Disclaimer: Ni Naruto ni sus personajes me pertenecen, los uso con el único fin de entretener.

Advertencias: Palabras altisonantes, Ooc y UA


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Capítulo IX.- Muñeca de trapo

Era alguien bastante dramática. Lo había aceptado hacía muchísimo tiempo, pero últimamente nadie se había molestado en decirme: 'Sakura, estás haciendo una tormenta en un vaso de agua'.

Lo peor era que creía saber por qué.

Todos sabían que esta vez, no estaba siendo dramática. Y eso era algo un poquito más deprimente.

Todos y cada uno de aquellos que sabían del compromiso –Itachi, Ino, Naruto y Hinata –sabían que no exageraba, o al menos, que tenía mis motivos para deprimirme e intentar enojarme con el mundo en general, pero no, yo ni siquiera lo intentaba.

Ahí va la tonta de Sakura, a ser el cascarón de la chica perfecta que complace a la sociedad en general, un modelo a seguir, alguien inalcanzable.

Y sospechaba que era inalcanzable porque para ser alguien así de perfecta, se me empezaba a exigir abandonar todo lo que alguna vez me había importado. Mi afición por el ballet, mis amigos, mis ilusiones y sueños, todo lo que una vez quise para mí… Porque algunos millones más a la cuenta de papá y mamá eran más importantes.

Aun así, no podía hacer nada más.

Me sentía acorralada. Totalmente encerrada. Como una marioneta, y quien tenía las riendas de mi vida era alguien más, alguien impersonal y objetivo, que me llevaba lentamente y con mucha paciencia a un destino inexorable. Y yo, me sentía cada día un poquito más muerta.

Había pasado casi una semana desde el incidente con Sasuke, y después de secarme las traicioneras lágrimas que parecían quemarme la piel, me oculté bajo la más espontanea sonrisa que podía dejarse ver por mis mejillas pálidas.

Sentía a momentos, en especial esa tarde, que ya no podría más, que me caería a pedazos –muy, pero muy pequeños- y que no podría volver a armarme. Y es que yo tenía plena conciencia que el objetivo de Sasuke era hacerme hablar, explayarme sobre aquello que sucedía con el asunto de Neji, porque seguramente él sabía que algo andaba mal… Sasuke, siempre buscándole la lógica a cualquier cosa.

De cualquier modo, no podía culparlo, ya que había una explicación totalmente coherente detrás de cada acontecimiento, detrás de cada reacción mía, pero era simplemente que no podía. Me sentía más o menos como una muñeca de trapo, porque yo quería con toda mi alma decírselo, gritarle todo a la cara, pero no podía, alguien me zarandeaba –mis propios padres –como dicha muñeca, me sellaban los labios detrás de una mueca que pretendía ser sonrisa, y yo terminaba diciendo lo que todo mundo quería escuchar. Mientras tanto, mis gritos desesperados y mis lamentos que seguían siendo mudos se iban pudriendo dentro de mí, desgarrándome un poquito más cada día.

Y es que si bien daría todo por ver a Sasuke escuchar toda la verdad, sabía con antelación que no tendría el valor. Porque yo podía ser muy valiente, pero la mona lisa que había tomado mi lugar, era una cobarde de primera, que no podía hacer más que llorar a escondidas y en silencio, pero aun así, me tenía presa de su convicción.

Me susurraba cada noche al oído que era débil, que no podía, que no valía la pena ni intentarlo, que lo mejor que podía hacer era intentar hacer felices a mis padres, no importaba que tan alto fuera el precio.

Mi otra parte, mi otra yo, la valiente y la que tenía autoconfianza, se iba adormeciendo cada día, a paso alarmante. Ya no había comentarios sarcásticos en mi cabeza, ni ideas de rebelión, o suspiros inocentemente enamorados…

Sasuke me hacía mucha falta…

Por eso ese día, cuando mis padres habían llegado a mi diminuto departamento cerca de las cinco de la tarde, no pude hacer más que recibirlos con una sonrisa queda en los labios, con galletas de mantequilla y té de flores rojas.

-Mantienes este lugar decente –había dicho Kizashi Haruno, como intentando alagarme, mientras los invitaba a sentarse en los sofás de imitación cuero blancos. Yo únicamente había asentido en agradecimiento, como buena chica obediente.

-Y se te da bien la cocina –mencionó Mebuki, dando un sorbo al té, con aquel todo dulzón que usaba con las hijas de sus conocidos –Estoy tan emocionada de que vayas a casarte Sakura –sonrió llenando de líneas de expresión su rostro.

Ni siquiera pude devolverle la sonrisa. ¿Cómo alguien era capaz de tanta hipocresía?

-Yo… Neji aun no me lo propone –intenté decir, patéticamente.

-Lo hará en tu cumpleaños –intervino el hombre –organizaremos un evento, con nuestros más importantes socios, y algunas amistades.

Me quedé de una pieza, aunque procuré no demostrarlo. Aunque esa pieza tenía los ojos aguados ya. Aguanta Sakura.

-Por supuesto –murmuré. Con la vista gacha, como una chica del siglo antepasado, lo que mis padres querían, indudablemente.

-Queremos que la ceremonia sea más bien occidental, pero podrás escoger tu vestido, está es la dirección de la casa de modas…-me pasó una tarjetita de presentación –igual que el de tus damas de honor, ¿Te parece que sean las primas de Neji y la media hermana de Naruto?

-Esta perfec…-ni siquiera me dejó terminar la frase.

-Ya nos encargaremos nosotros de lo demás, invitaciones, banquete, el lugar, la iglesia… -hizo una pausa –por cierto, la misma modista del vestido de novia te dará el vestido que usarás en la fiesta de compromiso, puedes hacerle algunos cambios, pero no demasiado atrevidos, y yo te aconsejaría que dejaras de comer galletas de mantequilla si quieres entrar en el atuendo…-siguieron así por una hora más o menos, durante las cuales yo solo asentía y murmuraba cortas frases de aceptación.

Luego fuimos a un café Starbucks que quedaba a un par de cuadras de mi departamento, donde me obligaron a pedir algo dietético, y fingieron conversar conmigo por otra tortuosa y lentamente desgastante hora, para al final, despedirme en los elevadores de mi edificio con un abrazo incomodo y distante, argumentando su siempre ocupada agenda, mientras yo asentía con una suave sonrisa, como si hubiera entendido la mitad de lo que habían dicho.

Luego de eso, me dirigí a la mayor velocidad posible a mi departamento, aunque no por eso dejé de lado mi máscara de tranquilidad.

Eché el cerrojo a la puerta en cuanto entré, para dirigirme a mi habitación y comenzar a sollozar en el rincón opuesto.

…Porque la valiente Sakura que había prometido no llorar nunca más, estaba enterrada en el fondo de mí. Muy en el fondo.

Porque siendo completamente sincera, dejando de lado las mentiritas piadosas con las que me mantenía a flote, esperaba que Sasuke cruzara en cualquier momento mi umbral, con un gigantesco ramo de rosas, solamente para mí, que me pidiera irme lejos con él, los dos, y nadie más, por muy tonto, cursi e irreal que fuera. Me permití fantasear unos momentos, pero cuando regresé a la realidad aun seguía en mi fría y solitaria habitación, con el rostro empapado de agua salada.

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Cuando me desperté a las seis de la mañana el sábado, decidí que definitivamente no quería quedarme en aquel solitario y pequeño lugar, rondando en silencio de aquí para allá… Como un fantasma.

Así que luego de darme un largo baño de agua caliente, y usar mi champú favorito con aroma a lavanda llamé a Ino, para pedirle que me acompañara a ver a la –seguramente- estirada modista que confeccionaría mi vestido. Obviamente, se puso furiosa cuando le conté lo de mis padres, pero algo en mi apagado tono de voz pareció tranquilizarla… ¿O preocuparla?

O quizá simplemente se había dado cuenta de que no importaba que tanto drama hiciera. De cualquier modo, me iba a casar en tres meses y medio.

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Cuando arribamos en mi auto a la lujosa y prestigiada casa de modas, no pude evitar embelesarme un poco con algunos de los modelos expuestos en los gigantescos y ornamentados, y aunque Ino se mantenía un poco enfurruñada –debido a mi 'actitud'- pude notar en sus ojos azules como deseaba probarse unos cuantos vestidos.

Lo haría. Después de todo, ella era mi dama de honor.

El local, por dentro, estaba lleno de maniquíes posando de un modo y de otro, haciendo que la seda, gasa o según fuera el caso, cayera graciosamente en una espiral hacia el piso, todo en distintos tonos y texturas.

-¿En que las puedo ayudar?- cuestionó amablemente la mujer teñida desde el imponente mostrador de roble.

-Estoy aquí por mi vestido de novia- respondí secamente.

La mujer achicó los ojos, como dudando de la veracidad de mi declaración, mientras me examinaba de arriba abajo.

-Por supuesto –dijo con el mismo tono meloso de antes – ¿Me das tu nombre? –pidió sacando una libretita empastada con motivos florales de un cajón.

-Haruno Sakura –medio murmuré. Pronto sería algo así como: Hyuuga Sakura…

Los ojos de la rubia falsa se ensancharon y luego de aquello cualquier conducta displicente desapareció. Luego de intercambiar algunas palabras –entre ellas, mi nombre- con alguien detrás de su auricular, nos guió a Ino y a mí por un pasillo que desembocaba en un puertecita, demasiado corriente para aquel lugar.

-Por favor, pase –murmuró la mujer, antes de dar una corta reverencia y marcharse.

Voltee a ver a Ino. La rubia teñida se comportaba como si esto fuera un secreto de estado… Pero mi amiga solo rodó los ojos e hizo un gesto con su mano para luego abrir, sin mayor preámbulo, la puertita de madera vieja.

Alcancé a divisar al fondo de la habitación una mujer menuda, entrada en años, y con canas coloreando su pelo castaño, que levantaba la cabeza al irrumpir nosotras.

La estancia era grande, y tenía grandes espejos en tres de las cuatro paredes, que ocupaban casi toda la extensión de estas. Por otro lado, estaba medio llena de percheros, de donde colgaban grandes bolsas de ropa blancas, grises y negras, todas ellas, cuidadosamente colocadas en su lugar.

-Tu deber ser Sakura Haruno –habló la señora, con un fuerte acento francés. Logré vislumbrar como Ino alzaba sus delicadas cejas. Impresionada.

-Soy yo –murmuré. Ya que cualquier otro sonido que no fuera el de la música clásica y el de la máquina de coser que hace unos momentos la mujer operaba, parecía fuera de lugar.

-Que bien, ya casi tengo tus vestidos listos, aunque creo que deberé hacer algunos ajustes… -murmuró pensativa, con la vista clavada en mis pequeños hombros caídos -¿Supongo que la señorita que la acompaña es su dama de honor?- cuestionó amablemente. Asentí enérgicamente, mientras Ino me clavaba la mirada –Bien-sonrió amablemente-Iré por sus modelos.

Que decir estirada, aquella mujer tenía todo el aspecto de ser una dulce abuela.

Ino y yo murmuramos y tonteamos acerca del asunto por unos momentos, hasta que la costurera regresó con dos grandes bolsas, una negra y una gris.

-Este es su vestido de cumpleaños, señorita Haruno –avisó mientras abría la bolsa negra. De ella, sacó la larga prenda de gasa y un fuerte color rojo sangre, que era muy bonita y estilizada.

El cuello se recortaba en v, pero sin dar demasiado escote, no tenía mangas y se ajustaba por la cintura con una banda de seda, para después caer suelto y acampanado, de manera casi angelical.

La modista e Ino me ayudaron a probármelo, abrochando el cierre en mi espalda media, aunque a decir verdad me quedaba un poco grande: mi cintura no era apresada por la tela y mi diminuto busto no llenaba completamente el escote, además, mis pies descalzos tropezaban con la tela.

-Lo sabía –murmuró la mujer de manera agitada, mientras ponía un alfiler aquí y allá –quizá es muy grande para tu busto, pero tienes un cuello precioso que quedará perfecto con este vestido y con el de novia –continuó despistadamente. Esa mujer era un encanto. Pude corroborar con una sonrisa cómplice que Ino pensaba lo mismo.

Luego fue el turno de Ino, a quien el vestido molde para las damas de honor le quedó como anillo al dedo.

Este era intensamente verde jade, y tenía en la parte de arriba seda que terminaba justo en la mitad de la espalda de Ino, con un escote de corazón al frente, pero el resto de la espalda y los hombros, estaban cubiertos por fino encaje del mismo tono. Una banda de verde más suave se ajustaba debajo del busto y a partir de ahí, la falda desigual se extendía, corta por el frente, y larga por atrás, dando a las piernas de mi amiga un aspecto realmente genial.

La señora Rossini, originaria de Francia, era una mujer realmente agradable. Luego de comunicarnos los cambios que debía hacerles a ambos vestidos, y de que nos comunicáramos con Hinata y Hanabi para pedirles sus tallas, Madame Rossini –como le gustaba que le dijeran –nos invitó a 'tomar el té' mientras ella hacía dichos cambios, con una rapidez y maestría difíciles de creer, a la vez que parloteaba confortablemente acerca de mi vestido de novia que aun no estaba listo.

Cuando al fin terminó, comencé a notar que me importaba un pepino pasarme todo el sábado allí, y posiblemente, también el domingo. Era genial estar con Madame Rossini, me hacía sentir segura y bonita, y hacía mucho que yo no me sentía así.

Cuando ya era entrado el mediodía, mi vestido y el de Ino, estaban ya en nuestra respectiva medida y listos para ser llevados a la parte trasera de un armario. Nos despedimos de la teñida dependienta y fuimos a tomar un almuerzo en un restaurante americano en el centro de la ciudad.

-No es tan malo como crees Ino –comencé mientras me preparaba para engullir mi hamburguesa con doble queso.

-¿A qué te refieres? –se hizo la desentendida, mezclando aderezos para su sándwich de pollo.

-A lo que me está pasando, a veces Neji me cae realmente bien, y de todas formas podré seguir viéndote a ti y a los demás –le sonreí de buena gana. De verdad lo estaba intentando.

Vi como su labio inferior comenzaba a temblar, antes de que lo mordiera para evitarlo, a la vez que sus bonitos ojos azules se inundaban de agua salada.

-Tonta –dejó salir con voz rota –Tu mereces mucho más que todo esto frente…

Su voz forzada, hacía que un nudo se formará en mi garganta. Boba Ino-cerda.

-Pero sé que podré ser feliz con lo que tengo –solté nostálgicamente.

-…Perdón frente, pero es que me resulta imposible aceptarlo –susurró aun de manera estrangulada –tu siempre estuviste para mí, incluso cuando mamá murió y tuve que irme a vivir con mi padre y su otra familia, porque aunque Naruto siempre me aceptó en su casa, yo no podía hacer como si nada hubiera pasado… –se detuvo un momento para no dejar escapar un sollozo –Tu me ayudaste a superarlo e hiciste que me sintiera orgullosa llevando el apellido de mi madre… Por eso me siento tan frustrada de no poder hacer mucho por ti.

Finalmente, las lágrimas que tanto había contenido la rubia rodaron por sus mejillas, y para cuando lo noté, mi rostro también estaba lleno de ellas. Sin importarme nada más, me puse de pie y la abracé fuertemente, porque ella era mi amiga. Ino, la cerda de siempre.

Terminamos por pedir que empacaran también el almuerzo, para comerlo en mi departamento.

Reímos y lloramos un poco más, y tonteamos un poco con nuestros vestidos puestos.

Luego de cambiarnos, fue idea de Ino que nos dirigiéramos a un centro nocturno, donde vendían algunas bebidas de dudosa procedencia, que según ella 'debía probar'.

No le di mucha importancia y subí el volumen del estéreo del auto de Ino, mientras ella cruzaba las calles medio llenas velozmente.

-En serio, ¿Juras que no quieres entrar y bailar un poco? –cuestionó, alzando sus perfectas cejas en tono de advertencia.

-Lo juro Ino, solo ve por el maldito alcohol de una buena vez.

-De acuerdo, pero debes entrar conmigo.

Suspiré. Porque sabía que no me quedaba alternativa.

Entramos al lugar, que poseía una gran pista, donde se mezclaban los cuerpos sudorosos y entorpecidos –por el alcohol- de los bailarines, de manera casi siempre, promiscua.

Llegamos a la barra e Ino le sonrió coquetamente al hombre detrás de esta, al cual parecía conocer, mientras pedía nuestras bebidas.

La música alta me fastidiaba y un poco, y las luces comenzaban a marearme, por lo que me giré inquietamente al área de las mesas, que estaban casi vacías, a excepción de unos adolescentes escandalosos que metían mano a sus acompañantes y de… Un momento ¿Esa era Karin?

¿Y él? ¿Sasuke?

Si, aunque los ojos me ardieran con la escena, ese hombre que parecía querer devorar a mi prima, era Sasuke.

La pasional caricia, no tenía nada que ver con el roce que él me había regalado aquel día en el parque, y que yo siempre atesoraría.

Me giré como autómata, pidiéndole a Ino que nos largáramos de ahí de una buena vez.

Porque por más que el día hubiera sido genial, él siempre debía aparecer por ahí, para recordarme lo vacía que estaba sin él.

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Terminé de nuevo sollozando en mi habitación, solo que esta vez, Ino me acompañaba, y si, estaba ebria. Mucho.

Porque estaba realmente enojada.

Porque de verdad que estaba triste.

Porque éramos un par de adolescentes soñadoras, al fin y al cabo.

Por Sasuke…

-Por Sasuke –murmuré torpemente. No sabía muy que sucedía, pero la rubia chocó su vaso con el mío, que contenía una dulce mezcla de jugo de piña y vodka.

Pasábamos del llanto a la risa y el hueco en el pecho dejaba de dolerme por el adormecimiento.

Entonces a Ino se le ocurrió otra grandiosamente idiota. Pero ya estábamos lo suficientemente tomadas para no notarlo.

-Hay que llamarlo –dijo, arrastrando las palabras.

-¿Para qué? –cuestioné confundida y con la cara roja por el vodka.

-¡Yo que sé! –grito al aire, y luego nos soltamos riendo como dos desquiciadas.

-Para decirle que lo amo –murmuré con voz rota, demasiado sentimental otra vez.

-Si, eso –apoyo Ino –deberías ponerle una canción, una de amor imposible.

Y fue así, que terminamos eligiendo una canción de despecho, de un grupo pop que solía cantar demasiado nostálgico para mi gusto, pero como ya dije, estaba muy borracha.

Luego de tres timbrazos, se escuchó la voz del Uchiha al otro lado del celular de Ino.

-¿Diga? –emitió el aparato. Con risitas estúpidas mal contenidas, pusimos play a la música.

Él no colgó, se quedó escuchando.

-¿Quién es? –cuestionó con una voz que me resulto extraña, a pesar de que empezaba a percibir todo de un modo lejano.

Me tiré en el piso, y deje que las lágrimas rodarán libremente, mientras escuchaba atentamente –o lo más atentamente que podía para entonces- la desgarradora y dramática letra de la canción.

Entonces, antes de que Sasuke colgará o la nota final de la canción resonara en mis oídos, no supe más de mí.

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Sasuke's POV

-¿Quién era? –cuestionó Karin cuando regrese a la mesa.

-Nadie –mentí.

Las tontas que creían tener alguna oportunidad conmigo solían hacer eso: Marcaban de algún número que yo no tenía registrado y en lugar de soltarlo todo por teléfono, ponían alguna melodía de amor.

Pero esta vez, había sido diferente: La canción iba de una muñeca de trapo, y no sé porque, me recordaba un montón a Sakura…

¿Sería que ella…?

¡No! Imposible.

-Te llevo a tú casa –le dije bruscamente a mi pelirroja acompañante, con la cual había salido en un vano intento por sacarme a aquella niña rosa de la cabeza.

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¡Hola! ¿Cómo están los lectores más lindos del planeta?

Espero que bien ;)

Pero bueno, como ya se me ha hecho costumbre –desgraciadamente- les pido una disculpa por el retraso… MENTAL. Jajaja, ok no, una disculpa por ser tan irresponsable e irme por la vida sin actualizar, ¡Lo siento muchísimo!

Pero yo creo que para que una historia siga siendo una buena historia, debe de dársele su tiempo, y yo realmente estaba ansiosa por tener unas estupendas vacaciones de verano con mi familia. Si, no actualice por andar de campirana todo el verano :3

En fin, ¿Qué les pareció? Debo confesar que me robé a Madame Rossini de una historiesilla, la cual recomiendo ampliamente, ¿sabes cuál es? ¡Dime en un review! ;)

Y Sakura si, lo se ¡Pobrecilla! :'(

Y bueno, como yo siempre leo todo lo que ustedes me escriben - ;) – me gustaría contestarle a alguien que me dejó su muy respetable opinión, bajo el pseudónimo de 'Mad Girl', cuyo review decidí hacer público, para que el resto de mis lectores/as tuvieran la oportunidad de formarse su propia opinión acerca de mi historia.

Al punto, Mad Girl: Respeto tu opinión, y eres libre de expresarla, me alegra que me la hayas hecho llegar, ya que siempre podré mejorar gracias a ellas. Sin embargo, quería aclararte algunos puntos acerca de mi historia ¿Te parece? En primer lugar, yo no estoy rebajando a Sakura, y aunque la pareja principal y el fic en general es 100% SasuSaku yo no eh dicho nunca que Sakura se vaya a quedar con Sasuke. Y bueno, es una forma de interpretar si crees que Sakura posee poco orgullo, pero desde mi perspectiva, ese es un gesto noble, de una mujer enamorada, que para nada es una mártir. Ya lo verás más adelante si te das la oportunidad de seguirme leyendo. No pretendo dar un mensaje negativo, si te fijas, incluso hago a Sakura desesperantemente BUENA, tanto que hasta me llega a caer mal. Un 'lo siento' de Sasuke, no va a solucionar nada (¡para que anticipen lo que viene!) y procuró empatizar con Sakura, llevarla a un plano más humano, donde se harte de complacer a todos (Ya esta, lo dije, sin afán de adelantar) sobre todo a Sasuke y a sus padres, para volverse la heroína de su historia. Y bueno, Sasuke no me parece que sea un hijo de puta, el de verdad sufre, y aunque haga las cosas terriblemente mal, recuerda que el sufrimiento purifica.

Por último, no me agradó tanto que te fueras a la historia, ya que eso es algo independiente: Si no te gusta, no lo leas y punto, para ello puse advertencias sobre OOC. Me parece más idóneo criticar –siempre de forma constructiva- mi estilo de escritura y mis posibles errores. Sin más, muchas gracias por leer –si es que lo estás leyendo-

Y bueno, a ustedes, mil gracias por seguir la historia y ponerla en favoritos y alertas ¡Los amo por eso! Y de igual manera por dejarme sus opiniones, reclamos y demás en el botoncito de allá abajo, que siempre leeré con un montón de amor :3

Cuídense mucho, y recuerden que ustedes tienen derecho a formarse su propia opinión :D

Con muchísimo amor y una promesa de volver pronto: Lxdy Blue- ¡Los quiero!