Soy un monstruo. Debería ser equitativa y, cuando veo que no puedo llegar a todo porque, loquera o no, estoy estudiando para los exámenes, turnar qué fanfic dejo sin escribir para no dejar uno más abandonado que los demás, pero por desgracia este es, con diferencia, el que más tiempo me ocupara para escribir cada capítulo, así que es el que paga el pato cada vez que me veo corta de tiempo.

Termino los exámenes el día 12 de junio, así que, aunque intentaré actualizar, no puedo prometer que estas dos semanas que vienen vaya a mantener el ritmo.


Capítulo 10: Sin vuelta atrás

-Traaaaffyyyy…

Silencio. Law siguió con los brazos cruzados, apoyado en el mostrador y mirando al frente.

-Traaaaffyyyyyyyyyyyy…

-Cállate, Luffy-ya, no estoy de humor –gruñó el hombre, fulminando a su compañero de viaje con la mirada.

-¿Estás enfadado conmigo? –Preguntó el chico del sombrero de paja, acercándose a su acompañante.

-Sí.

-¿Por quéeee?

La mirada asesina de Law se intensificó e incluso Luffy, siendo el distraído y despreocupado chico que era, tuvo la prudencia de dar un paso atrás.

-Te dije que no metieras comida en la maleta, ¿verdad?

-¡Pero el viaje es muy largooo! –Exclamó Luffy, indignado.

Law se llevó una mano a la cara y se masajeó la sien.

-¿Y por qué no te la has comido toda antesde bajar del avión?

-Quería comer de camino al hotel.

Law suspiró.

-Luffy-ya, te he dicho un millón de veces en los últimos tres días que las aduanas australianas son jodidamente estrictas y está terminantemente prohibido entrar comida en el país dentro de una maleta, especialmente productos cárnicos.

-Pago la multa y ya –dijo Luffy alegremente-. Mi padre es rico, no te olvides –le recordó, y se rio.

-Aún así van a confiscarte la comida.

-¡¿QUÉ?!

Law suspiró y se volvió a llevar una mano a la cara, resignándose a pasar allí por lo menos otra media hora al ver que Luffy salía corriendo a gritarle al agente de aduanas que no tenía ningún derecho a quedarse con su carne.

-Ya sabía yo que tendría que haberle revisado la maleta…

Había pasado demasiado tiempo desde la última vez que Trafalgar Law se encontró con alguna complicación en un aeropuerto.


-Me cago en la puta hostia –exclamó Kid al ver su maleta saliendo por la compuerta de la cinta transportadora. La mujer que tenían al lado lo miró, escandalizada.

Law apartó la vista del carrito, donde de momento tenían el equipaje de mano, y la dirigió al punto que Kid estaba mirando.

Inmediatamente coincidió con la valoración de su novio.

La maleta que habían facturado, en la que llevaban sus cosas para ese viaje, avanzaba hacia ellos por la cinta transportadora con una enorme raja recorriéndola de parte a parte por un lado. Afortunadamente, dentro de lo que eran las circunstancias, el forro interno de la maleta parecía haber resistido y no se había caído nada.

Aún así, eso suponía un inconveniente nada más empezar el viaje.

Y Kid estaba que echaba humo por las orejas.

El pelirrojo cogió la maleta con más cuidado de lo que lo habría hecho en otra ocasión para evitar que terminase de romperse, y la colocó en el carro con el lado rajado mirando hacia arriba.

Sin mediar palabra, se fue en busca del mostrador de la compañía para poner una reclamación.

Law suspiró y lo siguió, empujando el carro y despidiéndose de su visita a la catedral de Santiago de Compostela ese día. Ya pasaba del medio día, y a este paso aún iban a tardar un rato en salir del aeropuerto.

En el mostrador estaba una joven de pelo negro y sonrisa amable que no puso absolutamente ningún inconveniente en acordar mandarles una nueva maleta al hotel en los próximos dos días. Aquello era una novedad para Law, ya que en su experiencia las personas de atención al público siempre trataban de evitar que la compañía tuviera que pagar esas cosas, Law sospechaba que porque aquello afectaba a sus sueldos o algo por el estilo. Claro que en su experiencia Law nunca había estado acompañado por un alto, musculoso e iracundo pelirrojo que parecía dispuesto a arrancarle la cabeza a bocados a quienquiera que se atreviera a llevarle la contraria.

A la chica le había temblado un poco la voz al asegurarles que, a más tardar el viernes, les habría llegado una maleta de la misma marca y modelo a la habitación del hotel.

Law arrastró a Kid, que había querido seguir discutiendo, hacia la salida.

-Joder, Trafalgar, -gruñó el pelirrojo-, si me hubieras dejado le podría haber sacado una indemnización o algo.

-No lo dudo, Eustass-ya, con esa mirada te habría dado hasta los datos de su cuenta bancaria, pero no quiero pasarme el primer día de nuestras vacaciones discutiendo en un aeropuerto por un puñado de euros. Estamos aquí de celebración, después de todo.

Kid sonrió ante eso, el recordatorio de que ya llevaban un mes viviendo juntos, aunque el cabreo seguía siendo evidente en su expresión.

-Cierto, pero vas a tener que ayudarme si no quieres que acabe matando a alguien.

Law sonrió también y, sin dejar de empujar el carro, dijo:

-Seguro que se me ocurre alguna forma de calmarte.


La gente no había dejado de llegar a aquel punto desde que ellos se habían detenido allí veinte minutos atrás, aunque no estaban ni mucho menos apretados. La zona era conocida como Sunset View, un lugar donde la gente iba para ver tanto el atardecer como el amanecer y el efecto que estos tenían en el Uluru, o Ayers Rock, conocida también como 'el ombligo del mundo'.

En ese momento, Law estaba de pie junto a Luffy, que no dejaba de moverse excitadamente con la cámara y de sacar tantas fotos como le era posible, mientras el sol descendía y el color de la roca iba cambiando, comenzando por un tono entre amarillento y anaranjado, transformándose poco a poco en un brillante rojo que, a medida que el sol fuera desapareciendo, se iría apagando en marrón.

Una visión espectacular, sin lugar a dudas, cautivadora incluso, digna de ser inmortalizada, y al mismo tiempo evocadora de una profunda melancolía. Razón por la que era Luffy y no Law el que tenía la cámara.

Trafalgar Law estaba demasiado ocupado mirando fijamente la roca y clavándose las uñas en la palma de las manos.

Rojo. Ese vibrante rojo en que la piedra se había tornado por largos minutos era demasiado familiar.


La doctora Kureha los miraba, solemne, en el silencio que acababa de caer pesadamente tras sus palabras.

Law no tuvo tiempo de ver la expresión de Kid antes de que el pelirrojo se levantara, las patas de la silla arrastrándose ruidosamente por el suelo debido a la fuerza que utilizó al hacerlo, y saliera de la consulta sin mediar palabra alguna.

La mujer suspiró, y no dijo nada al ver que Law también se levantaba y salía de allí: el tacto nunca había sido su fuerte, y cualquier cosa que pudiera decir en ese momento no serían más que palabras vacías, sin sentido alguno para ellos dos.

Law encontró a Kid fuera del hospital, apoyado contra el capó de su coche con la mirada perdida en ningún punto en concreto de la abarrotada calle céntrica.

El moreno se acercó y se detuvo frente a él. Ninguno dijo nada por largos minutos, los peatones desviándose para esquivar a Law al ver que no iba a apartarse para dejarlos pasar.

Se escucharon algunas exclamaciones sorprendidas y escandalizadas cuando, de repente, Kid agarró a Law de la bata de médico, dio la vuelta a sus posiciones y lo empotró contra la puerta trasera del coche, besándolo con verdadera rabia y frustración, tratando de devorarlo, o puede que de ahogarse en sus labios.

Cuando se separaron, el pelirrojo apoyó su frente contra la del moreno, que lo rodeó por la cintura con los brazos, cerrando las manos en puños alrededor de su camiseta. Los párpados de Kid temblaron y este cerró los ojos por un momento antes de volver a abrirlos.

-Me muero.

Fue apenas un susurro, su voz estable al contrario de lo que cabría esperar, pero escucharlo de los labios del propio Kid fue un golpe aún mayor que el haberlo hecho de los de la doctora Kureha, aunque había sido el que lo dijera ella lo que anuló cualquier posibilidad.

Las manos de Law temblaron y subieron a los hombros de Kid, las yemas de sus dedos hundiéndose en estos con fuerza, y lo atrajo para otro desesperado beso, apretándolo contra sí tanto como pudo, los brazos del pelirrojo rodeándolo y estrechándolo contra su pecho.

Ambos buscando consuelo porque ya ninguno tenía esperanza que buscar.


Trafalgar Law estaba tan absorto en sus recuerdos que ni siquiera se dio cuenta de que Monkey D. Luffy le sacaba una fotografía con el Ayers Rock, aún en aquel impresionante tono rojo, de fondo, la mandíbula del hombre tan apretada que resultaba casi un milagro que ninguno de sus dientes se hubiese partido.

Por la parte de abajo, la imagen se cortaba justo después de mostrar sus nudillos, apretados con tanta fuerza que en cualquier otra luz se habrían visto blancos como el papel.


Eustass-ya,

Han pasado dos semanas desde mi última carta, el tiempo que he estado en Australia.

Antes que nada me gustaría reiterar mi profundo odio por los aviones, las aduanas y los cambios de hora. Pasarme cuarenta horas despierto antes de poder dormir la primera noche en un hotel y en compañía de un sobreexcitado e hiperactivo Luffy no me ayudó precisamente los primeros días.

Echo de menos a Robin, al menos con ella la atención de Luffy se veía dividida, aunque creo que tú habrías sido más efectivo para controlarlo. Y, si no, al menos me habrías ayudado a relajarme a mí, ¿verdad?

Creo que Luffy, siendo el chico ingenuo e inocente que es en algunos aspectos, se habría traumatizado si te hubiera visto empotrarme contra una pared para besarme después de que mandara a la mierda a un hombre que simplemente se había parado para preguntarme si necesitaba ayuda al verme con un mapa.

Estoy acostumbrado a dormir poco, pero parece que hasta yo tengo mis límites.

En una nota más alegre, la gente aquí es muy amable, y no tienen problemas en echarte una mano si la necesitas. Es algo de lo que me di cuenta después de unas saludables nueve horas de sueño.

Al no haber habitaciones individuales, me toca pagar una doble y me sale más caro que si la compartiera con alguien, aunque el gasto, que de todos modos formaba parte de mi revisión de nuestro plan de viaje original, vale la pena a cambio de no tener que compartir habitación con Monkey D. Luffy.

No, Kid, quita esa cara, en serio. No iba en ese sentido, no tengo ni la más mínima intención de empezar una relación con Luffy, así que deja de gruñir y de inventar formas para cargártelo.

Joder, de verdad que tienes que confiar un poco más en mí. No voy a acostarme con nadie: que fuera tan directo contigo cuando nos conocimos no significa que vaya a serlo con alguien más.

Sinceramente, dudo que pudiera hacerlo, incluso si quisiera.

Sí que quiero sexo, eso es verdad, pero lo quiero contigo. Ahora mismo no hay nada que me gustaría más que tenerte aquí, para que pudieras meterte conmigo en esta enorme cama a mi lado en la habitación del hotel, y follarme hasta que mañana en el aeropuerto apenas pudiese andar. Me encantaría estrenar las esposas de cuero en el baño, o incluso delante de la ventana de la habitación. Es de estas que van del suelo al techo, podríamos haberlo hecho contra el cristal, con las espectaculares vistas de la ciudad que hay.

Es algo que nunca hicimos, ¿verdad? Supongo que por concienzudo que seas a la hora de hacer las cosas, siempre hay algo que se te va a olvidar.

Dime, ¿habrías preferido follarme de espaldas al cristal para que pudiera abrazarte mientras me la metías, o tal vez metérmela mientras, con las manos apoyadas sobre la ventana, pudiera contemplar los demás edificios que nos rodean, los posibles sitios desde dónde podrían vernos?

Si crees que se me ha puesto dura al pensarlo, estás en lo cierto.

Te echo de menos, Eustass-ya, y no me da vergüenza admitirlo, por muy pastelón que pueda sonar decirlo.

Ahora estoy melancólico y excitado, estupendo.

De todos modos, te escribiré en unos días. Ya voy a entrar en Asia, el tiempo vuela.

Te quiero y te extraño,

Law.

PD: No te asustes con el montón de fotos que hay, es que no podía decidirme con algunas. Y no las he hecho yo todas esta vez, las del Ayers Rock las hizo Luffy. Ha insistido en que te mandase la foto en la que salgo yo, y al parecer hasta te ha escrito algo. No he mirado el qué.

PPD: ¿Crees que alguien se escandalizaría si fuera a masturbarme delante de la ventana?


-Voy a pedirme la baja del trabajo –dijo Law esa noche, envuelto en los brazos de Kid y recostado contra su pecho.

Kid se movió, lo justo para poder mirarlo sin soltarlo.

-¿No decías que querías seguir trabajando? Por todo el rollo ese de la rutina y tal.

-Ya no. Te han puesto una fecha límite, Eustass-ya, y por mis cojones que pienso aprovechar hasta el último puñetero segundo que pueda tener contigo.

Kid se rio, no las estruendosas carcajadas que lo caracterizaban, sino un sonido bastante suave y definitivamente amargo que le puso los pelos de punta a Law.

Los brazos a su alrededor lo apretaron con más fuerza y Law agradeció el calor que estos le daban. Era pleno agosto, pero no recordaba un día más frío que aquel en toda su vida.

-Creo que yo debería ir dejando ya el trabajo.

Continuará


No esperaríais de verdad que os fuera a seguir dando capítulos ligeritos como estos últimos, ¿verdad?

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