Capítulo 10

Jornadas

Seika tomó la mano de Ikki y la estrechó entre las suyas

Dime, dime quién es ella. Dime quién te hizo daño.

Algo muy malo le había sucedido, estaba segura. ¿Por qué a él, que parecía ser tan bueno? Porque ella no tenía prejuicios, ella podía ver en su interior. Sabía que era noble y bondadoso. Ella no le temía, pues no sabía que él alguna vez había sido capaz de provocar un inmenso daño. Lo que ella percibía, era el daño que le habían hecho a él y en el que los demás pocas veces se paraban a pensar.

No podía dejar de pensar en sus cicatrices. Eran demasiadas, demasiado antiguas, hablaban de una violencia que a ella le parecía intolerable.

Él siguió quejándose por el dolor, y los ojos cafés de Seika se llenaron de furia mientras salía de la habitación.

Avanzó rápida y decidida hasta llegar con ellos, y entonces dejó caer la bomba

¿Qué le pasó a Ikki? ¿Quién lo lastimó?

¿Qué? - dijo Marin perpleja

Y no estoy hablando de la batalla, ya sé que ignoran lo que ocurrió

No entiendo de que...

Hablo de su espalda, de las huellas de tortura que tiene. Hablo de todas las cicatrices en su cuerpo ¿Es eso lo que le hacen a los huérfanos de la Fundación Graude? ¿Eso le hicieron a Seiya también? ¿Ese es el cuidado que les dio Mitsumasa Kido?

Un silencio pesado e incómodo se hizo en la sala de espera. Marin estaba realmente extrañada porque no tenía una idea muy clara sobre lo que Seika estaba hablando.

Pero Jabu sí lo sabía. Lo sabía porque jamás podría olvidar aquella noche en la que por accidente había sido testigo de la brutal paliza que Tatsumi le había propinado al entonces pequeño Ikki.

Él se había ocultado en el gimnasio antes de que lo cerraran, para entrenar aún más, con la esperanza de que Saori se fijara en él, como deseaba desde siempre. Cuando oyó la voz de Tatsumi, corrió a esconderse, y desde una obscura esquina presenció la golpiza. El mayordomo de los Kido había azotado a Ikki con una furia y una violencia tal que Jabu no había podido contener las lágrimas. Seguía sin perdonarse por haber sido tan cobarde y no haber hecho nada para ayudarle, y aunque una y otra vez se había repetido a sí mismo que sólo era un niño y que seguramente no habría conseguido nada más que salir herido, la verdad es que había pasado toda su estancia en Argelia pensando que Ikki había muerto a consecuencia de tan horrible e inmerecido castigo. Recordó cómo experimentó un momentáneo alivio cuando Ikki reapareció, una vez empezado el Torneo Galáctico, pero los remordimientos siguieron asaltándole cuando llegó a escuchar algunos de los detalles sobre su estadía en la Isla de la Reina Muerte.

¿Es que has perdido la razón niña? Mi señor y la fundación Graude jamás...

Cállate Tatsumi – dijo Jabu que se hallaba incrédulo ante su cinismo.

¡Contéstenme! ¿Eso le hicieron a todos? ¿Eso te hicieron a ti, Jabu? - él bajó la mirada. No podía decirle la verdad. No podía confesar lo que Tatsumi había hecho aquella noche...

Mientras, Marin miraba a Seika con profundo asombro. Sólo llevaba dos semanas tratándola, pero no le había parecido que ella fuera esa clase de persona. Pero al verla así, con la furia claramente dibujada en sus facciones mientras sus ojos cafés echaban chispas, no pudo dejar de pensar en lo mucho que ella y él se parecían. Al parecer, toda esa intensidad era de familia. Era como ver al propio Seiya discutiendo... Marin trató de calmarla

Seika, este no es el momento de...

¿Entonces cuándo? ¿Por qué no ahora? ¿O es que tienen algo mejor que hacer? Contéstenme. ¿¡Eso le hicieron a Seiya también! ¿Quién fue?

Marin se sintió algo acorralada, pues la miraban esperando que fuera ella quien diera las explicaciones. Pero Seika demandaba respuestas inmediatamente y nadie parecía tener el valor de hacerlo.

No, por supuesto que no Seika. Siéntate y escúchame... Lo que le sucedió a Ikki fue algo terrible, que no tuvo nada que ver con la fundación. Ellos fueron enviados por sorteo a distintos lugares del mundo a entrenar, para convertirse en caballeros. A tu hermano le tocó Grecia y a Shun, el hermano de Ikki, le tocó un lugar llamado Isla de la Reina Muerte, un lugar terrible del que decían nadie volvía vivo. Ikki decidió cambiar de lugar con su hermanito para protegerlo. Fue, sobrevivió y ganó la armadura del Ave Fénix, pero sufrió como nadie para hacerlo. Por lo que he escuchado, su maestro era un hombre terrible y brutal que lo torturaba y maltrataba cada día, durante los seis años que duró el entrenamiento. No había nadie ahí para ayudarlo; era sólo un niño después de todo. Hasta donde sé, Ikki tuvo que matarle para poder salir vivo de ahí.

¡Eso es terrible!

Todos esos años de abuso lo convirtieron en una persona totalmente diferente a quien era. Cuando volvió quería vengarse de todos, incluso de su hermano. Tuvieron que pelear en su contra y... estuvo a punto de morir, pero finalmente abandonó esa idea y se puso de nuestro lado. Es todo lo que sé, y creo que nadie sabe todo lo que le sucedió en la Isla. Él... es un solitario, un solitario que aparece solo cuando se presenta una nueva guerra, y habla tan poco...

Seika había escuchado el relato con mucha atención y después de oír a Marin, no había podido evitar las lágrimas

Marin, lo lamento. No debí gritarte así. Es sólo que... él sufre... Y cuando me di cuenta de esas cicatrices, me llené de pánico al pensar que algo así le podría haber pasado a Seiya también.

Comprendo Seika. El entrenamiento de Seiya, como el de los demás, no fue miel sobre hojuelas, pero tampoco tenía que ser una tortura. Teníamos que hacerlos fuertes, no lastimarlos. Creo que son muy pocos los que han pasado por algo peor que lo que pasó Ikki.

Es que todo me parece tan... incomprensible... su mundo me parece tan imcomprensible...

Lo sé. Pero lo importante es que ellos han vuelto, y aunque les está costando mucho trabajo, lo van a superar, como lo han hecho cada vez. Y tengo fe en que no habrá una siguiente batalla... Ven, vamos por un café. Porque no has desayunado nada, ¿verdad?

Las pelirrojas se marcharon mientras Jabu no despegaba sus ojos de Tatsumi, que había escuchado todo con la cabeza agachada. El Unicornio se acercó a él y lo miró de una manera distinta... como si fuera la primera vez que lo miraba

¿Cómo puedes dormir sabiendo lo que le hiciste? No, conmigo no tienes que fingir. Yo sé lo que pasó la última noche que Ikki estuvo en Tokio antes de partir a la Isla. Yo estaba ahí y lo vi todo. En serio Tatsumi, ¿por qué tenías que hacerle todo eso? Sabías que iba directo al Infierno sobre la Tierra, y encima te ensañaste con él.

...

No, ¿sabes qué? No me digas absolutamente nada. Mejor no me digas nada.


Tatsumi se quedó paralizado pensando en las palabras de Jabu. No había nadie en la sala de espera, solo él y sus pensamientos.

Caminó en silencio hasta la habitación que ocupaba el ahora Caballero del Ave Fénix. Le habían aplicado un analgésico y descansaba por fin, ajeno a todo lo que sucedía a su alrededor.

Sólo porque estaba seguro de que Ikki no despertaría, fue que se atrevió a entrar. El chiquillo de ojos y cabellos azules se había convertido en un hombre increíblemente fuerte al que temía desde el fondo de su alma.

Al verle dormir, recordó aquella noche... El ruido de su piel quebrándose bajo el látigo, las marcas de sus enormes puños en su infantil rostro, la hinchazón alrededor de sus ojos azules, su sangre salpicándolo todo a cada nuevo golpe, y cómo finalmente, lo había subido a aquel barco, después de que se hubiera desmayado por el dolor, sin estar del todo seguro de si sobreviviría.

La verdad es que lo había lamentado después; su orgullo lo había llevado demasiado lejos, lo tenía muy claro. No debió de haberlo abofeteado, mucho menos golpearlo. Sí, lo había sacado de sus casillas porque era un insolente, era un sello distintivo de su personalidad, pero después de todo, era un niño. Un niño al que la vida había maltratado una y otra vez a cada paso del camino, y él, en vez de aligerarle la carga, la había incrementado aún más.

No sabes... cuánto lo lamento... Creo que hasta hoy, no había comprendido la magnitud del daño que te inflingí... Pero creo que eso no sirve de nada, ¿o sí?

Tatsumi salió de la habitación, pues no toleraba ver ni un segundo más el cuerpo malherido del Fénix. Y antes de que nadie pudiera verlo, se enjugó una lágrima de culpa que corría por su mejilla...


Seika no era la única confundida entre tantas emociones. Thetis llegó al hospital aún sin dar crédito a lo que acababa de pasar. ¡Julián le había enviado un arreglo inmenso de tulipanes de colores, suplicando verla, y había firmado la tarjeta como Jule! Su cabeza daba vueltas. ¿Cómo se había enterado de que ella estaba ahí? ¿Cómo se había atrevido? ¿Qué era eso tan importante que quería decirle? ¿Querría pedirle perdón? Y todas esas respuestas las podía obtener de Sorrento, que le debía una enorme explicación, pues sólo él podía haberle dicho que ella se encontraba en la mansión Kido.

Trataba de disimular ante Shaina y Shunrei que la acompañaban en la limusina al hospital. De hecho había tratado de disimular ante todos, pues aseguró que Julián había enviado las flores para Saori e insistió en llevarlas a su habitación. Llegaron a la sala de espera, y todo parecía perfecto, porque Julián no se hallaba ahí. Pero en cuanto vio a Sorrento increíblemente pálido en una esquina, supo que no era el momento de hablar sobre el heredero italiano

Sorrento, ¿estás bien?

No me han dejado verlo desde ayer en la tarde, después de que te fuiste. Fui a cenar con Julián y volví, pero no he podido entrar, y los doctores entran y salen, y nadie nos dice nada. Thetis, está sucediendo. Se va a morir

No digas eso, quizás sólo le están haciendo alguna clase de estudio, o algo así. Ha resistido hasta ahora; va a salir de esta.

Quiero creerte, de verdad que quiero creerte. Pero... han pasado más de dos semanas y el pronóstico no ha cambiado y...

Cálmate, cálmate. No vamos a solucionar nada imaginándonos lo peor. Hay que esperar a que algún doctor nos informe sobre su salud. No hay que angustiarnos por adelantado...


Buenos días. Vine en cuanto me dijeron que habías reaccionado. Permíteme presentarme; soy la doctora Sayaka Miyamoto. Trabajo en el departamento de Psiquiatría... Me dijeron que llevas dos semanas internado, y que despertaste hace dos días... me dijeron también que sufriste un shock nervioso al ver a un paciente en Terapia Intensiva... ¿Shun?... Sé que puedes oírme, y yo estoy aquí para oírte. Me gustaría que me dijeras cómo te sientes en este momento, quizás como te sentiste cuando despertaste hace dos días... Estar en un hospital puede ser muy difícil, nos pone a pensar mucho en nuestras vidas, en el por qué de las cosas. A veces vemos u oímos cosas que nos conmueven, o nos impactan mucho. Lo que quiero decir es que es normal que hayas tenido esa reacción. Sé que no te conozco y que tú no me conoces, pero podemos hablar, y quizás cuando lo hagas, te sientas mejor... Sólo quiero ayudarte Shun, y no puedo hacerlo si no hablas conmigo... ¿O es que hay alguien con quien prefieras hablar? ¿Algún familiar, o un amigo que quieras ver?

Shun había guardado absoluto silencio mientras la joven doctora de rizados y cortos cabellos castaños entraba a su habitación, se sentaba a su lado y comenzaba a hablar con él. No había prestado demasiada atención a aquella mujer, pues su vista se hallaba totalmente fija en unas margaritas a medio marchitar que se hallaban en un jarrón, acomodado en una pequeña mesa de la esquina izquierda del cuarto. Y cuando ella mencionó si él deseaba hablar con alguien, él por toda respuesta cerró los ojos con mucha fuerza, mientras el dolor se dibujaba en sus hermosas facciones.

¿Te sucede algo? ¿Shun?– ella tomó su mano y él enseguida la retiró para evitar todo contacto. - ¿Te duele algo? ¿Quieres que llame a un doctor? Necesito saber si estás bien.

El sin abrir los ojos, simplemente sacudió su cabeza, afirmando que lo estaba.

Mira, vamos a hacer algo. Descansa, duerme un rato y yo volveré después. Eso te dará tiempo para que te relajes y reflexiones lo que tú quieras. Espero que cuando vuelva, quieras hablar. Y si no es así, pues sólo quiero que sepas que estoy aquí para ti, cuando lo necesites y para lo que necesites.

La doctora salió de la habitación y se dirigió hasta la sala de espera. Encontró ahí a una multitud. Thetis, Sorrento, Sun-rei, Juné, Jabu, Ban, Nachi, Shaina y Marin.

Buenos días. Soy la doctora Miyamoto de Psiquiatría. Me dijeron en la recepción que ustedes son familiares y amigos de Shun, ¿es así? Necesito hablar con ustedes sobre él, en privado. ¿Podríamos ir a mi oficina?

Juné brincó de su asiento en cuanto escuchó que mencionaban a Shun, mientras Shaina miraba a Marin tratando de disimular su preocupación. Tal y como lo habían hablado aquel día, habían guardado silencio; sólo habían dicho que él había despertado y recaído, pero no habían mencionado nada sobre lo ocurrido en Terapia Intensiva. Ambas se preguntaban si él ya estaría bien, o si habría dicho algo más...

Nosotras, nosotras podemos hablar con usted. Esperen aquí – dijo Marin poniéndose de pie junto con Shaina con una actitud que no admitía réplica.

Excepto por Juné

Yo también...

Cálmate Juné – dijo Nachi poniendo una mano sobre su hombro - Deja que la doctora hable con ellas y después podrán explicarnos lo que sucede.

Shaina miró a Nachi con agradecimiento y se marchó hacia el fondo del pasillo, donde Marin y la doctora Miyamoto la esperaban. Subieron en el elevador hasta el octavo piso y entraron a una linda oficina.

Tomen asiento, por favor. ¿Ustedes son sus familiares?

No, no, somos sus... amigas – dijo Shaina sintiéndose algo torpe.

¿No hay alguien más cercano con quién pueda hablar? Disculpen, es que el asunto es un poco delicado y lo más conveniente sería si pudiera hablarlo con alguien de su familia.

Comprendemos, pero por el momento eso es imposible. ¿Shun ya... despertó?

Sí, hace un par de horas. Sé muy poco de su caso, y necesito información.

¿Él... no le dijo... nada? - preguntó Marin.

Ese es precisamente el problema. Shun no ha dicho una palabra desde que reaccionó. También se ha negado a tomar alimento alguno. La doctora Saito me comentó que deseaba que yo viera a un paciente suyo que sufrió un colapso nervioso al ver a otro paciente, y eso hice. Me presenté ante Shun y le expliqué que quería saber cómo se sentía y lo que le sucedió antier, pero él sólo cerró los ojos y se negó a hablar. En su historia clínica faltan muchísimos datos, y no puedo ayudarlo si no comprendo la situación, si no sé qué es lo que le pasa.

Muy buena pregunta, pensó Marin. La situación se complicaba...

Lo primero que necesito saber es por qué fue internado

Es que él... sufrió...un....- tartamudeó Shaina

Accidente. Tuvo un accidente

Comprendo. Así que fue un accidente –dijo ella tomando nota. ¿Qué clase de accidente?

Un accidente... de coche

Shaina miró a Marin, sorprendida por su respuesta. Pero mientras la doctora seguía apuntando, la pelirroja se encogió de hombros, parecía decir "¿Y que le podía decir? ¿Qué resultó herido en una batalla para salvar al mundo?"

Bien. Ahora necesito saber que fue lo que pasó exactamente hace dos días, cuando él despertó

Yo estaba en Terapia Intensiva... – habló Shaina - yo estaba... muy deprimida y no... no me di cuenta de en qué momento entro. Cuando lo noté, él estaba mirando fijamente a... a Seiya...

¿Quién es Seiya?

Un amigo suyo. Shun se quedó mirándolo fijamente y... se desmayó.

Ya veo. Así que Shun y Seiya son amigos... ¿Estaban juntos el día del accidente? ¿Es por eso que Seiya está internado?

Si, estaban juntos ese día. Se... accidentaron juntos.

¿Y Seiya, cómo está?

En coma... irreversible, eso dicen...- dijo Marin tratando de no quebrarse al decir esas palabras

Ya veo. Miren, es evidente que Shun es un chico muy sensible y que lo afectó muchísimo el accidente. Eso por sí solo es suficiente para angustiar a cualquiera. Y que viera a su amigo en el terrible estado en el que se encuentra, seguramente lo ha llenado de culpa

¿Culpa?

A veces, cuando hay una situación así, la persona que sale menos dañada, o que sobrevive, se siente culpable por estar bien, o en este caso, por estar mejor. Es una crisis de fe. Se preguntan el por qué han sido ellos los afortunados y no el otro, dudan de todo, y creen que ellos provocaron esa situación de alguna manera. O piensan que si ellos hubieran muerto, el otro estaría bien y por lo tanto asumen que es su culpa.

¿Y usted puede ayudarlo? - preguntó Marin angustiada

Claro. Pero aquí lo más importante es el apoyo de la gente que quiere a Shun, de su familia y sus amigos. Hay que procurar que Shun sepa que ninguno de ustedes lo juzga por lo que sucedió, que ninguno piensa que él es culpable del estado de Seiya, para que se dé cuenta de que a pesar de todo, están alegres de que él se encuentre bien. Por eso sus familiares y sus amigos más cercanos deben de estar aquí en todo momento para hablarle y apoyarlo.

Creo que eso va a ser... imposible, por lo menos ahora... –dijo Shaina

¿Y por qué es eso?

Es que... Shun es huérfano. Su único pariente es su hermano, Ikki y él... y los mejores amigos de ambos... también están internados aquí... estaban juntos cuando el... accidente – trató de explicar Shaina

¿Y cómo está Ikki, y los demás?

Malheridos – agregó Marin

Comprendo... Les diré que haremos, debemos de tener calma con Shun. Es muy natural que se encuentre deprimido ante una situación como esta. Lo importante es no dejar que se hunda en una depresión que sea peligrosa para su salud, considerando lo que acaba de pasar. Y eso sólo lo vamos a lograr apoyándolo en todo momento; hay que procurar que se sienta en un ambiente seguro y agradable, que se sienta querido. Voy a ordenar que lo cambien de cuarto, a uno más tranquilo y alejado de sus amigos, al menos hasta que se recuperen.

¿Y si no lo hacen?

¡Shaina!

¡Es una posibilidad muy fuerte! ¿Qué tal si ellos no sobreviven? ¿Qué va a pasar con Shun?

No, es una buena pregunta. Bueno, si ese llegará a ser el caso, lo más probable es que el sentimiento de culpa se haga más fuerte, por eso hay que estar cerca de él y tratar de fortalecerlo lo más posible. Y si fuera necesario, podemos darle antidepresivos. Aunque no me gustaría llegar a eso todavía, vamos a ver como responde en estos días.

De acuerdo

Muchas gracias por la información chicas. Estaré al pendiente de él, y les prometo que, si todos juntamos esfuerzos, lo sacaremos adelante

Gracias doctora, con permiso.


Marin y Shaina caminaron en silencio, sintiéndose abrumadas, de regreso a la sala de espera. Cuando llegaron, una oleada de pánico las invadió, pues Sorrento lloraba sentado en un sillón mientras que Thetis lo consolaba.

¿Qué había sucedido? ¿Es que Kanon había muerto? Marin sintió que la cabeza le daba vueltas.

¿Qué pasó, Ban?

Es Kanon, el doctor nos dijo que ayer, mientras lo curaban se dieron cuenta de que su piel se está regenerando. Le han hecho varios exámenes, y... está sucediendo...

¿¡Qué está sucediendo!

No recuerdo la mitad de los términos que usó, pero por lo que entendí, la piel dañada no permite que los tóxicos se eliminen y es como un envenenamiento. Pero Kanon está bien, su piel está creciendo de nuevo y su sistema respiratorio ha soportado y... parece que puede recuperarse...

¿En serio?

La histeria pareció apoderarse por un momento de Shaina y Marin, que se abrazaron con fuerza mientras gritaban de alegría. ¡Por fin una buena noticia!

Las lágrimas de Sorrento, por supuesto, eran de alivio, de sorpresa, de impresión. Hubiera querido contenerse, pero era tanta su emoción que aquello era imposible. Afortunadamente para él, Julián no estaba en ese momento en el hospital, pues sus planes para reconquistar a Thetis seguían en marcha y había tenido que salir a resolver un par de asuntos pendientes para la gran sorpresa que le tenía preparada a la sirena.

No puedo creerlo, es... la mejor noticia que nos han dado desde... ¡es la mejor noticia que nos han dado! - gritó Marin dejando caer después en uno de los sillones.

Sí, es como si tuviéramos dieciocho hijos enfermos y uno ya estuviera poniéndose bien. Bueno, más de uno pero... no pensé que Kanon fuera a sanar... – admitió Shaina – ¡por Zeus, eso es lo más extraño que he dicho en muchísimo tiempo! – dijo sonriendo – es la mejor... me siento tan contenta...

Y eso no es todo, están transladando a Seiya a la Unidad de Cuidados Intensivos. Eso debe de decir que está mejorando también. ¿Lo ven? ¡Les dije que todo iba a salir bien! – dijo Seika que compartía la felicidad general que rodeaba a todos

¿Y Shun? ¿Cómo está? ¿Qué les dijo la doctora? - preguntó Juné acercándose al grupo de jóvenes.

Tuvimos que mentirle, le dijimos que todos ellos salieron heridos en un accidente automovilístico. Le explicamos la situación lo mejor que pudimos y pues dice que es normal que esté deprimido, pero que con nuestro apoyo se pondrá bien. Necesita a sus seres más queridos a su lado, y esa eres tú Juné, nadie lo conoce aquí mejor que tú. Está durmiendo ahora, pero me imagino que en cuanto despierte te permitirán verlo.

Todos sonreían satisfechos. Sí, finalmente todo estaba resultando bien...


Háblame de ti

¿De mí?

Si, ¿qué tiene de raro?

Nada, es solo que... no estoy acostumbrado a hacer eso. A hablar de mí, digo

Anda, compláceme. Hace tanto tiempo que estoy sola aquí, me muero por saber como es todo allá... Cuéntame, ¿dónde naciste?

En Japón

No conozco ese lugar. Yo viví toda mi vida en Grecia

¡Yo también viví ahí! – dijo él emocionado - mientras me entrenaba para ser un caballero. Vivía en las afueras del Santuario de Athena, con Marin

¿Marin?

Si, mi maestra. Ella es... increíble. La mujer más fuerte que conozco. Ella me enseño todo lo que sé, y... ella cree que no me daba cuenta, pero yo sé que me cuidaba siempre que podía. Ella y Aioria...

¿Qué pasa?

Nada, recordé a Aioria. Me preguntó que habrá pasado con ellos...

Parece que tienes mucha gente por la cual preocuparte.

Así es. ¿Sabes? Me siento extraño aquí, esperando este... juicio del que me hablas, y a veces me lleno de ansiedad... La verdad, la paciencia nunca ha sido mi fuerte... pero también he tenido la oportunidad de pensar en cosas en las que no reparé nunca. Nunca tuve tiempo de pensar, o decidir... los acontecimientos me tomaban siempre por sorpresa y sólo podía reaccionar ante ellos lo más rápido que me fuera posible. Y ahora que lo veo todo en perspectiva, parece como si... como si hubiera vivido corriendo. Pero una de las cosas que he pensado, es que nunca me he sentido solo. Tampoco me he sentido completo, mi hermana... me hace falta, lo ha hecho siempre. Quizás si ella hubiera estado ahí, podría decir que pese a todo fui feliz.

¿Feliz? Seiya, acabas de morir y tienes quince años. Has sido un soldado a las órdenes de la Diosa de la Guerra. No has podido disfrutar de una vida normal, como si hubieras sido... un chico común y corriente. ¡Imagínate que hubieras sido... un pastor, por ejemplo! Con la tierra en su esplendor rodeándote, la hierba, el agua, los animales...

Eso suena muy bien- dijo el riendo – me gustan los animales. Pero me gusta mi vida... digo, me gustaba. No tenía quejas. Si, extrañaba mucho a Seika, y me hubiera gustado conocer a mis padres, ir a una escuela normal, bueno, aunque la parte de las tareas no me suena muy maravillosa, pero... pero estoy agradecido. Si no hubiera sido un caballero, no habría conocido a Marin, ni a Aioria, ni a mis amigos, y eso si me hubiera parecido muy triste.

Eres tan especial...tan optimista

No, no lo soy – dijo él sonrojándose – yo sólo...

¿Seiya, estás bien?

Si - dijo él llevándose la mano al pecho – si, fue sólo... sentí como un tirón. Estar muerto es más extraño de lo que jamás pensé. ¿Pero sabes una cosa? Hasta esto tiene su lado positivo. Quiero creer que con mi muerte, protegí y ayudé en algo a Saori... y si no hubiera muerto, no te habría conocido...

¿Te pasa algo, Seiya?

Es sólo que... me siento cansado. Eso también es extraño. No quiero dormir, porque cada vez que lo hago, tengo estos sueños... terribles, y cuando quiero despertar, siento que no puedo, como si algo me quisiera mantener en ese mundo de pesadillas, y a veces no tengo nada de sueño y de pronto, es como si todo el cansancio se me viniera de golpe. Pero una vez que sucede, no puedo evitarlo, tengo que dormir. Es como si me jalaran del pecho hacia los sueños, y si trato de resistirme, me duele – dijo él con la respiración entrecortada

Duerme entonces. No te resistas. Recuerda que es sólo un sueño. Que estás aquí y que estás a salvo. Me quedaré un rato acompañándote. Que tengas hermosos sueños.

Ella se atrevió a darle un ligero beso en la mejilla, y él, tratando de aparentar normalidad, se acomodó en un rincón del calabozo y se cubrió con un pedazo de tela que la propia Perséfone le había llevado. Enseguida se sumió en un profundo sueño. Para ella, era una oportunidad perfecta para estar a su lado, para observarlo a sus anchas.

Los días que él llevaba en ese calabozo, eran los mejores momentos que ella hubiera tenido en mucho tiempo, y transcurrían con felicidad. Ella le proporcionaba agua de la fuente de Mnemosine todos los días, y él poco a poco iban recordando más detalles. Era muy amable y simpático con ella, pero las cosas no progresaban lo rápido que ella hubiera querido. El deseo la estaba consumiendo, así que sin poder resistir, se acercó a él. Con mucho cuidado, se atrevió a poner uno de sus dedos sobre una de sus mejillas. Como él no despertó, ella se sintió libre de continuar su exploración. Por un segundo, deseó fervientemente que él estuviese vivo, así hubiera podido tocar realmente su cuerpo. Pero tocar su alma era también muy satisfactorio. Trazó una línea sobre su mejilla hasta llegar a sus labios, a penas rozándolos con la punta de sus uñas. ¡Deseaba tanto besarlo! Puso su mano sobre su rostro, recorriéndolo con adoración, y con suaves dedos acarició su oído, y bajó de ahí hacia su cuello. Tocarlo era una sensación placentera y excitante. Podía observar las líneas que se formaban en la piel de su cuello, la forma caprichosa que tomaba cada mechón de sus cabellos, pero lo mejor de todo, fue darse cuenta de que él sonreía mientras ella lo exploraba. Así que se atrevió a ir más lejos y bajó su mano hacia su pecho, entreabriendo la prenda que cubría su torso. Cerró los ojos sintiendo los músculos de su abdomen, la suavidad de su piel y continuó su camino hacia abajo, recorriéndolo con ojos y manos llenas de deseo, como aquella lejana vez...


Shaina entró con sigilo a uno de los cuartos especiales que se hallaban en el piso reservado a la Unidad de Cuidados Intensivos. Se dirigió a la cama que ocupaba el adolescente de cabello obscuro al que alguna vez odió tanto que deseó destruir. Se sentó en un incómodo banco que estaba colocado justo junto a la cabecera.

Ahora todo era tan diferente. Aquel chico que fuera una fuerza de la naturaleza, que estuviera siempre tan lleno de vida, que era tan poderoso que podía enfrentarse a los propios Dioses, se hallaba indefenso en medio de aquella maraña de aparatos y substancias. Su glorioso cuerpo se marchitaba día a día, pues él ya no estaba ahí. Su cosmos lo había abandonado. Sólo verlo en ese estado hacía que el pecho le doliera. Y sin embargo no dejaba de ir ni un solo día para estar a su lado, hablarle un rato y llamarle para que volviera. Tomó su mano derecha con muchísimo cuidado, tratando de no cambiar la posición de su brazo, pues tenía colocado en uno de sus dedos un sensor que indicaba su pulso, y en su brazo dos líneas intravenosas. Varios moretones resaltaban con la palidez de su antes apiñonada piel. Sus manos, que antes podían hacer temblar la tierra, eran ahora débiles y finas. Su cuerpo lucía mucho más delgado, aunque no por ello perdía del todo su tono muscular.

Hola Seiya. El día de hoy…

Shaina interrumpió sus palabras porque algo la sobresaltó. Sintió que la mano de Seiya se movía. Volteó esperanzada a ver su rostro pero sus hermosos ojos caféS permanecían cerrados. Y entonces se dio cuenta de que todo el cuerpo de su amado se estremecía por completo. Colocó la mano izquierda en su frente y notó que Seiya ardía en fiebre, aunque no se quejaba. Aunque aquello no era de extrañarse, nadie sumido en un coma tan profundo lo haría.

Shaina pensó que su corazón explotaría mientras corría a llamar a la enfermera que se hallaba en el pasillo exterior.

¡Venga por favor, está ardiendo en fiebre!

La enfermera corrió a presionar el botón del altavoz para solicitar la presencia del doctor Sato, que casualmente se dirigía hacia allá. Corrió entonces hacia la cama de Seiya para tomarle la temperatura.

Es cierto, está febril.

El doctor Sato entró unos segundos después a la unidad.

¿Qué es lo que sucede?

Es el chico del coma. Tiene fiebre. 39.5

Maldición, quizás la herida se ha infectado- dijo mientras jalaba la sábana que cubría su torso cubierto de vendas y gasas.

Rápidamente las cortó y dejó al descubierto la herida. Shaina respiró profundamente tratando de controlar sus emociones. No había visto jamás una herida semejante, nunca tan de cerca, y sobre todo, en el pecho del hombre al que amaba. El doctor aplicó rápidamente una sustancia café con la que cubrió la herida y el pecho completo de Seiya.

Traiga hielo y el cobertor eléctrico ahora mismo, tenemos que bajar su temperatura.

Retiró por completo la sábana que cubría su cuerpo mientras el doctor cortaba con un bisturí las piernas del pantalón blanco que lo cubría, y aplicó un antibiótico en el suero. La enfermera regresó acompañada de otra enfermera, con una manta eléctrica y con varias bolsas de hielo que colocaron en su cuerpo antes de cubrir sus piernas con el cobertor eléctrico. Fue hasta entonces que el doctor volteó a ver a Shaina.

Salga, por favor

- respondió ella débilmente.

Salió con pasos tambaleantes, y en cuanto hubo traspasado las puertas de cristal de la gran habitación, volteó a verlo. Aún de lejos podía ver que su cuerpo se estremecía por la fiebre. Y sus ojos no se abrían, nunca se abrían.

Shaina buscó una pared en la cual poder apoyar sus manos, y comenzó a sollozar mientras sus rodillas se doblaban, hasta acabar hincada con la cabeza entre las manos. Nadie estaba con ella. Todos se hallaban pisos abajo, felices por la mejoría de Kanon. Así que dio rienda suelta a su llanto; nadie podía consolarla, pero al menos, no tenía que fingir fortaleza ante los demás.


Seguía sola cuando el doctor Sato salió

Señorita, ¿se siente bien?

- dijo ella mintiendo mientras se ponía de pie - ¿Cómo está?

La fiebre ha cedido, pero estamos practicándole varios exámenes para descartar una septicemia. En el estado tan delicado en el que está, sería fatal. Pero me extraña mucho lo sucedido, estaba completamente estable justo antes de que lo transladaramos. Por eso tenemos que ser extra cuidadosos y revisarlo minuciosamente.

Está bien.

El doctor se marchó de nuevo, y en ese momento, escuchó que decían su nombre. Volteó a ver hacia el pasillo, pero ahí no había nadie. Aunque podría jurar que había escuchado su voz, llamándola...


El timbre de la mansión sonó de nuevo a la hora de la cena. Sin poder evitarlo, todos los sentados en la mesa voltearon a verla, porque en tres días, cada vez que había sonado el timbre, había sido un mensajero queriendo entregar algo para ella. Después del arreglo, había llegado una enorme foca bebé de peluche, un collar de perlas negras, un montón de rompecabezas con motivos marítimos, y finalmente, un largo y elaborado anillo con forma de sirena esa misma mañana.

Se sintió terriblemente avergonzada. La situación cada vez le parecía más incómoda y ya no sabía qué diablos decir cada vez que llegaba un mensajero con un nuevo regalo de Julián, junto con esas tarjetas breves pero llenas de palabras que no la dejaban conciliar el sueño por las noches.

¡No van a creer esto! – gritó Jabu. – Es Poseidón y su amigo de cabello lavanda

¿Qué? - dijo Thetis casi sin voz

Están allá afuera, y van... cielos, están acompañados...

¿Por quién?

Por un... cuarteto de cámara, creo.

No tuvo tiempo de pensar nada más porque en ese momento comenzó a escuchar la melodía más embriagadora y seductora del mundo.

¿Qué está sucediendo? – dijo Tatsumi bajando por la escalera

Ven Tatsumi, tienes que verlo con tus propios ojos- dijo el Unicornio que estaba asomado a la ventana

¡Por todos los dioses! ¿que hace él aquí? ¡Ay, si la prensa se entera...!

Cálmate Tatsumi. Nadie se va a enterar de nada – repuso Jabu divertido.

Todos voltearon a verla a ella, que se moría de vergüenza. Por supuesto que no quería salir, pero se hacía cada vez más evidente que él no se iba a marchar sin verla, sobre todo cuando comenzó a gritar

¡ Thetis! ¡Si no sales, voy a comenzar a cantar!

Yo.... –balbuceó ella- lo siento. Lo haré callar así tenga que estrangularlo, se juró a sí misma

Thetis salió de la mansión y fue hasta donde se hallaban Sorrento y Julián junto con un grupo de músicos que ejecutaban una preciosa melodía. Sorrento tocaba la flauta junto a ellos, pero al verla caminar hacia ellos bajó la mirada para no ver el reproche en sus ojos azules, pero para su sorpresa, la rubia no caminó hacia Julián si no hacia él. Lo tomó del brazo y prácticamente lo arrastró lejos de los músicos

¿Qué estás haciendo?

¿No es obvio? Te estamos dando una serenata

¡Ya sé que es una serenata! ¿Qué te pasa? ¿Por qué estás de su lado? ¿Con qué derecho le dijiste que me estaba quedando aquí?

Mira Thi, yo no estoy del lado de nadie. Los quiero muchísimo a los dos, y sólo porque sé que eres una orgullosa de primera acepté ayudarle. Habla con él. Algo pasó esa noche, y si no le das la oportunidad de explicártelo, podrías arrepentirte el resto de tu vida.

¿Hablas en serio?

¿Te he mentido alguna vez, Thi?

...Está bien, pero sólo porque confío en ti.

Caminó furiosa hasta él, que no les había quitado los ojos de encima mientras hablaban.

Ven acá y haz que se callen– él se acercó a ella pero no dio la orden, así que los músicos siguieron tocando mientras ellos discutían a lo lejos - ¿Qué rayos te pasa Julián? ¡Esta no es mi casa como bien sabes! ¿Quieres que me corran?

No... ¡Si! ¡Quiero que vuelvas conmigo!

Ya te dije que...

Julián la besó intempestiva y apasionadamente

Perdóname por favor. Algo pasó esa noche y necesito decírtelo

Julián, no entiendo nada... Me besaste, me dijiste que habías luchado por olvidarme todo el tiempo que estuvimos alejados, estábamos en mi cama juntos y de pronto te marchaste. No veo que tengas que explicarme nada. Tus buenas razones habrás tenido

Thetis, escúchame –dijo él tomándola del codo

¡No me toques!

¡No te voy a dejar ir hasta que me oigas!


¿Qué estará pasando?

No puedo ver nada, esos arbustos me tapan

¿Qué están haciendo?– dijo Sun-rei sorprendiendo a Jabu y a Geki que trataban de seguir por una ventana los movimientos de Thetis y Poseidón.

Nada, nada –dijo Jabu casi ahogándose por la sorpresa- sólo... estábamos...

Viendo la noche- concluyó Geki.

Sí, aparentemente es una noche muy agitada, ¿no?

Julián abrazó a Thetis mientras ella forcejeaba con él. Cayeron a la hierba y con su peso sobre el de ella, logró controlarla más o menos

Suéltame Julián. Voy a asesin...– Julián volvió a besarla, ella lo mordió pero él resistió sin dejar de besarla.

Por favor, que deje de besarme o no voy a poder detenerme

Alguien estaba en tu habitación esa noche - dijó él a interrumpir el beso

¿Qué? – dijo ella casi sin aliento

Fui un estúpido, no supe cómo reaccionar. Pero es que escuché una voz desde una esquina en tu habitación.

¿Quieres decir que había alguien ahí... observándonos?

No era una persona... creo que era alguien que vino del Olimpo

¿El Olimpo? Julián, ¿es algo malo?

Thetis... esa noche tú te veías tan hermosa... y yo... yo te deseaba, te deseo tanto... te habría hecho el amor justo en ese momento... pero esta... persona... me dijo que te marcaría para siempre si pasábamos juntos esa noche. Yo no quiero lastimarte, mi sirena. Eres una de las personas más importantes que existen para mí. Me entró el pánico y salí corriendo. No porque no te quiera, no porque no te desee. Pero dijo que si te acostabas conmigo, serías incapaz de volver a amar a nadie jamás. Es una de esas cosas dioses-mortales, creo... Y yo no quiero...

Julián, ¿no crees que esa es una decisión que sólo me corresponde a mí? – dijo ella mirándolo cariñosamente, para después besarlo con suavidad, mientras él sentía que el alma le volvía al cuerpo

Thetis – dijo él abrazándola con mucha fuerza – no sabes el infierno que han sido estas noches, sintiéndote lejos, pensando que me odiabas.

No Julián, ni siquiera intentándolo con todas mis fuerzas pude, y eso sólo me ponía de peor humor.

Se besaron despacio, saboreando cada roce, cada instante.

Odio admitirlo pero... me encantaron tus regalos

¿De verdad?

Claro que sí, tonto –dijo ella dándole un ligero golpe en el pecho para enseguida besarlo

Perdóname mi sirena. No debí de comportarme tan estúpidamente, es sólo que... tú eres la primera relación real que tengo, eres tan importante para mí... y la verdad es que nunca antes me detuve a pensar en que las cosas podían ser difíciles para nosotros porque yo soy... lo que soy.

No tengo miedo Jule. Pero a mí también me puso a pensar y... no quiero arruinar las cosas por ir demasiado rápido. Tenemos todo el tiempo del mundo. Y si... tú de verdad...estás...interesado – dijo ella sonrojándose - podemos solucionar las cosas, por complicadas que sean. Quiero disfrutar de esto, sea lo que sea, cada segundo. Dejarlo crecer y ser, hasta donde deba de llegar, ¿entiendes?

Tienes toda la razón– y Julián cerró el pacto con un tierno y suave beso.


Era de noche cuando la heredera de la fortuna Kido comenzó a recobrar el sentido. Habían transcurrido veintiún días desde que hubiera vuelto de Elysion trayendo consigo a sus amados caballeros. Pero aquellas no habían sido tres semanas de descanso. Su cuerpo estaba exhausto y necesitaba recobrar las energías, y lo había hecho, pero su alma no había descansado ni un instante, sanando las severas heridas de sus caballeros. A pesar de lo claro que había sido para ella todo ese proceso, al despertar se sintió totalmente confundida.

Señorita Saori, por fin ha despertado.

Su rostro lo conocía, lo sabía, pero no podía identificarlo. Aquellos ojos ya la habían observado, sus cabellos rubios, su voz... ¿Quién era?

¿Jabu?

Si, soy yo.

Jabu, ¿dónde estamos?

En Tokio. Usted dio la orden de traerlos aquí

¿Traerlos?

Si, a sus caballeros. ¿Recuerda? Usted los trajo de vuelta

Si... es cierto...

Voy a llamar al doctor para que la revise – Jabu tocó el botón de asistencia, tratando de dejar de mirarla. Parecía tan hermosa y frágil en ese momento, y el ligero camisón que traía puesto resaltaba las femeninas curvas de su cuerpo.

Es tu diosa, no lo olvides, se advirtió a sí mismo

¿Cuántos días llevo aquí?

Tres semanas. Señorita, ¿se siente bien?

Es sólo que... hay... tengo la sensación de que hay algo que está mal...

Nada está mal, señorita Saori. Lo único que tiene que hacer es descansar. Todos hemos estado preocupados por usted, incluso el propio Poseidón.

¿Qué? ¿Julián está aquí?

Si, y en cuanto sepa que usted ha reaccionado, querrá verla

¿Cómo están?

Bien, todos se están recuperando...

Estaba mintiendo, claro que sí. Pero después de todo, ella acababa de despertar y no quería inquietarla

¡Seiya! ¿Está vivo?

El unicornio palideció. No sabía que hacer. ¿Dónde estaba Tatsumi cuando se le necesitaba? Él habría sabido tranquilizarla. Revelarle el verdadero estado del Pegaso podría causarle una recaída, y mentirle deliberadamente era muy arriesgado, ella se daría cuenta tarde o temprano. Pero más allá de todo, no podía acallar en su cabeza el fantasma de los celos.

Si, él... está bien.

Quiero verlo – dijo ella incorporándose

¿Qué? Señorita, está muy débil aún, no puede...

¿Piensas decirme lo que puedo o no puedo hacer?

No... yo...es sólo que... él no está aquí, él... ya salió del hospital

Estás mintiéndome, Jabu. ¿Qué clase de estúpida crees que soy?

Yo no...

¿O es que... él... está muerto?

No. Está aquí, lo siento... es solo que...

Llévame con él.

...

Voy a verlo ahora mismo, con o sin tu ayuda.

Saori se levantó de la cama, y aunque se mareó levemente disimuló muy bien ante él, que resignado, fue al armario y tomó una bata que ella se puso sin aceptar su ayuda.

¿Y bien?

Está en el tercer piso. Área de Cuidados Intensivos

La diosa salió del cuarto, volteó en ambas direcciones y pudo ver que al fondo, se veían las puertas de un elevador. Caminó con prisa, pero unos pasos antes, se topó con el doctor Hayakawa

Señorita Kido, no debería de estar en pie. Me da gusto que ya haya despertado, pero tengo que pedirle que vuelva a su habitación

Claro, lo haré doctor –dijo ella con una de sus más amables sonrisas – en cuanto vea a una persona

Señorita...

Antes de que él pudiera reaccionar, ella ya había subido al elevador. Jabu se echó a correr hacia las escaleras, no podía permitir que ella viera a Seiya. Afortunadamente para él, Saori no era muy rápida, estaba débil y no conocía la ubicación exacta del Pegaso.

Mientras tanto, los empleados del hospital que se topaban con ella en el pasillo, se quedaban atónitos al ver a la mismísima Saori Kido recorriendo el hospital, descalza y enfundada en un camisón y una bata rosa, con un semblante decidido y desencajado al mismo tiempo. Después de preguntar un par de veces, se detuvo frente a una habitación con grandes ventanas de cristal y que tenía las persianas cerradas. Puso la mano en la manija dispuesta a entrar cuando Jabu llegó corriendo y se plantó contra la puerta

No puede verlo. Por favor, regrese conmigo

¿De qué tienes tanto miedo, Jabu? – Saori abrió la puerta y sintió que el mundo se le venía encima.

Él está en coma... Dicen que no se puede hacer nada por él.

Destrozado. Roto. No había otra manera de describirlo. Seika estaba sentada en un banco junto a él, sosteniendo su mano derecha. En el instante en que Saori la vio, supo quién era; los mismos grandes ojos cafés, los mismos rasgos

Seika.

Verlos juntos en aquel cuarto de hospital era terrible, porque sus semejanzas hacían el contraste aún peor. Ella se veía muy triste y cansada, pero llena de vida. Él en cambio, era una sombra de sí mismo. Había bajado alarmantemente de peso, su piel estaba demasiado pálida, y su cuerpo le parecía ahora irreconocible. Vendas y gasas lo cubrían de arriba a abajo, en la cabeza, los brazos, y el tórax. Sangre y suero en sus venas, un tubo en su garganta y de fondo, el ruido horrible de aquellas máquinas que lo mantenían con vida.

Los ojos de la diosa se llenaron de lágrimas que no pudieron ser detenidas. Mientras, Jabu no dejaba de mirarla mientras cerraba los puños con toda su fuerza. Habría hecho lo que fuera por no verla llorar, sobre todo por él...

Saori se acercó vacilante hacia ella

Seika, yo...

No hay nada que decir, Athena. Con permiso– dijo ella saliendo de la habitación tras dirigirle una mirada de reproche que a Saori le traspasó el alma. Pero la pelirroja había dicho la verdad. Por ella, Seika había sido separada de su único pariente, de su hermano menor . Ahora que finalmente se habían reunido, él era prácticamente un cadáver. No podía culparla si la odiara para siempre

Jabu, déjame a solas con él – El unicornio no se movió. Seguía pensando en que no era conveniente dejarla sola, algo podría sucederle - ¿No me oíste?

Muerto de celos y preocupación, Jabu por fin salió. Saori fue hasta el pie de la cama y lo miró. Un sollozo incontenible brotó de lo más profundo de su garganta

¿Por qué, Seiya? ¿Por qué?... Mírate... Todo es mi culpa. Porque he sido débil. Porque si yo hubiera sido lo que se supone, tú no habrías tenido que salvarme la vida.

Se llevó las manos a la boca para acallar los gritos que apenas podía contener y lo miró largamente con los ojos arrasados por el llanto. Recorrió con sus ojos sus cabellos color chocolate, eternamente despeinados, sus manos anchas y fuertes, con dedos chatos y los nudillos demasiado maltratados. Las venas marcando caminos a través de la piel de sus brazos. Miró aquel rostro infantil incrustado en su cuerpo de hombre.

¡Por Zeus, cuánto lo amaba!

No dejó de observar ni un minuto su rostro, que lucía extrañamente anguloso debido al peso que había perdido

Ni siquiera puedo besarte. Debí de hacerlo aquel día... Seiya, te necesito. ¡Ven, te necesito! Te necesito aquí, a mi lado – acarició su mejilla pálida con mucha suavidad, y se detuvo en su pómulo, que aún mostraba un severo hematoma que estaba sanando. - ¿Qué hice?... Voy a ayudarte, te lo prometo, pero tienes que resistir, tienes que ser fuerte. No puedo imaginarme lo mucho que te debe de haber dolido, pero tú eres tan fuerte, lo has sido siempre... No me puedes dejar así, no ahora, que sé que prefiero morirme antes que vivir sin ti, no ahora que estoy dispuesta a todo ¿me oyes? ¡A todo! Lo único que tienes que hacer es abrir los ojos. Yo confío, tú lo sabes, yo confío en ti. Debes volver, por mí, por Seika, que está aquí. Tienes que volver... Voy a estar aquí, amor mío, esperándote – besó su nariz y después, uno de sus párpados cerrados.

¡Athena!

Shaina no daba crédito a lo que sus ojos veían. Saori había despertado y estaba besando el rostro siempre inconsciente de Seiya.

La historia se repetía. Ya no había ninguna duda. Athena, Diosa de la Sabiduría, la Guerra y la Justicia, su diosa, se había enamorado de uno de sus caballeros. Y había escogido precisamente al mismo hombre al que la amazona le había entregado el corazón...