Los personajes de Saint Seiya no me pertenecen a mi si no a Masami Kurumada, esto es sin ningún fin de lucro. No yaoi.

Dedicado a todos aquellos que han pasado un mal día, un capi intenso.

Capitulo 10: La última vez.

Seika penetró a la Fuente como si se olvidara de lo sucedido tiempo atrás, y cuando entró al cuarto de Seiya, observo que por increíble que pareciese, las doncellas ya le habían cambiado el vendaje.

Ansiosa, se sentó a su lado de la cama y se dedico a observarle descansar.

— ¿Quién eres tu?—pregunto una voz detrás de ella y seguido, salieron tres sombras de su espalda. Ella permaneció quieta y conteniendo su aliento.

—No puede ser...—mencionó un hombre de preciosos ojos verdes que le miro con curiosidad. Seika parecía tener un cúmulo de recuerdos llegando a su cabeza al verle.

—Eres Seika. —indicó otro rubio con algunos vendajes sobre el cuerpo mientras el sonreía.

—Hyoga, ¿ella es la hermana de Seiya?—pregunto otro de cabellos pardos con un par de muletas bajo sus brazos.

— ¿Hyoga?—pregunto ella cerrando sus ojos uno segundos mientras recordaba a un par de pequeños tras las rejas del jardín Kido y a su hermano junto a ellos.

— ¡Ya los recuerdo! ó eso creo. —expresó alegre la jovencita, señalando ambos—Tu eres Ikki y tu debes ser Jabu.

— ¡No!, yo soy Shun y el es Shiryu. —ante la confusión, todos sonrieron ante la apenada joven. —Ikki es mi...hermano. —contestó Shun.

—Perdonen, es que yo...—ella agitó sus cabellos, avergonzada.

—No importa, ¡que alegría!—exclamó emocionado Shun—Por fin el sueño de Seiya se hizo realidad.

—Lastima que sea de esta manera. —expresó melancólico Hyoga acercándose a la cama junto con los demás.

— ¡Hey Seiya!, ya debes despertar, todos queremos verte bien. —exclamó Shiryu haciendo sonreír al grupo.

—Chicos deberíamos irnos y dejarlo descansar. —comento Shun al conjunto.— Seika cuidara bien de él.

De pronto y en medio del silencio, la mano de Seika fue apresada y al bajar la mirada observó que aquella que le sujetaba no era otra que la de... Seiya.

Al ver el semblante de Seika pálido, todos observaron aquel acto que tenia a la jovencita así. La respiración del santo de Pegaso comenzó a tornarse cada vez mas honda y rápida, abriendo la boca como si pretendiera tomar cada bocanada de aire con más fuerza y aquellos aparatos que lo sujetaban, comenzaban a alterarse de manera descomunal mientras los presentes se quedaban atónitos ante lo que veían.

Saori...—pronunció en un susurro casi inaudible el santo mientras mantenía bien sujeta la mano de su hermana.

— ¡Cielos Seiya!—grito Seika comenzando a sentir una emoción correr en espiral su columna, llenándose de un escalofrió.

— ¡Amigos, esta reaccionando!—expresó Hyoga apilándose al borde de la cama como los demás.

De pronto, un par de chocolates se abrieron lentamente y se fijaron en aquella mujer que estaba su lado mientras quienes le veían comenzaban a estremecerse ansiosos.

Hola bonita...—Seika ante aquellas palabras, no pudo mas que comenzar a desahogarse impresionada mientras Hyoga se acercaba a apoyar su mano para reconfortarle.

Seika sonrió triste tras unos segundos de amargo silencio y en hilo de voz, contestó: —Hola Seiya.

Y sin pensarlo, se abalanzo sobre los brazos de aquel pequeño del cual moría de ansiedad de verle. El santo la observó sollozar sobre su regazo mientras le trataba de contener su propio llanto al sentirle.

—Bienvenido amigo. —exclamó Shun.

Gracias.

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Tras la última discusión con Aioria, Mu había hecho lo más prudente, regresar a su Templo con la más absoluta calma y cuando lo hizo, no pudo más que sonreír al encontrarse al pequeño Kiki acomodando con esmero sus herramientas en el interior de su taller.

"Que tonto", se dijo pensando en el poco tiempo que se había dado para estar con el pequeño tras su regreso.

— ¡Hey!—preguntó el santo apoyándose en la puerta, haciendo que el chiquillo le mirara con aquel gesto inocente de pregunta. — ¿Quieres ir a dar una vuelta en los limites del Santuario?

El pequeño iluminó su sonrisa al escuchar tales palabras y de un brinco, corrió hacia la salida de Aries mientras su maestro le seguía con aquella sonrisa por la actitud del pequeño.

Ambos lemurianos llegaron a la entrada de Aries, mas antes de dar si quiera el primer paso fuera del Templo, el pequeño se detuvo intempestivamente.

— ¿Qué sucede?—pregunto el mayor.

—Maestro, ¿no esperaremos a Seiko?—indagó el pequeño, haciendo que el albino desviara su mirada de inmediato a la nada.

No, ya no le esperaremos. —sentenció el de cabellos lilas y el menor se quedo intrigado, siguiéndole el paso al verle avanzar.

—Maestro. —volvió a llamar la atención el pequeño—¿Usted esta triste porque Seiko no esta aquí?

—No lo estoy. —Mu claramente mentía .El chiquillo le sonrió al verle no muy convincente— Aunque antes era bueno verle por aquí.

El pequeño continuo el paso sin volver a cuestionar. No le gustaba ver a su maestro con aquel semblante callado y más reflexivo que de costumbre, no era la manera en que deseaba verle tras su regreso, así que si el problema era Seiko, él se encargaría de arreglarlo.

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La reunión se había prolongado más de lo esperado y los minutos se habían ido como agua en las manos con la simple charla que todos en aquella habitación mantenían ansiosos con el Pegaso.

—Seika tengo sed. —exclamó el castaño después de terminar de reír tras una anécdota de Shiryu de pequeños, aunque en parte lo hacia para hablar en privado con los muchachos. — ¿Puedes traerme un poco de agua?

—Si claro. —atendió sonriente la jovencita, tomando una jarra de una mesa y saliendo emocionada de la habitación.

La jovencita había dado un par de pasos fuera de la habitación y al mirar al fondo del pasillo, observó la silueta de Marín recargada sobre un pilar, reflexiva. Al verla, Seika corrió emocionada hacia ella y le exclamó:

— ¡Marín, Seiya ha despertado!—afirmaba la jovencita con una emoción descomunal— Ven, vamos a su habitación, él esta adentro, míralo por ti misma, ¡él se recupero!

—Me alegro. —comentó la pelirroja sin mover un solo músculo—Pero antes de volver a verle, necesito hablar contigo.

— ¿De qué quieres hablar, Marín?—preguntó sonriente la castaña.

De Mu.

Seika negó sin entender.

— ¿Mu, que sucede con él, esta bien, esta enfermo?—cuestionó la jovencita tornando su semblante preocupado.

—No, él esta bien. — afirmó la amazona fríamente—Lo que quiero saber, ¿tu... estas enamorada de él?

Aquellas palabras congelaron a la pequeña, quién agitó su cabeza aturdida.

—Marín yo...no se que contestarte...

— ¿Y de Aioros?

La castaña ante aquel nombre, comenzó a removerse inquieta mientras jugueteaba con la jarra en sus manos.

—Me gusta tenerle cerca y le extraño demasiado, pero eso no significa que...

—De cualquier manera...—interrumpió la pelirroja, dándole la espalda— Sea uno ú otro, te dije que estaba prohibido quererles y no puedo permitir que te involucres con ningún caballero.

Marín.

—Piénsalo.—acertó la pelirroja— Seiya se acaba de recuperar,¿ tu sabes lo que dirá cuando sepa sobre tus sentimientos y todo lo que piensas al respecto de Santuario?

La castaña bajo la mirada, advirtiendo cada palabra de la amazona.

—Seika, acaba con esto de una buena vez, despídete de Mu, Aioros y todo aquello que tengas en el Santuario y aléjate de el como te dije la primera vez.

—Esta bien Marín. —aquella respuesta, hizo girar a enfrentarle—Ya se lo he prometido a Aioria, él sabe todo, así que mañana acabare con todo.

La castaña bajo su mirada. —Yo se los prometí a todos, que cuando mi hermano estuviera bien, me iría de aquí. —murmuro melancólica—Todos saben bien que este no es mi lugar, que solo he causado problemas a cada persona que conozco desde que llegué. Así que no tienes que preocuparte, me despediré de Mu y de los demás, mañana mismo.

—Bien, siendo así, deberías empezar esta noche. —la castaña miró fijamente la fría máscara de la amazona. —Encontrándote con Sagitario, se que él mañana no estará gran parte del día en su Templo, el Patriarca ha despertado y quiere reunirse cuanto antes con él.

La amazona empezó a caminar hacia el cuarto donde estaba Seiya, pasando de largo de la castaña. —Y no te preocupes por Seiya esta noche, me encargare de él.

Y entonces la vio desaparecer. Seika sonrió, aunque pareciese que Marín fuese fría, sabía cuanto le importaba Aioros y por eso le daba esta última oportunidad y decía todo aquello.

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—Muchachos, ¿qué saben de Saori ella esta bien?—pregunto de lo mas ansioso Seiya, apretando sus puños sobre la sábana de ansiedad.

—Esa pregunta yo puedo resolvértela, Seiya. —contestó una preciosa voz, llamando la atención de todos los de bronce.

— ¡Marín!—gritó emocionado Seiya al verla irrumpir la habitación. — ¡Estas aquí!

La amazona le miró por completo y espero unos segundos en silencio. — ¿No te da vergüenza verte en ese estado?—preguntó la amazona, haciendo sonreír a todos los presentes.

—Me alegra verte Marín. —contestó animado el castaño.

—A mi también, Seiya. —murmuró la pelirroja estrechando la mano del joven.

—Haz dicho que tu sabes donde esta Saori, ¿lo sabes ?—pregunto afanoso el Pegaso.

La amazona miró a todo su alrededor y volvió al santo:

Tu y yo debemos hablar.

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Cuando entró a aquella habitación, se acercó de inmediato al ver aquel semblante intentando levantarse de la cama y bajar de ella. Dohko, de inmediato, forzó el apoyo de su amigo y le hizo volver a la cama a regañadientes.

— ¡ ¿Pero que estas haciendo, Shion?!—pregunto confundido el de Libra, observando a su convaleciente amigo. —Aun no estas bien, debes estar en reposo.

—Dohko, todos ya se han recuperado, yo debo hacerlo al igual. —comentó frustrado el ariano, observando cuerpo cubierto de vendajes y esencias.

—Pero tu no estas bien, además, aun hay algunos caballeros que no lo hacen por completo.

El lemuriano le miró intrigado: —Géminis...los dos Géminis no se han restablecido. —el albino suspiró preocupado. —Y por lo que respecta de ti, al menos hoy quédate en cama, mañana entonces reúnete con Athena y pon en orden a tus muchachos si quieres.

El albino cedió tras un largo suspiro. — ¿Sabes lo difícil que será?

—Si lo se...—bufó el otro apoyando su mano sobre el hombro de su compañero— Pero para ellos, sigues y seguirás siendo el Patriarca y por ahora, su única guía en este nuevo mundo.

— ¿Cómo volver a verles de frente si les falle tanto, Dohko?—preguntó con un dejo de decepción, que el castaño notó a claridad por lo profundo de su mirar— ¿Cómo les hago frente y suprimir su pasado?

—Ya veras la manera. — comentó alegre el otro—Tu siempre lo haces. Ellos entenderán que aquí nadie es culpable más que su propio destino, solo dales la esperanza para volver al camino correcto.

—Gracias amigo. —murmuró el lemuriano ,recostándose sobre la cama y vencido, el de Libra, busco asiento en una silla cercana .— Pero ahora, cuéntame ¿qué ha pasado con los muchachos hasta ahora?

El castaño suspiro divertido. Para Shion siempre serian primero sus "pequeños".

Pues bien, déjame empezar...

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Con el apoyo que Marín le había dado y con aquel firme propósito de despedirse de todo aquello que involucrará al Santuario, Seika le dijo a Seiya que estaba cansada y que esa noche aprovecharía para dormir ,logrando que la amazona le secundara en su mentira.

Tras ello, fue entonces que se adentro con cierta nostalgia en aquel sendero que llevaba a los Templos. Llevaba puesto una última vez su sombrero y tenia la cabeza revuelta entre todas aquellas palabras que tendría que decir al ver de frente a Aioros.

Esta vez si se sentía en problemas ,¿qué le diría al santo, con que excusa iría a verle, seria momento de decirle la verdad? .

Lentamente se fue adentrando al interior del Templo por aquellas escaleras viejas que daban a la cocina de Sagitario, temblando ansiosa por saber que en cualquier momento la presencia del santo la descubriría. Al poner el primer pie en el Templo, recorrió con sigilo el lugar buscando con la mirada al santo, pero tal parecía que el lugar estaba vacio. Fue entonces que al adentrarse al privado del Templo, encontró sobre un sillón la perfecta postal del santo leyendo un libro mientras escuchaba una tonada casi inaudible de un diminuto aparato.

—Aioros...—murmuro para si pero fue lo suficientemente fuerte para que el santo la escuchase.

— Oye...— esbozo una sonrisa el santo , levantándose de inmediato para recibirle mientras depositaba en una mesilla el libro que mantenía en sus manos. — ¿Qué haces aquí?

—Solo vine un momento...—murmuro ella en un hilo de voz—Tenia que verte y explicarte que fue lo que sucedió el otro día y también...— manifestó de lo mas nerviosa Seika, pero sin imaginarlo, Aioros se aproximo hasta ella en unos cuantos pasos y atrapo sus manos entre las suyas.

— ¿Por qué no lo olvidamos y seguimos como si nada?, realmente extraño compartir mi tiempo contigo. —exclamó emocionado el arquero, alejando su tacto al ver el sonrojo en Seiko por su caricia y sintiéndose un tanto incómodo al percatarse.

—Pero Aioros yo...

—Seiko. — interrumpió el santo ,tomando su mano una vez mas y llevándola hasta el sillón casia rastras —¿escuchas esa canción?

—Es bastante alegre. —sonrió intranquila la joven mientras veía al santo mostrarle una pequeña grabadora.

— ¿Es eso lo que resuena?—ella señalo el aparato sobre la mesilla donde había dejado el libro que leía minutos antes.

—Así es. Es un regalo de otro caballero, fue de cumpleaños hace algunos años.—contestó el joven mientras la invitaba a sentarse al sillón con un suave jalón de brazo.

—Que lindo detalle. —respondió ella con una sonrisa.

—Oye,¿ que te parece si me cuentas que has hecho estos días mientras yo voy por un jugo o prefieres algo más fuerte para ti?—indagó el santo, levantándose del sillón para ir rumbo a la cocina.

—No así esta bien. —mencionó la joven nerviosa mientras veía al santo desaparecer y segundos después, miraba a su alrededor—Este lugar necesita una limpieza, ¿quieres que te ayude un poco?

—Ah, lamento ese detalle, pero no te preocupes, mañana lo resolveré.—exclamaba desde la cocina el caballero mientras buscaba vasos para el jugo.

Seika negó divertida con la cabeza y al ver una escoba escondida tras unos trapos en la orilla del Templo, la tomó y comenzó a barrer un poco al ritmo de la música de la pequeña grabadora. El arquero regresó de la cocina con dos vasos de jugo de uva y se quedo quieto ante lo que vio.

— ¿Qué haces?—preguntó él sonriente.

—Bailo con el "caballero escoba" ya que su look es bastante... "atractivo"—explicó ella mientras barría un poco más a contoneo divertido.

—Ah...—esbozo el arquero pensando... ¿dijo caballero, porqué Seiko bailara con un caballero, acaso él... es gay? El santo negó con la cabeza sus propios pensamientos.

—Me parece bien...—comentó él colocando los vasos sobre la mesilla de antes, sin dejar de observarle. Espero divertido unos segundos ante los simpáticos movimientos de "él" y después se aproximo , quitándole la escoba—Pero deja eso de lado, quedamos que eso lo haría yo después.

— ¡No!, es divertido—dijo ella mientras seguía bailando al ritmo de la suave música de la pequeña grabadora de bolsillo.

De pronto se dedico a observarle, su manera de moverse, su calidez, su sonrisa y la diversión que Seiko causaba a él también parecía"atraerle", incluso olvidándose en momentos que era de un "hombre" de quien se trababa.

—Vamos Aioros, inténtalo. —le ordeno ella, buscando las manos del santo aun con la escoba.

—No, realmente soy muy malo con el baile. —expresó el arquero sonrojándose. —Nunca aprendí eso.

— ¿Enserio no sabes bailar? —preguntó Seiko tomándole de la manos con firmeza—Vamos inténtalo, yo te enseñare.

La joven apartó la escoba en un movimiento brusco de ambos y lo hizo sujetarle de la cintura, ante lo que Aioros no hizo mas que sonrojarse aun más y quedarse mas quieto que un hielo.¿ Y si alguien les sorprendía a ambos así?

—No te pongas tan rígido, el baile se trata de relajarse y dejarse llevar. —dijo ella sonriente .Al parecer Aioros se estaba dejando llevar por la situación más de lo que sus nervios podría controlar.

—Observa mis pies y después devuelve la mirada al frente. —le ordeno ella ante lo que el santo negó nervioso.—Muévete a un lado a otro lentamente.

El santo torpemente por la situación intentó seguirle , mas al volver la mirada al frente y fijarla en "él", se enredo con los pies de Seiko, atrayéndole en un movimiento para no caer más a su cuerpo. Estaba totalmente abrazado a Seiko y su rostro estaba a escasos centímetros del suyo, percibiendo su aliento tan vivo sobre su rostro mientras los ojos de "él" le miraban intensamente.

¿Acaso Aioros iba a besarle?, pensó Seika ansiosa, sintiendo su corazón saltar apresurado..

Fue entonces que un escalofrió recorrió el cuerpo del arquero, pero era una sensación cálida, mas un golpe de cordura le hizo soltarle lentamente y alejarse.

Yo... lo siento.

—No te disculpes, esta bien. —respondió ella nostálgica, pues hubiera sido un sueño para ella aquel acto que pensó en ese segundo. Después volvió a ver el rostro confundido del santo y sonrió para si.

—Oye...—la atención combinada con nerviosismo, tenían al borde de la locura al santo—Me iré, no quiero hacerte sentir incómodo, Aioros.

—¡No!—ordenó el santo ,sin poder sostenerle la mirada— Por favor, si hice algo mal, en verdad lo siento ,a mi no me incomodas.—ella le miró fijamente.—Me gusta que estés aquí.

—De cualquier manera...—afirmó ella— Tal vez hoy no, pero algún día lo haré... por ti y por mí, por todos.

—No te entiendo. —preguntó el santo mirándola, mas su mirada estaba apartada y melancólica.

—Olvídalo, ¿te puedo pedir un favor?—preguntó ella dibujando una sonrisa triste y después, echándose en el sillón ante la confusión del santo— ¿Puedo quedarme esta noche aquí?

—Si, por mi esta bien pero... ¿Mu no se enojara con ello?

—No, él me ha dado permiso, además es la ultima vez. —explicó ella observando al suelo.

—Hoy estas muy raro. —aseguró el santo confundido— En fin, vamos acompáñame a la cocina para hacer algo de cenar entonces.

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Los minutos pasaron muy rápido para ambos en aquella cocina donde ambos jugueteaban con algunos alimentos para disponer lo que seria la última cena. Llevaron un par de frutos, jugo y panecillos a una pequeña y sencilla mesilla de madera y degustaron de ambos en una velada donde las tintineantes llamas de la chimenea del Templo de eran la única iluminación .Había momentos únicos de silencio y tras ellos, palabras que iban y venían hablando de los sucesos pasados de ambos robando sonrisas hasta que las largas horas de la noche cubrió a los dos de sueño. Y ahora ambos permanecían en aquel sillón que siempre era participe de sus encuentros.

—Entonces dime Aioros, ¿qué cosas no podrías perdonar jamás?—preguntó ella con diversión

El santo sonrió y después reflexionó. —Creo que la mentira, es una cosa que no puedo perdonar.

Seika le miro fijamente—Creo que esconder la verdad hace miserables a las personas y sobretodo, las lastima.

—Ah...—pensó Seika un segundos en las suyas y giro su rostro hacia otro lado del santo, volviendo a preguntar. —Y ya que no te gusta la mentira, quiero que me contestes con la verdad. El santo alzo sus cejas expectante por al siguiente pregunta a resolver.

— ¿Te gustaría que yo...?—Seika suspiro con fuerza. — ¿Qué yo en realidad fuera...mujer?

El santo se sonrojó de inmediato y le rehuyó. Era divertido ver a ambos sentados ene l mismo lugar y con aquella incomodidad que no les dejaba hablar.

Aioros no se atrevía a contestar. —No lo se.

Seika sintió decepción, pensando que implícitamente en sus palabras estaba un "no" de por medio.

—Iré por más jugo. —indico el santo levantándose de aquel sillón donde llevaba sentado varias horas a lado de Seiko, llevándose los dos vasos vacios del liquido. —Espera un poco, traeré más.

—De acuerdo. —le contesto ella ahogando una sonrisa en un bostezo mientras le veía partir.

Estaba demasiado cansada mas hacia todo lo posible por mantenerse despierta para poder disfrutar de la última vez compartiendo con el santo, pero aquel día no había sido fácil, así que simplemente recargó su cabeza en aquel viejo sillón y se perdió en el más profundo de los sueños.

Para cuando Aioros regreso de la cocina, la encontró profundamente dormida, por lo que sonrió, depositando los vasos de jugo en la mesilla y alejándose hacia su propia habitación. Busco entre sus pertenecías y tomó una pequeña cobija, llevándola hacia el sillón nuevamente.

Le coloco la frazada a Seiko y al borde del respaldo del sillón, se dio unos segundos para observarle dormir.

¿Y si acercaba un poco más? Envuelto en un impulso, se aproximo un poco a "él" y le acaricio el borde de la nariz y labios con su dedo. ¿Porque a veces se le hacia tan fácil olvidarse que él era un chico? Quizá en el fondo si, era porque deseaba que él no lo fuera. Su rostro era tan afeminado y su pequeña complexión, labios, y preciosos ojos...¡Por los dioses! se estaba volviendo loco .Quizá Mu no estaba tan equivocado al "enamorarse" de aquel chico.

¿Y si él, y si él también estaba enamorado de ...aquel chico?.Negó con la cabeza y se alejo rápidamente del sillón.

Caminó sigilosamente hacia su habitación y cerró la puerta, quedándose unos segundos apoyado en ella.

¿Porqué le costaba tanto tenerle lejos, porque no simplemente le podía extrañar como lo hacia con Shura?.Tenía en mente dejarle de ver como lo prometió a Aioria, pero era tan difícil esconder lo que tanto sentía por "Seiko" que estaba cayendo en la torpeza involuntaria de sus actos y ahora Mu estaba de por medio, tendría que ser cuidadoso por todos.

Llegó al borde de su cama y se tiró en ella, observando al techo.

Si, se alejaría de él ó al menos trataría para no volverse loco, empezando al amanecer.

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La noche trascurrió hora a hora llevándose las palabras y anhelos del día anterior y para Mu no había sido fácil. Era momento de comenzar a desprenderse de Seika o al menos eso intentaba, mas cada rincón de su Templo estaba impregnado de su esencia y aquello le inquietaba. Tras levantarse y arreglar su aspecto, se había adentrado a la cocina y al tratar de preparar el desayuno para el joven aprendiz que protegía, su mente comenzaba a dibujar la imagen de la joven castaña, llamándole suavemente mientras le sonreía. Cerró sus ojos y se dejó invadir por el recuerdo, hasta que una voz aterciopelada lo sacó de sus pensamientos.

Mu.

Al abrir sus ojos, aquella presencia le dejó completamente quieto y ausente de todo.

—Maestro. —respondió aun sorprendido el albino, observando al santo rejuvenecido con algunos vendajes y un sencillo ropaje. El mayor se fue acercándose lentamente hacia su alumno, quien comenzó a removerse torpemente, aguardando la mirada.

—Hijo, ¿estas bien?—pregunto el albino, haciendo que el otro le mirara absorto.

—Si por supuesto, Maestro. —el santo de Aries esbozó una sonrisa amable—Me alegra verle de nuevo.

El albino mayor sonrió. Mu parecía con aquella actitud, aquel jovencito de cual había cuidado años atrás con aquel gesto contrariado, mezcla de respeto y timidez.

—Vamos a la sala principal y hablemos un poco.

—De acuerdo. —asintió el menor y avanzó al paso lento del otro.

Ambos santos buscaron una silla en el interior de un pequeño comedor y tomaron asiento uno frente al otro.

— ¿Y cómo te va Mu, en esta nueva oportunidad?

—Estoy complacido maestro, se que Athena quiere lo mejor para nosotros, solo son tiempos difíciles, pero pronto sanarán.

El santo sonreía dichoso. Estaba tan orgulloso de aquel joven que tenia a su frente.

—Me alegra escucharte positivo hijo, aunque ha surgido una nueva inquietud en mi y quiero que me ayudes a resolverla.

El albino menor alzó la mirada, intrigado. — ¿Por qué has traído a alguien a vivir aquí contigo ajeno al Santuario?

Aquellas palabras dejaron en blanco y sin respuesta aparente al santo, quien no esperaba tal cuestión. — No discuto tu prudencia Mu, pero me inquietan tus actos ya que se que nunca haces nada sin razón aparente. Quiero saber si tienes algún problema, hijo.

El albino se sonrojo y ocultó su mirada. —Es solo que esa persona lo necesitaba. —respondió atento el de cabellos lilas.

—Ya no debe hacerlo, por el bien de todos, Mu. —sentenció el mayor con aquel precioso tacto que tenia para ordenar hechos implícitamente. —Si fueran otros tiempos, las cosas quizá serian distintas, pero al menos ahora, te lo pido como un favor personal.

Mu le miró fijamente y desesperanzadamente, asintió. Al fin y al cabo, todo estaba dicho.

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El santo de Sagitario se había levantado más temprano de lo normal. ¿El porque?, pues claramente no había podido dormir ni un poco al estar pensando en sus fútiles sentimientos. Ansioso y tras dar varias vueltas en la cama, se había alzado de la cama y tomado un baño antes del amanecer. Tras arreglarse con una muda sencilla de ropa, el santo camino lentamente hacia la cocina de su Templo, observando la silueta desparpajada de "el" joven Seiko tirado sobre el sillón. Avanzo sin mucho ruido y al estar frente a la estufa, comenzó a buscar todo lo necesario para un delicioso almuerzo.

De pronto y al buscar en su alacena, un par de platos cayeron desmesurados al suelo, logrando despertar con su ruido a Seika. La joven sobre el sillón abrió sus ojos lentamente y se acomodo bien el sombrero sobre su cabeza ya que al dormir con el, su cabello estaba hecho un desastre.

La joven se quito la cobija sobre si y sonrió al percatarse que el santo la noche anterior la había cubierto para que no pasara frio. Dobló la cobija y se dirigió a la cocina de donde había provenido el ruido, sonriendo al encontrarse al contrariado santo levantando los platos del suelo.

—Buen día, ¿estas bien?—preguntó ella sonriente al verlo en el suelo y levantarse nervioso al verle.

—Si, perdona por levantarte. —esbozo avergonzado el santo, mas algo sucedía, él no le enfrentaba la mirada, esa preciosa color cielo.

—No importa, igual es tarde, tengo que irme. —respondió ella haciendo que pro primera vez le enfrentara con el gesto intrigado.

— ¿Tan pronto?, apenas iba a hacer el desayuno.

—Perdona, tengo que ir con Mu, tengo que decirle unas cosas antes de irme.

— ¿Irte a donde?—preguntó tan rápido el castaño que incluso se escucho simpático.

—¿No te lo dije?—respondió ella con una sonrisa mientras él le negaba—Saldré unos días de Santuario, tengo algunos pendientes personales.

—Se me olvidaba que ustedes afortunadamente tienen una vida afuera de este lugar.—respondió el santo, recordándose la promesa a si mismo y a Aioria.—Pero esta bien, toma todo el tiempo que necesites, suerte.

El arquero le sonrió una ultima vez sin interés, mas esta vez, fue ella quien se acercó lentamente hasta él y le tocó el hombro para mirarle una ultima vez y poder grabar aquellos preciosos ojos en su mente.

—Hasta pronto Aioros, fue un placer verte de nuevo, te deseo que seas muy feliz.

—Hablas como si te fueras para siempre.—el santo sonrió irónico—Pero ya te dije, esta bien, te veré en unos días más, además yo también estaré ocupado con todos estos asuntos del Santuario.

Ella sonrío y melancólica, reprimió las pequeñas gotitas que en sus ojos se habían formado. Si, era la última vez para ellos dos.

Ella se dio la media vuelta y respiro hondo, sintiendo la mirada sobre si del arquero. Fue entonces que, sin importarle más, la joven se giro e intempestivamente se abrazó al castaño .El santo, desconcertado, se quedo quieto y tras unos segundos de silencio se dejo cobijar por la caricia.

—De verdad lo siento, Aioros. —expreso ella soltándose lentamente de su agarre—Realmente voy a extrañarte.

—Oye, esta bien, nos veremos pronto, lo prometo. —sonrió el santo nervioso y fue entonces que, le observó alejarse lentamente.

—Adiós Aioros. —murmuro ella al borde de la puerta mientras el santo sentía su respiración pesada y una extraña melancolía se inundaba en él.

Hasta pronto Seiko.

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Estaba decidida a cumplir sus promesas y sus lágrimas eran testigos de lo que sucedería tiempo después. Su huida tendría que no dejar evidencias ni lastimados, así que lo haría de lo más imperceptible, así como había sido su llegada. Tendría que enfrentarse con Mu, tenia su cabeza hecha una locura que no sabia que palabras diría o que explicación lo suficientemente entendible podría darle al santo, pero sobretodo, ¿con que valor, donde dejaría el corazón para poder dejarle así tras haberle dado tanta luz a su vida a él, Kiki...?

Para cuando se dio cuenta hundida en sus pensamientos, ya había arribado a Aries. Suspiró hondo, estaba decidida a irse," por el bien de todos"

El sol apenas cálido comenzaba a tintinear en la entrada de Aries, y así, sin mucho recelo, se adentro a aquel lugar que conocía a perfección. Observó a su alrededor, ese lugar que era su hogar y que se sentía morir al percibirlo tan cálido. Camino lentamente hasta el privado del Templo, buscando con la mirada al santo albino pero sin esperarlo, el santo atravesó un pasillo y se quedo quieto al verle ahí, silente.

El semblante de Seika era diferente, estaba absorta de una total seriedad y ausencia en la mirada que hizo al santo preguntar suavemente. —Seika... ¿estas bien?

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A pesar de que ya había pasado algunos minutos desde su partida, Aioros comenzó a sentirse ansioso, recordando una y otra vez cada palabra de Seiko. " —Hasta pronto Aioros, fue un placer verte de nuevo, te deseo que seas muy feliz. De verdad lo siento, Aioros. "

El arquero removía los patos sin sentido mientras analizaba cada palabra, ¿acaso le estaba dando a entender algo, porque se había disculpado, acaso nunca volvería? Y pero aun, ¿por qué sentía la ansiedad de buscarle para una explicación?

Soltó los platos, desesperado y salió del Templo rumbo a Aries a donde le había dicho Seiko que iría, tenia que saber más.

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Mu se acerco lentamente hasta Seika y observo las pequeñas lagrimas que se contenían y sin poder más, la joven cerro los ojos con fuerza mientras apretaba sus puños al saberse presa de la mirada del albino. El santo la tomó de los brazos para enfrentarle.

—Tu no estas bien,¿ qué sucede?—preguntó el santo comenzando a preocuparse por el semblante callado y angustiado dela joven ,quien sollozaba tratando de reprimirse.—Sabes que puedes confiar en mi, dímelo.

—Mu perdóname. —esbozo en un hilo de voz la joven mientras abría sus ojos y se enfrentaba a los precisos verdes del santo—Nunca quise hacerte daño ni a ti ni a Kiki, ustedes se volvieron parte de mi vida y se que me lamentare por esto, porque se que los quiero demasiado, que ustedes hicieron mi vida mas feliz de lo que pude imaginar pero...

Ella se soltó del tacto de santo y le rehuyó la mirada mientras su llanto comenzaba a caer involuntario. Mu se quedo fijo en ella, preocupado.

—Ya no puedo estar aquí, ¡odio al Santuario! , este lugar fue quien me lo quito todo y lo sabes. —ella continuo—Si no fuera por ti jamás me hubiera quedado tanto tiempo en este lugar. Así que ya no quiero estar más aquí. De verdad lo siento, se que voy a extrañarte a ti y a Kiki, pero será mejor que pretendamos que esto nunca paso.

Aioros penetró ansioso el Primer Templo y aguardo silente a la confesión.

—Lamento no poder cuidarte más, pero mi lugar es allá afuera. No quiero volver jamás.

Mu bajo la mirada desesperanzadamente y después, alzó sus ojos al ver al joven castaño que había penetrado el Templo.

—Aioros...—murmuro el santo albino y Seiko le enfrentó, mirándole como si de una presencia fantasmal se tratase. El arquero le miro desconcertado y le negó con la cabeza en repetidas ocasiones.

—Aioros...—murmuro Seika desconsolada .La joven limpio sus lagrimas y sin esperarlo, el santo se allegó a ella intempestivamente para desafiarle.

—No me importa si eres chico, chica o el demonio mismo, simplemente no puedo olvidarte, así que dilo de una vez. —contuvo su respiración tras la confesión y sabiendo claramente que Mu le miraba expectante. — ¿Es cierto, te vas para siempre?

La joven bajo la mirada mientras el santo esperaba impaciente la respuesta.

— ¡Contestame,¿es cierto que te vas?!—exclamó alterado el arquero.

Seika no podía mirarle, estaba hecha un mar de llanto. —Perdóname.

El santo la soltó lentamente y aparto la mirada tratando de entender todo aquello que sucedía, pero algo ocurrió. Seika llevó hasta su cabeza las manos y lentamente descubrió su cabello para después, quitarse parte de su ropa y mostrar su delgada fisonomía.

El santo comenzó a respirar intranquilo y le miro desconcertado.

— ¿Entonces tu...?—el hombre de ojos azules, le miro fijamente— ¡Por los dioses!,¿ eres una mujer?

El arquero se llevó las manos a las sienes, cerrando los ojos como si aquello fuera una mala pesadilla.

Perdóname Aioros, lo siento tanto. —murmuro la joven.

—Dime que es una mentira...—murmuro el arquero intranquilo. Tomó un respiro unos segundos y después la volvió a tomar de los brazos, afligido. — ¡Dime que no me has mentido todo este tiempo!

—Aioros...—una voz detrás del trio salió de las sombras, llamando la atención de hombre de preciosos azulados. —Ya basta.

Aquel no era ni mas ni menos que Shion, con quien minutos antes, Mu compartía una extensa platica.

Continuara...

Lindos lectorcitos cuantas cosas pasan en un capi, espero que hay valido la espera porque ahora si me extendí con las letras. Y ustedes se preguntaran el porque, pues como bien les había dicho, en unos cuantos capítulos mas, se acaba esto y tiene q ser antes de Agosto, así que imagínense como voy.

Para mis queridas fans de Mu, les digo que yo soy muy fan de este santito ( fue como mi primer amor de los goldies) y que si tenían miedo de su sufrir, no se preocupen, hay sorpresas el próximo capitulo y no es ningún oc ni yaoi (por si se lo quisieron imaginar jeje).

Les mando miles de bendiciones, un abrazo y agradezco desde el fondo de mi corazón sus bellos comentarios y tiempo para mi !Nos vemos la próxima.