INOCENTE Y CRUEL INFANCIA
Capitulo 10: En tus frágiles manos
Por: Okashira Janet
-¡Madre, madre, mi hermana no me deja en paz!- la pequeña Megumi gimoteó por treceava ocasión en ese día mientras se obligaba a soltar una que otra lagrimilla (para darle mayor veracidad al asunto).
-Megumi, sí dejaras de molestarla con tu muñeca quizás tu hermana dejaría de aventarte-
-¡Oh!- con gran desencanto la pequeña de largo cabello azabache frunció la arrogante boquita y apretó con mas fuerza la muñeca contra su pecho, siempre era lo mismo, su mamá siempre se ponía del lado de su hermana mayor y su padre defendía con mas ahínco a su hermano mayor ¿Y a ella?, a ella nadie la defendía.
-Megumi por dios no te enojes- y ahora su hermana se dirigía a ella con aires de reconciliación.
-¡Déjame en paz!- gritando con aire ofendido la pequeña se echó el cabello hacía atrás y torciendo la boca procedió a retirarse muy dignamente del lugar lo cual por toda respuesta obtuvo un par de risas ahogadas de su hermana.
-Madre, que es una pillina- la hermana mayor de la niña sonrió poniendo ambas manos en su cadera viendo a su pequeña hermanita alejarse.
-En verdad que tiene toda la sangre de tu abuela- coincidió la madre sonriendo dulcemente –Un temperamento horrible y unas maneras muy refinadas-
-Parece toda una burguesa-
-Y eso que solo tiene seis años-
-¡Espérate a que tenga veinte!- exclamaron ambas mujeres al tiempo para después echarse a reír.
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Megumi era una niña mimada, desde que había nacido lo había hecho en medio de grandes riquezas, lujos y apoyos, sus pequeños problemas se reducían siempre a escaramuzas con sus hermanos, peleas infantiles donde su orgulloso temperamento siempre salía herido.
Su padre y su madre (los señores Takani) eran doctores, de hecho la familia entera se dedicaba a la medicina y desde su nacimiento ella estaba predestinada a ese puesto. Lo sabía y lo aceptaba y ya desde muy chica se divertía curando a sus muñecas, cosiéndoles los brazos, poniéndoles ungüentos, vendándoles las piernas y dándole como resultado mucho trabajo a su madre y a su hermana para volver a dejarlas en buenas condiciones. Gajes del oficio.
Ser medico no era fácil, su padre se lo decía todo el tiempo, ser medico era anteponer a los demás antes que a ti mismo, ser medico era horas de desvelo operando a una persona, era sangre, olores nauseabundos y exponerte a enfermedades contagiosas, ser medico era estudio, era jugar a ser Dios.
A Megumi esa idea de ser Dios se le antojaba bastante atrayente, era como tener el poder de las vidas de los demás en sus manos, era ser una persona poderosa de la que dependían los demás, sí, eso era algo que incitaba a su orgullosa alma.
Quería ser medico para así tener el poder, un medico era una persona muy importante que todos respetaban y que cuando pasaba a casa de un enfermo oloroso a alcohol despertaba la gratitud de toda la gente. A Megumi le agradaba que los demás la admiraran.
Uno de sus grandes entretenimientos era ponerse yukatas y kimonos de diversos tejidos y colores y pasearse frente al gran espejo que se encontraba en la sala principal, era un espejo de cuerpo completo que la mayoría de la gente de la casa no solía usar, los sirvientes decían que verse en un espejo robaba poco a poco la esencia de la persona en sí y que además era grosero y de mal gusto estarse contemplando minuto tras minuto en una cosa plateada que te regresaba a cada instante tu propia imagen y no la de alguien mas.
Sus padres ante estos comentarios solían reírse, ellos eran gente racional que sabían perfectamente bien que un espejo no era otra cosa mas que un objeto para poder contemplarse y no estaba mal hacerlo porque una persona debe dar un buen aspecto al exterior, sin embargo ellos tampoco usaban mucho el dichoso artefacto, siempre estaban ocupados leyendo libros, investigando enfermedades, ideando curas.
Sus hermanos tampoco usaban mucho el espejo, su hermano mayor solía pasarse por ahí y solo le sonreía de paso a su imagen que le contestaba de la misma forma y su hermana mayor dedicaba demasiado tiempo a seguir los pasos de sus padres como para preocuparse de la apariencia que le regresaría el espejo si se viera en él.
Era una pena…
Pero eso hacía que entonces el espejo fuera completa y totalmente de Megumi, minuto a minuto, hora tras hora, a veces podía pasar toda una tarde contemplándose, cambiando ropas y sonriendo desde diversos ángulos.
Era bonita, la gente se lo decía y ella lo creía, porque realmente sus ojos eran hermosos y rasgados y su cabellera era negra y brillante.
Pero aunque fuera bonita y encantadora eso no bastaba, ella en verdad quería ser medico, porque así la admirarían más aún.
Se lo había dicho a su madre y ella sonriendo le había acariciado la cabeza.
-Claro dulzura, serás la mejor mujer medico que exista-
Se lo había dicho a su padre
-Claro tesoro, serás la mejor medico de la región no lo dudes-
Y entonces ella no lo había dudado, porque sus padres eran inteligentes y amables y todo lo que ellos decían sucedía porque sabían mucho.
Y así a los seis años Megumi suspiraba tocándose con falso estrés la frente mientras se decía a si misma que tenía mucho que hacer. Aprender a hacer ungüentos, crear remedios, aprender a vendar, cosas así, cosas importantes.
-Padre, quiero aprender a vendar- vestida con un lindo kimono lila la pequeña se paró al lado de su padre quien se encontraba ocupado vendando el brazo de un paciente que se había quemado.
-Vendar no es tan difícil- el amable señor sonrío y el paciente repitió el gesto hacía la pequeña.
-¿Puedo intentarlo?- Megumi puso una de sus mejores caras de niña buena, con su padre siempre le funcionaban.
-Puedes intentarlo pero no ahora, he terminado y no se le puede vendar a una persona dos veces-
-¿Por qué no?- la pequeña hizo un mohín.
-Porque entonces su brazo quedaría muy gordo- el amable señor ante su propio comentario soltó una gran risotada pero a Megumi no le pareció muy gracioso.
-Padre entonces déjame intentarlo con otra persona, quiero aprender-
-Y lo harás, me agrada mucho que estés tan emocionada con la medicina pequeña, pero para practicar no lo puedes hacer solo con tu empeño-
-¿Por qué no?- al parecer esa era su frase favorita.
-Porque no trabajas con madera como un carpintero, tampoco trabajas con cerámica como un artista, estas trabajando con vida, vida humana-
-Pero si no práctico nunca aprenderé-
-Toma, practica con esto- su padre le paso entonces un muñeco de largos brazos y un montón de vendas antes de retirarse corriendo porque había llegado un herido de espada, a Megumi que se quedo con todo el set de enfermería entre brazos no le causo mucha gracia ni alborozo.
………..
-Madre, quiero aprender a hacer remedios-
-Me alegra que esto te interese pequeña pero no es tan sencillo-
-Quiero aprender aunque sea muy difícil-
-Y eso es lo que harás pero primero se necesita mucho estudio, muchos conocimientos, el remedio tiene que adecuarse a la persona y al malestar-
-Pareciera que solo se muelen hierbas…- la pequeña miró con aire abatido el lugar donde su madre se afanaba en moler diversos ejemplares medicinales.
-Pareciera tu lo has dicho- con paciencia la mujer se echó el cabello del flequillo hacía atrás, el resto de su sedosa cabellera se hallaba bien sujeta en una redecilla –Pero en realidad un solo error podría costarle muy caro a tu paciente, se trata de vidas humanas hay que recordarlo-
-¿Y puedo ayudarte a molerlas?-
-¿Ayudarme?- la mujer parpadeó pero el alborozo de su hija era tal que aceptó sonriendo –Solo recuerda Megumi, cuando vayas a preparar algo, sea lo que sea, el cabello es un nido de bacterias, retíralo de tus quehaceres-
-¿Bacterias?- la pequeña alzó una ceja confundida al tiempo que su madre se quitaba la redecilla y se la ponía a su pequeña.
-Sí, es el lugar mas contaminado del cuerpo humano si nos referimos al exterior solamente, además ¿Te imaginas lo que pasaría si uno de tus cabellos cayera en tu remedio- Megumi recordó una vez que un pelo había aparecido en su sopa y frunció el ceño.
-No se vería bonito-
-Exactamente-
-¿Madre?-
-¿Si?-
-¿Por cuánto tiempo más tengo que seguir moliendo?-
-Hasta que te duelan los brazos- Megumi pensó que su madre estaba bromeando… se equivocaba.
………..
-Hermana-
-Hey Meg…- la joven adolescente estaba demasiado ocupada leyendo con avidez un libro de medicina como para ocuparse de la pequeña.
-¿Por qué tú y mi hermano siempre están leyendo?-
-Porque hay muchas cosas nuevas- la muchacha estaba distraída pero Megumi estaba decidida a hacerse oír.
-¿Qué clases de cosas?-
-Avances…-
-¿De que avances hablas?-
-Avances en medicina…-
-No entiendo, ¿Por eso leen siempre?, Pero si ya saben mucho- la muchacha giró la vista extrañada y luego sonrió dulcemente.
-Recuerda Meg que nosotros somos doctores-
-¿Los doctores tienen que leer siempre?-
-En el mundo muchas personas descubren nuevas cosas, nuevos métodos para curar, nuevos ungüentos y nuevas medicinas, nosotros tenemos que estar siempre al día-
-¿Por qué?-
-Para poder darle un mejor trato al paciente, para siempre poder ayudarlos-
-¿Por eso leen tanto?- la joven fijó la vista en la pequeña y luego sonrió con la sonrisa del que se sabe incomprendido.
-Algún día cuando salves una vida lo entenderás-
-¿Por qué no ahora?-
-Porque hay cosas que el alma debe sentir para comprenderlas…- y Megumi se retiró enfadada, seguramente su hermana le decía eso porque no tenía tiempo para explicarle.
…………
-Hermano… ¡Hermano!-
-¡¿Qué?!, ¡¿Qué?!, ¡¿Quién se murió?!- el joven de sedoso cabello negro abrió los ojos adormilados con espanto.
-Nadie ha muerto- la pequeña cruzó los brazos sobre su pecho fingiendo molestia –Pero son las doce del mediodía y tu sigues dormido-
-¿Las doce?- el adolescente se frotó los ojos intentando despertar –Le dije a madre que cuidaría la clínica desde las once-
-Eres un flojo- la pequeña alzó una ceja –Ni siquiera yo duermo tanto-
-Si supongo…- el adolescente sonrió, una de esas sonrisas tiernas que a Megumi le gustaban tanto.
-¿A que hora te dormiste ayer?- la niña se sentó de un salto sobre el cofre en donde su hermano guardaba su ropa.
-¿Ayer?- el muchacho sacudió la cabeza al tiempo que ahogaba un bostezo –Hermanita la operación ha terminado esta mañana, mas o menos como a las siete-
-¡Pero si el herido llegó ayer!-
-Tenía muchas laceraciones, hubo que cerrarlas todas y ya ves que padre no estaba y madre estaba atendiendo un parto- el joven se estiró levantando los brazos –Por un momento temí no poder salvarlo-
-¡Imposible!- la pequeña sonrió divertida –Tú, madre, padre e incluso mi hermana siempre salvan a la gente-
-Querrás decir, casi siempre- exclamó el muchacho pero como al hacerlo apretó la nariz de Megumi sonriendo ella dio por hecho que bromeaba.
…………
…..
…
..
.
Habían pasado cinco años y últimamente a Megumi ya no le estaba llamando tanto la atención ser medico…
-¡Meg pásame unas vendas rápido!-
-¡Hermanita mas agua caliente por favor!-
-¡Dulzura, quítate por favor me estas estorbando!-
-Cariño, tráeme mas hilo, apresúrate-
¿Por qué existía la guerra?, toda su vida Megumi había estado acostumbrada a la sangre, a ver carne descompuesta, a malos olores, sí, pero también a la limpieza de su familia, a su agradable olor a alcohol y bienestar, a su porte digno y sus invaluables conocimientos. Eso era lo que desde siempre la había incitado a seguir ese camino, el aire de orgullo y honradez que desprendía cada persona de su familia, pero ahora… ahora ¿Qué quedaba de limpieza en su padre manchado de sangre desde las rodillas hasta las mejillas?, ¿Qué quedaba de orgullo en las largas ojeras de su hermano que parecían las de un muerto en vida?, ¿Qué quedaba de bienestar en el aire afiebrado de su hermana mientras con dedos ágiles pero huesudos cosía a diestra y siniestra?, ¿Qué quedaba de digno en su madre que rompía en pedazos su ropa para tener mas "vendas" a la mano?.
-¡Padre!- y ahora ella sentía las inconfundibles ganas de llorar cuando veía que lo que había sido el patio de su casa se transformaba en pabellón comunitario y ella misma en el "tráeme" de todos los presentes, Megumi tráeme esto, Megumi tráeme aquello.
-¡Padre, todos están gimiendo!- desesperada y llorosa la pobre niña aferró a su padre por una manga, el hombre que llevaba desde el día anterior sin dormir se giró hacía su hija sin alcanzar a comprender del todo la desesperación de sus palabras.
-Gimen porque muchos van a morir preciosa- era en vano tratar de mentirle a una niña cuando la verdad se respiraba a su alrededor en forma de carne putrefacta, sangre y dolor.
-¡¿Por qué van a morir?!, ¡Tú y los demás siempre los salvan!, ¡Solo sálvalos y ya!-
-No es tan fácil- el hombre giró la vista a su alrededor, si el Shinsengumi y el Ishin Shishi seguían con la batalla toda la ciudad ardería, sus manos y las de su familia no serían suficientes.
-¡Pero si tú siempre lo haces!- giró de nuevo la vista hacía su hija, a pesar de que la niña le hablaba entre lagrimas le daba la impresión de no entenderla del todo.
-Megumi, dulzura, nosotros no somos dioses, intentamos retener las vidas de las personas que están a nuestro alrededor pero la verdad es que somos simples humanos-
-¡Pero si…!-
-Calma pequeña- con dulzura la tomó de la mano –Megumi, en este mundo y en esta era nosotros somos muy necesarios, lo somos porque cuidamos de la salud humana, sin embargo nuestra capacidad tiene un limite-
-¡Pero si ustedes no pueden salvar a toda esta gente…!-
-Morirán, lo sé- las facciones del señor Takani parecieron endurecerse al soltar la mano de su pequeña.
-¡Pero eso es muy cruel!- la niña apretó los puños, las lagrimas fluyendo libres por sus mejillas, su familia siempre había salvado a las personas y ella se enorgullecía contándole a quien quisiera oírla que su padre y su hermano se pasaban la noche sin dormir por salvar a una persona ¡Pero ahora casi nadie había dormido en días y los muertos caían en racimos!, todos estaban sucios, ya no había alcohol, ni vendas, ni medicamentos, ni opio para amortiguar un poco la muerte eminente ¡No había nada!, solo las manos de los que antaño habían sido llamados la mejor familia de médicos de la región. ¡Solo las manos!, ¿Y que podían hacer unas simples manos?, en medio del caos Megumi examinó atentamente sus aún pequeñas manitas, sus manos habían servido para traer cosas cuando todavía las había pero ahora ni siquiera para eso.
-Meg linda- su hermana la llamó secándose la frente con el dorso de la mano, estaba tan ensangrentada y delgada que por un momento la pequeña sintió miedo de acercarse.
-¿Qué pasa?-
-Necesito que vayas y le digas a la señora que esta allá que su esposo ha muerto, le diría yo pero no puedo dejar a este hombre aquí- Megumi giró la vista hacía el hombre que su hermana cosía (el cual por cierto no dejaba de retorcerse de dolor y aullar), ¿Cómo podía su hermana hablar con ella al mismo tiempo que operaba?.
-¿Segura que su esposo ha muerto?- a ser sincera, no quería dar la noticia que le habían encomendado.
-Completamente- pero su hermana no notó su nerviosismo, estaba tan ocupada en esos días que el hecho de que Megumi seguía siendo una niña había quedado bien sepultado en algún rincón de su muerte.
-Bueno…- Megumi se retiró temblorosa pero a medio camino decidió ignorar la orden, no quería decirle a nadie que un ser querido había muerto, ella moriría si algo así le sucediera a ella.
-Dulzura ¿Por qué lloras?- por un momento Megumi quiso echarse sobre el cuello de su madre y llorar como una magdalena, pero la bata manchada de sangre y vísceras le hizo reconsiderar la idea.
-Madre, ya no quiero estar aquí, todos están muriendo-
-Y lo seguirán haciendo- la hermosa mujer echó su cabello hacía atrás y miro a la nada con ojos cansados –Seguirán muriendo mientras esta guerra siga en pie, seguirán muriendo mientras cambiemos de una era a la otra-
-Y ustedes ¿No pueden hacer nada ustedes?-
-Hacemos lo que podemos- A pesar de que su hija le había hablado claramente molesta ella sonrió.
-¡Pero ustedes siempre…!-
-Megumi- la aún joven mujer tomó la mano de su hija y se puso lentamente de pie –Siempre quisiste ser medico, desde que eras pequeña-
-¡Pues ya no quiero serlo!- la chica se zafó violentamente, la guerra, la muerte, todo eso no le era ajeno, siempre había tomado las cosas muy a pecho, todo siempre giraba en torno a ella e incluso en esa ocasión le parecía que todo era una cruel burla del destino en su contra, algo que solo le afectaba a su persona.
-Megumi, escucha lo que estas diciendo-
-¡No necesito hacerlo, sé lo que digo!- la niña apretó los puños llorando rabiosamente.
-Si en verdad supieras lo que dices…-
-¡Lo sé yo…!-
-¡Tú no sabes nada!- por primera vez en toda su mimada vida su madre le gritó y fue tan fuerte la impresión que la pequeña se quedo sin saber que decir o hacer -¡Megumi!, ¿Acaso no sientes?, ¡¿Acaso eres un ser sin alma?!- la mano le ardió y no fue hasta que notó que la mano de su madre la apretaba como una garra que comprendió la razón.
-Me lastimas…-
-¡Ellos están mas heridos!- la mujer extendió su mano hacía la larga fila de heridos en el piso.
-¡¿Y que puedo hacer yo?!, ¿Acaso tengo poderes especiales?, ¡Soy solo una niña!- no le gustaba que la trataran como tal y siempre le gustaba pensar y comportarse como una persona mayor pero la verdad es que justo en esos instantes estaba asustada y perdida.
-A eso quería llegar- su madre entonces aflojó la presión en su mano, todo ese asunto de la guerra la estaba estresando demasiado, en otras circunstancias nunca le hubiera gritado a su adorada hija. –Eres pequeña, aún no tienes los conocimientos necesarios para ayudar a una persona, sin embargo por dentro eres buena, te lastima el sufrimiento de los demás esa es la verdad, pero como no sabes expresarlo de otra forma reaccionas molestándote con nosotros, lo haces porque nos ves incapaces de ayudar a todas estas personas-
-Pero…- un dedo maternal selló sus labios.
-Pero Megumi, algún día tú serás capaz de ayudar a las demás personas, lo harás porque eso es lo que en realidad quieres hacer-
-Ya no estoy tan segura- la niña giró la vista hacía el herido mas próximo, mientras su madre se ocupaba regañándola había gente que estaba sufriendo.
-Piénsalo bien- Megumi recordó entonces los innumerables rostros moribundos que había visto en los últimos días.
-No quiero ser medico-
-Piénsalo de nuevo- vino a su mente entonces la imagen de su hermano sin dormir por días enteros.
-Ya no quiero-
-Recuerda tus sentimientos- y recordó entonces el asco que le había dado acercarse a su hermana.
-Estoy segura-
-¿Ves estas manos?- la niña parpadeó, su madre había tomado sus pequeñas manitas entre las suyas.
-¿Sabes de quien son?-
-Son mías-
-¿Sabes para que sirven?- un fuerte dolor se alojó en su garganta y sintió unas irreprimibles ganas de llorar.
-Para nada…-
-¿En que se diferencian de las mías?- la pequeña observó ambas manos atentamente, las suyas eran mas pequeñas, tenían mas color, pero las de su madre parecían increíblemente mas suaves, sin embargo algo le decía que esa no era en realidad la diferencia que debía ver.
-Las tuyas sirven- la frase le salió sin pensarlo, su madre levantó una ceja como si no comprendiera.
-¿Sirven?, ¿De que sirven?-
-Sirven para ayudar a los demás, tus manos pueden hacer cosas que las mías no pueden-
-Pero sabes que Megumi- la mujer se levantó, no podía estar mas tiempo con su hija aunque lo quisiera, había demasiados heridos que atender –Tus manitas tienen un propósito-
-¿Cuál?-
-En tus frágiles manos… en tus ahora frágiles manos se encuentra la vida de mucha gente, tienes la mente, tienes la fortaleza, solo te falta encontrar la motivación-
-¿Motivación?- pero ya su madre se había ido y el hombre que yacía acostado y quejándose a un lado de ella le pidió algo de agua, sin pensar ella se abrió paso entre cuerpos lacerados, entre rostros quemados, entre brazos desgarrados y sirvió algo de agua en una tacita, cuando volvió con el espíritu cansado al lugar en donde el hombre la esperaba se dio cuenta con pesar de que ya había muerto.
-Que mal- y fue todo lo que pudo decir, se sentó a su lado y con ojos inexpresivos miró a su alrededor, a todo y a la vez a la nada, motivación había dicho su madre, pero si después de eso no sentía ganas de ser medico dudaba mucho que algo mas la convenciera…
………….
……
…
..
.
Aizu en llamas, todo Aizu prendía fuego, la ciudad entera caía en pedazos, la casa caía sobre su cabeza y ella solo podía pensar y repetirse una y otra vez "Voy a morir, voy a morir" y todo por culpa de ese tal Ishin-Shisi, ella no sabía mucho de política, de hecho sus padres casi no tocaban el tema, para ellos lo único importante eran las personas heridas sin importar de que bando fueran, pero ahora los demonios del Ishin-Shishi habían quemado su casa ¿Dónde estaba su padre?, ¿Dónde estaba su madre?.
-¡Meg!-
-¡¿Hermano?!, ¡¿Hermanito?!, ¿Dónde estas?- todo era penumbras en un techo que caía y caía sin control, entre montones de polvo que le impedían la visión.
-¡Meg!- y de nuevo el grito desesperado de su hermano.
-¡Hermano!, ¡Hermano!,¡Hermanitoo!!- se sujetó de las paredes y sintió como el humo iba vaciando poco a poco sus pulmones, ¿Iba a morir?, ¿Así se sentía morir?.
-¡Meg!- y justo en el momento en que sus rodillas le fallaban sintió la mano de su hermano sujetar la suya con fuerza, casi como una garra hambrienta en medio de la oscuridad.
-¡Hermano!-
-¡Corre!- ¿Pero a donde?, todo era calor abrasador, todo era cenizas, Megumi apenas y podía ver y los ojos le ardían como si se los hubiera frotado con chile.
-¡Meg!- en la oscuridad la voz de su hermano se alzaba como un rugido seco, como un eco enronquecido.
-¿Dónde esta padre?, ¿Y madre?- pero su hermano no le contestó, y si lo hizo la verdad es que la niña no pudo escucharlo.
-¡Hermano!- y entonces algo extraordinario sucedió, una bola inmensa de fuego apareció ante sus ojos y Megumi solo tuvo tiempo de sentir como se le secaba instantáneamente la boca antes de que su hermano la arrojara al suelo y le tapara nariz y boca con su brazo.
¿Qué sucedía?, ya no sabía que pasaba, el aire se le escapaba de los pulmones ¿Iba a morir?, su hermano ya no se movía, solo la mantenía abrazada, ambos en el piso ¿Dónde estaban sus padres?, ¿Y su hermana?.
-¡¿Alguien vive?!- el grito se escuchaba lejano.
-¡¿Alguien vive?!- los pasos se iban acercando por el pasillo pero luego se volvían a perder donde el incendio era mas intenso.
-¡¿Alguien vive?!-
-¡Aquí!- Megumi giró la vista hacía su hermano con sus negros ojos sorprendidos, su hermano apenas y podía hablar y sus ojos estaban completamente llenos de lagrimas pero la niña sabía que era por el humo, a los integrantes de su familia no les gustaba llorar.
-¡¿Alguien vive?!- la voz se acercaba y su hermano levantó con esfuerzo la cabeza para hacerse escuchar.
-¡Aquí!- daba la impresión que su garganta se rasgaba en cada grito.
-¿Dónde?-
-¡Harada, muévete!-
-Shimpachi que por ahí no es-
-¡Todos son unos completos inútiles!- una voz mas varonil y agresiva se dejo oír y Megumi se hizo bolita al lado de su hermano cuando abriéndose paso entre el humo surgió la figura de un hombre alto, de larga cabellera atada en una coleta y ojos dorados y sagaces.
-¿Están bien?- el hombre se dirigió hacía ellos, no había amabilidad en sus palabras pero tampoco agresividad.
-Llévatela- de un empujón lento Megumi fue echada hacía adelante.
-Puedo sacarte a ti también- el hombre de los ojos dorados se puso en cuclillas frente a ambos hermanos –Solo debo pedir ayuda-
-No…- el joven doctor sonrió tristemente –El techo se desplomara en unos instantes, estoy seguro-
-Bueno- el joven Shinsen-gumi (pues vestía un gi azul con blanco) se rascó la barbilla al tiempo que se ponía de pie –Me llevare a tu…-
-Hermanita- completó el joven.
-Bueno, me llevo a tu hermanita pero mandare al estupido de Harada por ti, si muere no será una gran perdida- ambos hombres sonrieron pero no era una sonrisa alegre, aunque Megumi nunca las había visto antes supo enseguida que a eso se refería la gente mayor cuando decían "sonrisa forzada" y aunque había prometido no hacerlo, cuando fue tomada del brazo y sacada del lugar no pudo evitar voltear una ultima vez su vista hacía su hermano y llorar como nunca lo volvería a hacer en su vida.
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Era de noche y Megumi estaba apoyada en el tronco de un árbol, tras de ella el viento mecía su cabello y las hojas que caían de los árboles, frente a ella la luna alumbraba una ciudad en ruinas, una ciudad en llamas, todo su pasado, toda su vida ardía frente a sus ojos.
-Niña- giró lentamente la vista hacía atrás como aturdida, el hombre que la había salvado la observaba fijamente.
-¿Tenías mas familia viviendo por aquí cerca?-
-No…- ella sacudió la cabeza –No… mis padres eran médicos-
-Espera, ¿Hablas de la familia Takani?- la niña asintió tímidamente con la cabeza, no solía ser callada y mucho menos tímida pero a ser sincera en esos momentos lo único que quería era soltarse a llorar y solamente no lo hacía porque le parecía que de hacerlo el hombre frente a ella no se lo iba a tomar muy bien.
-Señor… ¿Cómo me dijo que se llamaba?-
-Saito Hajime, pero eso no importa- el joven soltó un suspiro –No puedo ocuparme de ti, lo siento, buscare alguien que lo haga-
-¿Alguien?- la niña pasó saliva, sus ojos aún estaban irritados y su kimono tenía metido en la tela el olor a humo.
-Sí, conozco un medico en esta región que estará feliz de aceptarte, su esposa nunca pudo tener hijos y les encantara criar a una chica Takani, porque planeas ser doctora ¿Cierto?-
-Yo…- apenas el día anterior le había gritado a su madre que ya no quería ser doctora pero…
-Sí bueno- el joven de sagaces ojos dorados sonrió –Hay gente que nace con un destino y gente que forja su propio camino pero… me parece que en ocasiones uno forja el destino que le ha tocado- Megumi alzó los infantiles ojos hacía él pero él no la veía a ella sino que sonreía de medio lado a las estrellas, luego todo fue cuestión de observar sus manitas, esas manos tan pequeñas, tan inútiles, tan frágiles ¿Algún día podrían volverse fuertes?, ¿Algún día podrían sus frágiles manos soportar el peso de una vida?, su hermano quizás había dado la vida por ella…
-Yo… ¿De verdad cree que ese medico me acepte?-
-Seguro- el joven Hajime sonrió –Una niña bonita es bien recibida en cualquier parte-
-¿Cree que mis padres estén vivos?-
-…Lo dudó…-
-¿Y mi hermano?-
-No lo sé-
-Ahh…- el joven tomó su mano y ella se dejo conducir automáticamente.
-Pero si sigues el camino que has elegido seguro que en algún momento se encontraran, los médicos de tu familia son muy reconocidos, si ambos se vuelven famosos en lo que hacen terminaran encontrándose-
-¿Usted cree?- los dorados ojos del joven brillaron.
-Seguro-
Me pregunto
¿Realmente nosotros forjamos nuestro camino?
¿O cuando somos niños los ideales de nuestros padres
Se alojan en nuestro interior?
Notas de Okashira Janet: ¡2 meses sin actualizar!, lo siento pero es que ya saben que Megumi no es exactamente santo de mi devoción así que con solo pensar en ella me daba flojera empezar a escribir, pero en cuanto tomé el teclado ya no pude parar y es que ser medico es algo realmente emocionante. (Tal parece que okashira janet va a estudiar medicina y se tendrá que olvidar de los fics buuu)
Pero bueno en cuanto a este capitulo, toda la historia la hice basada en la escena del anime en donde Megumi esta de espaldas y la ciudad arde frente a ella (espero hallan notado la imagen en el fic). Saito hizo su aparición y la verdad es que me causo gran dolor de cabeza porque entonces Megumi tenía que tener mas o menos 12 años y tuve que cambiar la historia (Había puesto que era mas pequeña). En fin, puse que no sabía que había sido de sus hermanos porque si se fijan ella siempre cree encontrar resto de su familia en Aizu ¡Que viva la esperanza! Y de hecho me base en que tenía un hermano por un fic que leí hace mucho tiempo en donde ella anda buscando a su hermano y se ve enredada con Sano y Aoshi (nunca terminaron la historia).
Bueno agradezco a: DanaZuster me alegra que la infancia de Misao haya sido tu favorita porque a mi me encanta el personaje, Haro kzoids como siempre mil gracias por comentar me subes las pilas, gabyhiatt chica que no te he visto en mucho tiempo y eso me preocupa ¡Ahh, donde estas gabyhiatt!, ¿Por qué me has abandonado? (Okashira janet se suelta a tomar cerveza para soportar que la hayan dejado) Bruja amiga que tu no paras, vas de fic en fic, de verdad te deseo mucha suerte con tu nueva historia, Grenny tu review me ha animado mucho, de verdad que sabes como adular a la gente je,je, pero esto es oficial chicos y chicas, creo que dos infancias mas y nos despedimos, iba a incluir a Kamatari en el conteo pero la verdad creo que sería una infancia demasiado problemática y triste, lo estoy considerando pero creo que no lo haré.
Quiero echarle ganas a Personalidades y luego a ver que pasa, como dije con eso de que ando viendo mi futuro en la universidad la verdad no creo tener mucho tiempo para escribir y no me gusta dejar mis historias colgadas (bien o mal las he ido terminando todas) y no quiero empezar a dejar fics incompletos ahora.
Bueno me despido, demasiada palabrería, cuídense, los quiero Ciao
7 de Noviembre del 2008 Viernes
