasmo viéndola al mismo tiempo, parecía que estaba lo suficientemente mal para amputármela o al menos eso se podía inferir al ver el color morado que se extendía incluso por los dedos como brillantes rosas de piel.
-Pensé que por 30 minutos sin mí no morirías pero al parecer me equivoque-En su rostro se dibujos una sonrisa burlona eso me tomo por sorpresa, había estado ocupada con pensamientos tan triviales que ni siquiera me había preguntado cómo es que había llegado a un Pent-house tan lujoso como eso, si había estado a punto de morir por un golpe en la cabeza y el viento inclemente de una tormenta que azotaba mi débil refugio en una montaña abandonada por todo lo que se llamara alguna vez "Civilización"-Bueno, cariño, esto estaba dentro de la montaña, necesitaba…bueno, la llave para ingresar y pensé que de alguna forma te mantendrías con vida al menos una hora por ti misma pero cuando regrese con la llave parecía que habías sido ataca por una brutal roca, Oh, maligna roca-Escuche el sonido de su risa y casi estuve a punto de soltar una sonrisa, sólo casi, parecía que estaba de buen humor para estar huyendo de una muerte inminente.
Mi mano se acercó sigilosa ahí donde tenía la herida y sentí de nuevo la costra que cubría mis cabellos.
-Te traje hasta aquí cargando, tu figura es engañosa, pesas más de lo que aparentas-Una vez más me dedico una sonrisa encantadora-Te bañe y por lo tanto también te vi desnuda-Continuo examinándome de arriba hacia abajo con tranquilidad sin borrar la socarrona sonrisa de su rostro y por un momento quise ir a donde él sólo para abofetearlo-También te peine…aunque no te sienta tan bien, tal vez tus coletas son una mejor opción, aún sigues sangrando, deja de abrir aún más la herida, idiota.
-Vale, ya he entendido-Murmure con una voz cansina fijando la vista hacía el fuego que danzaba sobre la madera con calma casi como un baile sensual de cortejo, el fuego me recordaba a una dama y el tronco a un caballero, sentí como un mundo se comenzaba a formar en mis pensamientos, estaba quedándome dormida, mi cuerpo necesitaba descansar y sin mucha resistencia cerré los ojos con un suspiro, estaba tan cansada y también segura de que había perdido demasiada sangre para sentir así mi cuerpo, casi podía sentir que explotaba mi cabeza y mis brazos y piernas eran débiles, lo suficiente para no soportar mi peso.
Sentí un cosquilleo ligero el brazo, como si se tratara de una pluma que acariciaba mi piel con delicadeza y cuidado, casi como si me fuera a romper, trate de ignorarlo mientras cogía la sabana que cubría mi desnudo cuerpo y me cubría hasta la barbilla pero la sensación suave no se detuvo, otro cosquilleo, esta vez en el hombro un poco más intenso, como si fuera una presión innecesaria, seguramente sería algún molesto insecto que se había posado en mi piel y la recorría, no tenía intención de apartarlo incluso para eso me sentía casada, sería un enorme esfuerzo extender la mano, la única que estaba más o menos sana, intente llegar una vez más al mundo de la inconsciencia y había empezado a sentir mi razón abandonar mi mente con el manto de Morfeo.
Y entonces un beso en mi clavícula, casto y limpio, con los labios suaves y delicados, como si sólo fuera ternura lo que cubría la inocente caricia.
Abrí mis parpados como si me hubieran echado encima un balde de agua fría encima, despertándome como si fuera lo último que fuera a hacer y de inmediato me despabile ante la tremenda visión que estaba teniendo.
Él estaba ahí, frente a mí, brillante, resplandeciente y jodidamente sensual.
Sus ojos destilaban magia, fuego, oro y erotismo y brillaban con una luz sobre natural encegueciendo a todo lo demás que se cruzaba en su camino, nubes de estrellas y dragones se alzaban en aquellos orbes rubí, esta vez no se mostraban como siempre lo hacían, está ves no eran frío y no me odiaban, no me hacían menos, ni tampoco me despreciaban, esta vez eran cálidos y tierno, esta vez reflejaban amor en cada uno de sus brillos, esta vez parecían decir lo que realmente sentía cuando estábamos juntos y ambos con nuestra mayor fuerza de voluntad tratábamos de ocultar, mechones de cabello níveo rebelde caían por su rostro de forma desordenada afilando sus facciones y haciéndolo increíblemente más atractivo, sus labios entreabiertos se encontraban a escasos centímetros…sedientos.
Sentí como me mareaba y pensé que si no hubiese estado recostada contra un colchón probablemente me hubieran fallado las piernas, mi cuerpo temblaba, no era posible que estuviera sobre mí, así, perfecto, mis respiración irregular hizo que soltara un jadeo y note como las llamas que hasta el momento habían estado en sus ojos calmadas de pronto se encendieron en ardientes llamaradas incontenibles y una parte de mí quiso perderse en ellas.
Sus manos revolotearon sobre, por encima de la fina sabana y sentí sus firmes dedos en mis caderas pero no era algo que me molestara, en sus ojos no había lujuria o al menos no la misma que había visto tiempo atrás, se mostraba una lujuria tímida y sincera, sus caricias eran dulces y dudosas, era como si él no supiera, como si no supiera que hacer, como si fuera la primera vez.
Sus dedos recorrieron mi estómago y trague duro al sentir rodear mi ombligo con las puntas, trazo un camino hasta llegar al hueso de la pelvis y sentí como unas traviesas mariposas hacían de mi estómago y de mi garganta una gran fiesta, brincaban y revoloteaban a su alrededor, provocando que un nuevo y más intenso rubor se apoderara de mis mejillas, frente, cuello y pecho, estúpidas.
En un rápido movimiento sus agiles y veloces dedos se encontraban trazando círculos en lo alto de mis muslos y por un momento sentí un cosquilleo en mi vientre bajo que me hizo congelar, era la primera vez que me sentía así.
Mi mano se posó en su pecho antes de si quiera haber tomado conciencia en lo que hacía y sin un ademán de rechazo sus ojos se encontraron con los míos y sentí bombear bajo mi palma un corazón salvaje que galopaba si es que se podía mucho más rápido que el mío.
Sus orbes parecieron entender todo lo que mi boca se negaba a gritar y una lágrima se escapó de mis ojos, él había vuelto a ser ese chico, el que había visto y había pensado no existía, aquel chico que había entendido mi corazón y lo había descubierto, era el chico que había encontrado algo más en mí y que había jurado cuidar de él.
Sus dedos recorrieron con ternura mi rostro, limpiando apenas un poco aquella rebelde muestra de debilidad, cerré los ojos cuando su rostro se inclinó hacia mí y sentí la calidez de nuestros cuerpos entremezclarse, pero al contrario de lo que yo esperaba él no me había besado ni tampoco había hecho algo de aquello con lujuria o deseo, simplemente había puesto sus labios sobre mi frente en un tranquilizador gesto.
-Lo sé, sólo…sólo quiero estar junto a ti-Sentí como las lágrimas se agolpaban más en mis ojos, como un nudo se apretaba a lo largo de mi garganta y daba un gran vuelvo, provocando que aquellas estúpidas voladoras se encontraran en mi venas y recorrieran todo mi cuerpo sin parar, el olor de su shampoo y el de su loción inundaba mi sentido, el tacto suave de su piel contra la mía, el calor de nuestros cuerpos, todo era yo misma en él, podía encontrar en mí su presencia.
Mis dedos se enredaron en su cabello y deje por primera vez en mucho tiempo que alguien me abrazara de verdad, que abrazara mi cuerpo, mis sentimientos, mi corazón, todo y sentí en mi la calidez que alguna vez había poseído, me sentí llena, había sido como un proceso largo y lento pero no podía pedir mejor final que ese.
Su cuerpo abandono el mío y sentí una especie de vació en mi interior, note que no había bajado de la cama y que seguí ahí, simplemente sentado mirando fijamente las llamas que parecía bailaban sólo para él, la expresión en su rostro era inescrutable y sentía que dentro de él algo se estaba quebrando, quise alargar la mano hacía él pero su voz rompió el silencio.
-¿Querías saber quién es ella? ¿Quieres escuchar una historia?-Me había desubicado pero cuando seguí se brillante mirada, me encontré que él miraba hacía el antiguo cuadro, más en específico a esa chica de insolente mirada, asentí pensando que tal vez sería mejor cambiar de tema y no enfocarnos en la situación tan complicada que ambos acabábamos de pasar-Ven aquí-Me tendió la palma para que me acercara a él y negué con la cabeza.
-No…mi…eh…mi ropa-Murmuré con torpeza cubriéndome incluso un poco más con la estúpidamente más fina sabana, él noto a lo que me refería y en un segundo me arrojo un suéter que parecí ser suyo aunque incluso para él parecía ser varias tallas más grades, aparto la mirada y sin pensarlo un segundo deslice aquella prenda por mi cabeza, parecía o más bien me quedaba perfecto como un vestido.
Me acerque sigilosamente gateando hasta el borde de la cama y deje que mi peso cayera justo a su lado para que se diera cuenta de mi presencia, sin dudar un momento más comenzó a hablar con un tono neutral.
-Érase una vez un ángel, su nombre era Arakiel y era un ángel guardián -Murmuro mientras miraba aquella mujer con una expresión indescifrable, incluso cuando hasta hacía unos momento sus orbes se habían mostrados cálidos ahora se fijaban serios en ella, casi como si tan sólo mirar su rostro hubiera cambiado por completo su humor-Era el ángel más hermoso que tú o cualquier mortal pudieras imaginar, era el más hermoso que en la creación hubiese nacido, era el ser no-nacido más perfecto que había existido en el inframundo, el mundo y el cielo, sus alas eran enormes, precisas, preciosas y perfectas con largas plumas blancas que brillaban en el cielo como una estrella y cubrían todo con un manto de perfección, destellaba fuego en cada una de sus batallas y cuando sus espadas, envainadas la mayor parte del tiempo sobre su espalda eran usadas, la ira del cielo se desataba en sus enemigos, el ángel poseía los ojos de su padre, eran más puros que el cristal y podían deslumbrar a cualquiera que mirara dentro de ellos, porque sin temor ni dudas mostraba su alma, aquellos orbes eran de un color celeste que recordaba los mares lejanos del mundo terrestre y que también al mismo tiempo recordaban al nacimiento de una brillante estrella-Continuo mientras quitaba la vista de aquel cuadro y miraba el fuego clavando su vista en él-Arakiel no ansiaba nada y era feliz con los designios de su padre y el de sus hermanos, era el protegido de los mayores y más antiguos arcángeles, Miguel y Gabriel eran sus nombres, ellos creían en lo mismo que Arakiel y curiosamente poseían las misma ambiciones y metas, inteligencia, paz y amor. Al contrario de Miguel y Gabriel, Arakiel poseía un designio, una meta y un objetivo, toda su existencia había sido creada para esa única razón y era por ella que se mantenía respirando, no era sólo proteger el reino de los cielos, habían otros ángeles que hacían eso, cuando Lucifer bajo al infierno y con él todos los ángeles que más tarde se convirtieron en demonios, el designio los llamo-Murmuro haciendo una pausa como si no recordara lo que continuaba de la historia.
-Arakiel jamás había sabido cuál era su designio, pero desde el momento en que había terminado la gran batalla y aquel que amenazaba el reino de los cielos había sido expulsado y encerrado en el inframundo, que sería su prisión por toda la eternidad, sintió en su sangre como cada parte de su cuerpo ansiaba hacer la tarea para la cual había sido creado. Arakiel había sido creado para proteger a un humano, como muchos de los ángeles, era un ángel guardián y él estaba incluso dispuesto a dar la vida por su preciado humano, sólo que no era cualquier humano, era una princesa-Continuo sin parpadear y sentí como su respiración se había entrecortado- Su nombre era Catherine Anette Van Der Kroft-Un ligero escalofrío lo sacudió y yo sentí como si la sola mención de ese nombre fuera como una maldición.
-Su padre le había confiado tan importante tarea, porque aquella princesa había sido maldecida y con ella se traía una horrible desdicha, la princesa portaría dolor y sufrimiento para su gente y para el ser que más la amara, ella era la desdicha de los humanos o al menos eso había prevenido una antigua pitonisa que no aparentaba más de 14 años humanos-Las imágenes que me inundaba la cabeza eran majestuosas, imaginaba al ángel Arakiel justamente como Soul me lo narraba-Arakiel había entregado a su padre las espadas forjadas de rayos de luz solar y polvos de estrellas, había dado todo por cumplir su designio porque cada parte de su ser lo anhelaba, no había nada en el mundo que no deseara nada más que cumplir su tarea así que bajo a la tierra de los humanos, los ángeles eran invisibles ante la vista de un humano, en sus primeros meses de vida era claro que podían verlos pero al cabo de un año, simplemente dejaban de ser visibles. Arakiel, el ángel más hermoso, podía pasar días y noches enteras mirando sin pestañear a aquella hermosa niña, Catherine Anette que poseía una escandalosa belleza, casi como la de un ángel, poseía hermosos rizos de fuego que se escurrían por su cabeza como una cascada, su nívea piel inmaculada era apenas interrumpida por suaves pecas que daban armonía a su hermoso rostro, tenía largas y rizadas pestañas incluso más obscuras que el ébano, una pequeña nariz respingada, perfectas cejas enarcadas y por supuesto los ojos que secundaban a los de Arakiel, poseía unos orbes esmeralda perfectos, tan transparente y llenos de todos las sensaciones del mundo que era difícil no mirar y perderse en ellos-trago saliva antes de continuar con su relato, como si lo que estuviera a punto de decir fuera difícil cuando en realidad sólo estaba relatando una historia-Arakiel era inseparable de Catherine, jamás la dejaba y al principio creyó que en eso consistía su designio, pero se equivocó.
Apretó los labios con furia mientras fruncía el ceño con odio.
-Cuando Catherine cumplió un año y dos meses y aún seguía viendo a Arakiel supo que algo estaba mal, se suponía que ella después de 12 meses jamás podría mirarlo de nuevo y ahí estaba, con sus perfectos orbes esmeralda clavados en los suyos del color del cielo. Él sabía que estaba mal y que debía informarlo de inmediato pero algo en su pecho se negaba a hacerlo, la calidez de verla sonreír y que esa hermosa sonrisa fuera dedicada a él, sólo a él. El egoísmo de estar en su vida era más fuerte que la devoción que tenía por su padre-Soul me miro y al no ver alguna reacción que esperaba continuo-Arakiel continuo con Catherine, incluso cuando el cielo había llamado más de 10 veces por él, se ocultaba cuando los demás ángeles guardianes iban en su búsqueda para presentarlo ante su padre, fingía tener una interferencia entre él y el cielo y para Catherine y él eso era más que suficiente. Cuando él se dio cuenta habían pasado 12 años desde el nacimiento de la hermosa niña y en su cumpleaños número 12 lo descubrió, Catherine Anette ya no era la niña recién nacida que le habían prometido como alma, Catherine Anette era la dueña de su corazón y su cuerpo, Catherine había robado la perfecta existencia de Arakiel y lo tenía postrado a sus pies.
Soul suspiro como si pudiera revivir la historia y yo también lo hice, era como si todo lo que estuviera diciendo fuera real, como si pudiera sentirlo.
-Ambos sabían que llegaría el día en el que no iban a poder ocultarse más de su padre pero jamás creyeron que sería un día tan cercano y cuando ocurrió no hubo ningún adiós, ni ninguna despedida dulce, el primer día del invierno se alzaba y brillaba con el resplandor de la nieve pura y Arakiel y Catherine, la hermosa chica de 16 años, se encontraban jugando en el jardín de su castillo y sus labios se habían unido por primera vez, fueron separados. Sus hermanos llegaron envueltos en nubes de estrellas y resplandores de sol, Miguel y Gabriel, con las espadas desenvainadas, dirigiéndose hacia ellos. Arakiel no pudo oponer resistencia, no cuando la presencia de aquellos poderosos seres superiores le atraía como un imán hacía le reino de los cielos, los desesperados ojos de Catherine lo vieron partir sin decir ninguna palabra y eso la destrozo…
Abrí la boca para decir algo pero note que aún no había terminado así que sintiéndome estúpida la cerré de nuevo.
-Arakiel no fue lastimado, pero su conciencia, su mente, sus sentidos, sus emociones habían sido privadas de su cuerpo y habían sido resguardados, su padre había anunciado que no podría regresar al mundo mortal hasta que Catherine comenzara a tener una vida mortal, una vida sin Arakiel, años después lo hiso, lo primero que sintió fue el dolor de haberla perdido, si él estaba libre era porque Catherine se había resignado a perderlo ¿Cuántos años habían pasado? Tal vez incluso ella estaba muerta, ese pensamiento le había aterrado e incluso antes de que liberaran del todo sus alas él se había precipitado hacia ahí donde había visto por última vez a su querida Catherine, pero cuando la encontró algo dentro de ella había cambiado-Sentí algo parecido a la tristeza en el pecho mientras imaginaba aquella historia de amor trágico en mi mente-Catherine tenía alrededor de 27 años y el cambio que había pasado en todo el tiempo que él se había ido era una diferencia abismal, ya no era alegre, no sonreía y sus brillantes ojos esmeraldas eran dos gemas sin luz ni vida.
-Catherine seguía viva, pero su alma había muerto con él, en aquel día, en su cumpleaños número 16. Ella estaba transformada en casi toda su totalidad, toda la bondad y la luz que había tenido alguna vez en su interior se había ido apagando hasta dejar crueldad y obscuridad en su lugar, aquella mujer sólo era el cascaron vació del ser que alguna vez Arakiel había amado con toda su existencia, él había hecho lo que fuera por recuperarla, pero nada daba resultados, porque ella ya no podía verlo, había dejado de hacerlo.
Una lágrima se deslizo por mi piel y callo salada hasta mis frías manos, casi podía sentir la tristeza latente de aquella princesa en mí, podía sentir su dolor y desesperación, podía sentir la muerte, como una certeza.
-Arakiel la abandono cuando había creído ella no lo necesitaba y eso fue el más grande error que jamás pudo haber cometido-La voz de Soul se cortó de nuevo y sus palabras sonaron ahogadas cuando comenzaron a salir de sus labios-Un día Arakiel despertó agitado y temblando, lo sabía, lo había sentido en su piel, habían pasado 3 años desde la última vez que había visto a Catherine y como si fuera el mismo podía sentir la muerte cernirse sobre ella, los ángeles guardianes guiaban a sus humanos hasta la muerte y las puertas del cielo, sino era así su alma quedaría vagando en el limbo y eso era lo que menos merecía aquella princesa que seguía siendo dueña de su corazón. Había volado lo más rápido que las alas perfectas le habían permitido pero al llegar había descubierto con el dolor más desgarrador de su pecho que había sido demasiado tarde, el escenario que se mostró ante él era casi como atravesarle el corazón.
-Catherine había vendido su alma al diablo Azazel un demonio que poseía el cuerpo marchito de un caído y que sólo se dedicaba a ser un parásito consumiendo el alma de los desesperados y lo había hecho por él, a cambio de su alma Catherine había pedido ver una vez más a su ángel y había pagado caro el precio porque ahí estaba él pero ella ya no podría verlo, aquel había tomado en sus manos inmundas el precioso corazón de la humana de Arakiel, gritando de dolor e impotencia Arakiel trato de asesinar a aquel responsable de la muerte de la preciosa princesa pero Azazel no era estúpido y rogando por su vida, prometió devolverle la vida a aquella que se la había entregado si a cambio Arakiel le daba algo que ansiaba, Arakiel habría hecho lo que fuera por mirarla respirar de nuevo y acepto un trato con el demonio.
Un pensamiento irónico paso por mi mente "Cómo yo" Pero Soul lo ignoro por completo.
-El precio de los demonios siempre es alto, tú lo sabes bien, Azazel pidió a Arakiel lo que más le daba divinidad, la única cosa que sólo el legendario ángel guardián Arakiel poseía, el par de alas perfectas. El ángel con valentía, tomó de su espalda el mango de una espada y sin siquiera titubear o dudar sobre su decisión corto una de sus alas en un segundo, había caído arrodillado mientras sentía el inmenso dolor que provocaba, su divinidad, para lo que había sido creado, su propósito en la existencia estaba desapareciendo, lo estaba matando. Con las pocas fuerzas que le habían quedado en el cuerpo a duras penas había cortado la otra ala lllenando su cuerpo del más agónico dolor que cualquier ser en su existencia pudiera sufrir en ese preciso instante había vomitado sangre sobre el suelo de aquel lugar y aun así había tenido la fuerza para rogar por Catherine con una voz cansada y moribunda, Azazel le había dicho que su cuerpo ya no podía controlar tal poder y que sólo había una opción para salvarla, tenía que entregarle su cuerpo a aquel demonio, tenía que morir.
Sentía que el final estaba cerca pero no quería oírlo, no quería oír las palabras que Soul iba a pronunciar.
-Arakiel se entregó a aquel demonio, pero cuando lo estaba poseyendo algo magnifico ocurrió, Gabriel asesino al hijo del caído, Azazel murió o al menos su alma y Arakiel pensó que todo había terminado, por supuesto, cuando su hermano lo miro con horror y asco, supo que no había sido así, supo que algo había terminado mal…Un hijo de la divinidad se había vuelto un demonio, porque si bien la sucia alma de Azazel había muerto, todos sus poderes y su posición se había vuelto le de Arakiel, el hermoso ángel, la perfecta creación de su padre, el orgullo de los cielos se había vuelto el príncipe del inframundo, el príncipe de las tinieblas, el ángel enloqueció y asesino, el ángel que se convirtió en demonio, el ángel que dejo de serlo para convertirse en un demonio.
Sentí por un momento como algo dentro de aquella historia me parecía completamente irreal y al mismo tiempo tan real y palpable, como si estuviera justo frente mí y no pudiera mirarla, como si algo me cubriera los ojos y no pudiera verla.
Jadee de sorpresa al ver todo claro en un momento, en un segundo comprendí la realidad que abrumaba todo lo que estaba a mi alrededor, aquel lugar, aquel cuadro, aquella historia…todo, exactamente todo coincidía.
Mis ojos temerosos se dirigieron a su espalda y la bilis se subió por mi garganta al mirar con horror como ahí, justo debajo de sus omoplatos se encontraban unas cicatrices que a simple vista no se divisaban entre su hermosa piel, ni siquiera un poco, el color de ellas era casi imperceptible entre su tono natural, pero al mirar un poco más, se marcaban perfectamente dos líneas largas y claras en la extensión de 40 cm...
-¿Arakiel?-Sentí su nombre como veneno en mi voz y en mi lengua, la brillante mirada de Soul se clavó en la mía con algo que no supe como descifrar.
-Sí, alguna vez ese fue mi nombre…
Yei he llegado o hemos llegado al final del capítulo nun Espero que les haya gustado, he puesto todo mi empeño en él, espero que haya quedado aceptable, gracias por acompañarme hasta aquí, los quiero, nos leemos pronto (O tal vez no ene)
Review ¿Si? *Carita tierna*
