Disclaimer: Hetalia ni LatinHetalia me pertenecen.
Pareja: ArgentinaxChile/MartínxManuel.
Advertencia: Los inventos tontos (no todos) de Manuel. "Mucho amor." Hungría.
10.
• Cαfé cσn Pιєrnαs •
― ¡Jajajajajaja! ¡Claro, claro mon petit! ―reía eufóricamente el francés.
― ¡Es cierto! ―gritó enojado Manuel―. ¡Lo creé, y es un furor en mi país!
―Por favor, hermano mayor sabe de estas cosas, y conociéndote…no lo creo ―dijo aun sin creerle sosteniéndose el mentón con la mano―, y eso no puede existir.
― ¿Por qué no vamos, da? Digo, si lo que dice es cierto. ―propuso Ivan.
―Ve~. A mí me gustaría ir, conocer lindas señoritas. ―dijo Feliciano todo feliz, imaginando a las señoritas para cortejarlas.
―Estoy de acuerdo con mi tonto hermano. Conocer lindas señoritas, quizás, después tendremos intimidad. ―cuando mencionó Romano, el español sintió un desprecio. ¿Se lo hacía mal?
―Eh…No es tan así. Solo sirven cafés, vestidas con un bikini muy provocativo. Les aseguro que se quedaran con la boca abierta y baboseando. ―dijo el chileno.
― ¡Che, yo también quiero ir! ―Martín ni lo dudó, pero jamás le sería infiel a su vecino.
― ¡El awesome yo también! ¡Ellas sabrán lo awesome que soy! ¿Vas señorito podrido?
―No gracias. No voy a esos lugares tan vulgares. ―contestó Roderich totalmente serio.
―Aburrido. ―mencionó entrecerrando los ojos y diciendo de lo que se perdía.
―Como que totalmente yo paso. Hoy como que tengo que pintar mi casa rosada a color rosada pero más rosada, o sea, un rosado fosforescente ―decía Polonia―. Y esas tipas como que no me atraen totalmente.
―Bueno. El que quiere ir va y el que no, no. Los espero mañana a las siete de la tarde en el café llamado El Barón Rojo, lo encontrarán fácilmente en Santiago; el local tiene vidrio ahumado. Ah, solo lean el letrero. Nos vemos allá. ¿Martín, vámonos? Tenemos que ver a Carlitos.
―Claro. ―accedió a seguirlo.
Al día siguiente, la pareja dejó al isleño en casa de Pueblo Mapuche. La mayoría de los países llegaron al café.
Al entrar, el primero en babear como un lobo fue Francia, seguido de España, Prusia, Dinamarca, Romano, Estados Unidos e Inglaterra; este último simulándolo bien…no tanto, ya que sus mejillas ardían de la calentura.
Estaban paralizados por tanto trasero al aire. Unas cinturas perfectas y bronceadas. Y unas delanteras normales, pequeñas y grandes. Ellas traían puesto el diminuto bikini como les había mencionado Manuel.
Se respiraba un olor a tabaco y a café, ya sea de todo tipo. Ese aroma a cafeína hizo a Alfred a sentarse enseguida, mirando con sus orbes azules a las féminas atendiendo. Los países al notar que el rubio fue el primero en ir, lo siguieron.
―Hola, ¿cómo están? ―preguntó una de las sensuales trabajadoras.
―Estoy en el cielo. ―pronunció encantado el francés mirando todo menos el rostro de la mujer.
― ¿Vienen todos juntos?
― ¡Sí! ―acertaron todos.
― ¿Qué tipo de café desean? Tenemos cortado, capuchino, express, con leche, el americano, entre otros.
―Yo quiero doble… ―Francis ya se encontraba en otro mundo observándole la delantera y precisamente a ese "doble" se refería.
―No tenemos de eso. ―soltó una risilla.
―Yo creo que sí~. ―se le caía la baba.
―Yo quiero un cortado. ¿Y tú Martín? ―le preguntó Chile a Argentina. Él no le respondía, estaba "choqueado" por tanto trasero moviéndose de aquí para allá en una prenda muy diminuta―. ¿Martín?
―Ah… ¿Eh? Ma-Manu, que esté mirando no significa que te sea infiel, che. ―forzó una sonrisa.
―No sé de qué hablai. Pide tu café.
―Cla-Claro… Jajajajaja, ya lo sa-sabía… ¡Quiero un express! ―pidió rojo de la depravades sínica.
― ¡Un americano para The Hero! ―Alfred levantó la mano todo alegre.
― ¡Ps, si Alfred pide un americano, yo pido un mexicano! ―exclamó Pedro.
―Ese no existe. ―le dijo Alfred como queriendo decir "Eres un idiota".
― ¿A no? ¡Entonces el mismo que Alfred!
― ¡El awesome yo quiere el mismo que pidió Manuelito!
―Ve~, yo quiero un capuchino. ¿Y tú Alemania?
―Café vienés. ―dijo Ludwig avergonzado.
― ¡Joder, dame atención Romano! ¡No me ignores! ¡Está bien que yo también esté igual que los demás, pero mírame! ―España era totalmente ignorado por el italiano mayor, pues sus ojos únicamente yacían posados en el cuerpo de las trabajadoras―. ¡Romanooo~!
― ¡Aléjate de mí, maldición! ¡Si quieres después de esto hacemos todo lo que tú quieras bastado! ¡Pero déjame disfrutar, maldición!
― ¿Lo dices enserio? ¡Trato hecho! ―dijo feliz.
Luego todos pidieron sus cafés. A Francia le costó decidirse por ciertas calientes y apasionantes razones.
―Yo…yo no deberías estar aquí… ―murmuraba avergonzado y nervioso el hermano de Estados Unidos, cargando entre sus brazos a Kumajiro.
― ¿Quién eres? ―su duda siempre del oso.
―Soy Canadá.
― ¿Alguien me puede decir que hace Matthew en este lugar? ―dijo Arthur cambiando el tema, más por su bien mientras esperaban a las señoritas a entregarles los cafés.
― ¡Yo lo invité! ―contestó enmarcando una gran sonrisa el francés, abrazando a la víctima.
― ¡Eres un idiota! ¡Matt no está en condiciones para venir a este lugar!
―Oh, cierra la boca Arthur. Mon amour Matt ya es todo un hombre, y se quedará y punto.
― ¡Eres un…!
―Aquí tienen sus cafés, espero que les gusten ―dijo la mujer justo en el momento cuando Arthur iba atacarlo con groserías―. ¿Y de dónde son? ―con esta pregunta comenzó una gran conversación conociéndolos, pero hubo un instante donde una pregunta de cierto ruso le hizo temblar:
― ¿Quieres ser una con Rusia, da?
Más tarde, salieron del café todos muy felices, uno más que otro, y otro que no quería irse, ese era Francia. No obstante, lo obligaron a salir del local-cafetería. Al despedirse, Manuel y Martín caminaban de regreso a casa, pero no esperaban que algo o alguien atraparan al mayor, amarrándolo con sogas y siendo apuntado con un arma de fuego. Todo fue tan rápido.
― ¡¿Quiénes son? ¡Suelten a mi marido! ¡Digo, no es que sea mi marido! ¡Pero suéltenlo! ¡Tiene un hijo! ―Manuel intentó golpear. Entre dos persones desconocidas le sujetaron los brazos―. ¡Conchetumare! ¡Suéltenme!
―Mantén la boca cerrada, cariño. ―le dijo una voz femenina. Ella se acercó a él, mientras que los otros u otras sujetaban a ambos países.
― ¿Qué quieren? ―frunció el ceño.
― ¿Qué quiero? Queremos un café con piernas para mujeres. ―ordenó. Llevaba un gorro el cual se lo sacó.
― ¿Vene? ―se preguntó el chileno al ver a la venezolana.
―La mismita.
―Queremos un café con piernas para nosotras. ―ahora era Colombia exigiendo al lado de su amiga-rival.
―Por primera vez, nos apoyamos.
―Pe-pero…eso no puedo hacerlo. ―dijo Manuel.
― ¡Escucha! ―Venezuela lo tiró al suelo, apoyando su pie (zapato con taco) en el torso del chico―. Yo te tengo bastante cariño, corazón. ¡Pero te exigimos: Un café con piernas para mujeres! ¡Hungría! ―llamó a la nombrada para dar su aparición.
― ¡Aquí estoy! Si no aceptas, te daré de sartenazos. ―advirtió amenazante.
Chile tragó saliva por el miedo.
―Hasta tu hermanita quiere, junto con Lily. ―siguió Catalina.
― ¡¿Qué? ¡No, ella es muy chica para esas cosas! ¡Se lo prohíbo! ―dijo enfurecido y celoso.
― ¡Me da igual si quieres o no! ¡Acepta a crear uno para mujeres, o tu amorcito argentino perderá algo más que sus regiones vitales! ¡Y tu hijo quedará sin padre! ―esta vez amenazó María―. Y si no lo haces, Itzel te matará también, por llevar a su hermano Pedro.
Ahora sí sintió el terror.
Miró a Martín todo amarrado desde los pies hasta la boca.
―De acuerdo…
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― ¡Vamos Luciano, danos una samba! ―la que exclamó no fue precisamente Itzel, sino María―. ¡Mueve esas caderas, nene!
―Solo sirvo café. ―le dijo el brasilero, aunque le agradaba el atuendo.
―Y qué importa. ―contestó. A su lado se encontraba sentada Itzel totalmente sonrojada.
― ¡Lily! ¿Pero qué haces aquí? ―Vash reaccionó llevando la conocida vestimenta de Arthur, para ser más específico, mesero en paños menores.
―He-Hermano…yo…etto… ―la rubia no sabía que contestar ante la alteración del suizo.
―Déjala Vash ―intervino Hungría―, ella es grande, tiene derecho a conocer algún hombre. Además ya conoce tu trasero. En realidad…conocemos el trasero de todos.
― ¡Te ves tan lindo Kiku! ―gritó Taiwán llena de corazones al su alrededor.
―Me quiero ir. ―mencionó triste el japonés llevando los cafés.
― ¡Hermano! ¡Te ves tan lindo y violable para mí! ¡Casémonos! ―Belarús se le lanzó, el cual al ruso se le cayeron todos los cafés.
― ¡Ve~! ¡A mí me gusta!
―Concuerdo contigo, tonto hermano. ¡Esto es vida!
―Realmente…no me acomoda estar vestido de esta manera ―dijo el español con las mejillas sonrojadas dando una pausa―, pero bueno…me divierto en esto del…gran trabajo que inventó uno de mis hijos…supongo.
― ¡Vamos mon amour! ¡Si te ves lindo! ―Francia trataba de sacar del vestidor al canadiense.
― ¡No voy a salir vestido así! ¡Me…me da vergüenza!
― ¡Tienes que salir mon amour! ¡Te divertirás, te lo aseguro!
― ¡Dije que no! ¡Y sé que te encuentras con una rosa! ¡Vístete! ―Canadá tenía razón al referirse a la rosa de Francis.
― ¡Ludwig, trae tu trasero aquí mismo! ¡Quiero mi café con leche! ―ordenó la húngara.
― ¡Auxilio aru! ¡Me están tocando aru! ¡Ivan, ayuda aru! ―Yao corría desesperado de un lado para otro siendo perseguido por unas cuantas naciones femeninas.
― ¡El awesome yo, les trae sus fabulosos cinco metros prusianos! ¡Keseseseseses! Pero viene de regalo con un el café moca. ―Prusia estaba feliz con todo esto.
Manuel suspiró agotado. Había creado algo maléfico, más para ellas.
― ¡¿Manuel, dónde está mi café? ―llamó Colombia bastante exasperada.
Él chileno fue con la bebida hacia ella. ―Aquí tienes.
―Uy, cambia esa cara ―le dijo Elizaveta dando un sorbo al suyo―. ¿Puedes llamar a Martín?
―De acuerdo. ¡Fleto Martín, te llaman!
―Aquí estoy. ―apareció el argentino con su vestimenta sensual.
―Como nosotras somos… ―Hungría iba a continuar si no fuera por una nueva interrupción.
― ¡Quiero ver el trasero de Matt! ¡¿Dónde está Matt? ―quien exigió fue Rapa Nui.
―Bueno, con lo que iba diciendo ―continuó la húngara―. Como nosotras somos las clientas, y el cliente siempre tiene la razón…
― ¿Qué es lo que querés? ―se apresuró Martín cruzándose de brazos.
―Tú y Manuel hagan un yaoi…para todas nosotras, yo lo grabaré. ―dijo feliz. Luego todas acertaron muy contentas. De la nada Hungría sacó una cámara.
― ¡¿Qué? ―se aterrorizaron los dos.
―No se los pregunté, es una orden. ―acto seguido, los países femeninos dejaron de hacer sus cosas a tomar al argentino y al chileno, llevándolo al medio del lugar. Cada grupo formado lanzó al individuo al otro individuo, dando así, una caída: Martín sobre Manuel.
Se había formado un circulo pidiendo a griteríos una caliente escena yaoi primordial.
Ambos camareros les ardían las mejillas con solo pensar en sus ideales fuera de lo común, menos para Hungría, claro.
Elizaveta volvió a gritar a exigir que se besaran o los mataría. No les quedó otra opción pero…
― ¡Filles! ―Francia las interrumpió. Todas voltearon a verlo. Grata fue la sorpresa, pues ese francés en vez de andar con el uniforme, andaba con una rosa censurado su región vital―. ¡Ustedes serán las únicas en ver a hermano mayor sin la rosa!
― ¡Ahhh~! ―chillaron de la emoción dejando a la pareja del suelo fuera del tema.
― ¡Se asombraran al verlo! ―su mano bajó a la rosa, presionándola para quitársela―. ¡A la una, a las dos…y a las tres! ¡Contemplen a France! ―se desnudó completamente.
― ¿Eso es todo? Que desperdicio de tiempo ―fue deprimente verlo de ese tamaño. Todas volvieron acosar a Martín y a Manuel―. ¡El beso, el beso! ¡Tócalo! ¡Tú eres el seme Martín!
― ¡Tú puedes Conti! ―apoyó hasta a hermana del chileno.
Desde un rincón, se apreció ver a un Francis totalmente deprimido.
― ¡Oigan! ¡¿No quieren ver los cinco metros de mi awesome persona? ¡Keseseseses! ¿Nadie?... ―ninguna de las chicas lo tomó en cuenta. Como resultado, Prusia se sentó al lado de su amigo francés, compartiendo la soledad y la tristeza.
― ¡Lo besó! ¡Así se hace Martín! ¡Ahora hazlo todo tuyo! ¡Yaoi, yaoi, yaoi, yaoi!
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Meses después, Chile exportó su "producto" a Colombia. Pues ella estaba muy feliz, luego siguió con España, él sí estaba más que feliz…en realidad, porque siempre venía Francia a acosar a todas las señoritas del local.
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N/A: Producto 100% Made in Chile, también hay para mujeres =3. Donde yo vivo, hay uno en cada esquina, pero es para hombres.
El Café con piernas ya lo conocen… pero bueno… igual dejaré algunos datos.
•Café con piernas: Es un tipo de local de expendio de café o cafetería característico en Chile, el cual se distingue de los demás por su atractivo de reemplazar cantineros y mozos por mujeres semi-desnudas pero en algunos casos simplemente ligeras de ropa. El negocio se ha exportado a Bogotá, donde han proliferado numerosos cafés con piernas, aunque a diferencia de sus pares chilenos, en Colombia estos atienden de noche y expenden bebidas alcohólicas. También en Playa de Palma, Mallorca, España existe un café de nombre propio "Café con Piernas".
El conocido Barón Rojo…
•Café Barón Rojo: Fue creado en 1994 como un punto de encuentro para ejecutivos de negocios y personalidades del medio artístico. Dando un rol "protagónico" a la belleza de la mujer chilena. Café Barón Rojo con su liderazgo se ha transformado en un ícono del atractivo turístico del Gran Santiago, al convertirse en un lugar de visita obligada de miles de turistas provenientes de todo el mundo.
Nos vemos! Bye bye!
